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Convento Santo Domingo

Convento de Santo Domingo
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Obra Arquitectónica  |  (Convento e Iglesia)
San-geronimo-3.jpg
Antiguo Convento e Iglesia ya desparecido donde funcionó la primera Universidad de La Habana
Descripción
Tipo:Convento e Iglesia
Localización:La Habana, Bandera de Cuba Cuba
Datos de su construcción
Inauguración:1578

Convento de Santo Domingo. Edificación de carácter religioso que estuvo emplazada en La Habana, en las calles de Mercaderes, entre Obispo y O'Reilly, actualmente Universidad de San Gerónimo.

El primer Convento

En 1515 llegó a Cuba la primera misión de religiosos dominicos, quienes se convirtieron en los primeros maestros de la enseñanza primaria en la Isla. Levantaron su Iglesia y Convento de San Juan de Letrán en 1578, gracias a la real cédula que les concedió un lugar adecuado para la erección de su fábrica, sitio cercano a la Plaza de Armas y a la Real Fuerza, entonces jerarquizado dentro de la trama de la incipiente villa.

La primitiva iglesia, construida en piedra, era uninave, con techo de madera y teja. Luego se le agregaría una bóveda hacia la sección del claustro, y años más tarde otra nave además de la Sacristía. Lejos de suceder como en otros conjuntos religiosos coetáneos, la fisonomía no fue cambiando por reconstrucción total, sino por adiciones y modificaciones paulatinas. Las constantes rectificaciones y adiciones marcarán el proceso evolutivo sufrido por el inmueble hasta alcanzar su plenitud en el siglo XVIII. Indicador distintivo del edifico, en principio la torre, una de las más elevadas de la ciudad, no debió de ser tan elevada, y se levantó adosada a la antigua nave lateral; se hallaba en la orientación norte del edificio y sobre la puerta principal, la cual no era tan usada por los fieles para entrar y salir de la iglesia como la entrada lateral con frente a una plazuela que, a pesar de su pobreza arquitectónica, proveía el tránsito más cómodo y frecuente.

Fachada del Convento
Esta antigua fachada tenía dos puertas de medio punto de diferente tamaño; una daba acceso a la iglesia y la otra al convento, junto a dos vanos cuadrados y lisos a manera de cierre y a diferente altura uno del otro, el mayor de los cuales se destacaba por el sencillo guardapolvos que lo coronaba. Encima de una de las puertas, la más cercana a la calle Mercaderes, se colocó una estatua de San Juan de Letrán esculpida en piedra.

Adiciones del siglo XVIII

La prístina fachada principal que daba a la calle O’Reilly dejó de ejercer su protagonismo cuando en 1777 el arquitecto Ignacio José Balboa, alarife por mucho tiempo del ayuntamiento capitalino, construyó una fachada afiliada a los códigos barrocos por el lateral de la calle Mercaderes. Esta contenía un nicho sobre la puerta que albergaba la imagen de Santo Domingo de Guzmán, patrono de la Orden de Predicadores, y sendas figuras de Santo Tomás de Aquino y San Pedro Mártir, colocadas sobre las columnas que custodiaban la entrada. Un arco de medio punto fue la solución de la nueva fachada, el cual, insertado en una jamba rectangular que marcaba el paso al templo, y rematado por frontones cortados, formaba una singular composición. Tanto el puntal de esta entrada como las esculturas eran de proporciones apaisadas, y junto al tejaroz sobreviviente constituían los elementos arcaizantes más significativos; el resto de la fachada se caracterizaba por una limpieza y sobriedad bien armonizada, en la que solo alternaban vanos pareados. Otra de las importantes incorporaciones realizadas en la segunda mitad del siglo XVIII, fue un orden de capillas en forma de bóveda, inmediatas al primer claustro, una de las cuales sea cúpula con linterna y se dedica a Nuestra Señora del Rosario. El exterior de esta cúpula se recubrió con cerámica de tono verde azuloso, algo que llama considerablemente la atención, por no ser una particularidad de las iglesias cubanas, y sí de las de otras regiones del continente, como México.

