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Tauromaquia

Tauromaquía
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Tauromaquía. Arte de utilizar la fuerza y valor de los toros de manera que su lidia se convierta en fiesta, espectáculo o diversión pública. En España se llama a la corrida de toros la fiesta nacional por haber nacido en ese país y ser donde con más entusiasmo se cultiva.

Antecedentes

Hay un bajorrelieve antiquísimo, procedente de Tesalia, donde un atleta aparece derribando al toro que tiene sujeto por los cuernos, lo que induce a suponer que el antecedente remoto o raíz de la tauromaquia debe buscarse en los combates, del hombre primitivo can los toros salvajes. Durante la Edad Media muchos nobles caballeros solían divertirse alanceando toros, lo que era para la plebe motivo de pasatiempo y regocijo. Tales ejercicios constituyen los prolegómenos de la tauromaquia. Posteriormente la lanza fue sustituida por el rejón, vara de metro y medio de larga, que el rejoneador, desde su caballo, procuraba clavar, en el testuz del toro.

Con el tiempo la tauromaquia fue perdiendo el carácter aristocrático que tuvo en un principio, el pueblo se aficionó a ella, y a mediados del siglo XVIII se convirtió en profesión lucrativa. De la plaza pública pasó a la plaza de toros, circo que en el centro tiene el ruedo o arena, separado de las gradas por barreras. Plazas importantes de España son la Maestranza de Sevilla, la Monumental de Barcelona y la de las Ventas de Madrid. La ciudad de México cuenta con la llamada Plaza de Toros México, unas de las más grandes, de cemento y acero, y de proporciones colosales, con capacidad para 45.000 espectadores. Los organizadores y preceptistas del arte de torear, según hoy se practica, salvo ligeras novedades, fueron Francisco Romero, inventor de "la muleta", engaño que empleó por primera vez en la plaza de Ronda (15 de agosto de 1752); sus hijos Juan y Pedro, y los diestros Pepe-Hillo y Costillares, fundadores de la denominada "escuela sevillana", rival de "la rondeña". El iniciador de esta última fue Pedro Romero, y su rasgo característico es la sobriedad, el aplomo, "el mover los pies lo menos posible y valerse .sólo de los brazos para evitar las cornadas". Pedro Romero mataba a sus toros a pie quieto, o sea recibiendo, que es de todas las suertes o mudanzas la más peligrosa, y llamaba desdeñosamente suerte traidora al volapié, que ideó Costillares: faena que el lidiador realiza lanzándose contra el toro cuando ve a éste bien apoyado sobre sus cuatro patas y teniendo el testuz en posición horizontal. La escuela sevillana, como se complace en jugar con la fiera burlándola con fintas y capotazos, es más pinturera, más alegre que la rondeña, cuyo estilo, por obra de su misma sencillez, ofrece un mayor dramatismo, y la pugna entre ambas escuelas de toreo no ha terminado aún.

Entre las ganaderías que procrearon reses de más coraje y poder figuran en España, las de Miura, Palas, Murube, Concha y Sierra, Veragua, Félix Urcola, etc., y en México, las de San Mateo, La Laguna, Piedras Negras, Coaxamalucan y Pastejé. En la bravura de los toros influyen los pastos y el clima, por cuanto su condición varía, los que atacan con mayor furia y siempre en línea recta, se les llama nobles, y son los más fáciles de lidiar; blandos, a los más sensibles al castigo; mosquitos, a los astutos que en vez de acudir al capote —que es el engaño— buscan el cuerpo del torero; ladrones, a los que le salen al encuentro cortándole el terreno por donde comprenden que aquél ha de escapar; burriciegos, a los que no embisten si no se les atrae la atención desde lejos; reservones, a los que desparraman la vista sin hacer caso del diestro, etc; lo que demuestra que no todos deben ser lidiados de igual manera.

El espectáculo o corrida

Generalmente el espectáculo – o sea la corrida – consta de seis toros, y la lidia de cada uno de ellos se divide en tres suertes o tercios. En el primero intervienen exclusivamente los picadores, que van a caballo, llevando la pantorrilla derecha defendida por una pieza de acero, llamada mona, y que, armados de una garrocha, castigan al cornúpeto con tres o más "puyazos", según su grado de coraje y poder. Sucede a esta suerte, el tercio de banderillas o rehiletes, que son dos palos de medio metro de longitud —los hay también de un palmo—, que el torero, levantando bien los brazos, clava en el animal y esquivando la cintura lo justo para que aquél, al embestirle, pase a su lado sin alcanzarle. La suerte de banderillas varía de nombre según el modo con que éstas fueron clavadas: se denominan al sesgo, si el diestro las puso sesgando el cuerpo; al quiebro, si las colocó quebrando el talle; de sobaquillo, a las que castigan al toro estando éste parado, y a la media vuelta, a las plantadas aprovechando el instante en que la fiera, con el deseo de cornear a su enemigo, vuelve la cabeza. Las banderillas deben ser clavadas cerca de la cruz, o sea la parte más alta del lomo.

La suerte de picar y de banderillas tienen por objeto fatigar al toro y acobardarlo un poco con el mucho sufrimiento que ambas le producen, pues su corpulencia, agilidad y bravura son tan enormes, que recién salido del toril sería casi imposible lidiarlo y darle muerte. Llegada la hora de matar —que se anuncia mediante un toque de clarín— el diestro, provisto de un estoque y de la muleta —trapo rojo sujeto a un palo— se dirige al encuentro de la fiera. La estocada, para ser perfecta, debe darse en la cruz, espacio en forma de A, situado donde comienza el pescuezo; concurren en él tres huesos y se relaciona con el lugar del corazón, lo que permite que el golpe sea mortal.

Modos de matar

  • Recibir: que es el más arriesgado, consiste en esperar con los pies junto y bien perfilado el cuerpo, la embestida del animal.
  • Aguantar: muy parecido al anterior.
  • Arrancarse: donde el matador toma la iniciativa, siendo él quien acomete.
  • Volapié: el diestro ejecuta lanzándose, a la carrera, al encuentro de su enemigo.

Cuando el toro ha caído después de recibir la estocada y sin embargo no acaba de morir, un lidiador, llamado puntillero o cachetero, lo remata clavándole un puñal en el testuz.

Algunos famosos diestros, por orden cronológico

Algunas grandes figuras del toreo mexicano

El traje de los toreros

Llamado con toda propiedad traje de luces por lo mucho que brilla a la luz, es de seda de superior calidad y va abundantemente recargado de adornos de oro o plata. La chaquetilla es tan corta que apenas alcanza a cubrir la cintura del torero. Una larga faja, que será roja, amarilla o azul, de acuerdo con el color del traje, le rodea dos o más veces el talle y le protege el vientre. El calzón llamado "taleguilla", que se detiene a la altura de las corvas y va perfectamente ceñido a los muslos, porque muchas veces los cuernas del animal pasan tan cerca de ellos que se engancharían en cualquier arruga, lo que pondría al lidiador en peligro de ser arrastrado o volteado. Las medias, de color carne o blancas, son de seda; calzan zapatillas sin tacón. En la parte posterior de la cabeza se dejan crecer un mechón de cabello, denominado coleta. en la que sujetan la castaña, especie de almohadilla negra, algo más pequeña que una mano cerrada, que sirve para amortiguar el golpe que el torero, en el caso de caer de espaldas, puede recibir en la nuca.

Fuente

  • Enciclopedia Ilustrada Cumbre - Lo esencial de los conocimientos actuales en forma clara, sustancial y amena.—México 6 ed ..Editorial Cumbre S.A. Tomo 6 H-I. 1966.
  • Toros