Esclavitud en Holguín
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Esclavitud en Holguín. El crecimiento poblacional de Holguín fue lento. Entre sus habitantes un reducido porciento vivía en condiciones de esclavitud patriarcal, fenómeno que se sustentó en el modelo esclavista de la plantación azucarera. Aunque esta región histórica no fue una gran productora de azúcar en el período que antecede a la Guerra de los Diez Años y por consiguiente tuvo una limitada explotación de mano de obra esclava en esa industria como lo muestran las estadísticas y los análisis demográficos. No obstante, hay evidencias de conspiraciones abolicionistas, del comercio de esclavos y el trabajo de estos en sitios o estancias de labor, vegas de tabaco; y en ingenios y trapiches, fundamentalmente en Gibara.
Sumario
Sistema de esclavitud en Holguín
La región histórica de Holguín fue identificada en los primeros siglos coloniales como las “Tierras Altas de Maniabón”.[1] Entre la fundación del pueblo en 1720 y la jurisdicción en 1752, la población de la comarca creció de forma lenta y el 12.0 % de los habitantes vivían en condiciones de esclavitud patriarcal.[2] Existen limitados reportes de casos de cimarronaje como el del esclavo Diego, de 25 años, propiedad de Tiburcio Pérez de la Torre, sentenciado por cimarrón y ahorcado el 14 de agosto de 1736.[3]
La fundación de la jurisdicción en 1752 y su inicial estructura en Ciudad, ejido[4] y dehesa,[5] catalizó la tendencia al crecimiento demográfico.[6] Hasta el primer lustro de 1770[7] se concentró en la Ciudad y su ejido el 68.0 % de los habitantes, de ellos el 8.0 % en situación de esclavitud patriarcal.[8] Con respecto a este último sector social existe una comunicación del teniente gobernador José Antonio Silva Ramírez y Arellano, del 13 de noviembre de 1755, dirigida al gobernador oriental, donde le comunica de una goleta estacionada en la Bahía de Gibara con negros y le solicitaba:
También es de señalar los continuos pedidos del propio Cabildo, interesado en habilitar el puerto de Gibara para la introducción de de negros esclavos para los laboreos en las vegas de tabaco,[10] así como, utensilios para la Agricultura:
Al desaparecer la Real Compañía de Comercio de La Habana en 1760, el negocio del tabaco pasó a manos de la recién fundada Factoría de Tabacos. Esta nombró a José Antonio Ochoa como su apoderado y factor de la jurisdicción, quien permaneció en ese puesto por casi medio siglo.[12] En ese año en un informe al Capitán General se reiteraron las potencialidades del cultivo del tabaco en el territorio. Se volvía a insistir sobre la necesidad de destinar 200 negros esclavos como fuerza de trabajo para el “(…) sufragio de sus crianzas y cultivos especialmente de tabaco.”[13] El pedido tuvo sus fundamentos más sólidos, quizás, en que solo se registraron laborando en las vegas 78 productores.[14]
Este documento hace cuestionar la tesis de que el tabaco desde sus orígenes se laboró con fuerza de trabajo libre, y aunque en Holguín fue laborado, en lo fundamental, por fuerza de trabajo blanca o libre de color, no deja de ser sugerente que ciertos grupos de poder político o económico pensaron en utilizar la fuerza de trabajo esclava en las vegas.
Dentro de la estructura agraria jurisdiccional se debe analizar la relacionada al cultivo y producción azucarera y el empleo de fuerza de trabajo esclava en dicha industria. La información que ofrecen los protocolos notariales entre los años 1747 y 1760 revela que los trapiches se movían con tracción animal o fuerza humana limitada a uno o dos negros esclavos.[15] Entre la década de 1770 y el primer lustro de 1780 en la jurisdicción se registraron 29 trapiches e ingenios, el número mayor en el ejido de la Ciudad. Algunos con más de veinte años de explotación y otros con más de diez,[16] en su mayoría muy rudimentarios. Se informa que sus “(…) dueños no tienen esclavos ni mulas ni con que moverlos (…)” [17]
En los protocolos notariales del último tercio del siglo XVIII[18] se confirma la regularidad de que los trapiches o ingenios estaban ubicados en las cercanías de la Ciudad, ya fuera en las zonas del ejido o la dehesa. Sin embargo, es escaza la información relacionada con alguna fuerza de trabajo esclava.[19] Ello hace inferir que esta se conformaba con los pocos trabajadores o peones de la hacienda, lo que no excluía algún negro esclavo, tal como se registra en los documentos contractuales de arrendamiento de trapiches donde estaba incluido algún esclavo.
