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Cirilo Villaverde

Cirilo Villaverde
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Cirilo villaverde.jpg
Nombre completoCirilo Villaverde de la Paz
Nacimiento28 de octubre de 1812
Ingenio Santiago, Pinar del Río, Bandera de Cuba Cuba
Defunción23 de octubre de 1894
Nueva York , Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos
MovimientosNovela antiesclavista cubana[1]
Obras notablesCecilia Valdés o la Loma del Ángel
CónyugeEmilia Casanova
Página web oficial
Cirilo Villaverde de la Paz: (San Diego de Nuñez, Pinar del Río, 28 de octubre de 1812 - Nueva York, Estados Unidos 23 de octubre de 1894). Contemporáneo periodista, novelista, maestro, traductor y escritor estuvo implicado primero en la corriente del anexionismo y sirvió después de 1868 a la causa independentista.

Autor de la clásica novela cubana Cecilia Valdés o La Loma del ángel, considerada la obra cumbre de las letras cubanas del siglo XIX, que ha sido llevada al cine y sirvió de base a la zarzuela del mismo nombre, de Gonzalo Roig. Detenido en 1848 y condenado a presidio por sus ideas separatistas y su participación en la conspiración de Trinidad y Cienfuegos.[2] Fue colaborador de Narciso López y más tarde director del periódico separatista La Verdad.

En Nueva Orleans publicó El Independiente. Al amparo de una amnistía concedida por el gobierno español, viajó a La Habana donde dirigió la imprenta La Antilla, fue director y redactor del periódico literario La Habana y colaboró en Cuba Literaria. Al estallar la guerra de independencia en 1868, se sumó a la Junta Revolucionaria establecida en Nueva York.

Biografía

Infancia y juventud

Nació el 28 de octubre de 1812 en el Ingenio Santiago, Pinar del Río. Hijo de un médico rural, Villaverde vivió sus primeros años en el ingenio azucarero ubicado en la zona de San Diego de Núñez.[3] En 1823 se mudó a La Habana, donde cursó la primera enseñanza en la escuela de "Antonio Vázquez y Latín" en el colegio del padre Morales, en el que inició su amistad con José Victoriano Betancourt.

Estudió filosofía en el Seminario San Carlos y dibujo en la Academia San Alejandro. En 1834 recibió el título de Bachiller en Leyes. Trabajó en los bufetes de Córdoba y de Santiago Bombalier, pero pronto abandonó estas labores para dedicarse al magisterio y la literatura.

Trayectoria literaria

Fue maestro en el Colegio Real Cubano y en el de Buenavista, ambos de La Habana, así como en La Empresa, de Matanzas. Comenzó a publicar en la Miscelánea de útil y agradable recreo en la que aparecieron sus novelas “El ave muerta”, “La peña blanca”, “El perjurio” y “La cueva de Taganana”.

Asistió a las tertulias literarias de Domingo del Monte y continuó publicando sus narraciones y trabajos críticos en diferentes publicaciones periódicas, como Recreo de las Damas, Aguinaldo Habanero y La Cartera Cubana.

Autor de la famosa novela Cecilia Valdés o La Loma del Angel, Villaverde fue uno de los iniciadores de la producción de este género literario en Cuba y se ubica entre los más célebres escritores cubanos de todos los tiempos.

Trayectoria revolucionaria

Por su participación en la conspiración de Trinidad y Cienfuegos fue detenido en 1848 y condenado a presidio. Al año siguiente pudo escapar y trasladarse a Nueva York, donde trabajó como secretario de Narciso López hasta la muerte de éste, se afirma que junto con éste contribuyó a la realización de la bandera de la estrella solitaria, diseñada por Miguel Teurbe Tolón. En Nueva York fue colaborador y más tarde director del periódico separatista La Verdad. En Nueva Orleans publicó "El Independiente".

En 1854 viajó a Filadelfia. Allí se dedicó a la enseñanza del español y contrajo matrimonio con la activa conspiradora Emilia Casanova, en 1855. A fines de ese año se trasladó nuevamente a Nueva York, donde trabajó como profesor de español en el colegio de M. Peugne. Más tarde se dedicó a la enseñanza privada.

En 1858, al amparo de una amnistía concedida por el gobierno español, viajó a La Habana. Dirigió la imprenta La Antilla, fue codirector y redactor del Periódico literario "La Habana", (1858-1860) y colaboró en Cuba Literaria. Apadrinó la publicación de los Artículos, de Anselmo Suárez y Romero y regresó a Nueva York en 1860. Trabajó como redactor en "La América" (1861-1862) y en el "Frank Leslie's Magazine". En 1864 abrió, con la colaboración de su esposa, un colegio en Weehawken.

