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Romano Guardini

Este artículo trata sobre Romano Guardini: Sacerdote católico y teólogo italiano. Para otros usos de este término, véase Romanos (desambiguación).
Romano Guardini
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Romano Guardini1.jpg
NombreRomano Guardini
Nacimiento1885
Verona, Bandera de Italia Italia
Fallecimiento1 de octubre de 1968
Múnich, Bandera de Alemania Alemania
NacionalidadItaliana
Ocupación. Autor, académico, sacerdote católico y teólogo

Romano Guardini (Verona Italia de 1885 - Múnich 1 de octubre de 1968) fue un autor, académico, sacerdote católico y teólogo italiano. Hijo de padres italianos, vivió la mayor parte de su vida en Alemania, donde su padre ejerció roles en la diplomacia.

Síntesis Biográfica

Se ordenó sacerdote de la Iglesia Católica y fue uno de los líderes de los movimientos espirituales e intelectuales que desencadenaron después las reformas aprobadas por el Concilio Vaticano II. Se le admira por sus dotes en teología, vida espiritual, filosofía, pedagogía y arte. Entre sus discípulos se cuenta a varios "grandes" que marcaron el pensamiento teológico posterior.En febrero de 1916, Romano Guardini este nombramiento de coadjutor en la parroquia de San Emmeran.Nacido en [[]Verona]] (Italia), el año 1885, Guardini realizó sus estudios primarios, secundarios y superiores en centros académicos de Maguncia, Tubinga, Múnich y Berlín (Alemania). Para poder desarrollar su actividad profesional en Alemania, tuvo que adquirir la nacionalidad de este país, a pesar de su profunda vinculación a la cultura italiana de su familia. Esta tensión pudo superarla merced a la admiración que sentía por la más alta cultura “europea”.

Vida y Obra

Por influencia del pensamiento kantiano, en el verano de 1905 el joven Guardini se sintió un tanto alejado de la fe cristiana, pero pronto vivió una experiencia de iluminación interior al meditar hondamente la frase evangélica: «Quien quiera salvar su alma la perderá, quien la dé la salvará. Esta densa e inquietante frase fue para él, en ese momento, la verdadera llave de acceso a la fe, sin duda por adivinar que en ella alienta una fuerza y una riqueza insospechadas. Ya por entonces mostraba una especial sensibilidad para captar la energía interior que generan ciertos conceptos contrastados. De ahí la lucidez con que asumió la sugerencia hecha por su amigo Karl Neundörfer de que “la mayor posibilidad de verdad está precisamente donde se halla la mayor posibilidad de amor”. Tal convicción lo llevó a adentrarse con espíritu de sencillez espiritual en el ámbito de la Iglesia, en el que se halla el camino para obtener el amor.

Una vez ordenado sacerdote (1910), Guardini intuye que su misión consiste en configurar un nuevo método de evangelización. Comienza a ensayarlo en su actividad como director de la asociación universitaria “Juventus” (Maguncia, 1915-1920) y en sus primeros escritos. El contacto con las abadías benedictinas de Beuron y María Laach (Alemania) le inspira, en 1918, el brillante ensayo El espíritu de la Liturgia, que lo consagra como un escritor católico agudo y preciso. Pero, al año siguiente, publica el Via crucis , y pierde el favor de ciertos liturgistas, a quienes desagrada que ponga casi en pie de igualdad la oración litúrgica y las devociones populares. Guardini entrevió, desde joven, que las diversas formas de oración se complementan, pues disponen el espíritu, desde perspectivas distintas, para “ir a Dios con toda el alma”.

A fin de dar razón profunda de estas primeras intuiciones, no cejó en su búsqueda del método formativo ideal, que exige una gran destreza para superar ciertas aparentes paradojas: la vinculación de libertad y normas, individuo y comunidad, cuerpo y espíritu, ganar al dar… Tal método creyó hallarlo en el estilo pedagógico de B. Strehler, director del Movimiento de Juventud, centrado en torno al castillo de Rothenfels, junto al río Main. Asistió allí a un encuentro de jóvenes, en 1920, y se entusiasmó al ver aplicada la orientación pedagógica con que soñaba: se alternaba la conversación y el silencio, se buscaba la verdad, convivían chicos y chicas de manera franca y limpia, se cultivaban el canto y el baile, las marchas por el campo y los oficios litúrgicos. Todo Guardini, con sus mejores energías y potencialidades, quedó polarizado en torno a este movimiento juvenil (1924).