Se está, posiblemente, frente a propietarios de la jurisdicción que poseían un trapiche como industria complementaria para satisfacer sus demandas de raspadura, mieles y alimentar el ganado. Los documentos notariales revelan la práctica contractual de arrendar alguna propiedad, como los trapiches o ingenios. Ese fue el caso del arrendamiento de un ingenio situado en el partido de Yayal, propiedad del matrimonio compuesto por Miguel Cardet y Ana María de la Cruz, a su yerno Juan Antonio Bertard. El arrendamiento era por el término de cinco años y el trapiche estaba tasado en 534 pesos y un real. Este ingenio contaba con:
Para finales del siglo XVIII la población jurisdiccional sobrepasó los ocho mil habitantes,[21] con un sostenido patrón de población blanca superior al 68.0 %,[22] mientras que la esclavitud alcanzó su punto máximo en ese siglo al contabilizar 1 138 (14.0 %) esclavos.[23] Este ligero aumento porcentual del número de los esclavos pudo estar relacionado con el autorizo de entrada libre de estos desde 1789; pero también, por los iniciales intentos de desarrollar la rama azucarera y su necesidad de fuerza de trabajo esclava, sin descartar su empleo en los laboreos de las vegas de tabaco.
Conspiraciones abolicionistas del siglo XVIII
En tanto, los aires abolicionistas llegaban a la jurisdicción con la conspiración del pardo libre Nicolás Morales. Este reclamaba la igualdad entre mulatos y blancos y la suspensión de las alcabalas y la entrega de tierras a los pobres. Todo evidencia que aunque no se tienen pruebas documentales de su conexión con los palenques, cimarrones y esclavos sublevados en El Cobre, la conspiración se extendió por Bayamo, Jiguaní, Santiago de Cuba y Holguín. Encontrándose en Holguín, el 14 de agosto de 1795, Nicolás Morales fue denunciado por el pardo libre Pedro Calunga, por lo que se vio impelido a huir con dirección a Bayamo, objetivo que al parecer no alcanzó a materializar pues fue apresado en el ingenio Yareyal, propiedad de Juan Álvarez. Trasladado a Bayamo se le aplicó la sentencia de morir ahorcado.[24]
Al concluir el siglo XVIII la región histórica de Holguín, como entidad política independiente, era una sociedad rural precapitalista, con una propiedad agraria determinada en su conjunto por la hacienda comunera, y una sistemática ocupación del espacio geográfico hacia el norte en busca de cercanía a la costa atlántica. En ella predominaban las actividades económicas agroganaderas, y el tabaco como la más importante actividad mercantil oficial y de contrabando. La fuerza de trabajo estaba constituida por campesinos blancos y complementada por esclavos, fundamentalmente congos, carabalíes y mandingas,[25] explotados de forma patriarcal.
La esclavitud en la industria azucarera gibareña
En el transcurso de la década de 1850, la mayor parte de las unidades azucareras de la jurisdicción continuaron con molinos o trapiches similares a los de fines del siglo XVIII, con una producción promedio entre 2 y 8 toneladas de azúcar.[26] A pesar de esta regularidad, en este período cinco ingenios de la comarca gibareña instalaron máquinas de vapor, ampliaron sus áreas de cultivo e incrementaron sus dotaciones de esclavos. Los de mayores avances fueron los ingenios La Victoria y La Caridad que, en 1853, tenían 90 y 88 esclavos respectivamente.[27] Sin embargo, el ingenio que mayor transformación sufrió en sus estructuras agrarias y técnicas fue el Santa Lucía, de Rafael Lucas Sánchez.
