Carlos Gomes
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Carlos Gomes. Considerado la gran figura de la ópera de América Latina, a lo largo del Siglo XIX.
Sumario
Nacimiento
Carlos Gomes descendiente de portugueses e indios, nació en Campinas, ciudad paulista, en 1836, por eso lo llamaban el Campineiro.
Vida y obra
Creció en un ambiente musical provinciano. La familia humilde, pasaba muchas estrecheces: ¡tenía nada menos que 25 hermanos! El padre, que dirigía la banda musical del pueblo, se había casado tres veces y le exigía a todos sus hijos que se incorporaran a la banda cualquiera que fuesen sus otras ocupaciones. Así fue como, en este medio se reveló el talento de Carlos Gomes. Antes de cumplir diez años soplaba bien cualquier ferrinho (instrumento de metal) que le cayera en las manos y un poco más tardes ya era capaz de tocar con soltura varios instrumentos.
A los quince años se entretenía en componer polcas y valses, danzas importadas de Europa que hacían furor en el Brasil de aquellos tiempos. Con estas habilidades el joven Carlos se fue ganando una gran popularidad y constantemente lo llamaban para amenizar tertulias hogareñas. Pero lo que más le gustaba era la modinka, un aire nacional de melodías tistes, sentimentales, muy fluido por las arias de ópera italiana, que prácticamente había invadido todo el Brasil, hasta en sus más apartados rincones. Se ha dicho que la modinka es como una queja de amor.
Cuando cumplió los dieciocho años, compuso una misa para complacer y homenajear a su padre, tan apasionado por la música. ¡Bien sabía ese que su hijo tenía realmente genio musical! En mismo le había enseñado todo lo que se podía aprender en Campinas, como músico práctico sin descuidar el aprendizaje técnico elemental y lo poco que le da de contrapunto y fuga sabía un humilde profesor del pueblo.
Pero era la opera lo que realmente el muchacho tenía como caballo de batalla, como obsesión. Se cuenta que se aislaba horas y horas, a la sombra de grandes árboles, en una pequeña hacienda propiedad del padre; allí armado de atril y partituras, dirigía, cantaba, gesticulaba, en plena fiebre operática y así estudiaba sus arias favoritas de Trovador. Verdi era su ídolo.
Unos años más tarde, en 1859, se dio un salto a Sao Paulo en compañía de un hermano. Se relacionaron ambos con al gente de allá, con la juventud paulista y al calor de entusiasmo y efervescencias propias de la edad, escribió su famoso Himno Académico (himno) de gran éxito entre los estudiantes. Alcanzó a ver una compañía italiana de ópera de las que a menudo visitaban las capitales de los grandes estados, como Bahía, Sao Paulo y sobre todo Recife.
Tomo parte en discusiones acaloradas a favor de una u otra diva, oyó los sonetos encendidos que dedicaban los jóvenes poetas a sus preferidas, se sintió deslumbrado por el mundo mágico de la escena y tomó una decisión ¡no volver a Campinas! Carlos Gomes, acicateado por sus nuevos amigos, emprendió una fuga hacia Río de Janeiro, allá le aguardaba el Conservatorio, la Academia Imperial de la Opera, el esplendor de la capacidad. Escribió una carta al padre autoritario, casi tiránico, explicándole sus proyectos. El viejo Don Manuel Gomes entendió… y perdonó ¡Estaba seguro de que para Carlos se abría el camino de la gloria!
Instalado en Río, una dama de la aristocracia consiguió del emperador el, ingreso del músico de Campinas al Conservatorio. Era el Río de sus sueños, que un viajero francés describió como la ciudad de los pianos, la ciudad donde se respiraba música, aludiendo, por supuesto, a la ópera. El Río la capital que daba el lujo de mantener la más rica y brillante temporada de ópera de la América Latina de entonces.
Grandes luchas internas, políticas y económicas, sobrevinieron a la independencia. Después de la abolición de don Pedro I, una vez proclamada la mayoría de edad de don Pedro II, en 1840, se inició un nuevo período constructivo en Brasil. En lo tocante a la música se llamaba período de Francisco Mantel, dado el papel importantísimo que le tocó jugar en esos años al compositor Francisco Mantel da Silva. Es te músico brasileño compositor del Himno Nacional, discípulo de José Mauricio, más que compositor, se destaca como organizador. De larga trayectoria en el impulso de la vida musical del país, fue el promotor de la Sociedad Filarmónica, la Campesina, y la Sociedad de la Música de Río de Janeiro. Pero su creación máxima fue el Conservatorio, hincado en 1841. Se dio un gran paso de avance al concentrar en el gobierno la formación técnica del músico brasileño.
