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La penetración de El Inglesito en la jurisdicción de Colón en [[1875]] por órdenes del [[Máximo Gómez|general Máximo Gómez]] -que entonces ocupaba la jefatura militar de [[Camagüey]] y [[Las Villas (provincia)|Las Villas]]-, con el propósito de seguir al poniente, constituye la puesta en práctica del pensamiento del Padre de la Patria y cuyo mejor alumno en este sentido fue el ilustre dominicano.
  
 
=== Fracaso de la invasión a occidente ===
 
=== Fracaso de la invasión a occidente ===

Revisión del 14:01 8 ene 2026

Invasión en Matanzas (1875-1876)
Información sobre la plantilla
Invasion a mtz.png
Fecha:1875-1876
Lugar:Colón, Matanzas, Bandera de Cuba
Descripción:
Intento de expansión del Ejército Libertador hacia el occidente de Cuba durante la Guerra de los Diez Años.
Resultado:
Fracaso de la invasión. Contención del avance mambí.
Consecuencias:
Pese al activismo militar del Teniente Coronel Cecilio González —designado por Máximo Gómez como explorador para ocupar el territorio de Colón en enero de 1875— y de Henry Reeve ("El Inglesito"), nombrado Jefe de la II División de Cienfuegos y Occidente, quienes prepararon las condiciones para el paso exitoso de la campaña invasora por Colón, el regionalismo y la indisciplina de Vicente García y los villareños, auspiciados por Carlos Roloff y otros jefes, obligaron a Gómez a renunciar. Esto evitó el descalabro final del ejército español, dado que en 1875 las condiciones estaban creadas para poner fin al dominio colonial español.
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba
Líderes:
Máximo Gómez
Ejecutores o responsables del hecho:
Teniente Coronel Cecilio González, Henry Reeve ("El Inglesito")
Organizaciones involucradas:
Ejército Libertador

Invasión en Matanzas (1875-1876). La Guerra de los Diez Años (1868-1878) fue el conflicto que marcó el primer gran levantamiento armado por la independencia de Cuba frente al dominio español.

Entre las numerosas campañas que se desarrollaron en la isla, la invasión al occidente del país -específicamente en la jurisdicción de Colón y la provincia de Matanzas- representa el primer intento sistemático por abrir una nueva línea de lucha y acelerar el proceso independentista.

A pesar de contar con condiciones predisponentes en el territorio de Colón, la operación fracasó y quedó como un episodio que ilustra tanto la determinación como las limitaciones del movimiento mambí.

Antecedentes

El deseo de libertad cubano se remonta a más de doscientos años, con raíces que se pueden rastrear hasta la corriente independentista iniciada por el presbítero Félix Varela a principios del siglo XIX. A lo largo del tiempo, tres figuras clave marcaron el rumbo de la lucha: Carlos Manuel de Céspedes, José Martí y Fidel Castro.

Mientras Céspedes y Martí enfrentaron problemas como la indisciplina, el caudillismo y el provincialismo (una crítica que Máximo Gómez describía como “un provincialismo horroroso”), Fidel Castro aprovechó las lecciones aprendidas para lograr una redención nacional.

El 4 de abril de 1870, Carlos Manuel de Céspedes nombró al brigadier Antonio de Armas jefe militar del Distrito de Colón. Desde 1873, Máximo Gómez intentó cumplir el anhelo de poner en pie de guerra a toda la isla cuando se hizo cargo de la dirección militar de Camagüey y posteriormente de Las Villas.

La Guerra en el territorio de Colón hasta 1875

La Guerra de los Diez Años tuvo en la jurisdicción de Colón el alzamiento más occidental de los ocurridos en Cuba entre el 10 de octubre de 1868 y febrero de 1869.

El alzamiento de Monte Corojo, en las cercanías de Jagüey Grande -perteneciente al territorio colombino entonces-, el 10 de febrero de 1869, dirigido por Gabriel García Menocal, contó con la presencia de 195 hombres procedentes, en su mayor parte, del occidente del país, lo que demuestra la organización previa del alzamiento.