El referido Rafael Lucas Sánchez se convirtió en el principal terrateniente azucarero de la región y uno de los hombres más ricos de Holguín. Sus propiedades se habían extendido por parte de la comarca gibareña, en especial, en las haciendas comuneras de Fray Benito y Bariay, donde adquirió 2 083 caballerías en varias fincas, sitios de labor y haciendas de cría;[28] por la cantidad de 8 508 pesos.[29] La tierra en su poder la tenía distribuida de la siguiente manera: 24 dedicadas al cultivo de la caña, 22 para pastos, 539 en terrenos infecundos y 1 498 ocupadas por bosques. De estos obtenía la leña que servía de alimentación a los hornos del ingenio.
La fuerza de trabajo que empleaba Rafael Lucas Sánchez estaba compuesta por 82 trabajadores blancos en régimen de trabajo asalariado. Estos se dedicaban, en lo fundamental, a cultivar los sitios de labor, cuidar el ganado, labores de seguridad y vigilancia sobre la fuerza de trabajo esclava, etcétera; en tanto, la dotación del ingenio era de 284 esclavos[30] y ocho operarios blancos asalariados. En los documentos consultados no se menciona nada que relacione al ingenio y su dotación en este período, con el régimen carcelario de los barracones.[31]
En 1856, el ingenio Santa Lucía, ubicado en el partido de Fray Benito, absorbía el 50.0 % de las caballerías cultivadas de caña de todo el partido.[32] En ese territorio estaban enclavados 12 ingenios y trapiches. Ello hace inferir que para la fecha, Rafael Lucas Sánchez, continuaba con el proceso de expansión geófaga, pues en 1859 compró el ingenio La Caridad,[33] el cual tenía máquina de vapor. El ingenio Santa Lucía llegó a producir en ese año 1 261. 25 toneladas de azúcar mascabado y 18.5 toneladas de raspadura.[34] Es decir, una producción similar al total del azúcar que produjo la región en 1846; incluso, llegó a producir aproximadamente el 59.7 % del azúcar que se fabricó en la jurisdicción entre 1857 y 1858.[35] Ello refleja el significado de este ingenio dentro de la economía azucarera regional, en un contexto donde se reportaron en funcionamiento 79 ingenios y trapiches.
Estos resultados productivos revelan que el citado terrateniente, estaba enfocado en convertir el ingenio Santa Lucía una empresa con alta productividad, eficiencia y rentabilidad financiera. Es así que se lanzó a modernizar la fábrica, tal y como lo evidencian las escrituras notariales de 1858. Instaló una máquina de vapor, construyó la casa caldera, la casa purga, barracones, alambiques, enfermería, almacenes para el azúcar, hornos de cal y los molinos de masas horizontales con un rendimiento superior en la extracción del jugo. De igual manera, incrementó el número de caballerías sembradas de caña, preparó potreros para la ceba de 200 toros y elevó su dotación hasta 291 para llegar a ser el ingenio con mayor número de esclavos en la región.[36]
La cifra elevada de esclavos en este ingenio se justificó porque al instalarse la máquina de vapor, conllevó a un aumento de la capacidad productiva y, por ende, a la necesidad de ampliar el área de cultivo de la caña. Todo esto en un contexto donde los propietarios de las industrias azucareras de mayor desarrollo tecnológico y con mayor concentración de propiedades agrarias, afectadas por la crisis económica de 1857, los costos productivos y los obstáculos para obtener mano de obra esclava, comenzaban, de forma paulatina, un proceso de desmanufacturización y reorganización de la división social del trabajo en el complejo económico social del azúcar.
