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Carlomagno

Para otros usos de este término, véase Carlos I (desambiguación).
Carlos Magno
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Rey de los francos (768-814) y Emperador de los romanos (800-814)
Carlos Magno.jpeg
Reinado 24 de diciembre de 800 – 28 de enero de 814
Coronación 24 de diciembre de 800 por el Papa León III
Nombre real Carlos I el Grande
Nacimiento 2 de abril de 742
Fallecimiento 28 de enero de 814
Palacio de Aquisgrán
Entierro Aquisgrán
Sucesor Luis el Benigno
Casa Real Palacio de Aquisgrán
Dinastía Dinastía de los Carolingios
Padre Pipino
Madre Bertrada de Laon

Escudo de Carlomagno
Carlos Magno. Carlos el Grande o Carlomagno fue rey de los francos cuando "Pipino el Breve" su padre lo dejó gobernando junto con su hermano Carlomán I. Reinó cerca de 60 años a partir de los 20 años de edad y muere el 28 de enero del 814. A tras de una serie de alianzas políticas (con varios matrimonios de por medio) poco a poco va quitándole poder a su hermano, luego de un traspié que pudo causar la ruina de sus planes muere su hermano y queda como único rey de los francos y empieza una serie de conquistas que lo llevan a ser el primer emperador del "Sacro Imperio Romano". Para entonces había conquistado prácticamente toda Europa central, occidental y a Italia. Esto concordaba con los planes de los Papas y de allí su nombramiento como emperador, con el nombre de Carlos I, pues así sucedía al imperio Bizantino en el poder temporal y quedando el Papa con el poder espiritual de Europa.

Esta dualidad del poder le dio muchos dolores de cabeza a Carlomagno pero era un diplomático experimentado, astuto y casi siempre logró que sus intereses personales y los de sus estados coincidieran con los de la Iglesia. Para la Iglesia era muy importante esta unidad-dualidad porque daba la esperanza de que el reino de Dios se instauraba en la Tierra, claro que estaban otros aspectos en juego como los dineros que la Iglesia podía recaudar en sus parroquias y el poder que el Papa podía ejercer a través del mismo emperador. Es por ello que se justifica el apodo de Magno (grande) en Carlos I porque supo amalgamar sus propias ambiciones con un proyecto monumental, que si bien el tiempo frustró, sino la providencia, pero que dejó cimentado y marca el renacimiento (carolingio) de la cultura, el concepto del poder terrenal de Dios en la figura del emperador y del poder espiritual de la Iglesia en la figura del Papa. Este pensamiento marcaría el final de la alta edad media y toda la baja edad media. Carlomagno fue el ejemplo a seguir siempre en ese sentido. Era un hombre de gustos austeros y cuando se sintió cansado de tantas guerras, jugadas políticas y diplomáticas decide retirarse para disfrutar de sus últimos días.

Síntesis biográfica

Monarca germánico que restauró el Imperio en Europa occidental. Hijo primogénito del rey de los francos, Pipino el Breve, heredó el Trono al morir su padre (768) y lo completó con los territorios orientales concedidos a su hermano Carlomán, al morir éste en el año 771. Su política expansiva continuó con la conquista y anexión del reino lombardo (el norte de Italia), realizada en el 774, mediante una alianza de los francos con el Papado. Dominada Italia (aunque pervivían tendencias particularistas, especialmente fuertes en los ducados meridionales de Spoleto y Benevento), Carlomagno concentró sus energías en la conquista de Sajonia (norte de Alemania), empresa que le exigió dieciocho campañas sucesivas entre los años 772 y 804.

Carlomagno dominaba así el más importante reino de la Europa de su época; pero para mantenerlo tuvo que combatir continuamente: unas veces contra rebeliones o resistencias internas y otras para asegurar las fronteras contra enemigos exteriores. Entre estas últimas cabe destacar la guerra contra los ávaros en la frontera oriental, que le llevó a dominar los territorios actuales de Hungría, Croacia y parte de Serbia; y también un intento infructuoso de penetrar en España, abortado por la derrota que le infligieron los vascos en la batalla de Roncesvalles (778), pero que le sirvió al menos para crear una Marca Hispánica sometida al reino franco, que iba de Pamplona a Barcelona.