Las fuerzas del teniente coronel Cecilio González, designado por Gómez para que, como explorador, ocupara el territorio de Colón en enero de 1875, y las de Henry Reeve ("El Inglesito"), nombrado jefe de la II División de Cienfuegos y Occidente el 15 de noviembre del propio año, dieron inicio a la Campaña de Colón, antesala de la invasión.

“El Inglesito” mantuvo una movilidad extraordinaria en la región colombina, dividiendo a sus hombres en guerrillas montadas y golpeando continuamente al enemigo en su riqueza económica. Sus fuerzas, ya dirigidas personalmente por él o por algunos de sus lugartenientes como Cecilio González, Brígido González, Amador Crespo o Carlos Agüero, quemaron a veces de manera total ingenios y cañaverales, algunos tan cerca de Colón como Desengaño, Tinguaro y Porfuerza.

En apenas siete meses de accionar y sin ayuda exterior, quemó más de cuarenta ingenios azucareros, atacó fuertes y poblaciones y se convirtió en un verdadero azote para el Ejército español, recorrió la extensa jurisdicción preparando el camino, en espera de la invasión que nunca llegó.

La presencia mambisa conoció alternativas diversas. El coronel José Inclán incursionó en la zona hasta 1870, en acciones calificadas por el historiador español Lafuente como “avanzadas vandálicas”. Más tarde, el coronel Jesús del Sol Cordero continuó con la labor.

Muestra de la actividad insurrecta en el territorio lo es la publicación española en febrero de 1871 de haberse presentado en Colón 600 mambises en ese mes, incluyendo al propio Jesús del Sol el día 11, lo que contradice la constante afirmación oficial de no haber rebeldes en la región. En abril del propio año fue sepultado en Colón Ignacio Sotolongo Sardiña, “procedente de la Insurrección”, como expresaba su partida de defunción.

1873 fue un año malo para la Revolución en Colón. No aparecen prácticamente informaciones de acciones mambisas, lo que evidencia que su actividad decreció enormemente.

El movimiento no se pudo sostener. Uno de los factores de mayor importancia en la falta de éxito de la insurrección en el territorio colombino lo fue la represión.

La creación del célebre cuerpo de Voluntarios “Chapelgorris de Guamutas” desde fines de 1868 y la selección de sus jefes, caracterizados por su irracional y sanguinaria criminalidad -aumentada por el apoyo que recibieron de los tenientes gobernadores como Vilches y Noval-, hicieron que su labor contra los alzados de Monte Corojo fuera notable. Incluso lograron la persecución y asesinato de una docena de campesinos de la jurisdicción que habían huido a San Juan y Martínez en Pinar del Río.

Claudio Herrero, Francisco Petrirena, Manuel Lavín y otros jefes, integrantes de dicho cuerpo, cometieron incontables y horrorosos crímenes.

De octubre de 1869 a diciembre de 1870 hubo 105 muertos o fusilados en la provincia reconocidos oficialmente. El 75% correspondió a 1869 y 89 de ellos eran de la jurisdicción de Colón.

Por otra parte, el “Escuadrón de la Muerte” a cargo de los hermanos Darante, con sede en Colón, era a fines de 1870 culpable de más de 150 asesinatos, lo que sobrepasa la cifra reconocida oficialmente por las autoridades.

Petrirena tenía un listado de 79 pacíficos asesinados por él, además de que dejó 50 viudas, 150 huérfanos y robó más de $60 000. En enero de 1870 se produjo un caso que demuestra la descomunal crueldad del Chapelgorris Andrés Trujillo, que se comió con galletas y vino las orejas de un prisionero, acto que por su notoriedad motivó una investigación ordenada por el propio rey Amadeo, cuyo resultado fue la ejecución del culpable.

Además de la desmedida criminalización por parte de los colonialistas, el aislamiento de los alzados colombinos en relación con el resto del país, la falta de comunicación y ayuda de los villareños -fuertemente perseguidos por el enemigo-, así como el reforzamiento militar a partir de las visitas a Colón de altos jefes político-militares como los capitanes generales José Gutiérrez de la Concha y Joaquín Jovellar y Soler, o el general en jefe Arsenio Martínez Campos, incidieron en el fracaso de la gesta invasora en la localidad.