En los años previos al estallido independentista de la Guerra de los Diez Años, la economía azucarera tenía en funcionamiento 72 trapiches e ingenios con diferentes grados de desarrollo agrotécnico. Esto significaba el 2.0 % de las fincas rústicas, con dominio sobre el 5.0 % de las tierras y el empleo de una fuerza de trabajo de 1 158 esclavos, que representaban el 57.0 % de todos los siervos rurales de la Jurisdicción.[37]
En la comarca gibareña estaba concentrado el 23. 6 % de los ingenios de la jurisdicción, con el 42. 6 % de las tierras cultivadas de caña. Tenía seis de las ocho fábricas con máquina de vapor instalada[38] y encabezaba el proceso productivo de azúcar en la región. En los partidos de esta comarca se localizaba el 67.4 % de los esclavos que se empleaban en la economía azucarera. Las dotaciones, fundamentalmente, en los ingenios La Victoria, Santa María, La Caridad y Santa Lucía tenían un régimen de trabajo intenso, similar al existente en las plantaciones tradicionales, e incluso, en los ingenios Santa María y La Victoria vivían en barracones.
El terrateniente Rafael Lucas Sánchez en sus dos ingenios, La Caridad y el Santa Lucía, poseía el 21.0 % de las caballerías cultivadas de caña de la jurisdicción y el 50.0 % de la comarca gibareña. Su propiedad contemplaba el 36.0 % de los esclavos de la región y el 54.0 % de los partidos de Gibara y Fray Benito. Los que, si bien tenían un régimen de trabajo extenuante en las faenas agrícolas, no eran encerrados en barracones. Se sabe que Lucas Sánchez comenzó a invertir en 1858 para construirlos, pero todo indica, según la tradición oral, que no los hizo. Los esclavos vivían con sus familias en bohíos cercanos al batey, en una concepción semejante a los del sur de los Estados Unidos o el período preplantacionista en Cuba.
En 1860 se había construido el ingenio San Manuel, en las cercanías de Puerto Padre. A pesar de no tener una alta productividad azucarera, en 1866, sus propietarios José Pla y el habanero Agustín Franganillo, habían adquirido una considerable cantidad de tierras, de ellas 7 en cultivo; además, poseían la cuarta dotación de esclavos más grande de la región con 89 siervos. Todo indica que Franganillo, junto al habanero Justo San Miguel, se dedicaban al tráfico de negros bozales y el ingenio no era su principal negocio. Lo usaba para lavar el dinero que obtenía de su contrabando humano; al extremo que llegó a socializar la idea, que no materializó, de montar otro ingenio en la hacienda Santa Bárbara, donde emplearía 200 familias canarias.[39]
El estallido independista del 10 de octubre de 1868 encontrará una región con más de 54 mil habitantes,[40] de ellos el 79.0 % clasificado en el grupo de los blancos. El 14.0 % de la población mulata y negra estaba en condiciones de libertad, mientras que el sector esclavo había descendido en 1.0 % con respecto a 1861.[41] En general, era una sociedad terrateniente donde la mayor parte de la tierra estaba en manos de 16 grandes propietarios agropecuarios[42] que controlaban el 68.0 % de toda la tierra jurisdiccional. No obstante, predominaba el sector de los pequeños propietarios relacionados con las estructuras de sitios o estancias de labor, vegas de tabaco, muchas de cuyas propiedades estaban sometidas a situación de hipoteca.[43] En este medio es dominante la esclavitud patriarcal, con la excepción significativa del intento de desarrollo azucarero en la comarca gibareña la cual en el año de inicio de la guerra estaba en declive.
Referencias bibliográficas
- ↑ Hasta mediados del siglo XVIII estuvo integrada a Bayamo como centro político- administrativo regional, cuyo cabildo mercedó sus tierras hasta 1729. Posteriormente, el gobernador de Santiago de Cuba continuó estas funciones. En su territorio se estructuró una sociedad caracterizada en su propiedad agraria por las haciendas comuneras organizadas en pesos de posesión.
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- ↑ Diego de Ávila y Delmonte: Memoria sobre el origen y fundación del Hato de San Isidoro de Holguín, p. 16; Juan Albanés Martínez: Historia Breve de la Ciudad de Holguín, p. 31; José Vega Suñol: Región e Identidad, p. 21; Laureano Calzadilla y Carlos Córdova Martínez: De las tierras altas de Maniabón a Ciudad, p. 34.
- ↑ Al realizarse el primer censo de población, en 1774 la jurisdicción contaba con una población de 2 446 individuos, distribuidos en 1 609 blancos; 547 mulatos y negros libres; en tanto, la población esclava era de 287 esclavos. Comité Estatal de Estadísticas: El primer censo de población de Cuba colonial, p. 41.
