Diferencia entre revisiones de «Esclavitud en Holguín»

(Conspiraciones abolicionistas del siglo XVIII)
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El [[14 de noviembre]] de [[1813]] se discutió el proyecto de leyes de buen gobierno de la ciudad, respondiendo a una circular de la diputación Provincial. En ese conjunto de leyes locales se defendió la esclavitud, solicitando que los dueños de siervos no se familiarizaran con ellos, se hicieran respetar, los trataran con gravedad y dulzura, sin someterlos a castigos severos.<ref>AHPH: Fondo Tenencia de Gobierno, Legajo 64 Acta del 14 de noviembre de 1813.</ref>
 
El [[14 de noviembre]] de [[1813]] se discutió el proyecto de leyes de buen gobierno de la ciudad, respondiendo a una circular de la diputación Provincial. En ese conjunto de leyes locales se defendió la esclavitud, solicitando que los dueños de siervos no se familiarizaran con ellos, se hicieran respetar, los trataran con gravedad y dulzura, sin someterlos a castigos severos.<ref>AHPH: Fondo Tenencia de Gobierno, Legajo 64 Acta del 14 de noviembre de 1813.</ref>
  
===Trabajo esclavo en la producción de azúcar===
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==Trabajo esclavo en la producción de azúcar==
 
Las estadísticas comparadas entre el censo de [[1817]] y el padrón de la ciudad de Holguín y sus alrededores de ese mismo año reflejan que el 31 % de los esclavos se encontraban en la zona citadina y el 18.5 en su Dehesa y las cercanías rurales. Vista desde una perspectiva social y clasista se llega a la conclusión de que es una sociedad de esclavitud patriarcal doméstica, con un uso de esclavitud en escenarios agrarios de bajo por ciento con respecto a las tierras ocupadas y donde se ubicaban la mayoría de los trapiches azucareros del momento, cuya tecnología era primitiva y poca la extensión de tierras sembradas de caña. No obstante, hacia el año [[1817]] la ocupación y colonización territorial de todo el espacio jurisdiccional avanzaba y con ello el uso de la fuerza de trabajo esclava, pues el 50.5 % de la misma se localizaba fuera de la ciudad y sus alrededores, empleada en los sitios de labor, vegas de tabaco y haciendas de cría.<ref>ANC: Fondo Misceláneas de Expedientes 4073 AI; Fondo gobierno Superior Civil, Legajo 168, número 7711, folio 63, 69, 82, 87.</ref>
 
Las estadísticas comparadas entre el censo de [[1817]] y el padrón de la ciudad de Holguín y sus alrededores de ese mismo año reflejan que el 31 % de los esclavos se encontraban en la zona citadina y el 18.5 en su Dehesa y las cercanías rurales. Vista desde una perspectiva social y clasista se llega a la conclusión de que es una sociedad de esclavitud patriarcal doméstica, con un uso de esclavitud en escenarios agrarios de bajo por ciento con respecto a las tierras ocupadas y donde se ubicaban la mayoría de los trapiches azucareros del momento, cuya tecnología era primitiva y poca la extensión de tierras sembradas de caña. No obstante, hacia el año [[1817]] la ocupación y colonización territorial de todo el espacio jurisdiccional avanzaba y con ello el uso de la fuerza de trabajo esclava, pues el 50.5 % de la misma se localizaba fuera de la ciudad y sus alrededores, empleada en los sitios de labor, vegas de tabaco y haciendas de cría.<ref>ANC: Fondo Misceláneas de Expedientes 4073 AI; Fondo gobierno Superior Civil, Legajo 168, número 7711, folio 63, 69, 82, 87.</ref>
  
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El bajo porcentaje de esclavos no fue producto a una disminución cuantitativa de este sector, sino al crecimiento acelerado de la población blanca, estimulada, entre otros factores, por la inmigración. No obstante, el grupo social esclavo tuvo un significativo progreso en el cuatrienio [[1857]]- [[1861]], al aumentar en 825 esclavos por año. Estas estadísticas duplican el ritmo de crecimiento de este mismo sector entre [[1846]] y [[1857]].<ref>En 1857 la población esclava totalizó 3 401, distribuidos 1 069 esclavos en áreas urbanas, con una media de 2,5 por propietario y en áreas rurales se concentraban 2 332 con una proporción media de 4,38 esclavos por propietario.</ref> La explicación está en el avance de la producción azucarera y su consiguiente explotación superior de tierra que necesitó de mano de obra esclava. La mayor presencia estuvo en los ingenios Santa Lucía, Santa María, Columbia, Victoria y Santo Tomás, todos ubicados en la comarca gibareña.  
 
El bajo porcentaje de esclavos no fue producto a una disminución cuantitativa de este sector, sino al crecimiento acelerado de la población blanca, estimulada, entre otros factores, por la inmigración. No obstante, el grupo social esclavo tuvo un significativo progreso en el cuatrienio [[1857]]- [[1861]], al aumentar en 825 esclavos por año. Estas estadísticas duplican el ritmo de crecimiento de este mismo sector entre [[1846]] y [[1857]].<ref>En 1857 la población esclava totalizó 3 401, distribuidos 1 069 esclavos en áreas urbanas, con una media de 2,5 por propietario y en áreas rurales se concentraban 2 332 con una proporción media de 4,38 esclavos por propietario.</ref> La explicación está en el avance de la producción azucarera y su consiguiente explotación superior de tierra que necesitó de mano de obra esclava. La mayor presencia estuvo en los ingenios Santa Lucía, Santa María, Columbia, Victoria y Santo Tomás, todos ubicados en la comarca gibareña.  
  
====Esclavitud en la industria azucarera gibareña====
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===Esclavitud en la industria azucarera gibareña===
 
En el transcurso de la década de [[1850]], la mayor parte de las unidades azucareras de la jurisdicción continuaron con molinos o trapiches similares a los de fines del [[siglo XVIII]], con una producción promedio entre 2 y 8 toneladas de azúcar.<ref>Archivo del Museo Provincial de Holguín La Periquera. Fondo García Castañeda. Expediente 108; Archivo Histórico del Museo Municipal de Gibara: Protocolos Notariales, década de 1850, escribano Carlos Aguilera; Archivo Histórico Provincial de Holguín: Fondo Protocolos Notariales, décadas de 1850, escribanos Antonio de Fuentes, Miguel de Aguilera, Pedro Rodríguez; Benjamín de Zayas, Antonio Villareal; Ibidem: Fondo Tenencia de Gobierno, Expediente 5521, legajo 146, Libro de Hipotecas 1855- 1958.</ref> A pesar de esta regularidad, en este período cinco ingenios de la comarca gibareña instalaron máquinas de vapor, ampliaron sus áreas de cultivo e incrementaron sus dotaciones de esclavos. Los de mayores avances fueron los ingenios La Victoria y La Caridad que, en [[1853]], tenían 90 y 88 esclavos respectivamente.<ref>Archivo Histórico Provincial Holguín. Fondo Tenencia de Gobierno, Resúmenes estadísticos por cuartones. 1853-1855; Archivo del Museo Provincial La Periquera, Fondo García Castañeda.</ref> Sin embargo, el ingenio que mayor transformación sufrió en sus estructuras agrarias y técnicas fue el Santa Lucía, de Rafael Lucas Sánchez.  
 
