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Volcanes

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Volcanes
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Volcán. Punto de la superficie terrestre que puede encontrarse en los continentes o en el fondo de los océanos por donde son expulsados al exterior el magma, los gases y los líquidos del interior de la tierra a elevadas temperaturas.

Volcán. Manifestación espectacular de la actividad geológica de la Tierra. Los volcanes pueden ser de diferentes tipos, según la manera en que sale la lava, y se encuentran distribuidos por regiones concretas del planeta mientras que, en otras, no hay.

Características

En muchos lenguajes, la palabra volcán significa literalmente montaña que humea. En castellano Volcán proviene del latín Vulcano, referido al Dios del Fuego de la Mitología romana, que a su vez deriva del Dios Hefesto de la Mitología griega. De una manera algo más formal se puede decir que un volcán es aquel lugar donde la roca fundida o fragmentada por el calor y gases calientes emergen a través de una abertura desde las partes internas de la tierra a la superficie. La palabra volcán también se aplica a la estructura en forma de loma o montaña que se forma alrededor de la abertura mencionada por la acumulación de los materiales emitidos. Generalmente los volcanes tienen en su cumbre, o en sus costados, grandes cavidades de forma aproximadamente circular denominados cráteres, generadas por erupciones anteriores, en cuyas bases puede, en ocasiones, apreciarse la abertura de la chimenea volcánica.

Los materiales rocosos que emite un volcán pueden ser fragmentos de las rocas viejas que conforman la corteza o la estructura del volcán, o bien rocas nuevas o recién formadas en la profundidad. Las rocas nuevas pueden ser arrojadas por el volcán en estado sólido o fundidas. Magma es la roca fundida que se encuentra en la parte interna del Volcán, que cuando alcanza la superficie, pierde parte de los gases que lleva en solución. Lava es el Magma o material rocoso nuevo, líquido o sólido, que ha sido arrojado a la superficie.

Comúnmente, las lavas recién emitidas se encuentran en el rango de temperaturas entre 700 °C y 1200 °C, dependiendo de su composición química. Todas las rocas que se han formado a partir del enfriamiento de un magma se llaman rocas ígneas. Cuando el enfriamiento tuvo lugar en el interior de la tierra, y las rocas fundidas no llegaron a emerger a la superficie, se llaman rocas ígneas intrusivas. Cuando la roca se ha formado ha partir del enfriamiento de lava en la superficie, se denomina roca ígnea extrusiva. A todas las rocas que han sido producidas por algún tipo de actividad volcánica, sean intrusivas o extrusivas, se les llaman rocas volcánicas. Pero no todas las rocas ígneas son volcánicas.

Existen grandes masas de rocas ígneas intrusivas, denominada plutónicas, que se han enfriado a gran profundidad, sin estar asociadas a ningún tipo de actividad volcánica. Algunas de las rocas plutónicas más comunes son, ciertos tipos de granito.
La emisión de material rocoso y gases a alta temperatura es lo que se denomina una erupción volcánica. Cuando ésta es el resultado directo de la acción del magma o de gas magmático, se tiene una erupción magmática. Las erupciones pueden resultar también como efecto del calentamiento de cuerpos de agua por magma o gases magmáticos. Cuando el cuerpo de agua es un acuífero subterráneo, la erupción generada por el sobrecalentamiento de este por efectos magmáticos, se denomina erupción freática. Este tipo de erupciones generalmente destruye fragmentos de roca sólida vieja, producidos por las explosiones de vapor. En algunos casos, este tipo de erupciones pueden emitir también productos magmáticos mezclados con los de la erupción de vapor. Si este es el caso, la erupción se denomina freatomagmática.

Es común que, después de una gran erupción magmática o freatomagmática, una formación de lava muy viscosa empiece a crecer en el fondo del cráter por la chimenea volcánica, formando una estructura en una forma de cúpula a la que se llama domo, que puede crecer hasta cubrir por completo al cráter.

Los materiales rocosos fragmentados emitidos por una erupción, lanzados en forma sólida o líquida, se denominan piroclastos. Qué tan fina sea la fragmentación de los piroclastos dependen de la intensidad de la erupción explosiva. Estos, al depositarse en el suelo, pueden cementarse por varios procesos, tales como solidificación, por enfriamiento si venían fundidos, o por efecto del agua, etc. Los piroclastos cementados forman las rocas piroclásticas.