El convento tenía tres claustros, el primero con columnas y arcos de piedra –posiblemente reconstruido, y los otros dos de madera con espacios para aulas escolares y oficinas de los religiosos. Sus muros se hicieron de cantería y la planta era comparable a la de San Francisco, al contar con una nave central y un solo orden de capillas abovedadas. La cubierta era de madera dura, espléndidamente tallada, de par de nudillo con tirantes pareados.

La Universidad

En 1721, contando con el apoyo de los poderosos Condes de Casa Bayona, lograron los dominicos la aprobación pontificia a la solicitud de fundar universidad en su Convento de San Juan de Letrán, mediante la bula emitida por Su Santidad el Papa Inocencio XIII. La aceptación por placet regio de Felipe V de Borbón, a través del Consejo de Indias el siguiente año, y la posterior confirmación por real cédula de 1728, permitieron que el 5 de enero de ese año naciera en el renovado convento la Real y Pontificia Universidad de San Gerónimo de La Habana, con los mismos privilegios, honores y gracias que gozaba la del convento de la orden en La Española, y contando con las cátedras de Cánones, Leyes, Medicina, Matemáticas, Gramática, Teología y Filosofía. Por ley del gobierno metropolitano, en 1841 los religiosos dominicos fueron privados de la posesión de sus bienes y de continuar tutorando la enseñanza universitaria. Esto significó el cese de todas las acciones de la orden en Cuba. Los monjes serían trasladados al Vedado, pero no llegaron a ocupar el templo destinado a ellos, sino que posteriormente construirían en esa misma zona la nueva iglesia y convento de San Juan de Letrán. Su noble y veterana casa pasó a manos del Estado, y la Real y Pontificia Universidad se denominó Real y Literaria, cuando el gobierno español asumió la administración y dirección del centro de enseñanza.

En 1845 la fachada del convento por la calle Obispo fue desprovista de parte de su abundante decoración, en aras de ampliar la calle y erradicar problemas de circulación. Durante los años siguientes, en locales del recinto conventual y junto a la universidad, se instaló el depósito del Real Cuerpo de Ingenieros; en 1863 radicó también allí, coherentemente, el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana. En 1876 ocupó una de sus celdas, por la calle San Ignacio, el Monte de Piedad, e incluso la Primera Estación de Policía encontró albergue en sus salas. Para 1887 fue señalada la loma de la Pirotecnia Militar para acoger, con mejores condiciones y mayor espacio, la Universidad de La Habana, pero las obras no se iniciaron hasta 1901 y el traslado se hizo efectivo en la primavera de 1902.

La República

El vetusto convento de Santo Domingo fue vendido en pública subasta a los empresarios de Zaldo y Compañía en 1916 para levantar en el lugar un edificio comercial; la destrucción del antiguo inmueble comenzó de inmediato. Pero como el proyecto no fraguó, la edificación a medio demoler se convirtió en un muladar hasta que en la década del 50 el Banco Nacional de Cuba negoció el terreno para instalar allí sus oficinas. Tampoco esta vez se ejecutó lo proyectado, y continuó la devastación a pesar de las enconadas protestas de diferentes sectores habaneros. “La piqueta demoledora” –como se le llamaba– arrasó aquellos restos cuando la compañía Terminal de Helicópteros S.A. decidió construir, en la fustigada manzana, un moderno edificio para oficinas con terminal de helicópteros en su azotea: la dinamita hizo volar los centenarios muros y una visión de tierra asolada fue la imagen que se ofreció a los habaneros en 1957, para luego comenzar la novedosa construcción. En la Real y Pontificia Universidad de La Habana estudiaron prominentes forjadores del pensamiento, la ciencia y la cultura cubanas, como Félix Varela, Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, Ignacio Agramonte, Francisco de Arango y Parreño, Tomás Romay, José Agustín Caballero, Antonio Bachiller y Morales, José María Heredia, Rafael María de Mendive, José Antonio Saco y Cirilo Villaverde. Cuando el inmueble acogió al Instituto de Segunda Enseñanza, a sus aulas acudió José Martí, apóstol de la independencia patria. Con su demolición se perdía una valiosa prenda de nuestra arquitectura colonial.

Fuentes