Cuando Carlos Gomes ingresó en el Conservatorio, se convirtió, de inmediato, en el mejor alumno de la institución, n el alumno preferido de Francisco Manoel. Al año, el campineiro presentó una cantata compuesta para un fin de curso que presidiría el emperador, y, posteriormente, en un breve espacio de tres años, estrenaba sus dos óperas juveniles, basadas en temas medievales y cantadas en portugués: A noite no Castello (Una noche en el Castillo) y Juana de Flandres (Juana de Flandes), sorbe un libreto de su amigo Salvador de Mendoca.
El teatro de la ópera de Río resplandeció en las noches de estreno, el entusiasmo fue desbordante, Francisco Manoel, al frente de la orquesta de la Imperial Academia de Opera y Música, se llenaba de legítimo orgullo profesoral. Don Pedro II ante el increíble triunfo, nunca visto antes, de un brasileño, concedió a Carlos Gomes la Orden de Rosas y lo envió a estudiar a Italia.
Una vez en Italia, donde más tarde fijó su residencia y se casó con una dama italiana, tomó clases con Laura Rossi, y apenas recién llegado escribió música ligera para dos revistas musicales, de las cuales varias canciones, el dialecto milanés, fueron muy populares durante largo tiempo.
Durante veintitrés años, desde el momento en que alcanzó su madurez como artista hasta la fecha de su muerte, Carlos Gomes compuso siete óperas importantes: O Guaraní (1870), basada en el encuentro de los portugueses con las razas indígenas de Brasil; Focsa (1873), sobre una historia de piratas de venecianos; Salvador Rosa (1874), cuyo personaje principal es también un héroe popular italiano; María Tudor (1879), para la cual adaptó el famoso drama de Víctor Hugo; O Escravo (1889), que trata de los amores de un noble y una joven esclava brasileña; O Condor (1891), cuyo argumento recuerda algo al de la Aída Verdi y el oratorio Colombo, compuesto para la señalada ocasión del IV Centenario del Descubrimiento de América. De ellas, como se ve, sólo en dos el compositor abordó temas brasileños.
Méritos de Carlos Gomes como compositor
Los que han estudiado su obra, tanto brasileños como europeos, señalan que hizo algunos aportes verdaderamente originales al repertorio operático de su tiempo. Se dice que Verdi asistió al estreno de O Guaraní y que exclamó: ¡Caramba, este joven americano comienza por donde yo termino! El joven americano tenía treinta y cuatro años en aquella memorable ocasión en su debut en el famosísimo escenario de L Scala de Milán. ¡Cuánto no reflexionaría acerca de su trayectoria, desde su amada Campinas hasta Milán! ¡Cuánta emoción no se sentiría ante el elogio de Verdi, la figura cumbre del verismo italiano.
El compositor brasileño demostró que poseía mucho oficio; una mano muy firme al escribir sus partituras, es decir, que sabía como lograr los efectos que deseaba en apoyo a la acción dramática. Manejaba los timbres de los instrumentos de la orquesta, que no son otra cosa sino los colores de la música, mezclándolos, empastándolos, en relación directa con lo que pasaba en la escena. El O Guaraní, al decir de los especialistas, el tejido orquestal quedaba muy por encima del empleado en el repertorio corriente de aquel momento, incluyendo las obras del Verdi.
El O Guaraní tuvo enorme éxito en L Scala y fue llevado a París, Moscú, Estocolmo y más tarde llegó hasta el Covnet Gradens de Londres. Constituyó, a fin de cuentas, un triunfo de la música del Nuevo Mundo,
El éxito de Carlos Gomes de Brasil fue inmenso ¡Por fin tenia el basto imperio americano un compositor de óperas nacionales, de fama mundial! A los estrenos en Río de O Guaraní y O Escravo asistió el emperador rodeado de la élite brasileña de melómanos, nobles y burgueses que presumían de buenos conocedores.
El pueblo también lo aclamó. Amaba sus melodías que sentía cercanas, que sentía brasileñas. Se organizaron grandes fiestas y conciertos ara agasajarlo y hasta se liberaron esclavos en su honor.
El estreno mundial de O Escravo tuvo lugar en Río, no en Bolonia, ciudad italiana, como estaba proyectado desde hacía mucho tiempo. Prácticamente coincidió con el decreto de mayo de 1888, por el cual se produjo en Brasil la total emancipación de los esclavos.
Puede llegarse a la conclusión de que O Escravo en Brasil tuvo alguna relación con el decreto total de abolición de la esclavitud de 1888. es muy significativo que la única ópera de Carlos Gomes que tuvo un estreno mundial brasileño fuese O Escravo. Posiblemente la política de gobierno le interesó que esto ocurriera así.
