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La población española de la villa fue muy inestable en los primeros tiempos, debido a que muchos pobladores se emplearon en las expediciones de conquista que salían por el puerto de La Habana hacia el continente donde se habían descubierto riquezas no halladas en Cuba. Era frecuente que se llevaran indios de esta isla como cargadores y para otros trabajos. A pesar de esa existencia aborigen pronto escasearon los indios en el territorio, sometidos a fuerte explotación. | La población española de la villa fue muy inestable en los primeros tiempos, debido a que muchos pobladores se emplearon en las expediciones de conquista que salían por el puerto de La Habana hacia el continente donde se habían descubierto riquezas no halladas en Cuba. Era frecuente que se llevaran indios de esta isla como cargadores y para otros trabajos. A pesar de esa existencia aborigen pronto escasearon los indios en el territorio, sometidos a fuerte explotación. | ||
| − | En principio la solución fue traer indígenas del continente. Muchos de los que llegaron a estas tierras procedían de una región de Yucatán que los españoles llamaron Campeche y aquí dieron lugar a un barrio de ese nombre. Se ha considerado que dicho barrio se extendió aproximadamente “desde el lugar que ocupó después la iglesia de San Francisco, hacia el sur, hasta donde se construyó después la Alameda de Paula”. | + | En principio la solución fue traer indígenas del continente. Muchos de los que llegaron a estas tierras procedían de una región de Yucatán que los españoles llamaron Campeche y aquí dieron lugar a un barrio de ese nombre. Se ha considerado que dicho barrio se extendió aproximadamente “desde el lugar que ocupó después la iglesia de San Francisco, hacia el sur, hasta donde se construyó después la Alameda de Paula”<ref>Jenaro Artiles. La Habana de Velásquez. Municipio La Habana Vieja, 1946, p. 30</ref>. |
| − | La Habana primitiva se fue desarrollando inicialmente hacia el sur y este, pues al oeste la limitaba, por una parte, un terreno cenagoso que se llamaría plazuela de la Ciénaga que llegaría a ser la Plaza de la Catedral, por otra parte, existió una elevación que tuvo varios nombres: de Cayaguayo, Peña Pobre, Loma del Ángel. Mucho más al sureste presentó otra zona cenagosa conocida por Damajagual. | + | La Habana primitiva se fue desarrollando inicialmente hacia el sur y este, pues al oeste la limitaba, por una parte, un terreno cenagoso que se llamaría plazuela de la Ciénaga que llegaría a ser la [[Plaza de la Catedral]], por otra parte, existió una elevación que tuvo varios nombres: de Cayaguayo, Peña Pobre, Loma del Ángel. Mucho más al sureste presentó otra zona cenagosa conocida por Damajagual. |
Los indígenas procedentes del continente fueron suficientes para realizar todo el trabajo que se necesitaba en la agricultura, pesca, construcción, fabricación de barcos y otros. Ante la escasez de mano de obra se trajeron esclavos africanos, aunque ya había algunos desde el inicio de la conquista. | Los indígenas procedentes del continente fueron suficientes para realizar todo el trabajo que se necesitaba en la agricultura, pesca, construcción, fabricación de barcos y otros. Ante la escasez de mano de obra se trajeron esclavos africanos, aunque ya había algunos desde el inicio de la conquista. | ||
| − | A medida que el puerto de La Habana se convertía en lugar de escala de las naves que cruzaban el Atlántico la villa se fue dedicando a preparar condiciones para facilitar la estancia temporal de navegantes y aventureros atraídos por las tierras descubiertas. El abastecimiento y atención de las naves y a la población flotante que arribaba con ellas fueron conformando la actividad del territorio entre la que primaba el comercio basado en el incipiente desarrollo agrícola y ganadero. | + | A medida que el [[puerto de La Habana]] se convertía en lugar de escala de las naves que cruzaban el Atlántico la villa se fue dedicando a preparar condiciones para facilitar la estancia temporal de navegantes y aventureros atraídos por las tierras descubiertas. El abastecimiento y atención de las naves y a la población flotante que arribaba con ellas fueron conformando la actividad del territorio entre la que primaba el comercio basado en el incipiente desarrollo agrícola y ganadero. |
| − | Según expresa el historiador Julio Le Riverend: | + | Según expresa el historiador [[Julio Le Riverend]]: |
| − | “Poco se sabe de cómo fue repartida la tierra a los hombres que llegaron con Velásquez o a los (...) que vinieron de la Española, en cuanto se supo que la conquista era un hecho consumado. Hubo desde luego, repartimiento de solares urbanos para que cada vecino tuviera, dentro de los límites señalados a la Villa un lugar donde asentar su casa. Al mismo tiempo se concederían pequeñas parcelas de tierra fuera del casco de la urbe junto a los ejidos” | + | {{Sistema:Cita|"“Poco se sabe de cómo fue repartida la tierra a los hombres que llegaron con Velásquez o a los (...) que vinieron de la Española, en cuanto se supo que la conquista era un hecho consumado. Hubo desde luego, repartimiento de solares urbanos para que cada vecino tuviera, dentro de los límites señalados a la Villa un lugar donde asentar su casa. Al mismo tiempo se concederían pequeñas parcelas de tierra fuera del casco de la urbe junto a los ejidos”<ref>Ejido. Campo común en las afueras de un pueblo donde se reúne el ganado y se trabaja en los sembrados. En: Ramón García Pelayo y Gross. Nuevo Larousse Manuel Ilustrado. Ed. Larousse s/f.</ref> “para que sirvieran de huerta a los vecinos y le suministran productos agrícolas en pequeña escala y dieran sustento a algún ganado”<ref>3) Julio Le Riverend Brusone. Los orígenes de la economía cubana (1510-1600). Organización de la propiedad territorial. En: Jornada –46, El Colegio de México. Centro de Estudios Sociales, 1945, p. 18</ref>.}} |
| − | Cuando se conquistan nuevas tierras en el continente aumenta la necesidad de abastecimiento en esa región y se trata de cubrir esa necesidad desde La Habana con el desarrollo de hatos y corrales ganaderos que no requieren mucha fuerza de trabajo, aunque se sabe que el ganado traído de España por los conquistadores se volvió cimarrón y se extendió por montes y sabanas. | + | Cuando se conquistan nuevas tierras en el continente aumenta la necesidad de abastecimiento en esa región y se trata de cubrir esa necesidad desde [[La Habana]] con el desarrollo de hatos y corrales ganaderos que no requieren mucha fuerza de trabajo, aunque se sabe que el ganado traído de [[España]] por los conquistadores se volvió cimarrón y se extendió por montes y sabanas. |
| − | En 1544, con motivo de la visita pastoral del obispo Diego Sarmiento se obtuvo el primer padrón de la población en algunas de las primeras villas fundadas por los españoles. En relación con La Habana se señala lo siguiente: | + | En [[1544]], con motivo de la visita pastoral del obispo [[Diego Sarmiento]] se obtuvo el primer padrón de la población en algunas de las primeras villas fundadas por los españoles. En relación con La Habana se señala lo siguiente<ref>CODOIN, Real Academia de la Historia, Tomo 3, doc. 421</ref>: |
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| + | ! Vecinos !! Naborías (obreros) !! Esclavos (negros) | ||
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| − | + | De acuerdo con estos datos La Habana posee una población blanca de 200 habitantes aproximadamente (cálculo de 5 personas por vecino) y el número de esclavos se iguala al de peninsulares, lo que se considera insuficiente<ref>4) Población de La Habana en 1544. Población habanera (1550-1762), p. 2. En: Banco de datos sobre historia de La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad, 1980</ref>. | |
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| − | De acuerdo con estos datos La Habana posee una población blanca de 200 habitantes aproximadamente (cálculo de 5 personas por vecino) y el número de esclavos se iguala al de peninsulares, lo que se considera insuficiente ( | ||
El florecimiento de la villa y las riquezas que se transportaban en las naves atrajeron a piratas y corsarios que atacaron a la población y a los barcos que se adentraban por estos mares. | El florecimiento de la villa y las riquezas que se transportaban en las naves atrajeron a piratas y corsarios que atacaron a la población y a los barcos que se adentraban por estos mares. | ||
| − | A partir de 1537 la región fue asolada por corsarios autorizados por países que estaban en guerra con España y por piratas que actuaban por su cuenta. En 1538, un corsario francés atacó la villa, la saqueó e incendió. | + | A partir de 1537 la región fue asolada por corsarios autorizados por países que estaban en guerra con España y por piratas que actuaban por su cuenta. En 1538, un corsario francés atacó la villa, la saqueó e incendió<ref>Irene A. Wright. Historia documentada de San Cristóbal de La Habana, 1927, t. I, p. 13</ref>. En respuesta la Corona dispuso la construcción de una fortaleza y en 1541 se ordenó que las naves que regresaban a España cargadas con las riquezas extraídas de América se concentraran en el puerto de La Habana, y no viajaban aisladas, así se fue organizando la flota que iba convoyada hasta España. |
A consecuencia de estos peligros y por la importancia que iba adquiriendo La Habana para los intereses de la Metrópoli, el gobernador de la Isla, en 1553, pasó su residencia de Santiago de Cuba a La Habana, traslado que posteriormente se hizo oficial. | A consecuencia de estos peligros y por la importancia que iba adquiriendo La Habana para los intereses de la Metrópoli, el gobernador de la Isla, en 1553, pasó su residencia de Santiago de Cuba a La Habana, traslado que posteriormente se hizo oficial. | ||
| − | En 1555, San Cristóbal de La Habana sufrió el ataque del corsario francés Jacques de Sores quien la incendió y saqueó de nuevo y destruyó la primera fortaleza que se había construido, también la iglesia, destruida en el ataque anterior, que por esa época estaba en reconstrucción fue saqueada y muy dañada. | + | En 1555, [[San Cristóbal de La Habana]] sufrió el ataque del corsario francés [[Jacques de Sores]] quien la incendió y saqueó de nuevo y destruyó la primera fortaleza que se había construido, también la iglesia, destruida en el ataque anterior, que por esa época estaba en reconstrucción fue saqueada y muy dañada. |
Los pobladores volvieron a reconstruir la villa y algunos años después se inició la construcción de otra fortaleza con mejores condiciones, la Real Fuerza, la más antigua que se conserva. Se terminó en la década del 70. Su guarnición contó en principio con unos 50 hombres, cifra que se fue elevando a medida que aumentaba el peligro de ataque. La seguridad de la población se completaba organizando grupos de vecinos entre los que se incluían negros libres y esclavos. | Los pobladores volvieron a reconstruir la villa y algunos años después se inició la construcción de otra fortaleza con mejores condiciones, la Real Fuerza, la más antigua que se conserva. Se terminó en la década del 70. Su guarnición contó en principio con unos 50 hombres, cifra que se fue elevando a medida que aumentaba el peligro de ataque. La seguridad de la población se completaba organizando grupos de vecinos entre los que se incluían negros libres y esclavos. | ||
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La Metrópoli controlaba la economía colonial y solo permitía comerciar con España por un solo puerto, lo que traía demoras al comercio de la colonia por la vía oficial. Esto hizo que se buscara salida a los productos del país por otras vías a fin de obtener las mercancías que se necesitaban y que llegaban en las embarcaciones que hacían escala en el puerto. | La Metrópoli controlaba la economía colonial y solo permitía comerciar con España por un solo puerto, lo que traía demoras al comercio de la colonia por la vía oficial. Esto hizo que se buscara salida a los productos del país por otras vías a fin de obtener las mercancías que se necesitaban y que llegaban en las embarcaciones que hacían escala en el puerto. | ||