Una forma genérica de referirse a los productos piroclásticos, cualesquiera que sea su forma, es tefra. A los fragmentos de tefra de menor tamaño, menores de 2mm, se les llama ceniza, y a los mayores lapilli. El magma, antes de emerger en una erupción, se acumula bajo el volcán a profundidades de unos cuantos kilómetros en una cámara magmática.
Las erupciones explosivas pueden producir densas columnas de tefra que ocasionalmente penetran la estratosfera y alcanzan alturas superiores a los 20 km; éstas son las columnas eruptivas.

Durante una erupción explosiva, el magma al alcanzar la superficie, produce grandes cantidades de gas, que traía en solución y libera enormes cantidades de energía por diversos procesos. Esta diversidad de mecanismos presentes en la erupción, hace difícil medir su tamaño. Así, en contraste con la sismología, en la que se mide el tamaño de un temblor en función de la energía elástica que libera en forma de Ondas sísmicas; en vulcanología la medida del tamaño de una erupción es un problema que no está del todo resuelto.

Walter, 1980, sugirió que se necesitan cinco parámetros para caracterizar adecuadamente la naturaleza y tamaño de una erupción explosiva: Magnitud de masa, es la masa total del material eruptado. Intensidad, es la razón a la que el magma es expulsado, masa/tiempo. Poder dispersivo, es el área sobre el cual se distribuyen los productos volcánicos y está relacionada con la altura de la columna eruptiva. Violencia, es una medida de la energía cinética liberada durante las explosiones, relacionada con el alcance de los fragmentos lanzados, Potencial destructivo, es una medida de la extensión de la destrucción de edificaciones, tierras cultivables y vegetación, producida por una erupción.

En 1955 Tsuya definió una escala de magnitudes basadas en el volumen de los distintos tipos de materiales eruptados. En 1957 Yokoyama y en 1963 Hédervari, propusieron extender las escalas de volumen a una escala de Magnitud de energía, basada en la relación de proporcionalidad directa entre la masa del material emitido, su volumen y la energía liberada. Recientemente, De la Cruz Reyna, 1990, definió una escala de magnitudes basada en la relación entre el tamaño de las erupciones y su razón global de ocurrencia. Una medida del tamaño de las erupciones que combina algunos de los parámetros anteriores, dependiente de la disponibilidad de información, es el índice de explosividad volcánica.

Erupciones volcánicas

Un volcán es una fisura de la corteza terrestre sobre la cual se acumula un cono de materia fundida y sólida que es lanzada a
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través de la chimenea desde el interior de la Tierra. En la cima de este cono hay una formación cóncava llamada cráter. Cuando se produce actividad en un volcán se dice que está en erupción.

Los volcanes son por lo general estructuras compuestas de material fragmentado y corrientes de lava. A través de la chimenea sale la lava que escurre por las laderas del cono, que se va formando por sucesivas capas solidificadas, todas inclinadas hacia el exterior de la chimenea.

El material rocoso expulsado se encuentras entre 4 a 200 kilómetros de profundidad, donde pueden alcanzar temperaturas superiores a los 1000°C. Habitualmente la lava recién emitida bordea temperaturas entre 700 °C y 1200 °C, dependiendo de su composición química.

Las rocas que se forman a partir del enfriamiento del magma se llaman rocas ígneas. Si el enfriamiento tuvo lugar en el interior de la tierra, y las rocas fundidas no llegaron a emerger a la superficie, se llaman rocas ígneas intrusivas. Cuando la roca se ha formado a partir del enfriamiento de lava en la superficie, se denomina roca ígnea extrusiva. También existen rocas ígneas enfriadas a gran profundidad que se llamas plutónicas.

Magma y lava

El magma, masa espesa y viscosa, es la roca fundida que se encuentra en la parte interna del volcán sometida a grandes presiones, y está constituido por gases que se encuentran disueltos, pero en el momento de llegar a la superficie, la presión disminuye, lo que provoca su liberación explosiva y espontánea. El material fundido que se arroja fuera del volcán contiene menos gases y, para diferenciarlo del magma, se le llama lava.

La lava en una erupción está cargada de vapor y de gases como el dióxido de carbono, el hidrógeno, el monóxido de carbono y el dióxido de azufre. Estos gases al salir violentamente ascienden a la atmósfera formando una nube turbia que descarga, a veces, copiosas lluvias.

