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Centro político

Centro político
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El centrismo es criticado por carecer de principios y/o basar sus posiciones en las de otros
Variantes:
Centrismo
Centro político. En ciencia política es el conjunto de partidos, políticas e ideologías que se caracterizan por considerarse a sí misma intermedias, en el espectro político, a posiciones tanto de la derecha como de la izquierda política[1]. Funciona como una promesa de poder porque nace, en el fondo, de un velado reconocimiento de que el verdadero centro está en el Gobierno, sea cual sea, ya que él es el instrumento central de la acción política. No importa la ideología de su programa o presumir de convicciones inalterables y de servicio a la nación. Se da por supuesto que la gente ya no tiene ideología y se promete lo que la gente quiere según las encuestas, como todo producto de mercado. Lo que después se hará desde el poder será simplemente lo que se pueda, lo que permitan las complejas y variables circunstancias de la economía global y de las relaciones tácticas con los otros partidos[2].

Etimología

La palabra centrismo (derivada de centro y ésta del latín centrum) se usa para designar una posición ideológica moderada, equidistante de los extremos. Es sinónima de moderación. La llamada ideología del centro es la supuesta posición equidistante entre los extremos de derecha e izquierda. El centrismo es visto como factor de moderación, estabilidad política y continuidad. En Polonia, a la muerte de Stalin, ciertos dirigentes del Partido Comunista polaco, interesados en su liberalización, hablaron mucho de centrismo para denotar una posición alejada del extremismo de las facciones rivales[3].

De la palabra centro proviene la centralidad. En deporte, los centrales son básicos. En política implica no sólo ser centrista, sino estar como referente central, pretende marcar la agenda y obligar a los otros partidos a someterse a ella[4].

El llamado centrismo no existe como posición ideológica. Partiendo de la hipótesis generalmente aceptada de que la izquierda es el compromiso con el cambio, con las mayorías, y la derecha es la defensa de la sociedad tradicional, de las élites. El centro resulta un absurdo filosófico, pues se está por la tesis de la transformación, en cualquiera de sus matices, y se es de izquierda, o se está por la de la conservación, y entonces se es de derecha. Filosóficamente es inconcebible un punto ideológico equidistante entre esas dos posiciones. Cualquier intento de equilibrio es vano. No cabe neutralidad alguna entre los afanes innovadores y los conservadores. Cualquier intento de neutralidad señalará forzosamente una inclinación de voluntad hacia uno u otro lado y entonces advendrán las posiciones llamadas de centroizquierda o de centroderecha.

El punto equidistante sería la indefinición ideológica, el abandono de los principios, la revocación de compromisos, la falta de certezas, la ausencia de ideología y finalmente la inacción política.

Resulta muy extendida la utilización del término centrismo para significar moderación política en contraposición con el supuesto extremismo de quien se quiere descalificar por radical, que es la tendencia a llevar hasta las últimas consecuencias las ideas, planteamientos o propósitos. Por ejemplo, a Antonio Guiteras, el embajador norteamericano en Cuba Caffery coincidía con su antecesor Sumner Welles en calificarlo de “extrema izquierda”[5].

Centro político y partidos

Los partidos declarados de centro son más propios de monarquías parlamentarias, con parlamentos proporcionales, puesto que el bipartidismo favorece la polarización en partidos de centro derecha (democristianos o conservadores) y centro izquierda (socialdemócratas o laboristas). En lo económico han practicado el neoliberalismo y en aspectos militares son partidarios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.

Críticas

El centrismo es criticado por carecer de principios y/o basar sus posiciones en las de otros. Esto evidencia que las posiciones centristas son mutables. La supuesta tercera opción, el centrismo, no es ideológica. No parte de una concepción del hombre y del Estado, como el liberalismo o el socialismo. El centrismo es en sí mismo situacionista, puesto que se define en función de la posición ideológica de otros. Puede defender una cosa o la contraria, según la oportunidad.

Centrismo en Cuba

En la historia de Cuba las corrientes políticas reformistas o anexionistas no tuvieron éxito, aunque nunca dejaron de existir.

Se debe tener en cuenta, en primer lugar que la principal polarización de los debates cubanos y fuera de Cuba es de carácter político y entre los que avizoran y promueven o se unen a la idea de un “tránsito” reformador promovido desde el exterior, y los que apoyan una continuación, una actualización y un perfeccionamiento de la democracia cubana bajo la dirección del Partido Comunista y hacia la meta de una nación socialista como un resultado de la autodeterminación del país. Y ese debate lleva a la adopción de posiciones políticas. El centrismo pretende justificar que en la interna discusión cubana tengan participación órganos externos vinculados de una u otra forma al sistema enemigo del proyecto cubano[6].

La estrategia subversiva contra Cuba ha cambiado de tono pues la administración estadounidense, sus aliados ideológicos y los centenares de institutos, agencias, organizaciones y emisarios que se empeñan en desestabilizar el sistema socialista en la Isla, intentan promover nuevas fórmulas, una vez que quedaron atrás los desgastados planes y experimentos de los inquilinos de la Casa Blanca, quienes lo probaron todo y nada les funcionó. Es por ello que han movido los patrones de la ideología revolucionaria hacia el “centrismo ideológico”, que también es llamado por varios académicos como contrarrevolución “no confrontacional” [7].