El compositor sintió entonces la necesidad de echar raíces en Brasil. No más idas y venidas a la Metrópoli. Se le había hablado, y estaba seguro de obtener la dirección del Conservatorio de Río. Y se retiró a Campinas en tanto llegaba el momento de ocupar tan honroso cargo, de continuar la tradición academia, tan sólidamente establecida por Francisco Mantel, su maestro. En Brasil había nacido y en Brasil quería vivir para entregar lo mejor de su arte, de su sabiduría, al país natal. No había dejado nunca de sentirse profundamente brasileño.
La caída de Don Pedro II y la instalación de la república marcan un viraje en redondo de su vida. Los nuevos gobernantes, concientes de que Carlos Gomes era una auténtica gloria del Brasil, le recomendaron la composición del Himno de la República. El compositor, incapaz de flexibilizarse, pensó que el hecho de aceptar sería ingratitud imperdonable para con don Pedro, su amigo y protector. Venció su italianismo, cosa nada bien vista en aquellos nuevos tiempos y no le quedó otro camino que volver a Europa. Aún cunado comenzara para él un período de dificultades y decepciones, no decayó su impulso creador, el afán de innovar.
Cuando viajó a Chicago, a la Exposición Mundial Colombiana, no lo hizo oficialmente. A duras penas obtuvo un concierto de sus obras en la programación de los festivales. Los funcionarios brasileños lo trataron con cierta frialdad.
De regreso a Brasil, a su paso por Lisboa, dirigió por última vez y tanto éxito, que resultó una verdadera consagración en vida. Fue con O Guaraní, su obra más importante, principio y fin de una carrera brillante como a pocos latinoamericanos les fue posible realizar.
Muerte
Regresó a Brasil para cumplimentar una solicitud de dirigir el Conservatorio de Belem do Pará. Aunque se sabía enfermo de cuidado su entusiasmo por este trabajo era grande. Campinas, la ciudad natal, le concedió una pensión que lo llegó de alegría. Llegó a Belem y a las pocas semanas murió, el 14 de mayo de 1896.
El gobierno dispuso de que un navío de guerra transportara el cadáver de Belem do Pará hasta Río de Janeiro, y de allí a Campinas. Al paso del cortejo fúnebre se produjo una grandiosa manifestación de duelo popular que alcanzó su clímax en Río.
Significación de Carlos Gomes en la historia de la música de Brasil
Carlos Gomes reflejó cabalmente en su creación la época, el medio social en que se desenvolvió, la cultura del rico imperio, que lo importaba todo: importado era el emperador, importado era la ópera con sus instrumentistas, cantantes y cuanto hiciera falta. Carlos Gomes representa el triunfo de las tradiciones académicas, la cultura de las clases ilustradas, de las clases dominantes, que adoraba la ópera. También hemos visto que para Carlos Gomes constituía aquello su verdadera pasión, su vocación firme.
La Imperial Academia de Ópera e Música y lo que se hacía en los escenario líricos no tenía ninguna raíz en el teatro popular cantado, por aquel entonces en pleno proceso de desarrollo. Existía ese teatro popular cantado, paralelamente al teatro de ópera, como dos formas de cultura nacional en cierto sentido contrapuestas: la cultura del pueblo, de los iletrados, y la cultura de la clase dominante, los ilustrados.
Todo este vigoroso mundo afrobrasileño de los reisados, congos, checangas, representaciones populares, bailes y fiestas que tenían lugar de Navidad a Reyes, de una enorme riqueza teatral y fuerza dramática, ¿acaso lo conocía a fondo el compositor? Es probable que no. Se despreciaba la música afrobrasileña, la music amerindia. En aquellos tiempos la noción de lo folclórico era incipiente. La ciencia de la investigación folclórica estaba aún en pañales. Cabe suponer que el compositor no tenía este tipo de preocupaciones. No vivía en ese mundo.
Pero hay un hecho cierto: Carlos Gomes es el primer compositor que puede considerase como brasileño porque en su música aparecen por primera vez ciertos rasgos nacionales. Se ha afirmado que las mejores arias y danzas de O Guaraní y O Escravo suenan modinhas y batuques que en su música hay un eco lejano de las selvas, de las aguas, de los vientos de Brasil, música capaz de perdurar, de formar parte de lo mejor de la herencia cultural brasileña. Y este es el gran mérito del brasileño genial.
Fuente
- Valdés Sicardó, Carmen. 5 músicos latinoamericanos / Carmen Valdés. __ Ciudad de La Habana: Ediciones Gente Nueva, 1988. __ 103 p.


