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Francisco Prat Puig

Francisco Prat
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NombreFrancisco Prat Puig
Nacimiento11 de noviembre de 1906
La Pobla de Lillet, Bandera de España España
Fallecimiento28 de mayo de 1997
Santiago de Cuba, Bandera de Cuba Cuba
NacionalidadEspañola
CiudadaníaCubana
EducaciónLicenciatura en Filosofía y Letras
Licenciatura en Derecho
Alma materUniversidad de Barcelona
OcupaciónArqueólogo, restaurador de obras arquitectónicas y especialista en Artes
PremiosOrden Félix Varela
Premio Martorell

Francisco Prat Puig. Profesor titular de la Universidad de La Habana. Ostenta el doctorado en Derecho, Filosofía y Letras y en Ciencias sobre Arte. En Francia, montó un museo con el material encontrado en la necrópolis aportando técnicas museográficas.

Síntesis biográfica

Nació el 11 de noviembre de 1906 en La Pobla de Lillet, donde su padre se desempeñaba como maestro de primaria; pero unos años más tarde la familia se trasladó a la localidad de Calella, en la zona del Maresme a orillas del Mar Mediterráneo. En 1926 Prat Puig concluyó los estudios de Bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Mataró y a continuación ingresó en la Universidad de Barcelona. Cuatro años después culminó la Licenciatura en Filosofía y Letras y en Derecho. Los conocimientos recibidos durante aquel período del historiador y profesor Pedro Bosch Gimpera, considerado el gran impulsor de los estudios arqueológicos en España, dejaron una profunda huella en él y desempeñaron un papel decisivo en su posterior trayectoria profesional.

Sin embargo, una vez graduado tuvo que trabajar como profesor de historia y de geografía en el Instituto de Mataró y como auxiliar de la Cátedra de Arqueología de la Universidad de Barcelona adscrita al Museo de Arqueología de Montjuic.

Primeros logros arqueológicos

Su vocación de arqueólogo no se vio frenada por la derrota militar sufrida, ni por su condición de exiliado, ni por las penalidades que padecía como prisionero de un campo de internamiento. Convencido de que se hallaba en una localidad que había servido de asentamiento siglos atrás a griegos y fenicios, alcanzó a obtener del Comandante del campo permiso para realizar excavaciones arqueológicas y tras varias semanas de ardua labor encontró las ruinas muy bien conservadas de un pueblo ibérico. Ese descubrimiento histórico fue ampliamente divulgado por la prensa y causó una notable impresión en el ámbito científico francés.

Reencuentro familiar

Junto con el reconocimiento por el hallazgo realizado le llegó a Prat Puig el permiso para poder circular por el territorio francés. Mas la amenaza de una nueva conflagración mundial cobraba fuerza cada día y al igual que otros muchos refugiados españoles volvió los ojos hacia América. En Cuba se hallaban instalados familiares muy cercanos de su esposa, que había quedado atrapada en Cataluña. El nuestro era el país adecuado para reunirse con ella y con las dos hijas de ambos. En noviembre de 1939 logró desembarcar en el puerto de La Habana con documentos personales falsos. Unas semanas más tarde ellas pudieron reunirse con él. De ese modo Prat Puig alcanzó en nuestro suelo su residencia definitiva.

Llegada a Cuba

Como en el caso de otros muchos exiliados españoles, su proceso de adaptación a la realidad cubana resultó difícil y conoció momentos de estrecheces económicas y de desaliento. Las posibilidades de empleo eran escasas, casi insalvables los trámites para revalidar en la Universidad de La Habana el título y muy limitadas las ayudas ofrecidas por el Círculo Republicano Español, la Sociedad de Beneficencia “Naturales de Cataluña” y otras instituciones solidarias con los refugiados de la guerra española. Sin embargo, algunas puertas se le fueron abriendo, en septiembre de 1940 pudo ofrecer dos conferencias sobre “La primitiva Hispánica” en la prestigiosa Institución Hispanocubana de Cultura y con posterioridad, dos años después, impartió en esta misma entidad cultural un largo curso de más de veinte lecciones sobre historia del arte.

Además de proporcionarle un ingreso económico que de seguro mucho necesitaría, aquellas disertaciones le concedieron la oportunidad de abrirse un espacio en el panorama académico cubano y establecer estrechas relaciones con algunos intelectuales, entre ellos la etnóloga Lydia Cabrera y la historiadora María Teresa de Rojas. Ambas pertenecían a la clase social más adinerada y formaban parte de un patronato integrado por otros pocos aristócratas interesados en restaurar y conservar edificaciones de valor artístico y arquitectónico. Ese patronato le encomendó a Prat Puig la tarea de encabezar la restauración de la Iglesia del Espíritu Santo, en La Habana, y poco después la de Santa María del Rosario, llamada la Catedral de los Campos de Cuba, donde se hallaban en avanzado estado de deterioro las obras de Nicolás de la Escalera, nuestro primer pintor. De modo satisfactorio cumplió ambas encomiendas y comenzó así su loable desempeño en Cuba como restaurador. Años más tarde hubo de dirigir la restauración de otros templos parroquiales como los de Sancti Spíritus y Trinidad.

