Historia del municipio de Camagüey
Historia del municipio de Camagüey
El municipio de Camagüey, conocido históricamente como Puerto Príncipe, constituye uno de los núcleos más antiguos y determinantes del centro‑este de Cuba. Su trayectoria histórica abarca desde la fundación de la villa en el siglo XVI hasta la intensa participación en los procesos independentistas del siglo XIX; a lo largo de ese lapso se configuró una economía regional y una estructura social que condicionaron tanto la vida cotidiana como las opciones políticas de sus élites y de amplios sectores populares. La ocupación y consolidación del territorio estuvieron estrechamente vinculadas a la expansión de la ganadería extensiva, actividad que, por sus características ecológicas y de mercado, determinó la organización de la propiedad, las relaciones laborales y las redes comerciales de la región. En paralelo, el comercio irregular con potencias foráneas y la existencia de rutas de cabotaje reforzaron la inserción del municipio en circuitos atlánticos informales y legales.
Sumario
- 1 Fundación y primeros asentamientos
- 2 Etapa colonial
- 3 Construcciones, urbanismo y arquitectura religiosa
- 3.1 Cabildo, oligarquía local y gobierno
- 3.2 Economía: ganadería, manufactura azucarera y otras actividades
- 3.3 Composición demográfica y estructura social
- 3.4 Explotación laboral y formas de trabajo
- 3.5 Manifestaciones de rebeldía esclava
- 3.6 Administración y organización municipal
- 3.7 Iglesia y vida religiosa
- 3.8 Incidencias por rivalidades entre España e Inglaterra
- 4 Etapa colonial (1800–1868)
- 4.1 Etapa de ascenso del desarrollo de Puerto Príncipe
- 4.2 Demografía y urbanismo
- 4.3 Economía y producción
- 4.4 Sociedad, cultura y educación
- 4.5 Fuerza de trabajo y condiciones laborales
- 4.6 Proceso político e ideológico: liberalismo, conspiraciones e independentismo
- 4.7 Junta Revolucionaria de Puerto Príncipe
- 5 Incorporación del Camagüey a la Revolución de 1868
- 6 Formación cultural y social, siglos XVI–XVII
- 7 Desarrollo cultural y urbano, siglos XVIII–XIX
- 8 Prensa, teatro y sociedades culturales, siglo XIX
- 9 La Revolución y la cultura insurreccional (1868–1878)
- 10 Educación, prensa y propaganda en la manigua
- 11 Organización militar, administración y vida cotidiana del mambí
- 12 Ver
- 13 Fuentes
- 14 Referencias
Fundación y primeros asentamientos
El surgimiento de Santa María del Puerto del Príncipe[1] debió ocurrir a fines de junio o principios de julio de 1515 en un pequeño accidente geográfico o lengüeta de terreno hacia el interior de la bahía de Nuevitas, sitio conocido como Punta del Güincho[2]. Al año siguiente los españoles se trasladaron hacia el cacicazgo de Caunao. Este desplazamiento pareció estar en concordancia con los objetivos de la empresa militar y económica, consistente en la localización de yacimientos de oro, mano de obra nativa, apertura de rutas entre Villas y hacia nuevos territorios, y emplazamientos en lugares que ofrecieran seguridad. Uno de los últimos traslados estuvo motivado por una violenta sublevación. Finalmente, en 1528 la población quedó establecida en el hinterland[3] de la macrorregión, entre los ríos Hatibonico y Tínima, al parecer, después que la banda guerrera sometió por la fuerza a los rebeldes aborígenes. Así surgió una de las siete primeras poblaciones cubanas del siglo XVI [4] Los asentamientos iniciales se formaron en el siglo XVI en torno a encomiendas y rutas de cabotaje. La organización municipal se articuló mediante el cabildo y la Iglesia, que jugaron un papel central en la administración local y en la consolidación de la estructura social.
Encomiendas
Las dos encomiendas conocidas constituyeron una unidad típicamente agrícola y para el sometimiento a la fuerza y la fe cristiana y de auxilio al consumo de la rala población. La dependencia económica entre aborígenes y encomenderos gravitó negativamente sobre la vida de los pobladores por causas de los maltratos y las frecuentes sublevaciones que dan fe de las primeras rivalidades entre europeos y nativos. En 1587 la población se había recuperado en 25 vecinos[5]. Sarmiento también refirió, “(...) hay en esta villa 235 indios encomendados y si se pusieran en libertad ellos y los españoles fueran perdidos (...)”[6] Entre tanto en 1569 el obispo Juan del Castillo contabilizó 40[7].
