Diferencia entre revisiones de «Huella francesa en Alquízar»
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Una de las prodigiosas consecuencias de la acción revolucionaria en Saint- Domingue fue aquel movimiento migratorio general que se desencadenó hacia algunos puntos del Caribe como la región Oriental de Cuba y posteriormente a la occidental, fueron parada forzosa para aquella emigración obligada que continuaría hacia otros territorios como la [[Louisiana]] o los puertos [[Atlánticos]] de la [[Confederación Americana]]. | Una de las prodigiosas consecuencias de la acción revolucionaria en Saint- Domingue fue aquel movimiento migratorio general que se desencadenó hacia algunos puntos del Caribe como la región Oriental de Cuba y posteriormente a la occidental, fueron parada forzosa para aquella emigración obligada que continuaría hacia otros territorios como la [[Louisiana]] o los puertos [[Atlánticos]] de la [[Confederación Americana]]. | ||
Primeramente, se desplazaron los colonos propietarios franceses o criollos, es atinado aclarar que algunos lograron sacar parte de su riqueza en esclavos o capital; con el avance de la presión revolucionaria más radical, la emigración fue integrada por artesanos y profesionales blancos y libres de color, también hubo [[esclavos]] que partieron a voluntad o forzados por sus amos. | Primeramente, se desplazaron los colonos propietarios franceses o criollos, es atinado aclarar que algunos lograron sacar parte de su riqueza en esclavos o capital; con el avance de la presión revolucionaria más radical, la emigración fue integrada por artesanos y profesionales blancos y libres de color, también hubo [[esclavos]] que partieron a voluntad o forzados por sus amos. | ||
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*Carpentier, Alejo: El reino de este mundo. 2da. ed. La Habana: Ed. Pueblo y Educación, 2012. p. 143. | *Carpentier, Alejo: El reino de este mundo. 2da. ed. La Habana: Ed. Pueblo y Educación, 2012. p. 143. | ||
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*Villaverde, Cirilo: Cecilia Valdés, t. 2. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1982. p. 284 | *Villaverde, Cirilo: Cecilia Valdés, t. 2. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1982. p. 284 | ||
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Revisión del 20:45 29 oct 2021
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Huella francesa en Alquízar. La huella francesa en Alquízar revela la presencia francesa en la localidad, su importancia y trascendencia hasta nuestros días.
La indagación y reconstrucción histórica de una parte importante de la historia local lo constituye el análisis sobre los nexos entre el proceso migracionista en el Caribe y la llegada de refugiados franceses a la región Occidental de Cuba, lo que constituyó en el proceso de transformación de los corrales en haciendas cafetaleras y por ende la influencia que este fenómeno ejerció en la región y particularmente en la localidad.
Se aborda la celebridad impresionante alcanzada por estos cafetales desde los más variados testimonios de viajeros criollos y extranjeros como: Sandalio de Noda,Villaverde y Abiel Abbot.
Antecedentes
El Caribe entero se conmocionó durante la última década del siglo XVIII. El historiador cubano José Luciano Franco escribió sobre estas circunstancias que comenzaron como una onda expansiva surgida en Saint-Dola tierra adentro continental. Se cuenta que en 1791, cerca de Morne Caimán, en Saint- Domingue reúne Boukman en una impresionante asamblea a los negros esclavos de la región y proclama la insurrección armada para librarse de la servidumbre.
Fue la sublevación de los esclavos de la colonia francesa de Saint-Domingue (Haití), la que provocó, desde el inicio la revolución en 1791; la inmigración de millares de colonos blancos y mulatos a Cuba. Los gobernadores coloniales, desde Don Luis de las Casas al marqués de Someruelos, acogieron a esos emigrados, les repartieron tierras en la región Oriental y les facilitaron recursos económicos para fomentar la producción cafetalera. Otros grupos vinieron a la región Occidental, donde lograron con la aplicación de las modernas técnicas de la época, aumentar y mejorar la producción; se trajeron millares de esclavos de África, a tal extremo, que en el dintel del siglo XIX los negros y mulatos, libres o esclavos igualaban o superaban a la población blanca criolla.
Una de las prodigiosas consecuencias de la acción revolucionaria en Saint- Domingue fue aquel movimiento migratorio general que se desencadenó hacia algunos puntos del Caribe como la región Oriental de Cuba y posteriormente a la occidental, fueron parada forzosa para aquella emigración obligada que continuaría hacia otros territorios como la Louisiana o los puertos Atlánticos de la Confederación Americana.
Primeramente, se desplazaron los colonos propietarios franceses o criollos, es atinado aclarar que algunos lograron sacar parte de su riqueza en esclavos o capital; con el avance de la presión revolucionaria más radical, la emigración fue integrada por artesanos y profesionales blancos y libres de color, también hubo esclavos que partieron a voluntad o forzados por sus amos.