Los fragmentos de lava se clasifican en bombas, brasas y cenizas, que son arrojadas fuera del volcán y dispersadas por todas partes. Algunas partículas, grandes, vuelven a caer dentro del cráter. La velocidad de la lava depende en gran parte de la pendiente de la ladera del volcán.

Muchos volcanes nacen en el fondo marino, como lo hicieron los famosos Etna y Vesubio, las islas de Hawai y otras muchas islas volcánicas del Océano Pacífico.

Enormes cuencas, muy parecidas a los cráteres, reciben el nombre de calderas y están ubicadas en la cumbre de volcanes extintos o inactivos y son ocupadas por profundos lagos. Algunas calderas se formaron después de explosiones cataclísmicas que destruyeron completamente el volcán, o cuando, después de sucesivas erupciones, el cono vacío no soporta el peso de las paredes y se hunde.

Tipos de volcanes

Por su morfología, los volcanes se pueden clasificar en:
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Conos de Ceniza

Estos conos se forman por el apilamiento de escorias o ceniza durante las erupciones basálticas, en las que predominan los materiales calientes solidificados en el aire, y que caen en las proximidades del centro de emisión. Las paredes de un cono no pueden tener en este caso pendientes muy altas, por lo que generalmente tienen ángulos comprendidos entre 300 y 400. Son de forma cónica, base circular, y no pocas veces exceden los 300m de altura. Como ejemplo se puede mencionar al Volcán Xitle, ubicado en la falda Norte del Ajusco.

Volcanes en escudo

Son aquellos cuyo diámetro es mucho mayor que su altura. Se forman por la acumulación sucesiva de corrientes de lava muy fluidas, por lo que son de poca altura y pendiente ligera. Su topografía es suave y su cima forma una planicie ligeramente incorporadas. Como ejemplo de este tipo de volcanes están los volcanes hawaianos y los de las Islas Galápagos. Ocasionalmente se observan volcanes de escudo con un cono de ceniza o escoria en su cúspide, como es el caso del volcán Teutli en Milpa Alta.

Volcanes estratificados

Son los formados por capaz de material fragmentario y corrientes de lava intercaladas, lo que indica que surgieron en épocas de actividad explosiva, seguidas por otras donde se arrojaron corrientes de lava fluida. Como ejemplo de estos están los volcanes; Popocatépetl, Fuego de Colima.

Clasificación de calimidades de origen volcánico

Flujos de lava

Son lenguas coladas de lava que pueden ser emitidas desde un cráter superior, algún cráter secundario, desde una fisura en el suelo o sobre los flancos de un volcán impulsados por la gravedad; estos flujos se distribuyen sobre la superficie, según la topografía del terreno. En términos generales se producen en erupciones de explosividad baja o intermedia y el riesgo asociado a esa manifestación está directamente ligado a la temperatura y composición de lava, a las pendientes del terreno y a la distribución de población.

Las distintas temperaturas y composiciones de la lava pueden originar diversos tipos de flujos. Las palabras hawaianas aa y pahoehoe denotan dos de los flujos de lava más comúnmente observados alrededor de numerosos volcanes basálticos o andesítico basálticos de todo el mundo. Estos flujos se caracterizan principalmente por las texturas de sus superficies.
El pahoehoe tiene una corteza de textura relativamente suave, que se dobla y tuerce en forma similar a como lo hace una tela gruesa o una serie de cuerdas trenzadas. Durante su desarrollo, la superficie del flujo de lava se enfría y alcanza un estado semi-sólido, permitiendo la formación de una corteza plástica y que en su interior siga fluyendo la lava líquida, formando en ocasiones largos tubos, o túneles de lava.

La variedad a, en constraste, se caracteriza por una superficie extremadamente áspera y cortante, y por un avance irregular de los gruesos flujos de ese tipo, producido por acumulaciones y desmoronamientos sucesivos del frente.
Otro tipo de flujo de lava muy común en volcanes con productos más ácidos y más viscosos, es la lava de bloques. Estos bloques de lava, con su interior incandescentes, descienden por la pendiente de un volcán en forma de pequeñas avalanchas, que ruedan cuesta abajo formado lenguas de lava similares a las de un flujo líquido.

