Historia de la provincia de Camagüey

Historia de la provincia de Camagüey
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El territorio de la actual provincia de Camagüey estuvo habitado antes de la conquista y colonización europea por los primitivos pobladores de las Antillas, presumiblemente descendientes de un tronco étnico común suramericano.

La región de Camagüey estaba dividida en tres zonas, bajo el control de los cacicazgos de Camagüei o Camagüeybax, Camaguayo y Guáimaro, donde se detectaron dos grupos aborígenes: preagroalfareros y Agroalfareros.

Llegada de los españoles

En el año 1492, con la llegada de los españoles, cambió el sistema de vida en esa región. Comenzó el maltrato y la violencia, lo que provocó la extinción de sus moradores.

La villa de Santa María del Puerto del Príncipe fue fundada en el año 1514, en Punta del Guincho. En el año 1516 se trasladó hacia las márgenes del río Caonao, luego alrededor del año 1528, hacia el pueblo indio de Camagüei, en el centro del territorio, donde alcanzó su ulterior desarrollo.

Según las últimas investigaciones sobre sus orígenes, hacia 1513 ya existían pobladores en lo que fue nuestro primer asentamiento, en punta de Guincho (bahía de Nuevitas), mientras que la tradición nos remite al 2 de febrero de 1514 como el momento de fundación de la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, demarcación político-administrativa que en 1528, tras varios incidentes, sublevación aborigen incluida, se asentó definitivamente entre los ríos Tínima y Hatibonico, arrastrando el nombre original.

En poco tiempo, la ganadería se convirtió en la principal fuente de riqueza, y con el auge de la producción pecuaria se inició un intenso comercio de contrabando con navegantes de las Antillas británicas, francesas y holandesas, que burló al monopolio comercial impuesto por la metrópoli española y que fue un elemento determinante en la creación de considerables niveles de riqueza concentrada en pocas familias.

Según un escrito del gobernador Pedro de Valdés, de 1605, Puerto Príncipe era lugar de pocas familias muy ricas y una población extremadamente indigente. La ganadería constituía la actividad económica fundamental de sus habitantes. Tres años después (1608), el escribano del Cabildo, Silvestre de Balboa, escribe el libro Espejo de paciencia, considerada la más antigua obra literaria escrita en Cuba.

En el año 1616, un incendio provocado por esclavos sublevados arrasó con la villa, que en pocos años se recuperó. Luego, filibusteros británicos y franceses atacaron y saquearon la localidad en 1668 y 1679, respectivamente.

A mediados del siglo XVIII, el obispo Morell de Santa Cruz, decía que Puerto Príncipe había alcanzado gran desarrollo y describía al pueblo con sus 1506 casas, que se caracterizaban por la buena construcción y el predominio de las edificaciones uniplantas.

La imagen de Puerto Príncipe en esta época es la de una minoría próspera con una economía sólida, y una mayoría paupérrima. Las construcciones religiosas, militares, gobernativas y domésticas en el centro de la villa marcaban el sello de la riqueza, mientras que los alrededores de la villa estaban plagados de míseras casuchas.

En 1800 tuvo lugar un verdadero acontecimiento: desde Santo Domingo (en la actual República Dominicana) trasladan para la localidad la sede de la Real Audiencia, con la derivada relevante significación política, económica y cultural para el territorio.

El rey de España Fernando VII, considerando la cantidad de habitantes y la importancia económica de la villa de Puerto Príncipe, le concedió el título de «ciudad» y el uso del escudo de armas, el 12 de noviembre de 1817. A partir del primer cuarto del siglo XIX, la ciudad puertoprincipeña se comienza a destacar por su espíritu de rebeldía.

El desarrollo económico alcanzado por la ganadería, algunos renglones agrícolas el auge azucarero con las instalaciones de los trapiches, condujeron a la creciente evolución de la manufactura de la industria. Al mismo tiempo, la alfarería alcanzaba un importante desarrollo en la industria artesanal, mediante al aprovechamiento del abudante caudad de arcilla de los suelos de la localidad. Habían transcurrido varios siglos y el régimen colonial auspiciaba el desarrollo interno del país. En la Villa, una minoría de criollos crecía en la abundancia económica. Estos hacendados deseaban dominar el poder político; apenas la metrópoli española se percató del peligro que esto arraigaba, comenzó a reprimirlos con violencia, lo que condujo a la inconformidad y rebeldía de sus habitantes.

Destaca entre los primeros ejemplos Francisco Agüero Velazco (Frasquito), quien en 1825 se encontraba en el exterior en los preparativos de un plan de levantamiento armado contra el colonialismo español y en apoyo a la proyectada avanzada internacionalista de Simón Bolívar a Cuba.

En enero del año siguiente, precisamente cuando se encontraba en los trajines conspirativos, es detenido por las autoridades de la metrópoli española, en unión de Andrés Manuel Sánchez Pérez; ambos son condenados a la pena máxima y ejecutados el 16 de marzo de 1826.

