Alfarería

De EcuRed
Alfarería
Concepto:Del árabe Alfar, arte de fabricar vasijas de barro.

Alfarería. El término se utiliza para designar cerámicas, vasijas y otros objetos hechos de arcilla endurecida por cocimiento en horno, y que son generalmente de orden primitivo o carácter popular. El alfarero moldea con sus manos la arcilla sobre un torno (cuyo origen se remonta hacia el año 4.000 A. de C) el que consiste en un disco plano que gira de forma horizontal sobre un pivote.

Contenido

Orígenes

Los orígenes de la alfarería se encuentran hace más de 10.000 años, en la Era Neolítica, donde el sustento de los pueblos se centraba en el cultivo de la tierra. No obstante, los vestigios más antiguos de la alfaferería se encuentran en la cerámica Jomon proveniente de Japón hace unos 12.000 años. En Latinoamérica, específicamente en el Perú, se han encontrado objetos de alfarería muy antiguos, los de Kotosh-Huayrajirca, que datan de alrededor del año 1850 antes de Cristo. Estos recipientes Kotosh, que estaban pintados de rojo y amarillo, no sólo cumplían con el rol contenedor, sino que además servían como objetos decorativos, y muchas veces eran utilizados en rituales sagrados.

Los primeros artesanos especializados aparecieron en Mesopotamia, que inventaron las herramientas para trabajar mejor la arcilla, como el torno de alfarero y el horno para cocerla. Igualmente en Grecia como en los Balcanes la influencia de la cultura de Anatolia se aprecia en las vasijas con forma de tulipa y con engobe, rojo y blanco. En Grecia empezó a decorarse las piezas con motivos geométricos, que eran los detalles más habituales junto con reproducciones de plantas y escenas cotidianas, que se hacían imitando el arte de la escultura.

Estrabón y Plinio atribuyeron la invención de la rueda del alfarero al escita Anacarsis que murió cerca de 550 a. C. Sin embargo, Homero habla ya de ella en sus obras y se sabe que el padre de la poesía griega precedió en varios siglos al discípulo de Solón. Los toscanos, en tiempo de Porsena, trabajaban tan bien en este arte que sus artefactos se pagaban a un precio más elevado en tiempos de Augusto que los mismos de plata y oro.

En Europa mediterránea, las piezas más antiguas son, probablemente, las encontradas en el yacimiento de Camprafaud (Lenguadoc) y Verdelpino (Cuenca), piezas datadas en el VI milenio; no presentan ningún tipo de decoración. También hay piezas del III milenio encontradas en Cataluña, Provenza, Córcega y Dalmacia; en este caso, su decoración se basa en la impresión con conchas marinas, técnica llamada «montserratina» por su gran abundancia en el macizo de Montserrat y que también es conocida como cerámica cardial.

Con los hallazgos arqueológicos en el Alto Egipto, en la fase Naqada I, hacen suponer que desde el 4500 al 3500 a.C. se practicaba la agricultura. También se enterraban los muertos en tumbas, donde era frecuente el uso de ajuares funerarios entre los que era normal encontrar vasijas de terracota roja con motivos pintados en blanco; las decoraciones que predominaban eran las de tipo geométrico, como por ejemplo triángulos, semicírculos y espigas. Hacia el 4000 a. C. en el pueblo de Badari se fabricaban vasijas de alfarería de paredes finas y pulidas y del aproximadamente 3600a. C. se han encontrado grandes cantidades de objetos pintados, con figuras de animales y también con escenas de barcos de remos.

En el mismo periodo neolítico, la alfarería doméstica apareció en pequeñas poblaciones como en el yacimiento de Hacilar (oeste de Turquía), estas piezas se reducían en vasijas cocidas a baja temperatura y decoradas con franjas lisas pintadas con arcilla blanca no ferrosa. Del IV milenio son los grupos de alfarería encontrados en los yacimientos de Gumelnitsa, Salcutsa en Rumanía y Tripole y Cucateni en Ucrania de formas con perfil convexo en la parte superior y cóncavo en la inferior, la decoración era geométrica.

