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Centro Habana

Municipio Centro Habana
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Municipio de Cuba
Municipio Centro Habana
Municipio Centro Habana
EntidadMunicipio
 • PaísBandera de Cuba Cuba
 • ProvinciaCiudad de la Habana
 • Fundación1963
Superficie 
 • Total3,42 km²
Población 
 • Total152 335 hab.
 • Densidad44 822.1 hab/km²
GentilicioCentrohabaneros
Torreonsanlazaro.JPG
Torreón de San Lázaro

Centro Habana. Municipio ubicado en la parte norte y central de la provincia de La Habana. Como su nombre lo indica, es La Habana del centro, no es la vieja Habana, ni la moderna, es la ciudad intermedia, la ciudad de transición.

Breve reseña histórica

Los asentamientos poblacionales del hoy municipio Centro Habana datan de los primeros años coloniales; están estrechamente vinculados a la fundación de la Villa de San Cristóbal de La Habana (1514-1519), cuya posición privilegiada como llave del Golfo de México despierta la codicia del mundo europeo, expresada en los constantes ataques de corsarios y piratas; como el que realiza el 10 de julio de 1555, Jacques de Sores. Posteriormente se construyó el cinturón amurallado (1667-1680) dividiendo a la ciudad en dos zonas bien definidas: intramuros y extramuros.

La fundación original de la ciudad ocurrió en la primera mitad del año 1514, al sur de la actual provincia de La Habana, por la desembarcadora del Río Onicajinal. Fue la quinta villa creada. Aquel establecimiento estuvo a cargo de Don Pánfilo de Narváez, por orden de Don Diego Velázquez.

El último y definitivo asentamiento debió consolidarse en 1519, en torno al Puerto de Carenas (de La Habana). Según el mito coincidente con el día santoral dedicado a San Cristóbal.

Surgimiento de Murallas 

Es de general conocimiento que al arribar Colón a América sus descubrimientos iniciales fueron en las Antillas y esto incluyó a Cuba, donde los descubridores fueron recibidos por la población aborigen ya existente, nuestros antecesores en el sentido histórico.

Los actos del descubrimiento y luego de la conquista tuvieron lugar ininterrumpidamente; a las tierras recién descubiertas bien pronto se les impuso la conquista, sobre todo en aquellos lugares que por su situación geográfica eran favorables para la actividad económica fundamental de la época: el comercio.

Apresuradamente los territorios, provincias y a veces poblados de los aborígenes se convirtieron en puntos de asentamiento de villas de los pobladores foráneos. Como es lógico la colonización no se hizo esperar.

En el primer cuarto del siglo XVI, en la desembocadura del Río Onicaxinal, al sur de la isla, se fundó la Villa de San Cristóbal de la Habana, presumiblemente entre abril y mayo de 1514; entre esa fecha y 1519, la villa tuvo tres o cuatro asentamientos en tierras que toman el nombre de Habana en honor a su cacique Habaguanex, según carta de Velázquez al rey español del 1ro de abril de 1514.

La imposibilidad de precisar la fecha exacta de su fundación debido a los escasos manuscritos, mapas y cartas geográficas existentes, abren un amplio espectro a la polémica historio geográfica, sobre todo al tratar de deslindar los asentamientos intermedios de la misma.

Para el historiador Manuel Pérez Beato, la villa de San Cristóbal de la Habana se emplazó en un lugar de la costa norte cercano al rió Casiguaguas, hoy Almendares, criterio que no comparte la investigadora norteamericana Irene Wright al plantear este traslado hacia la caleta de Juan Guillén, después llamada de San Lázaro.

Mantenerse al margen de esta discusión resulta difícil para cualquier estudioso del tema, máxime si se trata además de parte del territorio, por ello entramos de lleno en la misma para tratar de lograr resultados convincentes que ayuden a esclarecer este controvertido aspecto.

Si tenemos en cuenta en primer lugar la lejanía de La Caleta de las escasas posibilidades de agua potable para sus pobladores y analizamos las características del terreno en una faja de constantes penetraciones del mar, llegamos a la conclusión de que es poco probable la afirmación de Irene Wright, si a esto le añadimos los datos aportados por las actas capitulares del cabildo en las cuales un 13 de septiembre de 1561 se mercedan en este lugar tierras al alguacil menor de la villa, Juan Guillén para su sitio de cabras, podemos aseverar que esta posibilidad es poco admisible.

Además no existen huellas de obras hidráulicas en esta faja, que sí se conserva con los muros de contención en la Chorrera y en el Barrio de Puentes Grandes, donde sin lugar a dudas tuvo lugar la traslación de la quinta villa: San Cristóbal de la Habana, para finalmente establecerse junto al puerto de Carenas, lugar que definitivamente ocupó.

Aquella comunidad naciente se vio asolada por piratas y corsarios en 1537, 1543 y 1555. En las dos ultimas oportunidades fue afectada la faja de este territorio ya que en 1543 el pirata francés Jean Francois de la Roquet, conocido por los españoles como Robert de Baal, trató de penetrar a pie por la caleta de Juan Guillén sin lograrlo; posteriormente, el 10 de Julio de 1555, según acta del cabildo, al afamado pirata francés Jacques de Sores irrumpe por la Caleta de Juan Guillén (llamada mas tarde de San Lázaro) para saquear a San Cristóbal de La Habana.

Para 1551, la urbe había crecido y se trasformaba en puerto de concentración de las naves procedentes de otras latitudes americanas. Ya desde 1553 se había convertido en capital de la isla cuando el gobernador abandona su sede en Santiago de Cuba y establece su residencia en La Habana.

Administración de la Ciudad

El cabildo o ayuntamiento de la villa primero, y después ciudad de La Habana fue el órgano de administración de la misma, concentrado en él los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

Estaba integrado por los alcaldes ordinarios, elegidos los días primero de enero de cada año entre los vecinos de mayores bienes. Estos junto a los regidores (uno de nombramiento real de por vida) y otros por elección, atendían en sus sesiones todos los asuntos de interés publico. Los gobernadores presidían estas sesiones junto a uno de los alcaldes y el escribano, para dar fe de las actualidades del mencionado órgano administrativo.

Entre sus funciones se encontraban:

  •  Elegir o autorizar el ejercicio de cargo de los funcionarios públicos, civiles, militares o eclesiásticos de la villa, entre ellos están, el contador, el alguacil mayor y menor, el verdugo, el pregonero, el alcaide de la cárcel, el mayordomo de la villa, el barbero y el cirujano.
  •  Examinar las letras de los jueces de residencia, a las que podían oponerse.
  •  Dar licencia para comercio e industria, regulándolas.
  •  Determinar las tierras comunales.
  •  Atender la defensa de la villa contra posibles ataques de corsarios y piratas.
  •  Dictar medidas para el orden de la villa, el trazado limpieza y conservación de caminos
  •  Custodiar los bienes de aquel indiano que fallecía en la villa.
  •  Delimitar la tala y la venta de maderas, la carga y descarga de los navíos.
  •  Asumir el abastecimiento de agua.
  •  Hacer ejecutar las penas que recaían sobre los infractores de sus disposiciones.

En fin, que sus sesiones, con fecha y acta, permiten reconstruir todo lo acontecido en la ciudad a partir del 30 de julio de 1550, constantes asaltos e incendios producidos por los piratas entre 1538 y 1555.

Fue quizás una de las mas importantes funciones del cabildo la de mercedar solares en la villa para viviendas, terrenos de labranzas y crías de ganado en los terrenos circundantes;  con la peculiaridad de que en los momentos iniciales esta resultó ser una tarea fácil por la disponibilidad de las tierras, solo que a fines del siglo XVI el proceso de apropiación de las mismas estaba casi completamente terminado, razón por la cual se producen nuevas mercedes, que traerán como consecuencias largos y penosos litígios entre los beneficiados por estas disposiciones.

A esto hay que añadir las posibilidades de terrenos fértiles teniendo en cuenta las características planimétricas de los terrenos que rodeaban la villa, sobre todo en el caso de las estancias, huertas y conucos.

Centro Habana abastecedora

Se plantea que la originaria villa, convertida en ciudad en 1592, de San Cristóbal de La Habana, se autoabastecía de los principales productos agrícolas y derivados de la ganadería.

Esta actividad de autoabastecimiento de la ciudad a que se hace referencia, se realizaba desde el territorio del actual Centro Habana, que era el espacio territorial aledaño, más inmediato, a la ciudad, donde se encontraban sitios y estancias que se especializaban en diversas producciones, por ejemplos:

  • Estancias de ganado mayor y lecherías: las de Doña Rosalía; huertas, viandas y hortalizas: la de María.
  • Conejeras y Cocales: los de Don Gervasio Gutiérrez.
  • Porqueriza: la de Juan Guillén, del alguacil menor de la Villa.
  • De árboles frutales (mangos): las tierras de Micaela Justiz, a corta distancia de la ermita de Salud (calle Real).
  • Salinas de la costa.
  • Canteras como La Criolla, cercana al mar.
  • Árboles maderables en toda la zona.

Este panorama económico no cambiaría en los primeros siglos para los terrenos aledaños a la ciudad amurallada, la cual comenzó a edificarse el 3 de enero de 1671, muros, bastiones y garitas que continuarían con más o menos intensidad hasta la cuarta década del siglo XVIII.

El Territorio entre 1515-1699

En los primeros siglos coloniales la zona tuvo una estructura agraria minifundlaria propia de los alrededores de San Cristóbal de La Habana, caracterizadas por las formas tradicionales creadas en el siglo XVI, que se mantenían vigentes.

Las estancias; eran tierras de cierta extensión y se explotaban con varios cultivos y algún ganado; las huertas que eran de muy pequeña extensión y se dedicaban casi siempre a verduras y los conucos que eran porciones ínfimas para abastecer la familia y podían tener algún ganado menor.

De facto, en torno a La Habana se desarrolló una producción agrícola de subsistencia, en las tierras mercedadas a los notables cuyo hábitat era la villa o ciudad de San Cristóbal de La Habana.

La población de La Habana estuvo básicamente constituida por los colonizadores blancos de origen español y los esclavos negros de procedencia africana. Los indígenas cubanos en el siglo XVI se concentraron por disposiciones del cabildo en Guanabacoa y Tarraco y en otras zonas cercanas a La Habana, como Guanabo, Guanimar, Batabanó, Luyanó, desapareciendo años mas tarde, por el mestizaje de estos con personas blancas y negras, quedando su sangre diluida en la del criollo mestizo que sería el cubano posterior.

Las estancias y huertas estaban administradas por blancos, mientras que el capataz mantenía la productividad del negro esclavo, a estos primeros pobladores se les unieron los negros Horros o libertos y la entrada de los primeros negros curros, que moraron en el Manglar.

La importancia de la estructura agraria de este primer periodo llegó al estudio de casos, de la estancias que conformaron el patrimonio económico de los Corberas Arteaga y sus descendientes, Don Juan y Don Alejo Sigler, los mayores propietarios del área y al examen del proceso de deslinde y demolición de la huerta de Don Miguel Castro Palomino, otro de lo mas grandes propietarios en la cercanía de la zanja a fines del siglo XVII, la construcción de la muralla delimitara la zona extramural en esta faja de terreno.

Extramuros de Finales del siglo XVIII

El inicio del desarrollo urbanístico en extramuros va a ser uno de los principios hitos del siglo XVIII en la historia de la ciudad. Para el proceso ocurrido en Centro Habana sería esencial el Camino de la Puerta de Tierra y sus alrededores.

Antiguamente la adjudicación de propiedades por el cabildo se hacía muchas veces sin límites exactos ni medidas. Debido a la poca población y la abundancia de tierras, no se requería tampoco de muchas precisiones.

Sin embargo, en la medida que se incrementa la población, mucha gente humilde y sin recursos, incluyendo a los negros horros, se van asentando ilegalmente, no siempre en ejidos, pero tampoco sin que se les pudiera echar oficialmente.

Se combinaban así en los arrabales de extramuros, una población heterogénea, de múltiples procedencias y orígenes étnicos. Les unía en no pocos casos los oficios religiosos de algún cura semanero que se desplazaba los domingos hasta lejanas y rústicas ermitas para oficiar la misa en los nacientes caseríos.

Los planos de la ciudad en el siglo XVIII revelan que las antiguas estancias comienzan a ser parceladas en manzanas y solares. En los expedientes correspondientes a Don Miguel de Castro Palomino es posible apreciar cómo desde los años 50 la estancia de sus familiares y herederos se divide en más de 15 manzanas.

La ciudad extramuros crece significativamente a partir del siglo XVIII, desbordándose sobre todo a través de sus arterias de comunicación, sus viejos caminos. En el entorno de aquellas calzadas se va gestar una población humilde que puja por hacer vida comunitaria cristiana y se le reconozcan sus derechos ciudadanos.

Estos años trajeron algunos cambios importantes para esta zona, entre ellos, el completamiento de su actividad económica fundamental y el surgimiento de los primeros barrios.

En el primer caso, a su actividad económica de abastecedora de la ciudad, se añadieron los molinos de tabaco y las pequeñas fábricas de azúcar. Entre los molinos de rapé estaban: el de Bartolomé Jaime, en Reina y Galiano y el del Marques de Justiz de Santa Ana en la calle Real (actual Salud).

Los trapiches, pequeños ingenios existentes, eran el Tivoli (Zanja y Belascoain), propiedad de Alonso de Rojas, el de Peñalver (Sitios y Peñalver) y el de Garcini (Reina y Belascoain).

El tabaco y el azúcar comenzaban a ocupar un lugar importante en la economía del país, renglones que se desarrollaban en las zonas lejanas de la periferia, por tanto se puede afirmar que no fue este territorio el lugar de la localización del cultivo de la caña de azúcar y el tabaco. Los trapiches eran de poca monta, mas bien se dedicaban a la venta de mieles y raspaduras. Al igual que los molinos de rapé eran pequeños y pocos productivos.

Calles del territorio (siglo XVIII principios del XIX)

Aramburu (1770)

Tiene 61 casas con 7 cuadras comienza en la Calzada de San Lázaro y termina en Zanja. Toma su nombre de San martín de Aramburu, que por instrumento publico ante el escribano Ramírez el 7 y el 10 de agosto de 1770.

Llegó la cantidad de $ 387 048 y 29 centavos representadas en fincas y estancias de la capital APRA el sostenimiento de hospitales instituyendo una obrapia que se conoce como la de Aramburo, estando en patronato a cargo del Convento de Belén y en defecto de este, el ministerio de la venerable orden 3ra de San Francisco, que la expresada cantidad se distribuyera a partes iguales entre los hospitales de san Lázaro, San Juan de Dios y san Francisco de Paula.

Entre los bienes estaban las estancias que estaban en esa calle. Esta finca se vendió en solares, para formar la barriada que hoy esta poblada con casas modernas, el resto de sus bienes se los dejó a sus primos.

Belascoain (1782)

(Hoy Padre Varela) Se abrió como calle en esa fecha y se llamo Cocal por que en el había una estancia de Don Gervasio Gutierre y en el terreno de enfrente se conservaban muchas matas.

Se le llamó también la beneficencia por que allí radicaba esta institución y de Belascoain (desde el paseo de Tacón hasta Calzada del Monte) nombre que le dio el general O Donell, en los planos de la Habana de mediados del siglo XVIII aparece el Cocal que pertenecía al Gervasio con hileras de árboles.

La manzana de casas comprendida entre las calles de Concordia, Virtudes y Lucena estuvo ocupada en esta etapa por una plaza de toros.

Del Blanco (1711)

Existía a principios del siglo XVII según acta municipal de 16 de enero de ese mismo año. Formó parte de la estancia de Don José de Santa Cruz. Tenía 55 casas y 4 cuadras, comenzaba en el malecón y acababa en la calle virtudes. Tomaba su nombre de un paredón que servia de blanco para servicios de artillerías que se efectuaban en la Escuela Práctica.

Prado (1772)

Antiguo Paseo de Isabel Segunda(hoy Paseo de Martí) contaba con 128 casas y 14 cuadras formada en sus inicios por 4 hileras de árboles, este paseo extramuros se extendía desde el antiguo Campo de Marte, hoy Parque de La Fraternidad, hasta el Castillo de la Punta, fue construido por el marqués de la Torre. Desde el mismo se observaban las puertas de la muralla que daban acceso al exterior como las puertas de la Punta Muralla de tierra nueva y otras nuevas que se abrirán en el siglo XIX.

Dragones

Construidas a finales del siglo XVIII con 82 casas y 12 cuadras. Comenzaba en Egido y terminaba en Escobar Tomaba su nombre del cuartel de Dragones que existía en aquella época.

Gervasio

(Hoy Rafael Martínez Alonso) Comprende 185 casas y 13 cuadras, comenzaba en el malecón y terminaba en Maloja. Toa su nombre por la estancia y casa quinta de Don Gervasio Gutierre. Fue celebre en su época por los cocales que existían en la misma. Comprendía además la esquina de la Calle Lagunas donde el dueño tenía conejeras. También se le llamo de las Ánimas por que en la esquina de la calle salud tenia Cipriano Castro un retablo de Las Animas.

Reina

(Hoy avenida Simón Bolívar) Con 140 casas en 11 cuadras comenzaba en Amistad y terminaba en Belascoain se le llamo camino de San Antonio Chiquito por que conducía el ingenio de ese nombre.

Era el único camino hacia La Chorrera y así se llamo hasta el siglo XVII. También se llamo San Luis Gonzaga por la ermita de ese nombre que había en la calzada de Belascoain y la esquina de Carlos III.

La ermita de San Luis Gonzaga se erigió en 1751 y se destruyo en 1835. En los planos del siglo XVIII, incluía la estancia de Carmona que abarcaba gran extensión y que estaba situada en las alturas de Gervasio y Estrella.

De Vento

Pequeño callejón entre la Calzada de san Lázaro y marina, seguía a la orilla del mar cerca de la caleta de San Lázaro.

Las Salinas

Eran parte del terreno y costa desde la Fortaleza de La Punta hasta la Caleta de San Lázaro fue mercedado a diferentes vecinos para la formación de salinas que se abandonaron varias veces.

A mediados del siglo XVIII se dieron algunos lugares inmediatos a la punta, Al ingenio Caballero Don Francisco Teneza, al castellano de aquella fortaleza a Don Luis de Sañudo que tenia una huerta en sus cercanías.

Consulado (1794)

Debe este nombre por que allí existía desde esa época el Consulado de la Habana que produjo grandes beneficios comerciales. El gobernante Don Luis de las Casas procuró que las pocas casas de este lugar se alineasen en una calle con este nombre. Había barracones de negros bozales.

Calles de la Localidad

1 .Calle de la Amistad: desde Trocadero hasta la Calzada del Monte. Se trazó en 1735 con otro rumbo hasta 1818, año en que se poblaron las tres manzanas más próximas a la Calzada del Monte.

2. Calle de los Ángeles: En 1861 se propuso su rectificación para que continuara con la de la Florida pero no tuvo efecto. Se llamó también de las Valencias, por la loma que se forma hacia la calle del Águila y de los Corrales, por los corrales de ganado formados en la ladera de dicha loma.

3. Calle de Escobar: Don José María Escobar vivió en la casa de recreación que fabricó el Presbítero Dr. Casimiro de Arango. Esta casa tenía hermosos jardines con estatuas y era muy celebrada. También se llamó de Matamoros y de San Andrés.

4. Calle del Indio: Se llamó también de la Peña Blanca del Indio porque en su comienzo había una elevación del terreno que se llamó la Peña Blanca y Calle Alta en 1750. Tomó el nombre del Indio por Don Tomás Curiel, indio de Puebla de los Ángeles que fue Gobernador del Morro.