Expertos en temas relacionados con el comportamiento político y electoral, han realizado estudios acerca del significado y el contenido del centro ideológico donde tradicionalmente partidos políticos se disputan el poder desde un extremo u otro. Los estudios hacen referencia a numerosas investigaciones que abordan temáticas asociadas a la relación izquierda-derecha; mientras otros análisis aluden al “centro ideológico” como un espacio de “no actitudes”, es decir, una opción elegida por individuos de escasos conocimientos políticos que encuentran fácil refugio en esas posiciones.

Algunos consideran que es un espacio de baja intensidad ideológica y de neutralidad en las preferencias políticas, señalando que esa posición constituye un refugio natural al creciente proceso de pérdida de interés por los conceptos izquierda-derecha. Es decir, al carecer de significado esas dos tendencias, los ciudadanos han decidido optar por el “centro” antes que dejar de ubicarse en alguna escala de ambos bandos. Lo cierto es que ese “medio” consiste en una “posición cómoda” para el que no quiere definirse ideológicamente. Prefiere ocultarse en la ambivalencia con el objetivo de no “determinarse” políticamente y lanzarse con transparencia a la batalla ideológica.

Esas tendencias, que han evolucionado a lo largo de los años en países practicantes de lo que denominan formas de gobierno democrático, se han pretendido introducir en la conciencia del pueblo cubano a través de proyectos subversivos o como parte de la guerra cultural e ideológica que se les trata de imponer. Una guerra que muchos teóricos del orbe denominan “guerra silenciosa”, porque va lacerando poco a poco los valores auténticos de una sociedad genuina.

Para los enemigos de la Revolución, esa contrarrevolución tradicional que han intentado unificar, solo se ha convertido en instrumento para campañas mediáticas contra Cuba. Esa forma de practicar el antagonismo ideológico no logró el impacto esperado pues pierden millones de dólares estadounidenses invertidos en una empresa que nunca ha fraguado.

Al analizar los contenidos de los cientos de programas subversivos contra Cuba, que se hacen públicos por el propio gobierno estadounidense, su Departamento de Estado y agencias, son perfectamente visibles los intentos por sembrar el “centrismo ideológico” en la sociedad cubana. Esos engendros exhortan a los ciudadanos a inmiscuirse en los problemas de su nación desde una posición hipercrítica y no desde la crítica constructiva. Pretenden demonizar al Estado y al Gobierno como elementos de una sociedad contemporánea incapaces de garantizar el avance socioeconómico. Convocan a los ciudadanos a no involucrarse en la realidad de su país desde una perspectiva revolucionaria y evitar posturas reaccionarias. Es decir, a no polarizarse en el discurso político en ninguno de los extremos y mantener una posición de “neutralidad activa”.

Nacida de la era Obama, la contrarrevolución que hace el centrismo se encuentra organizada con recursos materiales y humanos, tiene fortalezas, dinámicas fluidas y funcionamiento articulado, así como amplias conexiones diplomáticas. Sus integrantes se repiten y retratan entre los invitados de importantes visitantes a Cuba siempre provenientes de países aliados a Estados Unidos, o el mismo Washington. Se diferencia de la contrarrevolución tradicional, porque según la política obamista necesita que sus empleados interactúen con la institucionalidad revolucionaria, sus medios de comunicación y sistemas académicos. Para eso se declaran “de izquierda” y nacionalistas, pero siempre apartados y en contra del Estado Cubano, el Partido Comunista y su tradición antiimperialista[8].

De acuerdo con los planes de los adversarios ideológicos de la Revolución, esa posición sería efectiva en el afán de lograr la pretendida “transición política” en Cuba o el gastado interés de lograr un “cambio de régimen”. Es simple para sus cálculos: desmovilizar gradualmente al pueblo en torno al proyecto socialista. Es el mismo plan que pretendieron instrumentar durante el cruento período especial en la década de los 90’, cuando acérrimos personeros del anticomunismo sumaban desesperadamente los días que le quedaban de vida a la Revolución, tras la caída de la URSS y el campo socialista en Europa Oriental.

Sobre los desafíos que Cuba enfrenta en el terreno ideológico, el centrismo alentado desde el exterior siembra teorías centradas en la construcción de un hombre apolítico y en mayor medida, un cubano que prefiera el anexionismo mediante el simple viraje de los patrones ideológicos de izquierda hacia el “centro”; un centro político que a lo largo de las revoluciones sociales siempre ha demostrado estar más aliado a la derecha que a las causas justas.

Existen fundamentos obtenidos de las experiencias vividas por decenas de revoluciones sociales opuestas a yugos coloniales, que demuestran que estas son precisamente teorías fabricadas en instituciones que se emplean como laboratorios para construir golpes suaves contra gobiernos progresistas, atacando esencialmente las raíces ideológicas que los sustentan. Manipulan y confunden a los pueblos, con el objetivo de pasar al bando neoliberal a grupos de ciudadanos que siempre defendieron proyectos sociales autóctonos. Ejemplos como Argentina, Brasil y Venezuela demuestran la implementación práctica de una concepción política sacada de los tubos de ensayo de esos centros de subversión.

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Referencias

Fuentes

  • Política deportiva: Para entender el centrismo. Por Javier Gómez Sánchez. Disponible en:La Pupila Insomne. Consultado el 18 de mayo de 2017
  • ¿Por qué una neo contrarrevolución? Por Javier Gómez Sánchez. Disponible en:La Pupila Insomne. Consultado el 18 de mayo de 2017