Es de destacar también, en este orden, el reforzamiento de la Guardia Civil en Colón y el establecimiento de 4 casas cuarteles en 1873; el envío del 6.º Batallón de Infantería y la 2.ª Batería de Artillería de Voluntarios de La Habana en abril de 1875; y en junio de ese año el envío del célebre 5.º Batallón de Voluntarios -sobre todo por ser el principal responsable del fusilamiento de los Estudiantes de Medicina en 1871-, que llegó a la ciudad de Colón el 17 de junio de 1875 y se fraccionó en pequeños destacamentos para proteger los ingenios y fincas del territorio.

El 8 de marzo de 1875, el general Blas Villate, conde de Valmaseda, se hizo cargo del Gobierno y la Capitanía General en sustitución de Concha. Los intentos de dominar la Revolución fracasaron por las incursiones del general Máximo Gómez en Las Villas, con las frecuentes quemas de ingenios y constantes amenazas a los de la jurisdicción colombina.

Todas las medidas tomadas tienen como objetivo fundamental proteger la rica jurisdicción, centro económico de la isla.

Magníficas vías de comunicación por ferrocarril, que se extendía como un pulpo sobre la llanura, lo que permitía acceder rápidamente a cualquier punto cardinal; pocas zonas para el reposo de los mambises, excepto la Ciénaga de Zapata, inhóspita, cargada de mosquitos que hacían prácticamente imposible la estancia prolongada en aquellos lodazales. Matanzas y especialmente Colón era un espacio poco propicio para la guerra, favoreciendo al ejército español.

Hasta esta llanura llegó la Guerra de los Diez Años, que tiene su punto más alto durante la Campaña del Inglesito entre 1875 y 1876. En enero de este último año, en la alocución al pueblo de Cuba del nuevo capitán general Joaquín Jovellar, haciendo alusión a la insurrección en Colón, expuso:

«Aquí la insurrección, sin haber logrado establecer capitalidad ni asiento fijo en parte alguna, continúa dedicándose con especial empeño, ahora en las ricas jurisdicciones de Las Villas y Colón […] a ser obra de destrucción, cual si no tuviera más aspiraciones ni destino que las de convertir en estéril páramo los florecientes campos de Cuba»

En respuesta a esta alocución, el 27 de enero las fuerzas de El Inglesito quemaron el ingenio Desengaño, apenas a un kilómetro de Colón; los Voluntarios de la Ciudad no hicieron nada para salvar del fuego el ingenio ni para perseguir a los insurrectos.

En carta a Julio Sanguily, hace mención a la presencia mambisa de Carlos Agüero en Colón, asegurando que está trabajando en firme.

En este renacer de la guerra en la región, destaca la figura de Carlos Agüero, al que se subordinó José Álvarez Arteaga ("Matagás"), que esperaría por la invasión de Gómez y Maceo con importantes recursos logísticos por órdenes del Titán de Bronce en 1895.

La bien concebida campaña de Colón por El Inglesito se vio truncada con su muerte, el 4 de agosto de 1876 en Yaguaramas. El ataque a Calimete de las fuerzas del coronel Cecilio González, el 30 de septiembre del propio año, fue la última acción en Occidente de la Guerra de los Diez Años.

Importancia estratégica (1868-1876)

Preservar la jurisdicción de Colón era para los colonialistas españoles cuestión estratégica, y para las fuerzas insurrectas que luchaban por la independencia nacional -dada la concentración temprana de la industria azucarera- para suplir la dañada producción de azúcar en la región oriental como consecuencia de la guerra.

En 1874 el territorio colombino contaba con 150 ingenios, 25 más que en 1862. Poseía un entramado de líneas férreas que permitían moverse a cualquier punto cardinal, crecimiento que lo convirtió en el más rico de la isla, así como 33 000 esclavos negros y hasta 9 000 chinos contratados, que cargaban sobre sus hombros la mayor parte de la producción azucarera de la región oriental, muy afectada por la guerra, sosteniendo económicamente a España.