4. Calle de Lealtad: Se llamó de Leal por la familia de este apellido que vivió en ella y varios miembros de la ella fueron escribanos. En 1784 existía la Pulpería Leal.

6. Calle de la Maloja: Se llamó de la Seiba en 1819. El nombre se le dio porque en la esquina de Águila se vendía maloja, como punto que era de tránsito de caballería del campo. Domingo del Cristo,que era cadete era quien la vendía.

7 .Calle de Manrique: El nombre de Manrique se le puso por el presbítero Don Dionisio Manrique, natural de Matoles en España, cura vizcaíno, juez eclesiástico de la parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria de San Felipe, y Santiago.

8.Calle de San Nicolás: Tomó el nombre de la iglesia así llamada que esta en esa calle, en un tiempo se llamó de Cayetano y también del Caño.

9. Calle de los Sitios: Se llamó Cerrada de los Sitios de San José, porque guiaba al punto así llamado, que estaba al final de la calle en el placer de Peñalver. Se nombraba sitios de San José porque los dueños de este punto, lo tenían abandonado y dejaron establecerse en él formándose sitios o conucos a varios negros libres.

Territorio entre 1700-1799

En realidad el siglo XVIII mantiene intacta en lo fundamental, al menos en las cuatro primeras décadas, la actividad económica auto abastecedora de extramuros.

Nos obstante, se inicia lentamente la formación de sus dos primeros barrios: Guadalupe, en 1716 y San Lázaro, en 1778, todavía como un pequeño caserío; a fines del siglo crecerá por necesidades militares, dentro de San Lázaro, el barrio de los Barracones.

A la actividad económica fundamental de esta zona, no se une ni el desarrollo de las vegas de tabaco ni el de la industria azucarera, propias del resto del país; los pequeños trapiches de azúcar y los molinos de tabaco eran casi inexistentes y poco productivos en esta parte del territorio.

No tomamos como punto de referencia la toma de La Habana por los ingleses (1762-1763)pues se consideró que este hecho de vital importancia para la villa (abolición del Real Consulado de Comercio de La Habana, apertura del libre comercio y otros factores) pero no tuvo repercusiones notables para esta zona. 

Mientras que en la ciudad se producen cambios importantes en las construcciones de la misma ; en la Plaza de Armas, en la Plaza de la Ciénaga ya con su iglesia Jesuita, reformada y ampliada como catedral en 1756, en Extramuros,la pequeña iglesia de Guadalupe y las ermitas de la Salud y San Luis Gonzaga.

Territorio entre 1800-1899

Ya desde finales del siglo XVIII, los conflictos sociales se pusieron de manifiesto con la sublevación de los vegueros de la región de La Habana, que fue una importante señal de descontento, sobre todo si se tiene en cuenta que estos en lo fundamental eran isleños.

Pero al arribar al siglo XIX, el gobierno español comprendió con certeza que los nacidos en el territorio, aunque fueran hijos de familias ilustres, empezaban a sentirse diferentes a los peninsulares, el período del despotismo ilustrado que se abrió tras el cese de la ocupación inglesa, fue traído a esta faja por Juan J. De Espada y Landa, obispo de la ciudad, quien construyó el Cementerio de Espada en 1806 y la Casa de dementes en 1809. El ferrocarril en 1837, contribuye en mucho a este desarrollo con su importante paradero de Garcini (calles Estrella y Oquendo).

Y aparecerán a partir de 1834 en lo adelante y sobre todo a partir de 1844,sus primeras fábricas de tabaco y en 1858, los primeros puestos de frituras del que sería años mas tarde el atípico Barrio Chino y desde 1856 se inicia un éxodo hacia key West y Tampa, en La Florida, de muchos pobladores de esta parte de la ciudad, principalmente de fabricantes y tabaqueros cubanos, proceso que se acelera en 1866-1867, con la persecución política.

El derribo de la muralla desde 1863 desborda la zona extramural, que crecerá a saltos llenando los espacios vacíos.

Las ideas políticas de este período, sobre todo el abolicionismo, el anexionismo, el reformismo, y el independentismo, se representa en el área con la presencia de José Antonio Aponte, Domingo del Monte, Miguel Aldama, Ignacio Agramonte y José Martí, a los que se le dedica un espacio aparte.

En momento en que se acrisola la identidad nacional se brinda especial atención a la lucha de liberación nacional y su respuesta en el territorio, sobre todo al tratar la figura de José Martí y su impronta en el área.

Paralelamente crecen sus fábricas de tabaco y sus primeros comercios. El desarrollo urbanístico de la zona se acelera con la venta y edificación de solares del reparto de las murallas, sobre todo en el eje Prado- Parque Central, entonces dentro de los barrios de Montserrate, Colón, Tacón y La Punta. De este, partirán después las ampliaciones de las calzadas de Infanta, Belascoain, Galiano, Reina, a lo que se denominó la Ciudad Nueva.

El siglo XIX dará a La Habana una mayor cultura, una tónica de cuidad mas moderna, que en esta zona no solo implicaría la nueva política urbanística, sino también el desarrollo del comercio y de los servicios, que a partir de este momento constituirá el sello distintivo del territorio.

Origen del Nombre del Municipio

Antes de 1962 ningún municipio, barrio, zona o localidad se conocía con el nombre de Centro Habana. El territorio que hoy corresponde a este municipio formaba parte del llamado municipio de La Habana que abarcaba además, el área íntegra de lo que hoy son los municipios de La Habana Vieja, Cerro, Plaza de la Revolución y 10 de Octubre, así como parte de Arroyo Naranjo, una parte de Boyeros y otra de Regla.

En 1962 se presentó un proyecto de nueva división político-administrativa del país en el cual se proponía la desintegración del municipio de La Habana, su división en varias regiones o regionales y su integración a la llamada Habana Metropolitana.

Así apareció por vez primera la denominación “Centro Habana” para designar a un espacio territorial. Esa división se aplicó con carácter experimental en 1963 y se oficializó por acuerdo del Consejo de Ministros al año siguiente.

La región o el regional de Centro Habana era mucho más grande que el actual municipio y se componía de varios seccionales. En 1976, al adoptar la república una nueva división político- administrativa, la región de Centro Habana se propone dividir en dos municipios que se denominarían Centro Habana Norte y Centro Habana Vieja, además de ceder el barrio de Atarés al nuevo municipio del Cerro.

Finalmente, la Ley 1304 que estableció los nombres definitivos de los municipios los denominaría Centro Habana y La Habana Vieja, respectivamente. El nombre del regional creado en 1963 se debe a que ese territorio forma parte del centro tradicional de la capital Cubana y a la vez es su principal centro comercial y de servicios lo cual es válido para el nuevo municipio surgido en 1976.

Características.

Situación Geográfica

Centro Habana tiene una extensión territorial de 3,42 kilómetros cuadrados lo cual representa sólo el 0,47 % del territorio de toda la provincia de Ciudad de La Habana, siendo el más pequeño de los quince municipios que integran la provincia y a la vez el más densamente poblado.

Es un territorio totalmente urbanizado, contando con 514 manzanas y muy pocos espacios libres.

Se ubica en la parte norte y central de la provincia, al oeste de la Bahía de La Habana. Tiene como límite norte, el litoral del Estrecho de La Florida; al sur, el municipio del Cerro; al este, el municipio de La Habana Vieja y al oeste, el de Plaza de la Revolución.

Los derroteros de sus límites son, de acuerdo al Artículo 2 de la Ley 18, “Ley de los límites territoriales de las provincias y municipios”, de Junio de 1978, los siguientes:

"A partir de la intersección de la Avenida del Malecón, Castillo de La Punta, (C-LHV – CH), toma por el borde oeste del Paseo José Martí, con rumbo sur, hasta la calle San José (LHV – CH – 1), la que continúa, por su borde norte y rumbo oeste, hasta la calle Industria (LHV- CH –2), la que toma por su borde oeste y rumbo sur hasta la Calzada de Monte (LHV - CH –3); continúa por esta, con rumbo suroeste y borde noroeste, hasta la calle Manglar (LHV – CE – CH); continúa por esta, por su borde sur y rumbo oeste, hasta la intersección con la Avenida Salvador Allende (CH –CH – PZ); continúa por la calle Infanta, con rumbo noroeste hasta la Avenida del Malecón (C- CH – PZ).”

Demografía
Población Por Consejo Popular (2009)

Es integrante del centro tradicional de la ciudad, conjuntamente con el municipio Habana Vieja.

Es el municipio más pequeño con una extensión superficial de 3,42 Km². Está integrado por cinco Consejos Populares: Cayo Hueso, Dragones, Los Sitios, Colón y Pueblo Nuevo, con un total de 99 circunscripciones, una de ellas especial. 

Tiene una población de 152 335 habitantes. Es el más densamente poblado con 44 822.1 habitantes por km².

Este municipio es uno de los densamente poblados del país. La población femenina predomina sobre la masculina y en cuanto a los grupos etáreos, la población adulta resulta mayoritaria siendo Centro Habana uno de los municipios más envejecidos del país, contando con 31 368 adultos mayores.

Geografía física

Centro Habana presenta un relieve llano, con varios niveles de terrazas y diferentes formaciones Jaimanitas, Vía Blanca y Peñalver.

El paisaje de terrazas, se encuentra altamente urbanizado y pertenece a las Alturas Habana- Matanzas, encontrándose también paisajes de llanura sumergida de la plataforma insular, del tipo abrasivo acumulativo con cobertura vegetal sobre depósitos de arena y fango, ocasionalmente desnuda y débil cobertura vegetal sobre fango carbonatado; llanuras secas y medianamente secas y llanuras abrasivo- acumulativas formadas por rocas sedimentarias carbonatadas depositadas.

Hidrografía

Carece de ríos y arroyos.

Clima

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El clima es tropical con una estación de seca y otra de lluvia; sus temperaturas son altas de 24 a 27 grados centígrados, es determinante la gran radiación solar que incide sobre la superficie produciendo cambios de temperatura en ella, isla de calor. El comportamiento de las precipitaciones es de 1 200 a 1 400 milímetros.

Es afectado por el viento del nordeste y del norte con la entrada de los frentes fríos que producen las lluvias ácidas; mientras que en la costa afecta la brisa y el terral. Durante el verano, es afectado por los ciclones tropicales y huracanes.

Las rocas son de tipo calizas- coralinas, arrecifes, margas, areniscas, calizas, arcillas, conglomerados y carbonatadas. El Carso es llano litoral y con fenómenos cársicos superficiales menos frecuentes. Las costas son dentadas, abrasivas y abrasivas acumulativas. Los suelos son de los tipos fersolíticos-pardos-rojizos, húmedos, carbonatados, carbonatados-arcillosos y esqueléticos, ferrolíticos rojos sobre calizas y cenagosos transformados en su mayoría, por el hombre.

Flora y fauna

La vegetación es seminatural secundaria, comunidades de herbazales con aislados arbustos ceibas, majaguas, entre otros, de origen antrópico 97%. La fauna es de insectos, reptiles, roedores, gorriones y otros no tan abundantes.

Actividades económicas

La actividad económica de Centro Habana se basa en el comercio, servicios, turismo y una industria fundamentada en las confecciones textiles, materiales higiénico-sanitarios, reactivos químicos, tabaco torcido, ampolletas, libros, libretas y folletos, concentrado de bebidas, licores y refrescos, láminas y piezas para la industria electrónica.
Lateral Edificio Etecsa, La Habana..JPG
Entre las entidades más importantes que radican en el territorio se encuentran: ETECSA, el MINBAS, TICONS, Integración Poligráfica, Taller ¨Emilio Ayala Molina¨, Coral Negro y Arte Negro, la CTC Nacional, Radio Progreso, Radio Habana-Cuba y las Fábricas de Tabaco: “José Martí", Carlos Baliño, Antonio Briones Montoto y otras.

Es un municipio eminentemente comercial con 133 entidades que comercializan en divisas libremente convertibles, 92 unidades que ofertan servicios básicos personales a la población y 496 unidades pertenecientes a la Empresa de comercio y gastronomía.

La producción mercantil, al cierre del año 2002, fue de 1 786,5 MMP y la fuerza de trabajo en las diferentes categorías ocupacionales se comporta de la siguiente manera: El comercio y los servicios es la actividad económica fundamental de Centro Habana, característica que le resulta histórica pues desde el Siglo XIX constituye el principal centro comercial capitalino. Industrias Tabaqueras, Imprentas Y Perfumerías La industria tabacalera comienza a desarrollarse a ritmo galopante desde 1817 con el desestanco del tabaco. Según Memorias de la Real Sociedad Económica Amigos del País, en 1836 ya había en La Habana 306 tabaquerías con 2,152 tabaqueros, incluyendo a esclavos. Promediaban entonces 7 operarios por taller. Para 1861 las estadísticas reportan la existencia de 516 tabaquerías con una fuerza de trabajo superior a los 15 mil hombres y casi 30 trabajadores por taller. Muchas de aquellas fábricas se establecieron en arterias y calles centrohabaneras. El cuadro que ofrecemos a continuación refleja algunos de los talleres de la localidad hasta la década del 80.


Fabrica de tabacos partagas.jpg
 AÑO MARCA DIRECCIÓN

  • 1821 El Crédito El Guardián Figuras No. 7 Neptuno No.172
  • 1831 La Lealtad San Francisco y Salud
  • 1834 Francisco Larrañaga Belascoain No. 213
  • 1840 El Fígaro Sitios y Ángeles
  • 1844 H Upmann Partagás Ramón AlIo nes Carlos III No.183 ndustria No 160 Galiano No. 98
  • 1845 La Corona Calzada Belascoain y Ánimas No.129
  • 1853 El Rey del mundo Marqués González No.10
  • 1855 Flor de Loto Lealtad No.110
  • 1858 La Carolina Ánimas No.100 y 102
  • 1864 La flor de T. Gutiérrez Dragones No.6 y 8
  • 1870 El Ecuador Rayos No.63
  • 1872 Romeo y Julieta Belascoain 2
  • 1874 Belinda Flor e A. Fdez García Gervasio No. 96 Neptuno No. 172
  • 1879 La miel Flor de Benito Súarez Maloja No. 31 Reina No. 137


A partir de la década del 80 se incorporan al rosario tabacalero local, otras muchas importantes marcas, como Romeo y Julieta (Anima/ Belascoaín); de Ignacio Alvarez; Hijas de Cabañas y Carvajal (Zanja No.2 y Carlos III No.181) de Leopoldo Carvajal, el Rey del Mundo (Belascoaín) de Florencio Mantilla, y la célebre marca La Corona que cae en manos de la empresa británica Henry Clay and Bock Co. y se establece en el Palacio de Aldama (Reina No.1).

Como puede apreciarse hubo realmente un boom de la industria tabaquera que, aunque a finales del siglo comenzó a caer en manos de monopolios de capital extranjero fue un sector que dejó su impronta no solo en la localidad sino en toda la cultura y la historia nacional del movimiento obrero.

Tabaqueros y gráficos

La industria tabaquera estuvo siempre muy vinculada a los gráficos, con una fuerte representación de imprentas en las barrios centrohabaneros. El mismo pionero de la organización de los tabaqueros y fundador del primer periódico obrero en Cuba, estaría muy vinculado a la localidad: Saturnino Martínez. Siendo un inmigrante asturiano, Saturnino Martínez se estableció en la barriada y se formó como tabaquero. Por las noches, cumplió además labores como bibliotecarios de la Sociedad Económica Amigos del País.

Fue como referimos, el fundador y director en octubre de 1865 del periódico La Aurora, el primero de su tipo en el país. Desde sus páginas exhortadas a los obreros a ser cultos, a que se crearan escuelas nocturnas y bibliotecas para la clase obrera. Saturnino fue el promotor de la tradición de lecturas en las tabaquerías desde finales de 1865, y fue el organizador del primer gremio obrero Cubano: la asociación de tabaqueros (Marqués González Nros. 216-218 y Lucena) de La Habana fundada a mediados de 1866.

Un buen número de imprentas y talleres tipográficos se crearon en esta etapa en barrios centrohabaneros, hermanándose en la luchas con los tabaqueros, y generando una tradición combativa que, como veremos en la etapa neocolonial, se extendió en creses durante el siglo XX. 1880 La huelvana Campanario No. 147 El águila de oro Lagunas No. 85 La sociedad Manrique No. 138 Flor de Coruje Gervasio No. 138 La flor de Cuba Virtudes No. 96 Larrañaga San Miguel No. 58 No me olvides Dragones No. 51 Partagás y CIA Industria No. 160

La Industria De La Perfumería

Hubo en el territorio varias fábricas de jabones y velas desde fechas tempranas, pero quizás ninguna tan próspera como la empresa de Cabrisas, Gibert y compañía, fundada desde 1859 en San Rafael No. 137 (antiguo). Aunque luego sucumbió ante la competencia de las colosas Sabatés y Crusellas y durante no pocos años dio batalla con su popular jabón La Estrella. Desde 1882 se registra la fundación de la Perfumería La Constancia de Eduardo Planté, quien inició sus producciones con cascarillas de Mérida y de arroz. Sus laboratorios y talleres estuvieron situados siempre en calles centrohabaneras: Salud, Reina y Manrique.

Comercio, mercados, tiendas, servicios, el juego y la prostitución

El desarrollo del comercio estaría muy en razón con el desplazamiento que tendría el centro de la ciudad en su proceso de ampliación hacía el oeste y el hito de la inauguración, el 21 de Julio de 1817, de La Plaza del Vapor, o Mercado de Tacón. La Plaza Del Vapor Se construye en la manzana formada por las populosas arterias de Reina, Galiano, Dragones y Aguila. Popularmente fue conocido el mercado como Plaza del Vapor debido a que él catalán Francisco Marty y Torrens (después dueño del teatro Tacón) tuvo una fonda por el lado de Galiano, con un admirado cuadro que representaba al buque Neptuno y el primer vapor que en 1819 realizó viaje entre La Habana y Matanzas.

En 1835 el Capitán General Don Miguel Tacón dispuso reedificar de mampostería el mercado a través de un contrato con el ingeniero Manuel Pastor y el ayuntamiento. Una vez constituido y reinaugurado el nuevo mercado se denominó de Tacón, fue entregado al ayuntamiento. Por acuerdo del 3 de febrero de 1874 se dispuso que se construyera por el municipio las casillas interiores del mercado para la venta de carne, así como mesillas viejas de hierro cortada por el costado que da a la Calzada de Reina (Luis Gonzaga) y por Dragones, además dos torres y un reloj publico. Acuerdo aprobado por el gobernador general el 16 de julio de 1870. El Boletín Especial de la provincial el 22 de abril de 1879 se publicó que el ayuntamiento sacó a pública subasta, la construcción del mercado, situado en el patio del edificio del mercado de Tacón, concediendo presupuesto del mismo nombre por un número de años que no excediera del 20.

El 24 de abril de 1882 quedó aclarado por solución del gobierno general de la Isla que los portales eran de propiedad privada de los dueños de las casillas de interiores del mercado. Al mercado se le siguió llamando popularmente Plaza del Vapor y ya desde la octava década del siglo XIX era el centro comercial más importante de la ciudad, notable por su extensión y belleza. Se hallaba dentro de una doble arquería cuyo centro ocupaban las habitaciones y tiendas de toda especie. El cuadro de la plaza estaba dividido por un edificio destinado al expendio de carnes. Su construcción consistía en un conjunto de propiedades que parecían una sola estructura, especie de bazar inmenso que no tenía un solo dueño sino que muchos tenían su control, ubicados cada uno con sus respectivas casillas, como dueños de la misma.

Estos terrenos fueron comprados y utilizados por el gobierno obteniendo de ellos notables resultados, en sus portales se colocaban vidrieras, quincallerías, con ventas de objetos baratos. Estaba bellamente iluminado por faroles y quinqués colgantes de las tiendas, siendo muy concurridas en las noches por las señoritas acompañadas de sus madres o chaperonas, otros acudían a pasear y pasar el rato.