Sublevaciones aborígenes
Desde el año 1513 ocurrieron alzamientos de aborígenes y no cesó la resistencia ante la ocupación de tierras por la banda guerrera. En 1528, “(...) especialmente en la villa de Puerto Príncipe quemaron el pueblo de los españoles, andándole ellos mudando a otro asiento e los que él estaban huyeron (...)”[8] En diciembre de 1616 estalló otra sublevación. El argumento acerca de la extinción total de la población aborigen debe ser matizado en el discurso historiográfico[9]. Los topónimos Canabacoa[10], Juruquey, Hatibonico y otros perduraron hasta nuestros días lo cual echa por tierra las teorías acerca del exterminio total de esta población. Los topónimos aborígenes de los más antiguos hatos como, Yaguabo, Nauyú, Jobosí, entre otros muchos dan prueba de ello en el proceso de retoponimización.
Etapa colonial
Economía y estructura agraria
Al consolidarse el área jurisdiccional de la Villa, después de contar con el nodo poblacional ubicado entrerríos, y los subsiguientes surgidos después, hacia 1569 parece tener lugar el despliegue de la actividad ganadera: “(…) la villa del Puerto Príncipe… se va poblando de muy buenos hatos de vaca porque tiene aparejo para ello (...)”. Desde entonces la ganadería se constituye en la actividad económica fundamental. “(…) la villa del Puerto Príncipe… se va poblando de muy buenos hatos de vaca porque tiene aparejo para ello (...)”.[11] La riqueza sustentada con el modo productivo pecuario no provino de las relaciones de producción feudaloides, sino de las actividades comerciales ligadas al incipiente capitalismo comercial y mercantil europeo y, predominantemente, por el contrabando con los británicos. La cría de caballos tuvo preferencia en este siglo. Se sabe que desde la Villa eran enviados potricos hacia Jamaica, mientras, La Habana mantenía el principal mercado ganadero, seguida de Bayamo. De hecho, la Villa se convirtió en centro ganadero de importancia. Los “señores de hatos” hicieron efectivo un lucrativo comercio con el Caribe valiéndose de los límites costeros norte-sur de la región, en particular, a través de la Cuenca del Cauto hacia Bayamo.
Comercio y contrabando
El contrabando fue la actividad comercial predominante en la jurisdicción, vinculada tanto a rescates como al comercio con ingleses, portugueses y franceses. Las autoridades coloniales documentaron procesos judiciales y denuncias por la magnitud del tráfico ilícito, que incluyó cueros, ganado y la importación de esclavos y mercancías prohibidas. En 1609 el Oidor Alonso Manso de Contreras, procesó judicialmente a alrededor de 500 personas entre bayameses y principeños; entre los implicados figuran el escribano Silvestre de Balboa y Teresa de la Cerda Sotomayor.[12] El comercio preferente con los ingleses se debió a que estos pagaban precios superiores por mercancías destinadas a sus plantaciones; un cuero llegó a valer 10–14 pesos y una vaca alrededor de 20 pesos. Grandes cargamentos de cueros partieron hacia Jamaica a cambio de “esclavos, sedas y libros prohibidos por la Iglesia Católica “Por causa de los rescates el Oidor de la Audiencia de Santo Domingo Alonso Manso de Contreras procesó judicialmente en 1609 a alrededor de 500 personas entre bayameses y principeños.”
Construcciones, urbanismo y arquitectura religiosa
Desde el siglo XVII se registra el uso de tejas, ladrillo y madera en la edificación; las primeras referencias datan de 1620.
Se documentan casas de teja pertenecientes a Pedro de la Torre Sifontes en la esquina de la Iglesia Mayor y viviendas de altos de Julián de Miranda y Manuel de Figueroa en 1640.Dos conventos se construyeron en barrios estructurantes; la Plaza de San Francisco y la Plaza Mayor fueron espacios urbanos centrales entre los siglos XVI y primera mitad del XVII.
La tipología doméstica incluyó casas de embarrado, horcones y guano, así como casonas de colgadizo con patios centrales; en el siglo XVIII se registraron 1 206 casas de mampostería y unas 300 de paja. Las reconstrucciones y refacciones de conventos e iglesias se sucedieron entre 1724 y 1779 (La Merced, San Francisco, Cristo, San Juan de Dios, La Caridad, El Carmen, Santa Ana, La Soledad).