En el transcurso de la década de [[1850]], la mayor parte de las unidades azucareras de la jurisdicción continuaron con molinos o trapiches similares a los de fines del [[siglo XVIII]], con una producción promedio entre 2 y 8 toneladas de azúcar.<ref>Archivo del Museo Provincial de Holguín La Periquera. Fondo García Castañeda. Expediente 108; Archivo Histórico del Museo Municipal de Gibara: Protocolos Notariales, década de 1850, escribano Carlos Aguilera; Archivo Histórico Provincial de Holguín: Fondo Protocolos Notariales, décadas de 1850, escribanos Antonio de Fuentes, Miguel de Aguilera, Pedro Rodríguez; Benjamín de Zayas, Antonio Villareal; Ibidem: Fondo Tenencia de Gobierno, Expediente 5521, legajo 146, Libro de Hipotecas 1855- 1958.</ref> A pesar de esta regularidad, en este período cinco ingenios de la comarca gibareña instalaron máquinas de vapor, ampliaron sus áreas de cultivo e incrementaron sus dotaciones de esclavos. Los de mayores avances fueron los ingenios La Victoria y La Caridad que, en [[1853]], tenían 90 y 88 esclavos respectivamente.<ref>Archivo Histórico Provincial Holguín. Fondo Tenencia de Gobierno, Resúmenes estadísticos por cuartones. 1853-1855; Archivo del Museo Provincial La Periquera, Fondo García Castañeda.</ref> Sin embargo, el ingenio que mayor transformación sufrió en sus estructuras agrarias y técnicas fue el Santa Lucía, de Rafael Lucas Sánchez.  
  

Revisión del 15:21 18 may 2026

Esclavitud en Holguín
Información sobre la plantilla
Fecha:Siglo XVI al XIX
Lugar:Holguín
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba


Esclavitud en Holguín. El crecimiento poblacional de Holguín fue lento. Entre sus habitantes un reducido porciento vivía en condiciones de esclavitud patriarcal, fenómeno que se sustentó en el modelo esclavista de la plantación azucarera. Aunque esta región histórica no fue una gran productora de azúcar en el período que antecede a la Guerra de los Diez Años y por consiguiente tuvo una limitada explotación de mano de obra esclava en esa industria como lo muestran las estadísticas y los análisis demográficos. No obstante, hay evidencias de conspiraciones abolicionistas, del comercio de esclavos y el trabajo de estos en sitios o estancias de labor, vegas de tabaco; y en ingenios y trapiches, fundamentalmente en Gibara.

Sistema de esclavitud en Holguín

La región histórica de Holguín fue identificada en los primeros siglos coloniales como las “Tierras Altas de Maniabón”.[1] Entre la fundación del pueblo en 1720 y la jurisdicción en 1752, la población de la comarca creció de forma lenta y el 12.0 % de los habitantes vivían en condiciones de esclavitud patriarcal.[2] Existen limitados reportes de casos de cimarronaje como el del esclavo Diego, de 25 años, propiedad de Tiburcio Pérez de la Torre, sentenciado por cimarrón y ahorcado el 14 de agosto de 1736.[3]

La fundación de la jurisdicción en 1752 y su inicial estructura en Ciudad, ejido[4] y dehesa,[5] catalizó la tendencia al crecimiento demográfico.[6] Hasta el primer lustro de 1770[7] se concentró en la Ciudad y su ejido el 68.0 % de los habitantes, de ellos el 8.0 % en situación de esclavitud patriarcal.[8] Con respecto a este último sector social existe una comunicación del teniente gobernador José Antonio Silva Ramírez y Arellano, del 13 de noviembre de 1755, dirigida al gobernador oriental, donde le comunica de una goleta estacionada en la Bahía de Gibara con negros y le solicitaba:

“(…) me tenga presente porque necesito 6 hombres de hacha y machete y para que estos vecinos concurran a comprar los que pudieran”.[9]

También es de señalar los continuos pedidos del propio Cabildo, interesado en habilitar el puerto de Gibara para la introducción de de negros esclavos para los laboreos en las vegas de tabaco,[10] así como, utensilios para la Agricultura:

"Y sus Mercedes (o Regidores) en vista de todo acordaron que siendo justo el clamor del que representa, teniendo en cuenta el copioso número de habitantes y los pocos arbitrios para su subsistencia por la falta de negros bozales, se eleve el pedimento y esta providencia a su Señoría el Sr. Gobernador del Partido, para que encamine esta súplica hasta el Real Trono, rogándole brevedad por tratarse de asunto importante para esta Ciudad".[11]

Al desaparecer la Real Compañía de Comercio de La Habana en 1760, el negocio del tabaco pasó a manos de la recién fundada Factoría de Tabacos. Esta nombró a José Antonio Ochoa como su apoderado y factor de la jurisdicción, quien permaneció en ese puesto por casi medio siglo.[12] En ese año en un informe al Capitán General se reiteraron las potencialidades del cultivo del tabaco en el territorio. Se volvía a insistir sobre la necesidad de destinar 200 negros esclavos como fuerza de trabajo para el “(…) sufragio de sus crianzas y cultivos especialmente de tabaco.”[13] El pedido tuvo sus fundamentos más sólidos, quizás, en que solo se registraron laborando en las vegas 78 productores.[14]

Este documento hace cuestionar la tesis de que el tabaco desde sus orígenes se laboró con fuerza de trabajo libre, y aunque en Holguín fue laborado, en lo fundamental, por fuerza de trabajo blanca o libre de color, no deja de ser sugerente que ciertos grupos de poder político o económico pensaron en utilizar la fuerza de trabajo esclava en las vegas.

Dentro de la estructura agraria jurisdiccional se debe analizar la relacionada al cultivo y producción azucarera y el empleo de fuerza de trabajo esclava en dicha industria. La información que ofrecen los protocolos notariales entre los años 1747 y 1760 revela que los trapiches se movían con tracción animal o fuerza humana limitada a uno o dos negros esclavos.[15] Entre la década de 1770 y el primer lustro de 1780 en la jurisdicción se registraron 29 trapiches e ingenios, el número mayor en el ejido de la Ciudad. Algunos con más de veinte años de explotación y otros con más de diez,[16] en su mayoría muy rudimentarios. Se informa que sus “(…) dueños no tienen esclavos ni mulas ni con que moverlos (…)” [17]

En los protocolos notariales del último tercio del siglo XVIII[18] se confirma la regularidad de que los trapiches o ingenios estaban ubicados en las cercanías de la Ciudad, ya fuera en las zonas del ejido o la dehesa. Sin embargo, es escaza la información relacionada con alguna fuerza de trabajo esclava.[19] Ello hace inferir que esta se conformaba con los pocos trabajadores o peones de la hacienda, lo que no excluía algún negro esclavo, tal como se registra en los documentos contractuales de arrendamiento de trapiches donde estaba incluido algún esclavo.

