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Golpe de Estado de 1952 en Cuba

Golpe de Estado del 10 de marzo en Cuba
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Golpe de Estado del 10 de marzo en Cubaa.jpg
Fecha:10 de Marzo de 1952
Sitio:Bandera de Cuba Cuba
Motivos:Miedo por parte de los militares y su líder Fulgencio Batista de perder el poder en la elecciones de ese año.
Gobierno previo
Gobernante:Gobierno constitucional
Forma de gobierno:Carlos Prío Socarrás
Gobierno resultante
Gobernante:Dictadura militar
Forma de gobierno:Fulgencio Batista

Golpe de Estado del 10 de marzo en Cuba. Golpe de Estado Militar, previo a las elecciones de 1952, perpetrado por Fulgencio Batista, quien instauró una cruenta represión y un sistema inconstitucional en un país caracterizado por la corrupción político administrativa, la pobreza, el hambre, el desempleo y el entreguismo al imperialismo norteamericano, violentando así el orden constitucional en Cuba y la democracia representativa en el país.

Historia

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En la madrugada del 10 de marzo de 1952, el pueblo de La Habana disfrutaba de otra noche de carnaval. Era insospechado que se hubiera puesto en marcha una siniestra conspiración para apoderarse del poder en Cuba. Originalmente fueron dos conspiraciones independientes:
  • Una que tenía como jefe al capitán Jorge García Tuñón y que estaba compuesta por jóvenes oficiales en activo, sin vínculos con los batistianos. Tales oficiales aspiraban a detener la corrupción político administrativa que imperaba en el país y convocar luego a elecciones.
  • Una segunda conspiración liderada por Batista, y que contaba con pocas posibilidades de éxito, debido entre otras cosas a la purga que durante los dos gobiernos auténticos se había hecho en el ejército y en el gobierno de elementos batistianos. Tenía como figura principal a Fulgencio Batista y Zaldívar, un ex sargento devenido general, de larga experiencia en trajines conspirativos y que había sido el “hombre fuerte” en Cuba entre 1934 y 1944, pero que en las elecciones de 1952 no tenía posibilidades de reelegirse como presidente.

Ambas conspiraciones se fundieron en una debido a que los primeros se habían quedado sin una figura que fungiera como líder, y que tuviera popularidad. Por otra parte la conspiración de Batista no contaba con los contactos necesarios en los mandos activos del ejército para tener éxito rápidamente.

Al unirse las conspiraciones, el jefe de la misma, al menos en teoría, sería el capitán Jorge García Tunón, de hecho fue este oficial el que impartió las primeras órdenes, pero todo cambió al llegar a Columbia, Batista esperó su momento, el cual llegó cuando las clases bajas y el pueblo comenzarón a acudir al campamento, entonces Batista abandonó su papel de sólo figura del golpe y comenzó a hablarle al pueblo y a los soldados, y a impartir órdenes.

En ese momento fue que el jóven oficial Jorge García Tuñón comprendió que Batista, otra vez se había robado un golpe.

Una vez consumado el golpe de estado militar contra el corrupto, aunque constitucionalmente electo presidente Carlos Prío Socorrás, Batista se instaló en el poder, derogó la Constitución de la República vigente desde 1940 y estableció una cruel dictadura.

Lejos de eliminar la corrupción política y administrativa las enraizó más; implantó, contra toda actividad opositora, una brutal represión caracterizada por el crimen y la tortura. Entre otros males, llevó a límites vergonzosos el sometimiento a los intereses económicos y políticos de Estados Unidos.

Desarrollo de los hechos

En horas de la madrugada, los golpistas fueron ocupando sin resistencia las principales guarniciones de la capital valiéndose de la promesa de recompensar a sus jefes. Mientras tanto, Batista se dirigía hacia la Fortaleza Militar de Columbia, principal del país entonces, en una caravana escoltada por esbirros de la policía motorizada al mando del connotado asesino, teniente Rafael Salas Cañizares.

Así fueron tomados aeropuertos, instituciones ministeriales, y medios informativos. Algunos oficiales en Matanzas, Villa Clara y Santiago de Cuba se negaron a acatar el Golpe de Estado, pero fueron tranquilizados con promesas de ascensos y riquezas, lo que propició el apoyo total a Batista. A partir de esa nefasta madrugada, las guarniciones de La Habana tuvieron nuevos jefes.

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El depuesto presidente de la República, Carlos Prío Socarrás, quien se encontraba disfrutando de los privilegios de su cargo en su finca “La Chata”, al conocer que había perdido todo apoyo por parte del ejército, decidió huir con su mal habida fortuna, asilándose en la embajada de México, sin atender al pedido de armas por parte de los estudiantes universitarios para resistir a los golpistas. Así transitó el país de un gobierno corrupto a otro más corrupto aún y eminentemente sanguinario.

