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Federico II de Prusia

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Para otros usos de este término, véase Federico II (desambiguación).
Federico II
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Federico ii.jpg
Rey de Prusia y Elector de Brandeburgo
NombreFederico II de Prusia
Nacimiento24 de enero de 1712
Berlín, Prusia Bandera de Alemania Alemania
Fallecimiento17 de agosto de 1786
Potsdam, Bandera de Prusia Prusia
Causa de la muerteNatural
Nacionalidadaleman
Otros nombresFederico II de Prusia el Grande
Conocido porEl rey de las mil caras
TítuloRey de Prusia y Elector de Brandeburgo
PredecesorFederico Guillermo I de Prusia
SucesorFederico Guillermo II de Prusia de Habsburgo
CónyugeIsabel Cristina de Brunswick-Bevern
PadresFederico Guillermo I de Prusia y Sofía Dorotea de Hannover

Federico II de Prusia. Rey de Prusia, de la Casa de Hohenzollern (Berlín, 1712 - Sans-Souci, Postdam, 1786).

Síntesis biográfica

Nacimiento

Nació en Berlín un 24 de enero de 1712, hijo de Federico Guillermo I de Prusia y nieto de Jorge I, elector de Hannover y rey de Gran Bretaña.

Niñez y primera juventud

Federico, seguramente no tuvo una niñez feliz. Su padre, que pasó a la Historia como “el Rey Soldado”, lo educó en un ambiente autoritario, duro y militar que resultaba diametralmente opuesto a sus inclinaciones naturales más inclinadas hacia el pensamiento, las bellas artes y las ciencias.

A la edad de 18 años, harto de la tiranía paterna, intentó fugar a Inglaterra con su amigo Hans Hermann von Kate pero la tentativa fue descubierta, ambos fueron encarcelados en la fortaleza de Kustrin y Federico Guillermo I hizo decapitar a von Kate ante los propios ojos de Federico. Más tarde, en 1733, también por imposición paterna, contrajo matrimonio con Elisabeth Christine Braunschweig con la cual convivió sólo formalmente y no tuvo descendencia.

Reinado

Ascendió al trono en 1740 y, contra lo que algunos esperaban, no se dedicó ni a la música, ni a la filosofía, ni a la literatura. Su primer preocupación fue la de consolidar y fortalecer el poder de una Prusia que hasta ese momento no había conseguido remontarse más allá de un muy discreto rango, casi provinciano, entre las grandes potencias europeas.

Inició la Primera Guerra de Silesia por medio de la cual buscó darle a Prusia, considerablemente desmembrada y muy pobre en recursos naturales, una región económicamente más favorable y más fácil de defender. En Silesia, obtuvo la brillante victoria de Mollwitz, que demostró tanto la eficacia del ejército creado por su padre como su propio talento estratégico.

Batalla de Hohenfriedberg, de la Primera Guerra de Silesia

Hasta 1742, la debilidad de los austríacos lo indujo a una alianza con Francia de la que se retiró una vez que tuvo asegurada la posesión de Silesia. Pero Austria no se resignó tan fácilmente a ceder parte de sus territorios. Los problemas de sucesión que enfrentaban los Habsburgos y que desembocaron en la llamada Guerra de Sucesión Austriaca, prácticamente obligaron a Federico a iniciar una nueva campaña en 1744. Durante la misma, salvó en varias ocasiones a su ejército del desastre gracias a su genio militar. En la paz de Dresde en 1745, Austria terminó reconociendo a Prusia la posesión de Silesia, pero los conflictos de fondo estaban lejos de haber quedado resueltos. En 1756 se formó la coalición de Austria, Rusia, Francia y Suecia contra Prusia. Ésta, a su vez, recibió un no demasiado entusiasta apoyo de Gran Bretaña ya que a los ingleses les convenía tener a Francia ocupada con problemas en el continente. La guerra que estalló es conocida como la Guerra de los Siete Años. Económicamente significó un tremendo desgaste para Prusia pero salió de ella convertida en potencia militar y Federico, a partir de allí sería conocido como “El Grande”.

La pequeña y provincial Prusia, el otrora “estercolero” del Sacro Imperio Romano Germánico, se sentaba ya a la mesa de las otras cuatro grandes potencias europeas, si no en un pie de igualdad, al menos infundiendo un saludable respeto. Austria, Francia, Rusia e Inglaterra a partir de allí tuvieron que incluir en sus proyectos a un quinto interlocutor.

Federico no sólo conservó Silesia sino que recuperó Pomerania, Sajonia y otros territorios ocupados por sus enemigos. En Rusia, la muerte de la zarina Isabel, el interregno de Pedro III y finalmente el ascenso al trono de Catalina II La Grande le permitieron a Federico aproximarse a Rusia y comenzar con la reconstrucción de su país devastado por la guerra.

De su pacto con Catalina II de Rusia obtuvo la Prusia polaca, además de Danzig (hoy Gdańsk) y Thorn. Esto le permitió unir las regiones de Brandenburgo y Pomerania. Desde ese momento Federico pudo llamarse Rey de Prusia y no tan sólo Rey en Prusia como había sido coronado.

Gobierno

Federico no destruyó ni abolió a la nobleza prusiana. Simplemente se apoyó en ella y aprovechó su propio prestigio para ponerla en su lugar. A partir de allí, emprendió toda una serie de reformas e innovaciones cuyo solo listado es poco menos que asombroso.