La extensión geográfica del reino de Carlomagno correspondía a la totalidad de lo que hoy son Francia, Suiza, Austria, Bélgica, Holanda y Luxemburgo, y la mayor parte de Alemania, Italia, Hungría, la República Checa, Eslovaquia y Croacia. Ha sido considerado por ello un predecesor de la unidad europea. Ningún monarca había reunido en su mano un territorio tan extenso desde la caída del Imperio Romano (476); por lo que no es de extrañar que la idea de la restauración imperial se abriese paso, ligada a la alianza estable que Carlomagno mantuvo con el Papado.

El día de Navidad del año 800 el papa León III coronó a Carlomagno emperador, dando comienzo así un nuevo Imperio germánico, que perviviría hasta comienzos del siglo XIX. Aunque la continuidad de este Imperio germánico con el Imperio Romano de Occidente, desaparecido tres siglos antes, era una ficción, la restauración de la idea imperial significaba una aspiración a un poder universal por encima de los príncipes de los distintos reinos, que sería la contrapartida temporal de la supremacía del papa en lo espiritual. Esta peculiar alianza y complementariedad del emperador con el papa daría lugar a una pugna por la supremacía entre ambos poderes, que se prolongaría a lo largo de la Edad Media.

En una época caracterizada por el alto grado de violencia y de anarquía que presidía la vida social, el Imperio carolingio fue un gran esfuerzo de organización político-administrativa. Aunque no había una capital fija (la capital del Imperio estaba donde se encontrara el emperador con su corte), la ciudad germánica de Aquisgrán cumplió esas funciones de manera casi permanente. Desde allí, una Cancillería, a cuyo frente se encontraba un clérigo culto, dirigía los asuntos tanto civiles como eclesiásticos; el control del territorio estaba en manos de los condes, salvo en las marcas fronterizas, organizadas militarmente; y unos enviados del emperador (missi dominici) supervisaban la administración en cada rincón del territorio.

La religión cristiana constituía un elemento cultural de integración, de estabilidad y de orden social, que el emperador se encargó de cultivar: protegió a los monasterios y procuró extender la fe cristiana hacia el norte (imponiéndola por la fuerza a los sajones). Sin embargo, aquel gran conglomerado territorial no sobrevivió mucho tiempo. El propio Carlomagno había previsto que, a su muerte, el Imperio se repartiera entre sus tres hijos; pero la muerte de dos de ellos retrasó la fragmentación hasta el momento en que murió el único sucesor superviviente, Ludovico Pío, que también dividió el Imperio entre sus tres hijos (Tratado de Verdún, 843). La dinastía Carolingia siguió al frente del Imperio hasta comienzos del siglo X, y en el Trono de Francia, hasta el 987.

Coronación

Corona Real

Establecido de este modo el dominio franco sobre muchos otros pueblos, Carlomagno había construido de hecho un Imperio y se había convertido en un emperador. Únicamente le restaba adoptar el título. El día de Navidad del 800, Carlomagno se arrodilló para orar en la basílica de San Pedro en Roma. El papa León III colocó sobre su cabeza una corona y la gente reunida en la iglesia le aclamó como el gran y pacífico emperador de los romanos. El biógrafo de Carlomagno, Eginardo, relata que el rey quedó sorprendido por esta coronación y que si él hubiera sabido con antelación lo que en realidad ocurrió no habría entrado en la iglesia aquel día. Esta información ha sido objeto de muchas especulaciones entre los historiadores. Carlomagno probablemente deseaba y esperaba obtener el título imperial, que posteriormente utilizó. En el 814 designó su sucesor al único hijo que le quedaba, Luis (que pasó a ser conocido como Luis I el Piadoso o Ludovico Pío), y lo coronó personalmente.