| − | Para reforzar las defensas a fines del siglo XVI se empezó a construir el Castillo de San Salvador de la Punta, al oeste del puerto que custodiaría conjuntamente con el Morro situado en la ribera opuesta del canal de entrada. | + | Para reforzar las defensas a fines del [[siglo XVI]] se empezó a construir el [[Castillo de San Salvador de la Punta]], al oeste del puerto que custodiaría conjuntamente con el Morro situado en la ribera opuesta del canal de entrada. |
| − | En 1592 se concedió a la villa de San Cristóbal de La Habana el título de Ciudad. En ese año se terminaron las obras del | + | En 1592 se concedió a la villa de San Cristóbal de La Habana el título de Ciudad. En ese año se terminaron las obras del primer acueducto que abasteció la villa, la Zanja Real, al llegar sus aguas a la plazuela de la Catedral, donde también se cargaba el agua que necesitaban las embarcaciones que entraban en el puerto. |
| − | + | ===Habana Vieja desde 1607 hasta 1762=== | |
En 1607 se terminó la construcción del Castillo de San Salvador de La Punta y ese año la isla se divide en dos gobiernos: uno con sede en La Habana, que ejercería el arbitrio sobre todo el territorio occidental y central hasta la jurisdicción de Santa María del Puerto del Príncipe y el otro con sede en Santiago de Cuba, que gobernaría la región oriental, pero en la Real Cédula que establecía esa división, se especificaba que entre los dos gobernadores, el de La Habana y el reconocimiento oficial de La Habana como capital de la isla que, des hecho, lo era desde hacía más de cincuenta años. | En 1607 se terminó la construcción del Castillo de San Salvador de La Punta y ese año la isla se divide en dos gobiernos: uno con sede en La Habana, que ejercería el arbitrio sobre todo el territorio occidental y central hasta la jurisdicción de Santa María del Puerto del Príncipe y el otro con sede en Santiago de Cuba, que gobernaría la región oriental, pero en la Real Cédula que establecía esa división, se especificaba que entre los dos gobernadores, el de La Habana y el reconocimiento oficial de La Habana como capital de la isla que, des hecho, lo era desde hacía más de cincuenta años. | ||
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La ciudad se había ido extendiendo alrededor de sus plazas, la primera fue la Plaza de la Iglesia junto a la Parroquial Mayor que luego se llamaría Plaza de Armas cuando se dedicó a ejercicios militares, la segunda fue la Plaza de San Francisco, junto al convento de su nombre, le siguió la Plaza Nueva, que se llamó Plaza Vieja cuando surgió la del Cristo en marzo de 1640 y se fue conformando la Plaza de la Ciénaga junto a la cual se erigió la ermita de San Ignacio de Loyola que después fue oratorio. | La ciudad se había ido extendiendo alrededor de sus plazas, la primera fue la Plaza de la Iglesia junto a la Parroquial Mayor que luego se llamaría Plaza de Armas cuando se dedicó a ejercicios militares, la segunda fue la Plaza de San Francisco, junto al convento de su nombre, le siguió la Plaza Nueva, que se llamó Plaza Vieja cuando surgió la del Cristo en marzo de 1640 y se fue conformando la Plaza de la Ciénaga junto a la cual se erigió la ermita de San Ignacio de Loyola que después fue oratorio. | ||
| − | Dichas plazas se construyeron junto a edificios religiosos, no así la Plaza Nueva que funcionó como mercado. Las rodearon edificios civiles en unos casos del gobierno, en otros particulares. Hubo vendedores e intercambios comerciales en horas tempranas. La Plaza de Armas llegó a tener una especial importancia “...Para tomar una decisión trascendental, los vecinos se reunían en ella en Cabildo abierto” | + | Dichas plazas se construyeron junto a edificios religiosos, no así la Plaza Nueva que funcionó como mercado. Las rodearon edificios civiles en unos casos del gobierno, en otros particulares. Hubo vendedores e intercambios comerciales en horas tempranas. La Plaza de Armas llegó a tener una especial importancia: |
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| − | toque de tambor” | + | {{Sistema:Cita|“...Para tomar una decisión trascendental, los vecinos se reunían en ella en Cabildo abierto”<ref>Cabildo. Ayuntamiento de una ciudad. Los españoles dieron en América el nombre de cabildos a las juntas encargadas de los intereses de las ciudades. Sus miembros se llamaban regidores, concejales o cabaldantes o su presidente alcalde. Cuando en el cabildo participaba el vecindario era dominado cabildo abierto. En: Ramón García-Pelayo y Gross Nuevo Larousse. Manual ilustrado, Ed. Larousse s/f</ref>. “En su ámbito se pregonaban las leyes y noticias a toque de tambor”<ref>7) Eusebio Leal Spengler. Regresar en el tiempo. IMAGO Publicaciones, Ciudad de La Habana, Cuba, 1995, p. 25</ref>.}} |
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| + | En las otras plazas también se escuchaba a esos pregoneros, lo que hoy se denomina “Primer sistema defensivo colonial”, iniciado en el siglo XVI con los Castillos de la Real Fuerza, San Salvador de La Punta y Los Tres Reyes del Morro se completaría a partir de 1674 con la construcción de la Muralla que iba a rodear la ciudad para su defensa aunque no se terminó hasta el siglo siguiente. Con la muralla surgieron dos zonas, intramuros y extramuros junto a la Muralla debía dejarse libre de obstáculos la llamada zona del glacis para facilitar la actividad militar. Pero es más de una ocasión hubo que demoler construcciones en esa zona ante el peligro de un ataque a La Habana. | ||
En principio solo hubo dos puertas en la Muralla, la de la Punta en el norte y la Puerta de Tierra hacia el centro, que enlazaba con la zona rural. | En principio solo hubo dos puertas en la Muralla, la de la Punta en el norte y la Puerta de Tierra hacia el centro, que enlazaba con la zona rural. | ||
| − | Las puertas de la ciudad fueron forzadas en 1717 durante una manifestación de protesta de vegueros, artesanos y comerciantes cuando la Metrópoli decidió establecer un impuesto al cultivo del tabaco y el estanco ese producto. En ese enfrentamiento se sumó el pueblo y el gobernador Vicente Roja no pudo controlarlos y embarcó para España. Pero la Metrópoli se impuso. Ya en 1727 se había creado la Real Factoría de Tabacos y se exportaba a España y América. No obstante esta insurrección se ha calificado como “el más lejano antecedente y la simiente primera de la identidad de un pueblo que estaba naciendo” | + | Las puertas de la ciudad fueron forzadas en 1717 durante una manifestación de protesta de vegueros, artesanos y comerciantes cuando la Metrópoli decidió establecer un impuesto al cultivo del tabaco y el estanco ese producto. En ese enfrentamiento se sumó el pueblo y el gobernador Vicente Roja no pudo controlarlos y embarcó para España. Pero la Metrópoli se impuso. Ya en 1727 se había creado la Real Factoría de Tabacos y se exportaba a España y América. No obstante esta insurrección se ha calificado como “el más lejano antecedente y la simiente primera de la identidad de un pueblo que estaba naciendo”<ref>Aniversario 470 de la Ciudad de La Habana. La Habana, Material Editado por la Oficina del Historiador de la Ciudad, p. 2</ref>. |
Para satisfacer el gusto de los consumidores de esa época funcionaban más de cien molinos de tabaco movidos por fuerza animal en la zona de intramuros que elaboraban el polvillo y el rapé (de grano más grueso), formas de gran demanda en Europa, aunque en Cuba se prefería el tabaco torcido. | Para satisfacer el gusto de los consumidores de esa época funcionaban más de cien molinos de tabaco movidos por fuerza animal en la zona de intramuros que elaboraban el polvillo y el rapé (de grano más grueso), formas de gran demanda en Europa, aunque en Cuba se prefería el tabaco torcido. | ||
| − | Como plantea el historiador Sergio Aguirre, en el siglo XVIII el tabaco llegó a superar al ganado y al azúcar como producto básico de la economía del país y la Metrópoli lo controló a través del monopolio que representó el Estanco del Tabaco y después la Real Compañía de Comercio de La Habana cuyos accionistas se enriquecieron ( | + | Como plantea el historiador Sergio Aguirre, en el siglo XVIII el tabaco llegó a superar al ganado y al azúcar como producto básico de la economía del país y la Metrópoli lo controló a través del monopolio que representó el Estanco del Tabaco y después la Real Compañía de Comercio de La Habana cuyos accionistas se enriquecieron<ref>Sergio Aguirre. Historia de Cuba, t. I (1492-1790). Editorial Nacional de Cuba. Editora Pedagógica, La Habana, 1966. “Año de la Solidaridad”, p. 163</ref>. |
Otra de las fuentes económicas desde fines del siglo XVII fue la fundición de cobre. El cobre se extraía en el oriente de la Isla y había que trasladarlo a la Fundición de La Habana con el consiguiente gasto que ocasionaba, no obstante tuvo auge la actividad hasta las primeras décadas del siglo XVIII y se construyeron cañones, anclas y otros elementos necesarios a las fortalezas, los barcos, pailas y otros instrumentos de la industria azucarera, los edificios con sus rejas forjadas y obras de arte como la Giraldilla colocada en lo alto de la Real Fuerza. Se dice que el trabajo decayó en la fundición por desvíos del mineral hacia zonas más rentables y por el interés de la Metrópoli de pasar esa actividad a otras regiones de sus dominios. | Otra de las fuentes económicas desde fines del siglo XVII fue la fundición de cobre. El cobre se extraía en el oriente de la Isla y había que trasladarlo a la Fundición de La Habana con el consiguiente gasto que ocasionaba, no obstante tuvo auge la actividad hasta las primeras décadas del siglo XVIII y se construyeron cañones, anclas y otros elementos necesarios a las fortalezas, los barcos, pailas y otros instrumentos de la industria azucarera, los edificios con sus rejas forjadas y obras de arte como la Giraldilla colocada en lo alto de la Real Fuerza. Se dice que el trabajo decayó en la fundición por desvíos del mineral hacia zonas más rentables y por el interés de la Metrópoli de pasar esa actividad a otras regiones de sus dominios. | ||
| − | Según el Licenciado Leandro Romero, la casa de la fundición aparece en el plano de Cristóbal de Roda, de 1603, ubicada en la calle Cuba –antigua de la Fundición– entre Chacón y Cuarteles | + | Según el Licenciado Leandro Romero, la casa de la fundición aparece en el plano de Cristóbal de Roda, de 1603, ubicada en la calle Cuba –antigua de la Fundición– entre Chacón y Cuarteles<ref>Leandro Romero. Fundición de cobre de La Habana. En: Banco de datos sobre Historia de La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad, 1980</ref>. |
Hasta la toma de La Habana por los ingleses existió el monopolio que afectó a toda la población de Cuba, la Real Compañía de Comercio de La Habana, que llegó a tener la autorización exclusiva para vender a España casi todas las mercancías que se exportaban de Cuba y vender en Cuba casi todas las que venían de España (11). | Hasta la toma de La Habana por los ingleses existió el monopolio que afectó a toda la población de Cuba, la Real Compañía de Comercio de La Habana, que llegó a tener la autorización exclusiva para vender a España casi todas las mercancías que se exportaban de Cuba y vender en Cuba casi todas las que venían de España (11). | ||
Revisión del 21:11 7 ago 2024
Historia del municipio Habana Vieja (La Habana). El municipio posee una historia y tradiciones de luchas que comienza con la comunidad primitiva, su fundación, el periodo colonial español, las luchas por la independencia y la etapa neocolonial hasta llegar a la etapa revolucionaria. Su historia ha dejado huellas en el territorio del municipio actual a través de sucesivas generaciones que dan continuidad al proceso histórico que enlaza su pasado con el presente. De igual modo se relaciona la historia del municipio con el acontecer nacional en el que a su vez influye el contexto mundial, reviviendo la memoria de las masas populares y las figuras vinculadas al territorio que se han destacado por independizar al país de la metrópoli colonialista y una vez en la república, mediatizada por la injerencia de los Estados Unidos, haciendo énfasis en el contexto económico, social y político correspondiente a la localidad y los esfuerzos desplegados para la liberación nacional, hasta arribar a la etapa de la construcción del socialismo.