En el periodo inicial de la Edad del Bronce la mayor parte de las vasijas están realizadas, en la civilización micénica, a mano sin la ayuda de ninguna rueda de alfarero, que fue introducida al final de esta época, consiguiendo con ello una mejor regularidad en la producción. Casi todos las piezas están pulidas con una herramienta que deja unas marcas, la pintura primitiva se hacía con arcilla líquida y las líneas grabadas se llenaban con otra arcilla blanca. En Creta se produjo una técnica de horneado que producía un acabamiento de las piezas con salpicaduras en rojo y negro. Las jarras con pitorro son comunes durante el estilo cicládico y normalmente realizadas con una pintura mate.

En la antigüedad americana la mayoría de sus pueblos eran agrícolas y, por tanto, sedentarios, lo que hizo que se produjeran grandes cantidades de utensilios domésticos para su uso culinario o de almacenaje. Aunque se utilizaron distintas arcillas según el territorio donde se fabricaban, el horno abierto era el único conocido en toda la América indígena. La técnica de la realización era, en general, a mano, sin ayuda de torno, y se utilizó el molde según la época y la cultura. Las formas son similares, aunque con ciertas particularidades, en las de México, por ejemplo, donde también se utilizaban los cuencos pequeños éstos tenían patas y el fondo rallado con incisiones que servían para moler el chile y otros condimentos. También se realizaron urnas funerarias, sobre todo en el territorio sudamericano.

Historia

Península Ibérica

Las técnicas se fueron transmitiendo lentamente desde el Oriente Próximo hacia Europa occidental, y también a la Península Ibérica, con un desfase de unos dos mil años aproximadamente. Este proceso evolucionó de acuerdo con una serie de factores:

Según las últimas dataciones, se consideran que las cerámicas más primitivas en este ámbito fueron las del tipo cardial, como las de los yacimientos de la Cova de l'Or (4770 a. C.) en Beniarrés, y las de Las Cenizas (4670-4160 a. C.) en Aitana de la Comunidad Valenciana. Otras dataciones obtenidas se remontan al VI milenio, como las halladas en la Cueva Fosca de Ares del Maestrazgo en Castellón, el Abrigo Grande de los Grajos de Cieza en Murcia, la Cueva de los murciélagos de Albuñol y del Nacimiento de Pontones en Granada.

Hacia el 2000 a. C., grupos de emigrantes orientales se esparcieron por la Península Ibérica de las costas del sur hacia el interior, desarrollándose la cultura almeriense, que dio origen a la cultura del vaso campaniforme que más tarde se extendería hacia Francia y Alemania.Un poco más tarde, hacia el 1700 a. C., apareció la cultura de El Argar, al sur de la Península Ibérica, donde se han encontrado sepulturas realizadas en tinajas ubicadas en el propio subsuelo de las viviendas, con gran cantidad de objetos, entre ellos, con gran cantidad de cerámica. Las tinajas son para personajes individuales, sin ninguna clase de ornamentación, en muchos casos bruñidas y con unas dimensiones de un metro de altura por 70-80 cm de diámetro, las mayores fueron encontradas en la región de Murcia. Se observa que cuando el difunto, como consecuencia de su tamaño, no cabía, se utilizaban dos jarras opuestas por ambas bocas. En estos ajuares funerarios se encuentran diversos tipos de vasijas: las de «tulipa», con base semiesférica y la parte superior cónica, y las «copas», con el pie bajo aunque algunas son de pie alto, con el receptáculo de forma esférica.

Entre el 1300 y el 750 a. C. se produce la llamada Cultura de los Campos de Urnas. El rito de la incineración se introduce en la península a través de los Pirineos en dirección hacia el noreste, en los valles leridanos de los ríos Segre y Cinca; los objetos guardan una gran similitud con los del bajo Aragón y el Valle del Ebro. Las cerámicas de referencia son las «acanaladas».

Una de las necrópolis más estudiadas es la de La Punta del Pi en el Puerto de la Selva que contiene unos setenta enterramientos; en la necrópolis de Espolla se han encontrado más de doscientas urnas. Las urnas se colocaban en el centro de la fosa y tienen una dimensión de 25 a 30 centímetros, la mayoría con una tapadera también de cerámica y decoradas con franjas de surcos estriados, de ahí el nombre de acanaladas. La incineración se extendió por el resto de la península, como se puede ver en las necrópolis de la Peña Negra de Crevillente, o en la Meseta Central los hallazgos de Las Cogotas de Cardeñosa en Ávila y de La Osera de Chamartín en Ávila, con más de dos mil enterramientos, donde muchas de sus vasijas se encuentran con incrustaciones de arcilla blanca que forman decoraciones. En Andalucía occidental el tipo de urnas presentan una decoración punteada mientras que en la parte oriental son lisas y bruñidas. En toda la península se encuentra la cerámica negra.

