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Hubert de Blanck

Para otros usos de este término, véase Hubert de Blanck (desambiguación).
Hubert de Blanck
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Ilustre músico y pedagogo, autor de Patria, primera ópera referida a la independencia de Cuba.
NombreHubertus Christian de Blanck Valet
Nacimiento1856
Utrecht, Bandera de Holanda Holanda
Fallecimiento28 de noviembre de 1932
La Habana, Bandera de Cuba Cuba
NacionalidadHolandesa
CiudadaníaCubana
OcupaciónMúsico y Compositor
CónyugeAna García Menocal Pilar Martín

Hubert de Blanck. Su nombre verdadero era Hubertus Christian de Blanck Valet. Ilustre músico y pedagogo, autor de Patria, primera ópera referida a la independencia de Cuba.

Síntesis biográfica

Hubert de Blanck nació en Utrecht, Holanda. Recibió las primeras lecciones de música de su padre, el violinista Wilhelm de Blanck. A los nueve años de edad ingresó en el Conservatorio de Lieja, Bélgica, donde estudió piano con Felix-Etienne, y solfeo y teoría con Sylvain Dupuis.

A los trece años obtuvo un importante premio de piano y, siendo aún adolescente, ofreció recitales en el Palacio Real de Bruselas. El rey Leopoldo II le otorgó una beca para perfeccionar su arte en el Conservatorio de Colonia, en las disciplinas de armonía y composición.

Trayectoria profesional

Inició en 1873 una gira por Rusia, Suecia, Alemania, Suiza y Noruega. Más tarde, en unión del precoz violinista brasileño Eugene Dengremont, actuó en Dinamarca, Alemania, Brasil, Argentina y Estados Unidos.

En 1881 se presentó como solista con la Orquesta Filarmónica de Nueva York y obtuvo por oposición, al poco tiempo, una plaza de profesor en el College of Music, donde inició su carrera de pedagogo.

En 1882 llegó a La Habana con su esposa, la cubana Ana García Menocal. Allí se presentó en los salones del Centro Gallego de La Habana, junto a Anselmo López y Serafín Ramírez, para ejecutar el Trío op.52, para violín y cello, de Arthur Rubinstein. Al año siguiente, de vuelta a La Habana, decidió radicarse definitivamente en esa ciudad.

El 1 de octubre de 1885 Hubert de Blanck inauguró, en la casa marcada con el número 100 en el habanero Paseo del Prado, un conservatorio de música, el primero de su clase en el país. Con el tiempo, el centro cambió de domicilio en varias ocasiones. A mediados de la década siguiente el conservatorio De Blanck estaba enclavado en la Calzada de Reina No. 3.

De Blanck debió entregarse con vehemencia a su propósito, enfrentando incomprensiones y críticas. Pero el respaldo moral fue mayor, y le dio la perseverancia necesaria para lograr la apertura del Conservatorio de Música y Declamación.

Su creatividad fue significativa en el campo de la enseñanza. Los primeros concursos para estudiantes de música que tuvieron lugar en la Isla se debieron a su iniciativa, como estímulo a los mejores alumnos graduados en el primer curso, de 1885 - 1886.

Deportado de Cuba

En el propio año el maestro fue encarcelado por el gobierno colonial, por militar en la Junta Revolucionaria de La Habana. Fue deportado de Cuba y marchó a Nueva York, donde subsistió impartiendo clases privadas y como pianista acompañante.

Desde los primeros meses de su llegada a Nueva York se vinculó con el grupo de artistas cubanos que recaudaban fondos para la causa independentista de su país, entre los que se encontraban las sopranos Chalía Herrera y Ana Aguado, el pianista y profesor Emilio Agramonte y el notable tenor Emilio Gogorza. De esa época es su conocida obra Paráfrasis, para piano, basada en el Himno Nacional cubano, la cual se estrenó en una de las veladas musicales patrióticas organizadas por el grupo.

Regreso a La Habana

Finalizada en 1898 la guerra de independencia, Hubert de Blanck regresó a La Habana y organizó nuevamente su institución musical, esta vez en la calle Galiano, esquina a Dragones, con el nombre de Conservatorio Nacional de Música. Allí inauguró la Sala Espadero, considerada por muchos años como uno de los escenarios de conciertos más importantes del país.