Administración

Carlomagno estableció una capital regia más duradera de lo que había sido la de sus predecesores. Su residencia favorita se situó en Aquisgrán desde el 794. Allí había construido una iglesia y un palacio, basado en parte en influencias arquitectónicas tomadas de Ravena y Roma. En su palacio reunió eruditos de toda Europa, el más famoso de los cuales fue el clérigo inglés Alcuino de York, al que puso a cargo de la escuela palatina. La administración del Imperio fue confiada a unos 250 administradores reales denominados condes. Carlomagno emitió cientos de decretos, llamados capitulares, tratando un amplio abanico de asuntos, desde cuestiones jurídicas y militares hasta cuestiones relativas a monasterios, a la educación y a la gestión de los dominios imperiales. El Imperio no se amplió después del 800; de hecho, ya en la década del 790 las costas y los valles ribereños sufrieron las primeras y temibles incursiones de los vikingos. Carlomagno ordenó una especial vigilancia en cada puerto, pero con escasa efectividad. Murió antes de que la completa y destructiva fuerza de los vikingos se desatara sobre el territorio imperial.

Campañas militares

Cuando Pipino murió en el 768, el gobierno de sus reinos fue compartido entre sus dos hijos. Carlomagno buscó una alianza con los lombardos al casarse en el 770 con la hija de su rey Desiderio (que reinó entre el 757 y el 774). En el 771 Carlomán murió repentinamente. Carlomagno entonces se apoderó de sus territorios, pero los herederos de Carlomán buscaron refugio en la corte de Desiderio. Por entonces, Carlomagno había repudiado a su esposa y Desiderio dejó de ser su aliado. En el 772, cuando el papa Adriano I pidió la ayuda de Carlomagno contra Desiderio, el rey franco invadió Italia, derrocó a su antiguo suegro (774) y asumió el título real. Entonces viajó a Roma y reafirmó la promesa de su padre de proteger las tierras papales. En una fecha tan temprana como el año 772, Carlomagno combatió las furiosas incursiones de los sajones en su territorio. Animado por su éxito en Italia, se embarcó en el 775 en una campaña para conquistarles y cristianizarles. La campaña tuvo algún éxito inicial pero se alargó durante treinta años. Combatió en la península Ibérica en el 778; en su viaje de regreso, su retaguardia, mandada por Roland, fue objeto de una emboscada, historia inmortalizada en La Canción de Roland. En el 788 sometió a los bávaros a su poder, y entre los años 791 y 796 los ejércitos de Carlomagno conquistaron el territorio de los ávaros (que en términos generales corresponde a las actuales Hungría y Austria).

Combates

Espada de Carlomagno

Los siguientes veinte años de la vida de Carlos pueden ser considerados como larga guerra. Estuvieron llenos de una serie de asombrosas marchas rápidas de extremo a extremo de un continente cruzado por montañas, pantanos , bosques, y con pocos caminos. En el año 772, combatió las incursiones de los sajones en su territorio. Se embarcó en el 775 en una campaña para conquistarles y cristianizarles. La campaña se alargó durante treinta años. Estando las cosas de esta manera (776) los asuntos de Lombardía interrumpieron la cruzada en contra de los sajones. Areghis de Benevento, yerno del derrotado Desiderio, había formado un plan con su cuñado Adalgiso. La unión entre los poderes antedichos, todos hostiles al Papa y a los francos era una amenaza para el rey, Carlos descendió a Lombardía por el Paso del Brennero (primavera de 776), derrotó a Rotgaud, y dejó guarniciones y gobernadores, o condes (comites), como se les llamaba, en las ciudades reconquistadas, con ello, buscaba eliminar la capacidad de reagruparse a los que se negaban a doblegarse. De echo fue Carlo Magno que prácticamente borro a los sajones del mapa y se le indica como el responsable del exterminio del que fueron objeto mas que nada por ser calificados por la iglesia como herejes y fuerza del demonio debido a su creencia pagana.

