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Imperio Alemán

Imperio de Alemania
Deutsches Kaiserreich
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18711918

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Bandera Escudo
Bandera Escudo
Ubicación de {{{nombre_común}}}
Capital Berlin
Idioma oficial Alemán
Gobierno Monarquía constitucional
Káiser (Emperador)
 • 1870-1888 Guillermo I
 • 1888 Federico III
 • 1888-1918 Guillermo II
Historia
 • Unificación 1871
Superficie
 • 1871 540,766 km2
Imperio alemán. Período histórico también conocido como Segundo Reich o Alemania Guillermina, es la etapa de la historia de Alemania en la cual tras una unión de varios de sus reinos, ducados y principados, se forma un nuevo estado unido bajo la corona de un soberano general, el Káiser o Emperador. El período se extiende desde la unificación del 18 de enero de 1871 hasta la abdicación del Káiser Guillermo II el 9 de noviembre de 1918. Tras la disolución de 1918, el Segundo Reich fue sustuido por la República de Weimar, primer período en el cual la nación se convirtió en una nación democrática.

Historia

Surgimiento

El Imperio Alemán, fundado en 1871 se contempló por parte de los alemanes como el primer estado alemán, pero no abarcaba durante su existencia sino la 'Pequeña Alemania', dejando fuera regiones que se consideraban alemanas o que el Reich las consideraba alemanas, como por ejemplo los países alemanes del multiétnico Imperio Austrohúngaro, que eran parte de la Confederación Germánica hasta la Guerra Austro-Prusiana en 1866. Esto es debido a las circunstancias de la fundación del Reich, que se remontan a la Federación Alemana del Norte, bajo dominio prusiano. En la revolución de Marzo de 1848 Prusia combatió con el anhelo nacionalista de crear una nación alemana bajo soberanía popular. Prusia con su canciller Otto von Bismarck al frente hicieron uso de las corrientes neoliberales para descartar a Austria del Reich y afianzarse en su dominio.

A la vez, por aquel entonces vivían en Alemania muchas personas (sobre todo en las regiones limítrofes) que no se consideraban alemanes étnicos, entre ellos polacos al Este, franceses en Alsacia al Sudoeste y daneses en el Norte del Reich. A raíz de sentimientos nacionalistas similares en Dinamarca en 1864, la pugna por Schleswig desembocó en la Guerra Germano-danesa, la primera de las tres, posteriormente denominadas, Batallas de la Unificación Alemana. Bismarck consiguió en 1866, a pesar de la oposición de los monarcas austríacos, la desmembración de la Confederación Germánica. Prusia anexionó – salvo por algunas excepciones puntuales – los estados alemanes, que votaron en contra de Prusia en la Reunión de la Confederación Germánica y reivindicaran el trono del futuro reino prusiano-germánico para el rey Guillermo.

La causa de la Guerra Austro-Prusiana fue la ruptura, por parte de Prusia, de la Convención de Gastein (Provincia de Schleswig-Holstein). La confederación sancionó a Prusia con una acción militar por la ruptura de la convención, a lo que Prusia reaccionó con su salida de la confederación.

El Reino de Prusia venció al Imperio austríaco y al Reino de Sajonia en la Batalla de Sadowa y la confederación se disolvió el 23 de agosto de 1866 con la Paz de Praga. Fue entonces cuando los estados germanos del norte deciden crear la Federación Alemana del Norte, dirigida por los prusianos. Prusia evitó una expansión más allá del Meno para no provocar a Francia. El Reino de Baviera, el de Wurtemberg, Baden, el Gran Ducado de Hesse y el Rin crearon la Federación Alemana del Sur, que no tuvo relevancia práctica. Hesse-Darmstadt fue, gracias a la Provincia de Hesse Alta, situada al norte del Meno, en parte miembro de la Federación del Norte. Austria, Luxemburgo y Liechtenstein no se adhirieron a ninguna de las dos federaciones.