Cabildo, oligarquía local y gobierno
El Cabildo estuvo dominado por la oligarquía terrateniente y ejerció amplias funciones de gobierno local hasta fines del siglo XVI, cuando comenzaron a percibirse síntomas de corrupción y autonomía excesiva. En 1607 se promovió una reforma administrativa que dividió la Isla en dos gobiernos y subordinó a Puerto Príncipe a la gobernación de Santiago de Cuba. La designación de Capitanes a Guerra (1720) y la militarización administrativa mediante Tenientes Gobernadores (desde 1730) redujeron progresivamente la autonomía del Cabildo y enfrentaron a la oligarquía criolla con las autoridades metropolitanas. Amotinamientos y sanciones ocurrieron en 1729 y décadas posteriores; sediciosos fueron ejecutados o enviados a presidios.
Economía: ganadería, manufactura azucarera y otras actividades
La ganadería predominó como actividad económico social desde el inicio del siglo XVIII, favorecida por extensas sabanas y pastos; la explotación pecuaria permitió la exportación de cueros y carne salada hacia el Caribe. La manufactura azucarera creció entre los siglos XVII y XVIII: según los franciscanos existían 24 ingenios en 1679; en 1729 se registraron 61 ingenios; la molienda de 1737 reportó 600 panes de azúcar, en 1760 se produjeron 759 toneladas y en 1795 molieron 55 trapiches con 460 toneladas. Parte del capital acumulado por los criollos se destinó a obras religiosas y educativas (por ejemplo, 23 000 pesos para piezas del Santo Sepulcro; 53 000 pesos para el Colegio de la Compañía de Jesús). Otras producciones incluyeron yuca, jengibre, batatas, piñas, aguacates, cítricos, quesos, jabón, velas y casabe; la Plaza Mayor funcionó como mercado central.
Comercio interregional
El comercio interregional, legal e ilegal, conectó la Villa con puertos del Caribe como Cartagena, Portobelo y Jamaica. Desde los hatos se enviaron mulas, cueros, plata sellada, potricos, carne salada, sebo, tabaco y azúcar.
La filial principeña de la Real Compañía de Comercio de La Habana operó en el callejón de la Compañía, pero su desempeño fue limitado y suprimida por la implicación de sus representantes en el comercio ilícito y el tráfico de negros bozales.
Composición demográfica y estructura social
El siglo XVIII registró un crecimiento demográfico sostenido y una composición étnica heterogénea. Cifras destacadas:
- En 1756 — 14 383 habitantes (obispo Morell);
- En 1774 — 14 332 habitantes (8 354 blancos; 2 104 mulatos y negros libres; 3 854 esclavos);
- En 1792 — 27 418 habitantes (14 471 hombres; 12 947 mujeres).
El Padrón General de 1778 presenta variaciones regionales en la distribución étnica y de viviendas. La oligarquía criolla concentró poder económico y cultural, forjando identidades locales y un sentimiento de “patria chica” que influyó en iniciativas culturales y demandas políticas.
Explotación laboral y formas de trabajo
La Villa concentró una población creciente atraída por el comercio interregional y la inmigración peninsular, lo que impulsó la expansión urbana y las demandas laborales. La población negra sufrió condiciones degradantes: los esclavos realizaron las labores más duras en construcción y haciendas, mientras los negros libres tenían escasas oportunidades y, en algunos casos, permanecían bajo tutela de antiguos dueños para evitar la exclusión social. La estructura demográfica mostraba un territorio poco poblado (8,2 % de la isla) con mayoría blanca relativa (52 %), y las relaciones de producción tradicionales mantuvieron a los esclavos en condiciones de explotación y dependencia patriarcal.
