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Acorazado Bismarck

El acorazado Bismarck
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El acorazado Bismarck
Historial
Astillero Blohm & Voss- Hamburgo
Clase Clase Bismarck
Tipo Acorazado
Autorizado 16 de noviembre de 1935
Puesta en grada 1 de julio de 1936
Botado 14 de febrero de 1939
Asignado 24 de agosto de 1940
Baja 27 de mayo de 1941
Destino Hundido
Características generales
Desplazamiento 43,000 tm t estándar, 53.400 t (máximo)
Eslora 251 m
Manga 36 m
Calado 10,55 m (máximo)
Blindaje Cinturón: 145–320 mm

Cubierta acorazada: 80–120 mm Mamparo antitorpedo: 45 mm Torretas: 130–360 mm Barbetas: 220-340 mm Torre de mando: 220-360 mm

Armamento 8 cañones de 380/50 mm

12 cañones de 150/55 mm 16 cañones AA de 105/65 mm 16 cañones AA de 37 mm.

Propulsión 12 calderas Wagner

3 turborreductores Blöhm und Voss 3 hélices de Ø 4,70 m

Potencia 150.170 CV
Velocidad 30,1 nudos
Autonomía 8.525 mn a 19 nudos
Tripulación 103 a 108 oficiales y 1.989 a 2.500 suboficiales y marineros
Aeronaves 4 hidroaviones Arado Ar 196
Equipamiento aeronaves 1 catapulta de doble final

Acorazado Bismarck. Fue el acorazado más famoso buque de guerra alemán de la Segunda Guerra Mundial, gemelo del Tirpitz. Bautizado en honor al canciller alemán Otto von Bismarck, fue hundido el 27 de mayo de 1941 tras librar un épico combate naval contra los buques de la Armada Británica durante la batalla del Atlántico, en la Segunda Guerra Mundial. Era la primera operación que había sido encomendada al acorazado alemán.

Tácticas contra el tráfico enemigo

En 1939 Alemania inicia la estrategia de comprometer sus grandes naves aisladamente, pues era preciso hundir los buques de carga del adversario, los petroleros y los mercantes para luego desaparecer sin ser atrapados. Así nace la táctica de los "buques fantasma": vertiginosamente y de un modo misterioso aparecen siempre donde nadie los espera, hunden un buque y desaparecen en la inmensidad del océano. Sus radios permanecen silenciosas y los aviones, que no tienen mayor autonomía, no penetran muy lejos en alta mar, frente a las costas. El radar aún no se ha desarrollado para unidades navales o aéreas, y sólo opera en grandes instalaciones terrestres.

Los primeros resultados sobrepasan las mayores expectativas; los tres acorazados de bolsillo Deutschland (rebautizado Lützow), Admiral Scheer y Admiral Graf Spee, a los que se agregan el crucero pesado Admiral Hipper y los cruceros auxiliares, dan caza a los buques comerciales aliados en todos los mares y envían al fondo del mar centenas de millares de toneladas de arqueo.

A principios de 1941 los acorazados Scharnhorst y Gneisenau alcanzan el centro del océano Atlántico y echan a pique 22 buques en dos meses, un arqueo total de 115.622 toneladas.[1] Esa es la época en que los marinos alemanes navegan con toda facilidad utilizando su Seetakt, el aparato de detección radioeléctrico o radiotelémetro, cuando el radar aliado estaba germinando aún.

Sin embargo, en Berlín en el Alto Mando Naval no se hace ilusiones y sabe que el mando aliado hace esfuerzos para contrarrestar la desigual lucha. Las probabilidades de éxito de la marina alemana no podían disminuir tan rápidamente y era necesario hacer entrar en batalla los grandes buques: el gigantesco Bismarck, de 50.900 toneladas, acaba de terminar sus pruebas en el Báltico y está listo y su gemelo el Tirpitz lo estará dentro de unos meses.

El Bismark fotografiado desde el Prinz Eugen

El Bismarck debe realizar su primer crucero en compañía del Scharnhorst y el Gneisenau, que se encuentran en el puerto de Brest. París comunica muy malas noticias: el Scharnhorst tiene averías en sus máquinas; el Gneisenau ha sido alcanzado repetidas veces por los aviones británicos, que arrojan sobre él, incansablemente, bombas y torpedos. Las reparaciones se prolongarán hasta el verano de ese año.


Raeder toma la decisión: el Bismarck operará independientemente en unión con el nuevo crucero pesado Prinz Eugen. El almirante Günther Lütjens, jefe de la flota alemana, es de la opinión de esperar a que reparen las máquinas del Scharnhorst. Mientras, el Tirpitz ha culminado sus pruebas. A pesar de las observaciones del almirante Lütjens, el almirante Erich Raeder finaliza la reunión diciendo: "Quién sabe, Lütjens, si dentro de dos o tres meses podremos siquiera zarpar. No tenemos posibilidad de elección. ¡El Bismarck y el Prinz Eugen deben operar!"