Se está, posiblemente, frente a propietarios de la jurisdicción que poseían un trapiche como industria complementaria para satisfacer sus demandas de raspadura, mieles y alimentar el ganado. Los documentos notariales revelan la práctica contractual de arrendar alguna propiedad, como los trapiches o ingenios. Ese fue el caso del arrendamiento de un ingenio situado en el partido de Yayal, propiedad del matrimonio compuesto por Miguel Cardet y Ana María de la Cruz, a su yerno Juan Antonio Bertard. El arrendamiento era por el término de cinco años y el trapiche estaba tasado en 534 pesos y un real. Este ingenio contaba con:

“(…) casa de vivienda, con sus canoas y de mis anexos de cañaverales y platanales con dos caballos y una yunta de bueyes maestra un mulo con una yunta de novillas y un negro llamado jph Antonio (…)”[20]

Para finales del siglo XVIII la población jurisdiccional sobrepasó los ocho mil habitantes,[21] con un sostenido patrón de población blanca superior al 68.0 %,[22] mientras que la esclavitud alcanzó su punto máximo en ese siglo al contabilizar 1 138 (14.0 %) esclavos.[23] Este ligero aumento porcentual del número de los esclavos pudo estar relacionado con el autorizo de entrada libre de estos desde 1789; pero también, por los iniciales intentos de desarrollar la rama azucarera y su necesidad de fuerza de trabajo esclava, sin descartar su empleo en los laboreos de las vegas de tabaco.

Conspiraciones abolicionistas del siglo XVIII

En tanto, los aires abolicionistas llegaban a la jurisdicción con la conspiración del pardo libre Nicolás Morales. Este reclamaba la igualdad entre mulatos y blancos y la suspensión de las alcabalas y la entrega de tierras a los pobres. Todo evidencia que aunque no se tienen pruebas documentales de su conexión con los palenques, cimarrones y esclavos sublevados en El Cobre, la conspiración se extendió por Bayamo, Jiguaní, Santiago de Cuba y Holguín. Encontrándose en Holguín, el 14 de agosto de 1795, Nicolás Morales fue denunciado por el pardo libre Pedro Calunga, por lo que se vio impelido a huir con dirección a Bayamo, objetivo que al parecer no alcanzó a materializar pues fue apresado en el ingenio Yareyal, propiedad de Juan Álvarez. Trasladado a Bayamo se le aplicó la sentencia de morir ahorcado.[24]

Al concluir el siglo XVIII la región histórica de Holguín, como entidad política independiente, era una sociedad rural precapitalista, con una propiedad agraria determinada en su conjunto por la hacienda comunera, y una sistemática ocupación del espacio geográfico hacia el norte en busca de cercanía a la costa atlántica. En ella predominaban las actividades económicas agroganaderas, y el tabaco como la más importante actividad mercantil oficial y de contrabando. La fuerza de trabajo estaba constituida por campesinos blancos y complementada por esclavos, fundamentalmente congos, carabalíes y mandingas,[25] explotados de forma patriarcal.

Estadística y demografía de Holguín

Con la llegada del siglo XIX se inicia una centuria que se puede definir como decisiva en el proceso de formación económica - sociodemográfica y territorial de Holguín. El crecimiento poblacional que llegó en 1803 a los 10 317 habitantes[26] motivó la expansión colonizadora del territorio y su ubicación hacia escenarios alejados de la Ciudad.

Es curioso anotar que desde los inicios de la centuria decimonónica, en el marco de las celebraciones relacionadas con la Efemérides de los "Reyes Magos" o "Epifanía" se hacen menciones en las Actas del Cabildo a "permisos y concesiones" hechas a los esclavos durante esos días y a la magnanimidad de muchos amos, que aguardaban esta fecha para otorgarles la libertad a los esclavos de mejor comportamiento, vida cristiana o aquellos que por su ancianidad o padecer de defectos físicos no podían prestar servicios manuales.[27]

En la década de 1810 las estadísticas muestran cambios significativos en la tendencia racial, pues solo en un padrón del año 1803,[28] otro de 1813[29] y uno eclesiástico de ese mismo año,[30] mantienen la línea de certificar como mayoría a la población blanca con el 70.0 %, mientras que los libertos y esclavos no superaban en conjunto el 30.0 %; de ellos, un 13.0 % era del sector esclavo. Un padrón de 1817, aunque mantiene el porcentaje de población blanca cercano al 70.0 %, presentó un significativo cambio en la población “de color” pues la liberta registró un 13.0 % y la esclava ascendió al 19.0 %.[31]

Los desajustes más significativos con respecto a los diferentes grupos raciales, se revelan en la información contenida en un padrón de 1810,[32] en los guarismos recogidos por Humbolt ese mismo año,[33] en un padrón de 1811,[34] así como,un padrón[35] y el censo de 1817.[36] Todos estos instrumentos estadísticos muestran cifras elevadas de población libre de color y esclava. La población blanca, a inicios de la década de 1810, disminuye de forma brusca, por debajo del 50.0 % y en el censo de 1817 su representatividad regional fue de 22.0 %. Esta situación es contradictoria con respecto a la tendencia histórica que llevaba la jurisdicción y mantuvo hasta el inicio de la Guerra de los Diez Años.

Los referidos documentos reflejan que la población “de color”, ya fuera libre o esclava, tuvo un crecimiento exagerado. El censo de 1817 y un padrón de ese mismo año, la ubican con el 78.0 %, distribuido en 41.0 % de libertos y 37.0 % de esclavos. Es contradictorio este incremento del número de los esclavos sin una base económica que lo sustentara, en una región donde el intento de desarrollo azucarero en la comarca gibareña no se impulsa hasta después de la apertura del puerto Gibara. No obstante, se debe tener en cuenta cierto auge del negocio del tabaco y el uso en estas labores de determinadas cantidades de esclavos, así como, el posible arribo de inmigrantes negros y mulatos libres o esclavos, ahuyentados por la plantación occidental.

Las irregularidades con las estadísticas demográficas de la jurisdicción son una constante a la que se tiene que enfrentar el investigador histórico. Proceden de diferentes actores gubernamentales, religiosos, urbanos, rurales y presentan elementos paradójicos. La disminución brusca de la cantidad de habitantes blancos en estos padrones y el censo de 1817, para lo cual la historiografía no ha encontrado explicación, apunta hacia un error de la trascripción documental, sobre todo, si se compara con datos de años anteriores a 1810 y posteriores a 1827. En lo que sí coinciden los padrones consultados y el censo de 1817, es que la población radicada en los escenarios rurales era de aproximadamente el 75.0 % y, en casos extremos, como el propio censo, llegó al 80 %.[37] Esta se empleaba en la actividad económica agroganadera, y la gran mayoría, en sitios o estancias de labor y vegas de tabaco.