En las novelas El reino de este mundo y El siglo de las luces, el narrador cubano Alejo Carpentier integra a sus argumentos la eclosión de intensa actividad revolucionaria y el movimiento migratorio por todo el Caribe.
El avance de las fuerzas negras revolucionarias, comandadas por Toussaint Louverture, sobre Santo Domingo desde 1795 también dio lugar a la emigración masiva de colonos de ese territorio viniendo la mayoría a residir a la Isla de Cuba.
Una vez transferida la Louisiana por decisión de la Francia Napoleónica a manos de Estados Unidos en 1803, repercute también en un importante movimiento migratorio esta vez hacia el Occidente de la Isla de Cuba; es precisamente en esta parte de la geografía cubana donde se encuentra localizada Alquízar.
Para las investigadoras María de los Ángeles Meriño y Aisnara Perera, al margen de las condiciones ideales, distinciones o aptitudes, fue precisamente en la llanura habanera donde comenzó el cultivo del café en nuestro país; el ciclo cafetalero significó la incorporación de todo el suroeste y sur de aquella región a la economía colonial. Zonas que no habían sido penetradas por el azúcar fueron penetradas por esclavos y en un corto período vieron surgir las primeras haciendas cafetaleras.
Alquízar está situada al suroeste de la antigua provincia La Habana, pertenece a la actual provincia Artemisa, ocupando parte de la llanura costera del oeste de Cuba. El suelo es bajo y cenagoso en la costa donde se encuentra la playa de Guanímar. Limita al norte con San Antonio de los Baños; al sur con el Golfo de Batabanó, al este con Güira de Melena y al oeste con Artemisa. Su superficie es de 205 km2.
En el dominio de los terrenos entraron como producto de las mercedes recibidas las siguientes personas: Hernán Rodríguez, el 11 de octubre de 1566, el corral de Guanímar; Sancho de Alquízar, el 26 de febrero de 1617, el corral de igual nombre; Francisco Martínez, 1 de junio de 1635, el corral de San Andrés; y finalmente a Doña María Cabeza de Vaca, el 23 de junio de 1662, el corral de Guaíbacoa.
Este municipio nació en lo que fueron las tierras dadas en 1616 al entonces gobernador de la Isla, Don Sancho de Alquízar fundada como Villa hacia 1879. Estas tierras hasta esa fecha pertenecieron primero a Santiago de las Vegas y posteriormente, a San Antonio de los Baños. Era una población cafetalera, agrícola y azucarera.
La emigración y su influencia
La riqueza primitiva de la región fue el café y la caña de azúcar, aunque ente las primeras actividades económicas que se desarrollaron estuvo los cortes de madera con destino a los astilleros de La Habana.
La presencia francesa en la localidad estuvo reflejada, esencialmente, en el fomento de cafetales en la zona de Guanímar en las postrimerías del siglo XVIII y durante la primera mitad de la siguiente centuria.
Las condiciones naturales, el precio de la tierra y el desmantelamiento de la foresta en el territorio fueron todos factores que estimularon el ingreso de caficultores franceses, pues como es sabido la emigración gala se produjo en diferentes oleadas, condicionadas sobre todo por causas de orden político.
La impetuosa plantación cafetalera daría sustitución a los cortes de madera en el territorio a la vez que transformaría los arcaicos corrales en haciendas más pequeñas.
Muchos viajeros dejaron en sus testimonios los más variados puntos de vista sobre la hacienda cafetalera en nuestro país. Cirilo Villaverde, en su obra Excursión a Vueltabajo, se refiere en los términos siguientes a la hacienda cafetalera: “no se fundaban entonces ahí granjas para la explotación agronómica, en el sentido más estricto de la palabra, sino verdaderos jardines para la recreación de sus sibaritas propietarios, mientras se mantuvo en alto el precio del café”…y refiriéndose a fisionomía de estas fincas nos comenta: “Contra el sistema legal de mensura observado en Cuba desde “ab invitio”, estaban divididas esas bellísimas fincas, todas con setos de limoneros enanos, con zarzas y más comúnmente con tapias de piedra seca, o cercas, primorosa y artísticamente construidas. Cubrianse estas de enredaderas o aguinaldos, especialmente de campanilla, las cuales abrían por pascua de navidad, daban un aspecto risueño a la campiña con sus níveas flores, mientras que con su exquisito y trascendente perfume embalsamaban el ambiente por millas y millas a la redonda”.
Por su parte el sabio vueltabajero Tranquilino Sandalio de Noda también nos dejó testimonio de cómo eran estos cafetales: “Nuestros cafetales son unas haciendas cercadas de limones podados, los cuales forman una muralla de espinas por cada lindero. Se ha tenido cuidado de destruir el monte, sin quedar otros árboles que los del café y uno u otro frutal”.