Entrada en servicio y puesta en comisión

Bajo la dirección del eficiente comandante Ernst Lindemann, la tripulación tuvo un acelerado y extenuante programa para poner a punto el buque. La preparación consistió en prácticas de tiro artillero, control de incendios, reemplazo de bajas en puestos claves, defensa antiaérea, prácticas de enfermería, maniobras de toma de petróleo en alta mar, tiempo en puestos de combate, etc.

También se hicieron pruebas de desempeño del acorazado, tales como hacer la milla corrida, pruebas de giro y ensayo de timón fuera de uso. Precisamente durante este último ensayo la oficialidad pudo darse cuenta de que el gobierno con las hélices se hacía muy difícil cuando se dejaba el timón en línea de crujía. Sin embargo, no se hizo nada por proveer una mejor solución cuando el timón quedaba fuera de servicio, omisión que sería fatal para el Bismarck.

El Bismarck quedó comisionado en abril de 1941, logrando un excelente desempeño en tiro de artillería pesada gracias a sus eficientes y avanzados sistemas ópticos de tiro. No obstante, la defensa antiaérea no logró el máximo de eficiencia en el centrado de blancos, lo cual quedaría demostrado más adelante, el 26 de mayo, al no derribar ningún avión Fairey Swordfish del HMS Ark Royal.

El 5 de mayo, Hitler vino junto a Wilhelm Keitel, Karl Jesko von Puttkamer, Nicolas von Below, el Estado Mayor de la Escuadra y un nutrido grupo de periodistas y camarógrafos a Gotenhafen a visitar al Bismark a bordo del crucero Hela. Junto al comandante Lindemann recorrieron el buque durante 4 horas y se brindó un almuerzo al Führer.

El 12 de mayo de 1941 el Estado Mayor de la Escuadra, liderado por el almirante Günther Lütjens y Harald Netzbandt, además de 65 marinos, embarcan a bordo del Bismarck. Al día siguiente se efectuaron ejercicios de comunicaciones y más tarde se realizan maniobras junto al Prinz Eugen, con interrupción simulada de faenas ante la presencia del enemigo. Las plumas (grúas) tuvieron averías que debieron ser corregidas. Desde el primer momento, Ernst Lindemann no congenió con el carácter hierático de Lütjens, lo que se mantendría en el futuro.

Comienzo del ejercicio Rheinübung

La operación se inicia a las 2 de la tarde del día 19 de mayo con la salida de la agrupación con camuflaje tipo báltico hacía los fiordos occidentales de Noruega, llegando a Grimstadfjord y fondeando en Fjörangerfjord, cerca de Bergen, el 20 de mayo. El 21 de mayo al mediodía los buques alemanes son detectados y fotografiados por un avión británico spitfire de observación a 8.000 m de altura. El camuflaje tipo báltico es eliminado de ambos buques dejándoseles únicamente las ondas blancas a proa y popa.

Los macizos buques parten del puerto de Bergen en la noche del 22 de mayo de 1941. El comandante en jefe de la Home Fleet, almirante sir John Tovey, estacionado en Scapa Flow, recibe los informes de los reconocimientos aéreos y de los agentes instalados en Dinamarca, que le indican que el Bismarck y el Prinz Eugen se dirigen hacia el norte.

El 22 de mayo recibe la confirmación a su hipótesis de que intentarán abrirse camino hacia el Atlántico. El informe de un reconocimiento aéreo señala: "El nido de Grimstadfjord, cerca de Bergen, donde los buques alemanes se encontraban ayer, está vacío". La operación, que lleva el nombre convencional de Rheinübung, había comenzado. Sir John Tovey ordena que todos los pasos al Atlántico sean vigilados por los cruceros británicos y a pesar del mal tiempo se programan reconocimientos aéreos. Los cruceros HMS Norfolk y HMS Suffolk navegan hacia el estrecho de Dinamarca, que separa Islandia de Groenlandia; ambas naves británicas están provistas de nuevos radares.

El vicealmirante Lancelot Holland iza su insignia en el crucero de batalla HMS Hood y se mantiene al acecho al sur de Islandia con el nuevo acorazado HMS Prince of Wales, de 35.000 toneladas. Le acompañan el crucero de batalla HMS Repulse, el portaaviones HMS Victorious y cuatro cruceros. El Suffolk y el Norfolk se hallan en patrulla, envueltos toda la tarde del 23 de mayo en un manto de bruma que cubre la costa septentrional de Islandia. Hacia las 20 horas divisa la formación alemana. El comandante Ellis pone proa hacia la formación para usar el nuevo radar, que sólo funciona en el primer sector, y observa las dos manchas que se dibujan en el aparato y transmite al almirante sir John Tovey: "¡Les hemos encontrado!".