Manifestaciones de rebeldía esclava
Los primeros brotes rebeldes de los esclavos, son imprecisos antes de 1790; un oficio del Cabildo del 11 de agosto de 1780 ordenó apresar a los negros fugitivos y despojarlos de armas para prevenir nuevos alzamientos. Se registraron sublevaciones en la hacienda Cuatro Compañeros (1795), en los Montes de Tínima y en el ingenio de Manuel Nazario Agramonte (11 de junio de 1798), esta última con propagación a trapiches vecinos y con líderes que fueron ahorcados. Estas insurrecciones reflejan la persistente resistencia de la población esclava frente a la explotación. A comienzos del siglo XIX la rebeldía local se vinculó con la conspiración de José Antonio Aponte en La Habana, con Hilario Herrera como enlace; en Puerto Príncipe los organizadores fueron José Miguel Gonzáles, Calixto Gutiérrez, Fermín Rabelo, Nicolás Montalván y Román Recio; el plan del 24 de diciembre de 1811 fue delatado, lo que condujo al ahorcamiento de ocho esclavos el 29 de enero de 1812 y al envío del resto al presidio de San Agustín de la Florida; otra tentativa en diciembre de 1853 terminó con la ejecución y exhibición de Patricio Echemendía, Bartolomé Juan Bautista y Patricio. Agramonte.
Administración y organización municipal
La jurisdicción contó en 1778 con cinco partidos decimales regidos por capitanes pedáneos. El Ayuntamiento estuvo integrado por alcaldes, regidores, procurador, escribano y otros funcionarios; la milicia local se organizó en piquetes y compañías. La progresiva intervención del Capitán General y la subordinación administrativa a La Habana y Santiago de Cuba reflejaron la tensión entre poder local y centralización metropolitana.
Iglesia y vida religiosa
La organización religiosa incluyó un Vicario, comisario de la Santa Cruzada y alrededor de 37 sacerdotes en 1756; la Iglesia mantuvo enterramientos en criptas y nichos bajo los altares hasta fines del siglo XVIII. La decoración interior de los templos mostró objetos lujosos (lámparas de plata, pinturas al fresco, altares de caoba y cedro), reflejo del poder económico de la élite criolla. La Iglesia promovió curatos rurales, cofradías y hermandades.
Incidencias por rivalidades entre España e Inglaterra
En enero de 1762, tras la declaración de guerra de Inglaterra a España, la Villa envió tres compañías de milicianos criollos para apoyar a La Habana, muchas de las cuales perecieron en los combates. Tras la ocupación británica, las autoridades locales rechazaron someterse al mando extranjero, expresado en la cita: “(...) Tendrá VE., por la más esforzada y declarada negativa el intento de rendirse esta villa á la subordinación de VE. (...) en cuyo supuesto, ponemos en la inteligencia de VE. estar estos vecinos con valioso ánimo dispuestos á rendir primero sus vidas, que vasallaje a otro soberano (...)”[13]. Finalizadas las hostilidades, la región quedó subordinada al capitán general Lorenzo de Madariaga, y el episodio reforzó el sentimiento de defensa del territorio y el rechazo a los invasores.
Etapa colonial (1800–1868)
Etapa de ascenso del desarrollo de Puerto Príncipe
El crecimiento demográfico, el urbanismo en expansión, entre otros elementos, dejaba atrás el poblado semirural del siglo XVI para dar paso a la ciudad del siglo XIX que contaba ya con 25 000 habitantes, de ellos los blancos representaron el 58 % con respecto al 15 % de los negros libres que sumaban 6 955, el 27 % de los esclavos que estaban en una cifra de 16 579. Según el censo de 1827 la ciudad contaba con 42 012 habitantes, 3 640 casas y de ellas 43 eran de balcón y alto[14].
Demografía y urbanismo
- Población: En torno a 25 000 habitantes en la primera mitad del siglo XIX; según censo de 1827 la ciudad contaba con 42 012 habitantes y 3 640 casas.
- Composición étnica (siglo XIX): Blancos 58%; negros libres 15% (6 955); esclavos 27% (16 579).
- Evolución (1862): Puerto Príncipe alcanzó 30 585 habitantes; Puerto Príncipe y Nuevitas sumaron 68 903.
- Urbanismo y servicios: Peticiones para planta de gas, estación telegráfica y acueducto; iniciativas educativas y de ornato urbano, aunque la Universidad Literaria solicitada en 1813 fue denegada.
Economía y producción
- Actividad predominante: Ganadería como eje económico; en segundo lugar la producción azucarera (pequeña escala).
- Datos productivos (1855): 73 ingenios; producción de 360 301 arrobas de azúcar; 604 potreros; 124 vegas de tabaco; masa vacuna 74 597 cabezas.
- Transformaciones agrarias: Inicio de disolución de fundos comunales y aparición de potreros y pequeñas fincas desde ca. 1840; importación de razas (Durham, Devon, Hereford) promovida por hacendados.
