Teísmo

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Teísmo
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Concepto:Sistema de la actividad humana compuesto por creencias y prácticas sagradas.

Teísmo. (Del griego θεóς, theós, Dios) En términos generales significa la creencia en el Dios viviente, que interviene en el curso del mundo y en la vida humana. En este sentido amplio, se dan rasgos teístas en la mayoría de las religiones, en las politeístas, en cuanto que los muchos dioses intervienen en mayor o menor grado en la vida humana; en las religiones de signo panteísta o monista, en la medida en que preconizan una unión íntima entre el hombre y la divinidad; en las religiones monoteístas sobre todo, por relación a las cuales el teísmo adquiere su significado específico.

Sentido y alcance del teísmo

El concepto de teísmo se va elaborando en la época moderna como consecuencia de tener que pensar de nuevo la idea de Dios en contraste con dos fenómenos históricos: por una parte, el desarrollo de las ciencias de la naturaleza, que parecen no dejar lugar para Dios, al menos concebido al modo tradicional; por otra parte, la presencia de otras concepciones, como el panteísmo y el deísmo, que intentaban precisamente dar respuesta al reto que suponía esa nueva visión del mundo, regido por leyes necesarias. Sin embargo, el contenido del teísmo se configura y se consolida a lo largo del pensamiento medieval.

Dios en efecto, es, según ese pensamiento y también según lo que se conoce como teísmo, absolutamente perfecto, autoconsciente y libre; transciende por completo la realidad mundana y, por otra parte, la ha creado de la nada, la conserva en el ser y la determina en su actividad. Es decir, el teísmo, a la vez que intenta pensar el ser de Dios en sí mismo, lo concibe por relación al mundo, de una forma que puede parecer paradójica, puesto que le considera al mismo tiempo como absolutamente transcendente y como infinitamente inmanente. Esto, que no es nuevo, se acentúa ahora de manera especial, debido a que el teísmo se tiene que abrir paso entre dos corrientes extremas, de cuyos escollos se tiene que librar a la vez que se ve precisado a tomar de ellas aspectos legítimos, habida cuenta de la concepción general de la época.

Distinción entre teísmo y panteísmo

Por una parte, el teísmo se distingue del panteísmo, en cuanto que afirma una diferencia radical entre Dios y el mundo, pero coincide con él en rechazar el dualismo y retrotraer todas las cosas a un único principio. Ciertamente, este principio crea libremente el mundo, según el teísmo, pero al mismo tiempo la presencia de Dios en las cosas les es más íntima que su propio ser, lo que hace que bajo este aspecto al teísmo no le resulte tan fácil y tan obvio distinguirse del panteísmo, sobre todo si se tiene en cuenta que el ser y la acción de Dios son absolutamente idénticas. Por lo demás, el éxito del teísmo frente al panteísmo fue sólo relativo.

A finales del siglo XVIII tuvo lugar en Alemania la llamada «controversia del panteísmo» (Pantheismusstreit), entre Mendelssohn y Jacobi sobre todo, que ponía de manifiesto el arraigo que habían llegado a adquirir las convicciones panteístas, a la vez que presagiaba el empuje que iban a tener a lo largo del siglo XIX.

Por otra parte, frente al deísmo, el teísmo tenía no sólo que afirmar la presencia real e inmediata de Dios en las cosas, sino elaborar un concepto de transcendencia distinto. Las diferencias respecto del deísmo son claras a primera vista y podrían resumirse en las siguientes:

a) Dios no sólo crea el mundo, sino que lo conserva. b) Coopera con las criaturas como causa principal. c) Puede intervenir de modo extraordinario en el acontecer del mundo. d) Puede revelarse, y se ha revelado de hecho, al hombre libremente.

En realidad va a ser ésta la diferencia fundamental. Frente a la religión natural o racional, es decir, frente a una religión que es expresión de capacidades, aspiraciones y necesidades meramente humanas, el teísmo, que nace en realidad como concepción filosófica, se inspira en el Dios de la teología, es decir, en un Dios que siendo transcendente, es a un tiempo misterio y donación gratuita. Lo cual supone que el concepto de transcendencia es distinto del elaborado por el deísmo, pues no se trata de un ser supremo, absolutamente lejano, sino de que Dios, a la vez que es esencialmente diferente, está presente en un grado de infinita, no superable intimidad.

Tres formas de teísmo

De conformidad con lo expuesto hasta ahora es posible demarcar tres formas de teísmo, el filosófico, el religioso y el cristiano, del modo siguiente: el teísmo filosófico intenta legitimarse desde la razón, no desde la revelación, y estructura su doctrina en torno a contenidos básicos que adquieren diferentes matices, pero que incluyen en todo caso estos dos aspectos:

a) la creencia en un Dios personal y libre, creador y gobernador del mundo.
b) posibilidad de, supuesta tal creeencia, conferir sentido a la vida mediante el seguimiento de normas éticas racionales, coherentes con las creencias religiosas.

Con el tiempo, el teísmo filosófico va a adquirir un significado prioritariamente ético, debido sobre todo a la influencia de Kant. El teísmo religioso presupone por lo general, aunque no siempre ni necesariamente, la revelación, y se configura por consiguiente desde la convicción de que Dios ha hablado y comunica sus dones. A partir de aquí el teísmo religioso encuentra su expresión más propia en la intensificación del sentimiento de religación a Dios y de las vivencias correspondientes de dependencia por una parte y de unión con la divinidad por otra.

El teísmo cristiano asume las dos anteriores en cuanto que afirma tanto que los contenidos de la verdadera religión, siendo sobrenaturales, están sin embargo en armonía con la razón, como que estos contenidos se actualizan en el hombre, muy especialmente mediante la voluntad y el sentimiento.

Pero el teísmo cristiano tiene rasgos específicos como son, en primer lugar, la conciencia del pecado y de la consiguiente necesidad de redención la mayor o menor acentuación de este aspecto señala una de las diferencias entre las dos confesiones, la católica y la protestante; en segundo lugar, la confianza en la gracia como principio posibilitador de que la acción humana sea espontáneamente conforme a la voluntad de Dios; en tercer lugar, la creencia en Cristo como manifestación suprema y absoluta del Padre y como principio, junto con El, de la acción del Espíritu. Con lo cual, el teísmo cristiano es esencialmente trinitario.

Fuentes