El 10 de marzo de 1952 el pueblo de Cuba comenzó a vivir una de las etapas más difíciles de la República Neocolonial, extendida a casi siete años de lucha y enfrentamiento a la más sanguinaria y cruel tiranía sufrida por el país, una de las más repulsiva y bárbara de la historia americana.

Para aplicar esta política creó, perfeccionó y reorganizó un aparato represivo en función de aplastar toda oposición posible, una de las fuerzas más corruptas y criminales que haya conocido la República.

Se articularon dentro del Ejército, la Policía y la Marina: el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), el Buró de Investigaciones (BI), el Buró para la Represión de las Actividades Comunistas (BRAC), el Comité Investigador de Actividades Comunistas, la Policía Secreta, la Policía Judicial, el Servicio de Inteligencia Naval, el Departamento de Investigaciones de la Policía Nacional, entre otros. Así como, grupos paramilitares, como los Tigres de Masferrer.

Consecuencias

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El asalto al poder propició el total desprestigio de los partidos tradicionales de entonces: Conservadores y liberales se sumaron al nuevo gobierno; los auténticos se dividieron en numerosas corrientes, todas desacreditadas, y el Partido Ortodoxo, fue presa de la pasividad, la división y el desorden.

Con el derrocamiento del gobierno constitucional y la abolición de la Constitución de 1940, Batista impidió la victoria popular y afianzó el dominio de Estados Unidos en el terreno económico del país.

El nuevo Gobierno, como los anteriores, fue fiel representante de los intereses norteamericanos en Cuba, y Batista, para conservar el poder, no dudó en sacrificar a más de 20 mil cubanos, en su inmensa mayoría jóvenes, instaurando uno de los regímenes dictatoriales más sangrientos de América Latina, al estilo de Somoza, en Nicaragua; Stroessner, en Paraguay o Pinochet en Chile.

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En su orgía de sangre y horror a lo largo de casi siete años, estuvo rodeado y amparado por una jauría de connotados asesinos como Esteban Ventura Novo, Pilar García, Conrado Carratalá, Rafael Salas Cañizares y muchos otros ejecutores de crímenes y torturas.
Las fuerzas represivas de la tiranía, para sostener el poder, ordenaron varios crímenes como los ocurridos en el Moncada, Goicuría, Desembarco del Granma, El Corinthya, Las Pascuas Sangrientas, Humboldt 7, 30 de noviembre, 13 de marzo, Embajada de Haití, Huelga del 9 de abril, 5 de septiembre, la masacre de Cabaña, Pino 3 y otros tantos. Los registros, detenciones, torturas y asesinatos se convirtieron en sucesos cotidianos.

El Golpe de Estado del 10 de marzo generó un proceso revolucionario radical que tuvo como punto de partida la lucha contra el quebrantamiento de la ley. El rechazo popular a la ilegitimidad de gobiernos tiránicos está en la médula de la cultura jurídica y política cubana.

Derrocamiento

El golpe de estado y la tiranía de Batista fueron el ejemplo más claro de que la ilegalidad y la falta de ética en Cuba provocaban, necesariamente, una revolución social.

Esta dictadura fue derrocada el 1ero de enero de 1959 con el Triunfo Revolucionario del pueblo cubano.

En la lucha contra la tiranía influyó, de manera decisiva, la defensa de la Constitución de la República, bandera de la “Generación del Centenario”. Ello tenía su fundamento en una tradición jurídica que se gestó en 1868 con la República en Armas y que se ejemplificó, de manera muy evidente, en dos momentos del período neocolonial (1902-1959).

Posición ante el golpe

Reaccionarias

  • Asesores norteamericanos.
  • Prensa burguesa.
  • Bloque burgués latifundista.
  • CTK- (Eusebio Mujal)

Reformistas

  • Posición Quietista
  • Partidos políticos tradicionales.
  • PPC(O) que solo plantea algunas quejas a la OEA y busca el diálogo.
  • PRC(A) a pesar de ser desplazado del poder, no realizó ningún acto en contra del golpe, es una oposición legal.
  • Falso Insurreccionalismo:
  • Carlos Prío: plantea entregarles las armas al pueblo, lo que no es cumplido.

Revolucionarias

  • PSP: (Blas Roca)
  • CTC: (Lázaro Peña)
  • Ala radical de la juventud Ortodoxa: Fidel Castro con el documento “Revolución no, Zarpazo.”
  • FEU: los estudiantes piden armas a Prío para enfrentar el golpe.


Fuentes

Enlaces externos