En este contexto de irregularidades estadísticas sobre la demografía regional de la segunda década del siglo XIX no debe dejarse de analizar que la situación política en España, desde 1808 estaba ocupada por los franceses, tuvo sus resonancias en la jurisdicción. El 27 de julio de ese año el cabildo local es informado oficialmente de los pormenores metropolitanos.[38] Sin embargo, no fue hasta el 4 de septiembre que se proclamó en la ciudad a Fernando VII, como rey legítimo. Tres años más tarde, en el segundo semestre de 1811 el ambiente abolicionista en la localidad era innegable. En las Cortes de Cádiz, el diputado mexicano José Miguel Guridi y Alcocer, propuso la abolición de la esclavitud y la trata negrera en los territorios del reino. El proyecto fue frustrado por los colonialistas. En oficio del capitán general de Cuba, José Someruelos al gobernador de Santiago de Cuba, 29 de octubre de 1811, le comunicaba:

”Me he enterado… de las diligencias que en testimonio acompaña practicadas por el Gobernador de Holguín para averiguar el origen que tuvo la voz esparcida allí de que los esclavos estaban declarados libres; y en contestación digo a V.S que me parece bien la que dio el mismo Teniente Gobernador sobre lo que escribió en el asunto, en razón de lo que debía practicarse por entonces o en adelante según las circunstancias”.[39]

Conspiraciones abolicionistas en el siglo XIX

La autoridad política local adoptó medidas represivas contra posibles conspiradores, al extremo que el 14 de febrero de 1812 la ciudad se veía inmersa en un ambiente cercano al terror y la histeria. En una carta del teniente a gobernador Ramón Armiñán al Gobernador:

(…) los procedimientos de las villas de Puerto Príncipe y Bayamo contra los negros de aquellas Jurisdicciones, ha sido un recuerdo, que ha consternado los ánimos de estos habitantes en términos que los gritos de un loco en el sermón … alarmó al pueblo con alguna confusión, que me costó trabajo serenar, llegando a tal grado la desconfianza que sin embargo de mis insinuaciones se me han echado papeles anónimos, suponiéndome indolente por la separación de la tropa(…)[40]

A raíz de una denuncia realizada por una esclava, el 11 de marzo de 1812, sobre una sublevación que estallaría entre el 14 y el 15 de ese mes, se inició un proceso de represión. El resultado fue que el líder de los proclives a sublevarse fue detenido y ahorcado el 3 de abril en la Plaza de Armas. A los otros cinco implicados se les decretó prisión, la que debían cumplir en San Agustín de la Florida. Con este proceso se produjo un éxodo de libertos según pudiera inferirse de la información reflejada en los padrones y censos epocales.

El 14 de noviembre de 1813 se discutió el proyecto de leyes de buen gobierno de la ciudad, respondiendo a una circular de la diputación Provincial. En ese conjunto de leyes locales se defendió la esclavitud, solicitando que los dueños de siervos no se familiarizaran con ellos, se hicieran respetar, los trataran con gravedad y dulzura, sin someterlos a castigos severos.[41]

Trabajo esclavo en la producción de azúcar

Las estadísticas comparadas entre el censo de 1817 y el padrón de la ciudad de Holguín y sus alrededores de ese mismo año reflejan que el 31 % de los esclavos se encontraban en la zona citadina y el 18.5 en su Dehesa y las cercanías rurales. Vista desde una perspectiva social y clasista se llega a la conclusión de que es una sociedad de esclavitud patriarcal doméstica, con un uso de esclavitud en escenarios agrarios de bajo por ciento con respecto a las tierras ocupadas y donde se ubicaban la mayoría de los trapiches azucareros del momento, cuya tecnología era primitiva y poca la extensión de tierras sembradas de caña. No obstante, hacia el año 1817 la ocupación y colonización territorial de todo el espacio jurisdiccional avanzaba y con ello el uso de la fuerza de trabajo esclava, pues el 50.5 % de la misma se localizaba fuera de la ciudad y sus alrededores, empleada en los sitios de labor, vegas de tabaco y haciendas de cría.[42]

Entre 1815 y 1821, los documentos recogen algunas ventas de ingenios, trapiches o declaraciones de ventas de propiedades que contenían este tipo de manufactura.[43] Todas se ubicaban en zonas del ejido como Yayal y Yareyal o en los terrenos del norteño partido de Auras. Se deduce por la información de las actas de venta, que eran trapiches con determinado grado de especialización pues se declaraba que poseían casa de purga, pailas; en algunos casos de cobre o hierro,[44] cañaverales, peones, esclavos y alambiques.[45]

Entre los vendedores de trapiches se localizó el acta de venta del 16 de febrero de 1819, que implicó al presbítero José Grabiel González quien vendió a [46]Don Claudio Reynaldo, de nacionalidad francesa

“(…) un ingenio trapiche de fabricar azúcar que tiene en el partido de Yayal en tierras de Propio, (...) Le ha de dejar 2 negros, uno nombrado Salvador, maestro de azúcar en 400$ y otro en 300$ (…)”[47]

Con el movimiento constitucional español del denominado trienio liberal, la jurisdicción vio renacer el ideario abolicionista. El 7 de febrero de 1822 se le atribuyó a un grupo de artesanos negros y mulatos la organización de una conspiración antiesclavista, quizás relacionados con otras partes de la Isla como Santiago de Cuba y Santi Spíritus. En la acusación formulada a los conspiradores holguineros el historiador Jorge Ibarra Cuesta alerta que fuera muy posible que determinadas demandas de los negros y mulatos de la localidad con respecto a la discriminación se asumieran por los elementos extremistas y conservadores como exigencias independentistas.[48]

La entrada de inmigrantes extranjeros católicos de origen no hispánico a la jurisdicción, amparados en la Real Cédula del 21 de octubre de 1817,[49] debió ser una de las razones por las que la Iglesia Católica realizó en los cuatro curatos y la Ciudad dos padrones entre 1820 y 1822.[50] Sus guarismos se corresponden con la tendencia histórica demográfica de la región anterior a 1810 al presentar una mayoría de población blanca superior al 70.0 % y que, después de 1818, se había visto favorecida por la legislación que permitía a extranjeros blancos gozar de los mismos derechos de los españoles y sobre todo adquirir tierras. Por su parte, la población libre “de color” no sobrepasó el 13.0 % y la esclava el 15.0 %. Situación coincidente con un momento de la historia nacional en que los hacendados, por lo regular, no ofrecían cifras exactas de sus esclavos para evadir una parte de la carga impositiva y las presiones abolicionistas de Inglaterra.

Entre el año 1827, cuando se realizó el censo[51] “(…) más ordenado y amplio que hasta ese entonces se formase en la isla”[52] y el censo de 1846, se mantuvo el comportamiento demográfico de crecimiento moderado. Con predominio del sector blanco que ascendió al 75.0 %; la población de color, libre, sobre el 11.0 %; mientras que los esclavos alcanzaron el 17.0 % en 1841, para disminuir hasta el 13.6 % en 1846. Estaban concentrados, fundamentalmente, en la comarca gibareña donde estaban los ingenios de mayores dotaciones, administrados por anglo-norteamericanos y, en especial, el ingenio Santa Lucía, impulsado por la familia criolla de los Sánchez.

