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El silencio de los fusiles (Película)

El silencio de los fusiles
Información sobre la plantilla
Documental | Cuba Bandera de Cuba Cuba
El silencio de los fusiles.jpg
Cine dramático
Guión Natalia Orozco
PaisCuba Bandera de Cuba Cuba

Sinopsis

Dos enemigos irreconciliables se sientan en una mesa para dialogar. El proceso de paz de Colombia explicado con un acceso inédito a los protagonistas de las negociaciones y un material de archivo excepcional. Cuatro años de tensas reuniones que culminan con un acuerdo histórico tras décadas de violencia.

Ficha Técnica

  • Título original: El silencio de los fusiles
  • Año: 2017
  • Duración: 120 minutos
  • País: Cuba
  • Director: Natalia Orozco
  • Guión: Natalia Orozco
  • Género: Documental
  • Sinopsis:

Después de medio siglo de lucha armada, ocho millones de víctimas y tres procesos de paz fallidos, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (LAS FARC), la guerrilla más antigua del mundo, entabla un diálogo con el Estado Colombiano. Frente a la incredulidad de amplios sectores de la opinión pública los comandantes guerrilleros prometen acallar las armas y emprender una transición a la vida política. En esta recta final, algunos de los 8000 hombres, mujeres y niños que empuñando las armas, han sobrevivido en las selvas, enfrentan con incertidumbre el fin de una batalla. No fueron ni vencedores, ni vencidos. Los diálogos dividen millones de colombianos hastiados de la manipulación de las élites políticas y los métodos violentos usados por el grupo insurgente. Este es un relato íntimo sobre el fin de la guerra con las FARC y el inicio de un combate histórico: el combate por la paz.

Detalles

Después de medio siglo de lucha armada, ocho millones de víctimas y tres procesos de paz fallidos, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (LAS FARC), la guerrilla más antigua del mundo, entabla un diálogo con el Estado Colombiano. Frente a la incredulidad de amplios sectores de la opinión pública los comandantes guerrilleros prometen acallar las armas y emprender una transición a la vida política. En esta recta final, algunos de los 8000 hombres, mujeres y niños que empuñando las armas, han sobrevivido en las selvas, enfrentan con incertidumbre el fin de una batalla. No fueron ni vencedores, ni vencidos. Los diálogos dividen millones de colombianos hastiados de la manipulación de las élites políticas y los métodos violentos usados por el grupo insurgente. Este es un relato íntimo sobre el fin de la guerra con las FARC y el inicio de un combate histórico: el combate por la paz. Dos obras descuellan en la reciente producción sobre la guerra en Colombia: Basta ya, texto de consulta obligada del Grupo de Memoria Histórica; y El silencio de los fusiles, documental de Natalia Orozco que debuta esta semana en salas de Cine Colombia. De género y alcance distintos, se complementan, no obstante, para brindar una panorámica completa del conflicto armado y su final. Con sensibilidad de artista, trayectoria de periodista y la audacia que el desafío demandaba, la documentalista puso el dedo en el acontecimiento que partió en dos la historia del país en un siglo: la negociación de La Habana y su desenlace en el fin de la guerra. Tras cuatro años de rodaje, venciendo mil obstáculos, entrega Orozco el primer registro documental del proceso de paz, cocinado desde su entraña misma. La autora se cuela por las entretelas del proceso y consigue que sus entrevistados (en particular los comandantes de las Farc) terminen por hablar desde la intimidad de sus ambivalencias, incertidumbres y esperanzas. Lejos del maniqueísmo que informa las versiones interesadas de buenos y malos, de héroes y villanos, se desnuda aquí el torbellino todo de impulsos y razones que movieron a la guerra y a la paz. Gracias a la abundancia de material fílmico al servicio de una pregunta definida (¿qué existe al otro lado de la guerra?); gracias a la impertinencia de la entrevistadora que, sin ocultar su aversión a la guerra, hace preguntas políticamente incorrectas, registra el espectador una evolución inesperada en los comandantes de la guerrilla. Va la mutación desde el relato heroico inicial con el que pretendió Iván Márquez encubrir las vilezas que se habían tomado el levantamiento armado, hasta el reconocimiento de sus víctimas, el desarme de su ejército y el sometimiento a las reglas de la democracia. Tal transformación, por sí sola, humanizaba a las Farc. Por más que la directora se esforzara en extirpar toda traza de arte o poesía infiltrada en la imagen de “responsables de algo tan poco estético como la guerra”. Mas no les concedió el privilegio de la fatalidad, del destino inexorable que justifica la irresponsabilidad de los héroes . Y la paradoja: por más que se pronunciara ella contra la objetividad forzada (que redunda en artificio), por más que obedeciera a su propio corazón y a sus ideas, a fuerza de rigor resultó su documental modelo de ponderación y equilibrio. Aleccionador pronunciamiento el de los protagonistas del diálogo de paz en la obra de Orozco. Pero en ella se echan de menos más voces de víctimas, pues el testimonio descarnado del sufrimiento y el horror padecidos es memoria de los dolientes, nervio de la verdad histórica. Porque ellos cuentan qué pasó y por qué pasó, son sustancia de la conflagración que La Habana sofocó. Dirán los que saben que es cuestión de énfasis, de preservar el foco principal del documental. Y que obras como Basta ya han convertido el testimonio de las víctimas en materia de dominio público. Sea. Proliferan en sus páginas relatos como el de las mujeres de El Tigre, Putumayo, que sacan del río los cuerpos de sus hijos, de sus maridos, recién “abiertos”, para coserlos y darles dignidad. El de una sobreviviente en Trujillo, Valle, que ve sentarse al padre de los hermanos Vargas (dos ebanistas torturados y desaparecidos en 1990) en una banca del parque, día tras día, al sol y al agua, la mirada perdida en el vacío, esperando a que aparezcan “mis muchachos”. Cuerpo público del dolor, murió de tristeza. Estado y guerrilla, los actores de la guerra representados en La Habana, tendrán que ser fieles al testimonio rendido en El silencio de los fusiles.

Fuentes