Tiendas, Cafés y Otros Servicios

Al influjo de la Plaza del Vapor y de la creciente población y turismo que le visita, en muchas de las calles colindantes comienzan a florecer negocios, comercios, tiendas. Surge en 1876 “J. Vallés” (San Rafael e Industria), en 1881 “La Casa Grande” (Galiano y san Rafael) y en 1885 “La Epoca” (Neptuno), en 1888 “El Encanto” (San Rafael y Galiano), en 1895 “El Bazar Inglés” (Galiano y San Miguel), de López y Río, “La Filosofía” (Neptuno No.73) de los Santos y otras más que tendrían su mayor esplendor ya en el siglo XX. Junto a la Plaza del Vapor y los comercios, van erigirse numerosos servicios en los que participan también muy activamente las comunicaciones china y árabe.

A principios de la década del 80 se ensancha la calle Galiano, mientras se decora su entrada en 1886 con un Arco de Triunfo de mampostería entre la Plaza del Vapor y la Peletería “La Reina”. Al final de Galiano, en San Lázaro se levanta otro arco que igualmente engalana la calle y se le utiliza como punto de partida en desfiles habaneros. A partir del Café “El Louvre”, en los bajos del Hotel “Inglaterra” surgen otros en el entorno como el Fornos (Neptuno y San Miguel), así como restaurantes y cafeterías de diversas categorías.

Poco a poco comienza la penetración de capitales extranjeros que invierten en esta prometedora faja cercana al mar y a la antigua villa. Aparecen empresas como la Remington (Galiano y Conde Cañongo), prestigiosa firman comercializadora de máquinas de coser. Paradójicamente a la multicidad de servicios y ofertas que dan una imagen urbana alegre y atrayente, se distinguen también numerosas funerarias, entre ellas la de Guillot, establecida desde 1844, en San Lázaro No. 251, la Agencia Funeraria Barbosa, en Zanja No.87. la funeraria de Urrutia (San Miguel No.65), y las de Don Francisco Caballero, una en Concordia No.35 y otra en San Miguel y Lucena.

Salud

El territorio cuenta con dos importantes hospitales, uno de ellos, el municipal Freyre de Andrade conocido por Emergencias, que fue establecido en 1920, ubicado en la Avenida Salvador Allende antigua Avenida Carlos III.

El otro hospital es el Hospital Hermanos Ameijeiras inaugurado en 1982. En este hospital se realizaron los primeros trasplantes de corazón efectuados en Cuba.

También se encuentran en Centro Habana el Instituto de Higiene y Epidemiología y la Empresa de Productos Biológicos Carlos J. Finlay y Zoonosis. El municipio cuenta con cinco policlínicos, una clínica estomatológica, una unidad de Higiene y Epidemiología, un hogar materno, cinco casas de abuelos, una clínica del dolor y un Centro Geriátrico.

Salud y asistencia médica

El territorio centrohabanero hereda de la colonia tres importantes instituciones: Hospital de San Lázaro Marina y San Lázaro, la Casa de Maternidad y Beneficencia San Lázaro y Belascoaín, y el Laboratorio de Lectología y Bacteriología, fundado por el Dr. June Santos Fernández, que se convierte en el primer Centro de Vacunación Antirrábica y Antidiftérica en Cuba.

La docencia médica local comenzó en la temprana fecha del 19 de noviembre de 1900 en que los profesores Cirilo Yarini, Pedro Calvo y Marcelino Weiss, fundan la Escuela de Cirugía Dental Belascoaín y Zanja. Fue la primera de su tipo en Latinoamérica y una de las diez primeras en todo el mundo. Estuvo en principio adscripta a la Escuela de Medicina y Farmacia, pero al incrementar sus cátedras adquirió rango propio como Facultad de Odontología de la Universidad de La Habana.

El leproso río de San Lázaro fue trasladado en 1907 hacia otro edificio en el Mariel, y luego definitivamente para El Rincón. Mientras, el antiguo Cementerio de Espada era demolido al año siguiente. El espacio que se liberaba condicionó que pudiera proyectarse el Monumento y el Parque de Maceo, así como la ampliación del barrio de San Lázaro que -como vimos -da lugar al nuevo barrio de Cayo Hueso en 1912.

El general Fernando Freyre de Andrade el 1 de abril de aquel mismo año, propuso la construcción del Hospital Municipal de La Habana. Se edificó en un área de 4,5000 metros2 en la manzana comprendida entre las calles: Avenida de Carlos III, Hospital, Jesús Peregrino y Espada.

Se ejecutó a un costo de 736,781 pesos y aunque después se continúo su ampliación- fue inaugurado oficialmente el 18 de octubre de 1916. Contaba con servicios de: Pediatría, cirugía, laringología, Oftalmología. Estomatología. Hidroterapia. Laboratorio Clínico, Radiografía y Sala de Autopsias.

Se diseñó con ocho salas con capacidad para 120 camas. El servicio de Emergencia, Obstétrico, Dental y de funciones de Casa de Socorro en la demarcación, sería el más notorio del centro, con un pintoresco servicio de ambulancias de tracción animal. La jefatura de Sanidad Municipal se insertó en la planta baja del hospital, junto al Servicio de Farmacia, biblioteca, salón de conferencia.

Relativamente áreas de allí, en Belascoaín entre Estrella y Maloja, se construyó el edificio donde estarían las oficinas rectoras de la Salud Pública a nivel Nacional. Junta Superior de Sanidad fue el nombre que tuvo en principio el Ministerio, que estuvo prendido por el Dr. Carlos J Finlay Barrés.

En honor a su memoria, enfrente se construyó el parque que lleva su nombre. El Dr. Enrique Barnet sería quien dictó el primer Código Sanitario de Cuba, por eso y por su fecunda labor como Secretario de Sanidad y Beneficencia, a la calle Estrella colindante con el edificio Central de Salud, se le denominaría: Enrique Barnert.

Caracterizada Centro Habana por su multiplicidad y variedad de publicaciones, no podía quedan atrás en esta materia. Desde 1913 en la calle Salud No.64, se comenzó a editar el Boletín Médico Municipal de La Habana. Por aquellos tiempos también la revista Archivo de Medicina Mental San Miguel43-A.

En las décadas siguientes se incrementarían las publicaciones, incluyendo el reconocido Avance Medical San Lázaro No.113 Las lluvias de octubre de 1916 desatan fuertes brotes epidémicos de influencia, paludismo y fiebre tifoidea en la ciudad.

La Secretaría de Sanidad y Beneficencia adopta un conjunto de medidas contra el mosquito transmisor, entre ella la clausura del Mercado de Tacón o Plaza del Vapor, debido a su estado sanitario. Otro de los problemas epidémicos críticos en la localidad lo fueron las enfermedades venéreas, sobre todo debido a los prostíbulos del barrio de Colón.

En Campanario No.1060 se construye el dispensario Municipal Joaquín Albarrán Desde 1928 esta entidad comenzó a promover medidas profilácticas, asumiendo también los servicios concretos que en este campo cumplía la Casa de Socorros del Cerro.

Igualmente el Dispensario asumió el Servicio de Enfermedades en la Piel que desde 1921 atendía el Hospital Municipal. Llamado ya por aquel entonces “de Emergencias”. En mayo de 1934 el centro de la calle Campanario fue mejor dotado, convirtiéndose en el Instituto Municipal de Profilaxis Venérea de La Habana. Antes de la clausura coyuntural de los prostíbulos de Colón tenían expedientados más de 200 mil hojas clínicas.

El Instituto Nacional de Higiene Infanta y Crucero FFCC se inaugura en 1944. Bajo la dirección del Dr. Moisés Checliak se organizan nuevas batidas contra el mosquito, incluyendo la petrolización, desinfección y zanjeo. Esta entidad asume muchas de las funciones propias de Beneficencia Social, incluyendo la recogida de animales en la vía pública y el Servicio de Limpieza de Calles.

Al Instituto Carlos J. Finlay Infanta y Santa Marta, constituido casi contemporáneamente con el de Higiene y colindantes, retoma las importante funciones investigativas, de profilaxis y de vacunación que desarrollo el primigenio laboratorio del Dr. Santos Fernándes.

Sus especialistas laboraron arduamente en investigaciones en torno a diversas enfermedades, incluyendo la difteria y la poliomielitis, que vieron su fruto con la Revolución. Por aquellos tiempos lograron desarrollar campañas de vacunación de limitado alcance como la vacunación antinómica.

La entidad desarrollo además otras muchas tareas, incluyendo la capacitación de personal de salud, a atención a sectores humildes y la creación de un comité para la rehabilitación de marginales en los llamados Barrios de indigentes.

Durante la década del cincuenta se registra la existencia de varias entidades privadas de carácter benéfico relacionados con la salud, y la asistencia social, como los casos del Instituto del Niño Carlos III No.559 y Marqués González, la Institución Pro-Vida Neptuno No.303 de carácter naturalista, la sociedad de Estudios Clínicos de La Habana Manrique No 412, así como organizaciones profesionales como el Colegio Nacional de Enfermeros de Cuba Nueva del Pilar No.53 y el Colegio Optometrista Nacional Belascoaín No.103.

Surgen clínicas mutualistas como la Cooperativa Médica de Dependientes Reina No. 255 y curiosamente, otros centros de salud se incorporan a la Avenida de Carlos III: La Policlínica Cruz Blanca Carlos III No.562, el Instituto Clínico Santa Bárbara Carlos III No. 609 y la Clínica Nuestra Señora del Amparo Carlos III No. 1151. Pero para la atención gratuita y de urgencia a la población en todo el territorio sólo se hallaban el Hospital Municipal de La Habana Emergencias y la Casa de socorros de San Lázaro No. 611.

Educación

La Escuela de Artes y Oficios de La Habana (Belascoaín y Maloja), junto a la Academia San Alejandro y el Conservatorio Municipal de Música de La Habana, fue el más importante centro docente del territorio, en ella se formaron muchos trabajadores técnicos y manuales, en las más diversas y útiles profesiones para brindar su aporte económico y social al país.

Hubo programas universitarios que se desarrollan desde edificios centrohabaneros, como el caso de la Academia Arenosa (Infanta # 363, entre Neptuno y San Miguel) donde se impartían Ciencias Comerciales, en coordinación con los planes docentes de esa facultad en el alto centro docente; Otras entidades ubicadas en la localidad y vinculadas a la enseñanza superior fueron: La Agrupación Católica Universitaria (San Miguel 1111) y la Confederación Nacional de Profesores Universitarios (Maceo # 307).

Como en la universidad había la posibilidad de presentarse a exámenes de ingreso sin ostentar él titulo de bachillerato, determinadas escuelas se dedicaron a preparar a estudiantes aventajados a través de cursos introductorios.

La Academia Newton (San Lázaro casi esquina a Águila) fue uno de aquellos planteles. Su director fue el ingeniero español Tomás Segoviano de Ampudia.

Aunque el edificio era un viejo caserón, disponía de un buen colectivo de profesores, incluyendo al poeta mexicano Salvador Díaz Mirón, a cargo de las cátedras de Literatura e Historias.

Había sido amigo de José Martí y contribuyo a la formación política de los jóvenes, trasmitiéndoles su identidad con nuestro Apóstol y sus experiencias sobre la Revolución Mexicana. Entre los alumnos de aquella academia estaría Julio Antonio Mella.

La existencia de la zona comercial centro habanera debió condicionar la aparición de infinidad de centros docentes de carácter privado, relacionado con la contabilidad, los idiomas, mecanografía y taquigrafía y artes comerciales en general. Desde 1907 se constituye la Academia Morales (San Rafael # 1055), donde se impartían cursos de secretaría comercial.

Entre los más importantes escuelas del ramo en la localidad pudieran citarse: La Fremont College (Manrique # 110), La Havana Business Academy, que tuvo numerosas filiales en toda la ciudad, entre ellas en Infanta # 102, Amistad y Neptuno, y Amistad # 180, La Academia Adams (Neptuno # 452), La Specialty Business College (San Miguel # 260), La Pitman Academy (San Nicolás # 309) y La Academia Central de Comercio (Aguila # 664 y Estrella).

El territorio agrupa también escuelas de las más diversas especialidades. En Corte y Costura se generó una competencia entre los siguientes centros: La Academia de Sastres Cortadores “Gentelman Milady” (San Rafael # 562); La Celia Canto Rico (Valle # 15), La Academia Central de Corte y Costura (San Lázaro # 1009), El Dorothy Robuthan (Amistad # 311), El Colegio Nacional de Profesores de Corte y Costura (San Carlos # 915 entre Desagüe y Benjumeda).

En escuelas de automovilismo hubo una tetralogía local: la Academia Nacional de Choferes (San Lázaro # 704), La Cuba (Nueva del Pilar # 55), La Moderna, y La Cubana de Automovilismo (Consulado # 103). Hubo varias escuelas de electrónica entre ellas: Radio Instituto Internacional (Aguila # 169) y la Escuela Cubana de Radio (San Rafael #773). También pequeñas escuelitas de peluquerías y otras, muchas veces con nombres rimbombantes, pero que en realidad el espacio era solo un aula, ubicada en el cuarto ó la sala de una casa particular.

El Sistema de Enseñanza Estatal aportó la Escuela Municipal de Kindergarterns de La Habana (San Lázaro # 682), así como un total de treces planteles públicos de primaria y secundaria. De las escuelas primarias superiores, las dos estuvieron en la calle San Lázaro, números 201 y 667.

De primarias dispuso las siguientes: Belascoaín # 1102, Rayo # 414, Desagüe # 454, Zanja # 314, Escobar # 572, Campanario # 960, Estrella # 908, Oquendo # 860 y en la calle Salud hubo tres escuelas las correspondientes a los números: 257,310, y 623.

Entre las escuelas privadas de enseñanza básica se distinguieron, desde comienzos de la República, los colegios. “El Angel de la Guarda” (Carlos III # 553), fundado por Mariana Lola Alvarez en 1902, el “San Meliton” (San Nicolás # 23, antiguo) y en 1912 surge el Amelia de Vera (Galiano # 20), que tuvo una revista propia.

En los años veinte sobresalen la Escuela Politécnica Nacional (San Rafael # 101) y el Colegio Santo Tomás (Reina #78), Posteriormente se registran centros como el Instituto Panamericano (Hospital #711), el Dalton (Maloja #14), el “Corominas de Hernández” (Neptuno # 667) y la Academia Rabiña (Neptuno y Manrique).

De los colegios religiosos serían notorios: El Convento “La Inmaculada” (San Lázaro # 805), la Escuela Pía de La Habana (San Rafael # 360), el Colegio Asilo “Nuestra Señora de la Caridad, de las H.H Oblatas de la Providencia (Lealtad # 609 esquina a Reina) y la Metodista Central (Virtudes #1 52), en la barriada de Colón.

Los maestros y profesores organizan en territorio centrohabanero varias organizaciones del sector, entre ellas: La Asociación Educacional de Cuba (San Lázaro # 206), el Colegio de Maestros Normales y Equiparadores de La Habana (Manrique # 65) y en las luchas profesionales crean la Federación Nacional de Retiro Escolar (Gervasio # 311),

El sistema educacional cuenta con 24 círculos infantiles, 26 escuelas de enseñanza primaria, 7 escuelas secundarias, 6 escuelas especiales, una escuela de oficios, un centro politécnico, una escuela de idiomas, un centro de educación de adultos y el Instituto Superior de Diseño Industrial (ISDI).

Además cuenta con un Centro de Documentación e Información Pedagógica y un Centro de Diagnóstico y Orientación, para la atención de la población infantil de 0 a 5 años que no se encuentra en los círculos infantiles.

Cultura

Centro Habana cuenta con diferentes instalaciones culturales como: una escuela de arte ( Música Amadeo Roldán), la Casa Museo José Lezama Lima, lugar donde vivió el conocido autor de la novela Paradiso durante 47 años, se conservan objetos personales de Lezama. Museo de referencia para el visitante. Casa Municipal de la Cultura “Joseito Fernández", antigua residencia donde habitó por muchos años la familia de Alfredo Hornedo. En esta edificación radica la Galería "Frida Kahlo"]] exponente del trabajo aficionado.La Sociedad Económica de Amigos del País, una de las instituciones más antiguas de Cuba, donde radica el Instituto de Literatura y Lingüística. Posee una biblioteca con documentos históricos de gran valor. La Biblioteca Municipal María Villar Buceta contiene documentos y libros para el servicio y el uso de toda la población. El municipio posee, actualmente, tres teatros: el América en Galiano, el cine-teatro Astral y el Gran Teatro de La Habana hoy nombrado Teatro Alicia Alonso.

La presencia en el territorio de la cultura de origen hispánico tiene su expresión en diversas sociedades españolas, representativas de diferentes regiones de España, cuyos naturales y descendientes mantienen viva esta cultura.

Lo mismo pasa con la cultura china, ha incidido grandemente en la cultura nacional por sus costumbres y tradiciones, tales como la celebración de las distintas fiestas lunares, las comparsas chinas, el arte culinario y sus sociedades de recreación.

Centro Habana celebra la Semana de la Cultura “Día del Centrohabanero" del 4 al 10 de julio. También las autoridades locales instituyeron la medalla Torreón de San Lázaro, que se entregó a personalidades cubanas o extranjeras que contribuyeron al mejoramiento de las condiciones de vida de sus habitantes. Manifestaciones de la cultura.

Instituciones y personalidades El auge de lo vernáculo, de la Cubanía, se desborda con la despedida del régimen colonial español, con todas sus restricciones e inhibiciones culturales.

Aflora con mas fuerzas que nunca el ajiaco que durante siglos se estuvo cocinando y que tiene en principio elocuentes expresiones en el teatro Alhambra.

Durante las tres primeras décadas del siglo XX el Alhambra y toda la red de teatro y espectáculos dan rienda suelta a la representación de hechos cotidianos y tradiciones que son acogidas con mucho agrado por el público.

El teatro vernáculo se convierte en gran medida en el centro de la actividad cultural, absorbiendo a virtuosos artistas e intelectuales procedentes de otras manifestaciones.

Personalidades de la talla de los Robreños, Gustavo Sánchez Galarraga, se involucraron directamente en el quehacer del teatro vernáculo, se le unieron igualmente músicos como: Jorge Anckermann, Ernesto Lecuona y Gonzalo Roig. La ambientación del escenario y el montaje coreográfico también cuentan con el aporte de talentosos especialistas, decoradores y pintores.

La danza por su parte, con hermosas vedettes y coristas, tanto en los grandes teatros como en los cines y cabaret, hizo las delicias, sobre todo para los hombres.

La literatura siempre fue muy fuerte en el territorio centrohabanero, grandes exponentes de la misma nacieron en nuestra localidad. Muchos de nuestros periodistas, historiadores e investigadores tienen este tema como motivo de investigación profunda.

Muchos artistas que llegaron a la capital recurrieron a las edificaciones que se construyeron, se alquilaron o establecieron definitivamente, mientras sus viviendas se convirtieron en focos culturales y enriquecieron el que hacer cultural del entorno.

Teatro, cines y dramatizados radiales

El “Alhambra” (Consulado y Virtudes) había surgido como teatro de zarzuelas, alternando en la primera Intervención Militar de los Estados Unidos, con variedades del music hall.

Al margen de sus antecedentes como “Café Americano” su despegue definitivo como centro cultural se define a finales del año 1900. La obra “El velorio de Pachenco”, llamada originalmente “Tin Tan te comiste un pan”, de Gustavo Robreño y José Mauri, abría el camino al éxito del teatro vernáculo Cubano. Durante las tres primeras décadas de la centuria se estrenan, a teatro lleno, además de zarzuelas; revistas, juguetes y comedias entre otros géneros.