Al iniciar el año de 1840 se originó la primera Sociedad de elementos de color nombrada "La Cachaza", formada por negros esclavos y libertos, al objeto de celebrar pomposamente la Efemérides de los "Reyes Magos" o "Epifanía". Sus miembros organizaban comparsas, parrandas, "bembés" y coronaban con una hermosa joya de plata al "rey de los congos"; éste a su vez designaba a sus Duques, Condes, Reina y a toda su Corte, que mantenían esos rangos hasta transcurrido el día 8, en que retornaban al hogar de sus amos, contentos de haber disfrutado de aquella farsa. Un año más tarde surgió otra sociedad de color: "La Espuma", formado sólo por mulatos claros y levantada para organizar bailes, fiestas y diversiones lícitas de todos los géneros.

En el caso particular del censo del 1846[53] la jurisdicción reportó en la Ciudad o en poblaciones el 18 % de los habitantes y en los campos residía el 82.0 %. De ellos, el 8.0 % en los ingenios, el 11.0 % en las vegas y el 63.0 % en otros tipos de fincas, especialmente, sitios o estancias de labor. La jurisdicción, al igual que la Isla de Cuba, reportó una merma demográfica en el lustro 1841- 1846, incluyendo la población esclava que decreció en un 29.0 % con respecto al año de 1841.

Esta caída porcentual de la demografía esclava en la jurisdicción reafirma la tendencia predominante que se reflejó en el censo para toda la Isla. Ello indica que ese censo, posiblemente, también ocultó la población esclava de la región, la que debió ser superior. Era evidente el interés por esconder la cantidad real de esclavos de la mirada de los abolicionistas británicos. Estos realizaban regulares controles del cumplimiento de los acuerdos sobre la eliminación de la trata negrera ilícita y Holguín no era excepción. En 1842 se había dado un incidente con el inglés David Turnbull, quien fungía como Superintendente de africanos libertos. Este funcionario británico fue hasta Gibara para investigar la entrada clandestina de negros esclavos que habían sido incorporados a la dotación del ingenio La Caridad, propiedad del inglés Enrique Wood. Todo indica que estos eran negros libres, ciudadanos ingleses, raptados en las islas del Caribe y vendidos como esclavos en Gibara.[54]

El incremento demográfico que se produjo en la década de 1850 es el más alto de toda la historia colonial de Holguín anterior a 1868. El censo de 1861 confirma el aumento poblacional al contar 52 123 habitantes.[55] Esta cifra representa un ritmo de crecimiento anual desde 1846 de 1 424 individuos y la consolidación de una sociedad con predominio del grupo racial clasificado como blanco que alcanzó el 78.0 % frente al esclavo, el cual mostró el porcentaje más bajo en toda la historia de la jurisdicción hasta ese instante con el 8.0 %.

El bajo porcentaje de esclavos no fue producto a una disminución cuantitativa de este sector, sino al crecimiento acelerado de la población blanca, estimulada, entre otros factores, por la inmigración. No obstante, el grupo social esclavo tuvo un significativo progreso en el cuatrienio 1857- 1861, al aumentar en 825 esclavos por año. Estas estadísticas duplican el ritmo de crecimiento de este mismo sector entre 1846 y 1857.[56] La explicación está en el avance de la producción azucarera y su consiguiente explotación superior de tierra que necesitó de mano de obra esclava. La mayor presencia estuvo en los ingenios Santa Lucía, Santa María, Columbia, Victoria y Santo Tomás, todos ubicados en la comarca gibareña.

Esclavitud en la industria azucarera gibareña

En el transcurso de la década de 1850, la mayor parte de las unidades azucareras de la jurisdicción continuaron con molinos o trapiches similares a los de fines del siglo XVIII, con una producción promedio entre 2 y 8 toneladas de azúcar.[57] A pesar de esta regularidad, en este período cinco ingenios de la comarca gibareña instalaron máquinas de vapor, ampliaron sus áreas de cultivo e incrementaron sus dotaciones de esclavos. Los de mayores avances fueron los ingenios La Victoria y La Caridad que, en 1853, tenían 90 y 88 esclavos respectivamente.[58] Sin embargo, el ingenio que mayor transformación sufrió en sus estructuras agrarias y técnicas fue el Santa Lucía, de Rafael Lucas Sánchez.

El referido Rafael Lucas Sánchez se convirtió en el principal terrateniente azucarero de la región y uno de los hombres más ricos de Holguín. Sus propiedades se habían extendido por parte de la comarca gibareña, en especial, en las haciendas comuneras de Fray Benito y Bariay, donde adquirió 2 083 caballerías en varias fincas, sitios de labor y haciendas de cría;[59] por la cantidad de 8 508 pesos.[60] La tierra en su poder la tenía distribuida de la siguiente manera: 24 dedicadas al cultivo de la caña, 22 para pastos, 539 en terrenos infecundos y 1 498 ocupadas por bosques. De estos obtenía la leña que servía de alimentación a los hornos del ingenio.

La fuerza de trabajo que empleaba Rafael Lucas Sánchez estaba compuesta por 82 trabajadores blancos en régimen de trabajo asalariado. Estos se dedicaban, en lo fundamental, a cultivar los sitios de labor, cuidar el ganado, labores de seguridad y vigilancia sobre la fuerza de trabajo esclava, etcétera; en tanto, la dotación del ingenio era de 284 esclavos[61] y ocho operarios blancos asalariados. En los documentos consultados no se menciona nada que relacione al ingenio y su dotación en este período, con el régimen carcelario de los barracones.[62]

En 1856, el ingenio Santa Lucía, ubicado en el partido de Fray Benito, absorbía el 50.0 % de las caballerías cultivadas de caña de todo el partido.[63] En ese territorio estaban enclavados 12 ingenios y trapiches. Ello hace inferir que para la fecha, Rafael Lucas Sánchez, continuaba con el proceso de expansión geófaga, pues en 1859 compró el ingenio La Caridad,[64] el cual tenía máquina de vapor. El ingenio Santa Lucía llegó a producir en ese año 1 261. 25 toneladas de azúcar mascabado y 18.5 toneladas de raspadura.[65] Es decir, una producción similar al total del azúcar que produjo la región en 1846; incluso, llegó a producir aproximadamente el 59.7 % del azúcar que se fabricó en la jurisdicción entre 1857 y 1858.[66] Ello refleja el significado de este ingenio dentro de la economía azucarera regional, en un contexto donde se reportaron en funcionamiento 79 ingenios y trapiches.

Estos resultados productivos revelan que el citado terrateniente, estaba enfocado en convertir el ingenio Santa Lucía una empresa con alta productividad, eficiencia y rentabilidad financiera. Es así que se lanzó a modernizar la fábrica, tal y como lo evidencian las escrituras notariales de 1858. Instaló una máquina de vapor, construyó la casa caldera, la casa purga, barracones, alambiques, enfermería, almacenes para el azúcar, hornos de cal y los molinos de masas horizontales con un rendimiento superior en la extracción del jugo. De igual manera, incrementó el número de caballerías sembradas de caña, preparó potreros para la ceba de 200 toros y elevó su dotación hasta 291 para llegar a ser el ingenio con mayor número de esclavos en la región.[67]

La cifra elevada de esclavos en este ingenio se justificó porque al instalarse la máquina de vapor, conllevó a un aumento de la capacidad productiva y, por ende, a la necesidad de ampliar el área de cultivo de la caña. Todo esto en un contexto donde los propietarios de las industrias azucareras de mayor desarrollo tecnológico y con mayor concentración de propiedades agrarias, afectadas por la crisis económica de 1857, los costos productivos y los obstáculos para obtener mano de obra esclava, comenzaban, de forma paulatina, un proceso de desmanufacturización y reorganización de la división social del trabajo en el complejo económico social del azúcar.