La invasión de España viene después, según el orden cronológico. Los sufrimientos de la venerada Iglesia ibérica, la cual estaba bajo dominación musulmana, atrajo fuertemente las simpatías del rey. En 777 fueron a Paderborn tres emires moros, y el califa de Córdoba. Estos emires le rindieron homenaje a Carlos y le propusieron invadiera el norte de España; Según eso, en la primavera de 778, Carlos, con una fuerza de cruzados, que hablaban muchas lenguas, y que incluso entre sus miembros contaba con un grupo de lombardos, se movió hacia los Pirineos. Su lugarteniente de confianza, el duque Bernardo, con una división, ingresó a España por la costa. El mismo Carlos marchó directamente a través de los pasos montañosos a Pamplona. aunque Pamplona fue arrasada, Barcelona y otras ciudades cayeron, Zaragoza resistió. Aparte del efecto moral de esta campaña en los gobernantes musulmanes de España, su resultado fue insignificante, aunque la famosa emboscada en la que pereció Roland, el gran paladín, valiosos aliado en las fuerzas del rey, en el Paso de Roncesvalles, dio al mundo medieval material para su épica más gloriosa e influyente, la "Canción de Roland".

El imperio

Estatua ecuestre del emperador Carlomagno, pieza en bronce del s. XI que se conserva en el Museo del Louvre.

Una vez finalizadas estas campañas, las posesiones de Carlomagno comprendían la Galia, Italia, Germania y una parte de España, con lo cual quedó restablecido el antiguo Imperio romano de Occidente. Fue en estas circunstancias que el 25 de diciembre del año 800, mientras Carlomagno oraba en la basílica de los apóstoles San Pedro y San Pablo, en Roma, el papa León III ciñó su cabeza con la corona imperial, a semejanza de lo que ocurría con los emperadores de Bizancio. De esta manera se consolidó la unión de la Iglesia y el estado. Para mejorar la administración de su vasto imperio, Carlomagno acrecentó el número de duques y condes, cuyos subalternos fueron los vicarios y los centenarios. La labor de éstos se complementaba con la de otros funcionarios de confianza llamados missi dominici (enviados del señor), que recorrían el territorio en cada estación, de dos en dos un conde y un obispo—, para verificar el buen desempeño de sus súbditos.

Dos veces al año se celebraban las asambleas nacionales en las que participaban solamente los obispos, los duques y los condes. Durante su transcurso Carlomagno publicaba sus ordenanzas conocidas con el nombre de capitulares, por estar enunciadas en capítulos, que no siempre tenían el carácter de leyes. En ocasiones se trataba de normas o preceptos morales. Carlomagno prestó principal atención a la organización militar, a cuyo efecto las provincias fronterizas, llamadas marcas, estuvieron a cargo de jefes que recibieron el nombre de Margraves en Alemania y marqueses en los países latinos. El ejército se componía de hombres libres, que debían aportar sus elementos de combate, cuya cantidad y calidad variaba de acuerdo con el patrimonio de cada combatiente. También tuvo especial preocupación por la organización eclesiástica, de la cual se sentía responsable. Con tal objeto creó nuevos obispados y obligó al pago del diezmo, que consistía en el aporte de la décima parte de las cosechas, para el mantenimiento de la Iglesia. Durante el reinado de Carlomagno se llevaron a cabo numerosas obras públicas, entre las que sobresalieron los puentes de madera levantados sobre el Rin y el Danubio; el comienzo de la construcción de un canal entre ambos ríos y la edificación de palacios.

El Renacimiento Carolingio

En materia cultural, Carlomagno procuro estimular el desarrollo de las letras y de las ciencias, decaídas por efecto de las luchas, a través de su propio ejemplo. A tal efecto, aprendió el latín y estudió la lengua germánica. Fundó escuelas y se rodeó de sabios, entre los cuales sobresalieron el teólogo Alcuino, nacido en Inglaterra, el lombardo Diácono y el germano Eginardo. Carlomagno asistió a la escuela que funcionó en su propio palacio de Aquisgrán, que mas bien tenía el carácter de una academia, donde se trataban y discutían temas de carácter científico y literario, basados en el estudio de las denominadas artes liberales, que comprendían el trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el quadriuium (geometría, aritmética, astrología y música), según el método de lectura y comentario de textos. Paralelamente funcionaba una escuela para niños, que visitaba con frecuencia. Hasta entonces eran pocos los que tenían una cultura clásica. Entre ellos sobresalían los monjes benedictinos, quienes fueron los más celosos custodios de esa valiosa herencia. Este resurgimiento cultural ha sido llamado el renacimiento carolingio.