- Infraestructura: Ferrocarril Nuevitas–Puerto Príncipe impulsado por Gaspar Betancourt Cisneros; tramos completados entre 1846 y 1851 (75 km), lo que aceleró la circulación de la producción regional. Intentos posteriores de nuevas vías fueron denegados por el gobierno.
Sociedad, cultura y educación
- Iglesia y edificios religiosos: Construcción y remodelación de iglesias y conventos (Iglesia del Carmen, Santa Ana, Cristo, convento de San Francisco, Iglesia Mayor); hospitales y monasterios promovidos por religiosos.
- Tradiciones y festividades: Paseos de San Juan y San Pedro, El Aguinaldo, Nochebuena, Día de Reyes, Semana Santa, Novenario de San José, Procesión del Santo Sepulcro; surgimiento de cabildos de negros de nación (Santa Bárbara, San Ramón, Santísima Trinidad) y reinados de origen africano en barrios como San Lorenzo, Rosario, Triana y El Cristo.
- Educación: Rezago inicial (alfabetización baja); apertura progresiva de escuelas de primeras letras y colegios (Colegio Cubano 1838; La Santísima Trinidad); creación de institutos y academias en la década de 1860 (Instituto de Aplicación, Academia de Idiomas).
Fuerza de trabajo y condiciones laborales
- Composición laboral (mediados del siglo XIX): Predominio de labradores y agricultores (83,3%); bajo porcentaje de asalariados (6%) y trabajadores por cuenta propia (5,35%).
- Esclavitud y trabajo doméstico: En la ciudad, 4 674 esclavos dedicados al servicio doméstico; en haciendas y potreros 1 105. La región concentró alrededor del 21% de los esclavos del país en ese periodo.
- Inmigración laboral: Llegada de colonos chinos (coolíes) para labores agrícolas y de lavado; sufrieron condiciones duras y episodios de rebelión en haciendas.
Proceso político e ideológico: liberalismo, conspiraciones e independentismo
- Influencia del constitucionalismo español: Implantación y derogación de la Constitución de Cádiz (implantada en Puerto Príncipe en 1812; derogada en 1814; reimplantada en 1820), lo que alimentó el liberalismo local y el sentimiento autonomista/independentista.
- Conspiraciones y sociedades secretas: Presencia de organizaciones como Cadena Triangular (Cadena Eléctrica) y Soles y Rayos de Bolívar; vínculos con líderes latinoamericanos y difusión de ideas bolivarianas.
- Sociedad Libertadora y levantamientos: Fundación de la Sociedad Libertadora (ca. 1849) y el levantamiento de Joaquín de Agüero (1851), cuyo fusilamiento en las inmediaciones del arroyo que cruzaba la Sabana de Méndez lo convirtió en precursor del independentismo[15]. “Finalmente, junto a Miguel Benavides Pardo, Tomás Betancourt y Zayas, Fernando de Zayas y Cisneros, Miguel Castellanos Zayas y Adolfo Pierra y Agüero fue capturado y conducido a la ciudad el 13 de julio de 1851. Después del sumario, los cuatro fueron fusilados el 12 de agosto...”[16]
Junta Revolucionaria de Puerto Príncipe
- Junta Revolucionaria (1866): fundada para preparar la revolución; miembros destacados: Salvador Cisneros Betancourt, Ignacio Mora de la Pera, Manuel Ramón Silva Barbieri.
- Logia Tínima (1867): organización masónica pro-independencia; directivos como Eduardo Agramonte Piña y José Ramón Boza Agramonte.
- Agitación pública: Incidente de San Juan (1866): enfrentamiento político frente a la Sociedad Filarmónica que evidenció la tensión local.
- Continuidad y legado: participación de jóvenes vinculados a 1851 en la insurrección de 1868; la ciudad aportó cerca de 16 generales relacionados con Agüero y sus compañeros.
Incorporación del Camagüey a la Revolución de 1868
La incorporación del Camagüey a la Revolución de 1868 fue un evento significativo que marcó el inicio de la insurrección en la región. El 4 de noviembre de 1868, 76 patriotas camagüeyanos se reunieron en el Paso de Las Clavellinas del río Saramaguaicán, a tres leguas de Puerto Príncipe, para proclamar su adhesión a la causa independentista. Este alzamiento, conocido como el Alzamiento de Las Clavellinas, fue liderado por figuras como Salvador Cisneros Betancourt y fue el resultado de una planificación consciente y un profundo sentimiento patriótico. Este hecho es recordado en Cuba como un símbolo de unidad, coraje y compromiso con la independencia nacional.