Hay aspectos históricos que contribuyen a valorar al municipio como cuna de la vieja ciudad desde el siglo XVI en el que pronto se convirtió en capital del país y tuvo que librar batallas contra corsarios y piratas y contra naciones que estuvieron en guerra con España como Gran Bretaña en el siglo XVIII por lo que desarrolló sus defensas y construyó castillos y murallas, algunas de estas fortalezas se conservan como son los castillos de La Fuerza, La Punta y Atarés.
Sumario
Ubicación geográfica
La localidad es una de las más pequeñas entre los quince municipios que comprende la provincia de La Habana. Por su ubicación provincial limita al norte con la entrada de la Bahía de La Habana la que también bordea el este del territorio hasta la ensenada de Atarés. Al sureste limita con el municipio Regla. Por el oeste tiene los municipios de Centro Habana y Cerro sirviendo de límites el Paseo del Prado o de Martí desde el Malecón hasta la calle San José, esta calle hasta la de Industria y por ella hasta la Calzada del Monte o Máximo Gómez, Matadero, Cristina o Avenida de México hasta la Vía Blanca. Por Prado, San José e Industria, ambas aceras corresponden a La Habana Vieja. Por el sur, en casi toda su extensión, limita con el municipio 10 de octubre y con el de San Miguel del Padrón en un pequeño tramo. El río Luyanó corre por parte del límite sur en los tramos que abarcan tres de sus puentes: los de Vía Blanca, del ferrocarril y del Anillo del Puerto.
Origen del nombre
La Habana Vieja es la parte más antigua de La Habana y durante los primeros siglos coloniales, llamadas la colonia temprana, fue el único espacio que abarcó la ciudad.
Como municipio se constituye en 1976 y adopta este nombre de acuerdo a la ley 1304 de ese año pero en el anteproyecto de la nueva división político- administrativa discutida en el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba en diciembre de 1975, se proponía denominarlo Centro Habana Vieja y se debía tal propuesta a que los actuales municipios de Centro Habana (que se proponía entonces llamarlo Centro Habana Norte) y la Habana Vieja, constituyen el Centro tradicional de la capital cubana, el primero como centro actual del comercio y los servicios y el otro como centro histórico.
No obstante la denominación de la Habana Vieja no se utilizó oficialmente a partir de 1976 sino desde 1963 cuando se constituyó el Seccional de la Habana Vieja, como parte de la región (o regional) de Centro Habana.
Y aunque antes de ese año, no era un nombre oficial de ningún territorio, popularmente se llamaba así a la parte antigua desde el siglo XIX y con más fuerza desde los albores del XX.
Caracterización
El municipio de La Habana Vieja en sus 4,5 km. cuadrados tiene una población de 94 966 habitantes, según censo del año 2002, siendo varones 44 852 y hembras 50 114, siendo su densidad demográfica de 21 103,5 habitantes por kilómetro cuadrado. Su territorio consta de 7 Consejos Populares y 83 Circunscripciones.
La topografía de este territorio es básicamente llana, ocupada fundamentalmente por edificaciones de viviendas, servicios y centros productivos, las únicas elevaciones de consideración son las lomas del Ángel y de Soto, la primera al norte del municipio y la última hacia el sur.
En todas las etapas de la historia de este territorio se aborda la importancia económica y social del puerto de La Habana, calificado como el más importante del país por ser centro de la actividad portuaria del mismo, la intensa actividad de carga y descarga que presenta y por constituir una de las puertas principales que relacionan a la nación con el resto del mundo. No obstante es de señalar que la urbanización creciente y dificultades en los servicios de saneamiento han dado lugar a la contaminación de sus aguas debido a los desechos de las industrias y otros residuos aunque está en desarrollo un plan para eliminarla.
Otras actividades económicas importantes lo constituyen la industria pesquera y las ramas alimenticias, el turismo, la construcción y la de tabaquería. También tienen gran significación, por el servicio que prestan la Terminal Central de Ferrocarriles y el Túnel de La Habana, así como la Termoeléctrica “Otto Parellada”, de Tallapiedra. Caracteriza también al municipio una amplia red comercial y de almacenes.
El municipio también cuenta con algunas de las principales sedes culturales de la provincia y la nación como es el Gran Teatro de La Habana con su Sala García Lorca que fuera el Teatro Tacón en la etapa colonial y más tarde el Teatro Nacional, en la república el museo de la Revolución ubicado en el antiguo Palacio Presidencial, el museo Nacional de Bellas Artes y la Casa Natal de José Julián Martí Pérez, Héroe Nacional de Cuba y patriota insigne del municipio y la provincia, inmueble que se conserva como museo nacional por su valor histórico.
En el municipio se concentran organismos nacionales tales como los Ministerios de Auditoría y Control, Comercio Interior, Finanzas y Precios y el de la Industria Ligera. Además de un grupo de empresas de carácter nacional: la Empresa de Navegación Caribe, la Unión de Gastronomía, Unión de Comercio, Unión Confitera, Unión Láctea, Unión Molinera, Unión de Industrias Locales, el Banco Central de Cuba, el Banco Nacional de Cuba y el Banco de Crédito y Comercio.
En 1979 se declaró Patrimonio de la Nación el recinto antiguo delimitado por las murallas y el puerto y en 1982 la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad al Centro Histórico y sus sistemas de fortificaciones coloniales.
Desde 1981 la conservación de La Habana Vieja se efectúa según planes quinquenales que tienden a concentrar las inversiones por manzanas de modo que facilita tanto el trabajo de recuperación como el ulterior mantenimiento, comenzando por las principales Plazas y los ejes viales que la comunican. En este sentido, la Oficina del Historiador de la Ciudad, institución creada en 1938 por Emilio Roig de Leuchsenring y que después de su muerte dirigió Eusebio Leal Spengler.
Comunidad primitiva
Se conoce que hubo asentamientos indígenas hacia el occidente de Cuba y por una carta de relación de Velásquez, se señala como un jefe de esa región al cacique Habaguanex.
El municipio cuenta con un Gabinete Arqueológico perteneciente a la Oficina del Historiador de la Ciudad que dispone de un museo donde se exhiben las piezas arqueológicas encontradas en el territorio y una biblioteca con una amplia bibliografía referida a los aborígenes que estuvieron asentados allí, además de otras publicaciones sobre La Habana Vieja y otros artefactos de las culturas primitivas.
En las excavaciones arqueológicas realizadas en obras de restauración del Centro Histórico de La Habana Vieja han aparecido, entre otros, fragmentos de cerámica pertenecientes al grupo agro-alfarero y especialistas del Gabinete Arqueológico de dicho municipio han trabajado e investigan para arribar a conclusiones sobre esta etapa.
Ejemplos de Intervenciones Arqueológicas
De la Intervención Arqueológica realizada en la casa de los Marqueses de Arcos, investigado por Carlos A. Hernández Oliva[1] .
- Piezas de factura aborigen encontradas
- Raspador (hecho en la concha Codakia Orbicularis)
- Gubia (hecho en la concha Strombus Sp.)
- Pico de mano (hecho en la concha de Strombus)
- Martillo (hecho en la concha de Strombus)
Sitios investigados por Leandro Romero Estevánez [2].
- Piezas de factura aborigen encontradas
- Sitio Mercaderes 15: 49 fragmentos de Burenes.
- Sitio Casa de la Obrapía: 5 fragmentos 5 de Burenes
Inestimación de Lisette Roura Álvarez en Enterramientos [3].
- Piezas de factura aborigen encontradas
- Punta de concha
- Fragmento de buren
- Perforador de silex
Período colonial
Aunque se puede aseverar que es a partir de 1519 que los españoles ocupan definitivamente el espacio del actual municipio de La Habana Vieja, existe un antecedente y es la escala que realizara Sebastián de Ocampo en ese puerto durante su bojeo a la isla (1508-1509) por órdenes del Virrey de la Española. En este sitio reparó (o carenó) algunas de sus embarcaciones y por ello lo denominó Puerto de Carenas.
Conquista española y fundación de la Villa de La Habana
Ha quedado establecida como fecha de fundación aproximada de la villa de San Cristóbal de La Habana, un día aún por precisar, entre los meses de abril y mayo de 1514, por lo que fue esta, la quinta villa fundada por los conquistadores; la precedieron Asunción de Baracoa, San Salvador de Bayamo, la Trinidad y Sancti Spíritus y la sucederían Santa María del Puerto del Príncipe y Santiago de Cuba.
La villa se funda al sur de la actual provincia de La Habana, al parecer en la zona de Batabanó aunque algunos historiadores la ubican en el valle del Mayabeque, Güines, y entre 1514 y 1519 se trasladó sucesivamente en busca de mejores condiciones de vida, hasta que se produjo su establecimiento definitivo.
Fueron las márgenes del río denominado por los aborígenes “Casiguaguas” y que los españoles nombraron inicialmente “La Chorrera” y después “Almendares”, las que acogieron el segundo asentamiento de la villa; algunos lo sitúan en el sitio conocido por Paso Seco, otros en Puentes Grandes y hay quien plantea que fue en la desembocadura del río al mar.
Finalmente se establecería la villa al Oeste del Puerto de Carenas. Se ha convenido considerar la fecha del 16 de noviembre como la del asentamiento definitivo.
Según algunos historiadores, el nombre es de procedencia indígena y era con el que se conocía la región gobernada por el cacique Habaguanex que abarcaba el territorio de las actuales provincias habaneras en su casi totalidad.
El descubrimiento del Canal de Bahamas que facilitó el tráfico marítimo entre España y América permitió que se conociera en esa ruta el valor estratégico del puerto al que la villa de San Cristóbal de La Habana dio su nombre.
