Escuela Nacional de Ballet de Cuba

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Escuela Nacional de Ballet de Cuba
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Institución con sede en Bandera de Cuba Cuba
Escuela Nacional de ballet de Cuba.jpg
Escuela de Ballet de Cuba
Fundación:1931 (antecedentes, escuela de ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical)
1962 (oficialmente como Escuela Nacional de Ballet)
Apertura:1962
Tipo de unidad:Institución educativa
Enseñanza del ballet
Director/a :Dani Hernández
Propietario/a:Ministerio de Cultura
País:Bandera de Cuba Cuba
Sede:Paseo del Prado, Bandera de Cuba Cuba
Dirección:Calzada N.º 510 entre D y E,
Vedado, Municipio Plaza de la Revolución, La Habana, CP 10400

La Escuela Nacional de Ballet de Cuba (oficialmente Escuela Nacional de Ballet Fernando Alonso), es la institución educativa especializada en la enseñanza de la danza clásica de Cuba, la más grande del mundo y la más importante del país, situada en el Paseo del Prado de la ciudad de La Habana, de ella se nutren las filas del prestigioso Ballet Nacional, el Ballet de Camagüey y otras compañías danzarias en la isla y el mundo. Es la sede principal, junto al Ballet Nacional de Cuba, de la Escuela Cubana de Ballet y de la enseñanza del Método Cubano de Ballet.

Historia

Antecedentes tempranos

La danza académica o de escuela, ya había sido conocida en Cuba, cuando Fanny Elssler, luminaria de la era romántica, pasó por la isla caribeña en 1841 y 1842. Hubo además otros bailarines y conjuntos, como Henrietta Welles y el grupo de los Ravel, que también honraron con su presencia los escenarios de La Habana colonial, principalmente en el Teatro del Circo, o el elegante Teatro Tacón. Este último era parte de la bella estructura del Centro Gallego, conocido ahora como Gran Teatro de La Habana, donde continúa albergado el antiguo Tacón, hoy Teatro García Lorca.

La eximia Pavlova y su compañía visitaron Cuba en 1914, 1917 y 1918. No obstante, salvo estas esporádicas visitas, el público cubano no fue entrenado en ese difícil arte, hasta que la Sociedad Pro-Arte Musical estableció en la capital cubana, la primera escuela de baile de reconocida importancia.

Sociedad Pro-Arte Musical (1931)

La enseñanza institucionalizada del ballet en Cuba comenzó en 1931, cuando la Sociedad Pro-Arte Musical fundó su propia escuela de ballet en La Habana. Esta sociedad cultural, creada en 1918 por un grupo de mujeres lideradas por María Teresa García Montes de Giberga, tenía como propósito acercar las artes al público cubano mediante conciertos, ópera y funciones de ballet. La escuela de ballet surgió inicialmente como una fuente de ingresos para financiar la construcción del Teatro Auditorium en El Vedado, pero se convirtió sin pretenderlo en el punto de partida de la enseñanza del ballet en la isla. Fue en esta institución donde dieron sus primeros pasos tres jóvenes que marcarían la historia de la danza en Cuba: Alicia Alonso, Fernando Alonso y Alberto Alonso. En aquellos años también estudiaron otros nombres fundamentales como Ramiro Guerra.

La Academia de Ballet Alicia Alonso (1950)

El 28 de octubre de 1948 se fundó el Ballet Alicia Alonso, la primera compañía profesional de danza en Cuba. Sin embargo, sus creadores pronto comprendieron que necesitaban una cantera propia que formara bailarines cubanos bajo un sistema pedagógico coherente. Así nació, en 1950, la Academia de Ballet Alicia Alonso, ubicada inicialmente en el local de Pro-Arte Musical, junto al Teatro Auditórium en la calzada entre D y E de El Vedado. La academia se convirtió en el espacio donde los Alonso comenzaron a gestar lo que décadas después se conocería como el "Método Cubano de Ballet", una síntesis de las mejores tradiciones de las escuelas francesa, rusa, británica y americana, adaptada a las características y necesidades de los bailarines cubanos. De su primera generación surgieron cuatro bailarinas excepcionales, conocidas como las "Cuatro Joyas": Josefina Méndez, Loipa Araújo, Aurora Bosch y Mirta Plá.