Al año siguiente formó parte de la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico, en cuyas Publicaciones colaboró. Dirigió La Ilustración Americana (1865-1869). Al estallar la Guerra de Independencia en 1868, se sumó a la junta revolucionaria establecida en Nueva York. Dirigió "El Espejo" desde 1874 y colaboró en "La Familia", "El Avisador Hispanoamericano", "El Fígaro" y "Revista Cubana".

Hizo breves viajes a Cuba en 1888 y 1894. Escribió la “Advertencia” y las “Notas” al folleto de Saco, Cuestión de Cuba, y prologó la Colección de artículos satíricos y de costumbres, de José María de Cárdenas.

Tradujo al español Autobiografía de David Cooperfield (La Habana, 1857), de Charles Dickens; "El tamborcito"; o, "Amor filial"; escribió, además, cuentos y relatos, dirigió y colaboró en numerosas publicaciones en Cuba y el extranjero. Entre sus obras se encuentran también "La joven de la flecha de oro" (1840), "El penitente" (1844), "Dos amores" (1858) y "Excursión a Vuelta Abajo" (1891).

No obstante vivir muchos años en el extranjero hizo breves viajes a Cuba, mantuvo relaciones con sus contemporáneos y ejerció influencia en la cultura cubana, entonces y después.

Muerte

Falleció el 23 de octubre de 1894 en Nueva York, Estados Unidos donde vivió emigrado largo tiempo.