Holland recibe la noticia a mediodía en Scapa Flow e inmediatamente hace zarpar a su escuadra, compuesta por el veterano HMS Hood, con una artillería equivalente a la del Bismarck, el flamante HMS Prince of Wales y varios destructores de escolta.

Combate en el estrecho de Dinamarca

El Hood y el Prince of Wales navegan a toda máquina durante la noche para poder interceptar con la primera luz del día a la formación alemana. La tensión en ambos buques es grande, pues desde las 4:00 las dotaciones están en sus puestos en estado de combate. Holland decide seguir hacía el noroeste pero a la altura de Islandia decide cambiar a suroeste dejando a los destructores seguir en el rumbo original.

A las 5:15 los hidrófonos del Prinz Eugen detectan ruido de hélices en dirección noreste; el operador aventura pronóstico de cruceros pesados. La dirección de la formación alemana es 170° y su velocidad es 25 nudos. Se da la alerta en ambas naves: las chicharras suenan y se llama a las tripulaciones a ocupar puestos de combate. Las tripulaciones de ambas naves alemanas corren a ocupar sus puestos artilleros y puestos de combate. A las 5:28 los serviolas del Prinz Eugen avistan humos.

A las 5:30 del 24 de mayo, el vicealmirante Lancelot Ernest Holland avista a los buques alemanes en línea, en curso 170°. Las condiciones de mar son buenas, viento moderado, cielo nublado y un frío gélido con el que una persona no sobreviviría 5 minutos en el agua. A las 5:32 Lütjens ordena un cambio de rumbo a 220°, como una forma de ampliar las distancias, y la velocidad aumenta a 27 nudos. A las 5:35 el Prince of Wales detecta humos en demanda de 335°, la distancia es 34,7 km y va aumentando.

El Bismark en el combate contra el HMS Hood y el HMS Prince of Wales

A las 5:37, la Fuerza británica cambia a rumbo 240° y el curso de ambas formaciones se hace casi paralelo. Los hidrófonos del Prinz Eugen escuchan la maquinaria de un crucero de batalla y un acorazado en aproximación. A las 5:38, los británicos cambian a curso 280° para acercarse al enemigo. La razón de acercamiento de los británicos a la formación alemana es de casi 1 km/min, demasiado lenta. Al mismo tiempo, los cruceros Suffolk y Norfolk aparecen en el horizonte y radian continua información desde 30 km de distancia a las unidades mayores. En ambas unidades alemanas, la situación de "listo para abrir fuego" espera la orden de la nave almirante, pero ésta no llega aún. Lütjens, ateniéndose a la directiva del alto mando, rehúsa el combate y los cañones permanecen apuntando silenciosamente a las siluetas británicas.

A las 5:49, el Hood señala erróneamente al Prinz Eugen como el Bismarck a 24 km y un ansioso Holland ordena de forma apresurada al Hood y al Prince of Wales abrir fuego a 24 km, avanzando aún sin poder llegar a una distancia de total emplazamiento artillero. Holland comete un gravísimo error táctico que le será fatal, ya que provocaría la inmediata respuesta alemana forzándolo a responder con tiros por elevación, en vez de entablar una batalla a más corta distancia, donde el blindaje lateral del Hood es mucho más fuerte. Al confundir probablemente las muy similares siluetas de las embarcaciones alemanas, el Hood mantiene además su artillería dirigida contra el Prinz Eugen, a pesar de que en el puente se detecta el error y no se ordena corregirlo. El Hood siempre cañonea al Prinz Eugen, en tanto que el Prince of Wales apunta al Bismarck.

El Prince of Wales decide ignorar la orden del Hood de cañonear a la nave de cabecera, que es el Prinz Eugen, y coloca en su mira directora al Bismarck. En el Bismarck se identifica correctamente al crucero de batalla como el Hood y al acorazado que le sigue erróneamente como el King George V. Hay murmullos de emoción reprimida en la tripulación alemana, pues el buque al que más temían en sus prácticas artilleras era precisamente al ya veterano Hood. A las 5:52, el Prince of Wales dispara desde 22,8 km la primera salva parcial, que queda muy larga. El Hood dispara a su vez contra el Prinz Eugen y el primer tiro parcial queda muy largo. A las 5:53, el Prince of Wales dispara una segunda salva parcial, que queda igualmente algo larga. El Hood vuelve a disparar con sus torres delanteras contra el Prinz Eugen, y uno de los tiros cae peligrosamente cerca del crucero pesado. La distancia es de 22,3 km.