Tartesos

A comienzos de la Edad del Hierro, a la cerámica se añaden pinturas policromas, barnices y se utilizan hornos de doble cámara. La vajilla presenta toda una variedad de formas y decoraciones que han ido adoptando los artesanos del lugar, a partir de las aportaciones realizadas por los fenicios, griegos y cartagineses.La cultura de los Tartessos se sitúa entre las ciudades de Huelva, Cádiz y Sevilla y toda la región suroeste de Andalucía; abarca un período que va desde el año 1000 a. C. hasta el 535 a. C., año de la Batalla de Alalia. La señal más evidente en cuanto a la cerámica es el modelado del alfarero y el horno de doble cámara. La decoración es la del tipo Carambolo, o sea, con la influencia geométrica de imitación fenicia y griega y los acabados de las piezas con asas, bordes hacia el exterior y de base plana, detalles que caracterizan la producción de Andalucía occidental. En Carmona se encontraron vasijas decoradas con influencias orientales, probablemente, iban destinadas como ofrendas a los dioses, y aparecen figuras realistas de grifos, bueyes y pájaros fantásticos.

Cultura talayótica

Las Islas Baleares acompañando a la arquitectura ciclópea de los talayots, navetas y taulas, presentan una cultura determinada donde se encuentran restos de cerámica, que se divide en dos fases: la primera entre el 1400 a. C. y el 700 a. C., y la segunda entre el 700 y el 123 a. C. ya en la época de la invasión romana. La cerámica talayótica proviene principalmente de los yacimientos funerarios donde se han encontrado varios tipos de vasijas, en su mayoría pequeñas, que tienen una forma cónica, con mango, copas, cazoletas, ollas y jarrones con dos asas. La realización es tosca, con el sistema de urdimbre y una textura rústica, que es una consecuencia de la arcilla empleada que contiene una gran cantidad de cuarzo. Esta cultura talayótica solamente se dio en las islas de Mallorca y Menorca. Más tarde, la cerámica imita las formas púnico-cartaginesas que se produjeron a partir del Siglo III a. C. y hasta el siglo I a . C. Se encuentran muestras de este tipo de cerámica en la necrópolis del Puig des Molins de la Isla de Ibiza.

Cerámica griega

Los griegos establecieron su comercio con la población ibérica entre el 600-550 a. C., sobre todo con vajillas seriadas. En general, estas piezas eran producidas para el gran consumo, y presentaban una decoración sencilla, lo que demuestra que la economía de la península no era muy buena en comparación con la de los etruscos que si compraban verdaderas obras de arte en cuanto a la cerámica griega. En esta importación peninsular destacan los Kílix, de un tamaño entre 10-15 centímetros de diámetro y con una base de unos 10 centímetros, la mayoría de estas piezas se han encontrado en Valencia y al sureste de la península. Esta vasija, junto con las cráteras, son las piezas más reproducidas por los alfareros ibéricos junto con pequeños cántaros del tipo asko.Los vasos griegos encontrados en Ampurias representan más del setenta y cinco por ciento del total de los vasos encontrados en España.

Durante más de cinco siglos, los griegos, celtas, iberos y cartagineses se yuxtaponen por toda la península. Las diferencias entre las diversas regiones son evidentes y se conservan hasta la Edad Contemporánea. La cerámica evoluciona a partir de la llegada de los recién llegados que se establecen en el territorio y que enseñan nuevas técnicas artesanales, así como nuevos hábitos en la agricultura y en la cultura culinaria.

Cerámica ibérica

Los griegos fueron los que denominaron con la palabra Iberia las costas occidentales del Mediterráneo y, por tanto, los íberos eran sus habitantes. Según las excavaciones arqueológicas la zona comprendía desde Narbona hasta el valle alto del Guadalquivir. La arqueología agrupa la producción de cerámica en cinco áreas: Murcia, Valencia, Aragón, Cataluña (con el sur de Francia), y una gran parte de Andalucía y de Castilla-La Mancha.

