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Convento de Santa Catalina de Siena

Convento de Santa Catalina de Siena
Información sobre la plantilla
Obra Arquitectónica
Conv Sta Cata01.jpg
Convento creado para monjas Dominicas
Descripción
Localización:La Habana, Bandera de Cuba Cuba
Uso inicial:Convento
Datos de su construcción
Inauguración:29 de abril de 1688
Demolición:1924

Convento de Santa Catalina de Siena. Monasterio fundado por iniciativa de tres jóvenes hermanas habaneras, de apellido Aréchaga, hijas de Don Juan Aréchaga, Tesorero Real de la Isla de Cuba, que querían profesar en La Habana como monjas dominicas.

Fundación

Dibujo del techo del convento

El Convento Santa Catalina de Siena fue fundado el 29 de abril de 1688 para religiosas dominicas, por iniciativa de las hermanas Aréchaga y Casas; y con la llegada al mismo de tres religiosas procedentes del Monasterio de Santa Clara de la capital cubana, quienes fueron autorizadas a salir para su fundación: sor María de la Ascensión de Soto, su hermana carnal sor Clara de Jesús, y sor Buenaventura de Arteaga.


Historia

Según apuntes histórico, por aquella fecha, Don Juan de Arechaga, hombre dedicado al negocio de víveres y con desahogada posición económica fue designado Tesorero Real de la Isla de Cuba, contrayendo matrimonio con la joven habanera Manuela de las Casas, matrimonio del que nacieron cinco hijos, tres hembras: Teresa, Francisca y Ana, y dos varones: el mayor de todos nombrado Juan y Vicente, del Santo Oficio de la Inquisición quien posteriormente sería el primer capellán de Santa Catalina de Siena.

Al morir su madre, decidieron entonces fundar un nuevo Convento, el Santa Catalina de Siena, en La Habana, el monasterio en donde harían su voto de clausura a perpetuidad.

En el año 1679 hicieron la solicitud, la misma les fue concedida por la real cédula de 2 de agosto de 1684 obteniendo los terrenos para la construcción del convento por testamento de Don José Antonio Palma el 19 de noviembre de ese mismo año quedando las herederas exentas de impuestos.

Construcción y fundación del convento

Convento Santa Catalina de Siena
El 29 de abril de 1688 se consagraron a la vida religiosa las hermanas Aréchaga y Casas respaldadas económicamente por el hermano mayor Juan de Aréchaga, antiguo Oidor de la Real Audiencia de México. Fundando así el convento de Santa Catalina de Siena que llegó a ocupar las manzanas que enmarcaban las calles de Compostela, O’Reilly, Aguacate y Empedrado.

La disposición de la Real Cédula, establecía la admisión de solo quince religiosas en el convento; y su construcción sería costeada por las hermanas Aréchaga con el dinero de las mismas y en el terreno por ellas aportado, debiendo las quince primeras religiosas aportar como dote la suma de dos mil ducados en oro cada uno, para que con sus rentas pudieran sustentarse y acudir a lo demás que necesitaran.

Interior del Convento Santa Catalina de Siena
Aunque por la disposición de la Real Cédula con fecha 2 de agosto de 1684, fue concedida la autorización a las hermanas Aréchaga, para la fundación del convento de Santa Catalina de Siena, no fue hasta el 29 de abril de 1686, que el licenciado Marcial Murguía y Mena, gobernador de lo político de la ciudad y su jurisdicción, autorizó la construcción del mismo.

La construcción de la Iglesia y Convento de Santa Catalina de Siena, no fue una obra proyectada y construida en forma simultánea, por el contrario, fue surgiendo poco a poco, añadiendo unas veces solares al edificio y, construyendo otras, muros, techos, hasta completar las dos plantas. La torre de la iglesia quedó terminada en el año 1728, creándola a expensas del Sr. Marcelo Carmona, con una donación además de doscientos pesos para el convento.