El Alhambra se convertía en el cuartel general de los bufos y caricatos Cubanos, lugar donde se expresó con fuerza el decir de la Cubanía en muchas de sus expresiones. Fue laboratorio y factoría de cultura.

En el campo propiamente teatral marcó un momento cumbre, como en el campo de la música “el Alhambra fue -sentenció Alejo Carpentier— un verdadero conservatorio de ritmos Cubanos” (19) Todo este movimiento cultural genuinamente Cubano y renovador contó con el apoyo de hombres de negocio, financiamiento y publicidad, pero no solo por amor al arte.

Este florecer de la cultura Cubana se insertó en los códigos de la industria del entrenamiento, parte del sistema orquestado en el Centro Comercial de La Habana.

Son los tiempos en que el estreno de cartel teatral, sea drama o comedia es de un gran impacto publicitario. 108 El actor Regino López, en su popular personaje de “Cañita” mientras simula estar borracho hace demoledoras críticas en forma de inocentes verdades.

Hacen época también otros actores como: Adolfo Colombo, Sergio Acebal, Ramón Espigul y Arquímedes Pous.

Y entre las actrices, movilizaban a todo un pueblo masculino: Blanquita Becerra, Luz Gil, Hortensia López; Blanca Vázquez, Consuelo Novoa, Hortensia Valedon y Amalia Sorg. A las vedettes las acompañan rosario de no menos hermosas coristas quienes en sugestivos montajes escénicos y coreografías, atuendos, poca ropas y muchas picardías como mostraban sus atractivas y abundantes carnes.

El Teatro Principal de la Comedia (Ánimas No.2, antiguo) es el otro gran coloso aparecido en la cresta del esplendor centrohabanero. El 20 de Octubre de 1921 abre sus puertas con el estreno de la comedia de Galdós “La de San Quintín”. La institución desarrolla una intensa temporada teatral donde por varios años desfiló lo mejor del género en la época.

Tres de las primeras actrices alternaban allí con frecuencia: Celia Adams, Enriqueta Sierra y la española Pilar Bermúdez. Estas dos últimas mantienen una rivalidad artística con grupos de fanáticos quienes a veces trocaron pasiones enfrentando cultura Cubana vs. Peninsular.

Otro de los teatros punteros que cultivó lo picaresco fue el Verdum (Consulado Nro 214), donde se estrena en 1922 una popular comedia de enredos; el Campoamor (Industria y San José), el Encanto (Neptuno No 19), el Shangai (Zanja Nro 35), considerado el primer teatro con desnudos artísticos; el Cuba (Galiano, entre Neptuno y Concordia), llamado luego Moulin Rouge (Molino Rojo), donde se consagró Arquímedes Pous.

Muy cerca de allí, en 1926 estuvo el Teatro Cubano (Neptuno 103, antiguo), llamado luego Regina sala donde participa con mucho éxito la compañía de Ernesto Lecuona.

Durante la crisis de 1929-1930 el teatro Cubano se ve duramente afectado sufriendo además los años convulsos del primer lustrote la década del 30. Sin embargo, en 1936 se inaugura el Teatro Radio — Cine (Galiano y Neptuno), con la fabulosa capacidad de 2900 localidades distribuidas en platea y dos balcones.

Al comenzar la década del 40 se construye el teatro América (Concordia No. 61) con 1,800 asientos. Pero seria el último de las edificaciones de su tipo en la localidad. Tanto América como el Radio-Cine, el Regina, el Verdum y hasta el Alhambra ya con el nombre de Alcázar son convertidos en cines.

Actores y publico debieron atemperarse a la llamada “decadencia” del teatro de empresa. En realidad el teatro Cubano fue comercialmente aplastado por la invasión de películas extranjeras, fundamentalmente de los consorcios norteamericanos: Warner Bros., Columbia Pictures, Paramaunt, Metro Goldwyn Mayer y 2Oth Century Fox.

Los cines habían comenzado como pequeños teatros, salón de multipropósitos en que además de proyectar filmes desarrollaron toda una serie de programaciones artísticas, incluyendo las escénicas que enriquecían la vida espiritual y cultural en los barrios a precios módicos.

El boom del séptimo arte con su banda sonora desde 1929, hace que los inversionistas vuelvan sus ojos más hacia esta institución cultural. La empresa con cine era mucho más fácil, segura y económica. Más rentable era hacer rodar una cinta que organizar, financiar y correr la suerte de una obra de teatro. El cine no fue la causa de la decadencia del teatro.

Pudieron ambos coexistir como opciones alternativas, solo que los magnates “habaneros” dueños de la industria del entretenimiento, lo apostaron todo a las películas.

Por cierto el decano de la cinematografía Cubana lo fue el actor José Esteban Casasús Valdés (1871-1948), quien vivió en la calle Colón Nro 46 y participó muy activamente a todos aquellos primeros pasos por crear una industria Cubana de cine.

Pero había interés porque La Habana tuviera ciudadanos cinéfilos y peliculeros, que consumiera cinematografía, que tuviera mucho cine e importara muchas películas, pero no que desarrollara su propia industria. En poco más de 20 años de 1930-1953, las calles centrohabaneras vieron nacer más de medio centenar de cines.

Cifra que si no fueron record, no deben ser muchas las capitales de países subdesarrollados que, en solo 3,47 Km2, tuvieron por aquellos años tal cantidad de salas. Si la calzada de Belascoaín fue “la emperatriz tabacalera”, tuvo además el cetro de los cines.

A saber, en sus aceras existieron: el Palace, Wilson, Edén, Oriente, Astor, Favorito, Miami, Belascoain y Cuatro Caminos. Por consulado: Alcázar, Majestic, y Verdum; en Reina: el Colonial, Cuba y Reina. Por San Rafael: Cinecito, Duplex y RexCinema.

Igualmente son de referir otros cines de mucha recordación como: el Manzanares (Car!os II No. 910), el Infanta (Infanta No. 357), el Pacifico (Zanja y San Nicolás), el Aguila de Oro (Rayo y Zanja), el Rialto (Neptuno No. 507) y el Astral.

Entre las bondades de la modernidad que conspiraron contra el teatro tradicional estuvo también el auge de la radio y sus dramatizados. Tan solo en la emisora Mil Diez (Reina No. 314), de 1943-1948 se dispuso de un destacado elenco, iniciado con el actor de zarzuela y tenor cómico español Antonio Palacios, con: Paco Alfonso.

Nenita Viera, Elvira Cervera, Bellita Borges, Santiago García, Paúl Díaz, Oscar Luis López, Nicolás Rodríguez, Tomas Cuervo, Luis López y Amador Cuervo. Este último, joven negro que actuaba sin maquillarse y sin hablar como “bozal”, haciendo incluso papeles protagónicos, algo insólito para aquellos tiempos.

El programa dominical “Ronda Infantil”, con guión de Blas Roca y dirección artística de la maestra y actriz Thelma Norton, tendría mucha audiencia. Aquí cantaban niños hijos de trabajadores quienes declamaban, representaban y cantaban.

De esta cantera surgieron estrellas como Asseneh Rodríguez y Leonel Valdés. Par su parte Violeta Casals era quien narraba cuentos y hacía voces con la mejor literatura universal para niños.

Otros muchos actores y actrices se iniciaron o consagraron en las complejas formas de la radio-teatro y en especial en la emisora centrohabanera de los comunistas, entre ellos: Raquel Revuelta, Antonia Valdés, Marta Casañas, Agustín Campos, Alfredo Perojo, Ernesto Fraga, Ricardo Dantés, Angel Toraño, Ignacio Valdés Sigler y Reinaldo Miravalles.

Literatura y escritores

La literatura durante las primeras décadas del Siglo XX centrohabanera giró en gran medida en torno a los libretos alhambrescos. Muchos jóvenes estuvieron en función del teatro vernáculo Cubano. Entre ellos se distinguen: Gustavo y Francisco Robreño, Mario Sorondo y Federico Villoch.

Asumen elementos populares a favor de una zarzuela superior y del teatro lírico Cubano, el poeta Gustavo Sánchez Galarraga y otros libretistas como José Sánchez Arcilla y Antonio Castells. Al referir a escritores destacados vinculados al territorio es imprescindible mencionar a quien naciera el 24 de noviembre de 1904 en Maloja entre Escobar y Lealtad: ALEJO CARPENTIER.

Gran parte de su obra lleva la impronta de su barrio natal y en general sobre La Habana, “la ciudad de las columnas”. El escritor Miguel de Carrión, el creador de Las Honradas y Las Impuras inmortalizó muchas de sus experiencias vividas en la Casa de Huéspedes de la calle Virtudes, sumergiéndose en el micromundo de la vida habanera en los primeros años del siglo XX.

Nicolás Guillén, nuestro poeta nacional, vivió en el barrio de Los Sitios, como el insigne historiador José Luciano Franco, quien consagró su vida a la profesión. Fernando Ortiz vivió en Neptuno y Oquendo, barrio de San Lázaro, desde allí inició muchos de sus estudios etnográficos.

Otros muchos escritores, aunque no nacieron en el territorio, vivieron o desarrollaron gran parte de sus obras en barrios centrohabaneros, es el caso del poeta y notable escritor José Zacarías Tallet, o del locutor igualmente escritor y poeta Marcelino Arozamena, miembro de la Sociedad de Estudios AfroCubanos.

Pero, sin duda, la figura descollante de la literatura Cubana, con mayor incidencia en Centro Habana, lo sería el poeta José Lezama Lima, desde la barriada de Colón. (20) José Lezama Lima comienza a vivir en Trocadero No. 162 junto a su madre Rosa Lima Rosado y sus hermanas Eloisa y Rosita, a la edad de 18 años, momento de su ingreso a la Universidad de La Habana y del inicio de su creación literaria y artística.

El edificio en que pasa a residir la familia Lezama Lima se había acabado de inaugurar ese año, 1929. Su diseñador había sido el arquitecto Emilio Juncosa, y su financista, Dona Blanquita Mauri de Hornedo. Los valores arquitectónicos del inmueble se correspondían con los recursos expresivos del eclecticismo tardío. Uno de sus elementos decorativos, las columnas salomónicas del portón principal, serían tomadas como referencia por los amigos, visitantes y el propio Lezama para identificar la casa.

Con el tiempo - advierte el investigador Israel Díaz - la propia fachada de Trocadero 162 llega a ser como un icono con el que asocia la vida y obra del poeta. Aquella casa pronto se convirtió en foco cultural en el campo de la literatura, pero además en las artes plásticas y en general de la intelectualidad más creadora y auténtica.

Lezama abrió sus puertas de Trocadero a sus amigos más cercanos. Se iniciaban las famosas tertulias lezamianas, devenidas núcleo destacado en la vida cultural de la época.

La importancia de ese grupo de intelectuales que visitaban con frecuencia a Lezama en su casa ha sido destacada en múltiples ocasiones par críticos e historiadores de la cultura Cubana. Más que una generación puede hablarse de un movimiento cultural que centró algo de lo mejor de la creación artística en su momento.

La sala y el escritorio, que ya iban llenando sus paredes con las obras de pintores vanguardistas, fueron escenario donde se gestó la edición de Orígenes, revista de arte y literatura cuyos lazos con el mundo colocaron a la literatura Cubana en un nivel de paridad respecto a las corrientes intelectuales que le fueron contemporáneas.

Angel Gaztelu, José Rodríguez Feo, Cintio Vitier, Eliseo Diego, Fina García Marruz, Gastón Baquero, Lorenzo García Vega, el músico Julián Orbón, se incorporaron también al fomento de una amistad perdurable que dio elevados frutos literarios.

Como ellos los artistas plásticos de diferentes generaciones se unieron al proyecto editorial y su estela de exposiciones, conferencias, encuentros. René Portocarrero, Mario Carreño, Roberto Diago, Alfredo Lozano, Víctor Manuel García, Mariano Rodríguez, con el regalo de sus obras contribuyeron a formar una de las colecciones privadas de arte de la vanguardia Cubana, más completas del país en su momento.

Del periodo Origenista data la relación con dos de los intelectuales españoles de mayor relevancia: el escritor Juan Ramón Jiménez y la filósofa María Zambrano. Con el primero, Lezana sostuvo relaciones de respeto y agradecida cordialidad intelectual, que quedaron expresados en el decisivo ensayo “Coloquio con Juan Ramón Jiménez”.

Con la Zambrano estrechó los lazos de una especial amistad basada en la admiración mutua y un afecto sostenido aún en la distancia. En el cuarto - estudio de la ya conocida casa de Trocadero el escritor dio forma a ensayos, cuadernos de poesía, conferencias, donde la lucidez y la profundidad iban unidas al refinamiento poético.

De esos años bastaron: “EL Secreto de Gracilazo” (Conferencia 1937, “Enemigo Rumor” (Poesía 1941), “Aventuras Sigilosas” (Poesía 1945), “La Fijeza” (Poesía 1949), “Tratados de La Habana” (Ensayo 1958), preparaba “La Expresión Americana” y la que sería su obra cumbre resumen y complemento de todo lo que había escrito hasta entonces: “Paradiso”.

La tradición de escritores centrohabaneros estaría también muy en correspondencia con el desarrollo local de la industria gráfica. Sería muy valioso que en posteriores interrogatorios, contando con la UPEC Municipal, se hiciera un trabajo en el territorio.

En principio son de mencionar a: Eduardo Robreño, Juan Antonio Pola, Fernando Rodríguez Sosa, José Manuel Valdés Rodríguez, Manuel de Jesús Zamora y Zamora, Fernando Carr Parúas, Carlos Lechuga y Evelio Tellería Toca Muy relacionado con la Literatura, los escritores y los periodistas, estarían dos tipos de instituciones culturales vinculadas directamente a la promoción de Libros, revistas y periódicos.

No siempre y en todos los casos han tenido el estudio y el reconocimiento que merece las bibliotecas y librerías. El territorio dispuso desde tempranos tiempos de la Biblioteca Municipal de La Habana (San Miguel No 216, Antiguo). Luego fue trasladada para un edificio más confortable en Neptuno No 255 (Antiguo), luego 772.

Era considerada la biblioteca de la municipalidad. En ella laboró María Villar Buceta, poetisa y bibliotecaria, promotora de vigoroso movimiento por el fomento de bibliotecas en todo el país.

A finales de la década del 30 cobra fuerza el proyecto de construir otra biblioteca en los barrios habaneros que fueran como sucursales de la municipal. Se crean bibliotecas en parque del Cerro y Santo Suárez, pero con la que se planifico para el parque Trillo, en Cayo Hueso, iba a ser objeto de uno de los casos de corrupción más escandalosos e inauditos que se conociera durante la República.

El alcalde Antonio Beruff Mendieta logró que se aprobara 70 mil pesos para construir la biblioteca en el Parque Trillo y abastecerla de libros, sin poner un ladrillo en el lugar luego solicitó un crédito para demoler la inexistente biblioteca, para luego seguramente pedir mas dinero para “reconstruirla”.(21) La sociedad económica “Amigos del País”, que había fundado sus celebre biblioteca en Dragones 62 (antiguo), luego 308, inaugura un nuevo edificio el 17 de enero de 1949 en Carlos III No 710.

Sus arquitectos fueron Govantes y Cobarrocas, quienes concibieron u edificio de dos plantas de un neoclásico tardío que incluía el diseño de un hermoso jardín central. La institución atesoró las mas completa colección de Hemerotecas del país, fundó la revista Bimestre Cubana y aglutinando a laureados escritores, desplegó una labor literaria, investigativa y bibliotecológica que la situaría entre las instituciones culturales mas valiosas del país.

La Asociación Cubana de Bibliotecas, organización creada para canalizar la lucha del sector, lidereados por la Dra. María Villa, tuvo su sede en la Biblioteca de la Sociedad Económica Amigos del País. Allí se establecieron las oficinas de su órgano de prensa, que vino a reforzar la labor divulgativa y de enseñanza especializada sobre bibliotecas.

Otras instituciones del territorio crearon también sus bibliotecas, distinguiéndose entre las organizaciones fraternales la denominada “José Martí” de la Gran Logia Odd Fellow de Cuba (Manrique No 221), la creada por el colegio de Arquitectos de La Habana (Infanta y Humboldt), la asociación de Prensa Obrera de Cuba (San Miguel No 856), la asociación cultural de laboradores en Yeso de La Habana (Xifré No 57) y la Asociación Nacional de Periodistas de Radio (Estrella No 452).

En cuanto a Librerías, una de las mas famosas y surtidas del país, desde 1901 fue “La Principal”, propiedad de Macario Gutiérrez, establecida en la plaza del Vapor No 36. Otras concurridas librerías fueron “Las Ideas” (Infanta No 306), y América (San Lázaro No 1208),

Fue en el centro de La Habana donde mayor cantidad de librería se abrieron. En la década del 50 tan solo en la calle Neptuno existieron cuatro librerías, en Reina tres y en Galiano dos, además de otras en Manrique, San Nicolás y Belascoaín.

De todas ellas cabe destacar un pequeño local donde se vendían libros de uso, la Librería Canelo, donde acudían hasta visitantes extranjeros en busca de libros raros y títulos de ediciones agotadas. Aquí se hizo popular la frase de “. . . Si no lo tiene Canelo, no lo busques más... “.

Presencia martiana 

Aspecto muy especial en el territorio es la presencia del Martí quien vivió, estudio en el territorio por eso al hablar de su obra en Key West es imposible no relacionarlo en esta área, es cierto que este nació el 28 de enero de 1853 en la casita de Paula # 41 ( hoy Leonor Pérez 314) pero residió mas en la zona de extramuros que en la propia Habana Intramural, veamos:

1856 - Reside en Ángeles # 56 actual # 156 entre Monte y Corrales 1859 - Industria 32 entre Colón y Refugio 1866 - Refugio II, actual 151, entre Morro y Cárcel,Peñalver 53, hoy 114 entre lealtad y campanario. 1867 - Estudia en San Alejandro, actual 308 escuela Sergio González 1868 - Estudia Prado 88 esq. A animas, Colegio San Pablo 1869 - San Rafael 55, hoy 409 entre campanario y Manrique 1879 - Industria 115, actual 317 entre neptuno y San Rafael y Amistad 42, entre Neptuno y Concordia, hoy 176 o 174 de ahí sale al destierro.

Otros datos de Martí dan los registros parroquiales de la Iglesia de Monserrate Galeano y Conde Cañongo ( Dragones)

7 de febrero 1852 - Matrimonio de los padres de José Martí 6 de abril de 1879 - Bautizo de José Francisco Martí y Zayas Bazán 3 de febrero de 1887 - Defunción de Mariano Martí y Navarro 20 de junio de 1907 - Defunción de Doña Leonor Pérez

Dentro de estos emigrantes estaban Carlos Baliño padre e hijo Eduardo Hidalgo Gato. Vicente Martínez Ibor, Gerardo Castellano, José Dolores Poyo, Pablo Cendoya, Eduardo Manresa entre otros.

El devastador incendio que destruyó Cayo Hueso precipito el éxodo de cubanos a Tampa y a Cuba aumentando el núcleo poblacional del Cayo Hueso cubano que se comenzó a nuclear en las cercanías del entonces parque Trillo (Actual Quintín Banderas).