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- ↑ Juan Albanés: Breve historia de la ciudad de Holguín. p. 31, s/f.
- ↑ Archivo Histórico Provincial de Holguín. Fondo Protocolos Notariales. Escribano Salvador de Jesús Fuentes, Año 1808, folio 54 y 54 v.
- ↑ Ver Informe al Capitán General de un funcionario que pasaba de tránsito por la ciudad de Holguín, 21 de enero de 1760. Archivo Nacional de Cuba. Fondo. Correspondencia de los Capitanes Generales, legajo 10, número 290. Esta información también es recogida por Herminio Leyva en su obra Gibara y su jurisdicción, p. 228.
- ↑ Leví Marrero: Cuba. Economía y sociedad, tomo 7, p. 84.
- ↑ Archivo Histórico Provincial de Holguín. Fondo, Protocolos Notariales, escribanía Lorenzo Castellano 1737-1755, v.4 y v.6; Archivo Nacional de Cuba. Fondo Intendencia General de Hacienda. Legajo 388, número 41; Archivo Histórico de Holguín. Fondo, Protocolos Notariales, escribano Lorenzo Castellano 1737-1755, folio 24, v.25, 35v y 36.
- ↑ Archivo Nacional de Cuba: Fondo. Gobierno General, legajo 490, número 25118 y 25132, legajo 489, número 25116.
- ↑ Ibidem. Fondo Gobierno Superior Civil, legajo 489, número 26116.
- ↑ Archivo Histórico Provincial de Holguín: Fondo Protocolos Notariales, 1737- 1755, 1756- 1785, 1786- 1788, 1785- 1789, 1790- 1825.
- ↑ Ibidem, 1794- 1796, escribano Andrés Antonio Rodríguez, 25 de diciembre de 1774, folio 19v y 81v; 1785-1789. Salvador Jesús de Fuentes, 30 de agosto de 1785, folio 43v-45v; 1790-1792, escribano Salvador Jesús de Fuentes, año 1792, folio 56v/59v; 1786-1788, escribano Salvador Jesús de Fuentes, Año 1788, folio 47 v.
- ↑ Ibidem, Año 1787, folio 53v- 57v.
- ↑ Memorias de la Sociedad Económica de Amigos del País: Sección de Antigüedades, tomo 32.
- ↑ Archivo Histórico Provincial de Holguín: Fondo de Tenencia de Gobierno, 1752- 1868. Padrones de 1776 y 1778; Juan Pérez de la Riva: “Presentación de un censo ignorado. El Padrón General de 1778”.
- ↑ Memorias de la Sociedad Económica de Amigos del País: Sección de Antigüedades, tomo 32; Archivo Nacional de Cuba. Fondo. Gobierno General, legajo 544, número 27102 (7/01/1795). En la jurisdicción, entre 1746 y 1793, se vendieron de forma legal 276 esclavos. Archivo Nacional de Cuba. Fondo. Correspondencia de los Capitanes Generales, legajo 10, número 290.
- ↑ Hernel Pérez Concepción, Mayra San Miguel Aguilar y José Novoa Betancourt: Síntesis histórica municipal de Holguín, p. 28.
- ↑ Ibidem: Síntesis histórica municipal de Holguín. Ediciones Holguín. Editora Historia, La Habana, 2010, p. 27.
- ↑ Archivo del Museo Provincial de Holguín La Periquera. Fondo García Castañeda. Expediente 108; Archivo Histórico del Museo Municipal de Gibara: Protocolos Notariales, década de 1850, escribano Carlos Aguilera; Archivo Histórico Provincial de Holguín: Fondo Protocolos Notariales, décadas de 1850, escribanos Antonio de Fuentes, Miguel de Aguilera, Pedro Rodríguez; Benjamín de Zayas, Antonio Villareal; Ibidem: Fondo Tenencia de Gobierno, Expediente 5521, legajo 146, Libro de Hipotecas 1855- 1958.