Características arquitectónicas

Patio del Convento
El convento de Santa Catalina de Siena pertenece a la familia de construcciones conventuales típicas de la primitiva etapa de la arquitectura religiosa cubana.

El centro de la construcción lo constituía un amplio patio claustral de forma cuadrangular; en torno a este partían cuatro galerías con los frentes de la planta baja de mampostería, formados por pie derecho en la planta baja y alta.

En la planta baja contigua a tres galerías se disponían las salas que comprendían el refectorio, salas de recibo, aulas y otras dependencias de un general de la comunidad. La planta alta se destinaba solo a los religiosos y estaba compuesta por la sala capitula y las celdas.

Patrio del Convento
Al otro costado del patio claustral se encontraba ubicada la iglesia, situada frente a la calle. Contiguo a los pies de la iglesia y en la fachada principal estaba situada la torre campanario de tres cuerpos, separando la iglesia de las dependencias vecinas. En la fachada principal se hallaba una puerta y una o más en el costado mayor paralelo a la calle que comunicaban la iglesia con el exterior.

El coro alto estaba situado a los pies de la nave principal y adyacente al muro de fachada; soportada por tres vigas transversales, sostenidas por canes. Encima de estas vigas se disponían otras de menor escudaría, en sentido longitudinal respecto a la nave, estas últimas tenían sus remates exentos cortados en forma de can y encima de las misma se colocaban transversalmente las tapajuntas y las tablas. El frente del coro alto estaba protegido por una baranda de barrotes torneados.

Importe monetario de la obra

La familia Aréchaga era poseedora de una gran fortuna. Dentro de los terrenos que poseían se encontraba el Hato “El Ciego” donde existía un insipiente caserío bautizado con el nombre de “El Ciego del Nazareno”. Poco más de 1760 un incendio destruyó la iglesia y el caserío, al conocer el incidente las hermanas Aréchaga donaron dos caballerías de tierra para fomentar un nuevo caserío a ambos lados del camino carretero central a la Vuelta Abajo, en la margen oeste del río Macurije, estableciéndose en este lugar, en el año 1763, el pueblo de Los Palacios.

Aunque la cantidad exacta de lo donado por los hermanos Arechaga, para la construcción del edificio, no consta en el archivo del convento si existen antecedentes relativos al monto de la herencia de ellos, que ascendió a $47. 439.00 en efectivo, más las casas que se demolieron para levantar la fábrica del monasterio, que fueron tasados en $10,752. 30.

Interiores del Convento
Según una tasación hecha por el maestro de obras Alonso Ruiz de Pastrana, en el año 1693, lo construido hasta aquel momento, más el importe de los solares yermos que estaban situados frente al edificio, tenían un valor de veintinueve mil doscientos pesos, teniendo en cuenta que el convento disponía de varios locales como:
  • Un cuarto que llegaba hasta la esquina del mirador.
  • Cuatro celdas, dos de ellas altas y dos bajas, que se utilizaba como iglesia.
  • Las tapias y rejas que conformaban la clausura del monasterio.
  • Un gran lienzo de pared, ya comenzado, para la construcción de la iglesia.

En el año 1708 la propia congregación adquirió un solar yermo al fondo del convento que medía 34 varas de frente por 36 varas de fondo. En el año 1711 se reinició la construcción de la iglesia ascendiendo su costo a cinco mil ochocientos ochenta y dos pesos con tres reales.

En el año 1713, las hermanas Arechaga, madres fundadoras de ese convento, añaden al fondo para la construcción, el producto de la venta de las casas situadas frente a la contaduría, que era de su propiedad. Otro tanto hizo sor María del Santísimo Rosario quien entregó, en efectivo, la suma de dos mil setecientos pesos correspondientes a su dote. En el propio año, se añade al monasterio un solar a la puerta de campo, con 27.50 varas de frente por 40 varas de fondo.

