José María Pérez Gay

José María Pérez Gay
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Nacimiento15 de Febrero de 1944
Ciudad de México México
Fallecimiento23 de Mayo de 2013
Ciudad de México México
Causa de la muerteEnfermedad Neurológica
NacionalidadMexicana
Otros nombresPepe
Alma materUniversidad Libre de Berlín
TítuloEscritor
PredecesorJuan García Ponce
CónyugeLilia Rossbach
HijosMariana Pérez Rossbach y Pablo Pérez Rossbach
FamiliaresHermanos: Lourdes Pérez Gay, Alicia Pérez Gay, Guadalupe Pérez Gay y Rafael Pérez Gay.
Obras destacadasEl imperio perdido o las claves del siglo, 1991. Hermann Broch, una pasión desdichada, 2004. El príncipe y sus guerrilleros, la destrucción de Camboya, 2005. La supremacía de los abismos 2006
PremiosPremio nacional de periodismo en divulgación cultural en 1996
Resultados deportivos
Títulos obtenidosNarrador y Ensayista, Máster y Doctor en Filosofía Germanística.


Inicios

José María Pérez Gay nacido en México el 15 de febrero de 1944 adoptó desde su juventud otro apellido: Alemania. La relación que había entre el escritor, internacionalista, traductor, diplomático, académico y primordialmente germanista y la cultura de ese país marcó la trayectoria tanto de su obra como de las personas más cercanas a él. A los 21 años, el escritor recibió una beca de la Fundación Ford para viajar a ese país sin conocer el idioma, según lo contaba él mismo. Ese pequeño viaje se convertiría en una estancia de 16 años que marcaría el rumbo de su vida personal y académica. Después de siete meses en el Instituto Goethe, pudo completar su educación en seis semestres en la Universidad Libre de Berlín, en donde obtuvo el doctorado de Filosofía Germanística. “Si he de ser sincero, no sé todavía cómo sobrevivimos a ese Tribunal de la Santa Inquisición Germana”.

Carrera

Se interesó por la filosofía del país alemán y a lo largo de su vida se conocería como traductor al español de grandes escritores y filósofos como Johann Wolfgang Von Goette, el escritor Franz Kafka, Jürgen Habermas, Elias Canetti y Theodor Adorno, entre otros. Su carrera en la diplomacia la desempeñó en diversos puestos, primero como cónsul en la provincia de Colonia, en Alemania y más tarde como consejero cultural en la embajada de Paris, Francia. Finalmente fue embajador de México en Portugal durante el primer periodo de la presidencia de Vicente Fox. Una de sus personas más cercanas era la escritora Elena Poniatowska. “José María Pérez Gay tiene más tendencia al insomnio que al sueño. Cuando no duerme lee a Paul Celan o a Elías Canetti”, cuenta en un artículo que escribió con motivo del homenaje que recibió en 2011.

Televisión cultural

En su paso por la función pública, también se destacó como el primer director de Canal 22, una televisora pública mexicana que ofrece programación cultural y educativa desde 1993. “Pérez Gay fue nombrado director del canal y con un trabajo intenso se pudo en un tiempo récord, prácticamente un año, organizar una programación muy rica que garantizó el éxito durante los primeros años del canal, incluyendo importantes miniseries, cine internacional, programas de reflexión cultural, producciones propias, todo eso estuvo al aire, satisfaciendo esa demanda cultural que se daba en nuestro país”, dijo Rafael Tovar y de Teresa.

Política

En sus últimos 10 años de vida, José María Pérez Gay puso a descansar su parte alemana para concentrarse en la política mexicana. Desde 2004 se acercó al proyecto político de Andrés Manuel López Obrador, con el que colaboró desde ese año como asesor en política exterior, pero principalmente lo apoyó en su aspiración presidencial de 2006 y los movimientos político-sociales posteriores. “En su casa se fundó el Comité de Intelectuales en Defensa del Petróleo (…) en la sala de su casa se analizó y se condenó la guerra contra el narco. Es una forma equivocada del gobierno para legitimarse frente a la población, dijo Pérez Gay”, según Elena Poniatowska, quien explica cómo su hogar era el centro de las reuniones de López Obrador con sus cercanos para tomar decisiones. Otro tipo de consejos que llegaron a López Obrador gracias a José María estuvieron en el amor, según cuenta la historia de esta pareja, pues fue José María Pérez Gay quien le presentó en 2004 a quien dos años después se convertiría en su esposa: Beatriz Gutiérrez Muller.

Intelectualidad

Durante 35 años, José María Pérez Gay se dedicó a presentar y representar, difundir y transmitir, traducir y adaptar la cultura alemana al horizonte mexicano. Esa aventura empezó en los años setenta, cuando el joven Pérez Gay tradujo por primera vez algunos pasajes y aforismos de Walter Benjamin para el suplemento La Cultura en.