En los años previos al estallido independentista de la Guerra de los Diez Años, la economía azucarera tenía en funcionamiento 72 trapiches e ingenios con diferentes grados de desarrollo agrotécnico. Esto significaba el 2.0 % de las fincas rústicas, con dominio sobre el 5.0 % de las tierras y el empleo de una fuerza de trabajo de 1 158 esclavos, que representaban el 57.0 % de todos los siervos rurales de la Jurisdicción.[68]

En la comarca gibareña estaba concentrado el 23. 6 % de los ingenios de la jurisdicción, con el 42. 6 % de las tierras cultivadas de caña. Tenía seis de las ocho fábricas con máquina de vapor instalada[69] y encabezaba el proceso productivo de azúcar en la región. En los partidos de esta comarca se localizaba el 67.4 % de los esclavos que se empleaban en la economía azucarera. Las dotaciones, fundamentalmente, en los ingenios La Victoria, Santa María, La Caridad y Santa Lucía tenían un régimen de trabajo intenso, similar al existente en las plantaciones tradicionales, e incluso, en los ingenios Santa María y La Victoria vivían en barracones.

El terrateniente Rafael Lucas Sánchez en sus dos ingenios, La Caridad y el Santa Lucía, poseía el 21.0 % de las caballerías cultivadas de caña de la jurisdicción y el 50.0 % de la comarca gibareña. Su propiedad contemplaba el 36.0 % de los esclavos de la región y el 54.0 % de los partidos de Gibara y Fray Benito. Los que, si bien tenían un régimen de trabajo extenuante en las faenas agrícolas, no eran encerrados en barracones. Se sabe que Lucas Sánchez comenzó a invertir en 1858 para construirlos, pero todo indica, según la tradición oral, que no los hizo. Los esclavos vivían con sus familias en bohíos cercanos al batey, en una concepción semejante a los del sur de los Estados Unidos o el período preplantacionista en Cuba.

En 1860 se había construido el ingenio San Manuel, en las cercanías de Puerto Padre. A pesar de no tener una alta productividad azucarera, en 1866, sus propietarios José Pla y el habanero Agustín Franganillo, habían adquirido una considerable cantidad de tierras, de ellas 7 en cultivo; además, poseían la cuarta dotación de esclavos más grande de la región con 89 siervos. Todo indica que Franganillo, junto al habanero Justo San Miguel, se dedicaban al tráfico de negros bozales y el ingenio no era su principal negocio. Lo usaba para lavar el dinero que obtenía de su contrabando humano; al extremo que llegó a socializar la idea, que no materializó, de montar otro ingenio en la hacienda Santa Bárbara, donde emplearía 200 familias canarias.[70]

El estallido independista del 10 de octubre de 1868 encontrará una región con más de 54 mil habitantes,[71] de ellos el 79.0 % clasificado en el grupo de los blancos. El 14.0 % de la población mulata y negra estaba en condiciones de libertad, mientras que el sector esclavo había descendido en 1.0 % con respecto a 1861.[72] En general, era una sociedad terrateniente donde la mayor parte de la tierra estaba en manos de 16 grandes propietarios agropecuarios[73] que controlaban el 68.0 % de toda la tierra jurisdiccional. No obstante, predominaba el sector de los pequeños propietarios relacionados con las estructuras de sitios o estancias de labor, vegas de tabaco, muchas de cuyas propiedades estaban sometidas a situación de hipoteca.[74] En este medio es dominante la esclavitud patriarcal, con la excepción significativa del intento de desarrollo azucarero en la comarca gibareña la cual en el año de inicio de la guerra estaba en declive.

Conspiraciones abolicionistas en el siglo XIX

La autoridad política local adoptó medidas represivas contra posibles conspiradores, al extremo que el 14 de febrero de 1812 la ciudad se veía inmersa en un ambiente cercano al terror y la histeria. En una carta del teniente a gobernador Ramón Armiñán al Gobernador:

(…) los procedimientos de las villas de Puerto Príncipe y Bayamo contra los negros de aquellas Jurisdicciones, ha sido un recuerdo, que ha consternado los ánimos de estos habitantes en términos que los gritos de un loco en el sermón … alarmó al pueblo con alguna confusión, que me costó trabajo serenar, llegando a tal grado la desconfianza que sin embargo de mis insinuaciones se me han echado papeles anónimos, suponiéndome indolente por la separación de la tropa(…)[75]

A raíz de una denuncia realizada por una esclava, el 11 de marzo de 1812, sobre una sublevación que estallaría entre el 14 y el 15 de ese mes, se inició un proceso de represión. El resultado fue que el líder de los proclives a sublevarse fue detenido y ahorcado el 3 de abril en la Plaza de Armas. A los otros cinco implicados se les decretó prisión, la que debían cumplir en San Agustín de la Florida. Con este proceso se produjo un éxodo de libertos según pudiera inferirse de la información reflejada en los padrones y censos epocales.

El 14 de noviembre de 1813 se discutió el proyecto de leyes de buen gobierno de la ciudad, respondiendo a una circular de la diputación Provincial. En ese conjunto de leyes locales se defendió la esclavitud, solicitando que los dueños de siervos no se familiarizaran con ellos, se hicieran respetar, los trataran con gravedad y dulzura, sin someterlos a castigos severos.[76]

Trabajo esclavo en la producción de azúcar

Las estadísticas comparadas entre el censo de 1817 y el padrón de la ciudad de Holguín y sus alrededores de ese mismo año reflejan que el 31 % de los esclavos se encontraban en la zona citadina y el 18.5 en su Dehesa y las cercanías rurales. Vista desde una perspectiva social y clasista se llega a la conclusión de que es una sociedad de esclavitud patriarcal doméstica, con un uso de esclavitud en escenarios agrarios de bajo por ciento con respecto a las tierras ocupadas y donde se ubicaban la mayoría de los trapiches azucareros del momento, cuya tecnología era primitiva y poca la extensión de tierras sembradas de caña. No obstante, hacia el año 1817 la ocupación y colonización territorial de todo el espacio jurisdiccional avanzaba y con ello el uso de la fuerza de trabajo esclava, pues el 50.5 % de la misma se localizaba fuera de la ciudad y sus alrededores, empleada en los sitios de labor, vegas de tabaco y haciendas de cría.[77]

Entre 1815 y 1821, los documentos recogen algunas ventas de ingenios, trapiches o declaraciones de ventas de propiedades que contenían este tipo de manufactura.[78] Todas se ubicaban en zonas del ejido como Yayal y Yareyal o en los terrenos del norteño partido de Auras. Se deduce por la información de las actas de venta, que eran trapiches con determinado grado de especialización pues se declaraba que poseían casa de purga, pailas; en algunos casos de cobre o hierro,[79] cañaverales, peones, esclavos y alambiques.[80]