El café se encuentra sembrado sumamente apiñado en distancia de dos varas o menos de árbol a árbol, formando plantíos de 10 mil árboles, llamados cuadros. Cada cuadro se halla dividido de los otros por una calle de 8 a 10 varas de ancho. Es frecuente sembrar frutales por la orilla de estas calles y también por el centro de los cuadros, aunque en estos es más común sembrar plátanos a distancia de 4 hileras de cafetos, para que haya abundancia de vianda. También suelen sembrar en las calles yerba de guinea, mas la experiencia ha hecho ver lo perjudicial de esta práctica. Se tiene cuidado que nunca haya yerba de clase alguna entre el café, para cuyo fin se chapea o se desyerba cada pocos días. Los cafetos se cortan a la altura de vara y media o menos; esto se llama contener, también todos los años en marzo se les quitan muchas ramas que los agricultores califican en distintas clases con los nombres de cruses, patas de ganso, ladrones, ramas cruzadas, etc.
Según Charles Augustus, en una de sus descripciones refiriéndose al cultivo del café, lo hacía en los siguientes términos: “ahora se va aceptando que al café le beneficia la sombra y comienzan a plantarse árboles entre los cafetos, lo cual, en el futuro dará mayor atractivo a estos lugares; se ven ya con variedad de frutales y plátanos diseminados. Cuando florecen estos campos verde oscuro de cafetos, como por ensalmo se transforman, y agitados por la brisa, semejan trozos de mar primorosamente decorados de espumas. El panorama es de tan rara belleza que ni a la más fértil imaginación le sería fácil representársele.”
Sin dudas se trata de apreciaciones distintas por tres contemporáneos, dos de ellas marcada por un lenguaje artístico y poético y la otra más cientista, que va al detalle minucioso.
Varios de estos cafetales ostentaban en grandes letras a sus entradas bellos nombres de mujer que los dueños suelen ponerles en honor de familiares preferidos y en correspondencia con santas o vírgenes del santoral católico. Cercano a Alquízar se encontraban el Santa Ana, propiedad de Eduardo Finlay, padre del ilustre médico e investigador Carlos J. Finlay y Nuestra Señora de La Luz, más conocido como La Luz, inicialmente fomentado por la familia del sabio agrónomo Álvaro Reynoso y Valdés.
Muchos colonos franceses se establecieron en Alquízar fomentando el cultivo del café; el número de cafetales promovidos en nuestra localidad entre 1791 y 1840, según cálculos aproximados, se acerca a la centena; es válido aclarar que esta cifra no indica que todos fueron fomentados por franceses, pues en esta empresa participaron individuos de otras nacionalidades y criollos como es el caso del cafetal Frías, propiedad de Don Domingo Frías Conde de Pozos Dulces, pero siempre tomando las experiencias de los franceses.
Sin lugar a duda el fomento de cafetales en esta localidad constituyó un acontecimiento que marcó hito en la historia y la vida económica y sociocultural, pues reorientó el desarrollo económico de la zona hacia una economía de plantación que se insertaba en el mercado mundial dándole mayor significado a la región.
Es preciso reseñar que los años entre 1800 y 1835 fueron los de mayor explendor para emigrantes franceses en Cuba lo cual motivó a criollos y españoles de la Isla a interesarse por el café; de este modo se obtuvo el pico productivo más elevado en 1837. Este momento marca el arraigo a dicho cultivo en el país, a tal punto que con la crisis que arruinó a muchos pioneros, este cultivo y sus beneficios se mantuvieron. Puede observarse cómo entre 1840 y 1870 se encuentran los caficultores en la búsqueda de soluciones para el aumento de la eficiencia, cuestión en la que influyeron las sugerencias agroecológicas de Sandalio de Noda.
En lo sociocultural constituyó una explosión demográfica donde la población, entre esclavos y esclavistas, alcanzó la cifra de 5 629 habitantes según el censo poblacional de 1858. Los cafetales se convirtieron prácticamente en pequeños núcleos poblacionales en los alrededores del caserío de Alquízar. Legaron significativos aportes sobre todo en la arquitectura donde el paisaje constructivo colonial contrastaba con aquellas sólidas y pétreas construcciones coronadas con techos de tejas rojas, conocidas como cola de castor.
Con relación a la arquitectura francesa Villaverde en Cecilia Valdés hace la siguiente descripción de la casa de vivienda del cafetal La Luz:
En lo etnocultural y a pesar del traumático colapso de los cafetales en la región a mediados del siglo XIX aún perduran elementos de la cultura francesa pues han trascendido hasta nuestros días práctica en la poda; con respecto a esto se refería de la siguiente manera Noda:
También la permanencia de apellidos de origen francés como son: Baralt, Ducosquiert, Gourriet, Marquetti, y la huella de sus cafetales cuyos nombres denotan vocablos francés: La Paix, Irola, Fortune, Blaubuisson, Bonne Esperance, Leonarl, Marchtti, Baralt, Las Delicies, etc.