En la formación alemana, los directores de tiro principales de ambas naves empiezan a solicitar nerviosamente la orden de abrir el fuego. En el puente del Bismarck, Lütjens permanece inmutable y no emite la orden, por lo que Lindemann se va impacientando. A las 5:54, el Prince of Wales dispara su tercera salva contra el Bismarck, que queda corta. Al mismo tiempo Lindemann, evidentemente molesto con el mutismo de Lütjens, se arrebata y toma el intercomunicador y ordena "abrir el fuego" a ambas naves. Se escucha el comentario de Lindemann: "No consentiré que ejecuten el buque ante mis pies."

A las 5:55, el Prinz Eugen abre fuego con salva parcial escalonada en 400 m sobre el Hood. El Bismarck dispara sistemáticamente dos semisalvas escalonadas a 400 m de ensayo sobre el Hood, que quedan muy largas. A diferencia de los británicos, las naves alemanas cuentan con un sistema óptico de telemetría mucho más eficiente, de modo que las correcciones son mucho más rápidas y esta información es transmitida instantáneamente a la central de combate, quien regula el alza de las torres artilleras.

El Prince of Wales dispara a 20,1 km su quinta y seguidamente su sexta salva escalonada: el Bismarck es tocado por primera vez en la proa. Uno de los tiros lo atraviesa de lado a lado sobre la onda de cabeza y sobre la línea de flotación, revienta los tanques proeles de petróleo y un rastro aceitoso se esparce en la estela del Bismarck.

El Hood dispara su cuarta salva sobre el Prinz Eugen, que queda muy corta. Para los británicos, la superposición del fuego de las baterías alemanas también obra en su contra, ya que los impactos de ambas naves se producen en forma simultánea, creando enormes columnas de agua, con lo cual los directores de tiro británicos, con un mecanismo de coincidencia mucho más engorroso y complicado que el de los alemanes, no pueden efectuar las correcciones necesarias en el tiempo adecuado. El centrado del tiro del Hood comienza a ser lento y el tiempo corre en su contra.

El Bismarck dispara dos semisalvas sobre la formación británica, los tiros caen entre el Hood y el Prince of Wales. El tiempo de centrado de los directores de tiro alemanes es mucho más eficaz. A las 5:56, el Bismarck dispara desde 18 km su cuarta salva completa. Una de las andanadas cae sobre el sector medio del Hood e incendia sus cajas de municiones; se desconocen las bajas británicas. Incendios y humos son visibles en el Hood. El Prince of Wales tiene un tiro más eficiente y lanza su séptima y octava salva sobre el Bismarck, quedando corta en 300 m; una andanada más y quedará ahorquillado. El Bismarck dispara su tercera salva sobre el Hood, pues éste queda en tiro centrado. Imponentes plumas de agua caen sobre el crucero británico, pero no es tocado. Holland, en forma inexplicable, no hace ninguna maniobra para desencajar al Hood del centrado enemigo. A las 5:57 (van 6 min. de combate), el Hood dispara su séptima salva sobre el Prinz Eugen. Éste está cambiando su posición de cabecera para cedérsela al Bismarck. El Hood pierde un tiempo precioso en hacer las nuevas correcciones. El Prince of Wales dispara su novena salva sobre el Bismarck, que cae muy próxima sobre la estela del Bismarck.

Los cruceros Suffolk y Norfolk están a 22,5 km y esperan que un tiro de fortuna de sus unidades mayores dañe fatalmente una de las unidades enemigas, para entrar a rematar con ataque de torpedos. Son ya las 5:58, Lütjens observa que el King George V tiene un tiro más preocupante y ordena al Prinz Eugen que cambie de blanco. Las baterías secundarias de ambas formaciones abren fuego simultáneamente. A las 5:58 la cofa de observación inmediatamente ubicada sobre el puente del compás recibe un tiro semirasante sin explotar y varios cuerpos caen sobre el puente, Ted Briggs quien está de ordenanza en el puente del compás sale a verificar si hay alguién con vida y vuelve al puente a informar el deceso de los vigías. A las 5:59, el crucero de batalla Hood comienza a virar sus torres traseras a una distancia de 15 km para el emplazamiento de salva completa. Las torres traseras giran lentamente y se posicionan sobre el través de la amura de estribor. El Bismarck recibe un segundo impacto de la novena salva del Prince of Wales, que penetra bajo la cintura acorazada y destruye un compartimiento de generadores. El acorazado alemán retiembla, no hay bajas. El Prinz Eugen dispara su séptima salva sobre el Prince of Wales, el tiempo de vuelo de cada salva es de menos de 2 min. aproximadamente. La distancia media es de unos 15,6 km.