Asentamiento definitivo hasta 1607
La población española de la villa fue muy inestable en los primeros tiempos, debido a que muchos pobladores se emplearon en las expediciones de conquista que salían por el puerto de La Habana hacia el continente donde se habían descubierto riquezas no halladas en Cuba. Era frecuente que se llevaran indios de esta isla como cargadores y para otros trabajos. A pesar de esa existencia aborigen pronto escasearon los indios en el territorio, sometidos a fuerte explotación.
En principio la solución fue traer indígenas del continente. Muchos de los que llegaron a estas tierras procedían de una región de Yucatán que los españoles llamaron Campeche y aquí dieron lugar a un barrio de ese nombre. Se ha considerado que dicho barrio se extendió aproximadamente “desde el lugar que ocupó después la iglesia de San Francisco, hacia el sur, hasta donde se construyó después la Alameda de Paula”[4].
La Habana primitiva se fue desarrollando inicialmente hacia el sur y este, pues al oeste la limitaba, por una parte, un terreno cenagoso que se llamaría plazuela de la Ciénaga que llegaría a ser la Plaza de la Catedral, por otra parte, existió una elevación que tuvo varios nombres: de Cayaguayo, Peña Pobre, Loma del Ángel. Mucho más al sureste presentó otra zona cenagosa conocida por Damajagual.
Los indígenas procedentes del continente fueron suficientes para realizar todo el trabajo que se necesitaba en la agricultura, pesca, construcción, fabricación de barcos y otros. Ante la escasez de mano de obra se trajeron esclavos africanos, aunque ya había algunos desde el inicio de la conquista.
A medida que el puerto de La Habana se convertía en lugar de escala de las naves que cruzaban el Atlántico la villa se fue dedicando a preparar condiciones para facilitar la estancia temporal de navegantes y aventureros atraídos por las tierras descubiertas. El abastecimiento y atención de las naves y a la población flotante que arribaba con ellas fueron conformando la actividad del territorio entre la que primaba el comercio basado en el incipiente desarrollo agrícola y ganadero.
Según expresa el historiador Julio Le Riverend:
Cuando se conquistan nuevas tierras en el continente aumenta la necesidad de abastecimiento en esa región y se trata de cubrir esa necesidad desde La Habana con el desarrollo de hatos y corrales ganaderos que no requieren mucha fuerza de trabajo, aunque se sabe que el ganado traído de España por los conquistadores se volvió cimarrón y se extendió por montes y sabanas.
En 1544, con motivo de la visita pastoral del obispo Diego Sarmiento se obtuvo el primer padrón de la población en algunas de las primeras villas fundadas por los españoles. En relación con La Habana se señala lo siguiente[7]:
| Vecinos | Naborías (obreros) | Esclavos (negros) |
|---|---|---|
| 40 | 120 | 200 |
De acuerdo con estos datos La Habana posee una población blanca de 200 habitantes aproximadamente (cálculo de 5 personas por vecino) y el número de esclavos se iguala al de peninsulares, lo que se considera insuficiente[8].
El florecimiento de la villa y las riquezas que se transportaban en las naves atrajeron a piratas y corsarios que atacaron a la población y a los barcos que se adentraban por estos mares.
A partir de 1537 la región fue asolada por corsarios autorizados por países que estaban en guerra con España y por piratas que actuaban por su cuenta. En 1538, un corsario francés atacó la villa, la saqueó e incendió[9]. En respuesta la Corona dispuso la construcción de una fortaleza y en 1541 se ordenó que las naves que regresaban a España cargadas con las riquezas extraídas de América se concentraran en el puerto de La Habana, y no viajaban aisladas, así se fue organizando la flota que iba convoyada hasta España.
A consecuencia de estos peligros y por la importancia que iba adquiriendo La Habana para los intereses de la Metrópoli, el gobernador de la Isla, en 1553, pasó su residencia de Santiago de Cuba a La Habana, traslado que posteriormente se hizo oficial.
En 1555, San Cristóbal de La Habana sufrió el ataque del corsario francés Jacques de Sores quien la incendió y saqueó de nuevo y destruyó la primera fortaleza que se había construido, también la iglesia, destruida en el ataque anterior, que por esa época estaba en reconstrucción fue saqueada y muy dañada.
Los pobladores volvieron a reconstruir la villa y algunos años después se inició la construcción de otra fortaleza con mejores condiciones, la Real Fuerza, la más antigua que se conserva. Se terminó en la década del 70. Su guarnición contó en principio con unos 50 hombres, cifra que se fue elevando a medida que aumentaba el peligro de ataque. La seguridad de la población se completaba organizando grupos de vecinos entre los que se incluían negros libres y esclavos.
Los astilleros de La Habana cooperaron a esa defensa por cuanto entregaron a España importantes barcos de guerra y también mercantes. La construcción naval fue una de las industrias de más desarrollo en la villa. Los astilleros estuvieron en principio en la zona norte, entre el castillo de la real Fuerza y la Aduana. Esto dio trabajo a muchos artesanos de distintos oficios, aprendices y también esclavos.
Además cuando hacía falta contrataban personal especializado del que venía en los barcos que hacían escala en La Habana.
La Metrópoli controlaba la economía colonial y solo permitía comerciar con España por un solo puerto, lo que traía demoras al comercio de la colonia por la vía oficial. Esto hizo que se buscara salida a los productos del país por otras vías a fin de obtener las mercancías que se necesitaban y que llegaban en las embarcaciones que hacían escala en el puerto.
Para reforzar las defensas a fines del siglo XVI se empezó a construir el Castillo de San Salvador de la Punta, al oeste del puerto que custodiaría conjuntamente con el Morro situado en la ribera opuesta del canal de entrada.
En 1592 se concedió a la villa de San Cristóbal de La Habana el título de Ciudad. En ese año se terminaron las obras del primer acueducto que abasteció la villa, la Zanja Real, al llegar sus aguas a la plazuela de la Catedral, donde también se cargaba el agua que necesitaban las embarcaciones que entraban en el puerto.
Habana Vieja desde 1607 hasta 1762
En 1607 se terminó la construcción del Castillo de San Salvador de La Punta y ese año la isla se divide en dos gobiernos: uno con sede en La Habana, que ejercería el arbitrio sobre todo el territorio occidental y central hasta la jurisdicción de Santa María del Puerto del Príncipe y el otro con sede en Santiago de Cuba, que gobernaría la región oriental, pero en la Real Cédula que establecía esa división, se especificaba que entre los dos gobernadores, el de La Habana y el reconocimiento oficial de La Habana como capital de la isla que, des hecho, lo era desde hacía más de cincuenta años.
La ciudad se había ido extendiendo alrededor de sus plazas, la primera fue la Plaza de la Iglesia junto a la Parroquial Mayor que luego se llamaría Plaza de Armas cuando se dedicó a ejercicios militares, la segunda fue la Plaza de San Francisco, junto al convento de su nombre, le siguió la Plaza Nueva, que se llamó Plaza Vieja cuando surgió la del Cristo en marzo de 1640 y se fue conformando la Plaza de la Ciénaga junto a la cual se erigió la ermita de San Ignacio de Loyola que después fue oratorio.
Dichas plazas se construyeron junto a edificios religiosos, no así la Plaza Nueva que funcionó como mercado. Las rodearon edificios civiles en unos casos del gobierno, en otros particulares. Hubo vendedores e intercambios comerciales en horas tempranas. La Plaza de Armas llegó a tener una especial importancia:
En las otras plazas también se escuchaba a esos pregoneros, lo que hoy se denomina “Primer sistema defensivo colonial”, iniciado en el siglo XVI con los Castillos de la Real Fuerza, San Salvador de La Punta y Los Tres Reyes del Morro se completaría a partir de 1674 con la construcción de la Muralla que iba a rodear la ciudad para su defensa aunque no se terminó hasta el siglo siguiente. Con la muralla surgieron dos zonas, intramuros y extramuros junto a la Muralla debía dejarse libre de obstáculos la llamada zona del glacis para facilitar la actividad militar. Pero es más de una ocasión hubo que demoler construcciones en esa zona ante el peligro de un ataque a La Habana.
En principio solo hubo dos puertas en la Muralla, la de la Punta en el norte y la Puerta de Tierra hacia el centro, que enlazaba con la zona rural.
Las puertas de la ciudad fueron forzadas en 1717 durante una manifestación de protesta de vegueros, artesanos y comerciantes cuando la Metrópoli decidió establecer un impuesto al cultivo del tabaco y el estanco ese producto. En ese enfrentamiento se sumó el pueblo y el gobernador Vicente Roja no pudo controlarlos y embarcó para España. Pero la Metrópoli se impuso. Ya en 1727 se había creado la Real Factoría de Tabacos y se exportaba a España y América. No obstante esta insurrección se ha calificado como “el más lejano antecedente y la simiente primera de la identidad de un pueblo que estaba naciendo”[12].
Para satisfacer el gusto de los consumidores de esa época funcionaban más de cien molinos de tabaco movidos por fuerza animal en la zona de intramuros que elaboraban el polvillo y el rapé (de grano más grueso), formas de gran demanda en Europa, aunque en Cuba se prefería el tabaco torcido.
Como plantea el historiador Sergio Aguirre, en el siglo XVIII el tabaco llegó a superar al ganado y al azúcar como producto básico de la economía del país y la Metrópoli lo controló a través del monopolio que representó el Estanco del Tabaco y después la Real Compañía de Comercio de La Habana cuyos accionistas se enriquecieron[13].
Otra de las fuentes económicas desde fines del siglo XVII fue la fundición de cobre. El cobre se extraía en el oriente de la Isla y había que trasladarlo a la Fundición de La Habana con el consiguiente gasto que ocasionaba, no obstante tuvo auge la actividad hasta las primeras décadas del siglo XVIII y se construyeron cañones, anclas y otros elementos necesarios a las fortalezas, los barcos, pailas y otros instrumentos de la industria azucarera, los edificios con sus rejas forjadas y obras de arte como la Giraldilla colocada en lo alto de la Real Fuerza. Se dice que el trabajo decayó en la fundición por desvíos del mineral hacia zonas más rentables y por el interés de la Metrópoli de pasar esa actividad a otras regiones de sus dominios.
Según el Licenciado Leandro Romero, la casa de la fundición aparece en el plano de Cristóbal de Roda, de 1603, ubicada en la calle Cuba –antigua de la Fundición– entre Chacón y Cuarteles[14].
Hasta la toma de La Habana por los ingleses existió el monopolio que afectó a toda la población de Cuba, la Real Compañía de Comercio de La Habana, que llegó a tener la autorización exclusiva para vender a España casi todas las mercancías que se exportaban de Cuba y vender en Cuba casi todas las que venían de España (11).
LA TOMA DE LA HABANA POR LOS INGLESES A mediados del siglo XVIII La Habana parecía una plaza invulnerable. Pero Gran Bretaña, enemistada con España hizo un trabajo profundo para recoger información sobre los puntos débiles de la ciudad de La Habana a través de viajeros y otros medios y el 6 de junio de 1762 presentó frente a las costas de La Habana gran cantidad de navíos, hombres y armas. Así comenzó el sitio y ataque a la Plaza, los habaneros lucharon bravamente defendiendo su tierra. El Teatro de operaciones militares fue fundamentalmente en los territorios que hoy corresponden a otros municipios como La Habana del Este y Guanabacoa. En el caso de La Habana Vieja resaltamos que tanto los defensores de La Punta como los de otras fortalezas militares lucharon con heroísmo. Se destacaron los batallones de pardos y morenos integrados por hombres libres y también participaron esclavos en algunos trabajos y campesinos con sus productos.