Novelista difícil y audaz en su admirable e incomprendida primera novela La difícil costumbre de estar lejos, en cuyo título hace eco la ascesis del desdoblamiento y la autoobservación; ensayista devorador en El imperio perdido, biografía de una civilización desaparecida y añorada; traductor fino y aguerrido, a veces relampagueante pero no siempre perrunamente fiel de Elias Canetti, Karl Kraus, Hans Magnus Enzensberger, Paul Celan, entre los principales autores que su curiosidad oportuna supo conectar con la sensibilidad local y cuyo conocimiento en México le debemos a él. Cinéfilo, mundano y político, desde ahí prodigó su conocimiento de la cultura escénica, la música y el cine; fue también consejero áulico del principal dirigente del partido de oposición en las elecciones de 2006.

Si sus conferencias eran brillantes, sus conversaciones lo eran más: no siempre dejaba hablar a su interlocutor. Tenía sentido del humor, pues su risa era por fuerza políglota: a veces ironizaba como florentino, otras daba carcajadas eslavas, cuando callaba sonreía con labios tristes de tanta Praga. En su mirada podía relampaguear la locura y la malicia, incluso el odio. Aunque podía ser un imitador pasable en persona, lo era mejor por escrito: en la improbable historia de la parodia y el pastiche made in Mexico su nombre deberá figurar por fuerza junto al de Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco, sus maestros. Era capaz de discutir porque recordaba con envidiable soltura los argumentos. La fluidez con que sabía exponer las ideas de André Glucksmann en su libro sobre Solyenitzin o el tono a medias histérico de Bernard-Henri Lévy cuando aquellos “nuevos filósofos” vinieron a México. Pérez Gay era –quién lo pondría en duda–, una mente ágil y rápida: a veces tan veloz que pasaba sin que casi nadie lo notara de la filosofía a la opinión.

Su intuición clave fue la de haber presentido que había puentes aunque invisibles no menos reales entre la larga agonía del Imperio austrohúngaro, la Viena de Freud y de Wittgenstein y la antigua escuela política y diplomática mexicanas de las cuales él fue una de las manifestaciones más sazonadas y tardías. Si nos pusiésemos a clasificarlo entre las escuelas filosóficas del helenismo tardío, concederíamos que Pérez Gay fue un ejemplo de las contradicciones del criptocatolicismo y el neopaganismo en la edad del Limbo o la ansiedad de que habla Dodds. Ese ejercicio no será muy útil si antes no se esclarece si fue un aprendiz de la esperanza o del desengaño. José María Pérez Gay escribió un par de libros que se pueden releer con placer desinteresado, y fue uno de los mejores lectores en nuestra cultura. Dilapidó su capacidad de admiración en las rústicas páginas de la prensa, derrochó con prodigioso y casi bíblico desprendimiento su talento e ingenio. Era uno de los que estaba al día y sabía correr la voz y el rumor, atento como se encontraba al más leve ruido perturbador de los pasillos palaciegos. Por eso formaba parte de ese no tan cerrado círculo de la opinión que a los electores más que a los lectores permite entrever las leyes que rigen el mundo del mando. Se quería poner del lado de la esperanza, pero lo fascinaban la ceniza y la devastación. Las masacres de Camboya no tenían secretos para él, y le era familiar el diario del doctor Hachiya en Hiroshima. José María Pérez Gay parecía haber bajado al infierno –pero no presumía de su familiaridad con el horror– y haber regresado de ahí como si nada hubiera pasado. La conciencia de la responsabilidad por ese conocimiento le daba un brillo intransferible a sus ojos. No será fácil esconder en el olvido esa mirada vigilante que su cortesía apartaba del interlocutor para no abrasarlo con ella.

Obras más conocidas

Ensayo

El imperio perdido o las claves del siglo, 1991 Hermann Broch, una pasión desdichada, 2004 El Príncipe y sus guerrilleros: La destrucción de Camboya, 2005 La supremacía de los abismos, 2006

Novela

La difícil costumbre de estar lejos, 1986 Tu nombre en el silencio, 2001

Muerte

Murió el 26 de Mayo del 2013 a los 70 años de edad, a causa de una enfermedad neurológica que en los últimos meses lo dejó sin habla, fue cremado y se previó que una parte de las cenizas fueran llevadas al Parque España, donde también están los restos de sus padres, y la otra a un panteón en Berlín, Alemania.

Tras el anuncio de su muerte, sus restos fueron velados en la sala Alpes del Panteón Francés, a donde acudieron amigos y colegas como Elena Poniatowska, Laura Esquivel, Héctor Orestes Aguilar, Héctor Aguilar Camín, y Marta Lamas; además de los funcionarios Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Conaculta, y Lucía García Noriega, secretaria de Cultura del Distrito Federal.

Fuentes

Enlaces Externos

Véase También