El Hood dispara su octava y novena salva sobre el Prinz Eugen, al mismo tiempo que las torres traseras quedan listas para abrir fuego. En ese momento, un tiro de la batería secundaria del Prinz Eugen hace impacto en la popa del Hood. Para el director de tiro principal del Bismarck, capitán Schneider, el Hood está centrado. El Hood cambia de rumbo torciendo su timón hacia babor por 20°. Está listo para disparar salva completa y la posición se logrará en un minuto más. El Hood cambia de blanco hacia el Bismarck.

Hundimiento del Hood, con el HMS Prince of Wales en primer plano. Cuadro de J.C. Schmitz-Westerholt

El Bismarck, a 15,7 km, dispara en sucesión rápida una cuarta y quinta salva completa sobre el Hood. Los directores de tiro alemanes observan expectantes en sus mirillas la caída de los proyectiles. Lütjens ordena a la estación directora artillera de popa del Bismarck que vigile a los cruceros británicos por su estela. El Bismarck es cañoneado por primera vez por ambas unidades británicas, pero no centran el tiro. El Bismarck es horquillado, pero ninguna de las dos unidades lo ha centrado. El Bismarck dispara su sexta salva sobre el Hood, los 10 restantes quedan suspendidos en el aire.

A las 6:00, uno de los tiros de la quinta salva del Bismarck hace blanco, penetra en algún punto a popa, sobre la cubierta de botes (la sexta y última dirigida sobre el crucero de batalla), el proyectil se fragmenta en su interior, alcanzando el pañol de municiones de popa, en la base de la tercera torre trasera. Repentinamente, una llamarada blanco-amarillenta emerge al costado del mástil trasero y alcanza una altura mayor que el mástil mismo. Por unos instantes, el Hood parece deformarse sobre su línea de flotación y enseguida ocurre una tremenda y atronadora explosión que hace saltar las torretas traseras por los aires. Restos al rojo vivo, partes de botes y restos de metal incandescentes caen alrededor de la masa de humo que emerge. El crucero de batalla se parte violentamente en dos. Cientos de marinos británicos han sido volatilizados, incinerados o carbonizados por la onda explosiva sobre la parte expuesta de proa; aquellos que están en lugares protegidos sobreviven durante algún tiempo más. El puente del compás retiembla, Ted Briggs observa la bola de fuego y no siente ningún ruido, Holland y el capitán Kerr se aferran a sus asientos en el puente del compás y no hacen ningún ademán de intentar salvarse.

Los marinos del HMS Prince of Wales quedan conmocionados por el atronador bramido de la explosión. Su buque insignia ya no está al frente y en su lugar hay sólo una masa de humo maciza, grisácea y negra. Cuando se acercan, alcanzan a ver la parte delantera con su proa en alto hundiéndose rápidamente. El Hood está partido en dos y la parte delantera se hundiría en menos de 3 minutos, la popa aún flota un poco más. El Hood eleva su proa hacia el cielo y antes de quedar perpendicular a la superficie que se lo tragará, en un postrero esfuerzo, puede aún disparar una vez más con las torres delanteras, en medio del infierno y humo, en el momento en que la proa se eleva. La alegría inunda a los buques alemanes y también existe un sentimiento de reconocida admiración por el valor de los marinos del Hood. Holland perece aferrado al puente del compás.

En este minuto, 6:01, el Bismarck recibe el tercer impacto proveniente de la decimotercera salva del Prince of Wales y le vuela la proa a una de las lanchas auxiliares a motor, desperdigando sus restos hacia la chimenea e hiriendo con sus astillas a uno de los encargados de las baterías antiaéreas. Al mismo tiempo el Prinz Eugen dispara su décima salva sobre el Prince of Wales. El Prince of Wales hace una guiñada para evitar los restos del Hood, al tiempo que observa en primera línea el hundimiento de la parte delantera del mismo ante los incrédulos y estupefactos ojos de los marinos de este buque; sencillamente no lo pueden creer. Dado que el Prince of Wales hace el mismo rumbo que el Hood, los alemanes no tienen que corregir el tiro y observan que la popa del Hood se hunde lentamente, de la parte delantera no se observa nada.

Los alemanes cambian de objetivo y esta vez apuntan al buque sobreviviente. El Prinz Eugen dispara su duodécima salva y el Bismarck dispara su séptima salva completa sobre el Prince of Wales, que ha retomado el rumbo original. La distancia se acorta a 14 km. El Prince of Wales dispara un único torpedo, pero en ese momento es ahorquillado. El Bismarck dispara su octava salva sobre el Prince of Wales, que tampoco hace ninguna maniobra de descentrado. A las 6.02, el Prince of Wales es tocado con un fuerte impacto de al menos siete tiros de la octava salva del Bismarck sobre el puente de compás y de mando. El Prince of Wales resulta gravemente alcanzado, con los tiros de la octava salva de 380 milímetros del Bismarck en el puente de navegación, que también destruye el puente de mando, matando a casi todos los presentes, excepto al comandante del buque y al contramaestre señalero. El buque queda en absoluto estado de conmoción y aturdimiento. Mientras tanto, la proa del Hood desaparece.