El comportamiento de los criollos contrastó con el del gobernador y sus oficiales que se mostraron pasivos.
Después de la capitulación de los españoles, el 12 de agosto, La Habana estuvo once meses bajo la dominación británica, hasta el 6 de julio de 1763. En esta etapa se favoreció la economía habanera al establecerse el comercio con otras colonias británicas como las de las Antillas Menores y las de la Costa Atlántica de América del Norte. La trata negrera se incrementó y se introdujo en Cuba las creencias protestantes y la fraternidad masónica. La dominación inglesa fue militar y no supuso el establecimiento de colonos de esa nacionalidad.
LA HABANA VIEJA A FINALES DEL SIGLO XVIII
Al tomar de nuevo España el poder, se reforzó la defensa, en ese sentido se restauraran las fortalezas que habían sufrido estragos durante la guerra y se inició la construcción de lo que hoy denominamos “segundo sistema defensivo”, el cual amplió las posibilidades del primero, de modo que surgieron los Castillos de San Carlos de La Cabaña en la loma aledaña al Morro, el del Príncipe en la loma de Aróstegui y el de Santo Domingo de Atarés, este último es el único que se encuentra dentro del espacio territorial actual de La Habana Vieja.
También se restauró el Arsenal, que ya había sido trasladado para la zona que ocupa hoy la Terminal de Ferrocarriles, y que fue destruido por los ingleses antes de retirarse, los que también se apoderaron de varios navíos de guerra y otros mercantes que se encontraban en el lugar. La Metrópoli en esa etapa tuvo que dar más facilidades al comercio de la colonia dado que así podía obtener más ganancias.
Como expresa Sergio Aguirre:
Cuba pudo comerciar con varios puertos de España y continuar comerciando con las Trece Colonias inglesas de Norteamérica, especialmente para adquirir alimentos y materiales de construcción para los trabajadores que construían fortalezas en La Habana.
La Real Compañía de Comercio de La Habana dejó de ser un monopolio y funcionó como simple empresa comercial. Aunque la metrópoli continuó controlando el monopolio del tabaco.
Se creó la Intendencia de Hacienda para organizar las recaudaciones y los gastos (12).
Dos meses después de la retirada de los ingleses, el capitán general conde de Ricla, para tener un mayor control de la ciudad en caso de un ataque, estableció la primera división legal de La Habana.
Según refiere el historiador Emilio Roig en su obra “Habana Apuntes Históricos” (13) la ciudad se dividió en cuatro cuarteles siendo esa la primera división político- administrativa interna de la ciudad. El primer cuartel comprendía toda la parte sur hasta la calle de Acosta; el segundo desde la calle de Acosta a la de Amargura; el tercero de Amargura a la calle O´Reilly y el cuarto comprendía el resto de la población. Entre otras medidas hizo listas de vecinos para organizar milicias y los ayuntamientos eligieron comisarios de barrio entre los vecinos distinguidos para que actuaran como policías en las demarcaciones.
El General Bucarelli, sucesor de Ricla, distribuyó la zona de intramuros en dos cuarteles: Cuartel de la Punta subdividido en los siguientes barrios, Dragones, del Santo Ángel, la Estrella y Montserrate; el otro fue el Cuartel de Campeche subdividido en los barrios de San Francisco, Santa Teresa, Paula (San Francisco de Paula) y San Isidro (1770).
Fuera de la Muralla, hacia el sur, se fue poblando el que sería después el barrio de Jesús María. Esas zonas más apartadas constituyeron demarcaciones que se llamaron partidos así como capitanes a guerra los que ejercían las funciones de justicia en los mismos. A estos le sucedieron los capitanes pedáneos.
Durante el gobierno del capitán general marques de la Torre (1771-1776), se realizaron importantes obras civiles en el territorio, tales como la Alameda de Paula, llamada el primer paseo:
“Fue el lugar de mayor vida en La Habana a finales del siglo XVIII, sobre todo los días de baile y retreta; sin embargo, otros días –y en esto contribuía mucho el paseo de a pie– era poco concurrido, sobre todo por las mujeres, que no acostumbraban a bajar de los carruajes” (14).
Construyó el teatro coliseo en un extremo de la Alameda y cuando hubo que reedificarlo recibió el nombre de Principal.
Entre otras obras que comenzó este gobernante está el haber abierto el Paseo Extramural que sería después el Prado. Se completó el Prado cuando se hizo un terraplén en el glacis y se formó el Campo de Marte. Carlos Venegas, en su obra sobre la Urbanización de las Murallas trata de la inauguración de este terraplén con maniobras que ya no podían hacerse en la antigua Plaza de Armas. Todos esos ejercicios militares, los barracones para las tropas, los desfiles aumentaron la concurrencia de la población hacia esa zona. Contribuyeron también las ascensiones en globos aerostáticos que se efectuaron en ese lugar (15).
Se inició en 1771 junto al Castillo de la Real Fuerza, la Casa de Correos o Palacio del Segundo Cabo o Palacio de la Intendencia, hoy Instituto Cubano del Libro.
En 1773 se construyó un amplio edificio para la segunda Factoría de Tabacos entre las calles Factoría, Revillagigedo, Diaria y el muelle de Tallapiedra (cuando se suprimió el estanco tuvo otros usos).
En 1776 la Parroquial Mayor ofrecía peligro de derrumbe y hubo que demolerla (16), se trasladó provisionalmente para el oratorio de San Felipe de Neri, en Aguiar y Obrapía y en el terreno dejado por la iglesia y la Plaza de Armas, que se reubicó, se inició la construcción del edificio del Palacio de los Capitanes Generales o Palacio de Gobierno, la Casa del Cabildo y la Cárcel, hoy museo de la Ciudad de La Habana.
En 1777 se trasladó definitivamente la Parroquial Mayor para la Iglesia de San Ignacio, frente a la Plaza de la Ciénaga, que había sido abandonada sin terminar por los jesuitas cuando fueron expulsados de los dominios de España en 1767. Se convertiría en la Catedral de La Habana y le daría nombre a la Plaza.
En 1777 el puerto de La Habana comenzó a desarrollar más actividad al ser La Habana el centro abastecedor de los norteamericanos que luchaban por independizarse de Inglaterra.
También influyeron en el desarrollo del país otros hechos internacionales como la Revolución Francesa de 1789 y la rebelión de esclavos de 1791 en Haití, preludio de su lucha por la independencia.
TRÁFICO EN EL PUERTO DE LA HABANA (1796-1801)
De ellos real o falsamente americanos
TABLA
AÑOS CANTIDAD DE BARCOS (COMERCIO DE RESCATE) 1796 - 150 1797 781 383 1798 800 416 1799 803 558 1800 771 606 1801 993 824
Fuente: (Moreno Fraginals, El Ingenio: 1964: 35).
La Habana vuelve a ser un centro de reexportación de mercancías para las demás colonias de América por haber quedado destruidas en las contiendas que sostuvo la flota de guerra y mercante de España y por depender La Habana de la marina norteamericana para sus exportaciones al haber heredado los mercados que ya no podía cubrir Haití al quedar destruidos sus ingenios y cafetales en la guerra. (17)
La zona más antigua de la Ciudad, llamada la Habana Vieja además de ser el centro político y económico del país se fue convirtiendo en centro de desarrollo cultural y científico. En dicha zona se fundó en 1728 la Real y Pontificia Universidad de La Habana y en 1773 el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Figuras que se formaron en esos centros se consideran precursores de la nacionalidad cubana, tales como Francisco de Arango y Parreño, Tomás Romay –nativos de La Habana Vieja– y el padre José Agustín Caballero.
Como se ha señalado, Arango y Parreño representó a la oligarquía criolla esclavista, fue economista y abogado e influyó en decisiones de la Metrópoli sobre la isla. Tomás Romay, médico representó el movimiento científico y trabajó por la salud de la población. El padre José Agustín Caballero impuso la revisión filosófica.
En 1970 se envió a Cuba como gobernante a don Luis de las Casas se dice que ocupó, aún sin terminar, el Palacio de los Capitanes Generales y tomó como colaboradores a criollos de talento que conocían las necesidades del país y sabían como afrontarlas. Es conocida la anécdota del primer encuentro de las Casas con Tomás Romay una tarde en que se retiraba al palacio de gobierno con otra persona que conocía a Romay los presentó cuando se lo encontraron en el camino. Lo invitaron a seguir con ellos y comenzaron a hablar de los problemas de salud de la población y terminaron de madrugada siendo ya Romay uno de los consejeros del gobernador en esas tareas.
Una disertación de Romay recogida en un folleto sobre el vómito negro o fiebre amarilla se considera el primer ejemplar de la bibliografía médica cubana (18).
Cuando el país fue azotado por la viruela, conocedor de la existencia de la vacuna capaz de inmunizar a la población, dedicó todo su esfuerzo a encontrar el virus pero no lo halló en Cuba, hasta que conoció a una familia que llegó a Cuba procedente de Puerto Rico donde se había vacunado. Extrajo el virus de la pústula de una de las niñas vacunadas y lo inoculó a varios niños, entre ellos sus hijos que no contrajeron la enfermedad. Aunque anunció por el Papel Periódico su disposición de vacunar a la población para inmunizarla hubo temor a la vacuna, entonces se decidió inocular con las viruelas naturales a sus hijos en presencia del gobernador y otros facultativos y convenció a los que dudaban (19).
Francisco de Arango y Parreño luchó por la divulgación de los conocimientos técnicos que aumentaran la producción y la calidad de los principales productos que se comercializaban en el país. Dio exitosas batallas por la libertad de comercio y por la supresión de medidas económicas que se cargaban a la propiedad de la tierra, contra el monopolio del tabaco y otros. A la vez promovió el aumento de la trata de esclavos que era la base de la producción azucarera y de otros renglones de la economía. Aunque al final de su vida fue partidario de la supresión de la trata y de la abolición gradual de la esclavitud convencido de que el desarrollo de la técnica aplicado a la producción con el uso de las nuevas maquinarias que ya se empleaban en otros países resultaba más rentable.
Por esa época se fundó el Papel Periódico de La Habana y la Sociedad Patriótica - que después se llamaría Sociedad Económica de Amigos del País-. En esta Sociedad funcionó la primera biblioteca pública y se ocupó de la enseñanza pública. Tanto en el periódico como en la Sociedad Económica se divulgó lo más avanzado del pensamiento de la época. En ambos colaboraron Arango, Romay y José Agustín Caballero.
En esta sociedad la vida del esclavo fue muy dura por la forma en que se le explotaba, especialmente en las fincas con largas jornadas de labor y fuertes castigos. Algunos lograban escapar y se les llamaba cimarrones. Pero había un día en que los esclavos podían sentirse libres, usaban los trajes de la nación de donde provenían y cantaban y bailaban con sus característicos instrumentos musicales era:
“el 6 de enero, el famoso día de los Reyes, de inenarrable Alborozo y libertad para todos los negros esclavos y horros Africanos y criollos... constituía una verdadera fiesta Africana durante la cual... la gente de los Cabildos (Cabildos africanos) (20) hacían lo mismo que hacían lo Mismo que hacían en su tierra... el Palacio del Gobernador Abría las puertas a la negrada y el mismo gobernador con Sus manos les tiraba el aguinaldo” (21).
