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Espejo de paciencia

Espejo de Paciencia
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Libro Espejo de Paciencia
Autor(a)(es)(as)Silvestre Balboa
GéneroPoema épico
Edición30 de julio de 1608
PaísIsla de Gran Canaria

Espejo de paciencia. Primer poema épico escrito en Cuba; cuyo texto se conserva. Está fechado el 30 de julio de 1608 en la villa de Puerto Príncipe. De su autor, Silvestre de Balboa, sólo se conoce que era natural de la isla de Gran Canaria y Escribano del Cabildo de Puerto Príncipe.

Espejo de Paciencia (Fragmentos)

Andaba entre los nuestros diligente
Un etíope digno de alabanza,
Llamado Salvador, negro valiente,
De los que tiene Yara en su labranza;
Hijo de Golomón, viejo prudente:
El cual armado de machete y lanza
Cuando vio a Gilberto andar brioso,
Arremete contra él cual león furioso...

Andaba Don Gilberto ya cansado,
Y ofendido de un negro con vergüenza:
Que las más veces vemos que un pecado
Al hombre trae a lo que nunca piensa:
Y viéndole el buen negro desmayado,
Sin que perdiese punto en su defensa,
Hízose afuera y le apuntó derecho
Metiéndole la lanza por el pecho...

¿Oh, Salvador criollo, negro honrado!
Vuele tu fama y nunca se consuma;
Que en alabanza de tan buen soldado
Es bien que no se cansen lengua y pluma.
Y no porque te doy este dictado,
Ningún mordaz entienda mi premura
Que es afición que tengo en lo que escribo
A un negro esclavo y sin razón cautivo...

Espejo de paciencia. Primer poema escrito en Cuba

El asunto, basado en sucesos ocurridos realmente, consiste en el secuestro del obispo Fray Juan de las Cabezas Altamirano por el corsario francés Gilberto Girón, en el poblado de Yara; su rescate por unos vecinos Bayamo; la lucha entablada entre la milicia insular de Gregorio Ramos y los hombres de Girón; la muerte de éste por el negro esclavo Salvador Golomón y la celebración de la victoria con un Motete, cantado en la iglesia de Bayamo.

Sucesos

Una mañana del año 1836, mientras caminaba entre los estantes de la biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País, el escritor José Antonio Echeverría (escritor), encontró tres cuadernos polvorientos y comidos por polillas de un manuscrito cuyo título era Historia de la isla y catedral de Cuba. El texto databa de 1760 y había sido escrito por el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz.

Parecióle curiosa a Echeverría la existencia de pliegos tan añejos y aún más cuando en su interior, exactamente en el libro segundo, artículo VI, aparecía un largo poema cuya composición, aseguraba la dedicatoria, se remontaba a 1608. De tal forma, si fuese auténtico el manuscrito, sería esta, pues, la primera de las composiciones poéticas de que se tuviera noticia en Cuba. Espejo de Paciencia era el título y Silvestre de Balboa Troya y Quesada; su autor.

Un año después Ramón de Palma publicaría en El Aguinaldo Habanero, un artículo titulado "Un episodio de la isla de Cuba 1604.", en el cual relataba el percance del obispo que se refiere en Espejo... Sin embargo, por razones que aún se ignoran, Palma, aunque era amigo íntimo de Echeverría, omitió el nombre del poema y de su autor, argumentando que no poseía la obra como tal sino únicamente un soneto de elogio al poeta, escrito por el regidor de Bayamo en aquella época, llamado Juan Rodríguez de Sifuentes. Resulta más llamativa la omisión de Palma cuando en 1838, en la revista "El Plantel", que este editaba con Echeverría, apareció un ensayo donde, además de dar a conocer y comentar prolijamente la Historia de Morell, Echeverría presentaba oficialmente el "Espejo de Paciencia". En aquella oportunidad, el ilustre intelectual intercaló estrofas del texto original con fragmentos de los sucesos relatados por él mismo. El poema narra los acontecimientos relacionados con el secuestro del obispo fray Juan de las Cabezas Altamirano, ocurrido en el puerto de Manzanillo en el año 1604. Asimismo, Echeverría da a conocer por vez primera algunos datos del autor como su nombre, nacimiento en Islas Canarias y residencia en la villa de Puerto Príncipe.