El Cayo Hueso floriadiano y Tampa fue el que conoció Martí y el incremento de emigrantes en la década del 90 posibilitó la formación de varios club revolucionarios, ya en 1869-79 según la obra ámbito de Martí de Guillermo de Zanegui existían:

El club revolucionario #25 fundado 31 de enero 1879 y La Estrella Solitaria 1 de agosto de 1879 Ignacio Agramonte 26 de octubre de 1879

Club femenino hijas de la Libertad 15 de diciembre de 1878 y según datos establecidos del periódico patria el 17 de agosto de 1895 existían en Key West 72 clubs oficialmente aceptados dentro de estos el histórico Club San Carlos (abril 1891) donde tuvieron su tribuna hombres como Salvador Cisneros Betancourt, Francisco Vicente Aguilera, Enrique, José Varona, Máximo Gómez, Antonio Maceo, Calixto García, Flor Crombert, Carlos Manuel de Céspedes, Julio Sanguily, Gonzalo de Quesada. En el fundó José Martí el 10 de abril de 1892 el Partido Revolucionario Cubano en la Velada que ocupó un papel especial el Héroe Nacional

La defensa de la identidad nacional fue el apoyo de los obreros con la donación de una día de haber (el día de la Patria) y el 10% del salario de apoyo a la causa independentista. La presencia de Martí en Key West puede verse el 15 de noviembre de 1892, el 27 de febrero de 1893, el 8 de mayo, 13 de septiembre 1893 y el 16 de mayo de 1894.

Es importante decir que el deceso de Martí el 19 de mayo de 1895 no disminuyó el apoyo a la causa cubana tanto en el Key West como en Cayo Hueso habanero, al finalizar la guerra de independencia retornaron los tabaqueros dejando atrás un West con una comunidad medio cubana.

Tras la frustración del programa martiano muchos emigrados no tenían de que vivir no obstante los de aquí y de Key West aportaron dinero una vez mas para comprar la casta de Martí y van a ser los primeros en integrarse a las primeras huelgas entre ellos Carlos Baliño hijo que tuvo el honor de poner la 1ra piedra del palacio de los Torcedores San Miguel 662, que día a día como monumento nacional rememora los vínculos históricos y fraternales entre los dos cayos.

Artes Plásticas

La escuela de San Alejandro fue otra de las instituciones culturales insignias auspiciadas por la sociedad económica “Amigos del País”. Luego de su instalación original en el convento de San Agustín, permaneció por muchos años en la antigua edificación de Dragones No 60.

El inicio de la República encuentra en la dirección del centro a Miguel Melero (1836-1907) pintor Cubano quien introduce notables mejoras organizativas incluyendo la posibilidad del empleo a la mujer.

Dos días antes de su fallecimiento, el 6 de junio de 1907 nombraba a la primera mujer profesora de San Alejandro, Adriana Billini. Durante el Periodo que se encaminan en la búsqueda creadora de la Cubana, incluyendo el recreo de bellos paisajes de la campiña Cubana.

El Museo Nacional se constituyó en 1913, en el caserón que se había construido para el frontón de Jai Alai de La Habana (Concordia y Lucena). Había expirado la concesión hecha al espectáculo de pelota Vasca y ahora el “Palacio de los Gritos”, en absoluto silencio y remodelado, abría sus puertas para exponer obras de arte. Se trasladaban hacía allí, buena parte de las colecciones de la Escuela de San Alejandro.

Las exposiciones se mantienen por cinco años, no más, por cuanto el Ayuntamiento de La Habana autorizó nuevamente que se jugará Jai Alai en el edificio, a partir de la primavera de 1918.

El plantel adopta oficialmente el nombre de Escuela Profesional de Pinturas y Escultura “San Alejandro” desde el 5 de octubre de 1925. A los pocos meses la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes autorizan la creación la creación de algunas becas de aspirantes de origen humilde que no tuvieran recursos para costearse los estudios.

Las plazas se obtuvieron por exámenes de oposición, en las que resultan beneficiados estudiantes de mucho talento como el joven Teodoro Ramos Blanco. Otro Rotulo debe hacerse en 1934 para el centro, que pasa a denominarse Escuela Nacional Superior de Artes Plásticas “San Alejandro”.

Entre sus novedades estuvo el comienzo de cursos preparatorios. Ya en 1936 se crea otro plante que se denomina “Escuela Elemental de Artes Plásticas” (Reina No 362). Hacia 1944 la dirección del claustro de profesores solicita al ministerio de Educación un crédito para la construcción de un nuevo edificio donde se unificarán las dos escuelas.

Posteriormente piden a la Sociedad Económica Amigos del País que le entreguen el local de la antigua biblioteca, al ser construida la nueva en Carlos III. En 1951 logran la autorización para trasladarse hacia el edificio de Dragones No 308, donde permanecería la escuela durante casi diez años. Existieron en el territorio, además de la Escuela de San Alejandro, prestigiosas escuelas privadas como la José Baixauli (Reina No 462), vinculada al maestro Alfredo Sosa Bravo.

Igualmente, prestigiosas personalidades de las artes plásticas han residido en el territorio, como: Ana Rosa Gutiérrez (Gervasio entre Zanja y San José), quien se registra como la primera mujer galardonada de Cuba; el pintor vanguardista Victor Manuel García, Raúl C. Santos Serpa (Gervasio 577), Armando Posse Valhuerdis (San Nicolás 317), José González Alvarez (Laguna 370), José Manuel Villa Castillo (San Nicolás 452) y Oscar José Morena Rodríguez San Rafael No 617).

Sintomáticamente, en Centro Habana radican dos de las organizaciones punteras del sector de las Artes Plásticas: La Asociación de Dibujantes de La Habana (Concordia No 426) y el Círculo de Bellas Artes (Industria No 458). Sintomáticamente, en Centro Habana radican dos de las organizaciones punteras del sector de las Artes Plásticas: La Asociación de Dibujantes de La Habana (Concordia No 426) y el Círculo de Bellas Artes (Industria No 458).

Música, músico, baile

El teatro vernáculo Cubano, con los exitosos espectáculos en el Alhambra, Principal de la Comedia, Molino Rojo, Campoamor y otros, fue el gran incentivo para los más reconocidos músicos durante el primer tercio del Siglo XX.

La música escrita por compositores de prestigio académico, quienes manteniendo los moldes estético occidentales, comenzaron a introducir creadoramente elementos musicales de ascendencia africana.

A consagrados músicos como José Mauri, José María Varona, Raimundo Valenzuela y otros, se suman una pléyade de jóvenes talentos que harían época como: Jorge Ankermann, Gonzalo Roig, Ernesto Lecuona, Rodrigo Prats. Gonzalo Roig había nacido el 20 de Julio de 1890en el primer piso del edificio de Amistad No 404, entre Barcelona y Dragones, casi enfrente de donde en un tiempo estuvo la fábrica de tabacos H.Upmann (22).

Julio Roig, su padre, mantuvo decorosamente la familia gracias a un modesto “chinchal de tabaquería del que era propietario”(23); Don Julio en principio no quiso que él fuera un “oscuro musiquillo” de bailecitos y antes de acceder a que estudiara música, contaba Roig “tuve que aprender con él afabricar tabacos...” (24).

A los 17 años de edad Roig estrena en el Alhambra la partitura musical d” El baúl del diablo”, sobre libreto de los hermanos Federico y Manuel Audois. Cuatro años después compone ya la música de la que sería su canción estandarte: “Quiereme mucho”, la que —según se rumoró - estuvo dedicada a Blanquita Becerra, una de sus intérpretes.

Por su parte, Ernesto Lecuona, también a la edad de 17 años muestra a su maestro Hubert de Blanck la danza “La comparsa”. El insigne músico queda admirado con la pieza, al punto que que le obligó a tocarla por varios días en el Conservatorio Nacional de La Habana (Galiano No 67, antiguo, luego 209).

Aquí terminó Lecuona su octavo año de piano, obteniendo el Primer Premio y Medalla de Oro. Sus estudios anteriores los había realizado hasta el tercer año, en el Conservatorio Peyrella de (Reina no 3, antiguo); Aquí también hizo sus estudios otra de las grandes figuras de la época: Rita Montaner.

Y en materia de pedagogía musical el territorio centrohabanero dispuso también, a partir de 1903 de un importante escuela musical; cuyo primer director fue el maestro Guillermo Tomás, quien desde hacía cuatro años había sido el director —fundador de la Banda de Música Municipal de La Habana, con sus salones en la calle Reina, frente a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús.

El 1° de Abril de 1911 se inaugura la Escuela de Música Municipal de La Habana de Rastro y Lealtad, la que años después tendría como director a Gonzalo Roig, quien como Tomás asumió también la dirección de la Banda de Música Municipal.

A través de la Sociedad de Conciertos, Roig, César Pérez Sentenat, Joaquín Molina y otros destacados profesores fundan en 1922 la Orquesta Sinfónica de La Habana; Gonzalo Roig sería su Director, también de la Orquesta Ignacio Cervantes, fundada por él en 1929; En ambas el maestro centrohabanero promovió la difusió de talentosos músicos Cubanos, como el propio Cervantes y Rafael Díaz Albertni, de quienes no se había hecho nunca interpretaciones sinfónicas de sus obra.

Asimismo difundieron obras clásicas del patrimonio universal, mintras hubo ocasiones para acompañar a cantantes solistas quienes se vieron acompañados por primera vez vez con una excelente instrumentación.

Consecuentemente con la línea de promoción de la música Cubana y universal, más la promoción de jóvenes talentos, incorpora a la orquesta a virtuosos músicos como Enrique González Mantici, quien se convierte en el primer violín, mientras en la viola sitúa a al joven Amadeo Roldán. El 3l de Julio del 1937, en la antigua casa natal del pianista, compositor y pedagogo Ignacio Cervantes Kawanag, sita en Virtudes No 35, entre Amistad y Aguila se efectuó un acto solemne donde se develó un monumento conmemorativo en bronce.

Al año siguiente el maestro Roig fundó la Opera Nacional, de la que fué su director y orquestador. Elíseo Grenet, el creador de “Ay Mamá Inés”, fue otro de los virtuosos músicos quien desde muy joven tuvo una incidencia en la localidad centrohabanera.

Desde los 13 años tocaba el piano durante las películas silentes en el cine “La Caricatura “(Galiano). Amadeo Roldán, también de joven tuvo necesidad de laborar, amenizando musicalmente cines silentes, restaurantes, y hasta centros nocturnos como el cabaret “El Infierno” (Blanco y San Lázaro),donde actuaba “La Bella Raquel”.

Allí además compuso, un libreto de Alejo Carpentier, la suite sinfónica que lo consagró “La Rebambaramba”. Roldán había roto progresivamente con los esquemas armónicos europeos, siendo el primero en insertar la percusión Cubana en el pentagrama sinfónico.

Ya aquí en esta suite para ballet del año 1928, hacía alusión a la música y rituales abakuá. Ese mismo año hacía “Danza Negra” y en 1929 culminaba “El milagro de Anaquillé”; Eran evidentes las enseñanzas de humildes rumberos que, de quienes tomó nota, logrando una música mestiza, cualitativamente diferente, Cubana. Ernesto Lecuona hacía lo mismo en “Danza Ñañiga” y si “Danza Negra”.

En el año 1928, con texto de Gustavo Sánchez Galarraga hace el sainete “La despalilladora” donde canta las dificultades a que se obligada a enfrentar las obreras tabacaleras. En 1929 estrena en el Regina (Neptuno 103, antiguo) “El Cafetal”, sobre la explotación esclava como “El Batey”, con la romanza “Canto Negro” y el tango congo “Allá en el Batey”.

Igualmente en 1932 estrena en el Principal de la Comedia, también con libreto de Sánchez Galarraga, “La Guaracha Musulmana”. Otros temas harían alusión a la presencia asiática como: “Rosa la China”. Rita Montaner es muchas veces la intérprete de estas piezas.

En 1927, se presenta vestida de negrito calesero en el Regina, representando un sainete de Lecuona y Eliseo Grenet. En 1929, estrena en el Campoamor (Industria y San José) “Chivo que rompe tambó” de Moises Simons. Y así, lo mismo hace con un pregón, que — al decir de Carpentier — “con canciones arrabaleras, nacidas del Batey de un Ingenio, de un puesto de chinos, del patio de un sotar, o de una fiesta abakuá’ (25).

El maestro Gonzalo Roig recrearía igualmente estampas coloniales saboreando Cubanía. Inspirado en la obra literaria de Cirilo Villaverde, crea la música de la zarzuela más representada del teatro lírico Cubano “Cecilia Valdés”.

Pero además, no menos que los músicos Cubanos más visionarios de la época, es un ferviente admirador y procesador de la herencia musical africana. Es creador de más de un centenar de obras teatrales, muchas de ellas con esta influencia. Además de su antológica “Quiéreme Mucho”, es autor de otras populares melodías como: “Yo te amé”, “Mulata”, “Prisionero de amor” y “Ojos brujos”.

Logra una producción musical con una treintena de títulos que incluye: congas, danzones, caprichos afroCubanos, claves, guarachas, guarachas rumbas y rumbas. Entre estas últimas estaría la titulada: “El servicio militar obligatorio”, popularísimo tema que en 1922 llevaría al éxito las voces de Blanquita Becerra y Rafael Lloresns. Y dedicado a uno de los barrios más humildes del territorio centrohabanero compone su llamado paso ñáñigo: “Pueblo nuevo”.

Paralelamente a este fructuoso proceso creativo protagonizado por los más eminentes músicos Cubanos de academia, las fuentes humildes en las que bebieron continuaron el desarrollo, aunque virtualmente en la clandestinidad sin poder escribir y tener que tocar con cajones y cucharas.

En el mejor de los casos se le incluyó en la llamada “música oular”, aunque no pocos críticos de salón le llamaron peyorativamente “música de negros” siempre en oposición a la clasificada como “música culta”, como si ambas fueran antagónicas y no pertenecieran al mismo tronco de la música Cubana.

Según la huella de aquel quehacer cultural ingráfico y discriminado es difícil, máxime cuando el ayuntamiento de la habana desde 1901, inducido por el gobierno interventor norteamericano, había prohibido las manifestaciones de negros con tambores de ascendencia africana, tanto en la vía pública como en el interior de edificaciones.

La rumba de cajón se fortalece en contraposición de esta medida surgen en los barrios más humildes coros de clave y va a aparecer una nueva expresión donde se conjuga muy vivamente el canto y el baile: “el Guaçiuancó”. Los promotores del guaguancó en La Habana van a ser los hermanos Apolonio y Carlos Victor Lamadrit obreros portuarios matanceros, quienes se establecen en la calle Bernal No. 22, barrio de Colón.

Ellos organizan el coro “ La Nueva Idea” que pronto se extiende a otros inquietos solares vecinos como: “El Trueno”, “El Macao” y “La California”. (Crespo y Colón). Hacia 1908 ya había varios coros de guaguancó en la ciudad, distinguiéndose otra agrupación formada por los Lamadrid en Colón: “Los Capirotes”.

Su director seria Francisco Albo, “Ten-Ten”, prestigioso plaza abakuá de las presentaciones el coro cantaba lo siguiente: Capirote tiene mesura Y una voz melodiosa Para que puedan apreciar Los cantares de mi guaguancó (26) Los Capirotes aglutinan no solo a muchas buenas voces, masculinas y femeninas, sino también a excelentes parejas de bailadores, clasificando punteros a nivel de ciudad estaría también en barrio de Centro Habana: el coro Los Roncos, de Pueblo Nuevo.

El coro de clave y guaguancó Los Roncos que organizado por Agustín Gutiérrez (padre) e Ignacio Piñeiro, quien junto a Bienvenido Julián Gutiérrez, crearon gran parte de su repertorio. Tendrían también muy buenos bailadores y bailadoras, conectos armonías y brillantes textos.

En el año 1909 fue afortunado para la rumba, la conga y los carnavales en los barrios, el General José Miguel Gómez “Tiburón”, aquel ultra populista y campechano Presidente de la República, autorizó a salir a la calle, como en tiempos coloniales, a los espectáculos ñañigos, y que se organizaran comparsas para el disfrute y divertimento local.

En Colón se crean “Los Hijos de Chavez”, “Los Componedores de Batea” en Cayo Hueso, y “Las Lucumisas” en Los Sitios. Los iremos o diablitos y la orquesta de un juego abalcuá en este ultimo barrio- según conoció Fernando Ortiz- “llegaban hasta las casas asustando en broma a mujeres y niños, sin violencia, ni malicia” (29) Aquel año cobraron fuerza también determinadas protestas y exigencias de la agrupación Independiente de color, partido político que había surgido meses antes 2 tenor de la apertura democrática propiciada por “Tiburón” Gómez y al amparo del articulo No. 17 de la Ley Electoral.

Sin embargo, ante el carácter fue tomado el movimiento, el senador liberal negro Martin Morua Delgado, estimó que la segregación racial entre los Cubanos no era beneficiosa para conservar la unidad del pueblo y la nación propuso modificar el citado articulo para conservar la unidad del pueblo y la nación política con fines raciales o clasistas.

El proyecto fue presentado a los legisladores el 11 de febrero de 1910, aprobado por el congreso y sancionado por el Presidente de La República. La “Enmienda Morúa” permitió neutralizar las luchas legal a la agrupación Independientes de color, que incluía no solo aspectos netamente racistas, sino consideraron la propuesta de Morúa como una traición a la raza, y luego de múltiples conflictos; a mediados de 1912, terminaron alzándose en armas contra el Gobierno “Blanco”... El resultado fue la excavación del racismo y la masacre de mas de 3 mil negros y mulatos.

En el orden cultural eran suprimidas las libertades concedidas, incluyendo la autorización a la organización y salidas de agrupaciones de comparar en los barrios. El gobierno de conservadores es elegido en noviembre de 1912. El nuevo Presidente es el mayor general Mario Garaz Menocal y Deop, acaudalado aristócrata amado del modo de vida norteamericano fue llamado “el Mayoral de Chapana”.

No solo por ser el dueño de aquel central tunero, sino por llegar “Sonando el Cuero.” Reprenda la política de mano dura contra la clase obrera y en especial contra los sectores humildes negros.

La represión se argumenta con criterios “artistas”, cenofobicos y neumalistas, operándose un cierto reordenamiento en las expresiones populares de la música fue en principio favorecer directamente a la troya. El autor de “Perla Marina”, “La Tarde”, y “Retorna”, Sindo Garay, había llegado a la Ciudad de La Habana desde 1906.

Obtuvo mucho éxito en el Café “Vista Alegre” (Belascoain y San Lázaro) donde recibe el apoyo de Alberto Yarini. No hay trovador y bardo popular que no se vinculara de una u otra forma a los espectáculos en los cafés, bares y cines. La guitarra como instrumento de cuerdas importado de la cultura occidental, de fácil aprendizaje y una amplia gama de sonoridad, parece ser un buen refugio para los sectores humildes.

Comienza la era romántica a la troya, con Sindo, Alberto Villalón, Rosendo Ruiz Suarez y Manuel Corona. Los que pensaron que habían dado muerte a los elementos de origen africano en la música Cubana se equivocaban. Aunque sin tambores, a través de la guitarra, o en los grandes teatros, como vimos, se promovió la rumba, congas y cantos abakuá.

En el mismo año 1913 Sindo Garay Populariza la rumba “Ferrocarril Central”. Otros destacados trovadores incluyen en su repertorio números de este corte, como José Castillo, Floro, Juan Cruz, incluso Alberto Villalón. En 1916 Ignacio Piñeiro hace el tema ñañigo a dos guitarras: “Sambumbia se fue de fuño”, que retoma María Teresa Vera.

Es también esta trovadora quien hace en 1918 muy popular en su estilo la Rumba de Manuel Corona “Que bien, Rubén”. Manuel Corona Raimundo es uno de los trovadores que mas promueve la rumba a través de la guitarra. Entre 1917 y 1918 el sello discográfico Colombia le grava numerosas composiciones, entre ellas la sugestiva rumba: “Arrollar en Carnaval”.

Corona tuvo por amigo a un tabaquero español que vivía con una negra en concordia y escobar. Allí les nacieron siete hijos, seis niños y un niño. El varón se nombraba Abelardo Barroso Dargeles. Observando la vocación del pequeño un día aseguró el afamado trovador: “Oiga Barroso, este va a ser cantante!”(3o).