Ocho de los veintiún ingenios más grandes de Cuba -que incluían: San Martín 1.º, Flor de Cuba 4.º, Agüica 7.º, Vizcaya 9.º, Santa Rita 10.º, Santa Elena 14.º, Concepción 15.º y Santa Gertrudis 19.º- estaban ubicados en la región de Colón.

Para marzo de 1876, los ingenios colombinos reportaban 20 846 cabezas de ganado vacuno y 163 de ganado caballar. Las fincas rústicas en general informaban 24 134 ejemplares de reses y 353 de equino. La baja cantidad de caballos en este momento tiene relación con la situación de la guerra.

En el periodo, Colón tenía 875 fincas rústicas, de las cuales 131 eran fábricas azucareras. Solo tres ingenios radicaban en el distrito de cabecera. El resto de esas fincas rústicas se dedicaban a cultivos varios y algunos a pastos. El producto líquido en metálico de las fincas rústicas en el año fiscal 1875-1876 fue de $ 4 189 370,47. La riqueza líquida urbana de la jurisdicción era $105 227,29, de lo cual correspondía a la cabecera $68 615.

En 1875 Colón recaudó por concepto de impuesto de guerra $373 215,15 y solo en marzo de 1876 se recaudaron más de $5000. En 1876 la contribución de las fincas rústicas (2% de la ganancia líquida), el Partido cabecera contribuyó con $2 744,64 y el Distrito en general con $4 096,69. El hecho de que la cabecera aportara más del 50% del total nos da un índice también del desarrollo urbanístico en Colón con relación a los demás poblados de la jurisdicción.

La provincia en general contaba con más de cuatrocientos ingenios azucareros; el Occidente representaba en 1876 el 73% de la producción nacional de azúcar, lo que permite concluir que España tenía que defender con todos los medios a su alcance la riqueza que la sustentaba, y los cubanos destruirla si querían obtener la independencia.

Para entonces, los habitantes de la región representaban: el 4,63% del total de la isla y el 31% de la provincia; el 9,34% de los esclavos y el 36,5% de la provincia. Acumulaba el 34,5% de la población de color respecto a la provincia; el 2,86% de los blancos y el 25,1% provincia; así como el 17% de los asiáticos y el 37,1% provincia.

Desde la invasión a Guantánamo en 1871, Máximo Gómez dio importancia capital a la destrucción de la economía para derrotar a España; ya en 1874 escribe:

«…cien ingenios quemados en Las Villas y Colón contribuyen más al triunfo de la Revolución que cien mil soldados españoles que perezcan por el plomo y por las fiebres… España obtendrá cuanto quiera mientras haya ingenios en Cuba»

En este propio año el historiador español Soulere confiesa que, habiéndose hecho Máximo Gómez dueño de la Ciénaga de Zapata, pudieran las partidas insurrectas incendiar ingenios de las jurisdicciones de Colón y Matanzas.

Destruir esta riqueza era una necesidad imperiosa si se quería derrotar a la metrópoli, involucrando a la población, liberando los esclavos negros y asiáticos que recibían el mismo trato que sus compañeros de infortunio, y dirigirse a La Habana y Pinar del Río para hacer insostenible el dominio colonial, lo que permitiría obtener la independencia.

El 5 de noviembre de 1875, hallándose Gómez en Ciego Potrero, se le incorpora el brigadier Reeve procedente de Camagüey, nombrándolo jefe de la jurisdicción de Cienfuegos en sustitución del coronel Rafael Rodríguez, nombrado jefe de la segunda División en sustitución de Roloff, del que ya Gómez desconfiaba, sobre todo después del fallido ataque a Sagua La Grande por la ineptitud del «Polaco».

El Inglesito en la punta de la invasión

Henry Reeve cruza el río Hanábana y llega a la jurisdicción el 20 de noviembre de 1875 por la zona de Cupeyes, territorio que en aquel momento tenía una extensión de 3 470 km², el 3,27% del país y el 37,27% de lo que en 1878 fue la provincia.