Entre los siglos VI a. C. y V a. C. se produce una concentración de poblamientos. Se crean nuevas pinturas para la decoración de las vasijas, obras en las que se aplican tierras naturales a base de óxidos minerales, la presencia de hierro proporciona colores anaranjados y rojizos a las piezas. El material de los pinceles es pelo animal, especialmente de la barba de la cabra. Las decoraciones van desde simples bandas geométricas a motivos florales, hasta figuras zoomórficas de caballos, toros, peces o perros, y antropomórficas, con damas y guerreros como personajes. En las alfarerías ibéricas, el mismo autor de la vasija era quien también pintaba la pieza, al contrario de los alfareros griegos que disponían de pintores para realizar las decoraciones de las piezas de artesanía.

Hispania romana

Cuando Hispania cae bajo la potestad de Roma, el oficio de alfarero experimenta un gran desarrollo. No sólo llegan a la península grandes cantidades de cerámica, sino también operarios que llevan e implantan su técnica y su saber. A partir del siglo I a. C., procedente de la Magna Grecia, se introduce en todo el territorio las primeras vajillas finas y los vasos de colores vivos, piezas que son copiadas en todos los talleres artesanos. Destacan las obras de barniz negro y barniz rojo, con paredes finas y la cubierta vidriada, y los tipos más abundantes son las ánforas, lucernas y vajillas. Las vajillas se realizan en diversas modalidades pero de terra sigillata es la preferida y se solía realizar con una decoración en relieve, con galba de color rojo. Los centros de producción en la península se encontraban en Teruel, Granada, Andújar, Linares Solsona, Mérida y La Rioja.

Usos y técnicas de la alfarería

Usos

Con mucho oficio y creatividad, el artesano da vida a innumerables objetos y recipientes, tanto para decoración como para uso cotidiano y religioso.

Existen también juguetes, que ya se hacían desde tiempos muy antiguos. Exiten colecciones de pitos, flautas, zambombas y figuras de belén. También las piezas que se trataba de reproducir en miniatura todas las piezas de cocina. Otra pieza muy típica en barro es la hucha. Los instrumentos musicales también tienen su representación en la alfarería, como todo tipo de flautas populares, el cuerno, la ocarina, que aunque la más completa suele tener ocho agujeros, la más corriente hecha por los alfareros suele tener uno o dos, que también se utilizan como reclamo de caza.

Técnicas

Técnicas de modelado

Existen tres categorías básicas:

Técnicas de terminación y decoración

Antiguamente decoraban las vasijas mediante trabajos adicionales practicados en su superficie; un gran avance fue la decoración con caña, después el pulimento y finalmente el vidriado.

Pueden usarse aditivos cerámicos para darle color a la arcilla, previo a su modelado. También pueden agregarse varios aditivos para darle un aspecto más rústico. El uso de arena y otros materiales le dan al producto final un acabado con variadas texturas. También pueden mezclarse partículas combustibles junto con la arcilla, o presionar la superficie, para obtener diferentes texturas.

También pueden crearse efectos visuales interesantes mediante el uso de arcillas de diferente color. Las arcillas de pigmentación distinta son ligeramente amasadas en una misma bola, antes de comenzar el modelado de la pieza. Aunque generalmente cualquier arcilla puede ser utilizada en este proceso, las diferentes velocidades de secado y expansión durante la cocción hacen que sea usual la utilización de sólo una pasta cerámica clara, añadiéndole colorante a una parte de ella. También se puede hacer una analogía con la marquetería, presionando pequeños bloques de arcilla coloreada conjuntamente.

El bruñido, al igual que la técnica del mismo nombre con la que se trabaja el metal, requiere frotar la superficie de la pieza contra otra superficie pulida (generalmente se utiliza acero o piedras) hasta alisar, pulir y sacar brillo a la arcilla. Las arcillas más finas quedan más pulidas y brillantes que las ásperas, y también permiten un mejor secado de la pieza antes de bruñirla, aunque esto aumenta el riesgo de quebraduras. Para conseguir una superficie más acabada, puede aplicarse una fina capa de barbotina sobre la arcilla semiseca.

Finalmente, la arcilla puede pintarse con distintas clases de esmaltes. Los engobes generalmente son aplicados cuando la pieza se encuentra cruda, en estado de «cuero». Es usual que las piezas decoradas con engobe tan solo pasen por el horno cerámico una vez. Tanto los esmaltes cerámicos como las calcinas que dan un acabado vítreo necesitan que las piezas hayan pasado una vez por el horno antes de ser aplicados, y una segunda vez para fijarlos a la cerámica, aunque algunos ceramistas hacen tres o más horneadas, dependiendo de los resultados que busquen.

Fuentes