El vaticinio se cumplió cuando llegó el son con los sextetos en la decada del 20. De los más productores sextetos en Cayo Hueso fundaba hacia el año 1924 el músico y cantante Domingo Vargas la agrupación Jóvenes del Cayo. En el verano de 1925 se incorporaba Abelardo Brroso al sexteto habanero, el y Gerardo Martinez el otro cantante del grupo en breve clasifican como los máximos soneros del momento.

Poco después Banoso transita por el sexteto de Alfredo Boloña hasta que se incorpora al grupo que organiza en 1927 Ignacio Piñeiro, casi como en “todos estrellas”. El sexteto nacional se convierte en la punta expresiva del son Cubano.

Es la primera agrupación que mantiene un repertorio con obras propias. Le siguen a la experiencia del Habanero en convertirse en septeto, con lka incorporación del trompetista Lázaro Herrera Barroso hace aquí un excelente de voces con Bienvenido León, el destacado compositor Rafael Ortiz es uno de los guitarristas, el otro no es nada menos que Alberto Villalón, quien por supuesto, hace voces.

Todos los demas sextetos partiendo de las innovaciones del Habanero y Nacional se convierten en septetos, incluyendo a Jóvenes del Cayo. Hacia finales de la decada del 20, Abelardo Barroso crea una nueva agrupación sonera con otro buen trovador, Rafael “Nene” Enrizo.

Surge el Septeto Agabama. Pero lo mas importante de aquellos años es el surgimiento de un nuevo genero bailable que desplaza al danzon: el danzonete La Emperatriz del danzonete es Paulina Álvarez quien, aumque natural de Cienfuegos, por aquellos tiempos vivia en galiano y trocadero. Sus primeras actuaciones con apenas 15 años de edad, habian tenido lugar en unas plataformas que ponian en las ferias por la Plaza del Vapor y en sociedades como el Centro Maceo, de Carlos III y la sociedad de torcedores (San Miguel No. 662).

Próximamente, comienza a cantar en la emisora de radio 2PC de Angel Bertematy, en la calle Hospital. Su debut fue con el pregon de Moisés Simons “El Manisero” y su consagración ocurre en 1929, cuando el compositor Aniceto Diaz le entrega “Rompiendo la rutina”. En la voz de Paulina estalla el danzonete primigenio con aquel pegajoso estribillo: “Danzonete, prueba y vete / yo quiero bailar contigo/al compás del danzonete.”

Los exitos se suceden “Capullito de Alhelí”, “Lagrimas negras”, “Echale Salsita” Paulina Alvarez canta en los centrohabaneros fue donde gozan de prestigio como el Campo Amor le acompañan diversas orquestas, en su mayoria de pequeño formato. Mantienen plena vigencia las orquestas del tipo charanga francesa.

En ese formato Cheo Belén Puig funda en 1934 su agrupación con el popular cantante Pablo Quevedo, quien llega a ser idolo de la radio Cubana, compartiendo con Paulina el otro danzonete. Al género se suma también el estelar Abelardo Barroso.

De una nueva hornada impacta el cantante de la orquesta de Alejandro Riveiro, quien en 1935 da a conocer la guajira-son “Guajira Guantanamera” Es Joseito Fernández, a quien se le conociera como “El rey de la melodía”. Habia nacido en el solar de Tenerife No.90 antigua) aumque la mayor parte de su vida transcurre, primero en Lealtad No. 559 y finalmente en Gervasio No. 658.

Fue un cantante encumbrado, representando el repentismo sonero, pero sin perder nunca su trato amable, caballero, bondadoso y solidario. Del agradecido testimonio que lego Miguel Ojeda, tomamos estas lineas: “Era muy querido.

Al bajar por la avenida de Carlos III, no habla guagua que no parara y el chofer le dijera: Rey ¿ como esta, para donde va ¿ y lo dejaba donde él quisiera “(31). Por estos tiempos llega a territorio centrohabanero otros de los grandes de la música Cubana, quien por aquel entonces se incorpora modestamente, como clarinetista, a la Banda de música de La Habana, Aun eran celebres las retretas en el malecón y en los parques, donde los músicos de academia tocan orgullosos para el publico que acude masivamente a escucharlos.

La llamada “música culta” no cuenta con muchos mas espacios para imponerse en los medios populares, pero no por ello los músicos Cubanos decaen .Amadeo Roldán luego de crear sus “Rítmicas (V y VI) “Tres Toques” y “Motivos de un Son”, dedica mayormente sus esfuerzos a la pedagogía musical.

Promueve diversos proyectos como el de creación del Conservatorio de la Filarmónica en 1932 y la fundación de la Escuela Normal de Musica, pero ambos fueron de efímera duración. Su proyecto de crear un Conservatorio Nacional de Musica, ni siquiera pudo concluirlo, por lo que en 1935 humildemente se incorpora como profesos de armonia y composición de la Escuela Municipal.

Ese mismo año el centro pasa a denominarse Conservatorio Municipal de Musica de La Habana, y en 1936 es elegido Director. Tres años después fallecía, legando una obra admirable y siendo Presidente de la Seccion Antillana de la Asociación Panamericana de Compositores.

Otros directores continuaron la obra ejemplar de Guillermo Tomas Roig Roldán hasta el maestro Harold Gramatges, manteniendo el Conservatorio centrohabanero como el mas importante plantel formador de músicos Cubanos. El primer mulato aspirante a la Presidencia de la República va a ser el exsargento Fulgencio Batista y Zaldívar. Luego de una represión brutal durante la Huelga de marzo de 1935 y sientiendose seguro va a desarrollar como antes “Tiburón” Gomez una la población negra y mestiza a favor de su campaña.

Da el espaldarazo a los investigadores folcloricos “afroCubanistas” y autoriza los proyectos para celebrar los Carnavales de La Habana en frebrero de 1937. Al señor Antonio Beruff Mendieta, alcalde municipal de quien nos regimos antes por el escandalo de la biblioteca “Fantasma” del parque Trillo correspondió organizar el desfile por el Paseo del Prado.

Debía se un divertimento, que entretuviera y contentara al pueblo, pero sobre todo, que se convirtiera en un gancho para el turismo, por su colorido y espectacularidad. La reorganización de las comparsas del barrio, su desfile por el prado, con promoción y apoyo oficial arguraban un festejo popular fabuloso.

El precio cultural era hacer ciertas concepciones estéticas, como suprimir las alucinaciones religiosas de origen africano, ser mas modelador en las coreografías, vestuarios, en los textos de la musica, disimular el “primitinismo negroide” y semejarse a los estereotipos de Cubana de salon.

Si la rumba se difundia con bailadoras refinadas y en short, con “vuelitos” en los brazos y tapando las nalgas, los compaseros debian ser casi coristas de cabaret arrollando en la pista del pavimento, alfombradas de serpentinas y confeti. Se inscriben múltiples comparsas para anticipar en el paseo del carnaval de La Habana.

De ellas fueron seleccionadas diez. La mitad, organizadas en barrios del territorio centrohabanero: Los componedores de Batea, Las bolleras, La Sultana, Los Guajiros y la Danza del Dragón. Las Lucumisas, de los Sitios, tienen que empezar por cambiarse el nombre.

Como las protagonistas de su argumento coreografico eran lucumíes vendedoras de “bollitos” calientes y otros comestibles por las plazoletas de San Nicolas, Antón Recio, y el litoral, les condicionaron llamarse Las Bolleras. Su director fue Ricardo Campos Sánchez (Estrella No. 131) y el lugar de ensayo y salida fue Maloja No.178.

Explica la investigadora Jorgelina Guzmán Moré que en general, los que percutían los tambores lo hacían de forma moderada, los comparseros parecían inhibidos, bailando con cautela y fue los elementos tradicionales preserados de ascendencia africana fueron permitidos en virtud de lo pintoresco y llamativo (32) Jorgelina Guzmán, “Telly” detalla que la comparsa se componía de 60 personas.

“Los hombres escribe vestían de guayabera escocesa de distintos colores, pantalones blancos, pañuelos al cuello, sombrero de jipijapa y zapatillas de colores. Las mujeres lo hacían con blusa y saya escocesa collares y pulsos de fantasias, grandes argollas en las orejas, chancletas de colores y en la cabeza un pañuelo y un plato de lata pequeño, ademas portabana maruga y tres rayas en la cara, como las antiguas bolleras “[...] Llevaban 8 faroles grandes y 17 chiquitos representando el Capitolio, una estrella con el diseño de la mbollera friendo, una niña, el barracón de las bolleras [...] La comparsa también llevaban un carro de 4 ruedas sobre el cual aparecían una bollera musical en principio el tipico de la conga, aunque después fue enriquecido con tambores bata, propios de los rituales de la regla de osha.

Los componedores de Batea, de Cayo Hueso, representaban otro aspecto de las tradiciones populares en la localidad Las lavanderas de solares. En la coreografía se presentaba entre dos mujeres dedicadas a lavar ropa en una ciudadela. En la competencia por demostrar cual era más eficiente, rompen la batea.

Es en el momento que aparece el componedor, quien arregla la batea, las lavanderas confraternizan y todos alegres cantan y bailan. Su director fue Alfredo Mora (San Francisco No 28) y el local de la comparsa estuvo en Soledad Esq.a San Rafael. La integraron un centenar de entusiastas pobladores del barrio, 40 mujeres, 10 niñas, 40 hombres y 10 niños.

Las mujeres y niñas mostraban saya y corpiño azul, blusa y zapatos blancos, collares de fantasía y pañuelos de cabeza de distintos colores. Los hombres y niños usaban ropas a manera de estibadores, con pantalones y bolsa azul, zapatillas blancas y sombrero.

Llevaban- reseña igualmente Telly- 4 farolas de gran tamaño que representaban un farol antiguo, otro una lampara 19 luces, un tercero una copa con 12 luces y el cuarto una batea sobre un barril con 12 luces (....). Su baile fue la rumba tipica y utilizaron un bombo, un redoblante, dos tumbadoras, una caja, dos jimaguas y una clave (34).

La Sultana, del barrio de Colón fue unas de las comparsas de nueva creación. El catalizador directo de inspiración fue una película donde se recreaban la vida en un antiguo harén, con los antecedentes de la comparsa el Turco y la existencia de una comunidad árabe de mucha influencia cultural en el territorio.

Surge en los solares el macaco y la California, siendo su fundador y director Oscar Rivero. Representaba un harén con distintas figuras, como La Favorita, La Sultana y Heliodo, el encantador de serpiente. El vestuario lo hacían de colores y buenos tejidos, decorados con lentejuelas, turbantes, collares de fantasía, y demás elementos plásticos remedando el arquetipo exótico árabe más difundido.

Originalmente aparecía casi el doble de hombres, 60, siempre muchos aparecían jocosamente infiltrados con disfraces en el harén. No pocas de las mujeres (de verdad) eran prostitutas de la barriada. Según testimonio de más de aquellas comparsas fundadoras “danzan en la comparsa era algo que daban cierto caché, sobre todo si salíamos de Favorita o Sultana. Cada conga tenía tina reina, con sis figuras y corte.

Las Favoritas eran bailadoras que, por su destreza y buena presencia, intervenían en la coreografía con mayor libertad de movimientos que los integrantes del cuerpo de baile. Se lucían más que la propia Sultana y no tenían que bailar de acuerdo a los pasillos y cuadros ensayados”. (35) Aunque el tema central era una melodía árabe adaptada por Juan Sotolongo, prevalecían la música y los bailes Cubanos, en especial, la rumba.

La otra de las comparsas fue Los Guajiros, que tuvo como director a Lázaro Marrero (Peñalver # 69), la integraban unas 25 parejas bailando a ritmo de zapateo. Utilizaron como tema, décimas musicalizadas por Ignacio Piñeiro. Su módulo instrumental era un cornetín, clarinete y tres guitarras. La comunidad china aportó otra comparsa de nueva creación: La Danza del Dragón, que tuvo como antecedentes otras agrupaciones de carnaval como: “Los Chinos Konfoya” y “Los Chinos Buenos”.

Todo este fenómeno cultural y recreativo relacionado con los festejos de carnavales trasciende sobre todo en los órdenes musical, plástico y danzario, continuando un desarrollo en la década del 40 y años sucesivos. Musicalmente es el momento en que los septetos dan paso a los conjuntos.

Jóvenes del Cayo, aunque ve partir a Miguelito Valdés quien pasa a hacer carrera como solista, se nutre de dos nuevos cantantes: Alfonsín Quintana Y Celio González, manteniéndose su fundador Domingo Vargas. En esta etapa clasifican como formato de conjunto, y tanto Miguelito como el conjunto Jóvenes del Cayo, integran el popular elenco de la Mil Diez, “La Emisora del Pueblo”. Antonio Arcaño funda en 1937 la orquesta que se conocería como Arcaño y sus Maravillas.

Va a promover un danzón de nuevo ritmo, con músicos estelares, incluyendo al compositor Orestes López. Incorporan la tumbadora a la charanga, mientras hacen notables improvisaciones de flauta. En 1944 se incorporan a la Mil Diez, compartiendo lauros allí con Arsenio Rodriguez y su Conjunto, otro de las agrupaciones vinculadas al territorio centrohabanero.

A diferencia de los primeros años del siglo cuando los productores artísticos se sirven de músicos de academia como intermediarios en la obtención de música genuinamente Cubana, esta vez van directamente a los solares en busca de talentos. Luciano “Chano” Pozo es uno de ellos.

Le confían el protagonismo del espectáculo de Tropicana “Congo Pantera”, Allí es ovacionado por su inobjetable virtuosismo ante el tambor, el baile y la creación musical. “Chano” Pozo se identificó mucho territorialmente en el barrio de Belén, perteneció a la comparsa Los Dandys y compuso para ella su tema estandarte: “Siento un bombo” sin embargo, también participo en la comparsa de Cayo Hueso y en la Sultana de Colón. Vivió en el solar “El África” (Zanja y Espada) de Cayo Hueso; en el solar “El Ataúd” (Gervasio 207) y en “La California “(Crespo y Colón).

Y se vinculo estrechamente también a las comunidades de los Sitios y Pueblo Nuevo. Fue el autor de numerosos hits musicales por aquellos tiempos como “Nague” y “Blem blem blem”, ambos popularizados sobre todos en la voz de Miguelito Valdés. Chano participo en jazz band como la Orquesta Azul, y el Cuarteto de Mario Santana, con quien actuó en el teatro Alkazar (Consulado y Virtudes). Partió a New York en 1947 donde su fama se acrecentó clasificándosele como el mejor rumbero y percusionista nacional, “El Tambor de Cuba”.

El más grande entre los grandes BENNY MORÉ también fue de los que, sin haber nacido en Centro Habana, se estableció en el territorio, desde su llegada a la ciudad en 1940.

Vivió en Santa Marta y Franco, en los altos de una imprenta en Oquendo y Clavel, ambos apartamentos en el reparto La Victoria de Pueblo Nuevo. En principio estuvo vagando por cafés, parques y actuaciones eventuales hasta que en 1945 viaja a México con el conjunto Matamoros, allí conoce a Dámaso Pérez Pardo e ingresa en la orquesta de Mariano Mercerón. En la década del 50 triunfa como cantante de la orquesta de Bebo Valdés y luego con su propia banda.

Uno de sus grandes éxitos sería tomado de los filineros Luis Yañez y Orlando Gómez: Oh, vida!”. El Feelling aparece como una modalidad del cancionero Cubano en la segunda mitad de los años 40, surge a través de las tertulias musicales en casas de familias de Centro Habana, en especial en el Callejón de Hamel, donde vivían Angel y Tirso, hijos del trovador Tirso Díaz.

Los tertuliantes eran todos jóvenes entre 18 y 25 años, de condición humilde, en su mayoría eran mulatos o negros, trovadores con inquietudes creativas. Eran amantes del jazz y de la música norteamericana a la manera de Nat King Cole y Glen Miller, pero también fans a la troya tradicional, al danzón de Arcaño y sus Maravillas; o el Son de estelares conjuntos, como los de Matamoros y Arsenio Rodríguez. Aquellos encuentros, lo mismo podían escucharse discos de sus intérpretes de preferencia, como cantar ellos mismos sus propias canciones.

Y es que las tertulias donde se gestó el filin eran como un taller intimista donde todos coincidían en la necesidad de renovar la canción Cubana con un lenguaje más vital, coloquial y optimistas lo contraponían a los aspectos escépticos del bolero y la cancionistica de moda, donde como en los tangos prevalecía un regodeo casi morboso en el dolor, la tristeza, las despedidas, el abandono o la soledad, Igualmente rechazaban los arreglos a piano y orquetaciones comerciales donde se estaba sacrificando la autenticidad interpretista, en favor de un supuesto perfeccionismo formal y el gran espectáculo.

Las tertulias se iniciaban todas las noches en casa de Pilo Rodriguez (Virtudes y Soledad) “En ese lugar - explica Ángel Díaz - comenzaba la cosa, cantaban a dúo, solos, a trío, las canciones que nosotros empezábamos a crear. Más tarde, a media noche, nos íbamos a mi casa en el Callejón de Hamel, para el feeling.

Y ahí mismo empezaba ha llegar una enorme cantidad de admiradores del feelling. Mucha gente: Cesar Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Justo Fuentes, ya fallecido, gran pilar del feelling con canciones muy bellas, Leonardo Morales “Timochenco “, Eligio Várela Mora”.(36) Igualmente fueron fundadores del movimiento: Luis Yañez, Armando Peñalver, Armando Guerrero, Rosendo Ruiz Quevedo, Ñico Rojas, el Niño Rivera, Orlando Gómez, Zamorita, Franck Emilio y Jorge Mazón.

Cantaban de forma muy espontánea, a manera de “descarga”, le harían serenata a una muchacha, visitaban a otros filineros como la casa de Aída Diestro en la calle Soledad, quien a su vez involucra a quienes serían excelsos interpretes: Elena Burke “ La Señora Sentimiento”, Moraima Secada, Las Portuondo, en fin, el cuarteto Las D’Aída fundado en 1952(37) Otro de los lugares donde se mudo se descargó feeling que en Marqués González # 506, la casa de Jorge Mazón.

Su padre era comunista y tabaquero de la Corona. Allí fundaron un modesto sello discogrífico para publicar sus creaciones, pensaron en principio llamarle Producciones Feelling, pero para no encasillarse en una línea les propusieron inscribirla como Editorial MusiCuba.

Mucho influyó en este proyecto el líder de la CTC Lázaro Peña, asiduo a las tertulias junto a su compañera, la compañera Tania Castellano “Ustedes son doblemente explotados en esta sociedad capitallsta- recuerda que le decía Tania -. Por negros, por ser negros y por ser pobres, desempleados o trabajadores. A él debemos el sentido de clase que ten íamos. A él debemos habernos agrupado en la Editora MusiCubana, para defendernos de la explotación aquella” (38).

La empresa que radicó también en el saloncito de Zanja y Belascoaín, donde vivía Luis Yánez, dio a conocer no solo la obra de los filineros fundadores, sino de otros que se fueron incorporando como: Frank Domínguez, Giraldo Piloto y Malta Valdés incluso; Adolfo Guzmán grabó por primera vez aquí su: “No puedo ser feliz” El maestro Guzmán llegó a ser el Director Municipal de la radio Mil Diez, y junto a Enrique González Mántici, se lograron los arreglos orquestales que permitían la promoción de muchos talentos.

El feelling tuvo una plaza fuerte en la “Emisora del Pueblo, catapultando a la fama a cesar Portillo de la Luz y difundiendo la Obra de José Antonio Méndez, la voz de Elena Burke y de otras jóvenes figuras como: Olga Rivero, Berta Velázquez, Reinaldo Enríquez, Pepe Reyes y Miguel de Gonzalo.

