Alfonso III de Asturias

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Alfonso III, el Magno
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Rey de Asturias
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Reinado 866 - 910
Coronación 866
Nacimiento 848
Oviedo
Fallecimiento 20 de diciembre de 910
Zamora
Entierro Astorg, luego trasladados hasta la Catedral de Oviedo
Predecesor Ordoño I
Cónyuge/s Princesa Navarra Amelina
Padre Ordoño I
Madre Munia (Nuña)

Alfonso III, el Magno. Monarca de Asturias que reinó desde el 866 hasta su muerte en 910.

Biografía

Nacimiento

Nace en Oviedo en el año 848, hijo de Ordoño I y de Munia (Nuña). Es nombrado heredero al trono asturiano por su padre en el año 853, mientras se ocupa principalmente de los territorios gallegos.

Reinado

Fue consagrado rey para regir la tierra de Galicia a los 18 años, el día de Pentecostés, 26 de mayo de 866 por su padre Ordoño I; al morir este y al no encontrarse el Conde de Galicia, Froila Bermúdez se proclama rey, pero es asesinado un año más tarde gracias a la ayuda del conde Rodrigo de Castilla, Alfonso III recuperó la Corona. Aprovechando los graves conflictos internos que convulsionaban al-Andalus orientó los esfuerzos gallegos hacia la reconquista y repoblación de su reino, superando las fronteras occidentales el Miño, alcanzando Oporto en el 868, repoblándose las tierras comprendidas entre el Miño y el Duero. Estableció el río Mondego como frontera occidental, siendo Coimbra, Zamora y Toro las avanzadillas (en lugar de Tuy, Astorga y León).

Familia

Se casa con la princesa navarra Amelina, conocida con el nombre de Jimena, de la estirpe real de los godos, cuyo fruto fueron sus hijos García, Ordoño, Fruela y Gonzalo, arcediano de Oviedo. Su matrimonio con la navarra Jimena hace que Alfonso asocie su política a Pamplona y a los francos, con lo que consigue que la dinastía de Pamplona, hasta entonces íntimamente ligada a los gobernadores musulmanes del Ebro y hostil a la corte de Asturias, cambie sus preferencias, declarándose en contra de sus antiguos aliados y aceptando una estrecha colaboración con Oviedo. En su totalidad sus hijos fueron sediciosos y revoltosos, atormentaron a su padre en la vejez y organizaron varios conflictos contra él, sobre todo en Galicia y en León.

Batallas

Venció las expediciones del emir Muhammad I contra las comarcas gallegas y castellanas, y a los caudillos árabes Almondhir, hijo del emir de Córdoba, Abderramán II, y Alcama quienes cercaron León infructuosamente. Lo mismo sucedió con el asedio de Zamora de 874 del califa de Córdoba, Mohamed Avenloque. Logró formar un poderoso ejército, alcanzando la Lusitania y llegando más allá del Duero.

Segunda parte de su reinado

La política de Alfonso en la segunda parte de su reinado fue la del cese de hostilidades con Córdoba, la intervención en Toledo, la lucha contra los Banu Qasi del valle del Ebro y las relaciones amistosas con Pamplona. En el año 900 el reino de Pamplona, es reconocido por el rey asturiano y se estipula un pacto mutuo en la lucha contra los musulmanes del valle del Ebro. Aún así, tras la vuelta de una peregrinación a Santiago de Compostela, luego de su retiro, le pide permiso a su hijo García para pelear contra los moros en Astorga, resultando vencedor en lo que será su última batalla.

Distribución de su reino

Distribuyó su reino entre sus hijos:

Conspiraciones

Fueron numerosas las conspiraciones contra su reino: Sus hermanos Froilán, Odoario y Bermudo. Doña Jimena, esposa de Alfonso, persuadió a su hijo García que estaba casado con una hija del conde de Castilla, para levantarse en armas contra su padre, lo que hizo que su padre le encerrase en el castillo de Gauzón. Munio Fernández, padre de la esposa de García, señor muy poderoso en riquezas y vasallos, con la ayuda de la reina y de los hermanos del preso, hicieron la guerra durante dos años a don Alfonso.

Crónicas

Durante su reinado, Alfonso III se presentó como sucesor de los reyes visigodos e impulsó la redacción de diversas crónicas oficiales, tales como: · La Crónica de Alfonso III · La Crónica albeldense · La Crónica visigothorum. Además, el monarca asturiano utilizó el título de imperator para afirmar su independencia respecto al Imperio Carolingio y el emirato cordobés, y subrayar su superioridad sobre los restantes reinos cristianos peninsulares.


Obra destacada

El engalanamiento de la Cruz de la Victoria, símbolo de roble enarbolada por Pelayo como pendón en Covadonga y recogida por Favila y guardada en Cangas, dedicada a la Santa Cruz. En el castillo de Gauzón fue cubierta de oro y piedras preciosas, así como con inscripciones latinas en cada brazo. La del brazo superior dice: Recibido sea este don con agrado, en honra de Dios, que hicieron el príncipe Alfonso y su mujer, Jimena. En el brazo derecho: Cualquiera que presumiese quitar estos nuestros dones, perezca por el rayo de Dios. En el izquierdo: Esta obra se acabó y se entregó a San Salvador, de la catedral de Oviedo. En el brazo inferior: Con esta señal es defendido el piadoso; con esta señal se vence al enemigo. Hízose en el castillo de Gauzón el año 42 de nuestro reinado, corriendo la era 946 (Año 908 de J. C.). En la actualidad se conserva esta valiosa e histórica cruz en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo.

Muerte

El Magno se retiró a la villa asturiana de Boides, hoy Puelles, cerca de Valdediós, donde aún existe la famosa basílica de San Salvador, construida por don Alfonso. Finalmente falleció en Zamora el 20 de diciembre del 910, tras 48 años de reinado. Fue sepultado en Astorga y doña Jimena iría después con él, para ser ambos trasladados al Panteón de los Reyes en la catedral de Oviedo donde permanecen. A su muerte, la trilogía se termina con la Crónica de Alfonso III o Crónica de los Reyes Visigodos. Posteriormente, García I traslada a León la corte, al ser un lugar con mayor importancia estratégica, dada la extensión del reino.

Resumen

Alfonso parece haber sido un hombre decidido a mantener el orden y la disciplina a todo precio, que castigó sin contemplaciones las numerosas rebeliones y atentados que amargaron su vida. Pero también tenía un gran amor por la cultura. "La Crónica rotense" es obra suya, aunque la redacción erudita la hizo un clérigo, y la "Crónica de Albelda" fue obra de un presbítero amigo suyo.

Fuentes