Pío V

De EcuRed
Michele Ghisleri
Información sobre la plantilla
Nacimiento17 de enero de 1504
Bosco, Bandera de Italia Italia
Fallecimiento1 de mayo de 1572
NacionalidadItalia
Otros nombresSan Pío V
OcupaciónPapa
TítuloSumo Pontífice de la Iglesia Católica
Michele Ghisleri. Pío V. Llevó a cabo una drástica reducción el costo de la corte papal, obligó a los obispos a residir en sus diócesis, de 1570. Hizo que la forma de las misas se uniformara mediante la promulgación de la bula Quo Primum tempore. Intentó poner en práctica los acuerdos del concilio de Trento e impulsar su espíritu contrarreformista.

Contenido

Síntesis biográfica

Nacido en Bosco, cerca de Alejandría, Lombardía, el 17 de enero de 1504.

Era de una pobre aunque noble familia, su destino habría sido ejercer de comerciante, pero fue acogido por los dominicos de Voghera, dónde recibió una buena educación y fue adiestrado en una piedad sólida y austera. Ingresó en la orden, fue ordenado en 1528 y enseñó teología y filosofía durante dieciséis años. Entretanto fue maestro de novicios y, en varias ocasiones, elegido prior de diferentes casas de su orden en las que se esforzó por desarrollar la práctica de las virtudes monacales y extender el espíritu del santo fundador. Ayunaba, hacía penitencia, pasaba muchas horas por la noche meditación y oración. Viajaba a pie, sin capa, en silencio profundo o hablando únicamente a sus compañeros de las cosas de Dios.

En fue elegido el 7 de enero de 1566, obispo de Sutri por Pablo IV. Su celo contra la herejía lo ocasionó ser elegido como inquisidor de la fe en Milán y Lombardía y en 1557 Pablo IV le nombró cardenal e inquisidor general para toda la cristiandad.

En 1559 fue transferido a Mondovi dónde restauró las purezas de la fe y la disciplina, gravemente dañadas por las guerras del Piamonte.

Frecuentemente llamado a Roma, mostró su firme celo en todos los asuntos en que fue consultado. Así ofreció una insuperable oposición a Pio IV cuando éste quiso admitir a Fernando de Medici, entonces con sólo trece años, en el Sacro Colegio. De nuevo fue él quién derrotó el proyecto de Maximiliano II, emperador de Alemania, de abolir el celibato eclesiástico. A la muerte de Pio IV, fue, a pesar de sus lágrimas y súplicas, elegido papa, con gran alegría de toda la Iglesia.

Pontificado

Comenzó su pontificado dando grandes limosnas a los pobres, en lugar de repartir sus gratificaciones de modo casual, como sus predecesores. Como pontífice practicó las virtudes que había mostrado como monje y obispo. Su piedad disminuyó y, a pesar de los pesados trabajos y angustias de su cargo, hacía al menos dos meditaciones diarias, postrado de rodillas, en presencia del Santísimo Sacramento. En su caridad visitó hospitales y se sentaba al lado de la cama del enfermo, consolándoles y preparándoles para morir. Lavó los pies de los pobres y abrazó a los leprosos. Se comenta que un noble inglés se convirtió al verle besar los pies de un mendigo cubiertos con úlceras.

Era muy austero y desterró el lujo de su corte, elevó el orden moral, trabajó con su amigo íntimo, San. Carlos Borromeo, para reformar el clero, obligó a los obispos a que residieran en sus diócesis y a los cardenales a llevar vidas de simplicidad y piedad. Disminuyó los escándalos públicos relegando a las prostitutas a barrios distantes y prohibió la lidia. Reforzó la observancia de la disciplina del Concilio de Trento, reformó el Cister y apoyó las misiones del Nuevo Mundo. En la Bula In Caena Domini" proclamó los principios tradicionales de la Iglesia de Roma y la supremacía de la Santa Sede sobre el poder civil.

Entre sus primeras acciones llevó a cabo una drástica reducción el costo de la corte papal de la misma manera que lo había hecho en la Orden Dominicana a la cual había pertenecido; además, obligó a los obispos a residir en sus diócesis, reguló los hospicios, expulsó a las prostitutas de Roma y reafirmó la importancia de las ceremonias en general y de la liturgia de la misa en particular. Intentó de esta manera poner en práctica los acuerdos del concilio de Trento e impulsar su espíritu contrarreformista con firmeza; incrementó el poder de la Inquisición e hizo que la forma de las misas se uniformara mediante la promulgación de la bula Quo Primum tempore, de 1570.

Pío V hizo de la misa llamada tridentina o gregoriana el único modelo para la Iglesia Católica Romana, excepto allí donde la liturgia de la misa fuera anterior a 1370 y aún estuviera en uso. Esta forma de la misa ha permanecido esencialmente intacta hasta hoy; en 1970, a raíz del Concilio Vaticano II, el papa Paulo VI promulgó un nuevo rito, que Benedicto XVI ha llamado rito ordinario, para la Iglesia universal, aunque sin derogar jamás la forma tridentina o tradicional codificada por Pío V y que queda en la actualidad como forma extraordinaria.