El área de habla alemana (Alemania) se dividió, de facto, en tres partes, algo que contentó al emperador francés Napoleón III, que no veía con buenos ojos que un posible competidor europeo para la hegemonía del continente ganara en tamaño. Los estados del norte y sur de Alemania ya habían acordado por aquel entonces pactos de protección en caso de una invasión francesa. Francia reconoció la amenaza que suponía la unión de los estados alemanes, ya que los prusianos y sus aliados ya habían demostrado su poderío en dos ocasiones al aliarse. Debido a la candidatura de un Hohenzollern de la rama menor para la sucesión del trono español Francia se sintió amenazada, lo que, unido a la torpeza de Napoleón III, motivó en 1870 la Guerra Franco-Prusiana. La guerra tuvo graves consecuencias para Francia y en 1871 tropas de la Alianza del Norte de Alemania ocuparon París.

Reforzado por la euforia de la victoria frente a los franceses y del dominio prusiano, el rey prusiano Guillermo I fue proclamado entonces emperador alemán en la Galería de los Espejos de Versalles el 18 de enero de 1871.

El papel del Bismarck

Tras el establecimiento del Imperio, se inició un período de gran desarrollo de Alemania en todos los campos: científico, económico, geográfico, político y militar. A partir de ese momento, el Imperio Alemán se transforma junto al Imperio británico en una de las dos grandes potencias mundiales. Gran papel en todo este desarrollo tuvo Bismarck, quién se convirtió en un fuerte guía de la economía y del desarrollo de su nación.

La conferencia de Berlín

La llamada Conferencia de Berlín, celebrada entre el 15 de noviembre de 1884 y 26 de febrero de 1885 en la ciudad de Berlín fue una reunión convocada por Francia y Reino Unido y organizada por el entonces Canciller de Alemania, Otto von Bismarck, con el fin de resolver los problemas que planteaba la expansión colonial en África y resolver su repartición. Tras la Conferencia, sólo dos países africanos conservaron el derecho a preservar su independencia: Etiopía y Liberia.

El canciller de Alemania, Otto von Bismarck, conocido como el Canciller de Hierro

La conferencia de Berlín quedó considerada por numerosos historiadores como el verdadero impulso al colonialismo exacerbado iniciado por Francia y Gran Bretaña en todo el mundo desde fines del siglo XIX. Mientras tanto los conflictos que se pretendían solucionar con esta conferencia no hicieron sino agravarse en forma lenta pero continua, provocando unas tensiones territoriales, políticas y económicas entre las principales potencias europeas, las que desembocarían en el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914.

La salida de Bismarck de la cancillería

Con la coronación de Guillermo II como káiser, comienza un enfrentamiento entre el nuevo emperador y Bismarck, que provoca la caída del canciller. El emperador es incapaz de continuar con las políticas implantadas por Bismarck, y Alemania se ve cada vez más incapaz de mantener el equilibrio europeo, que para entonces era más que nunca la base del equilibrio mundial.

Caída del imperio

En los últimos meses de la Primera Guerra Mundial, Alemania se encontraba al borde del colapso militar y económico. Ante la ofensiva final de los Aliados, el 14 de agosto de 1918, el Alto Mando alemán se reunió en su cuartel general de Spa y reconoció la inutilidad de seguir la guerra. No quería que los aliados pudieran descubrir el estado real de sus fuerzas, y menos aún verse en la imposibilidad de detener su avance.

El 27 de septiembre, los mariscales Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff pidieron al gobierno imperial el armisticio inmediato sobre la base de los famosos 14 puntos de Wilson. Los políticos comprendieron de inmediato que la guerra estaba perdida y que los militares habían intentado ocultarlo. En pocos días se organizó un nuevo gobierno parlamentario, y el recién nombrado canciller, el príncipe Maximilian von Baden, conocido liberal y pacifista, procedió a negociar la paz. Woodrow Wilson, de espaldas a sus aliados, exigía ante todo la transformación de las instituciones políticas y militares del Reich. El ejército se opuso, y Ludendorff dimitió de manera estrepitosa, alimentando el mito de la «traición» de los civiles para ganarse a la opinión pública. Por su parte, los socialistas instalados en el poder esperaban la abdicación del Kaiser Guillermo II de Alemania para hacerse con el control, si bien sus líderes hicieron esfuerzos desesperados para conservar la forma imperial del Estado. La situación se vio entonces súbitamente interrumpida por los sucesos de Kiel.