Principales barrios

La Región o el Regional de Centro Habana era mucho más grande que el actual municipio y se componía de varios seccionales. En 1976, al adoptar la república una nueva división político- administrativa, la Región de Centro Habana se propone dividir en dos municipios que se denominarían Centro Habana Norte y Centro Habana Vieja, además de ceder el barrio de Atarés al nuevo municipio del Cerro. Finalmente, la Ley 1304 que estableció los nombres definitivos de los municipios los denominaría Centro Habana y La Habana Vieja.

El nombre del regional creado en 1963 se debe a que ese territorio forma parte del centro tradicional de la capital cubana y a la vez es su principal centro comercial y de servicios lo cual es válido para el nuevo municipio surgido en 1976.

Uno de los cambios importantes acaecidos a fines del siglo XVIII lo fue sin lugar a dudas, el desarrollo urbanístico de extramuros.

Antiguamente la adjudicación de propiedades por el cabildo se hacía muchas veces sin límites exactos ni medidas. Debido a la poca población y la abundancia de tierras, no se requería tampoco de muchas precisiones.

Sin embargo, en la medida que se incrementa la población, mucha gente humilde y sin recursos, incluyendo a los negros horros, se van asentando ilegalmente, no siempre en egidos, pero tampoco sin que se les pudiera echar oficialmente. Se combinaban así en los arrabales de extramuros, una población heterogénea, de múltiples procedencias y orígenes étnicos.

No obstante, los planos antiguos de La Habana reflejaban como ya en el siglo XVIII las parcelaciones invadían el área aledaña al originario San Cristóbal y se veían las pequeñas e irregulares casitas de embarrado y guano, que desde 1756 partían de la iglesia de Guadalupe, para dar origen a su antiguo barrio del mismo nombre.

Guadalupe se formó a la sombra de una pulpería y taberna. A las anteriores edificaciones se les agregaban una parte del Campo de Marte (hoy Parque de la Fraternidad) y algunos corrales de reses que daban a la Calzada de Jesús del Monte. Colindaban con la parte septentrional de Jesús María dividido por el manglar.

La Calzada de Jesús del Monte era para esta época zona de fondas y posadas y otras ventas. En realidad la ermita de Guadalupe tiene una construcción mas temprana a la fecha que sitúa Pérez Beato, pues según referencia obtenida en los legados y lo del arzobispado de La Habana, ya en 1716 aparecen realizándose obras de mampostería, lo cual indica la existencia de otra ermita de embarrado y guano con anterioridad a esta fecha y por ende de un caserío.

La visita pastoral del Obispo Morel de Santa Cruz en 1762-63, la sitúa en el callejón del suspiro y el calle Águila. Este primer barrio creció con las limitaciones propias que le impusieron las necesidades militares de la ciudad a esta zona.

Casi al unísono, aparecieron las primeras casitas de tejas propiedad de Francisco Pico en un ángulo de las tierras que hoy constituyen la intersección de las calles Prado y San Rafael Cabe decir que el proceso de urbanización se inicio en el centro sur de la villa, extendiéndose mayormente hacia el sur bordeando el camino de Jesús del Monte (actual calzada del 10 de octubre) y en dirección de la Zanja Real.

En esta parte sur de extramuros, su cercanía al mar y la necesidad de mantenerla despejada para garantizar la visibilidad y maniobra frente a cualquier ataque de escuadras enemigas, limitaba las posibilidades constructivas en esta faja por este período.

Por esto los terrenos distribuidos u otorgados para labrar estancias y huertas se mantuvieron sin afectar hasta bien entrado el siglo XVIII, por lo que el proceso de urbanización fue lento y atrasado para extramuros en comparación con territorios mas alejados, siempre con las dificultades propias que comportaba el uso militar de parte de esta zona.

No se pueden obviar, por lo tanto los efectos que desde 1739 daba a la ciudad la guerra declarada por Inglaterra a España, ya que por este motivo a partir de 1740, los terrenos extramurales se cubrieron de fosos y estacadas, así como obras de carácter militar para la defensa de la ciudad, convirtiéndose esta área en una zona polémica, donde quedó terminantemente prohibido todo tipo de construcción sobre todo hacia el norte.

En la capital habanera se desarrollaba un acontecimiento defensivo que comenzó con la utilización del Campo de Marte (hoy Parque de la Fraternidad) como lugar de entrenamiento militar donde mas tarde se establecería la Escuela española de Artillería.

Poco tiempo después de iniciar Carlos III su reinado y ser firmado en 1762 el conocido Pacto de Familias entre España y Francia, de nuevo se rompieron las relaciones Británico- españolas.

En 1762 los ingleses le declararon la guerra a España y las operaciones se trasladaron a las colonias, especialmente a Cuba atacando y ocupando La Habana por un periodo de once meses, de agosto de 1762 a julio de 1763.

De esta ocupación el saldo positivo fue la aplicación de una nueva política económica, que estableció un intercambio comercial con sus colonias mucho más ventajoso que el español, bajo el monopolio de la Real Compañía de Comercio. De hecho, el capital habanero obtenía mas beneficio.

No obstante este auge mercantil, el mismo no resultó positivo para toda la población y en especial la de extramuros, solo incidió en particular, sobre el grupo aristocrático habanero, mientras tanto en la zona aledaña crecían sus primeros núcleos urbanos y continuaban la explotación de sus estancias, huertas, canteras y árboles maderables, entre otros renglones.

Todavía en 1769- 1771 en época de Bucarelli, cuando se establecían divisiones territoriales mas precisas en Intramuros, mucho mas definido urbanísticamente, Extramuros era considerado zona rural dividida en capitanías pedáneas.

Así se arriba en 1774, al gobierno del Marqués de la Torre, en el cual no solo hubo preocupación por mejorar las capacidades defensivas de La Habana, sino que se operaron cambios en el ornato publico, se crearon instituciones para elevar el nivel cultural de la mas selecta aristocracia habanera y se construyeron lugares de esparcimiento, mientras que en el orden económico se decretó la introducción de una serie de productos a España, que aumentó el movimiento de barcos y el incremento del comercio exterior.

En 1778, el Padrón general de la Isla de Cuba aportó datos de otro barrio extramural, San Lázaro, entonces partido pedáneo del mismo nombre, cuyo núcleo principal se localizaba aproximadamente a una legua de la ciudad, al norte de la Zanja Real hasta la caleta del mismo nombre, en el cual estaba el llamado Barrio de los Barracones.

Barrios (fines del Siglo XVIII, principios del XIX)

La Punta: Era la mitad de la población dividida de oriente poniente por la calle Amargura desde la Plaza San Francisco hasta la iglesia parroquial auxiliar de Santo Cristo del Buen Viaje y de ella atravesando por la esquina de Breñaza a la Real Muralla del Poniente.

Dragones: Formaba cuadrilátero limitado por las calles San Miguel, Lealtad, Calzada de la Reina y Belascoain o de la beneficencia y la calle Zanja, donde se hallaba el tivolli trapiche) comprendía el cuartel de Dragones ocupado por el Regimiento de Lanceros del rey creado en 1776 que constaba de dos escuadrones.

San Lázaro: Limitado por la caleta de San Lázaro desde Calzada de beneficencia o Belascoain hasta la Ratería de la Reina (parque Maceo) por la vereda que desde allí se dirige al puente de Zanja en la Calzada de Infanta hasta la línea del este del Ferrocarril. Se encontraban enclavados en la zona: el Hospital de San Lázaro y la Casa de Beneficencia.

Guadalupe: Formaba cuadrilátero con Lealtad, San Miguel, Calzada de Galiano y de la Reina. Enclavada en el territorio la Parroquia de la Guadalupe, toma su nombre de esta parroquia fue antes (1742) el Santuario de la Salud. Aparece en sus registros parroquiales los bautizos de pardos y morenos desde 1736 y los de blancos desde 1756. También se conservan en la actualidad los Registros Parroquiales Iniciales de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (actual Reina).

San Nicolás: Se extendía a Manrique, cañada de los Sitios de los Ángeles, comprendía parte de la Calzada del Monte, desde la calle figuras hasta la de Los Ángeles, estaba en el mismo la Ermita de san Nicolás ( que se destruyo por un incendio en 1802) de ahí toma su nombre.

Chávez: Limitaba con el canal de Desagua desde el puente de Chávez hasta la ensenada de Talla piedra, en medio de la calle de Las cañadas y el sendero que prolonga hasta Belascoain y de esta al puente de Chávez, toma su nombre por Don Miguel de Chávez, administrador de las rentas reales, se edificó en 1797 gobernando el Conde de Santa Clara, el puente de cantería (sustituyo al de madera) volviendo a reedificarse en 1835.

Peñalver: Limitaba con el medio de Belascoain y con el medio de la Reina, la calle Manrique y el Sendero que parte de la Cañada, en prolongación de esta hasta Belascoain. Tomase ingenio de Peñalver. La casa de Peñalver se situaba en Carmen y Figuras, tenia barracones de esclavos, posteriormente fue arrendad por Don Dionisio Delgado el que Fabricó después casas y varias ciudadelas.

San Leopoldo: Formaba cuadrilátero limitado por el promedio de las calles de Lealtad, San Miguel, Calzada de beneficencia o Belascoain y por la costa (San Lázaro).

Barrio Sui Géneris:Los Barracones.

Le correspondió a este territorio la formación de un atípico barrio cuya génesis va vinculada y solo se puede explicar tomando en cuenta una serie de acontecimientos internacionales y su repercusión posterior en la Isla.

España declara la guerra a Inglaterra 23 de junio de 1779, dándose a conocer en la Habana a los 22 días del mes siguiente. Se definía así su alianza con Francia y Holanda en auxilio de los colonos anglo norteamericanos de las 13 colonias.

Los soldados que España dejaría serian más beneficiosos que perjudiciales para la colonia española, puesto que los franceses mantuvieron fuertes escuadras en la América del norte y las Antillas, aparte de las operaciones militares y navales en Europa y gracias a la céntrica posición de La Habana, los españoles se encontraron casi en completa libertad de acción para atacar desde esta ciudad a Mobila, Pensacola y Bahamas y preparar una expedición contra Jamaica.

Este mismo año, La Habana se convirtió en una gran base militar de operaciones, reuniéndose en su puerto los días 3, 4 y 5 de agosto, grandes fuerzas navales con doce navíos, 3 fragatas, 4 bergantines de guerra, 82 buques de transporte y varios miles de soldados destinados para estas operaciones, entrando primero una expedición de 3500 hombres y después en 1781 una fuerte escuadra española de 12 000 hombres que se componía de las fuerzas de Soria, Flandes, Hirvenia, Guadalajara y Cataluña (que sufrieron cerca de 2 000 bajas como consecuencia de la fiebre amarilla) al mando de Don José Solano y Bote, con 8 000 hombres bajo órdenes de Don Victorio de Navia, General en Jefe del ejército de operaciones de América. El Gobernador General Navarro envió una parte de estas tropas para reforzar la Lousiana por tierra armando corsarios que actuaron por mar quedando Cuba protegida además con navíos y tropas de la escuadra francesa de las Antillas.

Fueron varias las consecuencias que para Cuba y en especial para La Habana, trajeron consigo estos conflictos ínter potencias entre ellas, que en 1779 entraron en circulación 35 millones de pesos solo para la subsistencia del ejército de operaciones; fue autorizado el comercio con los extranjeros aliados y durante cuatro años las Colonias Unidas de Norteamérica intercambiaron con Cuba productos típicos sin la intervención en sus negocios de los comerciantes europeos.

Mientras tenían lugar todos estos cambios en el orden externo en relación con Cuba, internamente en La Habana, como resultado de su participación más directa en la conflagración bélica, también ocurrían transformaciones que, en el orden urbano fundamentalmente, estaban muy vinculadas con la entrada y permanencia de las tropas militares en la capital de la colonia mas codiciada e importante de este período, que al ser más numerosas en comparación con la cifra habitual, provocaron que se construyeran nuevas instalaciones para su alojamiento, ya que los lugares destinados para ello no eran suficientes, por lo que precisamente, en 1779, poco antes de la declaración de la guerra antes mencionada, la Intendencia General de Hacienda ordenó la construcción de unos barracones en extramuros de la cuidad habanera, cercanos al paseo de la Alameda, donde se albergarían dichas tropas por el tiempo que fuese necesario, para facilitar así su aprovisionamiento y pronto embarque para su intervención en la contienda bélica.

Históricamente, los barracones se habían vinculado con el comercio negrero, pues desde sus orígenes la razón fundamental de su fabricación fue la de estar destinados al alojamiento temporal o definitivo de los negros africanos obtenidos a través de la trata.

En Cuba el término barracón fue utilizado indistintamente tanto para las instalaciones de este tipo existentes en las zonas rurales y urbanas, como para otros establecimientos que no se vincularon exclusivamente con el comercio de esclavos.

Juan Pérez de la Riva, en su obra El Barracón y otros ensayos, aclara además que en Cuba existieron barracones de ingenios en las afueras de las ciudades (Matanzas, Güines...) que, utilizados para albergar negros bozales y chinos culíes, podían ser de dos tipos: barracones naves o barracones de patio. Pero en dicha afirmación solo se refiere a los relacionados con la esclavitud. No fueron tenidos en cuenta otros establecimientos que, denominados igualmente barracones, existieron en la zona inmediata a las murallas próximas a los limites urbanos, cuya construcción tuvo como objetivo inicial el alojamiento de tropas y almacenes militares cuya funcionalidad estuvo dada por su utilización como albergue provisional durante los conflictos bélicos de la época.

Estos se localizaron en extramuros hacia la zona Este del Partido de San Lázaro; también un poco mas al Oeste en la chorrera y en el pueblo ultramarino de Regla, construidos todos con el mismo propósito.

Los barracones de la zona Este del Partido de San Lázaro, fueron construidos allí.”...para salvar la imposibilidad de alojamiento que ofrece esta ciudad y barrios adyacentes, precaviendo las enfermedades epidérmicas que se debe tener en estos climas de América para lograrse en el paraje que sé a situado la mejor ventilación de las brisas que son los vientos sanos y generales, al mismo tiempo que la ventaja de tener todo el ejercito reunido”.- según se explica en le plano de Luis Huet de los barracones militares.

Razones similares motivaron igualmente la construcción de dichos establecimientos en la Chorrera y Regla.

En lo que se refiere a los barracones aledaños a las murallas en el partido de San Lázaro: “La Intendencia ordenó (....) la construcción de 40 barracones muy capaces entre las calles del Consulado y la Alameda [ o sea, nuestro Prado actual ] (...) a la altura de la calle Colón y se extendían de Norte a Sur hasta la Zona Franca (...)” eran de madera redonda, es decir, sin labrar, y techo de guano en ellos cupieron perfectamente los 12 000 hombres conducidos por la flota de Solano.

Sin embargo, hay autores que solo se refieren a la existencia de 18 entre la calle del Consulado y la Alameda extramuros y de Oeste a Este como calle Santa Bárbara, solo que no se especifican a que período de la existencia de los mismos corresponden.

En este caso, ante tal contradicción, podemos inferir que dichos autores se refieren a etapas de desarrollo diferente, de cualquier modo aunque no resulta imprescindible precisar la cantidad exacta de barracones que se construyeron al inicio tomando en cuenta la información contenida en las fuentes catastróficas y los límites del territorio donde fueron fabricados aceptamos la idea de que fueran cuarenta como los ordenó la Intendencia General de Hacienda, y que la medida en que se fueron desocupando se deterioraron por la endeble calidad de su construcción, reduciéndose su numero además, por los frecuentes incendios que allí ocurrieron.

En los legajos consultados no se hallaron referencias a ese número total de barracones, sino solo aquellos que al parecer resistieron los embates del tiempo.

Según se aprecia en las fuentes catastróficas y por la información de las fuentes primarias en contraste con alguna bibliografía, los barracones ubicados al este de la Capitanía de San Lázaro ocuparon el área que se extendía:

Por el Norte: hasta la calle Merced ( actual Refugio) Por el Sur: hasta la calle San Miguel o Santa Bárbara, justamente en el segmento entre Industria y Neptuno. Por el Este: hasta la Alameda de extramuros (actual Paseo de Martí o Prado). Por el Oeste: La calle Industria.

Toda la superficie inmediata hacia los extremos Norte, Sur y Oeste fue conocida como “cercana a los barracones” y en su conjunto como “ Barrio de los barracones”, denominado así por los vecinos de la zona quienes tomaron la existencia de los mismos como punto de referencia para nombrar estos terrenos, transmitiéndolos por vía oral y escrita, incluso en documentos oficiales, desde 1779- 1780 en que surgieron hasta 1836, manteniéndose la costumbre hasta después de 1841 en que surge el Barrio de Nueva Cárcel, pues no hallaban otra forma de referirse a esta área en particular que no tenía peculiaridad mas notable que la presencia de aquellas construcciones. Las particularidades físico-geográficas de la zona, fueron otras de las razones por las que los terrenos aledaños se declararon como realengos, por lo que sólo la Real Hacienda nacional, representante de los intereses de la Corona, podían disponer de ellos, destinando dichas construcciones a diferentes usos en el transcurso de su existencia.

En las fuentes aparecen indistintamente 1779 y 1780 como fechas iniciales de construcción de los barracones, pero los estudios realizados al respecto nos permiten afirmar que los mismos se comenzaron en 1779 y se terminaron al año siguiente. Estos formaban una planta regular y simétrica que contrastaba con el resto del panorama urbanístico (según plano de Luis Huet).

En el que aparece el área con los barrones, donde la ubicación de sus calles nos permite formarnos una idea de la distribución de los mismos, estas no siempre se denominaron del mismo modo, como sucedió por ejemplo con las calles Merced, de las Canteras, Trasera de Barracones, Santa Bárbara y otras que dejaron de existir, como ocurre con la llamada calle de las Cocinas.

En agosto de 1781, se acuarteló en ellos el mayor número de tropas del período. Los conflictos bélicos habían propiciado que entre 1779 y 1783, se acumularan en Cuba algunos capitales especulándose mucho con el comercio, la venta de terrenos, el fomento de ingenios, la compra y venta de esclavos y diversos negocios de otro tipo.

Al año siguiente, el 20 de enero de 1784, se dispuso por Real Orden que: ”...los barracones que se construyeron en extramuros de esta plaza para acuartelar el ejercito de operaciones se hiciesen dividir en diversas habitaciones para alquilarlas a beneficio de la Real hacienda...”, lo que no tuvo efecto hasta 1792, prolongándose por un período de seis años la división en varias posiciones numeradas mas fácilmente por parte de la Real Hacienda, que los habilitó como viviendas, arrendándoles a la gente pobre más de 60 casas.

Otra parte de aquellos enormes caserones se utilizaron para depósitos municipales y de guerra y como consecuencia de las necesidades de importar negros, para ser utilizados como fuerza de trabajo, se pensó en un depósito donde establecer a los que llegaron por conducto del consulado, por lo que algunos se dedicaron a alojamiento de esclavos africanos.

“......Inmediatamente que arribaba el negro era llevado a las plataformas para las cuales iban consignados, o lo que era mas común, conducido a los barracones destinados al efecto (...) que eran además el mercado de los esclavos nuevos, de los bozales, de donde pasaban a las faenas de las plataformas o de las ocupaciones urbanas”

Se puede considerar, por tanto que el período entre 1781 y 1798, fue el de mayor auge de los barracones, con un destino primario que se enmarca hasta 1783 en que se retiraron definitivamente las tropas acantonadas una vez finalizadas las hostilidades, dedicándose a partir del siguiente año al alquiler de habitaciones. En 1794 algunos son administrados por la Real Hacienda que los utiliza para alquiler, destinando otros como depósitos municipales o de guerra. En 1795 pasa una parte de forma oficial a poder del Real Consulado de Agricultura y Comercio, dedicándolos al depósito de los esclavos africanos que entraban por el puerto de la Habana con autorización legal, destino que, en esencia, no varió mucho en los años siguientes.