La marca hispánica

Tras la derrota en la Batalla de Roncesvalles, Carlomagno trataba de establecer una frontera fija y segura al sur de su imperio. Así a finales del siglo VIII, Carlomagno intervino en el noroeste de la península con el apoyo de la población de las montañas. El dominio de los Francos se hizo más efectivo después de conquistar Barcelona (801) y Gerona (785). Al territorio ganado a los musulmanes se le llamó Marca Hispánica, actitud independentista de la población, obligó a los Carolingios a sustituir los gobernadores por unos de origen franco. El gobierno de estos territorios se pasaban de padres e hijos. Esto hizo que algunos condados se unieran y formasen otros más amplios. El conde Gifré I el Pilós consiguió gobernar varios condados y transmitió el poder a sus hijos. Más tarde estos condados darían lugar a la Cataluña actual. Durante el siglo X los condes de Barcelona reforzaron su autoridad política. En el año 988 el conde de Barcelona, Borrell II dejó de prestar juramento de fidelidad a los reyes francos. Esto supone el fin de la Marca Hispánica y el nacimiento de Cataluña, que en el siglo XII se unió a la corona de Aragón con el matrimonio del conde Berenguer de Cataluña y Petronila de Aragón.

Muerte

Muerte de Carlomagno

En 813, Carlomagno convocó a su corte a Ludovico Pío, Rey de Aquitania y su único hijo sobreviviente. Una vez allí, lo coronó con sus propias manos como coemperador para luego enviarlo de regreso a Aquitania. A continuación, pasó el otoño de cacería antes de volver a Aquisgrán el 1 de noviembre.

En enero de 814, enfermó de pleuritis (Eginardo 59) y el 21 cayó en cama. Carlos fue sepultado el mismo día de su muerte en la Catedral de Aquisgrán, pese a que el clima frío y la naturaleza de su enfermedad no imponían apuro alguno a su entierro. Un relato posterior, narrado por Oto de Lomello, conde del Palacio de Aquisgrán en época de Otón III, indicaría que él y el emperador Otón habían descubierto la tumba de Carlomagno; estos dos hombres sentaron al emperador en un trono, le vistieron con una corona y un cetro de celebración y cubrieron con ostentosas ropas su cuerpo incorrupto.

En 1165, el emperador Federico I abrió de nuevo la tumba y trasladó el cuerpo a un sarcófago que emplazó debajo del suelo de la catedral. En 1215, Federico II volvería a introducirle en un ataúd de oro y plata.

Trascendencia

Carlomagno es importante no sólo por el número de sus victorias y la dimensión de su Imperio, sino también por la especial combinación de tradición e innovación que representó. Por un lado, era un tradicional guerrero germánico que pasó la mayor parte de su vida adulta combatiendo. En las campañas contra los sajones impuso el bautismo por la fuerza y se deshizo de los rebeldes con matanzas sin piedad. Por otra parte, puso todo su inmenso poder y prestigio al servicio del cristianismo, de la vida monástica, de la enseñanza del latín, de la copia de libros y del imperio de la ley. Su vida, tomada como modelo para la mayoría de reyes posteriores, personificaba la fusión de las culturas germánica, romana y cristiana, que se convertiría en la base de la civilización europea.

Citas

"La esperanza es el sueño de los que están despiertos."
"La acción es mejor que el conocimiento, pero, a fin de hacer lo correcto, debemos saber lo que hacemos."
"Saber otro idioma es como poseer una segunda alma."

Enlaces externos

Fuentes