La velocidad de avances y los alcances de los flujos de lava son muy variados. Los reportes más comunes sitúan las velocidades observadas con mayor frecuencia en el rango de 5 a 1000 m/horas, pero excepcionalmente se han observado flujos de erupciones islandianas o hawaianas que alcanzan 30 km/horas, Nyragongo, Zaire; y hasta 64 km/horas, Mauna Loa, Hawai. Los alcances máximos reportados son de 11 km para lava de bloques y 45 km para lavas de tipo hawaiano. En contraste, los flujos de lava de bloques y otros tipos de flujos de lavas más viscosas, avanzan por lo general en forma muy lenta, a razón de unos cuantos metros por día y su alcance está muy limitado por las pendientes del terreno.

La pérdida de construcciones puede también ejemplificarse con la erupción del Paricutín. En los primeros días de 1944, un flujo de lava que tardó tres días en desplazarse desde el volcán, alcanzó al pueblo de Paricutín, a una velocidad de unos 30 m/horas, cubriéndolo por completo. En mayo de 1944, San Juan Parangaricutiro es también alcanzado por otro flujo similar, moviéndose a 25 m/horas, destruyéndolo casi en su totalidad.

El efecto destructivo proviene principalmente del peso de la lava que, con una densidad típica en el rango de 2.7 a 2.9 g/cm3, aplasta las edificaciones de menor altura. Sin embargo, un edificio de altura suficiente que exceda el espesor del flujo de lava, podría en principio resistir el avance de éste. Tal fue el caso de la Iglesia de San Juan Parangaricutiro, cuyas partes más altas están relativamente poco dañadas, aunque rodeadas por el flujo de lava. Estos efectos destructivos pueden atribuirse con mayor frecuencia a lavas del tipo aa o pahoehoe, que por su relativa menor viscosidad puede viajar sobre terrenos con menor pendiente.

Los flujos de lavas más viscosas, que generalmente se presentan como coladas de lava de bloques, aunque también pueden llegar a desplazarse como flujos continuos y avanzar sobre terrenos con pendientes fuertes. Estos se detienen cuando la pendiente del terreno es menor que aproximadamente el 15%. Sin embargo, los flujos de lava de bloques pueden fragmentarse y generar derrumbes o avalanchas de rocas incandescentes que al deshacerse pueden liberar cantidades considerables de su polvo piroclástico, como fue el caso de la actividad del Volcán de Fuego de Colima en abril 16 y 18 de 1991.

Flujos Piroclásticos

El término flujo piroclástico se refiere en forma genérica a todo tipo de flujos compuestos por fragmentos incandescentes. Una mezcla de partículas sólidas o fundidas y gases a alta temperatura que pueden comportarse como líquido de gran movilidad y poder destructivo. A ciertos tipos de flujos piroclásticos se les denomina nubes ardientes. Estos flujos, comúnmente se clasifican por la naturaleza de su origen y las características de los depósitos que se forman cuando el material volcánico flotante en los gases calientes se precipita al suelo. El aspecto de los flujos piroclásticos activos, flujos activo es aquél que se produce durante una erupción, y flujo, sin calificativo, sólo se refiere al depósito, es por demás impresionante.

El poder destructivo de los flujos piroclásticos dependen fundamentalmente de sus volúmenes y de sus alcances. El primer factor está controlado por el tipo de erupción que los produce y el segundo principalmente por la topografía del terreno. En términos generales, se pueden distinguir tres tipos de flujos de acuerdo al tipo de erupción que los produce: flujos relacionados con domos o con desmoronamientos de los frentes de lava; flujos producidos directamente en cráteres de cumbre y flujos descargados desde fisuras.

Entre los flujos piroclásticos relacionados con domos, se distinguen dos tipos que varían grandemente en su poder destructivo. Uno es el tipo Merapiano, en referencia al volcán Merapi de Java, que consiste en flujos o avalanchas de origen no explosivo, producido por gravedad, a partir de domos de cumbre en expansión, que los contiene y generan avalanchas de material caliente que se deslizan sobre los flancos del volcán hasta cerca de sus bases. Algunas avalanchas merapianas se pueden producir también desde los frentes de flujos de lava de bloques que descienden sobre los flancos del volcán. Estos flujos pueden ser disparados por movimientos de los domos, por temblores que sacuden las estructuras o por algún otro factor externo.

En contraste, otro tipo de flujos piroclásticos sumamente destructivos relacionados con domos de cumbre, es el llamado tipo Peléeano, Nube Ardiente, referidos a la desvastadoras erupción del Monte Pelée , en Martinica, pequeña isla de posesión francesa en el Caribe, el 8 de mayo de 1902, que asoló la ciudad capital de St Pierre causando cerca de 29,000 víctimas.
Generalmente, se producen durante las fases iniciales del crecimiento de domos, y sus depósitos están formados por ceniza, lapilli y bombas; todo proveniente de magma juvenil, rico en volátiles disueltos; aunque también pueden contener bloque líticos de material no juvenil del volcán, dependiendo esto de qué parte del domo sea emitido el flujo.