Ampliaciones a la obra original

En un inicio la iglesia contaba con tres altares, los dos altares laterales, próximos al coro, fueron construidos en 1753, sumando cinco en total.

En descripción hecha por el obispo Morell de Santa Cruz en la visita eclesiástica que efectuara en el año 1755, la iglesia quedaba de poniente a oriente. Poseía un cañón mediano de piedra con sus techos de tejas: componiéndose de 41 varas de longitud, sobre 11 ½ de latitud y 12 de altitud; dos coros primorosos adornados y un órgano pequeño: los altares, cinco en total, con retablos muy pulidos y hermosos. A todos excede el mayor, a cuyas espaldas se encuentra la sacristía con 13 varas y cuarto de largo, ancho 7 y 5 y 3 cuartas de altos.

Pasillos del Convento
Según testimonio del arquitecto Joaquín E. Weiss, historiador contemporáneo de la arquitectura cubana, la iglesia tenía 12 varas de ancho y 41 de profundidad (10 x 34 m). Tenía dos puertas por la calle O’Reilly, una de ellas con un pequeño dístilo afrontado. La torre, saliente en la misma esquina, era de tres cuerpos, con un coronamiento formado por pequeños pisos escalonados que le imprimían un matiz muy oriental.

La torre, situada en la esquina de la calle Compostela, era una réplica de la del Tesoro, en el edificio claustral aledaño a la Catedral de Santiago de Compostela.

Producto del azote del huracán que cruzó por La Habana en octubre de 1846, el edificio sufrió graves daños, los que fueron reparados inmediatamente desmontándose además, la elevación de piedra que afeaba el frente de la iglesia, construyéndose un pórtico en la puerta principal.

En el año 1849, se entregó al gobierno la cantidad de 4 000,00 pesos, como pago de las obras del pórtico, y por consiguiente, quedaba separado el monasterio del terreno que formaba la plazoleta, dedicándose ésta al uso público.

Hacia el año 1860 se reconstruye la iglesia, mejorando notablemente su interior

El convento después de la reconstrucción

Las celdas del convento estaban situadas en el lado norte del edificio y la puerta de entrada se encontraba por la calle Compostela; la iglesia estaba emplazada de este a oeste, contando de una sola nave, sus paredes eran de piedra y los techos de madera y tejas españolas; tenía su frente por la calle O’Reilly donde se construyó un pórtico y una pequeña plazoleta.

Pórtico del Convento
Las dos puertas de la iglesia que daban al sur y que daban a la plazoleta exterior iluminaban la nave principal del templo, sin que se divisara por entre las rejas a las religiosas que transitaban por la galería.

El piso de los patios era de losa isleñas con solares amplios. Las celdas y el comedor eran bastante grandes, contando, además, el edificio con otros lugares de expansión, entre ellos, un huerto donde las religiosas cultivaban algunas hortalizas. Esta distribución interior del monasterio permitía a las religiosas allí recluidas llevar una vida agradable.

La sacristía de la Iglesia tenía el piso de mármol de losas blancas y negras, con entrada por la calle Aguacate. Al fondo de esta nave se ubicaba el presbiterio, que se revelaba solamente por la mayor riqueza de la decoración de su techo y por un simulado arco triunfal de madera, que iniciaba de una columna adosada a los muros e indicaba el comienzo de los mismos.

Este edificio fue durante dos siglos, uno de los mejores de la ciudad, aunque su arquitectura no ofrecía nada extraordinario.

Enterramientos

El convento de Santa Catalina de Siena poseía un cementerio para las monjas y en él fue enterrado el obispo Dionisio Resino, quien fue Obispo Auxiliar de la Isla, y que falleció en La Habana el 16 de septiembre de 1700. Este obispo había sido enterrado al pie del altar mayor del monasterio, por tratarse del primer Obispo cubano que rigió los destinos de esta diócesis

En la iglesia de este monasterio se conservó el corazón del obispo fray Jerónimo Valdés, fundador de la Casa Cuna.