En 1903 el maestro De Blanck adoptó oficialmente la ciudadanía cubana. El conservatorio se trasladó nuevamente, en busca de instalaciones más amplias, a la calle Galiano No. 47, altos, entre Concordia y Virtudes. Por esos días contaba con una matrícula de 680 alumnos, y con un gran número de academias incorporadas a sus planes de estudio a lo largo de la Isla.

El escritor y musicólogo Alejo Carpentier, quien hacia 1947 figuró como profesor de Historia de la Música en el Conservatorio, destacaría que en aquel centro la enseñanza musical se impartía rigurosamente, gracias al concurso de los mejores profesores.

En el extenso catálogo autoral de Hubert de Blanck – además de sus textos pedagógicos, aparecen no menos de treinta y cinco obras dedicadas al piano; también para voz y piano; violín y piano; orquesta sinfónica y banda, música de cámara y teatro lírico.

Muerte

Tras recibir varios reconocimientos honoríficos por parte de prestigiosas instituciones cubanas, el maestro falleció en La Habana el 28 de noviembre de 1932.

Legado

Luego de su muerte, el Conservatorio Nacional de Música de La Habana continuó al cuidado de su viuda, Pilar Martín, junto a sus hijas Margot y Olga, -también reconocidas intérpretes y pedagogas-, quienes en 1947 inauguraron un nuevo edificio para el plantel en El Vedado de La Habana, donde hoy radica la sala de teatro que lleva el nombre del músico holandés. Allí depositaron un busto erigido en su honor -del escultor cubano Juan J. Sicre- quienes fueron alumnos suyos en 1928.

Mucho tiempo después, en 1959, y al constituirse la Junta Consultiva de la Enseñanza de la Música con el encargo de estudiar, revisar y confeccionar nuevos planes y programas para esa disciplina, el Conservatorio Nacional de Música de La Habana se integró al sistema de instituciones y escuelas de arte.

Hasta entonces, los certificados, notas y títulos expedidos por el Conservatorio, conservaron impreso con orgullo el lema:

"El primero establecido en Cuba. Fundado en 1885 por Hubert de Blanck"

Su hija, la notable compositora Olga de Blanck Martín, hizo donación al Museo de la Música Cubana, entre 1962 y 1985 año en que se conmemoró el centenario de la fundación del primer plantel De Blanck – de valiosos fondos materiales y documentales del conservatorio que generosamente su padre fundara.

Obra

Una de sus composiciones más relevantes es la Ópera Patria (con libreto de Ramón Espinosa de los Monteros), la primera en abordar el tema de la gesta independentista cubana. Se conoce del estreno de su segundo acto y de la ejecución de su obertura en 1899, en el teatro Tacón, con la dirección del autor y la interpretación de la soprano Chalía Herrera y el tenor italiano Michele Sigaldi.

La ópera se presentó completa en el teatro Payret en 1906, y se repuso el 20 de mayo de 1922 en el teatro Martí. No volvería a los escenarios hasta 1979, cuando se presentó en el Gran Teatro de La Habana. Los papeles centrales estuvieron entonces a cargo de Lucy Provedo, Lidia Valdés, Venchy Siromájova (sopranos), Mario Travieso, Jacinto Zerquera, Orestes Lois (tenores) y Ángel Menéndez y Romano Splinter (barítonos).

Catálogo de obras para piano

Hubert de Blanck dejó un copioso catálogo de obras para piano, entre las cuales sobresalen Capricho cubano, Danza de las brujas, Bolero en re menor, Danza cubana, Souvenir de La Habana, Dance espagnole y el álbum Seis danzas para piano.

De su música de cámara se destaca el Trío, para violín, cello y piano, y su Quinteto, para dos violines, viola, cello y piano.

Entre sus lieder más significativos se cuentan La danza tropical, La huérfana, Las dos rosas, La fuga de la tórtola (con versos de [[José Jacinto Milanés]), Desde la tarde en que te vi y Las perlas.

Producción para orquesta sinfónica

Entre su producción para orquesta sinfónica, descuellan Capricho cubano, Suite sinfónica, Poema sinfónico y Marcha y canto fúnebre.

En su estilo, De Blanck fue un postrromántico. Cultivó todos los géneros con pleno dominio estilístico y cuidado de la forma, y mantuvo una melodía de carácter lírico, fluida e inspirada, de gran rigor musical.

Fuente