En el caso de explosiones de ángulo bajo, en las que la presencia misma del domo dirige la fuerza de la explosión lateralmente, los componentes horizontales de la velocidad de los materiales sólidos del flujo pueden ser muy altas, estimándose hasta en 150 m/seg.

Otra modalidad de flujos piroclásticos destructivos se da cuando éstos se originan en cráteres abiertos, que producen grandes columnas eruptivas que pueden penetrar la estratosfera, y sobre las cuales se discute en el capítulo de productos de caída libre.

Lahares

Los lahares son flujos que generalmente acompañan a una erupción volcánica; contienen fragmentos de roca volcánica, producto de la erosión en las pendientes de un volcán. Estos se mueven pendiente abajo y pueden incorporar suficiente agua, de tal manera que forman un flujo de lodo. Estos, pueden llevar escombros volcánicos fríos o calientes o ambos, dependiendo del origen del material fragmentario. Si en la mezcla agua sedimento del lahar hay un 40 a 80 % por peso de sedimento entonces el flujo es turbulento, y si contiene más del 80 % por peso del sedimento, se comporta como un flujo de escombros. Cuando la proporción de fragmentos de roca se incrementa en un lahar, especialmente gravas y arcilla, entonces el flujo turbulento se convierte en laminar.

Un lahar puede generarse de varias maneras:

  1. Por el busco drenaje de un lago cratérico, causado quizás por un erupción explosiva, o por el colapso de una pared del cráter.
  2. Por la fusión de la nieve o hielo, causada por la caída de suficiente material volcánico a alta temperatura.
  3. Por la entrada de un flujo piroclástico en un río y mezcla inmediata de éste con el agua.
  4.  Por movimiento de un flujo de lava sobre la cubierta de nieve o hielo en la parte cimera y flancos de un volcán.
  5.  Por avalanchas de escombros de roca saturada de agua originadas en el mismo volcán.
  6.  Por la caída torrencial de lluvias sobre los depósitos de material fragmentario no consolidado.

Los lahares, también pueden ser causados por la brusca liberación del agua almacenada en un glaciar sobre un volcán, y que puede deberse a una rápida fusión del hielo por condiciones meteorológicas o por una fuente de calor volcánico.
La forma y pendiente de los valles también afecta la longitud de estos. Un valle angosto con alguna pendiente permitirá que un cierto volumen de lahar se pueda mover a gran distancia, mientras que un valle amplio y de poca pendiente dará lugar a que el mismo se disperse lentamente y se detenga dentro de una distancia más corta.

Las velocidades de estos flujos están determinadas por las pendientes. Por la forma de los cauces. Por la relación sólidos-agua y de alguna manera por el volumen. Las velocidades más altas reportadas son aquellas alcanzadas sobe las pendientes de los volcanes. En el Monte Santa Helena por ejemplo, el lahar causado por la erupción del 18 de mayo de 1980 alcanzó, en sus flancos, una velocidad de más de 165 Km/hr; sin embargo, en las partes bajas del mismo, la velocidad promedio sobre distancias de varias decenas de Km fue de menos de 25 Km/hr.

Los lahares pueden dañar poblados, agricultura y todo tipo de estructura sobre los valles, sepultando carreteras, destruyendo puentes y casas e incluso bloqueando rutas de evacuación. También forman represas y lagos que al sobrecargarse, se rompen generando un peligro adicional.

Es bien conocido el triste caso de la actividad del Nevado El Ruíz, en Colombia, el 13 de noviembre de 1985, en el que una serie de erupciones relativamente menores dieron origen a la peor catástrofe conocida en el territorio de Colombia. Las cenizas expulsadas cayeron durante varias horas sobre el glaciar y la nieve de la cumbre, fundiéndolos y formando un lahar que, desplazándose a una velocidad media estimada en 12 m/s, arrasó la población de Armero, a 55 Km de distancia, causando cerca de 25 000 víctimas.

Una manera de limitar los efectos de estos lahares, es construir diques y otras estructuras para controlar los cursos de sus flujos, de tal manera que puedan encauzarse zonas planas sin causar daño, o bien estructuras que disminuyan su energía filtrando las rocas más grandes que arrastran los lahares.

