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Alberto Sordi

Alberto Sordi
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Nacimiento15 de junio de 1920
Roma, Bandera de Italia Italia
Fallecimiento24 de febrero de 2003
Roma
Causa de la muerteInfarto agudo de miocardio
NacionalidadItaliana
OcupaciónActor
PadresPietro Sordi y Maria Righetti
FamiliaresSavina, Aurelia y Giuseppe (hermanos)

Alberto Sordi. Destacado actor italiano.

Síntesis biográfica

Nació el 15 de junio de 1920 en el popular barrio del Trastevere de Roma, Italia. Fue el último de los cuatro hijos del profesor de música Pietro Sordi y la maestra Maria Righetti, romanos ilustrados y trabajadores que pasaron la vida en las aulas, por lo que durante sus primeros años quedaba al cuidado de sus hermanos, Savina, Aurelia y Giuseppe.

Ya desde muy pequeño Albertino demostró tales dotes vocales que su padre, a la sazón director de orquesta ocasional en el Teatro de la Ópera de Roma, encauzó sus pasos hacia el canto. A los diez años y hasta la prematura transformación de su voz cantó como soprano en el coro de la capilla Sixtina, y poco después comenzó a participar en las giras por Italia de la Piccola Compagnia del Teatrino delle Marionette.

Trayectoria artística

En 1931 ingresó en el Istituto d’Avviamento Commerciale Giulio Romano, pero intuía ya entonces que su vocación era el teatro y, a punto de terminar sus estudios, los abandonó para dedicarse al espectáculo. Luego, tras una primera experiencia en 1936 con la discográfica Fonit, en la que grabó un disco con cuentos infantiles, acudió a una academia comercial privada y, más para contento de sus padres que para el suyo propio, consiguió su diploma.

Tras este acto de buena voluntad, se fue a Milán e ingresó en la Accademia dei Filodrammatici, pero su «mala dicción» (el fuerte acento romano) le supuso una pronta expulsión.

La afamada Accademia lamentaría este episodio, y casi setenta años después, en 1999, quiso resarcir su error otorgándole un doctorado honoris causa. Aquel primer fracaso, lejos de desalentarlo, lo impulsó a hacer del supuesto «defecto» una virtud, y convirtió esa manera de hablar en el eje de su comicidad.

Doblador, figurante, cómico y radiofonista

De nuevo en Roma ganó un concurso de la Metro Goldwyn Mayer como doblador de Oliver Hardy y el doblaje fue una de sus salidas económicas más recurrentes durante la siguiente década, en que puso voz a otros actores (Robert Mitchum, Victor Mature, Anthony Quinn), incluso italianos, como la de un primerizo Marcello Mastroianni, aparte de muchos característicos en un sinfín de películas rodadas en Cinecittà.

En 1937, debutó como imitador de Ollio (el nombre italiano de Oliver Hardy) con el seudónimo de Albert Odisor y obtuvo sus primeros contratos en el cine como figurante en las películas Escipión el africano (1937), de Carmine Gallone, e Il feroce Saladino (1937), de Mario Bonnard. Y al año siguiente «matizó» su actividad como boy de revista en la compañía Riccioli Primavera.

Fue el teatro de revista, ya como presentador y actor cómico, el que le daría por aquellos años las mayores satisfacciones y no el cine, ya con breves papeles en una serie de películas (La principessa Tarakanova, 1938; La notte delle beffe, 1940; Cuori nella tormenta, 1941; Le signorine della villa accanto, 1942), ya como coprotagonista en I tre acquilotti (1942), de Mario Mattoli.

En esos años tan convulsos y de tantos cambios, el servicio militar, la muerte de su padre en 1941, el traslado de la familia al centro histórico de la ciudad, la guerra..., el teatro ligero constituyó su gran salida, y más aún tras la liberación de Roma, en que dio un giro hacia la sátira política con Imputati… alziamoci!, de Michele Galdieri, y su nombre apareció por primera vez en letras grandes en los carteles del espectáculo.

En 1947 debutó en la radio en programas de variedades como Rosso e nero y Oplà y con su primer personaje, Il Signor dice, un prototipo perfecto del italiano visto desde la ironía que puso de manifiesto su agudísima capacidad de percepción, obtuvo unos altos índices de audiencia que aumentaron con nuevas creaciones durante los años siguientes, Mario Pio, Il compagnuccio della parocchietta, Il conte Claro, que le valieron la Maschera d’Argento al mejor actor radiofónico en 1949 y 1950, y un programa propio, Il teatrino di Alberto Sordi (1951), amén de una popularidad tal que convirtió también en éxitos de venta una serie de discos con canciones escritas y cantadas por él como Nonnetta, Il carcerato, Il gatto, Il milionario, entre otras.

Un descubrimiento tardío: el cine

Cuando el cine por fin le abrió su puerta grande, dirigido por Fellini, De Sica, Franco Rossi, Luigi Zampa, Dino Risi, Mario Monicelli, Antonio Pietrangeli, Nanni Loy, Francesco Rossi, Alberto Lattuada, Luigi Comencini, Mauro Bolognini o Ettore Scola, sus trabajos gozaron del favor de la crítica más seria. Películas como Un héroe de nuestro tiempo (1955), La Gran Guerra (1959), El juicio universal (1961), Todos a casa (1962), Vida difícil (1962), El especulador (1963), Las brujas (1966), Un italiano en América (1967), El poder no perdona (1969), Lo scopone scientifico (1972), Polvere di stelle (1973) o Un burgués pequeño, Muy pequeño (1976) renovaron una y otra vez su éxito como actor y su aportación a la comedia italiana.

Desde 1966, además, amplió su labor cinematográfica a la realización. Tras la buena acogida de su ópera prima, Un italiano en Londres (1966), Sordi dirigió dieciocho filmes, todos protagonizados por él, entre otros algunos de gran calado en la crítica o el público como Io so che tu sai che io so (1982), Il tassinaro (1983), Nestore. L’ultima corsa (1994) y Encuentros prohibidos (1998), una comedia de enredo sentimental entre un octogenario y una treintañera (Valeria Marini) que presentó en el Festival de San Sebastián de 1999, donde fue homenajeado, y que sería su última película.

El personaje privado

Sordi nunca dejó traslucir nada de su vida privada. Nunca se casó. Nunca se le conoció una relación sentimental. El apego a su madre le valió el apelativo de Mamone, pero los años lo convirtieron en un símbolo y a la larga pesó más el cariñoso Albertone con que lo obsequiaron sus compatriotas que las habladurías inconducentes. Tras la muerte de su madre en 1951, la afición a la familia continuó como siempre, y sus hermanos pasaron toda la vida a su lado.

El arquetipo del italiano medio

Creador de un insuperable arquetipo del italiano medio a lo largo de una filmografía que suma cerca de doscientas películas, guionista de algunos de sus títulos y director de una veintena de ellos, Alberto Sordi era el Actor en mayúsculas, que tocó todos los registros a lo largo de una trayectoria profesional que abarca más de seis décadas.

Sordi se las arregló para hacerse popular desde muy joven, y nunca perdió ese privilegio, pero hubo un tiempo, entre mediados de la década de los cincuenta y fines de la siguiente, en que tocó el cielo con las manos. Su tardío descubrimiento para el cine, lo merodeaba desde hacía una eternidad y ya había entrado en la treintena, se prod