También la Historia recoge el ejemplo de Joaquín de Agüero y Agüero, quien resultó el primer compatriota destacado que dio la libertad a sus esclavos, ocho en total, el 3 de febrero de 1843. Agüero y Agüero firmó, además, una Declaración de Independencia el 4 de julio de 1851, fecha que coincidió casualmente con el Día de la Independencia de los Estados Unidos de América, y encabezó un combate frontal entre cubanos y españoles el 13 de julio de 1851, ambos aspectos inéditos hasta esos momentos.

Por esa razón, el 12 de agosto de 1851 fue fusilado Gaspar Betancourt Cisneros, El Lugareño, en unión de sus compañeros Fernando de Zayas, Tomás Betancourt y Miguel Benavides. Betancourt fue una personalidad que no ha recibido el lugar que le corresponde en la Historia de Cuba. Promovió la inauguración del ferrocarril en Camagüey, segundo de Cuba, en 1837.

De la personalidad de Salvador Cisneros Betancourt, marqués de Santa Lucía, revolucionario de más larga hoja de servicio a la Patria en la región, y del camagüeyano mayor, Ignacio Agramonte, cuya impronta en la Revolución de 1868 fue muy significativa, y cuyo legado se puede apreciar en el hecho de que con orgullo la gente del Camagüey se denominan agramontinos, siendo el único héroe epónimo de una provincia en todo el archipiélago nacional.

Al inicio de la Guerra de los Diez Años (1868-1878), los camagüeyanos respondieron al llamado de la Patria y su territorio fue escenario de las luchas libradas durantes ese siglo.

La Villa fue pródiga por sus valerosos hombres incorporados a la lucha por la independencia, entre ellos Ignacio Agramonte, Salvador Cisneros, Javier de la Vega y otros muchos, pertenecientes a una clase social rica y culta.

La República neocolonial

El 9 de junio de 1903, Santa María del Puerto del Príncipe pasaba a ser un patronímico para la historia; pues se tomaba el acuerdo oficial de cambiar su nombre por el de Camagüey.

Varias generaciones se enfrentaron a los gobiernos sucesores. Una lista heroica de hermosas vidas lleva impresa la historia de Camagüey, entre las que sobresalen Alfredo Álvarez, Mario Aróstegui, Cándido González, Tomás Grant, Luis Serrano, Enrique José Varona y otros ilustres combatientes.

A partir del siglo XX, entre los méritos de nuestra Patria Chica, se encuentra haber sido el escenario de la fundación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba (CNOC), en los primeros días de agosto de 1925. Uno de los episodios más combativos de la denominada Revolución del 30 se protagonizó en Jaronú (Esmeralda) y Senado (Minas), en 1933, donde se constituyeron Soviets de obreros y campesinos.

Triunfo de la Revolución cubana (1959)

Camagüey escenario de la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista, desde el mismísimo golpe de Estado del 10 de marzo de 1952.

Con el triunfo de la Revolución (1 de enero de 1959), Camagüey comienza su transformación socioeconómica y política, materializada en su desarrollo industrial, agrícola y en otras ramas, que la ubican en un lugar cimero, entre las ciudades de la Isla.

También aparece el cuarto día que le siguió a la victoria de la Revolución, momento en que el suelo natal del sobresaliente científico Carlos J. Finlay y del destacado intelectual Nicolás Guillén, Poeta Nacional, recibió a la caravana de combatientes que entraría triunfante en La Habana el 8 de enero de 1959.

En lo sucesivo, el pueblo agramontino abrazaría y acompañaría a Fidel Castro con mayor conciencia y lealtad. En correspondencia, no fue casual el hecho de que el 21 de octubre del mismo 1959, se protagonizara lo que quizás sea la Primera Marcha del Pueblo Combatiente en Cuba, esta vez, encabezada por el propio Fidel, para desarticular un complot contrarrevolucionario.

El 10 de octubre de 1978, el Gobierno revolucionario declaró monumento nacional al casco histórico de la ciudad. Camagüey crece a un ritmo acelerado como resultado de las transformaciones que a través de los años se han logrado.

Todo ello constituyó base de lo distintivo del posterior quehacer revolucionario en la provincia. Así, fue coherente el hecho de habernos convertido en acreedores de la convocatoria que nos hizo el Comandante en Jefe en 1987, para ser ejemplo de la construcción del socialismo para Cuba y el Tercer Mundo, idea que Fidel Castro, máximo líder de la Revolución cubana, ratificó dos años después, en ocasión de celebrarse en Camagüey el XXXVI aniversario del Asalto al Moncada, el 26 de julio de 1989.

Natural resultó, pues, que en los difíciles y gloriosos tiempos del Período Especial (1990 hasta la actualidad), camagüeyanas y camagüeyanos acompañaran, defendieran y enriquecieran la Patria Revolucionaria y Socialista, al compás de la consigna: Camagüey, cada día una obra mejor.

Fuentes