Punto de inflexión (1959)

A pesar del talento y la visión de los Alonso, la academia y la compañía enfrentaron enormes dificultades durante la década de 1950 debido a la falta de apoyo estatal. El dictador Fulgencio Batista intentó chantajear a los artistas para que participaran en campañas propagandísticas a favor de su régimen; ante la firme negativa de Alicia y Fernando, el gobierno les retiró la ya escasa contribución económica que les otorgaba. Alicia Alonso, quien por su filiación comunista era vigilada por el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), se negó a actuar bajo aquel gobierno y en una función en la Universidad de La Habana se despidió del público cubano. La academia y la compañía entraron en un receso, aunque nunca cesaron del todo sus labores. Fue entonces cuando el triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959 marcó un antes y un después: el nuevo gobierno revolucionario, con Fidel Castro al frente y con la cultura como prioridad, brindó el apoyo institucional y económico que durante años se les había negado, permitiendo que aquel sueño de los Alonso se convirtiera en el sistema nacional de enseñanza del ballet más prestigioso del mundo.

La refundación revolucionaria (1959-1961)

Con el nuevo gobierno revolucionario, la situación cambió drásticamente: el Estado puso la cultura y la educación artística como prioridades estratégicas. Fernando Alonso recibió el encargo de diseñar un proyecto pedagógico masivo que democratizara el acceso al ballet, rompiendo con el carácter privado y elitista que la danza había tenido hasta entonces. La escuela perdió su carácter privado y pasó a formar parte de la Escuela Nacional de Arte, con la meta fundamental de crear las bases del sistema de enseñanza del ballet.

La Campaña de Alfabetización por el Ballet (1961)

En 1961 se lanzó una convocatoria nacional sin precedentes para becar a niños y niñas de toda la isla que mostraran aptitudes para la danza. Esta iniciativa, conocida como la "Campaña de Alfabetización por el Ballet", reflejaba el espíritu revolucionario de llevar la cultura a todos los rincones del país. De cientos de aspirantes provenientes de las provincias más remotas, fueron seleccionados alrededor de sesenta niños. Muchos de ellos nunca habían tenido contacto con el ballet clásico, pero poseían las cualidades físicas y el talento natural que la escuela supo moldear. Esta primera generación de becados se convertiría en el semillero del renovado ballet cubano y en los futuros embajadores del "estilo cubano" en el mundo.

Fundación oficial y primeros pasos (1962)

La Escuela Nacional de Ballet abrió oficialmente sus puertas en 1962, funcionando inicialmente en una sede del Vedado habanero. Fernando Alonso asumió como su primer director, aportando toda su experiencia y visión pedagógica. Desde el principio, el proyecto se concibió como un sistema integrado: la escuela nutriría las filas del Ballet Nacional de Cuba, que en ese mismo período se reorganizó y adoptó su nombre definitivo. En 1960, apenas iniciada la experiencia revolucionaria, la compañía ya había estrenado obras como "Despertar" de Enrique Martínez, basada en la gesta revolucionaria cubana, demostrando la sintonía entre la institución artística y el proceso social que vivía el país.

Auge internacional y los primeros concursos (1964-1968)

La calidad del trabajo formativo comenzó a dar frutos espectaculares en la arena internacional. En 1964, bailarines del Ballet Nacional de Cuba participaron por primera vez en el Concurso Internacional de Ballet de Varna, la competencia más prestigiosa del mundo. Mirta Plá y Josefina Méndez obtuvieron medallas en esa edición, y al año siguiente, Loipa Araújo alcanzó la Medalla de Oro para Cuba. En 1968 se graduaron los primeros bailarines formados íntegramente en las escuelas de arte del país, un hito que demostraba la madurez del sistema educativo revolucionario. Ese mismo año, Marta García Peñate obtuvo el Primer Premio en la Categoría Juvenil de Varna, confirmando la capacidad del modelo cubano para producir talentos de clase mundial de manera consistente.

Consolidación del Método Cubano (décadas de 1960-1970)

Paralelamente al éxito de los bailarines, se gestaba una obra pedagógica fundamental. Ramona de Saá Bello, una de las más destacadas discípulas de Alicia y Fernando Alonso, debió abandonar tempranamente su carrera como bailarina debido a serias lesiones. Se consagró entonces a la enseñanza, convirtiéndose en la artífice principal del llamado "Método Cubano de Ballet". Junto a su hermana Margarita y a figuras como Mirta Plá, Josefina Méndez, Loipa Araújo y Aurora Bosch (las "Cuatro Joyas"), Ramona integró el grupo de bailarinas que acompañaron a los Alonso en la refundación del ballet cubano. Como metodóloga nacional y posteriormente directora de la escuela, desarrolló un sistema pedagógico único que sintetizaba lo mejor de las escuelas francesa, rusa, británica y americana, adaptado a las características físicas y la musicalidad natural del bailarín cubano.