Como se aprecia, tras el fin de la dominación inglesa que, aunque odiada por criollos y peninsulares, trajo progresos socioeconómicos a la capital de la colonia, la metrópoli española se vio obligada a desarrollar una política de beneficios sociales en el orden del comercio, la cultura y el urbanismo que benefició a la ciudad y dejó sus huellas en su parte más antigua que hoy conocemos como La Habana Vieja.
HUMBOLDT EN LA HABANA VIEJA
En Cuba estuvo de visita y en plan de trabajo un ilustre científico alemán de ideas abolicionistas, Alejandro de Humboldt, quien se hospedó en La Habana Vieja. Realizó investigaciones sobre este país que recogió en su Ensayo Político sobre la Isla de Cuba, importante obra donde condenó la esclavitud que vio en América. Por esas ideas en Ayuntamiento prohibió la entrada de ese libro. La casa donde vivió en esa primera estancia en Cuba (1800-1801) se conserva como un museo en La Habana Vieja (Oficios 254) donde se recuerdan sus trabajos sobre Botánica, Mineralogía, cálculos matemáticos sobre el Meridiano de la ciudad y otros.
FIGURAS Y ACONTECIMIENTOS PRECURSORES DE LA NACIONALIDAD CUBANA EN EL TERRITORIO A INICIOS DEL SIGLO XIX. PANORAMA CITADINO HASTA 1867 En este siglo se destacan varias figuras precursoras de la nacionalidad en el territorio hoy llamado la Habana Vieja. José Antonio Aponte Ulabarra: Negro libre que trabajó como carpintero hábil en la talla de madera, llegó a ser cabo primero de las Milicias del Batallón de Morenos y reclutado por el capitán Bassave para que participara en la conspiración de 1810. Luis Francisco Bassave, junto con Román de la Luz y Joaquín Infante, como expresara el historiador José Luciano Franco pertenecieron a “un grupo de ricas familias cubanas dirigentes de un movimiento político encaminado a lograr la independencia de la isla de Cuba”, actuaban bajo los auspicios de una logia masónica.
El capitán general, Salvador de Muro y Salazar, marqués de Someruelos, Gobernador de la Isla de Cuba controló este movimiento que no obstante se extendió a algunos barrios del territorio como Belén y Jesús María.
Aponte pudo eludir su inclusión en el proceso, aunque por su relación con Bassave se le retiró de las milicias alegándose la edad.
Su vivienda aunque modesta fue sede del cabildo Shangó Tedum y apoyándose en las actividades religiosas se reunieron para reclutar personas para el movimiento insurreccional desde 1811. Además mantuvo contacto con
revolucionarios haitianos y dio algunos viajes por la Isla para incorporar a más personas.
Aclara José Luciano Franco:
“Como punto fundamental del Programa Mínimo de los conspiradores figuraba la abolición de la esclavitud y la trata negrera, también en forma rudimentaria, es lo cierto, aspiraban a derrocar la tiranía colonial y sustituir aquel régimen corrompido y esclavista por otro cubano y sin discriminaciones odiosas” (22).
Aponte y otros seguidores pagaron con la vida este “glorioso empeño”.
El movimiento abolicionista dirigido por José Antonio Aponte, tuvo gran repercusión en todo el país en 1812, aunque fracasó, fue creando conciencia. Entre los conspiradores se cuentan participantes procedentes de barrios de La Habana Vieja: Jesús María, plaza del Santo Cristo, La Punta, Plaza de Armas, Alameda de Paula, Muelle de Luz.
El presbítero Félix Varela Morales nacido en La Habana Vieja en una familia de militares, sintió vocación religiosa y desde muy joven fue profesor en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Allí se dio a la tarea de transformar la enseñanza y la filosofía. Consideraba que era una responsabilidad de la sociedad y en especial de la escuela enseñar a pensar al hombre desde su más tierna infancia. Inició la enseñanza experimental de la Física y estableció el uso del español, en vez del latín en las clases de Filosofía y continuó la reforma antiescolástica.
Cuando se inauguró por segunda vez el régimen constitucional en España se le encargó a Varela la cátedra de Constitución. Esas materias políticas lo hicieron ir evolucionando, sobre todo cuando fue elegido diputado a las Cortes y comprobó el poco interés que había en aplicar medidas democráticas a Cuba. Sus pronunciamientos sobre la abolición y la libertad de los pueblos lo obligaron a huir de España al reimplantarse el absolutismo y los diputados a Cortes condenados a
muerte. Vivió en el exilio el resto de su vida. Influyó en la juventud cubana desde la cátedra y el exilio. Se le considera el primer intelectual patriota independentista.
En el periódico “El Habanero” que editó Varela en el exilio escribió un paralelo entre la revolución que puede formarse en la Isla de Cuba por sus mismos habitantes y la que se formaría por la invasión de tropas extranjeras. Destaca el peligro que representarían esas tropas aunque vinieran de un país hermano de América Latina. En esto fue categórico al expresar que “desearía verla (a Cuba) tan Isla en política como lo es en la naturaleza” (23).
A medida que avanzó el siglo XIX aumentó la represión en el país por temor al movimiento independentista. Se persiguió a los sospechosos de ideas liberales y a los que pudieran desear más libertad social como los negros y mulatos. Estos sectores fueron involucrados en el proceso de “La Escalera”. Hubo un caso que dio mucho que hablar, el de Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), nacido en La Habana Vieja –Bernaza 14, (24) demolida hoy 64 (25)– que pasó grandes dificultades económicas y fue acusado con los demás en esa causa porque a pesar de ser un poeta mulato llegó a alcanzar relieve social en la peña literaria de Domingo del Monte, sus poemas fueron premiados en concursos y se relacionó con poetas como José María Heredia quien lo invitó a viajar a México, pero no aceptó. Aunque no tuvo participación en movimientos abolicionistas fue condenado a muerte y ejecutado, al igual que decenas de personas más. Otros cientos murieron mientras se les azotaba para que confesaran o hicieran denuncias. Muchos sufrieron años de prisión o exilio.
En la plaza de Cristo hay un monumento dedicado a Plácido con un busto.
En un folleto de Nicolás Guillén sobre Claudio José Domingo Brindis de Salas, al tratar de; padre de este artista nos da otro ejemplo de las injusticias cometidas durante el proceso de “La Escalera” (26).
Hacia mediados del siglo XIX los artesanos se organizaron en sociedades de socorros mutuos. Debían destacar su carácter benéfico y su relación con la iglesia para ser aprobadas por las autoridades coloniales.
En La Habana Vieja se fundó la Sociedad de Socorros Mutuos de Honrados Artesanos y Jornaleros bajo la advocación de la Divina Pastora. Estuvo ubicada en la feligresía o barrio de Jesús María y José, en la calle Farruco (hoy Factoría) número 67 (28).
Estas sociedades se consideran antecedente de los gremios. Se estima como el primer gremio genuinamente obrero la Asociación de Tabaqueros de La Habana, creada en 1866.
De las luchas puramente económicas se fue pasando a contradicciones políticas debido a la división que se agudizaba entre los cubanos y españoles. Esto se apreció en periódicos, revistas, obras de teatro y otros medios a través de los cuales se expresaban reformistas, integristas, anexionistas y separatistas.
La Habana Vieja fue escenario de muchas de estas luchas.
En 1851 fueron fusilados 51 expedicionarios que vinieron con Narciso López en el vapor Pampero. La condena se cumplió en el Castillo de la Punta. Narciso López también fue condenado a muerte, esta vez en garrote en el propio castillo. De este modo culminó esta expedición integrada mayormente por extranjeros que recibió ayuda de Estados Unidos con fines anexionistas.
En 1852, Eduardo Facciolo Alba, del sector gráfico montó una imprenta clandestina en Mercaderes núm. 18, casi esquina a Obrapía en la que imprimió tres números de La Voz del Pueblo Cubano, periódico que combatía al gobierno español y hacía propaganda a favor de la anexión a EE. UU. El cuarto número quiso imprimirlo en una imprenta ya establecida en Obispo entre Aguacate y
Compostela para mejorar la impresión, estaba vigilada y prendieron a Facciolo y demás personas que se encontraban allí. Facciolo fue condenado a muerte y ejecutado en la explanada de la Punta (29).
Facciolo confeccionaba el periódico con los materiales que le proporcionaba Juan Bellido de Luna “anexionista por convicción de toda una vida” como caracterizaba el historiador Fernando Portuondo a uno de los dirigentes de la conspiración de Vuelta Abajo (30).
Además de estos sectores, una minoría que ostentaba poder económico y político basado en la producción esclavista mostró inclinación al anexionismo por temor a que España cediera ante la presión abolicionista de Inglaterra. Esto se mantuvo mientras existió la esclavitud en el sur de los EE.UU.
El contrabando negrero había continuado en Cuba hasta el punto de sobrepasar ya la población negra y mulata a la blanca, cuestión esta que frenaba la idea independentista en este sector acaudalado por temor a que se produjera una Revolución como en Haití.
Ante esta situación muchos terratenientes esclavistas para salvar sus intereses se mantuvieron al lado de España y abrazaron la tendencia reformista como medio de obtener mejoras.
Estas familias que tenían mansiones en La Habana Vieja derrochaban sus riquezas en fiestas, bailes, organizaban conciertos en los que se tocaba música clásica o se presentaban obras de teatro. Al cultivo de las artes contribuían sociedades como la Filarmónica, el Liceo Artístico y Literario de La Habana que tenía secciones de Literatura, Música, Pintura y Declamación. Contribuían a este desarrollo las compañías líricas, los concertistas y las agrupaciones teatrales que visitaban el país. Se contaba con el Teatro Tacón desde 1838 (hoy Gran Teatro de La Habana) ubicado en Prado y San Rafael, y el Circo Habanero que en 1853 tomó el nombre de Villanueva, ubicado en Zulueta (hoy Agramonte), entre Colón y Refugio, donde está la fábrica de tabacos “La Corona”. Allí se representaban obras dramáticas, óperas y zarzuelas.
Desde que la Plaza de Armas adquirió su ambiente de recreo fue lugar de encuentro de estas familias acaudaladas que paseaban alrededor de la plaza en sus volantes y quitrines especialmente los días de retreta.
En 1863 la Metrópoli autorizó la demolición de las Murallas y se trazó poco después un plano para hacer en ese terreno un reparto parcelado que se pondría en venta. Las autoridades en la colonia querían hacer grandes edificios para organismos oficiales, con portales calles anchas paralelas al Prado y reubicar la línea del tren en la llamada calle Central que después se llamó Zulueta.
Cuando fue desarrollado el Paseo Extramural que se conocería como el Prado su recorrido fue el preferido desde la Punta hasta la fuente de la India. Se cuenta que algunos solían hacer una parada en el café del Campo de Marte conocido por el café de los franceses.
