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Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba

Academia Nacional de Artes y Letras
Información sobre la plantilla
Institución con sede en Bandera de Cuba Cuba
Academia de Artes y Letras.JPG
Institución cubana encargada de promover el estudio de la literatura, la música, la pintura y la escultura.
Disolución:1960
Tipo de unidad:Institución cultural
País:Bandera de Cuba Cuba
Sede:Palacio del Segundo Cabo (última sede)
Publicación:Anales de la Academia Nacional de Artes y Letras

Academia Nacional de Artes y Letras. Institución cultural cubana fundada durante el mandato presidencial de José Miguel Gómez y a instancias de Mario García Kohly, secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes. Sus actividades cesaron en 1960.

Sobre la Fundación

La decisión de fundarla respondió a una tendencia nacional favorable al desarrollo de los valores literarios y artísticos del país. Fue disuelta mediante una comunicación escrita del Consejo Nacional de Cultura, dirigida al último Presidente de la corporación.

Creación

La Academia Nacional de Artes y Letras fue creada por Decreto Presidencial número 1004 de 31 de octubre de 1910. En sus inicios tuvo carácter de corporación independiente, adscrita a la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes.

Su sesión inaugural se realizó en los salones del Ateneo y Círculo de La Habana, en Prado esquina a Neptuno, el 22 de diciembre de 1910. Previamente, el presidente Gómez y el secretario Kohly, habían firmado el Decreto número 1004, en el cual se alegaba que durante el régimen colonial la protección de las Bellas Artes y las Letras había sido de muy limitado alcance, de ahí que fuera necesario crear la Academia Nacional de Artes y Letras.

Reconocimiento como corporación oficial

Conforme a lo tratado en relación con la necesidad de legalizar la vida de la Academia, el 2 de julio de 1914, el Presidente de la República Mario García Menocal, sancionó la ley del Congreso que reconocía a la Academia de Historia de Cuba y a la Academia Nacional de Artes y Letras, carácter oficial y autónomo. De acuerdo al texto de la ley, ambas academias tendrían personalidad jurídica propia y plena capacidad civil para todos los efectos legales, así como vida autónoma, con arreglo a sus estatutos y reglamentos.

Misión

La misión asignada a la Academia fue la de promover el estudio de la literatura, la música, la pintura, la escultura y la arquitectura, estimulando y difundiendo el buen gusto artístico. El Decreto 1004 estipulaba que la entidad debía publicar toda clase de obras o escritos sobre la teoría o la historia de las Bellas Artes y de las Letras, recoger, conservar y divulgar: libros, dibujos, estampas, esculturas, cuadros, diseños de obras arquitectónicas, obras y manuscritos musicales y otros objetos de arte, además de velar por la conservación y restauración de los monumentos artísticos, y auxiliar al Gobierno en la evacuación de consultas sobre las diferentes ramas que abarcó la corporación.

Además de esto, que constituía la esencia de la institución, trabajó a favor de la creación de becas con sus propios fondos o gestionándolas con los organismos oficiales, organizó exposiciones y conferencias públicas y otorgó el Gran Premio Nacional de Artes y Letras, discutido cada año dentro de una de las distintas secciones que formaban la Academia.

Sedes

En mayo de 1914, un local en los altos de la antigua estación de Villanueva, de los Ferrocarriles Unidos de La Habana, ubicada en los terrenos donde en 1929 se inauguró el Capitolio Nacional, se convirtió en la primera sede de la Academia Nacional de Artes y Letras, que se mudó en 1925 a los salones de los altos de la antigua Maestranza de Artillería, en la manzana triangular formada por las calles Cuba, Chacón y Tacón.

A partir de octubre de 1928 se instaló en el antiguo Colegio de Belén, en Compostela y Acosta. De allí pasó en junio de 1959 a su última sede: el Palacio del Segundo Cabo, donde se estableció el Palacio de las Academias. Tardíamente encontró esta institución una sede digna para sus labores, pues por esa fecha se acercaba su disolución.

Estatutos

Tres estatutos tuvo la Academia Nacional de Artes y Letras a lo largo de sus cincuenta y cuatro años de existencia: los originales, de 1911, y los de 1922 y 1938. En ellos se determinó que la corporación tendría cinco secciones:

También los referidos estatutos determinaron la cuantía de los académicos de número, que primero fueron 65 y luego 53. Fijaron, además, la cantidad de académicos correspondientes.