Situación económica y política antes del alzamiento
- Causas estructurales: disminución de ingresos municipales; impuestos elevados; crisis de la ganadería por competencia extranjera; caída de precios del azúcar y quiebra de negocios.
- Medidas locales: organización del trabajo asalariado; establecimiento de contratos; recortes presupuestarios; militarización administrativa con la creación de la Comandancia General del Centro y la protección de la vía férrea.
- Dirección conspirativa: actuación de la Junta Revolucionaria y la Logia Tínima; reuniones clandestinas con Salvador Cisneros, Francisco Socarrás Wilson y Eduardo Agramonte Piña.
Inicio del alzamiento y organización del movimiento
- Fecha fundacional: el alzamiento en el Camagüey se concretó el 4 de noviembre de 1868 en el Paso de Las Clavellinas, donde 76 camagüeyanos izaron la bandera del triángulo rojo y la estrella.
- Estructura política y militar: el movimiento se organizó como foco único bajo dirección coaligada (Junta Revolucionaria → Comité Revolucionario), con separación entre poder civil y militar y criterios democráticos en la conducción civil.
- Composición inicial: predominio de masones entre los primeros incorporados; dirigencia integrada por profesionales, propietarios y funcionarios con limitada experiencia militar.
Inteligencia mambisa
- Organización: redes de comunicantes y agentes organizadas por Salvador Cisneros e Ignacio Agramonte; coordinación urbana a cargo de Gregorio López García.
- Funciones: suministro de información sobre movimientos de tropas, pertrechos, medicinas y reclutamiento; uso de claves y seudónimos; viajes a Estados Unidos, Jamaica y Nassau para la compra de armas.
- Riesgos: descubrimientos, juicios y fusilamientos de agentes; detención y asesinato de colaboradores (caso de Ana Josefa Agüero Varona).
- Impacto: la aventura facilitó operaciones como el ataque planificado a Puerto Príncipe (20 de julio de 1869) y la coordinación de emboscadas y hostigamientos.
Acciones militares y Asamblea de Guáimaro
- Operaciones iniciales: emboscada ferroviaria en Montes de Bonilla (28 de noviembre de 1868) y hostigamientos continuos en Imías, Los Itabos, Consolación y otros puntos.
- Tácticas: combinación de fusilería y caballería ligera; empleo sistemático de emboscadas de contención y maniobras de hostigamiento.
- Representación política: creación de la Asamblea de Representantes del Centro en Sibanicú y decreto de abolición radical de la esclavitud (26 de febrero de 1869).
- Asamblea de Guáimaro (10 de abril de 1869): participación camagüeyana (Salvador Cisneros; Ignacio y Eduardo Agramonte; Francisco Sánchez; Antonio Zambrana); elección de Carlos Manuel de Céspedes como Presidente de la República en Armas; promulgación de la primera constitución revolucionaria con énfasis en Justicia, Libertad e Igualdad.
Situación militar 1869–1870 y figuras destacadas
- Reforzamiento español: embargos de bienes, ocupaciones y refuerzos militares en Puerto Príncipe; organización de brigadas y protección ferroviaria por la Comandancia General del Centro.
- Evolución mambisa: nombramiento de Ignacio Agramonte como jefe del tercer departamento militar; empleo creciente de guerrillas y unidades de caballería; incorporación de armamento moderno procedente de alijos (rifles Enfield, Spencer, etc.).
- Acciones relevantes: victoria en Ceja de Altagracia (4 de mayo) con elevado número de bajas enemigas; ataques combinados de infantería montada y machete; construcción de fortines y ocupación de posiciones estratégicas.
Figuras destacadas
- Ignacio Agramonte — jefe militar del tercer departamento; organizador de operaciones y tácticas de caballería; responsable de la disciplina y prestigio militar camagüeyano.
- Salvador Cisneros — líder civil; organizador de la Junta Revolucionaria y de la red de inteligencia; coordinador de la retaguardia.
- Eduardo Agramonte — colaborador en dirección y tareas de inteligencia; miembro del Comité Revolucionario.
- Augusto Arango Agüero — designado para la dirección militar del Comité; participó en operaciones y fue víctima de represalias.