Los hombres de esta sociedad tenían acceso a los centros de enseñanza superior ubicados en La Habana Vieja: la universidad de San Jerónimo en el Convento de Santo Domingo (demolido, donde después se construyó un edificio para oficinas y el Seminario de San Carlos y San Ambrosio, al fondo de la catedral que por entonces tenía entrada por la calle Tejadillo.
En ambos centros estudió, en sus años juveniles Carlos Manuel de Céspedes, quien el 10 de Octubre de 1868 hizo el primer llamado a la Revolución al grito de ¡Independencia o Muerte!
LAS GUERRAS DE INDEPENDENCIA Y SU REPERCUSIÓN EN EL TERRITORIO. LAS ÚLTIMAS DÉCADAS DEL SIGLO XIX.
Una pléyade de Combatientes mambises que estudiaron en la Universidad de San Jerónimo se sumó a esta lucha: Ignacio Agramonte, Rafael Morales, Honorato del Castillo, Luis de Ayestarán, Pedro Betancourt, Manuel Sanguily y otros; más de treinta cayeron en las contiendas independentistas.
En la etapa de la lucha por la independencia, en La Habana Vieja no hubo acciones militares por ser este territorio entonces la capital de la colonia, sede del gobierno y de sus cuerpos armados. Pero en ella se mostró el espíritu independentista y la agresividad del Cuerpo de Voluntarios.
Ricos propietarios españoles, conservadores, organizaron y tuvieron bajo su dirección batallones de voluntarios integrados en gran medida por inmigrantes que se han calificado de explotados, resentidos, incultos, que constituyeron una turba que el gobierno no pudo controlar.
En La Habana Vieja se sucedieron sus ataques. Fue alarmante el que sufrió el Teatro Villanueva una noche en que daban función bufos habaneros que anunciaron sería “a beneficio de unos insolventes”. Como el día anterior uno de los artistas dio vivas a Carlos Manuel de Céspedes y fue aplaudido por el público,
los voluntarios tomaron posiciones en espera del momento oportuno para intervenir. El momento se dio cuando, según una versión, un artista dijo: “No tiene vergüenza ni mucha, ni regular, ni mala, el que no diga conmigo. ¡Viva la tierra que produce la caña!” Y el público aplaudió.
Los voluntarios interrumpieron con sus gritos la función, se dice que algunos espectadores respondieron con disparos. “Agotado el parque los voluntarios penetraron en el local y se enseñaron sobre la masa indefensa de espectadores” (31).
El día 24 atacaron igualmente el café “El Louvre”.
Las acciones de los voluntarios de La Habana tuvieron su punto culminante en el fusilamiento de los estudiantes de medicina en 1871 en la explanada de La Punta.
Fueron acusados los cuarenta y cinco estudiantes universitarios de un aula de primer año de medicina por haber profanado tumbas en el cementerio. Entre esas tumbas señalaban la de un periodista muerto en un duelo y que se había destacado por sus artículos integristas.
El consejo de guerra que los juzgó no los encontró culpables de las acciones que les imputaban. El militar español, Federico Capdevila Miñono tuvo a su cargo la defensa.
La turba de voluntarios no aceptó el fallo y exigió un nuevo consejo de guerra. El gobernador interino cedió a esta demanda y se constituyó un nuevo consejo en el que participaron seis militares y nueve jefes de voluntarios con lo que se aseguraba la condena de los estudiantes.
El consejo señaló que ocho alumnos debían ser condenados a muerte. Tres de ellos fueron escogidos a la suerte, uno de los cuales el día de los hechos no asistió a la universidad, no obstante fue fusilado junto con los demás.
Nicolás Estévanez Murphi, militar español, en la Acera del Louvre protestó ante la consumación del fusilamiento.
Cuando el repudio general por este horrendo crimen llegó a la Corte española se dictó un Real Decreto por el cual se concedió el indulto a los 31 estudiantes que guardaban prisión.
Las autoridades de la Colonia por temor a represalias de los voluntarios los trasladaron junto con otros presos que llevaban a la Cabaña y de allí a la fragata Zaragoza, donde permanecieron 19 días en la bahía, en espera del barco que los trasladaría a España para que estuvieran libres de la ira de los voluntarios. (32)
Varias semanas después del fusilamiento de los estudiantes de medicina se trasladaron las clases que se daban junto al cementerio para el antiguo hospicio de San Isidro en La Habana Vieja (San Isidro entre Picota y Compostela) (33).
Al finalizar la guerra se reconoció la condición de libres a los esclavos que habían peleado contra España. Quedó una contradicción que con el tiempo hubo que suprimir, que siguieran siendo esclavos los que no habían peleado.
La abolición contribuyó al desarrollo incipiente de la clase obrera y se organizaron de nuevo las agrupaciones artesanales. El gobierno las vigiló aunque se declararan de carácter benéfico y de ayuda mutua. Se organizaron cooperativas de consumo en fábricas y talleres. En La Habana Vieja tuvo importancia “la sociedad cooperativa “la Reguladora” que el 19 de enero de 1879 abrió en la calle Príncipe Alfonso (Monte) núm. 51, una fonda que fue entonces punto de reunión de los principales líderes obreros de La Habana” (34).
Pero no todos consiguieron trabajar por lo que se dedicaron a actividades marginales, muchos caen en el vicio del juego, que se dice superaba a cualquier otro vicio.
Con el Pacto del Zanjón no se perdió el espíritu revolucionario “En junio de 1878 se sorprendió en la calle Esperanza 88 una imprenta revolucionaria” (35).
También se considera que en la actitud de los jóvenes de la Acera del Louvre, los “Tacos” (36), frente a los representantes de la autoridad colonial que los calificó de indisciplinados, se reflejó un espíritu de resistencia ante la presencia de España en Cuba.
Durante el período de tregua que siguió a la Guerra de los 10 años, se crearon en La Habana clubes revolucionarios que dependían del Comité radicado en Nueva York, presidido por Calixto García. A esta labor conspirativa se incorporó José Martí cuando en 1878 retornó a Cuba por la amnistía que dictó el gobierno español. Aquí tuvo oportunidad de desarrollar actividades revolucionarias junto a Juan Gualberto Gómez con quien se relacionó cuando trabajó en el bufete de Azcárate y en el de Biondi en La Habana Vieja.
Su labor estuvo encaminada a la preparación de un nuevo levantamiento, esto le trajo enfrentamientos, entre otros, con los autonomistas a los que fustigó en el brindis ofrecido a Adolfo Márquez Sterling en los altos del café “El Louvre”, en 1879.
Meses después, descubierta su labor conspirativa, fue detenido y deportado por segunda vez a España. Juan Gualberto Gómez fue enviado a Ceuta.
Por esta época en el territorio de La Habana Vieja trabajó en sus investigaciones científicas el Dr. Carlos J. Finlay en el Hospital Militar de San Ambrosio. También tuvo una consulta en Prado 52 (hoy 156) y en la Academia de Ciencias Médicas, en la calle Cuba 460 –que hoy lleva su nombre– siguió “librando batallas para fortalecer la conciencia científica” (37).
En cuanto a la lucha de los trabajadores como dijera Fabio Grabart, “la corriente reformista de colaboración de clases sostenida por Saturnino Martínez (38) desde 1865 va siendo desplazada por las corrientes anarquistas que sostienen aunque con mucha confusión el principio de la lucha de clases en el movimiento obrero” (39). En este aspecto destacó Grabart el lugar que ocupó como líder sindical Enrique Roig San Martín, nativo de La Habana Vieja, del barrio de Jesús María. Lo consideró anarquista en tránsito al socialismo.
En 1890 el Círculo de Trabajadores (fundado en 1885), organizó la participación de los obreros en el primer 1º de mayo celebrado internacionalmente. El desfile salió del Campo de Marte (hoy parque de la Fraternidad), recorrió varias calles y terminó con un mitin en el que hablaron, se dice que quince personas. Por la repercusión que tuvo se prohibió que en lo adelante se dieran actos de calle en esa fecha.
En este período de tregua también estuvo Antonio Maceo por dos veces en La Habana Vieja, con el propósito de unificar voluntades para reiniciar la lucha.
La primera vez fue en 1890 alegó la necesidad de vender unos terrenos de su familia y autorizó su estancia en Cuba más de cinco meses durante los gobiernos interinos que se sucedieron. Se hospedó en el Hotel Inglaterra y el entusiasmo popular que despertó su presencia alentó la aspiración separatista de muchas capas de la población. Tuvo frecuentes contactos con Juan Gualberto Gómez, que regresó a Cuba por esa época y con otras personalidades como Julio y Manuel Sanguily, José María Aguirre, Miguel Figueroa, Juan Bruno Zayas, Néstor Aranguren, representaciones de los trabajadores, entre otros. Participó en tertulias en la redacción de “El Fígaro” con Ramón A. Catalá, Manuel de la Cruz, Julián de Casal y otros escritores.
Cuando llegó el nuevo gobernador en propiedad del cargo se vio obligado a abandonar la capital y salir del país.
Antonio Maceo también volvió a La Habana Vieja en 1893, pero esta vez vino clandestino, aunque con igual propósito que en el viaje anterior. Llegó con el pasaporte de su cuñado Ramón Cabrales.
El biógrafo de Antonio Maceo, José Luciano Franco, en su folleto sobre “La ruta de Antonio Maceo en el Caribe y la América Latina relata cómo al superar mil dificultades, se trasladó de otras provincias a La Habana:
Aquí se ocultó en una casa cercana al puerto, en el barrio de San Isidro, desde la que estableció contactos con elementos populares que le eran totalmente adictos, singularmente los abakuá, integrantes del grupo Bacocó. Pero pronto la policía española –alertada por el alzamiento de Higinio Ezquerra en Lajas, provincia de Las Villas– estuvo sobre la pista de Maceo, que fue salvado de las garras de los esbirros coloniales por el aviso oportuno de un niño de apellido Salgado, y la cooperación de los abakuá que lo llevaron a un lugar seguro a la casa del famoso músico popular Raimundo Valenzuela (40).
De allí inició el recorrido que le permitió salir del país. De la última etapa de las guerras de independencia organizada por José Martí, se conserva una tarja en la “Acera del Louvre” (Prado entre San Rafael y Neptuno), con los nombres de cuarenta jóvenes del grupo que acostumbraba a reunirse allí y que cayeron combatiendo por la Patria.
Al concluir la invasión de Oriente a Occidente, conducida por Máximo Gómez Báez y Antonio Maceo Grajales, se puso en pie de guerra toda la Isla y se decidió la contienda a favor de las fuerzas cubanas.
Una medida desesperada tomada por el gobernante español Valeriano Weyler hizo que se trasladara a poblados y ciudades la población campesina para que no prestara ayuda a los insurrectos. En la capital se alojaban en los Fosos, sin ninguna atención y morían por cientos.
En esas circunstancias ocurrió un hecho que le dio el pretexto al gobierno norteamericano para intervenir en la guerra, fue la explosión del buque norteamericano Maine en la bahía de La Habana.
Para acelerar la destrucción de la guerra el gobierno norteamericano usando su escuadra declaró el bloqueo naval a La Habana, con lo que se recrudeció la escasez en el territorio.