Uno de los problemas presentados por la nave británica fue de índole técnica, ya que, debido a la imperiosa necesidad de contar con unidades navales capaces de enfrentarse al Bismarck, se ordenó que el acorazado fuera equipado para combate sin el necesario periodo del pre-alistamiento (entrenamiento de tripulación, corrección de fallos de diseños, ajustes de los mecanismos y sistemas eléctricos, etc.). De hecho, el Prince of Wales zarpó con obreros del arsenal trabajando sobre la torre trasera que no giraba bien. A pesar de todo esto, su desempeño en combate resultó ser más eficiente y superior al de su nave capitana, el Hood.

En el Prince of Wales (King George V para los alemanes) la situación es caótica, pero se logra controlarla. Éste se ve obligado a retirarse oculto en una nube de humo, no sin antes ser ametrallado por el Prinz Eugen desde 14 km, al límite de la antiaérea. Inclusive se llegó a preparar un ataque de torpedos en la nave alemana. La necesidad de rematar al Prince of Wales queda suspendida en el pensamiento de los marinos de ambas unidades alemanas. De ser finiquitada, dado su evidente estado, sería un tremendo resultado para la Kriegsmarine.

Lütjens imperturbable no da órdenes de atacar al Prince of Wales, que se aleja humeando, y Lindemann intenta convencerlo de acabar con el malogrado acorazado británico. Lütjens le recuerda secamente a Lindemann que la directiva del comando naval le instruye que sólo comprometerá la nave en combate si ésta está en grave riesgo por ataque, lo que no es el caso. Lindemann, exasperado, intenta rebatirle pero el granítico silencio de Lütjens corta toda posible conversación sobre el tema. De ahí en adelante, el vacío comunicacional entre ambos se incrementaría gradualmente hasta no dirigirse nunca más la palabra.

Consecuencias del combate

Tras 24 minutos de combate el Prinz Eugen está ileso y el Bismarck ha recibido tres proyectiles del Prince of Wales al inicio de la batalla. Uno destruyó la proa de una lancha sobre el hangar principal, otro impactó en una central de dínamos y el último atravesó la proa de costado a costado, aislando depósitos de combustible, provocando la pérdida de óleo aceitoso y abriendo vías de agua por las que penetraron 2.000 toneladas. Por el lado británico, el Hood ha sido hundido y el Prince of Wales gravemente dañado por siete cañonazos que le impactaron de lleno.

Viaje realizado por el Acorazado Bismarck

Lütjens, sabiendo que la impunidad de su salida se ha perdido y el buque está dañado a proa, decide abortar la operación. Debe deshacerse de sus perseguidores y llegar a puerto amigo, y para ello elige el de Saint Nazaire, por poseer un dique seco del tamaño apropiado.

A pesar de los daños menores en el Bismarck, éste deja un rastro aceitoso en el agua, visible desde muy lejos por los aviones, por lo que no puede hacer su guerra de buque fantasma en el Atlántico. Los demás buques británicos mantienen contacto de radar con la flota alemana.

Mientras tanto, el Bismarck deja atrás con una hábil maniobra al Prinz Eugen y despista a los británicos. Los cruceros que le siguen le pierden el rastro en su curso a St. Nazaire, en Francia. Equipado allí con un nuevo FuMB (detector radioeléctrico de emisiones), el Bismarck percibe el funcionamiento del radar adversario, pero bajo la presión del momento, el almirante Lütjens comete un error. El nuevo radar sólo tiene un alcance de 13 km. El aparato de detección del Bismarck señala las emisiones del radar adversario, pero como éste se limita a escuchar, posee un alcance muy superior. Ello le hace creer erróneamente al almirante alemán que los británicos lo tienen vigilado, cuando en realidad perdieron la señal desde el día 25 de mayo a las 3:00. Estando así las cosas, el almirante Lütjens transmite dos largos mensajes permitiendo que los radiogoniómetros lo localicen. En París y Berlín, el Alto Mando ya se había dado cuenta de que los británicos habían perdido la señal. No obstante, Lütjens - que se creía atrapado por el radar - cuenta en sus mensajes su victoria sobre el Hood y el Prince de Wales en largas comunicaciones. El Alto Mando Naval alemán le ordena que se calle, pero ya era demasiado tarde.