Afortunadamente, Echeverría tuvo el acierto de hacer una copia del manuscrito original pues, misteriosamente, este desapareció poco después de los archivos de la Sociedad. Muerto éste en 1885, la copia pasó a manos de su amigo Néstor Ponce de León, que en aquellos días se desempeñaba como jefe del Archivo Nacional de Cuba.

Ponce de León, en una disertación leída en la Sociedad Literaria Hispano-Americana y reproducida por la Revista Cubana en 1892, confirma la noticia de ser el poseedor de la única copia existente del Espejo... En tal oportunidad, para concluir su exposición, el notable historiógrafo habanero diría: "Considera este poema tanto más importante, cuanto que él sólo representa todo el movimiento literario de Cuba desde su conquista en 1511 hasta mediados del siglo XVIII, es decir, 250 años que a no existir ese poema, presentarían el vacío más absoluto. Después de este gran esfuerzo, las musas cubanas cayeron de nuevo en profundo silencio; acaso no fue así, acaso se escribió mucho y probablemente muy malo, pero nada he podido encontrar desde 1608, fecha del poema, hasta mediados del siglo pasado...".

Al morir Ponce de León en 1899, el preciado documento pasó a manos de su hijo Julio C. Ponce de León y Bachiller quién, a su vez, lo entregó a Francisco de Paula y Coronado. Gracias a este gesto, la Academia de la Historia de Cuba puede publicar en 1929 los cuadernos que se conservan de la Historia de Morell, dentro de los cuales, estaba inserto el Espejo... Sin embargo, esta no sería la primera edición aparecida en el siglo XX. En 1927 Carlos M. Trelles incluiría el poema en su Bibliografía cubana de los siglos XVII y XVIII. Unos meses más tarde, ya en 1928, José Manuel Carbonell lo reproduce igualmente en el tomo I de su Evolución de la cultura cubana.

Otro punto trascendental en el estudio de esta, la primera de las obras líricas conservadas para la literatura cubana, fue la publicación en un número de la Revista Antillana de 1922, por José María Chacón y Calvo, de cuatro cartas del obispo fray Juan de las Cabezas Altamirano al rey de España. En la tercera de ellas, fechada en Bayamo el 2 de julio de 1604, Altamirano relata los sucesos de los que había sido protagonista, coincidiendo en lo fundamental con la narración que en octavas rimas había realizado Silvestre de Balboa.

También las pesquisas realizadas por Felipe Pichardo Moya, prologuista de la edición que diera a la luz el Ministerio de Educación en 1942, vienen a aclarar y hacer más verosímil la autenticidad de Espejo..., que algunos estudiosos habían puesto en duda. Moya halló documentos donde se establecía la fecha probable del nacimiento de Silvestre de Balboa entre 1564 y 1574 y su muerte en algún momento entre 1634 y 1644. Además, se informa de su cargo de escribano en el Cabildo de Puerto Príncipe. De la misma fuente, archivos familiares obtenidos en la ciudad de Camagüey, Pichardo pudo extraer referencias sobre los seis sonetistas que preceden el poema.

A pesar de la trascendental importancia de las copias, dos según el prólogo de Pichardo Moya, que existían del Espejo..., al parecer ninguna ha podido conservarse. En una edición del poema hecha por Arte y Literatura en 1975, Cintio Vitier anunciaba la desaparición de cualquiera de las probables copias. Ni en el Archivo Nacional, ni en los archivos de la Academia de Historia, ni en la biblioteca particular de Francisco de Paula Coronado, como tampoco en la Biblioteca Nacional ni en la Sociedad Económica de Amigos del País se encontraba manuscrito semejante, siquiera de la Historia de Morell, también perdida. "Al desaparecer (de los lugares anteriormente citados) o se han perdido definitivamente por un accidente fortuito", explica Vitier, "o será cosa de echarse a buscarlos en colecciones privadas o extranjeras. No estará de más recordar", concluye, "que esos documentos, que técnicamente pueden considerarse 'originales', pertenecen a la nación. Su pérdida constituye un verdadero escándalo".