Llegada a Santiago de Cuba

Gracias también al aporte monetario de María Teresa de Rojas, en 1947 Prat Puig publica la monumental obra El prebarroco en Cuba, con la cual ha de poner al descubierto la huella morisca de nuestra arquitectura, llegada a través de la influencia sevillana y de los inmigrantes andaluces. Al comenzar a funcionar en aquel año, aún no oficialmente, la Universidad de Oriente, es invitado a formar parte de su claustro de profesores y se traslada a Santiago de Cuba, ciudad que lo impresiona de modo favorable por su arquitectura colonial y donde fija su residencia. Una vez legalizado este centro docente comienza a impartir en él clases de historia del arte y se enfrasca en la tarea de rescatar las edificaciones más valiosas de dicha localidad.

Durante su estancia de casi medio siglo en Santiago de Cuba desarrolló una actividad pedagógica y cultural digna de la mayor estimación. A lo largo de varias décadas se desempeñó como Catedrático de Historia del Arte y publicó en dos tomos en 1984 unas conferencias de elevado carácter didáctico sobre esta disciplina.

Labor como restaurador de ciudades cubanas

Gracias en gran medida a su esfuerzo personal y a sus gestiones, se lograron rescatar y restaurar varias edificaciones santiagueras como la Casa de Diego Velázquez y la Casa Natal de José María Heredia.

También obtuvo el primer premio en el concurso de proyectos convocado en 1951 para la construcción del nuevo edificio del Ayuntamiento de la ciudad, formó parte del Grupo Humboldt, que llevó a cabo importantes descubrimientos arqueológicos, y dirigió el proceso de restauración de algunas áreas del Castillo del Morro. Asimismo confeccionó una Guía razonada de los monumentos más antiguos de Santiago de Cuba (1963), ejerció la crítica de arte y fomentó la realización de exposiciones de pintura y de piezas arqueológicas.

Su labor como restaurador no se limitó en esos años a la ciudad de Santiago de Cuba y abarcó además el Castillo de La Real Fuerza, en La Habana, y edificaciones de Camagüey, Bayazo, Gibara y otras poblaciones. Con notable valentía y sinceridad puso al desnudo acciones irresponsables que afectaban nuestro patrimonio artístico y arquitectónico y abogó siempre por la conservación de cualquier obra de significación cultural un jarrón, un cuadro, un abanico, un candelabro, sin que constituyese un elemento invalidante su connotación política o la personalidad de su propietario.

En sus últimos tiempos Prat Puig conoció algunos sinsabores, como el incendio que afectó en 1991 el Museo de Ambiente Histórico Cubano, situado en el Casa de Diego Velázquez, la acusación de algunos colegas suyos de sustentar patrones valorativos muy españolistas y religiosos y las limitaciones impuestas por la crisis económica llamada “Período especial”. También recibió algunas alegrías como el otorgamiento por la Universidad de Oriente del grado de Doctor en Ciencias del Arte, la Orden de Isabel la Católica, que le confirió en 1992 el gobierno español, y la Cruz de Sant Jordi, que al año siguiente le hizo entrega la Generalitat de Catalunya.

Junto con el declive de su vida Prat Puig retornó humildemente al catolicismo y tomó el hábito de rezar cada tarde el rosario. Al sacerdote Joan Rovira s.j., de Santiago de Cuba, le pidió que una vez al mes le llevara la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre.

Muerte

Su vida fue languideciendo en su casona en la localidad de El Caney. La muerte le llegó a los noventa años, el 28 de mayo de 1997. De su fecunda trayectoria vital dan fe sus obras publicadas, sus descubrimientos arqueológicos, las piezas y las edificaciones que restauró. También su compromiso invariable con la cultura: en Cataluña, en Francia y en Cuba.

Premios obtenidos

  • Medalla Alejo Carpentier, año 1983.
  • Orden de Isabel la Católica, que le confirió en 1992.
  • En 1993 se le hizo entrega por parte del gobierno español de la Generalitat de Catalunya.
  • Le fue otorgado por la Universidad de Oriente el grado de Doctor en Ciencias del Arte.

Fuentes

  • Domingo Cuadriello, Jorge. Francisco Prat Puig. En su Centenario. Revista de la Arquidiócesis de La Habana. Noviembre/2006 No.157. Consultado: 10 de septiembre de 2012.
  • Bibliografía Básica: Puiggros, María Rosa: La distància no és l‘oblit. Fragments de la biografia d‘un catalanocubá Francesc Prat i Puig. Cataluña, Asociación Medieval de Bagá, 2001. Consultado: el 25 de octubre del 2011.
  • Biografía: Francisco Prat Puig. Consultado: 25 de octubre del 2011.