Oscar María de Rojas
Oscar María de Rojas y Cruzat. Considerado como el Padre de la Museología Cubana. Nació en la Ciudad de Cárdenas, ciudad a la que amó y dedicó su vida. Fundador, Director e impulsor del segundo museo general de Cuba hasta su muerte en 1921. Entre sus frases celebres se encuentra: “Nacida esta institución al calor de la Patria cubana todo cuanto hay en ella corresponde de hecho y de derecho al pueblo cubano. Si por incongruencias del destino desaparece la Patria, desaparecerá también el Museo de Cárdenas, porque sin Patria, ¿para qué queremos el Museo?"
Inicios
Nació en Cárdenas, Matanzas. Hijo de Joaquín de Rojas y Cachurro y de Isabel Cruzat y Urbizu.
Se crió en la casa quinta de los padres en la ciudad donde se refinan sus gustos y aficiones a través de una esmerada educación que le permitieron avanzar cuando ingresó en el prestigioso colegio de los Escolapios de Guanabacoa en 1874. Este ingreso fue marcado por la temprana muerte de su madre con sólo 30 años. Estos estudios se ampliarían notablemente con lecciones particulares y el uso de la vasta biblioteca del padre. En ambos lugares se afianza el amor al terruño y a la Patria que llevaría en su corazón hasta la muerte.
Al concluir los estudios secundarios ingresa en el Instituto de la Habana en el convento de San Juan de Letrán. Termina en este plantel con el Título de Bachiller el 17 de mayo de 1883, firmado por el Gobernador General de la Isla. Durante este período visita Cárdenas en pocas ocasiones, salvo en 1879 con la muerte de su hermana Isabel, víctima de la epidemia de cólera que azota la ciudad ese año. Desde 1882 promete al padre ingresar en la Universidad de La Habana, pero desaprueba el examen de Literatura General.
Tras una negación del Gobernador General de la Sección de Fomento e Instrucción de la Isla de Cuba, convence al padre para estudiar en España al año siguiente y emprende su primer viaje a los Estados Unidos de América con varios amigos.
Primeros Viajes
El 15 de diciembre de 1883 le es acuñado su pasaporte en la ciudad de Nueva York, junto con su hermano Alberto y otros jóvenes cardenenses, por el Vice Cónsul del Consulado General de España en esa ciudad. Este viaje se prolonga hasta abril de 1884, en el mismo visita varios monumentos y museos, además de las Cataratas del Niágara.
Regresa a La Habana el 21 de abril de 1884.
El 2 de junio cumple con el padre y solicita al rector de la Universidad de La Habana, G. del Valle, la licencia para continuar estudios en la Península, pero la respuesta no llega hasta diciembre de ese año. Decide examinarse en el mes de junio de 1885 para no perder el segundo año de la asignatura de Derecho Romano. El tiempo que medió entre la solicitud y la respuesta, Oscar lo aprovecha para hacer un segundo viaje a los Estados Unidos de América con otros excursionistas. Ahora visitaría el Campo Indio de Saratoga Springs y el Monte MacGregor en septiembre de 1884.
En Madrid se aloja en la casa de huéspedes de la calle Arenal considerada en esa época como una de las más elegantes.
En el verano de 1885 visita por primera vez a la Ciudad Luz, París, allí conoce a las famosas artistas del Can Can, Grille d´Egant y La Goilne. También visita el cementerio Pére Lachase y la tumba de Abelardo y Eloisa, célebres amantes. Muchos de estos recuerdos serían donados posteriormente al Museo y Biblioteca Pública de Cárdenas.
En las tertulias madrileñas se afianza la atracción de los viajes por los relatos que le hace Santos Villa. Finalmente decide abandonar los estudios e irse de viaje con él y P. Miles por los caminos de la Península Ibérica, Francia y Alemania.
El recorrido que hace por distintos museos, monumentos y galerías; lo refina y enriquece culturalmente a través del contacto directo. Pero el efecto más sensible lo tuvo con la visita al Museo de Guerra y Marina de Madrid, donde debe haber germinado la idea y el futuro modelo del Museo que crearía en su ciudad natal. Regresa finalmente a Cuba en noviembre de 1886.
El padre y la familia lo abrazan, y comienza a trabajar como secretario en la Compañía de Alumbrado de Gas de la Ciudad (que después sería la de alumbrado eléctrico público). Este trabajo simple le permitiría dedicarse a iniciar y recopilar datos para su anhelo más preciado en ese momento, escribir una historia de su ciudad natal.
En mayo de 1887 comienza la redacción de su obra "Para los anales y necrología de San Juan de Dios de Cárdenas". Este manuscrito en tres