La Metrópoli como última medida dio por terminada la reconcentración y estableció un régimen autonómico, pero el pueblo cubano quería la independencia absoluta y siguió peleando hasta que España capituló.
CITAS Y NOTAS
- 1) Jenaro Artiles. La Habana de Velásquez. Municipio La Habana Vieja, 1946, p. 30.
- 2) Nota 1: Ejido. Campo común en las afueras de un pueblo donde se reúne el ganado y se trabaja en los sembrados. En: Ramón García Pelayo y Gross. Nuevo Larousse Manuel Ilustrado. Ed. Larousse s/f.
- 3) Julio Le Riverend Brusone. Los orígenes de la economía cubana (1510-1600). Organización de la propiedad territorial. En: Jornada –46, El Colegio de México. Centro de Estudios Sociales, 1945, p. 18.
- 4) Población de La Habana en 1544. Población habanera (1550-1762), p. 2. En: Banco de datos sobre historia de La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad, 1980.
- 5) Irene A. Wright. Historia documentada de San Cristóbal de La Habana, 1927, t. I, p. 13.
- 6) Nota: Cabildo. Ayuntamiento de una ciudad. Los españoles dieron en América el nombre de cabildos a las juntas encargadas de los intereses de las ciudades. Sus miembros se llamaban regidores, concejales o cabaldantes o su presidente alcalde. Cuando en el cabildo participaba el vecindario era dominado cabildo abierto. En: Ramón García-Pelayo y Gross Nuevo Larousse. Manual ilustrado, Ed. Larousse s/f.
- 7) Eusebio Leal Spengler. Regresar en el tiempo. IMAGO Publicaciones, Ciudad de La Habana, Cuba, 1995, p. 25.
- 8) Aniversario 470 de la Ciudad de La Habana. La Habana, Material Editado por la Oficina del Historiador de la Ciudad, p. 2.
- 9) Sergio Aguirre. Historia de Cuba, t. I (1492-1790). Editorial Nacional de Cuba. Editora Pedagógica, La Habana, 1966. “Año de la Solidaridad”, p. 163.
- 10) Leandro Romero. Fundición de cobre de La Habana. En: Banco de datos sobre Historia de La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad, 1980.
- 11) Sergio Aguirre. Ob. Cit, p. 163.
- 12) Sergio Aguirre. Ibidem, p. 163.
- 13) Emilio Roig de Leuchsenring. La Habana. Apuntes Históricos, t. I. Segunda edición, p. 173. Editora del Consejo Nacional de Cultura, Oficina del Historiador de la Ciudad, La Habana, 1963.
- 14) Felicia Chateloin. La Habana de Tacón. Editorial Letras Cubanas, La Habana. Cuba, 1989, p. 34.
- 15) Carlos Venegas Fornias. La urbanización de las murallas. Dependencia y modernidad. Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1990, pp. 14-15.
- 16) Nota 3: Iglesia Parroquial Mayor. En 1741 sufrió graves daños cuando fue volado por un rayo al navío Invencible, anclado cerca en el puerto de La Habana.
- 17) Moreno Fraginals. El Ingenio: 1964: 35.
- 18) Iramis Alonso Porro. El año del BOOM 1797. (Entrevista al Dr. José López Sánchez). En: RED Suplemento Científico-técnico Juventud Rebelde, 20-VII-1997.
- 19) Tomás Romay, 1764-1849. Editorial Nacional de Cuba, Editora del Ministerio de Educación, La Habana, 1964, pp. 33-36.
- 20) Nota 4: Cabildo africano. Asociaciones de una misma tribu o nación que se reunían en casas destinadas al efecto para cantar y bailar al son del tambor los domingos y demás días festivos, a usanza de la tierra de origen. Eran sociedades de recreo y beneficencia, al mismo tiempo lugares de reunión y esparcimiento de camaradas africanos, perfectamente organizados en las principales poblaciones de la Isla, debidamente amparados por la autoridad pública en cada lugar. Cada organización o Cabildo tenía su directiva y su bandera, principal insignia de la institución. Al principio se reunían solamente esclavos bozales, más tarde esclavos y africanos libres, y últimamente solían integrarlos algunos negros criollos, descendientes de los fundadores africanos. Desparecieron pocos años después de haber cesado la esclavitud africana en Cuba. En: Esteban Rodríguez Herrera, Léxico Mayor de Cuba, vol. I, Editorial Lex, La Habana, 1958, p. 237.
- 21) Lidia Cabrera. La Sociedad Secreta Abakuá narrada por viejos adeptos. Ediciones CR, La Habana, 1958, p. 43. Colección del Chicherekú.
- 22) José Luciano Franco. Las conspiraciones de 1810 y 1812. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1977, pp. 7-18.
- 23) Félix Varela Morales. Paralelo entre la revolución que puede formarse en la Isla de Cuba por sus mismos habitantes y la que se formará por la invasión de tropas extranjeras Biblioteca de Autores Cubanos 4, Obras de Félix Varela Morales, vol.
- IX. “El Habanero”, 2da. edición, Editorial de la Universidad de La Habana, 1962. Tomado de Félix Varela: Escritos políticos, Editorial de Ciencias Sociales, p. 156.
- 24) Rita Llanes Miguel. Víctimas del año del cuero. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1984, p. 46.
- 25) Nota 5: Casa Natal de Plácido. En septiembre de 1918 se demolió la antigua casa situada en la calle Plácido núm. 14 (nombre oficial que se le dio a la calle Bernaza durante la República). Actualmente recuperó su antiguo nombre, Bernaza y le corresponde a la finca el número 64 con otro edificio. En: Archivo Provincial de la Vivienda (Empedrado 360 entre Habana y Compostela).
- 26) Nicolás Guillén. Claudio José Domingo Brindis de Salas. ¿Quién fue? Unión de Escritores y Artistas de Cuba, Ciudad de La Habana, 1979, pp. 11-18.
- 27) Perla Cartaya Costa. La polémica de la esclavitud. José de la Luz Caballero. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1988, pp. 15-17.
- 28) José Rivero Muñiz. “La lectura en las tabaquerías”. En: Revista Biblioteca Nacional, La Habana, marzo 1951, nota 5.
- 29) Francisco López, Carlos Calvo y Armando Fernández. Los gráficos en el movimiento obrero cubano 1865-1961. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, pp. 20-21.
- 30) Fernando Portuondo del Prado. Historia de Cuba I, Editorial Nacional de Cuba, Editora del Consejo Nacional de Universidades, La Habana, 1960. “Año de la Agricultura”, p. 370.
- 31) Julio Le Riverend Brusone. La Habana. Biografía de una provincia La Habana, Imprenta El siglo XX, 1960, pp. 394-395.
- 32) Luis Felipe Le Roy Gálvez. A cien años del 71, el fusilamiento de los estudiantes. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1971, pp. 147-148.
- 33) Luis Felipe Le Roy Gálvez, Ob. Cit., p. 149.
- 34) José Rivero Muñiz. Historia de la nación cubana; La Habana, Editorial Historia de la Nación Cubana, S.A., 1952, t. VII.
- 35) Julio Le Riverend. Ob. Cit., p. 399.
- 36) Nota 6: Tacos. “...significaba la misma cosa que currutaco, hombre elegante o bien vestido, muy afectado en el uso riguroso de la moda... constituían una asociación espontánea donde el valor y la solidaridad del grupo eran características comunes... tenían como coto privado un territorio, una zona... la Acera del Louvre... Formaban parte de los tacos periodistas, literatos, músicos, pintores, conspiradores y veteranos de la guerra. En: Pedro Deschamos Chapeaux- “Los negros curros del Manglar”. Conferencia publicada por al Comisión de Historia de 10 de Octubre s/f, p. 42.
- 37) José López Sánchez. Finlay. El hombre y la verdad científica. Editorial Científico- Técnica, La Habana, 1987, pp. 205-207.
- 38) Nota 7: Saturnino Martínez. Líder obrero español, tabaquero de la fábrica Partagás y trabajador de la biblioteca de la Sociedad Económica de Amigos del País (por las noches), fundó con sus compañeros de fábrica y la colaboración de intelectuales cubanos como Manuel Sellén, el primer periódico dedicado a los trabajadores. La Aurora en 1865 y al año siguiente el primer gremio obrero: la Asociación de Tabaqueros de La Habana, aunque duró poco tiempo, al igual que la Lectura en las tabaquerías que alentó La Autora desde sus páginas.
- 39) Fabio Grobart. Selección de textos y documentos para la historia del movimiento obrero y la revolución socialista de Cuba. Dirección Política Central de las FAR, La Habana, 1981, t. I (primera parte), p. 31.
- 40) José Luciano Franco. La ruta de Antonio Maceo en el Caribe y la América Latina. Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 1978, p.p. 49-50.
Referencias
- ↑ Carlos A. Hernández Oliva: Intervención arqueológica en la casa de los Marqueses de Arcos. Inédito. Biblioteca del Gabinete de Arqueología. Ciudad de La Habana, 1997
- ↑ Leandro Romero Estévanez: La Habana arqueológica y otros ensayos. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de La Habana, 1995
- ↑ Lisette Roura Álvarez: Enterramientos humanos en la casa de Obrapía núm. 55. Boletín del Gabinete de La Habana, 2002
- ↑ Jenaro Artiles. La Habana de Velásquez. Municipio La Habana Vieja, 1946, p. 30
- ↑ Ejido. Campo común en las afueras de un pueblo donde se reúne el ganado y se trabaja en los sembrados. En: Ramón García Pelayo y Gross. Nuevo Larousse Manuel Ilustrado. Ed. Larousse s/f.
- ↑ 3) Julio Le Riverend Brusone. Los orígenes de la economía cubana (1510-1600). Organización de la propiedad territorial. En: Jornada –46, El Colegio de México. Centro de Estudios Sociales, 1945, p. 18
- ↑ CODOIN, Real Academia de la Historia, Tomo 3, doc. 421
- ↑ 4) Población de La Habana en 1544. Población habanera (1550-1762), p. 2. En: Banco de datos sobre historia de La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad, 1980
- ↑ Irene A. Wright. Historia documentada de San Cristóbal de La Habana, 1927, t. I, p. 13
- ↑ Cabildo. Ayuntamiento de una ciudad. Los españoles dieron en América el nombre de cabildos a las juntas encargadas de los intereses de las ciudades. Sus miembros se llamaban regidores, concejales o cabaldantes o su presidente alcalde. Cuando en el cabildo participaba el vecindario era dominado cabildo abierto. En: Ramón García-Pelayo y Gross Nuevo Larousse. Manual ilustrado, Ed. Larousse s/f
- ↑ 7) Eusebio Leal Spengler. Regresar en el tiempo. IMAGO Publicaciones, Ciudad de La Habana, Cuba, 1995, p. 25
- ↑ Aniversario 470 de la Ciudad de La Habana. La Habana, Material Editado por la Oficina del Historiador de la Ciudad, p. 2
- ↑ Sergio Aguirre. Historia de Cuba, t. I (1492-1790). Editorial Nacional de Cuba. Editora Pedagógica, La Habana, 1966. “Año de la Solidaridad”, p. 163
- ↑ Leandro Romero. Fundición de cobre de La Habana. En: Banco de datos sobre Historia de La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad, 1980