Entre los vendedores de trapiches se localizó el acta de venta del 16 de febrero de 1819, que implicó al presbítero José Grabiel González quien vendió a [81]Don Claudio Reynaldo, de nacionalidad francesa

“(…) un ingenio trapiche de fabricar azúcar que tiene en el partido de Yayal en tierras de Propio, (...) Le ha de dejar 2 negros, uno nombrado Salvador, maestro de azúcar en 400$ y otro en 300$ (…)”[82]

Con el movimiento constitucional español del denominado trienio liberal, la jurisdicción vio renacer el ideario abolicionista. El 7 de febrero de 1822 se le atribuyó a un grupo de artesanos negros y mulatos la organización de una conspiración antiesclavista, quizás relacionados con otras partes de la Isla como Santiago de Cuba y Santi Spíritus. En la acusación formulada a los conspiradores holguineros el historiador Jorge Ibarra Cuesta alerta que fuera muy posible que determinadas demandas de los negros y mulatos de la localidad con respecto a la discriminación se asumieran por los elementos extremistas y conservadores como exigencias independentistas.[83]

La entrada de inmigrantes extranjeros católicos de origen no hispánico a la jurisdicción, amparados en la Real Cédula del 21 de octubre de 1817,[84] debió ser una de las razones por las que la Iglesia Católica realizó en los cuatro curatos y la Ciudad dos padrones entre 1820 y 1822.[85] Sus guarismos se corresponden con la tendencia histórica demográfica de la región anterior a 1810 al presentar una mayoría de población blanca superior al 70.0 % y que, después de 1818, se había visto favorecida por la legislación que permitía a extranjeros blancos gozar de los mismos derechos de los españoles y sobre todo adquirir tierras. Por su parte, la población libre “de color” no sobrepasó el 13.0 % y la esclava el 15.0 %. Situación coincidente con un momento de la historia nacional en que los hacendados, por lo regular, no ofrecían cifras exactas de sus esclavos para evadir una parte de la carga impositiva y las presiones abolicionistas de Inglaterra.

Entre el año 1827, cuando se realizó el censo[86] “(…) más ordenado y amplio que hasta ese entonces se formase en la isla”[87] y el censo de 1846, se mantuvo el comportamiento demográfico de crecimiento moderado. Con predominio del sector blanco que ascendió al 75.0 %; la población de color, libre, sobre el 11.0 %; mientras que los esclavos alcanzaron el 17.0 % en 1841, para disminuir hasta el 13.6 % en 1846. Estaban concentrados, fundamentalmente, en la comarca gibareña donde estaban los ingenios de mayores dotaciones, administrados por anglo-norteamericanos y, en especial, el ingenio Santa Lucía, impulsado por la familia criolla de los Sánchez.

Al iniciar el año de 1840 se originó la primera Sociedad de elementos de color nombrada "La Cachaza", formada por negros esclavos y libertos, al objeto de celebrar pomposamente la Efemérides de los "Reyes Magos" o "Epifanía". Sus miembros organizaban comparsas, parrandas, "bembés" y coronaban con una hermosa joya de plata al "rey de los congos"; éste a su vez designaba a sus Duques, Condes, Reina y a toda su Corte, que mantenían esos rangos hasta transcurrido el día 8, en que retornaban al hogar de sus amos, contentos de haber disfrutado de aquella farsa. Un año más tarde surgió otra sociedad de color: "La Espuma", formado sólo por mulatos claros y levantada para organizar bailes, fiestas y diversiones lícitas de todos los géneros.

En el caso particular del censo del 1846[88] la jurisdicción reportó en la Ciudad o en poblaciones el 18 % de los habitantes y en los campos residía el 82.0 %. De ellos, el 8.0 % en los ingenios, el 11.0 % en las vegas y el 63.0 % en otros tipos de fincas, especialmente, sitios o estancias de labor. La jurisdicción, al igual que la Isla de Cuba, reportó una merma demográfica en el lustro 1841- 1846, incluyendo la población esclava que decreció en un 29.0 % con respecto al año de 1841.

Esta caída porcentual de la demografía esclava en la jurisdicción reafirma la tendencia predominante que se reflejó en el censo para toda la Isla. Ello indica que ese censo, posiblemente, también ocultó la población esclava de la región, la que debió ser superior. Era evidente el interés por esconder la cantidad real de esclavos de la mirada de los abolicionistas británicos. Estos realizaban regulares controles del cumplimiento de los acuerdos sobre la eliminación de la trata negrera ilícita y Holguín no era excepción. En 1842 se había dado un incidente con el inglés David Turnbull, quien fungía como Superintendente de africanos libertos. Este funcionario británico fue hasta Gibara para investigar la entrada clandestina de negros esclavos que habían sido incorporados a la dotación del ingenio La Caridad, propiedad del inglés Enrique Wood. Todo indica que estos eran negros libres, ciudadanos ingleses, raptados en las islas del Caribe y vendidos como esclavos en Gibara.[89]

El incremento demográfico que se produjo en la década de 1850 es el más alto de toda la historia colonial de Holguín anterior a 1868. El censo de 1861 confirma el aumento poblacional al contar 52 123 habitantes.[90] Esta cifra representa un ritmo de crecimiento anual desde 1846 de 1 424 individuos y la consolidación de una sociedad con predominio del grupo racial clasificado como blanco que alcanzó el 78.0 % frente al esclavo, el cual mostró el porcentaje más bajo en toda la historia de la jurisdicción hasta ese instante con el 8.0 %.

El bajo porcentaje de esclavos no fue producto a una disminución cuantitativa de este sector, sino al crecimiento acelerado de la población blanca, estimulada, entre otros factores, por la inmigración. No obstante, el grupo social esclavo tuvo un significativo progreso en el cuatrienio 1857- 1861, al aumentar en 825 esclavos por año. Estas estadísticas duplican el ritmo de crecimiento de este mismo sector entre 1846 y 1857.[91] La explicación está en el avance de la producción azucarera y su consiguiente explotación superior de tierra que necesitó de mano de obra esclava. La mayor presencia estuvo en los ingenios Santa Lucía, Santa María, Columbia, Victoria y Santo Tomás, todos ubicados en la comarca gibareña.

Esclavitud en la industria azucarera gibareña

En el transcurso de la década de 1850, la mayor parte de las unidades azucareras de la jurisdicción continuaron con molinos o trapiches similares a los de fines del siglo XVIII, con una producción promedio entre 2 y 8 toneladas de azúcar.[92] A pesar de esta regularidad, en este período cinco ingenios de la comarca gibareña instalaron máquinas de vapor, ampliaron sus áreas de cultivo e incrementaron sus dotaciones de esclavos. Los de mayores avances fueron los ingenios La Victoria y La Caridad que, en 1853, tenían 90 y 88 esclavos respectivamente.[93] Sin embargo, el ingenio que mayor transformación sufrió en sus estructuras agrarias y técnicas fue el Santa Lucía, de Rafael Lucas Sánchez.