Reliquias

Imagen de Santa Catalina
Entre las reliquias veneradas en este monasterio estaban las vestiduras de los mártires cristianos Celestino y Lucida, que fueron traídas por el obispo cubano monseñor Santiago José de Echevarria que gobernó la Diócesis de La Habana de 1769 hasta su muerte en 1789, en visita que hizo al Vaticano, y que fue encargado de traer las reliquias a esta capital.

El escultor Antonio Araizas, afirmó que debajo del altar de Santa Inés, había una urna con los restos de Santa Victoria. Así como los despojos del niño mártir san Felicísimo, en una cavidad del altar de la Purísima Concepción. Lo cual deja entrever que en La Habana había una gran devoción a las reliquias de los santos.

Entre los presbíteros que acompañó las celebraciones litúrgicas en este convento encontramos al presbítero Félix Varela, en una primera etapa cuando era subdiácono, y ya presbítero, en 1813, Varela pronunció el sermón en la festividad de la Purísima Concepción el 8 de diciembre de ese año.


Demolición del edificio

Convento demolido en casi su totalidad
Con la modernización de la arquitectura capitalina con numerosos edificios de tres o más pisos, los patios y galerías interiores del monasterio eran dominados por estos, impidiendo la absoluta clausura de las religiosas. A esta situación se sumó la amenaza de que el convento sería dividido en dos para prolongar la calle San Juan de Dios, por lo que las religiosas determinaron poner en venta el edificio y terrenos, y construir con el dinero que se obtuviera otro fuera de La Habana. Acción que fue llevada a cabo en el año 1918 vendiéndose el edificio al Sr. Manuel Llevandi y Tomi.

La vieja edificación fue arrasada en 1924, sin que nada se perdiera con ello, pues carecía de todo valor artístico; en sus solares se fabricó por la calle O’Reilly, un gigantesco edificio de oficinas dedicado a la Compañía de Seguros La Metropolitana, en la esquina de Aguacate y en la de Compostela, El National City Bank of New York, que no modernizó totalmente la fachada, sino formó una especie de portal con columnas, que recuerda con imprecisión el viejo pórtico de la Iglesia de Santa Catalina de Siena; hoy funciona en esta edificación una agencia del Banco Nacional de Cuba.

El nuevo convento

El nuevo Convento
Las monjas dominicas del convento de Santa Catalina de Siena, se instalaron en un nuevo edificio en El Vedado muchísimo más amplio, con una bella iglesia de estilo gótico, justamente en la manzana comprendida entre las calles 25, 23, A y Paseo y hacia allí se trasladaron el 13 de mayo de 1918. Trasladando los restos del Obispo Resino a la Catedral de La Habana, quedándose en poder de las monjas en el nuevo convento el corazón del Obispo Valdés.

La iglesia y el convento se edificaron entre 1914 y 1917 para las monjas carmelitas en permanente claustro. En el año 1918 las monjas de Santa Catalina de Siena tomaron posesión de él.

Iglesia de Santa Catalina de Siena
La nueva edificación contaba con una iglesia de dos torres con cúpulas, que poseían una mezcla de estilos que incluía el neogótico y el románico, aunque se apreciaba también el modernismo en la arquitectura habanera de la época. En el interior del templo se conservan aún los ventanales que estaban concebidos para las monjas de permanente clausura. Los altares fueron trabajados en mármoles y el altar mayor, de la virgen, revestido con madera.

Posee, además, vitrales; sus techos en forma de arco son de losa; y toda la construcción, de piedra de cantería, masilla y recebo. El convento escuela, que ocupa toda una “manzana”, equivalente a una hectárea, fue más tarde cedido al Ministerio de Educación del Estado cubano, que lo transformó en un Instituto Preuniversitario. 

Véase también

Enlaces Externos

Fuentes