  • En Roma, encargó al pintor Daniele da Volterra que cubriese en parte las figuras trazadas en la Capilla Sextina por Miguel Ángel, que las había pintado desnudas en su mayoría. Asimismo mereció su desaprobación la pagana costumbre de lidiar toros; la bula De salutis gregis dominici de 1 de noviembre de 1567 prohibía, y aún prohíbe estos bárbaros espectáculos bajo pena de excomunión a perpetuidad.
  • Financió con cargo al erario pontificio la participación de la Iglesia en las guerras santas en Francia contra los hugonotes, o la expulsión de los judíos de los estados de su jurisdicción.

Contra los turcos

Promovió el papa la Liga Santa que quedó constituida por España, Venecia y los propios Estados Pontificios, con participación genovesa. Al frente de las fuerzas combinadas puso el papa a don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II, a quien definió, utilizando la cita evangélica referida a Juan el Bautista, como «un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. Las capitulaciones de la Liga fijaban detalladamente los recursos militares con que había de contribuir cada uno de los participantes.

El papa asumía el compromiso de aportar 12 galeras aparejadas y dispuestas, 3.000 soldados de infantería y 270 jinetes con sus monturas. También se comprometían los coaligados a acudir en socorro de cualquiera de los miembros de la Liga que se viese atacado por los turcos, en especial si los territorios en peligro eran los de la Santa sede. Como cláusula de penalización para quien no atendiese sus obligaciones de confederado, el Papa impuso en las estipulaciones la pena de excomunión latae sententiae y el entredicho con pérdida de sus posesiones y liberación del juramento de fidelidad de sus súbditos.

En 1567, Pío V promulgó una bula papal, en la que ordenaba que fuesen trasladadas parte de las reliquias de los santos Justo y Pastor desde Huesca a Alcalá de Henares, ciudad de su cuna y martirio. En noviembre de ese mismo año, Felipe II y su hijo el príncipe Carlos, enviaron una carta cada uno dirigida al Obispo de Huesca para que cumpliese con lo ordenado por el Papa. Así fue como parte de las reliquias de los santos Justo y Pastor fueron remitidas a la ciudad de Alcalá de Henares de la que son patronos los "Santos Niños".

El gran pensamiento

  • La preocupación constante de su pontificado parecen haber sido la lucha contra protestantes y turcos. En Alemania apoyó a los católicos oprimidos por los príncipes heréticos. En Francia animó la Liga con sus consejos y con ayuda pecuniaria.

Muerte

Pío V murió el 1 de mayo de 1572, unos meses después de que la Liga obtuviese un gran triunfo en la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571). En contraste con las medidas en ocasiones drásticas y rígidas que promovió, Pío V era, al parecer, una persona de trato bondadoso y afable, y desde luego muy admirado por sus contemporáneos por su intensa vida espiritual, su austeridad y su piedad.

Obra

  • En los Países Bajos apoyó a España. En Inglaterra, finalmente, excomulgó a Isabel, abrazó la causa de María Estuardo y le escribió para consolarla en prisión.
  • En el ardor de su fe no dudó en mostrar severidad contra los disidentes, cuando fue necesario, y en dar un nuevo impulso a la actividad de la Inquisición, por lo que ha sido inculpado por ciertos historiadores que han exagerado su conducta. A pesar de todo lo que en ellos había a su favor, condenó los escritos de Baius (q.v.), quién acabó sometiéndose.
  • Trabajó incesantemente por unir a los príncipes cristianos contra el enemigo heredado, los turcos.
  • En el primer año de su pontificado ordenó un júbileo solemne, exhortando a los creyentes a la penitencia y a la limosna para obtener de Dios la victoria. Apoyó a los Caballeros de Malta, enviando dinero para la fortificación de las ciudades libres de Italia, suministrando contribuciones mensuales a los cristianos de Hungría, y se esforzó sobre todo para unir a Maximiliano, Felipe II y Carlos para defender la cristiandad. En 1567, con el mismo propósito, recogió de todos los conventos el diezmo de sus réditos. En 1570 cuando Soliman II atacó Chipre, amenazando toda la cristiandad occidental.
  • No descansó hasta unir las fuerzas de Venecia, España, y la Santa Sede.
  • Envió su bendición a D. Juan de Austria, comandante en jefe de la expedición, recomendando que dejara atrás a todos los soldados de mala vida, prometiéndole la victoria si así lo hacía.
  • Pidió oraciones públicas y aumentó sus propias súplicas al cielo. En el día de la batalla de Lepanto, el 7 de octubre de 1571, estaba trabajando con los cardenales, cuando, de repente, interrumpiendo su trabajo, abriendo la ventana y mirando el cielo, exclamó, "Un alto en el trabajos; nuestra gran tarea ahora es dar gracias a Dios por la victoria que acaba de dar al ejército cristiano”. Estalló en las lágrimas cuando oyó hablar de la victoria que dio al poder turco un golpe del que nunca se recuperó.
  • En memoria de este triunfo instituyó el primer domingo de octubre la fiesta del Rosario y agregó a la Letanía de Loreto la súplica" Ayuda de los cristianos." Deseaba acabar con el poder del Islam formando una alianza global de las ciudades italianas, Polonia, Francia, y toda la Europa cristiana, y había empezado las negociaciones para este propósito cuando murió de litiasis, repitiendo “ ¡Oh Señor, aumenta mis sufrimientos y mi paciencia!". Dejó un recuerdo de una virtud poco común y una integridad inagotable e inflexible.
  • Fue beatificado por Clemente X en 1672, y canonizado por Clemente XI en 1712.

Fuentes