El referido Rafael Lucas Sánchez se convirtió en el principal terrateniente azucarero de la región y uno de los hombres más ricos de Holguín. Sus propiedades se habían extendido por parte de la comarca gibareña, en especial, en las haciendas comuneras de Fray Benito y Bariay, donde adquirió 2 083 caballerías en varias fincas, sitios de labor y haciendas de cría;[94] por la cantidad de 8 508 pesos.[95] La tierra en su poder la tenía distribuida de la siguiente manera: 24 dedicadas al cultivo de la caña, 22 para pastos, 539 en terrenos infecundos y 1 498 ocupadas por bosques. De estos obtenía la leña que servía de alimentación a los hornos del ingenio.

La fuerza de trabajo que empleaba Rafael Lucas Sánchez estaba compuesta por 82 trabajadores blancos en régimen de trabajo asalariado. Estos se dedicaban, en lo fundamental, a cultivar los sitios de labor, cuidar el ganado, labores de seguridad y vigilancia sobre la fuerza de trabajo esclava, etcétera; en tanto, la dotación del ingenio era de 284 esclavos[96] y ocho operarios blancos asalariados. En los documentos consultados no se menciona nada que relacione al ingenio y su dotación en este período, con el régimen carcelario de los barracones.[97]

En 1856, el ingenio Santa Lucía, ubicado en el partido de Fray Benito, absorbía el 50.0 % de las caballerías cultivadas de caña de todo el partido.[98] En ese territorio estaban enclavados 12 ingenios y trapiches. Ello hace inferir que para la fecha, Rafael Lucas Sánchez, continuaba con el proceso de expansión geófaga, pues en 1859 compró el ingenio La Caridad,[99] el cual tenía máquina de vapor. El ingenio Santa Lucía llegó a producir en ese año 1 261. 25 toneladas de azúcar mascabado y 18.5 toneladas de raspadura.[100] Es decir, una producción similar al total del azúcar que produjo la región en 1846; incluso, llegó a producir aproximadamente el 59.7 % del azúcar que se fabricó en la jurisdicción entre 1857 y 1858.[101] Ello refleja el significado de este ingenio dentro de la economía azucarera regional, en un contexto donde se reportaron en funcionamiento 79 ingenios y trapiches.

Estos resultados productivos revelan que el citado terrateniente, estaba enfocado en convertir el ingenio Santa Lucía una empresa con alta productividad, eficiencia y rentabilidad financiera. Es así que se lanzó a modernizar la fábrica, tal y como lo evidencian las escrituras notariales de 1858. Instaló una máquina de vapor, construyó la casa caldera, la casa purga, barracones, alambiques, enfermería, almacenes para el azúcar, hornos de cal y los molinos de masas horizontales con un rendimiento superior en la extracción del jugo. De igual manera, incrementó el número de caballerías sembradas de caña, preparó potreros para la ceba de 200 toros y elevó su dotación hasta 291 para llegar a ser el ingenio con mayor número de esclavos en la región.[102]

La cifra elevada de esclavos en este ingenio se justificó porque al instalarse la máquina de vapor, conllevó a un aumento de la capacidad productiva y, por ende, a la necesidad de ampliar el área de cultivo de la caña. Todo esto en un contexto donde los propietarios de las industrias azucareras de mayor desarrollo tecnológico y con mayor concentración de propiedades agrarias, afectadas por la crisis económica de 1857, los costos productivos y los obstáculos para obtener mano de obra esclava, comenzaban, de forma paulatina, un proceso de desmanufacturización y reorganización de la división social del trabajo en el complejo económico social del azúcar.

En los años previos al estallido independentista de la Guerra de los Diez Años, la economía azucarera tenía en funcionamiento 72 trapiches e ingenios con diferentes grados de desarrollo agrotécnico. Esto significaba el 2.0 % de las fincas rústicas, con dominio sobre el 5.0 % de las tierras y el empleo de una fuerza de trabajo de 1 158 esclavos, que representaban el 57.0 % de todos los siervos rurales de la Jurisdicción.[103]

En la comarca gibareña estaba concentrado el 23. 6 % de los ingenios de la jurisdicción, con el 42. 6 % de las tierras cultivadas de caña. Tenía seis de las ocho fábricas con máquina de vapor instalada[104] y encabezaba el proceso productivo de azúcar en la región. En los partidos de esta comarca se localizaba el 67.4 % de los esclavos que se empleaban en la economía azucarera. Las dotaciones, fundamentalmente, en los ingenios La Victoria, Santa María, La Caridad y Santa Lucía tenían un régimen de trabajo intenso, similar al existente en las plantaciones tradicionales, e incluso, en los ingenios Santa María y La Victoria vivían en barracones.

El terrateniente Rafael Lucas Sánchez en sus dos ingenios, La Caridad y el Santa Lucía, poseía el 21.0 % de las caballerías cultivadas de caña de la jurisdicción y el 50.0 % de la comarca gibareña. Su propiedad contemplaba el 36.0 % de los esclavos de la región y el 54.0 % de los partidos de Gibara y Fray Benito. Los que, si bien tenían un régimen de trabajo extenuante en las faenas agrícolas, no eran encerrados en barracones. Se sabe que Lucas Sánchez comenzó a invertir en 1858 para construirlos, pero todo indica, según la tradición oral, que no los hizo. Los esclavos vivían con sus familias en bohíos cercanos al batey, en una concepción semejante a los del sur de los Estados Unidos o el período preplantacionista en Cuba.

En 1860 se había construido el ingenio San Manuel, en las cercanías de Puerto Padre. A pesar de no tener una alta productividad azucarera, en 1866, sus propietarios José Pla y el habanero Agustín Franganillo, habían adquirido una considerable cantidad de tierras, de ellas 7 en cultivo; además, poseían la cuarta dotación de esclavos más grande de la región con 89 siervos. Todo indica que Franganillo, junto al habanero Justo San Miguel, se dedicaban al tráfico de negros bozales y el ingenio no era su principal negocio. Lo usaba para lavar el dinero que obtenía de su contrabando humano; al extremo que llegó a socializar la idea, que no materializó, de montar otro ingenio en la hacienda Santa Bárbara, donde emplearía 200 familias canarias.[105]

El estallido independista del 10 de octubre de 1868 encontrará una región con más de 54 mil habitantes,[106] de ellos el 79.0 % clasificado en el grupo de los blancos. El 14.0 % de la población mulata y negra estaba en condiciones de libertad, mientras que el sector esclavo había descendido en 1.0 % con respecto a 1861.[107] En general, era una sociedad terrateniente donde la mayor parte de la tierra estaba en manos de 16 grandes propietarios agropecuarios[108] que controlaban el 68.0 % de toda la tierra jurisdiccional. No obstante, predominaba el sector de los pequeños propietarios relacionados con las estructuras de sitios o estancias de labor, vegas de tabaco, muchas de cuyas propiedades estaban sometidas a situación de hipoteca.[109] En este medio es dominante la esclavitud patriarcal, con la excepción significativa del intento de desarrollo azucarero en la comarca gibareña la cual en el año de inicio de la guerra estaba en declive.

Referencias bibliográficas

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