Silvestre de Balboa

Biografía

Silvestre de Balboa, natural de Islas Canarias, reconocido escribano público del Cabildo de la villa de Puerto Príncipe, hoy Camagüey. Autor de una de las más importantes obras literarias de la Cuba del siglo XVII, Espejo de Paciencia, cuya lectura es la mejor muestra de los conocimientos literarios que Balboa poseía. Obra, compuesta en 1608, constituye el primer intento de hacer literatura en el país y revela un episodio de la historia cubana ocurrido cuatro años antes de su composición: la isla, dentro del marco económico de la factoría, se veía frecuentemente asolada por los ataques de corsarios y piratas. A través de esta crónica rimada que es Espejo de Paciencia, su autor cuenta el arribo a las costas de Manzanillo de una nave pirata al mando del capitán francés Gilberto Girón; del secuestro, en tierras cercanas, del obispo fray Juan de la Cabezas Altamirano, y de su rescate por los vecinos de la villa. Los valores poéticos de este poema son escasos sin embargo, la narración resulta agradable, penetrada en ciertos elementos de la cubanía. Tiene un lenguaje impregnado de sabiduría popular, haciendo referencia a los recursos económicos y a los elementos de la naturaleza, designados por su nombre. Además la obra en sí es una descripción muy vigorosa y realista. Espejo de Paciencia es una excelente representación de la vida cubana de hace cuatro siglos atrás.

Canaridad del Espejo de Paciencia

En el 2010 se cumplen cuatro siglos de los sucesos que dieron pie para que el canario Silvestre de Balboa Troya y Quesada escribiera en Cuba su primera obra literaria. El poema épico Espejo de Paciencia.

El asunto es el secuestro del obispo Juan de las Cabezas Altamirano por el corsario francés Gilberto Girón, 1604, en el poblado de Yara; su rescate por unos vecinos de Bayamo; la lucha entablada entre los milicianos de Gregorio Ramos y los hombres de Girón; la muerte del corsario a manos del esclavo Salvador y la celebración de la victoria.

Desde que apareció la primera referencia a Espejo de Paciencia, se han planteado diferentes hipótesis. En algunas de ellas se duda de la existencia del autor, en otras del hecho, pero en su mayoría repiten que es el "primer poema cubano".

Gregorio Ortega, en un reciente artículo publicado en la revista Opus Habana va más allá con su hipótesis de que "quizás Espejo de Paciencia sea el fruto precoz de la coña criolla, la obra que ya desde época tan temprana anuncie los cánones de ese posible atributo de los cubanos".

Espejo de Paciencia es la primera obra de literatura escrita en Cuba, no la primera cubana.

Silvestre de Balboa fue bautizado el 30 de junio de 1563 en Gran Canaria y, se supone, llega a la Isla entre 1590 y 1600, ya formado y con la influencia de los poetas canarios Bartolomé Carrasco de Figueroa (1538-1610) y Antonio de Viana (1578-¿). Su calidad de poeta puede discutirse, no así la canaridad de su obra.

¿Quién osa decir que Oda al Niágara, de José María Heredia, no es una obra cubana? ¿Quién se cuestiona la cubanía de la obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda, de José Martí, de Alejo Carpentier? Estos autores, como muchos más, gran parte de sus obras las escribieron fuera de Cuba y nadie duda de su raíz.

La obra no adquiere nacionalidad por nacimiento ni por el tema; ella es consustancial a su autor, en tanto éste mantenga su raíz.

Desde el principio

Por primera vez se dan noticias concretas de Espejo... en noviembre de 1838; en la tercera edición de la revista "El Plantel", publicada por Ramón de Palma, poeta y novelista, y el erudito José Antonio Echeverría.

A propósito de esto, Cintio Vitier, refiere que el artículo de Echeverría es "el que descubre para las letras la primera Historia y el primer poema que nos hayan sido conservados".

En 1892, Nestor Ponce de León, lee una disertación en la Sociedad Literaria Hispano-Americana de Nueva York, titulada: "Los primeros poetas de Cuba", al referirse a Espejo... dice: "Considero este poema tanto más importante, cuanto que él solo representa todo el movimiento literario de Cuba desde la conquista en 1511 hasta mediados del siglo XVIII, es decir 250 años, que á no existir ese poema presentaría el vacío más absoluto. Después de este gran esfuerzo, las musas cubanas cayeron de nuevo en profundo silencio; acaso no fue así, acaso se escribió mucho y probablemente muy malo, pero nada he podido encontrar escrito desde 1608, fecha del poema, hasta mediados del siglo pasado."

En 1927, por primera vez, aparece completo Espejo en la Bibliografía cubana de los siglos XVII Y XVIII, de Carlos M. Trilles. Luego, en 1928, José Manuel Carbonell lo reproduce en el primer tomo de su Evolución de la cultura cubana. 1608-1927.

