Faruk I de Egipto

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Faruk I de Egipto
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Rey de Egipto

Nacimiento 11 de febrero de 1920
El Cairo, Bandera de Egipto Egipto
Fallecimiento 18 de marzo de 1965
Roma, Bandera de Italia
Cónyuge/s Safinaz Hanim Zulficar
(1938 - 1948), Narriman Sadek
(1951 - 1964)
Padre Fu'ad I
Madre Nazli Sabri
Faruk I de Egipto. Fue el último rey de Egipto, un golpe militar destrona a Faruk, un monarca demasiado amante del lujo.

Contenido

Síntesis biográfica

También transcrito Farouk y Faruk, nació en El Cairo, el 11 de febrero de 1920 rey de Egipto. Sucedió a su padre Fuad I en 1936. Su título completo era Su Majestad, Faruk I, por la gracia de Dios, rey de Egipto y de Sudán, soberano de Nubia, Kordofán y Darfur. Su madre fue la controvertida reina Nazli Sabri. De sus hermanas la más conocida es la princesa Fawzia de Egipto, que aún vive.
A los 15 años su padre, Fuad I, lo mandó a educarse a Inglaterra, pero a los seis meses Fuad falleció y Faruk se convirtió en rey con sólo 16 años. Era prácticamente un rey-niño, como aquellos que abundaron en la época faraónica.
Era un joven apuesto, amable, caprichoso y voluble con unos bonitos ojos azules –su estirpe albanesa- que pronto ocupó la prensa del corazón. En unas vacaciones en Suiza se enamoró de Safinaz Zulfikar, una bella aristócrata. Tenía sólo 15 años, pero Faruk se empeñó en casarse inmediatamente. Ella cambió su nombre por el de Farida y formaron una pareja deslumbrante durante algún tiempo.

Faruk y Farida con su primer hijo
Faruk y Farida con su primer hijo

Características y costumbres personales

El rey de Egipto Faruk era una extravagancia histórica, un déspota oriental moderno. Parecía aceptar la máxima de Luis XV, “después de mí, el Diluvio”, e incluso adelantarla a su propio tiempo. “Dentro de poco sólo quedarán cinco reyes, el de Inglaterra y los de la baraja”. En una ocasión se empeñó en que ganaba a un póker de damas con un trío de reyes, “Tengo póker, porque yo soy el cuarto rey”, impuso su real capricho.
Las amantes de Faruk no estaban ya en un harén para contabilizarlas, pero fueron muchas. A los ocho años de matrimonio Farida no aguantó más y lo abandonó, poniendo fin a la glamorosa pareja, que decía la prensa occidental. Pero las mujeres no eran su único vicio.Era también un ludópata, que todas las noches pasaba horas en la timba del Real Automóvil Club (RAC). De allí se iba a un night club muy exclusivo, el Scarabee, donde pasaba las madrugadas, a no ser que montase una fiesta privada en un apartamento que tenía junto al RAC. Y las cosas bellas y ricas le atraían de forma que incluso llegaba a la cleptomanía. A Winston Churchill le robó una vez un reloj.
En su segunda boda cogió los numerosos regalos de oro que había recibido, vajillas, cuberterías y objetos de adorno, los fundió y los convirtió en lingotes, para sentirse un Midas.
Conducir de forma suicida, u homicida, era otra de las malas costumbres que le costarían caras. Tenía una colección de roll royce para los actos oficiales, pero él prefería ir al volante de coches americanos de gran cilindrada, cadillac y lincoln. Atravesaba las calles aterrorizando a la gente con una bocina que imitaba el ladrido de un perro fiero, provocando un caos circulatorio. En una de ésas se estrelló contra un camión y se hirió gravemente los ojos. Desde entonces solía usar gafas negras.
Su vicio más dañino, el que le costaría la vida a los 45 años, era la gula. Desayunaba media docena de huevos, abundantemente acompañados de judías, gachas de avena y tazas de chocolate. Por las noches, vicio con vicio, mientras jugaba al póker se hinchaba de espaguetis. Los médicos le conminaron a que hiciese régimen y fue peor. Redujo algo las comidas, pero obsesionado por “conservar la fuerza”, se atracaba de ostras, poderoso afrodisíaco y fuente de ácido úrico. Todas las semanas le traían desde Copenhague 600 ostras en avión.