El Kaiser alemán, Guillermo II de Alemania, último de los emperadores alemanes

Mientras que las tropas y la población, agotadas y desesperanzadas, esperaban el armisticio, en la ciudad de Kiel, el Alto Mando de la Marina (Marineleitung) al mando del almirante Reinhard Scheer quería cruzar el fuego por última vez con la Royal Navy, por lo que anunció a la Flota de Alta Mar (Hochseeflotte) de la Marina Imperial que debía zarpar. Los preparativos para hacerse a la mar causaron enseguida un motín en Wilhelmshaven, donde la flota alemana había echado el ancla en espera del ataque. Los marineros amotinados se negaban a entablar una batalla nada más que por el honor. El Alto Mando de la Marina decidió suspender el ataque y ordenó el retorno a Kiel para procesar a los amotinados en una corte marcial. Los marineros restantes querían evitar el proceso, porque los amotinados también habían actuado en su interés. Una delegación sindical solicitó su liberación, pero fue rechazada por el Alto Mando de la Marina. Al día siguiente, la casa sindical fue cerrada, y el 3 de noviembre las concentraciones de protesta fueron reprimidas a tiro limpio, causando la muerte de nueve personas. Cuando un marino respondió al fuego y mató a un oficial, la manifestación se convirtió en revuelta general.

La mañana del 4 de noviembre, los marineros eligieron un consejo de soldados, desarmaron a sus oficiales, ocuparon los barcos, liberaron a los presos amotinados y tomaron el control de la base naval de Kiel. A los marineros se unieron trabajadores civiles, en especial los metalúrgicos. Tras fundirse en un “Consejo de soldados y obreros”, similar a un Soviet, asaltaron los cuarteles y se apoderaron de la ciudad al son de La Internacional, reivindicando la mejora de la alimentación, el abandono del proyecto de ofensiva de la flota, la liberación de los detenidos, el sufragio universal y la abdicación del Emperador. Por la tarde se les unieron soldados del ejército que el comando local había hecho traer para sofocar la revuelta. De este modo Kiel estaba firmemente en manos de 40.000 marineros, soldados y trabajadores insurrectos. La noche del 4 de noviembre, el diputado del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) Gustav Noske llegó a Kiel en representación de la dirección del SPD, para controlar la revuelta y evitar una revolución. El consejo de la ciudad creía estar de parte del nuevo gobierno y contar con su apoyo. Por esto nombró a Noske “gobernador” esa misma noche y éste efectivamente terminó la revolución en Kiel al día siguiente.

Entretanto, el motín de Kiel había encendido la revolución en el resto de Alemania. Los cuarteles se levantaron contra la oficialidad y los mandos fueron relevados de sus funciones. Las huelgas de solidaridad extendieron la insurrección de la costa a las ciudades, y de las ciudades al interior. En Brunswick los marinos recién llegados se unieron a los obreros, obligaron al Gran Duque a abdicar y proclamaron la República Socialista de Brunswick. El proceso de huelga, motín, asalto a las cárceles y proclamación de consejos de obreros y soldados se repitió en todas las ciudades del país. Pero, a diferencia de los soviets rusos, estos Ratebewegungen emanaban más de la voluntad de los soldados que de la de los trabajadores. El 6 de noviembre, sabiendo que Guillermo II no podría conservar su trono, Maximilian von Baden le urgió para que abdicara en el Kronprinz, y salvar así la Monarquía, sin éxito. En Múnich, el 7 de noviembre huyó el rey Luis III de Baviera, y al día siguiente se constituyó un consejo de soldados, obreros y campesinos dirigido por Kurt Eisner, socialista independiente, que proclamó la República de Baviera.

El 9 de noviembre la revolución llegó a Berlín, y en pocas horas el Reich llegaba a su fin cuando el canciller Maximilian von Baden anunció la abdicación del Kaiser y el Kronprinz y nombró sucesor suyo al socialdemócrata Friedrich Ebert. Sin la menor resistencia, los príncipes gobernantes de los demás estados alemanes abdicaron y ese mismo día dos repúblicas fueron proclamadas: Philipp Scheidemann, ex ministro imperial, proclamó la República desde el Reichstag, y dos horas después Karl Liebknecht (líder junto a Rosa Luxemburgo de la Liga Espartaquista) apareció en el Palacio Imperial (Stadtschloss) y anunció la República Libre y Socialista Alemana.

Bibliografía