Al año siguiente la Academia de Historia publicó los cuadernos que se conservan de la Historia de la isla y catedral en Cuba, del obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, donde aparece Espejo... Francisco de Paula Coronado, quien hace el prólogo, se ocupa exclusivamente de la Historia y de su autor, limitándose a decir escuetamente que "Espejo de Paciencia es el primer monumento literario."

José María Chacón y Calvo en su conferencia Los orígenes de la poesía en Cuba (1913), dice que Espejo son unas "fatigosas octavas del poeta canario." En tanto, Marcelino Menéndez Pelayo en su Antología de poetas hispoamericanos, lo califica de "poemita".

La doctora Carolina Poncet, en su tesis El Romance en Cuba (1914), duda, entre líneas, del poema, e incluso de la Historia de Morell de Santa Cruz.

En el Estudio sobre el movimiento científico-literario de Cuba, Aurelio Mitjans, y en el prólogo del Parnaso cubano, Antonio López Prieto, ambos autores se hacen eco del enjuiciamiento inicial de Echeverría: los versos en que Balboa celebró esta hazaña valen poca cosa; pero curiosos por su antigüedad, han merecido ser cuidadosamente conservados.

Otro criterio es el de José Lezama Lima: "Comenzar una literatura con un título de tan milenario refinamiento como Espejo de Paciencia, nos sobresalta t acampa, nos maravilla y aguarda."

José Antonio Portuondo en su Bosquejo histórico de las letras cubanas, simplemente señala que "La producción literaria más antigua que se conserva en Cuba -el poema en octavas Espejo de Paciencia (1608), del canario Silvestre de Balboa- es una animada pintura de la sociedad insular, sociedad de contrabandistas y de "rescatadores" en constante tratos y refriegas con los piratas, como consecuencia de la política monopolista de la corona española."

En su Estudio Crítico (1942) Felipe Pichardo Moya es el único que se ha planteado la duda, al decir:
"El poema de Balboa es el poema insular -¿nacional?-, de este momento. Está en él toda la preocupación cubana de entonces: los rescates, los ataques de los corsarios, la fidelidad al trono lejano."

Analiza la importancia histórica de Espejo como reflejo de los problemas económicos, las preocupaciones de quienes viven en la Isla; de una sociedad que va poniendo ya los primeros ingredientes para el "ajiaco cubano": blanco europeo, negro africano e indio aborigen.
Sin embargo, no pudo ver la canaridad de Espejo , expresada desde múltiples ángulos.

Canarias en espejo

A juicio de Pichardo "en Silvestre de Balboa la influencia italiana se recibe al través del poeta español Luis Barahona de Soto, autor de Las lágrimas de Angélica", pero bien pudo ser directamente de Italia, pues por la posición de las Islas Canarias a ellas afluían o por ellas transitaban hombres cultos y menos cultos de Italia, Portugal, España y el resto de Europa.

Debe recordarse que la colonización de Canarias fue un proceso duro y lento que iniciaron los Reyes de Castilla en 1401 y concluyeron los Reyes Católicos en 1496; que desde la Gomera y Gran Canaria comienza la migración legal hacia Cuba en la segunda mitad del siglo XVI, y que es precisamente en esta etapa que llega Silvestre de Balboa (¿1590-1600?) a tierras cubanas.

Se ha dicho que el lenguaje que emplea Balboa es "más moderno que el de otras producciones de su época", que es "más cercano a nosotros"; es el español que se hablaba en Canarias, del que aún quedan rasgos en el léxico, es el lenguaje que se hablaba n Bayamo "la ciudad levítica", y en Puerto Príncipe, que sería sede de la Audiencia Real.
La cultura canaria ha atravesado por dificultades desde la colonización, y luego como reflejo de lo sucedido en España.

Un rasgo característico de la cultura canaria, ya sea oral o escrita, es el uso de aforismos, refranes y dichos. Se pueden ver en obras antiguas y modernas. Espejo de Paciencia es un fiel reflejo de esa tradición, que quizá le legaron españoles, portugueses, árabes e italianos; expresiones de la sabiduría popular.

En un inventario de ellos en esta obra, se encuentran:

-( ) el gran Señor que todo lo dispensa
Y a todos con su gloria nos convida,
Si disimula como padre amigo,
Como severo juez nos da el castigo.
-( ) no teme presente ni futuro
El que con su quietud vive seguro.

-Quedaron tan mortales y tan fríos
Cual si fueran de mármol o de canto,

-( ) un obstinado corazón sin freno
Pocas veces se inclina a lo que es bueno.