Las palabras del historiador de Colón Pelayo Villanueva y las de los periódicos de esa época, La Voz de Cuba y el Diario de Cienfuegos -estos dos últimos para nada halagadores del mambisado- resaltaron la importancia del gigante del internacionalismo y del valor que fue El Inglesito:

“Al comenzar el mes de agosto de este año, 1876, la casualidad, como ocurrió más tarde en los casos de Martí y Maceo, favoreció a las armas españolas con la muerte del brigadier Enrique Reeve, que tan célebre y temido había hecho su sobrenombre de El Inglesito.

Durante mucho tiempo fue la amenaza más preocupante para los jefes españoles de posibilidad de invasión de las provincias de Matanzas y La Habana.

Por él principalmente se mantenían miles de hombres del Ejército y de Voluntarios en la jurisdicción de Colón, y aun así varias veces quemó ingenios e hizo acto de presencia en las cercanías de sus pueblos.

La Voz de Cuba decía al comentar su muerte que “era el más audaz, el más activo, el más arrojado y sereno y el que más afortunado había sido en todas sus empresas”. Y agregaba: “… Nadie podrá negarle a ese cabecilla habilidad y audacia, una actividad incansable, gran conocimiento del terreno y la mayor astucia para adquirir confidencias”.

Por su parte, el Diario de Cienfuegos decía:

“Él y Sanguily se consideraban como los cabecillas más astutos y atrevidos de la insurrección.”

La penetración de El Inglesito en la jurisdicción de Colón en 1875 por órdenes del general Máximo Gómez -que entonces ocupaba la jefatura militar de Camagüey y Las Villas-, con el propósito de seguir al poniente, constituye la puesta en práctica del pensamiento del Padre de la Patria y cuyo mejor alumno en este sentido fue el ilustre dominicano.

Fracaso de la invasión a occidente

Los sucesos de Las Villas, que se desarrollaron mientras se ejecutaba la bien concebida Campaña de Colón -que con sus acciones y la Tea Incendiaria aplicada por El Inglesito destruyó la economía de esta rica jurisdicción, hasta su muerte en combate el 4 de agosto de 1876 en Yaguaramas- frustraron definitivamente el plan de invasión que tendría que esperar dos décadas para hacerse realidad. Según Pirala:

“Ni el desorden y desaliento general menguaban la intrepidez del Inglesito, burlando activo la más decidida persecusión…”

Indudablemente que con el refuerzo oriental y el apoyo de los villareños otra sería la historia y España hubiese tenido que rendir sus armas.

La Capitulación del Zanjón se conoció en el occidente cubano por el periódico colombino La Voz de Colón, que fue el primero en publicar su texto el 11 de febrero de 1878, antes incluso de que el gobierno lo hiciera oficialmente. El poniente cubano pudo ser la tumba del colonialismo español; la falta de unidad puso fin a la heroica gesta y hubo que esperar treinta años para hacer valedera la muerte de miles de cubanos.

Hecho que fuera frustrado por el regionalismo y la indisciplina de Vicente García y los villareños, auspiciados por Carlos Roloff y otros jefes que obligaron a Gómez a renunciar, en un penoso proceso que se va a extender desde julio hasta diciembre de 1876, retornando a la tierra del Mayor, fue el principio del fin de la proyectada invasión de Oriente a Occidente durante la Guerra de los Diez Años.

Es imposible pasar por alto la responsabilidad de los villareños dirigidos por el mayor general Carlos Roloff, haciendo con su actitud el juego al ejército español, poniendo trabas que salvaron a España de una derrota segura porque en 1875 las condiciones estaban creadas para poner fin al dominio colonial.

Si bien es cierto que los sucesos de Lagunas de Varona, que dirigiera el mayor general Vicente García, inició el movimiento regionalista y la indisciplina, fueron los villareños los que con su actuar obligaron a Gómez a detenerse en sus planes de avance hacia el occidente, evitando el apoyo que necesitaba.

Roloff, que peleara por la independencia de Cuba alcanzando los más altos cargos dentro del Ejército Libertador, nunca pudo deshacerse de los problemas personales contra otros compañeros de batalla, porque no solo Máximo Gómez lo sufrió junto a los camagüeyanos; también en la Guerra del 95 el coronel José Álvarez Arteaga ("Matagás") tuvo que sufrir las consecuencias de las órdenes que dio Roloff al coronel Francisco Pérez Garoz, quien no le reconoció grado militar alguno y solo lo nombró como práctico -un hombre que había organizado una fuerza de más de 400 combatientes-, mientras que a Eulogio Lobato, subordinado de Matagás, lo nombró comandante.

