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Papa Alejandro III

Para otros usos de este término, véase Alejandro III (desambiguación).
Alejandro III
Información sobre la plantilla
Papa de la Iglesia católica
Alejandro III.jpg
PredecesorAdriano IV
SucesorLucio III
Información personal
Nombre secularOrlando Rainuce de Bandinelli
TítulosSumo Pontífice de la Iglesia Católica
Nacimiento1105
Siena
Fallecimiento3 de agosto de 1118
Civita Castellana

Alejandro III. Fue elegido Papa a la muerte de Adriano IV. Ocupó el solio pontificio de 1159 a 1181. Llevó a cabo una serie de reformas en el interior de la iglesia y fortaleció la autoridad apostólica.

Síntesis biográfica

Nació en 1105 en Siena. Se nombraba Orlando Rainuce de Bandinelli.

Canciller papal

En el año 1159, cuando Adriano IV murió, se produjo un cisma por los cinco papas, que reinaban al mismo tiempo: Alejandro III (1159-1181), Octaviano, Guido, Juan y Landonio; todos con diferentes nombres, a saber: Víctor IV, Pascual III, Calixto III, Inocencio III, cada uno de los cinco persiguiendo y excomulgando a los otros cuatro.

Nombrado canciller papal en 1153, fue elegido Papa a la muerte de Adriano IV, habiendo sido antes cardenal del título de San Marcos y canciller de Adriano IV. Luchó victoriosamente contra el emperador Federico I Barbarroja, que apoyó sucesivamente a tres antipapas.


Alejandro le obligó a firmar el Tratado de Venecia en 1177, por lo que fue saludado como defensor de la libertad italiana. También triunfó en su lucha contra Enrique II, rey de Inglaterra, a quien impuso penitencia por el asesinato de Santo Tomas Becket.

En marzo de 1179 convocó el Tercer Concilio de Letrán, hecho que fue reconocido por la iglesia como el undécimo Concilio Ecuménico que confirió el derecho de canonización exclusivamente al Papa y redactó leyes, que aún continúan en vigor, sobre la elección pontificia. Le sucedió Lucio III.


El tercer Concilio de Letrán surgió para remediar las consecuencias del conflicto y del prolongado cisma que había enfrentado durante decenios a Federico I Barbarroja con el Papado, Alejandro III reunió un nuevo Concilio ecuménico que ratificase solemnemente la paz establecida tras la derrota imperial en Legnano; en esto se parecía al primer Concilio de Letrán.

A la llamada del Sumo Pontífice, se reunieron un millar de padres, de los que habían venido de Italia de 300 a 400; también vinieron de Francia, Inglaterra, Escocia, Irlanda, del Sacro Imperio, de España, de Dalmacia y de los Estados cristianos de Oriente. Abierto el 5 marzo 1179, el Concilio tuvo tres sesiones, y su clausura tuvo lugar el 22, después de la promulgación de 27 cánones.

Cánones

Algunos cánones por elección del Papa para cortar de raíz las posibilidades de más cismas, el canon I preveía que en el futuro la elección pontificia había de ser hecha con la mayoría de dos tercios. Sólo el candidato que hubiera obtenido los dos tercios de los votos de los cardenales sería el elegido. El que aceptara su elección como Papa con un número menor de sufragios sería excomulgado, lo mismo que aquellos que le reconocieran. A imitación del primer Concilio de Letrán, todas las ordenaciones y todas las decisiones de los antipapas que había nombrado Federico, así como las de aquellos a quienes ellos habían dado algún cargo, fueron anuladas por el canon 2.


La disciplina eclesiástica fue el objeto de la mayor parte de los restantes cánones. El canon 3 fijó en 30 años la edad mínima para la consagración episcopal, y precisó que no podría darse un beneficio con cura de almas sino a partir de los 25 años.

Una serie de cánones limitó el séquito de los obispos y de los prelados en sus desplazamientos, así como los derechos de albergue que podían exigir de los curas; proscribió los abusos de la excomunión episcopal contra los clérigos inferiores, así como los de las apelaciones de los clérigos inferiores contra su obispo.


Tres cánones se referían al otorgamiento de los beneficios. El uno prohibía la promesa de un beneficio antes de la muerte de su titular; el otro, el cúmulo; el tercero prohibía aceptar un beneficio de manos de un laico. Del mismo modo, se repitieron los cánones contra la simonía, el nicolaísmo, el duelo y la usura. Por su alcance doctrinal, dos cánones merecen retener particularmente el interés de todos.

El canon 18 recordaba que debía ser consagrada una renta suficiente en cada iglesia catedral para el mantenimiento de un maestro de escuela, encargado de la instrucción de los clérigos y de los niños pobres. Esta medida se extendía a todas las iglesias y a todos los monasterios en donde había existido ya una escuela. De este modo, después del restablecimiento de la disciplina, el concilio se cuidaba de la formación intelectual de los clérigos. Por otra parte, los Padres se daban cuenta de los riesgos de las desviaciones doctrinales.

El canon 27 condenó por primera vez la herejía de los cátaros y decretó contra ellos la excomunión, la confiscación de sus bienes y la guerra santa (guerra que se hace por motivos religiosos). Pero estaba reservado al siguiente concilio el definir oficialmente la doctrina de la Iglesia contra el catarismo y el dar toda la amplitud que el desarrollo de la herejía necesitaba para su desaparición.

Muerte

Murió en Civita Castellano.

Fuente