Actividades

La Academia Nacional de Artes y Letras realizó actividades memorables, como el homenaje rendido en el Teatro Nacional, en La Habana, el 21 de mayo de 1924, al periodista, crítico y escritor colombiano José María Vargas Vila, hecho que adquirió características de manifestación popular. La entidad también tuvo a su cargo el rescate y traslado a Cuba de los restos del gran violinista Claudio Brindis de Salas. Las cenizas del genial músico llegaron a La Habana el 24 de mayo de 1930. Otra labor encomiable de la Academia fue la publicación de su Biblioteca de Autores Cubanos, que se inició en 1926, con la divulgación de obras de Jesús Castellanos Villageliú, Enrique Hernández Miyares, Nieves Xenes, Ricardo del Monte y José Jacinto Milanés, entre otros.

También hay que destacar las conferencias de divulgación literaria y los certámenes públicos a que convocaba la entidad para premiar a escritores, poetas, historiadores, críticos, músicos, pintores, escultores y arquitectos. La Academia estuvo presente en significativos actos de trascendencia cultural, como la inauguración, en México, de la Ciudad Universitaria, en 1952.

La Academia Nacional de Artes y Letras se desenvolvió según las normas y patrones académicos más tradicionales heredados del mundo europeo, en particular de la Real Academia Española de la Lengua. Fue una de las cuatro de carácter nacional que representaron en el país el nivel más alto de la cultura.

Presidentes

Los presidentes de la Academia eran elegidos entre los académicos de número, primero por dos años y a partir de 1922 por tres. Después del primer presidente electo, Antonio Sánchez de Bustamente y Sirvén, ocuparon el cargo:

  • José Manuel Carbonell Rivero,
  • Salvador Salazar Roig,
  • Eduardo Sánchez de Fuentes,
  • Mario Guiral Moreno,
  • Esteban Rodríguez Castells.
  • Miguel Ángel Carbonell Rivero, reelegido cuatro veces.

Membresía

El núcleo primitivo de miembros se constituyó con sesenta y cinco personas residentes en La Habana y dedicados a las Bellas Artes, que serían académicos de números, y con veinticuatro residentes en el interior del país, que serían académicos correspondientes. Hubo además académicos honorarios, que residían en el extranjero, y académicos supernumerarios, que eran los de número que habían perdido este carácter por ausentarse de la Ciudad de La Habana durante dos años consecutivos.

Mediante una Disposición Transitoria, el Decreto 1004, estableció que el Poder Ejecutivo, por una sola vez, nombraría a los sesenta y cinco individuos que pasarían a formar parte, como académicos de número, de las diversas secciones de la Academia, escogidos entre figuras reconocidas en la literatura, la música, la pintura, la escultura y la arquitectura del país, entre ellos:

Con posterioridad, la membresía fue siempre seleccionada de acuerdo a los estatutos. Por esa vía reglamentaria serían elegidos en años sucesivos, siempre ajustándose únicamente a sus méritos culturales, personalidades como:

Publicaciones

Los Anales de la Academia Nacional de Artes y Letras, publicación trimestral, surgió como órgano oficial de la institución que la patrocinaba, con la finalidad de insertar en sus páginas sólo los trabajos leídos en sesiones de la corporación, públicas o privadas; los presentados por sus miembros, aprobados previamente por la Academia o por la sección respectiva; y los documentos relacionados con la vida de la corporación o el desenvolvimiento de sus actividades. Su primer director fue el crítico literario, sociólogo y político Rafael Montoro.

En 1916 apareció el primer tomo de Anales de la Academia Nacional de Artes y Letras y el último número salió en 1960. En los 39 volúmenes editados está recogida toda la vida de la Academia. Entre sus muchas publicaciones se encuentran la Colección póstuma de las obras de Jesús Castellanos Villageliú, las Obras completas de Enrique Hernández Miyares y la mayoría de los discursos y conferencias que se ofrecieron en sus salones. Se publicaron trabajos de Enrique José Varona, Dulce María Borrero, Fernando Ortiz, José Antonio Ramos y Max Henríquez Ureña, entre otros.

Fuentes