Álvarez Arteaga murió en combate en las cercanías de Santo Domingo, territorio del Cuarto Cuerpo de Ejército que comandaba Roloff, el 3 de febrero de 1896, y no aparece en el Índice Alfabético y Registro de Defunciones del Ejército Libertador de Cuba, publicado por el propio Roloff en su condición de inspector general del Ejército Mambí.

Aprendizaje para futuros movimientos

El mayor general Máximo Gómez llegó a ver tan buenas perspectivas en Colón que planeó llevar allí al brigadier Julio Sanguily con la infantería oriental para ir él después a combatir, a fines de año, al futuro general en jefe español Martínez Campos, cuya llegada a Cuba era esperada en esa época. Pero este plan abortó, en primer lugar, porque Gómez no recibió nunca los refuerzos solicitados y la oposición villareña a este jefe y de los camagüeyanos le impidió a Gómez llevar sus huestes a occidente.

En segundo lugar, por el reforzamiento del poderío militar español en el territorio. Jovellar, por ejemplo, amplió el área de operaciones de la brigada de Colón del general Rodríguez Rivero. Visitó personalmente Colón en febrero de 1876 para comprobar el estado de sus fuerzas, exigiendo acción a los jefes militares hispanos con tal aspereza que estos aumentaron sensiblemente sus operaciones contra Reeve y González.

En tercer lugar, a pesar de la intensa actividad, valor e inteligencia del Inglesito, este se vio aislado y presionado. Al caer en combate este heroico mambí, el proyecto de invasión recibió un golpe del que nunca pudo recuperarse.

No obstante, el aguerrido Cecilio González, que realizara sonadas acciones como la entrada a Calimete, efectuó en 1877 sus últimos esfuerzos para viajar a occidente. Aún en tan difíciles condiciones se mantuvo peleando en el territorio colombino hasta 1878, pero ya la invasión era solo una quimera.

El fracaso de la invasión reforzó en Máximo Gómez su convicción de que la guerra solo se ganaría con una dirección fuerte y con la unidad como premisa.

Impacto histórico

La invasión a Matanzas durante los años 1875-1876 constituye un episodio crucial dentro del panorama más amplio de la Guerra de los Diez Años. Aunque fracasó militarmente, mostró tanto la determinación como las limitaciones del movimiento independentista cubano cuando intentaba expandirse desde sus bases occidentales hacia nuevas regiones estratégicas como Matanzas y Colón.

Este episodio sigue siendo recordado hoy como un testimonio del espíritu combativo cubano y como lección histórica sobre los desafíos inherentes a los movimientos revolucionarios sin apoyo externo suficiente o coordinación regional eficaz.

Fuentes

Bibliografía

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Documentos de archivo

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  • Archivo Nacional de Cuba. Gobierno General. Leg. 34. Nro. 1462, Padrón General de Fincas rústicas de Colón. 1876. Fondo. Gobierno General. Leg. 270. Nro. 13563, Fondo, Donativos y Remisiones. Correspondencia…Caja 179. Folio 109. # 188, Fondo asuntos políticos. Legajo 60.
  • Archivo Histórico Provincial de Matanzas. Exp. Guerra de Independencia. Leg. 2 # 57, Leg. 6 # 36, Leg. 6 # 12.
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Artículos de prensa y revistas

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  • González, J. F. (1989). Matanzas. Su Historia. Matanzas (revista), (14), 62.

Nota sobre las fuentes: Este artículo se basa en investigaciones históricas que utilizan fuentes primarias de archivo, bibliografía especializada y publicaciones periódicas de la época. Dada la antigüedad de muchas de estas obras y el contexto editorial cubano, es frecuente que no cuenten con identificadores internacionales como ISBN. La información bibliográfica proporcionada (autor, título, editorial, año, página) permite la localización precisa de estas obras en bibliotecas y archivos especializados de Cuba.