Expansión hacia el interior del país (1965-1970)

La política cultural de la Revolución no se limitó a La Habana. El 1 de diciembre de 1965, el Ballet Nacional auspició la creación del Ballet de Camagüey, la segunda compañía profesional de ballet en Cuba. Esta decisión estratégica permitió aumentar el número de profesionales en la isla sin sacrificar la calidad, y extendió la práctica del ballet clásico hacia el interior del país. La Escuela Nacional de Ballet se convirtió en la institución rectora que nutría de talentos tanto a la compañía habanera como a esta nueva agrupación camagüeyana, consolidando un sistema nacional articulado. Durante estos años, la escuela continuó perfeccionando su método y produciendo promociones completas de bailarines de alto nivel.

Años dorados y el reconocimiento universal (décadas de 1970-1980)

Las décadas de 1970 y 1980 representaron la consolidación definitiva del prestigio internacional de la escuela. En 1973, Amparo Brito obtuvo la Medalla de Oro en el Concurso Internacional de Ballet de Moscú, uno de los certámenes más exigentes del mundo. Este logro se sumó a una larga lista de reconocimientos: en 1978, el Ballet Nacional realizó su primera gira por Estados Unidos, un hito en medio de las tensas relaciones diplomáticas entre ambos países. En 1981, Alicia Alonso recibió el Primer Grado de la Orden Félix Varela, la mayor distinción que se confiere a una figura de la cultura en Cuba. En 1982 se efectuó el I Curso Práctico Internacional de la Escuela Cubana de Ballet, iniciando una tradición de intercambio pedagógico que perdura hasta hoy.

Despegue de nuevas generaciones (década de 1990)

La Escuela Nacional de Ballet de Cuba lleva el nombre de Fernando Alonso

La década de 1990, a pesar de las dificultades económicas del "Período Especial", vio surgir a dos de las figuras más emblemáticas del ballet cubano contemporáneo. En 1990, José Manuel Carreño obtuvo el Grand Prix del Concurso Internacional de Jackson, Estados Unidos, demostrando que el rigor de la formación cubana seguía intacto. Carlos Acosta, nacido en La Habana en 1973, se graduó en la Escuela Nacional en junio de 1991 con máximas calificaciones y medalla de oro, bajo la tutela de Ramona de Saá. Acosta bailaría luego con las compañías más prestigiosas del mundo, incluyendo el Royal Ballet de Londres, y se convertiría en un embajador global del método cubano.

Sede del Prado (año 2000)

Un hito institucional de gran relevancia ocurrió en el año 2000, cuando la Escuela Nacional de Ballet se trasladó a su sede definitiva, un imponente palacete restaurado ubicado en el emblemático Paseo del Prado de La Habana, entre las calles Trocadero y Colón. Este edificio, que otrora fuera el lujoso Hotel Plaza, fue completamente adaptado para albergar las actividades de la escuela: amplios estudios de danza, residencia para estudiantes del interior del país, áreas administrativas y un teatro propio. El nuevo espacio no solo mejoró las condiciones de estudio, sino que simbolizó la consolidación y madurez alcanzada por la institución después de cuatro décadas de trabajo ininterrumpido.

Continuidad y relevo generacional (2024 y futuro)

Talleres vocacionales

La tradición de la Escuela Cubana de Ballet sigue viva en el siglo XXI. En enero de 2024, fue designado nuevo director de la Escuela Nacional de Ballet el Primer Bailarín Dani Hernández, una figura cimera del ballet mundial formado bajo la guía de Fernando Alonso, Ramona de Saá y Mirta Hermida[1]. Su nombramiento asegura la continuidad de la tradición pedagógica desde adentro, por tratarse de un egresado de la propia escuela. La institución realiza anualmente el Encuentro Internacional de Academias para la Enseñanza del Ballet, que en su edición XXIX (celebrada en 2024) contó con la participación de más de setenta academias de catorce países, consolidando a Cuba como un centro de referencia mundial para la pedagogía de la danza clásica.

En 2025, tres de sus alumnos ganaron importantes premios en el Concurso Internacional de Ballet de Sudáfrica. Ellos fueron, Greisell Lastre Casuso y Joan Manuel Riera Pérez, quienes ganaron medalla de oro en la categoría Pas de Deux Clásico, así como Jason Baró Benavides conquistó el Grand Prix del evento.[2]

Referencias

Fuentes