Soldado Prusiano

Se lo cita con frecuencia por haber construido una gran y muy eficiente maquinaria militar. Es cierto: continuando con la obra iniciada por su padre, construyó un formidable ejército estable de unos 150.000 hombres cuya disciplina y organización sirvieron luego de modelo para las fuerzas militares del mundo entero. Él mismo fue, indiscutiblemente, un brillante estratega. La Historia militar lo registra como un maestro en el arte de la batalla a campo abierto: en 11 años de guerra libró 15 batallas de las cuales triunfó en 12. En comparación, sus generales se batieron en 7 batallas y fueron vencidos en 5.

Centralizó la administración dotándola de funcionarios altamente capacitados y dedicados. Aumentó la presión fiscal para dotar de recursos al Estado pero suprimió las aduanas interiores y creó una banca estatal.

Reformó la administración de justicia sobre el principio de la estricta igualdad ante la ley al punto que concedió a todo ciudadano el derecho a dirigirse al rey, ya fuese por carta o personalmente. Su famoso principio en cuanto a que “el Rey es el primer servidor del Estado” marcó límites bastante estrechos a la posibilidad de abusos tanto a la burocracia estatal como a la nobleza.

Abolió la tortura y eliminó gran parte de la censura. Prusia fue la primer monarquía absoluta que tuvo al menos una limitada libertad de prensa. Su argumento para concederla fue tan cáustico como irrebatible: “Si quieren leer cosas interesantes, ¡no joroben a los escritores!”. Durante su reinado se creó un código de procedimiento civil que independizaba al Poder Judicial del Ejecutivo, y un código civil que rigió entre 1794 hasta 1900.

Fomentó la inmigración y la instalación de colonos, especialmente de campesinos, en las regiones devastadas por la guerra. Mejoró las condiciones de vida de los campesinos en general.

En los nuevos territorios adquiridos se construyeron pueblos y se asentaron campesinos libres. Por otra parte, es innegable que las reformas jurídicas impulsadas por Federico II sirvieron luego de base a los posteriores reformadores prusianos (v. Stein, Hardenberg, von der Marwitz y otros) que al final terminaron con la servidumbre no sólo en todas las posesiones públicas sino también en las de la nobleza.

Cambió buena parte de las costumbres alimentarias y agrícolas de su pueblo introduciendo nuevos cultivos. La papa apareció en Prusia por su iniciativa, así como también fue suyo el proyecto de desecar los pantanos del curso inferior del Oder, algo que le hizo ganar al reino nuevos y fértiles territorios de cultivo.

Impulsó la adopción de las más novedosas técnicas productivas. Logró un gran desarrollo económico promoviendo el comercio y la industria con medidas efectivas. Estableció y fomentó la tolerancia religiosa introduciendo la libertad de culto y eliminando la discriminación por motivos de fe. Gracias a su política de tolerancia, Prusia absorbió minorías religiosas enfrentadas en otras partes como la de los hugonotes y los católicos. En el Forum Fredericianum de Berlin hay una iglesia protestante y una católica dispuestas lado a lado. Algo prácticamente inaudito para el Siglo XVIII.

Prusia, bajo Federico II, creció de una manera notable. A pesar de las bajas sufridas en las campañas y las guerras, los 2.5 millones de habitantes que tenía en 1740 llegaron a ser 6 millones hacia fines de la década de los ’80 del Siglo XVIII.

El artista

Su corte estuvo poblada de intelectuales y artistas. Desfilaron por ella desde Voltaire hasta Bach, que le dedicó su Ofrenda Musical compuesta sobre un tema sugerido por el mismo monarca. Aparte de ello, Federico fue un eximio ejecutante de flauta traversa. Compuso varias piezas musicales, como, por ejemplo, una Sinfonía en Re mayor y conciertos para flauta.

Palacio de Sans-Souci

Como arquitecto diseñó los planos de los palacios de Sans-Souci y Potsdam y del edificio de la Ópera de Berlín. Hasta consiguió crear un estilo propio ubicado aproximadamente a media distancia entre el rococó y el neoclásico. Encaró y dirigió el reordenamiento urbano de Berlín, convirtiendo a la gris ciudad provinciana en una urbe moderna y pujante.


Edificio de la Ópera de Berlín

En materia de educación fomentó las ciencias volviendo a fundar la Academia de Berlín y declaró obligatoria la asistencia a las escuelas, desde los cinco hasta los 13 años. Durante su gestión se construyeron más de 100 escuelas.

Como escritor, aparte del Anti-Maquiavelo, escribió obras de filosofía política, un ensayo sobre las formas de gobierno y varios otros trabajos. En 1770 confirmó a Kant como profesor en Königsberg. Su biblioteca llegó a tener más de 4.000 libros. Sus obras completas fueron publicadas en 30 volúmenes entre 1846 y 1857.

Muerte

Murió el 17 de agosto de 1786 en Sans Souci, la residencia que había diseñado para si mismo y el único lugar de la tierra en dónde, sentado a una mesa, rodeado de brillantes y prestigiosos artistas, intelectuales y amigos, conversando con ellos sobre los más diversos temas en un derroche de nivel, ingenio y humor.

Fuente