El aporte botánico también fue un elemento a distinguir, por lo que nuevas especies de plantas superiores e inferiores se incorporaron al paisaje, unos para dar sombra al cafeto, como es el árbol de la niña, otras para alimentar al ganado y a las personas como el mango y el árbol del Pan, y otras plantas ornamentales; no en vano Villaverde, en “Cecilia Valdés”, se refiere a nuestra localidad “Edén de Alquízar”, razón esta que nos acerca a la idea de lo hermoso del paisaje formado por frondosas arboledas y cafetos de verdes tonalidades en plantas autóctonas o introducidas, que simbolizan el sincretismo cultural producido tras la llegada de los refugiados franceses a esta región; sobre la foresta del cafetal La Luz, Villaverde nos legó la siguiente descripción: “crecían ahí más frondoso el naranjo de globos de oro, el limonero indígena y exótico, el mango y la manga de la India, el árbol de Pan de ancha hoja, el ciruelo y varias especies, el copudo tamarindo de ácidas vainas, el guanabo de fruta acorazonada y dulcísima, la gallarda palma, en fin notable entre la gran familia vegetal, por su tronco recto, cilíndrico, liso y grueso, como el fuste de una columna dórica, y por el hermoso cerco de pencas con que se corona perennemente”.
También en el Escudo de Armas del municipio quedó reflejada la presencia francesa en Alquízar.
En el año 1925 el alcalde municipal, el Dr. Julio Valdés Collazo le encargó a la Academia de Historia de Cuba la elaboración de un Escudo de Armas para nuestra localidad. Para acometer esta labor fueron designados los académicos Joaquín Llaverías y A. Conrado, dándose a la tarea de consultar en el Archivo Nacional y en la Biblioteca Nacional los documentos relacionados con Alquízar y en las obras heráldicas. El artista cubano encargado del dibujo fue Aurelio Melero. En su diseño se tuvo en cuenta la forma típica de los escudos españoles y francés, teniendo en consideración la presencia de estos en la localidad y homenajeando la emigración gala venida desde Haití a finales del XVIII y desde la Louisiana, a inicios del XIX; quienes contribuyeron con el cultivo del café al florecimiento económico. Por Alquízar un municipio agrícola, se resalta el cultivo del café, la caña de azúcar y el tabaco; su esmalte verde significa el color del campo; las plantas simbolizan sus riquezas, pudiéndose apreciar en el ángulo superior del aspa el café, por ser este nuestro cultivo primigenio.
Relación de cafetales en Alquízar: Blaubuisson, Bombalie, Bonne Esperance, Buen Concepto, Buen Retiro, Butiffu, Casualidad, Dos amigos, Fortuna, Frías, Irola, La Concordia, La Paix, Las Delicies, Leonarl, Marchetti, Nuestra Señora de La Luz, Pancho Barlt y Santa Ana.
La influencia de la huella francesa en Alquízar deja como principal legado la caficultura.
Fuentes
- Bernard Bosch, Luciano: La Manuela: arqueología de un cafetal habanero / Luciano Bernard Bosch, Víctor Blanco Conde, Alexis Rives Pantoja. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 1985. p.142.
- Carpentier, Alejo: El reino de este mundo. 2da. ed. La Habana: Ed. Pueblo y Educación, 2012. p. 143.
- Franco, José Luciano: Ensayos históricos. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 1974. p. 230
- Ensayos sobre el Caribe. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 1980. p. 62
- Historia de la Revolución de Haití: La batalla por el dominio del Caribe y el Golfo de México. La Habana: Ed. Ciencias Sociales, 2010. p. 337
- Le Riverend, Julio: Historia Económica de Cuba. La Habana: Ed. Pueblo y Educación, 1975. p. 270
- Méndez, Isidro M: Historia de Artemisa. La Habana: [s. l.], 1973. p. 281
- Meriño Fuentes, María de los Ángeles y Aisnara Perera Díaz: Un café para la microhistoria: Estructura de posesión de esclavos y ciclo de vida en la llanura habanera (1800- 1886). La Habana, Ed. Ciencias Sociales, 2008. p. 201
- Portuondo Zúñiga, Olga: Caribe, raza e identidad. La Habana: Ed. Unión, 2014. p.198.
- Robayna Figueroa, Ernesto: Historia de Alquízar. La Habana: [s.ed.], 1989. p. 42
- Villaverde, Cirilo: Cecilia Valdés, t. 2. La Habana: Ed. Letras Cubanas, 1982. p. 284