Reinado

El mismo ascendió al poder supremo como la fórmula para darse todos los placeres. El primero, el de las mujeres. Admiraba a su abuelo, el jedive Ismael, un gran soberano a quien había expulsado del trono el imperialismo británico, que, amargado en el exilio de Constantinopla, se dio a la disipación y mantenía un harén de 3.000 mujeres.
Faruk no reinaba como un déspota oriental porque en Egipto, en el siglo XX, eso era ya imposible. Había partidos políticos, elecciones, Parlamento, prensa y una fuerte influencia occidental. Sin embargo, tenía gestos de aquellos déspotas orientales de los que hablaban ya los antiguos griegos, reyes-dioses, amos totales de la vida, hacienda y alma de sus súbditos.
Se divinizó a sí mismo, proclamándose descendiente de Mahoma, aunque le importaba muy poco la religión, y sobre todo vivía en un exceso de lujo y placer, aún más escandaloso por la pobreza que le rodeaba. Era capaz de matar él solo en una cacería 344 patos, de comer el caviar con cuchara sopera, de hacer que su segunda esposa, Narriman, llevara un vestido de boda adornado con 120.000 diamantes para darle en la cara a quienes habían criticado que se casara con una plebeya, como si el rey no pudiese hacer lo que le viniera en gana.
Su reinado estuvo marcado por la hegemonía del partido Wafd, de inspiración nacionalista, que impuso recortes en los privilegios que el Reino Unido mantenía en Egipto como antigua potencia colonial. Pero su política quedó interrumpida por la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que convirtió a Egipto en campo de batalla de británicos y alemanes. Al acabar la guerra, Fue uno de los principales promotores de la Liga Árabe. Dicha organización declaró la guerra en 1948 al naciente Estado de Israel; pero, a pesar de la desproporción de los ejércitos contendientes, Israel se impuso y Egipto hubo de aceptar la existencia de un Estado judío en su frontera oriental.

Progresos

Trajo progreso a su pueblo, siguiendo el ejemplo modernizador de Mehemet Alí, el plantador de tabaco albanés tatarabuelo de Faruk, fundador de su dinastía y creador del Egipto moderno. Faruk estableció la enseñanza obligatoria, favoreció el desarrollo agrícola con ayudas a los campesinos pobres –casi todos- y la sanidad pública y tuvo la visión de estadista de crear la Liga Árabe, un gran invento político, aunque nunca haya funcionado.
Pero no podía prescindir de los gestos de déspota oriental: al principio de su reinado sobrevolaba en avioneta las aldeas del Delta del Nilo e iba tirando pelotas de ping pong. El campesino que conseguía una pelotita iba luego a palacio y lo colmaban de golosinas.

Política

La amargura de ese juicio era reflejo de su pesimismo ante la situación política. Había ido ganando enemigos a lo largo de su reinado: los islamistas, los nacionalistas, los ingleses... y la opinión pública en general, cuando se divorció de Farida. Sólo le faltaba enajenarse a quien podía dar un golpe de Estado, el Ejército. El fracaso en la primera guerra contra Israel (1948) irritó a los militares, que hicieron responsable a su corrupto Gobierno. En 1952, el movimiento de los Jóvenes Oficiales, dirigido por Nasser, lo destronó y poco después proclamó la república.

Exilio

Partió al exilio a lo grande, en el yate real y con la bolsa llena, instalándose en Italia, un país que le encantaba.

Su destierro dorado transcurrió entre Capri, Roma y Mónaco. Su segunda esposa, Narriman, le abandonó pronto, acusándole de malos tratos, y se volvió a Egipto. Entonces se casó, por tercera vez, con una cantante de ópera y Miss Nápoles, Irma Capece Minutolo.

Muerte

Su admirado abuelo Ismael había muerto en el exilio al intentar beberse dos botellas de champagne de un trago. Faruk logró emularlo, falleció en Roma el 18 de marzo de 1965, en la mesa, mientras se atracaba con una bárbara cena. El último rey de Egipto tenía 45 años y pesaba 140 kilos.

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