Huellas Pinareñas en la Obra de Cirilo Villaverde

Excursión a Vuelta Abajo

  • Yo soy Cirilo Villaverde
    "Mi segundo apellido: de la Paz. Fui el sexto de los 10 hijos que tuvo don Lucas Villaverde, prestigioso médico que servía en el ingenio Santiago y las propiedades de los Laza en las cercanías del poblado de San Diego de Núñez.
    Para la literatura cubana soy el más importante novelista del siglo XIX con una obra que ha bastado para inmortalizarme: Cecilia Valdés. Para los historiadores he sido el hombre síntesis de ese mismo siglo, pues nací en su primera década y morí en las vísperas de la Guerra del 95. Para los pinareños soy el primer descubridor de su riqueza ecológica, de los moradores en ese siglo y de sus paisajes paradisíacos a través de mi Excursión a Vuelta Abajo".[4]
  • Excursión o descubrimiento
    "Cristóbal Colón avistó por vez primera los signos paradisíacos de esta isla desde que tocó tierra en su extremo oriental. Fueron los años del primer descubrimiento. Alejandro de Humboldt mostró al mundo como explorador y naturalista las bellezas de Cuba como su segundo descubridor. Fui yo, Cirilo Villaverde, en Excursión a Vuelta Abajo, quien descubrió para las letras universales vida, paisajes y costumbres de estas regiones de Vuelta Abajo al amparo de la pupila creadora del señor Moreau con sus dibujos y otros amigos que me acompañaron en la más hermosa de mis aventuras".[5]
  • Las pupilas de un creyón
    "...a pesar del calor y la fatiga, apeóse Moreau, y junto con él nosotros tres. Sentóse en una piedra, sobre las rodillas colocó su cartera, y comenzó la obra. El guía, con su acostumbrada indolencia, echose de pechos al lado de verlo trabajar y mientras este trazaba líneas con el lápiz, él amontonaba un haz de espartillo, al cual aplicó la lumbre de su tabaco. De luego a luego comenzó a arder y estallar aquella yerba, aunque amarillosa, no seca del todo, y antes de que el artista finalizara la obra, ya la llama alcanzaba las primeras ramas de los pinos, y corría por entre los troncos loma abajo, como la lava de un volcán. Levantámonos, pues, a toda prisa y proseguimos viaje".[6]
  • Estampas del guajiro
    "...el caballo y el machete, además de su moza, son los ídolos del guajiro... ...después de la moza y el machete, no hay objeto, no hay diversión que llame tanto la atención del guajiro, como sus gallos y sus perros. Señaladamente con los primeros delira. ¿Qué gloria mayor para él que la de verlo triunfar de su contrario en medio de la valla y ante un concurso numeroso? ¿Y cuando con tamaño pico abierto, teniendo ya al enemigo a sus pies tendido, sacude las sangrientas alas, y en un sonoro canto anuncia su vencimiento? Si en alguna cosa tiene fe el guajiro es en su gallo... ...por lo común, son alegres, de mansa condición, dados al trabajo, generosos y amigos fieles, apasionados y entusiastas..."[7]
  • Primavera en Vuelta Abajo
    "...En Vuelta Abajo se goza una vista bellísima de la boca y seno oriental de Bahía Honda... ...está situada en la quebrada de dos áridas colinas, a lo largo del camino de la Vuelta Abajo, con una calle traviesa, que se dirige al embarcadero, distante de allí dos millas, a lo más, hacia el Noroeste... ...la iglesia dedicada a San José y San Basilio el Magno, es de pobre apariencia, pequeña, sin campanario y de tablas pintadas. El viajero que va por la Calle Real no la ve, porque detrás de ella tiene su asiento... ...la población constará de setenta vecinos, y su jurisdicción, que como la de San Diego de Núñez, abraza cuatro leguas cuadradas, puede encerrar muy bien entre blancos y gente de color, como mil almas. Rigenla un capitán pedáneo, un teniente y cuatro cabos de ronda, con un comandante de armas, que reside en El Morillo, castillejo que resguarda la boca de la gran bahía. Del mismo modo que el partido anterior, puede dividirse el de Bahía Honda en parte montañosa y baja; aquella sembrada de bellísimos cafetales y tres ingenios de azúcar, y esta de potreros y triple número de dichos ingenios. Ambos partidos, (Bahía Honda y San Diego de Núñez) no dudamos asegurar, son los más poblados y cultivados de toda la Vuelta Abajo..."[8]
  • Un documento de identidad
    "...ved si no la morada del sitiero de San Diego de Núñez. Sobre un cuadrilongo perfecto que demarcan cuatro durmientes por lo regular de yaba y en bruto, levantan ocho horcones, lo mismo que para ahorrar muescas, donde sostener las obras, buscan entre el monte aquellos palos cuya horqueta supla en todo la mano de obra y el clavo. En pie los horcones y cruzadas las soleras, pasan a echar encima las vigas o tijeras, las varas, los cujes y cumbreras, todo lo cual sostienen y atan con bejucos, que llaman de tortuga o colorado; hasta que está al punto de recibir el guano o la cobija, para lo cual convidan a todos los vecinos, y acabada esta operación, la celebran con un lechón tostado o cosa semejante... ...después hay que aforrarlos. para esto se valen de las yaguas, del cuje o la tea de la palma..."[9]
  • Vitrales del paisaje
    "...los que han subido al Guajaibón, dicen que por la parte del Sur, detrás de esos picos se extiende una llanura de tierra fértil que alimenta bosques tan lozanos como los de los valles del lado opuesto. Esto confirma la observación del señor Humboldt y don Desiderio Herrera, quienes aseguran que igual particularidad se nota en todas las montañas de la isla... ...sin embargo en el mismo año 39 en que hablo, tenía la población de San Diego tres tabernas, dos posadas, tres fondas y varias enfermerías, entre estas la muy conocida de Álamo, donde se hallaba la capilla y cuya fábrica de mampostería y teja es la más notable no menos por su capacidad que por su bella posición sobre la margen derecha del río. También había una botica, una casa de billar, muchos puestos de frutas y legumbres; y por las mañanas la plazuela se veía atestada de vendedores de pájaros, de granos, de viandas, de bastones en bruto, de vainilla para embalsamar el tabaco, y de esa hoja en rama torcida que traían de la vega de La Leña, entonces muy en boga..."[10]