La cacería

El almirante John Tovey se asombra cuando ve en el mapa la ubicación del Bismarck, ya que lo creía en ruta hacia Brest. En este equívoco, se encuentra al norte con la intención de ganar nuevamente el estrecho de Dinamarca, donde toda la flota británica se dedica a la búsqueda en la ruta equivocada. Da la orden de búsqueda en la dirección correcta. Pero el Bismarck continúa su ruta hacia la costa francesa y los buques británicos no encuentran nada en el norte. Nueve horas después los británicos se dan cuenta del error: los datos han sido trasladados erróneamente al mapa. El error es imputable al oficial de navegación del King George V. El Bismarck se halla en realidad a centenares de millas al sur del punto dado por él.

El ataque de los Swordfish

Un avión Catalina ha descubierto, por casualidad, al acorazado alemán a través de un claro entre las nubes. Si hubiera estado acompañado por un destructor, le habría confundido con una unidad británica, pero va solo y no se aprecian las marcas identificadoras. Al bajar de altitud para intentar corroborar la identidad del buque, éste le responde con fuego antiaéreo. No hay duda, ha encontrado al Bismarck. El 26 de mayo, el Almirantazgo Británico transmite su nueva posición a la Fuerza H, que se encuentra en las proximidades del Bismarck.

A pesar de la mar gruesa, los aviones Fairey Swordfish del HMS Ark Royal despegan a las 15:40 cargados de torpedos. Los Swordfish son aviones biplanos, en parte hechos de tela, lentos y anticuados, pero con tripulaciones valerosas. Repentinamente, en un claro aparece un buque solitario y se desencadena el ataque sobre él. Disparan sus torpedos, pero no es el Bismarck, sino el HMS Sheffield que maniobra desesperadamente para evadirlos, pero ocurre algo: los torpedos están armados con espoletas magnéticas y explotan al contacto con el mar. El Sheffield es identificado por uno de los aviones y se interrumpe el ataque. De haberse atacado al Bismarck, el ataque habría sido infructuoso. Vuelven al Ark Royal y, cuatro horas después, casi anocheciendo, despegan de nuevo con torpedos convencionales. Y esta vez no se equivocan de enemigo.

Para los artilleros antiaéreos del Bismarck, los Swordfish parecen copitos negros suspendidos en el aire. Se desencadena una terrorífica andanada de fuego antiaéreo, las piezas de 38mm disparan tratando de derribar a los aeroplanos con las plumas de los impactos en el agua de sus pesados proyectiles. No hay bajas aún en la formación británica, siguen en medio del fuego y las plumas de agua, a 300 m, dejan caer los torpedos y viran bruscamente. El primer torpedo explota contra la coraza del gigante y no causa más que un desconchado, pero el brusco bandeamiento mata a un oficial al golpearse fatalmente el cráneo.

El Bismarck hace bruscos virajes para evitar el resto de los torpedos y lo logra, la tripulación respira aliviada. Sin embargo, el ataque no ha terminado, ya que tres biplanos se acercan desde un sector ciego de popa y lanzan sus torpedos. El Bismarck vuelve a pegar golpes de caña bruscos, logrando evitar el primero. Repite el giro y evita el segundo, pero el tercer torpedo da de lleno en el timón derecho. La explosión levanta al acorazado haciéndolo hocicarse y abriendo un gran boquete en plena popa, justo en el compartimiento de la hélice. La explosión dobla hacia adentro y traba el timón derecho en posición de giro, haciéndolo golpear contra la hélice central, golpe que resulta fatal. No hay bajas en los aviones atacantes y vuelven satisfechos al Ark Royal.

Con este golpe, el Bismarck no puede maniobrar y vira en redondo. El acorazado alemán se encontraba en ese momento a más de 400 millas de Brest. Un avión de observación confirma mediante fotos que el acorazado alemán está girando en redondo, sin gobierno. Se hacen desesperados esfuerzos para maniobrar con las hélices, sin resultados. Se intenta llegar al mecanismo del timón con la esperanza de soltarlo, pero la mar fuerte ingresa con fuerza al compartimiento abierto al mar y provoca peligrosísimas fuerzas de succión. Un buzo valiente intenta ir por fuera a dar un vistazo, pero lo izan semiinconsciente por los golpes continuos contra el casco. Se propone sacar una puerta del hangar para usarla como timón de compensación, pero Lütjens no autoriza la acción. El Bismarck está acabado cuando anochece, y la moral de su tripulación es muy baja.