Conferencias, ejercicios espirituales, homilías y publicaciones diversas se sucedieron rápidamente con el fin de comunicar a una juventud deseosa de una vida espiritual cualificada lo que es la vida de la fe, el sentido profundo de los signos sagrados, la riqueza inagotable de la Eucaristía, la vida ética inspirada en la palabra revelada… Bien seguro de estar configurando un hombre nuevo, Guardini trabajó intensamente en esta actividad, hasta que las autoridades nacionalsocialistas imposibilitaron los encuentros mediante la confiscación del castillo (1939). Su vida académica comenzó con la habilitación en Teología Dogmática en la universidad de Bonn (1922) y su nombramiento como profesor en la Facultad de Teología Católica de dicha universidad. El éxito obtenido en la serie de conferencias pronunciadas en un Congreso de universitarios católicos de Bonn sobre “El sentido de la Iglesia” [SK] le abrió, en 1923, las puertas de la universidad de Berlín, que creó para él una cátedra sobre “Filosofía de la religión y concepción católica del mundo”. Por consejo de su buen amigo Max Scheler, Guardini orientó las lecciones hacia el análisis de la visión del mundo (en alemán: “Weltanschauung”) de grandes figuras del pensamiento y la literatura: Platón, San Agustín, Dante y Pascal; Dostoievski, Rilke, Mörike y Hölderlin… A pesar de la apariencia que daba a sus discípulos de triunfador, Guardini vivió abrumado por el temor a no ser considerado como un catedrático auténtico, pues su estilo de pensar y de expresarse no se ajustaba al método denominado entonces “científico”, altamente especializado en temas muy concretos. No se apartó, sin embargo, un ápice de su propio camino, dirigido a descubrir cómo se interpreta la vida humana y los distintos fenómenos culturales desde la fe católica. Aunque sus actuaciones se vieron siempre muy concurridas, Guardini no logró nunca sentirse seguro en su manera de proceder. Su Diario da testimonio constante del sufrimiento que le producía esta inseguridad y de la tenacidad con que se mantuvo fiel a su convicción de que su estilo de pensar y expresarse respondía a su vocación y su misión. De ahí su satisfacción cuando Pío XII lo recibió en Castelgaldolfo para manifestarle el reconocimiento de la Iglesia, y cuando, ya en su edad madura, se vio reconocido por destacadas universidades e instituciones. Entre otras distinciones, en 1963 recibió en Bruselas el “Premio Erasmo al mejor humanista europeo”, y en tal evento pronunció la conferencia Europa, realidad y tarea [ER].

Con la perspectiva que da la distancia, advertimos hoy que Guardini, al prescindir de todo aparato crítico en su lectura de grandes autores y dejarse llevar de su instinto de lo valioso, abrió una vía regia para convertir las obras de la gran tradición occidental en una fuente inagotable de elevación del espíritu. Una vez obligado, en 1939, a suspender su actividad como docente y como director del Movimiento de Juventud, Guardini desarrolló una intensa labor apostólica en diversas iglesias de Berlín. Las predicaciones ante un público atento le reportaron una profunda satisfacción y le inspiraron varios de sus libros más logrados: El Señor, Jesucristo, Los novísimos… Pero una vez más llegó el momento adusto de la renuncia. En 1943 se vio forzado por el horror de la guerra, que dañaba gravemente su salud, a abandonar la querida Berlín y refugiarse en la casa de un viejo amigo, Joseph Weiger, párroco de una aldea suabia. En la devastación de la posguerra, reanudó su vida universitaria en Tubinga (1945-1948) y en Múnich (1948-1962). En 1948, recobró el castillo de Rothenfels, pero ya no se vio con fuerzas para retomar la dirección del Movimiento de Juventud. Esta vida intensa la llevó Guardini con una salud precaria. A menudo, tras un período de trabajo intenso, se hallaba agotado y debía concederse un descanso. Durante los primeros días, se sentía aliviado y respiraba a pulmón lleno a través del campo. Pero pronto su espíritu le impelía a reanudar los trabajos pendientes . Su hondo equilibrio espiritual lo mostró definitivamente el maestro en el atardecer del 30 de septiembre de 1968. Presintió su muerte, se recogió en su habitación y durante una hora larga recitó diversas oraciones, sobre todo la invocación de su admirado San Agustín: «Nos has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que repose en Ti». Poco después entró en coma y falleció. Su esquela expresó con certera precisión lo que había sido su vida y su muerte: “Romano Guardini, servidor del Señor”.

Biografía

(Verona, 1885-Munich, 1968) Teólogo católico alemán. Estudiante de química y de economía en Tubinga y en Berlín, cursó los estudios eclesiásticos y fue ordenado sacerdote. Fue profesor de dogmática en Bonn (1922), de filosofía católica en Berlín (1923) y maestro en el arte de la interpretación; ejerció una considerable influencia en la juventud católica alemana después de la I Guerra Mundial. Su cátedra fue suprimida en 1939 por el régimen nacionalsocialista. En 1945 fue invitado a enseñar en la Universidad de Tubinga y, a partir de 1948, en la de Munich, donde exponía su propio pensamiento acerca de una cosmovisión católica del mundo. Para sustituirle, tras su jubilación, se llamó a Karl Rahner. En 1952 obtuvo el premio de la paz de los libreros alemanes. De inspiración agustiniana, su teología, que explora amplios espacios de la cultura, es más una evocación de la vida de fe que una sistematización dogmática. Entre sus muchas obras, cabe recordar El espíritu de la liturgia (1917), Cartas de autoformación (1922), El universo religioso de Dostoievski (1933), La muerte de Sócrates (1934), Pascal (1934), La esencia del cristianismo (1939), Libertad, gracia y destino (1948), La aceptación de sí mismo (1950) y El Señor (1954).

Fuentes

Disponible en: Biografía y Vidas.Consultado el 12 de diciembre del 2011.