El Rancheador

  • Cómo se hace un cimarrón
    "...y sin más ni más comenzaron a llover zurriagazos en las espaldas desnudas del infeliz esclavo. se retorcía porque los golpes los descargaba un brazo vigoroso...
    ...aquella boca había callado, embargada por la cólera; aquel corazón se había vuelto de piedra; aquella alma había perdido el sentimiento; aquel brazo solo parecía animado, de hierro, no se cansaba de descargar golpes. ¡Qué cansarse! Los menudeaba cada vez con más furor, sino con más fuerza..."[11]
  • Francisco Estévez, Atila de los palenques
    "...pero nada arredra a Francisco Estévez. Ni muecas ni jugarretas de hombre ni de paisaje podrán doblegarle la cerviz rancheadora. El conoce a los negros; además sabe qué son, cómo tratarlos. Y cuando Francisco Estévez pierde las claves del paisaje ahí están los prácticos para devolvérselas y dejar la constancia que quedará como huella histórica...
    ...son paisajes que desde aquellos tiempos, unidos a locación geográfica han devenido como testigos excepcionales: Galalón, Sibanicán, Abra Venturosa; Arroyo del Silencio, Quemado de los Hoyos, Hoyada de las Yeguas. Brazo del Nogal, Curamagüey, Cayajabos, Palo Quemado, Faranda, Mira - Cielo, Patabanal, Yaniguas, Rumba - Piedras ... y los persistentes golpes de tambor africano en el paisaje de los nombres: Mabemgue, Mabemgue de Gato, Mabemgue del Guanajo, Mabemgue de Funda de vaca, Mabemgue del Guayabal, Mabemgue Rajado, Mabemgue.
    ...Para llegar al objeto deseado la partida capitaneada por Estévez recorrerá a tozudas marchas de fiebre las comarcas de Pinar del Río. Una y otra vez durante cinco años ese pertinaz grupo de jinetes y perros con los sentidos en un alerta menguante va a exigirle al paisaje que vomite a los ocultos..."[12]
  • El olfato de un sabueso
    "... volviendo inmediatamente a seguirlos encontramos los mejores perros destrozados; volvimos con los que quedaban sin poder darles alcance hasta el 24 en que eché de menos tres hombres que se extraviaron, y me hallé en el forzoso caso de volver hacia atrás para buscarlos; los encontré el 26 y hallándolos estropeados y maltratados de las caídas y choques de las piedras y además sin perros, determiné volver a mi casa con 7 herrones de 24 que nos dejaron; inutilizando los 17 restantes por no poder conducirlos, como igualmente todo lo que tenían de utensilios y ropa, entregando aquellos a D. Diego Rebollar y D.L.V. Los negros que componían dicha ranchería según cálculo, podían ser 50; también tenían chifles de pólvora, que esto indica que tenían armas de fuego. -dic. 28 de 1837..."[13]
  • Rejones, pólvora y colmillos
  • Enemigos invisibles
  • La Madre Melchora

Cecilia Valdés o La Loma del Ángel

  • Cecilia Valdés soy yo
    "...ningún novelista cubano ha hecho, como yo, una inserción tan honda en la nación criolla y su idiosincrasia para mostrar la realidad. Más rica aún es la caracterización de muchos de sus personajes en franca paradoja con el protagónico femenino que a la postre ha devenido más que eso, en un mito, una leyenda, lo que obviamente me ha hecho exclamar: “Cecilia soy yo”. Cabe señalar, entre tantos, a Cándido Gamboa, desalmado, aristócrata y negrero; Leonardo, de juventud enervada en la opulencia, la holgancia y la abulia, frívolo y envilecido; José Dolores Pimienta. músico-sastre descrito en su condición de mulato. En tanto el coro femenino no es menos acucioso con Adela, Rosa, Señá Josefa, María Regla, doña Rosa Sandoval e Isabel Ilincheta, pues si algo quise enfatizar a plenitud fue el temperamento femenino.
    Estos son los hechos y personajes de mi testimonio, sin olvidar a Emilia Casanova, mi esposa y más fiel crítico en la conclusión definitiva de esta obra que escribí con tanta pasión para mis paisanos y más que eso, para el futuro."[14]
  • Credenciales
    "...lejos de inventar o de fingir caracteres y escenas fantasiosas o inverosímiles, he llevado el realismo, según lo entiendo hasta el punto de presentar los principales personajes de la novela con todos sus pelos y señales, como vulgarmente se dice , vestidos con el traje que llevaron en vida, la mayor parte bajo su nombre y apellido verdaderos, hablando el mismo lenguaje que usaron en las escenas históricas en que figuraron, copiando en lo que cabía, d aprés nature, su fisonomía física y moral, a fin de que aquellos que los conocieron de vista o por tradición, los reconozcan sin dificultad y digan cuando menos: el parecido es innegable.
    ...fuera de Cuba, reformé mi género de vida: troqué mis gustos literarios por más altos pensamientos; pasé del mundo de las ilusiones, al mundo de las realidades..."[15]
  • Revelaciones de la infancia
    "...vi que el látigo estaba siempre suspendido sobre la cabeza de este, como el solo argumento y el solo estímulo para hacerle trabajar y someterle a los horrores de la esclavitud. Vi que se aplicaban castigos injustos y atroces por toda cosa y a todas horas; que jamás la averiguación del tanto de la culpa precedía a la aplicación de la pena; y que a menudo se aplicaban dos o tres penas diferentes por una misma falta o delito; que el trato era inicuo, sin motivo que le aplacara, ni freno que le moderase; que apelaba el esclavo a la fuga o al suicidio en horca, como el único medio para liberarse de ese mal que no tenía cura, ni intermitencia..."[16]