Ceniza de caída libre

La ceniza volcánica que se deposita, cayendo lentamente desde alturas considerables, consiste en fragmentos piroclásticos muy pequeños de material juvenil; esto es, el producto de la fragmentación extrema de lava fresca. Se denomina de caída libre y generalmente tiene un diámetro entre 1/16 mm y 2 mm. La ceniza fina es aquella que tiene un diámetro menor d 1/16 mm. En ocasiones, cuando el magma contiene numerosos cristales, los sólidos se separan del líquido para formar ceniza cristalizada.

Estos depósitos, comúnmente son conocidos como capas de ceniza, cuando se consolidan son llamadas tobas. Estas cenizas frescas, frecuentemente contienen fragmentos de tamaño grande, por lo que pueden llamarse ceniza-lapilli o toba-lapilli en caso de contener moderado o abundante lapilli. Si contienen bloques de roca, entonces será toba-brecha; y será toba aglomerado si contiene bombas volcánicas.

Durante una explosión, cerca de la boca del volcán se acumulan los fragmentos de caída libre en forma de capas y cada una de ellas indicará una explosión separada; sin embargo, sólo la ceniza más fina es arrastrada por el viento a grandes distancias no pudiendo distinguirse, en este último caso , los depósitos de explosiones individuales. Aquí, las capas de ceniza tienden a formar un manto continuo sobre la topografía. Las capas de lapilli y ceniza generalmente aparecen bien clasificadas, lo que les permite mostrar una gradación en tamaño tanto vertical como lateralmente. Los fragmentos más grandes ocupan la base de una capa ya que caen más rápido que los pequeños, y por la misma razón los más grandes también caen más cerca de la boca. Los pequeños tienden a caer más lejos, arrastrados por el viento.

Ocasionalmente, las capas de ceniza muestran un incremento en el tamaño de grano hacia arriba, lo que se interpreta como un incremento persistente de la fuerza explosiva durante el desarrollo de una erupción.

Una erupción explosiva violenta puede inyectar ceniza fina en los niveles superiores de la atmósfera y en la estratosfera, con lo que ésta viajará grandes distancias en el planeta, como ocurrió con la erupción del volcán Krakatoa en 1883; la del Chichonal en 1982 y la del monte Pinatubo en 1991. Estos últimos ejemplos han causado cambios atmosféricos y climáticos, ya que las partículas de ceniza han dado lugar a la formación de aerosoles por la precipitación de sulfatos sobre los núcleos de condensación, además de reducir la cantidad de rayos solares que inciden sobre la superficie terrestre.

La velocidad de movimiento de la ceniza depende de la velocidad del viento, por ejemplo la erupción del Katmai, Alaska en 1941, que esparció ceniza en un área de unos 115 000 Km2, llegó a acumularse en espesores de hasta 30 cm a 160 Km de distancia de la boca eruptiva.

Las capas de ceniza han sido útiles en la correlación cronológica de la actividad volcánica de un edificio en particular, dando información, tanto de su evolución como de su grado de explosividad y peligrosidad.

En muchas ocasiones las capas son muy semejantes, lo que hace difícil o imposible diferenciarlas, aunque en estos casos la ceniza se reconoce primordialmente por su composición e índice refractivo de los fragmentos vidriados, por la naturaleza y abundancia de cristales; además de otras características, tales como espesor, color y posición estratigráfica.

Otros aspectos interesantes de la ceniza de caída libre es el cambio de su composición en relación con la distancia recorrida desde el punto de erupción, ya que cuando es eyectada, ésta consiste en una mezcla de cristales son más densos que el vidrio, tienden a caer más rápido que aquél. Por tanto, los cristales son más abundantes en los depósitos de ceniza cercanos a la boca eruptiva y tienden a disminuir en cantidades en la medida en que se incrementa la distancia desde ella.

El daño principal que causa la ceniza ocurre cuando se acumula en los techos de las construcciones, provocando su colapso, situación que se puede evitar limpiando a intervalos la ceniza acumulada sobre los mismos. La inhalación de ceniza también es peligrosa, por lo que se recomienda usar máscara contra polvo o al menos un simple pedazo de tela para cubrir la nariz y la boca. Donde haya equipos mecánicos trabajando, se recomienda usar filtros adecuados para evitar que el polvo penetre y les cause corrosión y rápido desgaste.

Fuentes