-( ) el verdadero amor se ve en las obras.

-( ) el miedo a morir y dar cuenta
Hace mudar al hombre los instintos,
Y mejora la vida y pensamiento.

-( ) el hombre noble y de alta cortesía
Aún de quien no conoce se confía.

-( ) el dar allana inconvenientes
Y ablanda a todo género de gente.

-( ) el ruin jamás de nadie hace confianza
-( ) no hay mayor dolor para un discreto
Como deber a ruines sin respeto.

-( ) la resolución no admite excusa.
-Porque según se dice comúnmente
Si se pierde una vez se cobra tarde;
Y es muy de cuerdo y de la edad madura
No perder ocasión ni coyuntura.
-( ) un bien morir cualquier afrenta dora
- -( ) el corazón, prenda preciada,
Todas las veces o las más acierta,

-( ) la imaginación, aún en discretos,
Suele a veces causar varios efectos
-( ) la necesidad todo lo iguala.

-( ) con la vida al fin todo se alcanza.
-( ) quien en un trabajo está metido
Tienta para salir todos los vados:
-( ) las más veces vemos que un pecado
Al hombre trae a lo que nunca piensa.
-( ) el miedo sólo para huir da brío.
-( ) el (la) alegría tras de suerte amarga
Suele ser habladora y manilarga.
-Como suele después de la tormenta
Venir con alegría la bonanza,
En Espejo Silvestre de Balboa no deja de decir que es canario o de rememorar su tierra. Veamos algunos fragmentos:
-Cual el pastor, después de anochecido,
Habiendo antes juntado su ganado,
Del dulce sueño queda sorprendido
Y da reposo al cuerpo fatigado,
Y llega el lobo con furor crecido,
Y hallando aquel aprisco descuidado
En él hace mortal carnicería
Sin que lo sienta hasta que llegue el día:
-O cual en la Canaria en apañadas
Acechan cabras ágiles cabreros,
Que en los riscos están y en las aguadas
Despuntando la grana en sus oteros;
Y estando así paciendo descuidadas
Dan de repente en ellas los monteros,
Y con el sobresalto que allí influyen,
Unas quedan paradas y otras huyen:
-De Canarias Palacios y Medina
Pasan armados de machete y dardo,
-Tienen nuestros isleños sus herrones.

Reconocimiento al canario

Los sonetistas criollos y canarios reconocen que Balboa se siente orgulloso de ser hijo de Canarias y le expresan su admiración por ello y por la obra que escribe.

El Alférez Cristóbal de la Coba Machiaco, Regidor de la villa de Puerto Príncipe le dice:
Tan alto vuelas, pájaro canario,
Que pierdes de vista ya tu vuelo,
Cual águila caudal que sube al cielo
Que buscar su remedio en su contrario

Y ceñirán tus sienes la corona
Del lauro bello sin razón cogido,
Que te ofrece tu madre Gran Canaria.
En tanto, el también Regidor, Juan Rodríguez de Sifuentes, le dedica un soneto completo a las Islas Canarias y a Balboa.

Soneto IV

Las siete fortunadas islas bellas
Donde Marte y Amor tienen su asiento,
Salen surcando el líquido elemento,
Acompañadas de dos mil estrellas:

Y de aquel ámbar-gris que en todas ellas
Cría el divino autor del firmamento,
Llega el suave olor que lleva el viento,
Por donde se conocen que son bellas.
Llegan a donde vive el que las loa;
Y como a hijo dulce y regalado
Le puso cada cual su laureola:

Y así quedó Silvestre de Balboa
De estas siete diademas coronado,
Todas ganadas por su virtud sola.
El canario Antonio Hernández El Viejo, en su soneto de dirige a Cuba, la ensalsa y le pide que:
Ceñiréis de Silvestre ambas sienes;
Pues con sus versos honra y engrandece
De nuestra amenidad la patria amada.
Sin duda alguna, Canarias esta presente de manera explícita e implícita en Espejo , su autor aunque hace un retrato de una época y un paisaje cubanos, no deja de ser canario.
Más, si a Silvestre de Balboa se le ha considerado un escritor canario (1) su obra ha de catalogarse por igual, canaria. 1.- Ensayo de una bibliografía de escritores naturales de las Islas Canarias, de Agustín Millares Carlo, publicado en 1932 por la Biblioteca Nacional de Madrid, España.

Fuentes