Véase también

Bibliografía activa

  • El espetón de oro (novela cubana), La Habana, 1838; La Habana, 1839; La Habana, 1859.
  • Cecilia Valdés; o, La Loma del Ángel (novela cubana) T. 1, La Habana, 1839.
  • Teresa (novela original), La Habana, 1839.
  • La joven de la flecha de oro. Historia habanera, La Habana, 1841, Matanzas, 1841.
  • La joven de la flecha de oro. Pról. de Mario Parajón, La Habana, 1962.
  • Compendio geográfico de la Isla de Cuba, La Habana, 1845.
  • Comunidad de nombres y apellidos (novela original), La Habana, 1845.
  • El librito de cuentos y las conversaciones, La Habana, 1847; 1847.
  • El librito de los cuentos (obra escrita espresamente para servir de testo de lectura a niños de siete a diez años de edad). 3a. ed, La Habana, 1857.
  • General López the cuban patriot, Nueva York, 1851.
  • El señor Sacc con respecto a la Revolución de Cuba, Nueva York, Imp. de La Verdad, 1852.
  • Dos amores (novela original cubana), La Habana, 1858; Barcelona, 1887; Introd. de A. M. Eligio de la Puente, La Habana, 1930 (Colección de libros cubanos, 14).
  • La revolución de Cuba vista desde Nueva York (informe redactado en julio último para su remisión al Presidente de la República Carlos Manuel de Céspedes, y anotado a tiempo de su publicación en esta fecha), Nueva York, 1869.
  • Apuntes biográficos de Emilia Casanova de Villaverde. Escritos por Un contemporáneo (seud.), Nueva York, 1874.
  • Cecilia Valdés; o, La loma del Ángel (novela de costumbres cubanas), Nueva York, Imp. de El Espejo, 1882; La Habana, 1903; Id., 1908; Id.,1915; La Habana, 1923; Cárdenas (Matanzas), 1926; La Habana, 1926; La Habana, 1941; La Habana, 1941; Ed. crítica y notas por Esteban Rodríguez Herrera, La Habana, 1953; Lima, Torres Aguirre, 1959; La Habana, 1964; Introd. y notas de Olga Blonder Tudisco y Anthony Tudisco, Nueva York, 1971; La Habana, 1972. 2 t.
  • El penitente (novela histórica cubana), New York, Manuel M. Hernández, editor, 1889; La Habana, Biblioteca de Cuba Intelectual, 1912; La Habana, Imp. La Discusión. 1918.
  • El penitente (novela de costumbres cubanas), La Habana, 1925.
  • El guajiro (cuadro de costumbres cubanas), La Habana, Imp. La Lucha, 1890.
  • Palenques de negros cimarrones. Introd. del Diario oficial del rancheador de cimarrones D. Francisco Estévez, en el quinquenio de 1837 a 1842, cafetal último esfuerzo, lomas de S. Blás, partido de S. Diego de Núñez. San Antonio, La Habana, 1890.
  • Excursión a la Vuelta Abajo, La Habana, 1891; Excursión a Vueltabajo, La Habana, Consejo Nacional de Cultura, l96l.
  • La tejedora de sombreros de yarey y La peineta calada, La Habana, 1962.

Bibliografía pasiva

  • Acosta, Alberto. “Cirilo Villaverde”, en su Reliquia heroica. Historia de una bandera, La Habana, 1953, p. 100-104.
  • Aguirre, Yolanda. “Leonardo de Gamboa y la juventud cubana de su tiempo”, en Universidad de la Habana, La Habana. 32 (192): 147-161, oct-dic., l968.
  • Armas, Juan Ignacio de. “Cecilia Valdés”, en El Museo, La Habana, 2 (47 y 49): 133-134 y 149-150, oct. 21 y nov. 4, 1883.
  • Arroyo, Anita. “Cirilo Villaverde y su novela”, en Los forjadores de la conciencia nacional. T. 3, La Habana, Editorial Lex, 1952, p. 161-175 (Cuadernos de la Universidad del Aire, 45).
  • Arrufat, Antón. “Cirilo Villaverde: Excursión a Vueltabajo”, en Casa de las Américas, La Habana, 2 (10): 133-140, ene.-feb., 1962.
  • Baraona, Javier. “Itinerario de Cecilia Valdés. I y II”, en Carteles, La Habana, 31 (18 y 19): 14-17 y 25-28, abr. 30 y may. 7, 1950.
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Referencias

Fuentes