La batalla final

Llega el amanecer del 27 de mayo de 1941. El Bismarck navega a baja velocidad dando amplios giros. La moral a bordo es terriblemente baja, Ernst Lindemann está absorto en su mutismo en el puente y Günther Lütjens se ha encerrado en su camarote. Aparecen en el horizonte el Rodney con sus piezas de 406 mm, el King George V y el Renown, que avanzan en fila como un pelotón de fusilamiento, aunque todos los buques británicos están al borde de sus reservas de combustible. Tovey divisa al acorazado, que ha aumentado su velocidad y gira en círculos. Adelanta al Rodney con sus nueve cañones de 406 mm de calibre y al HMS King George V con sus diez cañones de 356 mm.

Comienza el combate y el Bismarck logra centrar al Rodney, pero disparos ingleses bien dirigidos destruyen los emplazamientos de dirección de tiro del acorazado germano: primero arrasan el de la cofa y luego el de popa, arrancándolos de cuajo. El acorazado queda "ciego" y debe pasar a puntería local (cada cañón poseía un sistema de dirección de tiro óptico). Los disparos provenientes del Bismarck se tornan erráticos, pues solamente ahorquilla los blancos. Los buques británicos comienzan el cañoneo, que cada vez se parece a un ejercicio de tiro. El cañoneo es infernal, pero ningún tiro del Bismarck da en el blanco.

Después de 100 minutos de infernal y machacante cañoneo, el Bismarck está parcialmente inhabilitado, pero no pueden hundirlo a causa de su coraza horizontal. Las bajas en el Bismarck se cuentan en cientos, la carnicería es total, los cadáveres se acumulan sobre la cubierta y los que intentan escapar de su interior pasan a engrosar las pilas en cubierta. En el interior hay una relativa seguridad, pero el humo sofoca a los marinos, por lo que unos 200 se dirigen hacia la salida del sector de las grúas. Cuando se apelotonan para subir la escala, un disparo de 356 mm penetra por el borde superior de la cintura del buque y explota en la base de la escala, matándolos en el acto. Los tiros del Bismarck se hacen cada vez más espaciados, pues una de las torres principales tiene sus cañones caídos y a la otra le falta el escudo de contera. El acorazado queda mudo, ya no dispara. Los británicos observan mientras ametrallan las cubiertas con sus antiaéreos, fusilando a todo el que se aventura a salir. El caos reina en el Bismarck, la organización se pierde y las bajas aumentan, por lo que se da la orden de abandonar el buque, se abren las válvulas de fondo y se colocan cargas explosivas. Los británicos detienen su fuego y observan: el Bismarck es una ruina flotante.

El Bismarck se escora lentamente a babor y se hunde gradualmente. La pausa del fuego británico permite escapar a unos 900 marinos sobrevivientes. Finalmente, el Bismarck se sumerge y levanta la proa. Lindemann, que ha sobrevivido al infierno, sube al torrotito y permanece allí mientras se hunde con su buque y más de 1.900 marinos. El HMS Dorsetshire rescata unos 110 marinos del agua, pero se suspende la acción por el aviso del supuesto avistamiento de un submarino alemán en la zona, lo que dejó unos 800 hombres para morir en las heladas aguas del Atlántico Norte.

Hallazgo de los restos del Bismarck

En 1989 el doctor Robert Ballard y su equipo descubrieron la tumba del Bismarck en los abismos, a más de 4.790 metros de profundidad. El pecio está en posición normal, sobre la ladera de una montaña abisal llamada Porcoupine. Está prácticamente de una sola pieza, con su línea de flotación hundida en el limo. No están, sin embargo, las torres artilleras principales de 380 mm, que se desencajaron de la nave cuando ésta zozobró para hundirse. El puente de mando está separado de la nave y en posición invertida sobre la cofa.

Al revisar la superestructura del Bismarck se puede constatar que todas las torres de artillería secundaria tienen impactos fatales. El puente de mando blindado tiene un impacto directo a babor de 406 mm (16") infligido por el HMS Rodney y la chimenea prácticamente no existe. No se encontraron evidencias de torpedos sobre sus costados, pero sí un impacto de 356 mm (14") en el sector de las grúas. Aún es visible la esvástica sobre la proa y popa. Asimismo, al revisar la línea de flotación se encontró que había mamparos antitorpedo vulnerados, pero no así su casco.

Incluso fue posible encontrar dentro del hangar uno de los Arado Flugzeugwerke aun reconocible. En definitiva, para el masivo castigo que recibió el Bismarck, el estado actual del pecio es bastante bueno y no evidencia el infierno que en él se vivió. En 2002 el pecio fue nuevamente estudiado por el cineasta James Cameron, que lo filmó sirviéndose de los batiscafos rusos Mir y ROV (Remotely Operated Vehicle, vehículo operado a distancia), ya usados en la filmación de los restos del Titanic. El resultado de esta exploración quedó plasmado en el documental Una expedición de James Cameron: el Acorazado Bismarck.

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