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- ↑ Archivo Histórico Provincial Holguín. Fondo Tenencia de Gobierno y Ayuntamiento, Resúmenes estadísticos por cuartones. 1853-1855; Archivo del Museo Provincial La Periquera, Fondo García Castañeda.
- ↑ Ibidem, Fondo Tenencia de Gobierno y Ayuntamiento, legajo 75, expediente 2399, folio 3.
- ↑ Archivo Nacional de Cuba: Fondo Gobierno General, legajo 263, número 13466.
- ↑ Se lo compró a Lorenzo Sampera, heredero de Santiago Patterson. Archivo Museo Histórico de Gibara. Fondo Protocolos Notariales. Escribanía de Carlos de Aguilera. Año 1859, folio.30-31.
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- ↑ Archivo Histórico del Museo Municipal de Gibara: Fondo Protocolos Notariales, 1858- 1859, Folio 118 v- 119, escribano Carlos de Aguilera; Archivo del Museo Provincial de Holguín La Periquera. Fondo José Agustín García Castañeda. Ingenios y trapiches coloniales en Holguín, Documento, 106; Archivo Nacional de Cuba. Fondo Gobierno General, legajo 263, número 13466.
- ↑ Archivo Nacional de Cuba. Fondo Gobierno General, legajo 266, número 13528.
- ↑ El investigador José García Castañeda en sus libretas de apuntes que se encuentran en el Museo Provincial de Holguín “La Periquera” y el Museo Casa Natal Mayor General Calixto García Iñiguez, anota que durante la década de 1850 hasta 1868 más de 20 ingenios en la jurisdicción instalaron la máquina de vapor, y hace una lista de ellos, sin referenciar su procedencia documental. Esta información ha sido tomada y reproducida por los investigadores históricos sin hacer la menor crítica o análisis de su confiabilidad. El autor de esta tesis en su búsqueda por el Archivo Nacional de Cuba, el Archivo Histórico Provincial de Holguín, el Archivo Municipal de Gibara, no ha podido localizar documento alguno que le permita afirmar o negar que Castañeda estaba en lo correcto, solo se encontró la información que a los ingenios que tenían máquina de vapor desde la década de 1850, se les incorporó, en 1861, el ingenio La Esperanza, de Agustín Hechavarría, Archivo del Museo Histórico Municipal de Gibara: Fondo Protocolos Notariales, 1860- 1861, Folio 77, escribano Carlos de Aguilera; el ingenio Columbia, en 1862, de Samuel José Chapman. Archivo del Museo Histórico Municipal de Gibara: Fondo Protocolos Notariales, 1862, Folio 53 v, escribano Carlos de Aguilera y en 1868, Francisco Rondán, compró, para el ingenio de su propiedad llamado Santa Clara, una máquina de vapor en Nueva York, la que fue traída por el maquinista de profesión Jorge Fuker. Este señor permaneció durante esa zafra en el ingenio con un salario de 200 escudos. Archivo Histórico del Museo Municipal de Gibara: Protocolo Notarial 1868, F- 70 v, escribano Carlos Aguilera.
- ↑ Archivo del Museo Histórico Provincial La Periquera: Fondo: José García Castañeda. Exp: 548.
- ↑ Papers relating to The Foreigh Relations of The United States, December 2, 1872.
- ↑ Comité Estatal de Estadísticas: El primer censo de población de Cuba colonial, Tomo I, volumen II, p. 129.
- ↑ Entre los mayores poseedores se encontraban el marqués de Esteva, con el control del 43.0 % de las tierras de la jurisdicción e inversiones en el partido de Mayarí, y el terrateniente José Pla y Monje, en el partido de Maniabón, propietario del 7.0 % de las tierras jurisdiccionales.
- ↑ Archivo Histórico Provincial de Holguín: Fondo. Tenencia de Gobierno. Legajo 141, expediente 5334; legajo 144. expediente 5448, 5462, 5468, 5470, 5471, 5472, 5473, 5475, 5476; legajo 145, expediente 5477, 5479, 5481, 5482, 5483; legajo 146, expediente 5519, 5520; legajo 148, expediente 5554.
Fuentes
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