Con el advenimiento del siglo XIX, comienza otro ciclo de vida en la isla, destacándose particularmente el rápido crecimiento de los centros urbanos; todo se mantuvo en orden dentro del recinto intramural, no se produjeron cambios en su concepción urbanística original, mientras que hacia extramuros, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, la expansión adquirió otros matices, siendo mas dispersas o concentrada en dependencia de la zona hacia donde se desplazara. Es justamente en el primer año del siglo XIX, bajo el gobierno del Capitán General Don Salvador de Muro y Salazar (Marques de Someruelos), que lo barracones después del incendio arrasador ocurrido en 1800 comienzan a atravesar por una etapa intermedia hasta 1824, caracterizada por el aumento en la variedad de usos a que se destinaban declinando hacia finales de este período como consecuencia de los incendios ocurridos, la solicitud de derribo de algunos de ellos por parte de los vecinos del lugar, la desocupación de otros al ponerse en práctica la prohibición de la trata en 1820, y toda la serie de elementos que sustentan la inutilidad y ambigüedad de su existencia en esta zona que clamaba por afiliarse al conjunto de modificaciones que en el orden urbano se daban en otros territorios de extramuros.

Decadencia de Los Barracones

Antes del primer cuarto de siglo XIX, es decir en 1824, ya se comenzaban a hacer las primeras solicitudes de derribo de los barracones por parte de varios vecinos del lugar, petición que se justificaba con múltiples razones, entre ellas, por ejemplo:

Que los barracones No. 5 y 6 tenían una pared que impedía la continuación del trazado de una calle. Que los que continuaban en pie y sin uso constituían un peligro por su tendencia a incendiarse arriesgando la vida de los vecinos de la zona. La inutilidad de su existencia y la necesidad de hacer nuevas construcciones de mampostería y tejas eliminado los techos de embarrado y guano de mala calidad y en general propicios al derrumbe en cualquier momento. Una vez derrumbados podían ser utilizados los terrenos por S.M. en lo que mejor conviniera en beneficio propio.

En 1832, tuvo lugar otro incendio en el partido de San Lázaro, en la zona Norte de la Zanja Real, que afectó la manzana 17, cercana al barrio de los barracones, lo cual coincidió con la solicitud de los vecinos del lugar de derrumbar el barracón No.6 donde se alojaban las tropas de caballería ligera del Teniente Don Domingo de Armona, pues se había vencido el plazo del alquiler y su existencia interrumpía a los moradores de la zona en sus proyectos de fabricación.

De manera particular durante el gobierno de Vives el progreso constructivo no continuó el curso ascendente de años anteriores en la capital pues solo tuvieron lugar reformas de tipo político y militar ante la difícil situación conspirativa y de amenazas insurrectas por las que atravesaba la Isla.

En 1836 se destruye el último barracón situado en Animas esquina a Prado, dando frente de ambos a la Alameda del Prado y su fondo a la calle del Consulado, esquina en la que posteriormente (1857-1858) existió una fábrica de carruseles y según refiere Fernando Ortíz se construyó más tarde el Casino Español de La Habana (hoy Palacio de los matrimonios).

Del último Barracón al Barrio de Nueva Cárcel.

En particular, la zona objeto de estudio que continuaba siendo para muchos “el barrio de los barracones”- mantenía el orden interno establecido desde las construcciones de estos, estructurados por cuadras y manzanas con nombres en sus calles. La desaparición del ultimo barracón en 1836 permitió que el proceso constructivo de esta área se estimulara a partir de entonces, puesto que no había tenido lugar a la par del resto de extramuros, donde se reconocían ya otros barrios hacia el Sur y el Oeste.

En dicho “barrio de los barracones” varió la calidad de las fabricaciones en los diferentes momentos, construyéndose inicialmente de embarrado y guano y más adelante de mampostería y tejas, aunque sin rebuscamientos ni rigores en las formas sobre todo en la década del 30, época en que no existían en el área de los barracones construcciones destacables por su valor arquitectónico o utilitario, pues solo se fabricaron algunas casas destinadas a viviendas y alquiler entre las que a veces se podía encontrar algún que otro establecimiento de los servicios públicos.

Los terrenos pertenecientes al área de los barracones comenzaron a partir de este momento a ser objeto de conflictos. Muchas manzanas, cuadras y esquinas que formaban parte de los mencionados terrenos, fueron a partir de la década del 40 y hasta la década siguiente, motivo fundamental de pleitos entre herederos y propietarios de aquellas parcelas de tierra, solares o casas que en el siglo anterior habían pertenecido a aquellos dueños originales que por medio del traspaso, la herencia, la compra-venta o el alquiler ocuparon los terrenos donde a finales del siglo XVIII se habían construido dichos barracones.

De Nueva Cárcel a Colón, división territorial (San Lázaro- Nueva Cárcel).

En 1841, el Gobernador General de la Isla, Capitán Don Jerónimo Valdés, tomando en consideración el notable crecimiento poblacional decidió reorganizar la estructura extramural, es decir las capitanías de partido de Jesús Maria, Guadalupe y San Lázaro se dividieron cada una en dos, quedando esta parte de la ciudad dividida en 6 barrios.

Al Sur de la Zanja Real:

Jesús Maria se dividió en dos, tomando uno de los barrios el nombre de Chávez y el otro el nombre que ya tenía. Guadalupe, en uno con este mismo y otro con el de Peñalver.

Al Norte de la Zanja Real.

San Lázaro, en uno con su mismo nombre y otro con el de Nueva Cárcel.

El barrio Nueva Cárcel toma su nombre por la cárcel que en 1834 mandó a construir Tacón, quedando terminada totalmente entre 1838 y 1839 a la cual se le puso su mismo nombre, situada inmediatamente después de la Puerta de la Punta, siendo visible desde la entrada del puerto.

El nombre que recibió dicho barrio en este periodo no respondió inicialmente a reglamentaciones oficiales sino que, similar a lo ocurrido con la denominación del “Barrio de los barracones”, Nueva Cárcel fue el nombre dado a dicho barrio por sus pobladores a partir de la fabricación de la misma, que se tomaba con frecuencia como punto de referencia para denominar dicha zona. Así, a partir de 1841 fue reconocido oficialmente el mencionado barrio de la Nueva Cárcel como segregación del de San Lázaro.

Los límites de este nuevo barrio serían a partir de entonces:

al Norte: la calle San Lázaro que daba al mar. al Oeste: la calle Galiano. al Sur: la calle San Rafael y al este: el Paseo del Prado de extramuros.

Quedando así incluidos dentro de este barrió los terrenos donde habían estado los barracones hasta 1836.

Barrio Colón.

Después del cambio estructural del 1841, hubo una nueva reorganización a partir de 1851: los hasta entonces barrios extramurales fueron considerados como parte integrante de la capital cuya nueva demarcación se extendió hasta los poblados de Cerro, Jesús del Monte y el caserío de Arroyo Apolo. Para esta fecha también se incorporaron como parte integrante de la ciudad las poblaciones de Regla y Casablanca.

Al modificarse nuevamente la estructura urbana, intramuros también sufrió modificaciones no de manera esencial, quedando toda el área dividida en seis distritos:

1. Distrito de la Catedral. 2. Distrito del Espíritu Santo. 3. Distrito de la Salud. 4. Distrito de la Factoría. 5. Distrito del Horcón. 6. Distrito de Regla.

El tercer distrito estaba compuesto por los barrios de La punta, Colón, Tacón, Guadalupe, Monserrate, Dragones, San Leopoldo y San Lázaro resultando este de interés particular para nuestro trabajo por formar parte de él los dos primeros barrios que a su vez constituían la subdivisión interna del que anteriormente se denominaba barrio de la Nueva Cárcel.

El otro barrio de los barracones que aún continuaba siendo reconocido así entre muchos de los habitantes del área se localizaba en la parte este del barrio de Colón alcanzando una pequeña porción de La Punta.

De ahí que la parcelación de esta zona constituya la base de la formación del mencionado barrio de Colón, donde abundan solares y ciudadelas algunas de las cuales se dedicaron a la prostitución clandestina a partir de los años 50, característica también de algunas de las calles comerciales y céntricas de la ciudad intramural, como por ejemplo: Sol, Amargura, Lamparilla y Luz, o de los barrios extramuros en los alrededores del Paseo del Prado, en los mercados, en la calzada de San Lázaro y la calle Monserrate. Entre otras, cuya población comenzó a extenderse de forma arbitraria construyendo casas que paulatinamente iban conformando manzanas en los terrenos de aquellas primitivas estancias y terrenos del glacis más cercano a las antiguas murallas.

En esta zona, particularmente en la calle San Miguel existió una cerca de tablas que limitaba las canteras que allí hubieron de donde se extrajeron cantos que se utilizaron para la construcción de algunos de los edificios del área, dicha calle se fue transformando de forma progresiva por las construcciones de casas que tuvieron lugar de un lado y otro de la misma. Similar a como sucedía en la parte Sur, en dirección al Norte llegando su población hasta la Calzada de San Lázaro, se veían en este periodo sobre las rocas y la arena numerosas casas de madera algunas muy débiles y otras muy bien construidas, así como edificios de mampostería, baños, tiendas de diferentes tipos y talleres de artes y oficios, pero en esta parte de la calle San Lázaro el trabajo constructivo no fue sólido y numeroso como el de la acera del frente de dicha calzada donde la calidad de sus edificaciones fue muy superior comenzando desde La Punta y llegando hasta la Casa de la Beneficencia.

Otro ejemplo de cómo ocurría este proceso progresivo de urbanización lo constituye lo sucedido con el antiguo Jardín de Gervasio, donde sobresalían los árboles frutales y los cocoteros, la estancia de Morales y parte de la de Betancourt que se convirtieron también en casas y establecimientos entre los que se hallaba una gran máquina de vapor utilizada para aserrar maderas, una tenería y una importante casa cuyo dueño era Don Lorenzo de Larrazàbal. Todo esto contribuía al fomento de la mencionada Calzada de San Lázaro

Hacia la parte Este de la misma también existía en esta época una barriada numerosa donde se podía apreciar sólidas y elegantes casas, notándose mucho más lujo y ostentación en las cómodas viviendas construidas en el frente opuesto a dicho paseo desde el glacis a la Alameda de Isabel II “... En el mismo local que ocupaba los antiguos barracones....” en el lugar mismo de aquellas mezquinas construcciones que afeaban tanto, pues algunas de estas (...) barracas estaban cubiertas con techos de hojas de palmeros, se ven (...) algunas casas de dos o tres pisos y otras comunes de muy bello aspecto y acaso con mejores condiciones que las de intramuros”.

La distribución de los terrenos primero y el trazado recto y amplio de las calles extramurales después, se correspondía con las características de la expansión urbana que tuvo lugar hacia las afueras de la ciudad amurallada en ese período.

De modo que hacia la década del 50 ya podían apreciarse grandes edificios sostenidos por altas y gruesas columnas que formaban extensos portales de puntal elevados con grandes ventanas y portones característicos de la mayoría de las construcciones que se fueron desarrollando en extramuros particularmente en los alrededores inmediatos al Paseo del Prado donde se elevaron grandes edificaciones que muchas veces a pesar de tener algunos elementos en común, sus estructuras dificultaban que se les agrupara dentro de una línea estilística definida aunque los caracterizaba la sobriedad y magnificencia de sus fachadas e interiores.

El año 1851 marca el período de surgimiento del Barrio de Colón, cuyos orígenes han sido objeto de esta investigación.

“....Las primeras décadas del siglo XIX constituyeron un período característico en la historia de La Habana. Los cambios económicos, sociales y políticos, mas la explosión demográfica, provocaron transformaciones, tanto jurídicas como urbanísticas. El siglo XIX comenzó una etapa de ordenamiento: establecimiento de los partidos a fines del XVIII. Con su delimitación territorial y sus atribuciones jurídicas, fueron reglamentaciones necesarias para poder llevar a todas las zonas el orden colonial... “. (29)

Barrio Chino

El tráfico de culíes y la libre inmigración asiática a ibero América y en especial a Cuba, se inicia en la década del 40 del siglo XIX. El arribo del primer contingente de trabajadores en condición de semi esclavos se produce en junio de 1847 a través de la firma Zulueta y Cia.

Con la coordinación de la casa Matía Menchacatorre, de Manila y la firma inglesa Tait and Company. Este comercio se inició en Amoy con las fragatas Oquendo (española) y Duque of Arq. Yle (inglesa). Ambas con destino a La Habana embarcaron más de medio millar de culíes.

Gran Bretaña, en pleno auge de su revolución industrial, se convierte en abanderada de las ideas abolicionistas. En Cuba, por un lado, el miedo al negro debido a los sucesos de Haití, las crecientes sublevaciones de esclavos y conspiraciones como la de La Escalera (1844), bajo la necesidad de introducir nuevas tecnologías hacen ver con buenos ojos esta inmigración.

Ya para 1842 el Reino Unido propone la inmigración de trabajadores asiáticos hacia Jamaica, Trinidad y en el caso de Cuba, especialmente chinos. No se puede obviar en este recuento la situación de los campesinos en China que venían a otras tierras lejanas con la esperanza de ayudar a sus familias en el imperio Manchú y sus imperios vasallos.

El auge inicial de este movimiento migratorio asiático se produce entre 1848 y 1874, ante la prohibición de la trata negrera. El asiático será adjudicado a los grandes hacendados en condiciones de semiesclavos, de ahí la inadaptación al medio y al trabajo en la isla.

Los chinos provenían de una antiquísima civilización agraria, con una cultura y habilidades ya desarrolladas como cultivadores, sobre todo de arroz, razón por la cual se amotinan, se suicidan en masas o se convierten en cimarrones. Así mostraron una gran apropiación de sus patrones culturales y una gran resistencia al proceso de desculturación.

Aún así los chinos con problemas idiomáticos trataron de adaptarse al sistema de la plantación. Juan Pérez de la Riva señala que las causas del alto índice de mortalidad en los chinos está dada porque en su patria la esclavitud había desaparecido casi 2000 años.

El proceso de liberación de los culíes se inició en 1853, pero fue lento y difícil extendiéndose a 1855 -1872 y no fue hasta la década del 80 que se suprime elEl proceso de liberación de los culíes se inició en 1853, pero fue lento y difícil extendiéndose a 1855 -1872 y no fue hasta la década del 80 que se suprime el régimen contractual.

Ya en la década del 60 los chinos se incorporaron a la gesta independentista, formando parte de la caballería de Ignacio Agramante, las tropas de Antonio Maceo y Máximo Gómez. En La Habana trabajaron en la agricultura, en la industria cigarrera, como peones de la línea del ferrocarril, como estibadores y carretilleros en el comercio y entre 1850 y el 60, en el despalillo y la producción de tabacos y cigarros; también fueron albañiles trabajando en la construcción en Galiano y Belascoain y Reina y Zanja.

Los chinos establecidos en California, EE.UU, y que habían sido atraídos por la fiebre del oro, fueron expulsados de San Francisco y llegan a Cuba en la segunda mitad del siglo XIX.

Esta zona, desde el ensanche del ferrocarril La Habana-Bejucal se convirtió en el inicio del barrio y sus establecimientos. En 1859 en Zanja y Rayo, surge el comercio de Luís Pérez (Cheng Leng), que ofrece comida a los obreros del despalillo de la zona.

Esta nueva oleada migratoria se diferencia de la primera en que tenían capital y su influencia fue significativa en el ulterior desarrollo del Barrio Chino, porque además del comercio trajeron juegos prohibidos como la Charada (Chifa), el Siló, el Mahjong y el Kupar, unido a la prostitución y la droga. Un ejemplo de esto fue la inauguración en 1878 de la casa del Opio en Galiano #116.

Para 1870 ya se abre la primera casa importadora de productos asiáticos con un capital de 50 mil pesos, propiedad de los banqueros Weng Yong Sham y Lam Tong.

A todo ello se unirían las primeras asociaciones de carácter artísticoA todo ello se unirían las primeras asociaciones de carácter artístico – cultural, de recreo, secretas, de parentescos regionales, gremiales, políticas y nacionales, como la asociación Chung Wah, inauguraba el 19 de mayo de 1893 y que se convertiría en la institución rectora de todas los chinos residentes en Cuba, con local social en el llamado “Barrio Chino” de La Habana. La población asiática en Cuba tuvo una cresta de crecimiento en 1877, cuando alcanzó la cifra de 40, 327 habitantes, disminuyendo luego, sin perder su influencia en la vida económica, en especial comercial y cultural.

El llamado “Barrio Chino” se fortaleció principalmente en las calles Zanja, Rayo, Cuchillo y San Nicolás, donde descolló el comercio y toda una serie de servicios comunitarios, en especial: trenes de lavados, fondas, cafés y puestos de viandas, verduras y hortalizas.

La Comunidad Árabe

Los inmigrantes de procedencia árabe llegan a Cuba desde la segunda mitad del siglo XIX. Su ingreso se produce tanto por el puerto de La Habana, como por el de Santiago de Cuba, y su procedencia es amplia.

Se asentaron fundamentalmente en zonas urbanas, muy vinculados a los comercios e industrias especializadas. Los árabes se integran en parte desde el punto de vista religioso a las prácticas católicas, sobre todo en la iglesia de San Nicolás de Bari.

Allí en ocasiones oficiaría un sacerdote de origen libanés. La ciudad de La Habana les brindó abrigo en diversos repartos y poblados, pero tuvieron especial preferencia por las calles: Monte, San Nicolás, Corrales, Figuras y Antón Recio; formando el llamado “Barrio Árabe” de La Habana.

En la Actualidad

Antes de 1962 ningún municipio, barrio, zona o localidad se conocía con el nombre de Centro Habana. El territorio que hoy corresponde a este municipio formaba parte del llamado municipio de La Habana que abarcaba además, el área íntegra de lo que hoy son los municipios de La Habana Vieja, Cerro, Plaza de la Revolución y Diez de Octubre, así como parte de Arroyo Naranjo, una parte de Boyeros y otra de Regla.

En 1962 se presentó un proyecto de nueva división político-administrativa del país en el cual se proponía la desintegración del municipio de La Habana, su división en varias regiones o regionales y su integración a la llamada Habana Metropolitana. Así apareció por vez primera la denominación “Centro Habana” para designar a un espacio territorial.
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Esa división se aplicó con carácter experimental en 1963 y se oficializó por acuerdo del Consejo de Ministros al año siguiente.

La región o el regional de Centro Habana era mucho más grande que el actual municipio y se componía de varios secciona-les.

En 1976, al adoptar la república una nueva división político- administrativa, la región de Centro Habana se propone dividir en dos municipios que se denominarían Centro Habana Norte y Centro Habana Vieja, además de ceder el barrio de Atarés al nuevo municipio del Cerro. Finalmente, la Ley 1304 que estableció los nombres definitivos de los municipios los denominaría Centro Habana y La Habana Vieja, respectivamente.

El nombre del regional creado en 1963 se debe a que ese territorio forma parte del centro tradicional de la capital Cubana y a la vez es su principal centro comercial y de servicios lo cual es válido para el nuevo municipio surgido en 1976.

Enlaces externos

Fuentes

  • Portal Mi Habana
  • Cuba Gobierno
  • Ciudad de la Habana La Identidad de la Provincia y sus Municipios; Centro Habana
  • Colectivo de autores: Diagnóstico Sociocultural Municipio Cultura Centro Habana.