- Carlos Manuel de Céspedes — iniciador del alzamiento en Oriente y figura central en la Asamblea de Guáimaro.
- Manuel de Quesada Loynaz — nombrado General en Jefe en Guáimaro; organizador de expediciones y enlace exterior.
Formación cultural y social, siglos XVI–XVII
La vida cultural de la villa de Puerto Príncipe se configuró desde su fundación en un marco dominado por una pequeña oligarquía hispana y por la consolidación de la ganadería como eje económico y social. La hispanidad marcó las pautas religiosas, educativas y administrativas; la presencia nativa aportó modelos prácticos incorporados por los colonos.[17]
Oligarquía, cabildo y religiosidad
- Actores principales: Vasco Porcallo de Figueroa; Diego de Ovando; Juan de Toro; Juan de Orellana y otros vecinos principales.
- Estructura social: latifundios ganaderos; el cabildo como núcleo político; la Iglesia y las capellanías reforzaron la hispanidad y limitaron la pluralidad cultural.
- Educación y órdenes religiosas: presencia de franciscanos desde 1599; capellanes y enseñanza limitada para sectores minoritarios.
Aportes nativos y primeros hitos literarios
- Aportes materiales nativos: técnicas para el casabe, bohío, uso del guano y del barro que mejoraron el hábitat colonial.
- Hitos literarios: aparición de Espejo de Paciencia; poema épico de Silvestre de Balboa Troya y Quesada (presumiblemente 1604) como una de las primeras expresiones poéticas conocidas en la isla.
Desarrollo cultural y urbano, siglos XVIII–XIX
El siglo XVIII marcó el despegue cultural de Camagüey: la élite criolla invirtió en arquitectura religiosa y doméstica, se multiplicaron manifestaciones musicales y pictóricas, y las fiestas populares adquirieron gran relevancia social y económica, contribuyendo a la formación de rasgos culturales criollos diferenciados.
Arquitectura, pintura y vida religiosa
- Construcciones religiosas: ermitas e iglesias (Nuestra Señora de la Altagracia / La Merced 1601; reedificación de La Merced en 1743).
- Decoración y pintura: uso de fresco, semifresco y seco; cenefas y motivos decorativos en viviendas y templos; influencia mudéjar y europea en ornamentación.
- Inversión de la élite: ampliación de casonas, refacción de conventos y donaciones a la Iglesia.
Fiestas, música y espectáculos
- Fiestas populares: San Juan y San Pedro, Corpus Christi y otras celebraciones que combinaron comercio, espectáculos ecuestres y actividades colectivas; el San Juan fue descrito como multitudinario y singular en la isla.
- Música religiosa: primeras manifestaciones musicales ligadas a la Iglesia (ej.: consagración de la ermita de Nuestra Señora de La Caridad, septiembre de 1734, con músicos enviados por el obispo).
- Teatros y compañías: aparición de representaciones teatrales desde inicios del siglo XVIII; crecimiento de la vida escénica en el [siglo XIX]].
Prensa, teatro y sociedades culturales, siglo XIX
En el siglo XIX se consolidaron instituciones culturales formales: prensa local, teatro y sociedades filarmónicas y musicales que impulsaron la circulación de ideas, la formación de públicos y la emergencia de figuras literarias y musicales de proyección nacional.
Prensa y publicaciones
- Primeros periódicos: Semanario Curioso (1810, manuscrito); primer periódico impreso por Mariano Seguí de los Olivos (1812); La Gaceta de Puerto Príncipe (1819) con la colaboración de Gaspar A. Betancourt Cisneros (El Lugareño).
- Función social: difusión de noticias, costumbrismo, política y cultura; surgimiento de órganos críticos y separatistas como El Oriente (1 de enero de 1867).
- Ejemplos de prensa efímera: El Camagüey (1866), clausurado por críticas al régimen colonial.
Teatro, sociedades y música
- Teatro Principal: inaugurado el 2 de febrero de 1850; estreno con la ópera Norma de Bellini.
- Sociedades culturales: Sociedad La Filarmónica (ca. 1830–1835); Academia de Música San Fernando (24 de julio de 1846); Sociedad Popular de Santa Cecilia (22 de noviembre de 1864).
- Figuras destacadas: Gertrudis Gómez de Avellaneda (literatura); Enrique José Varona (filosofía y pedagogía); numerosos músicos y artistas locales.
La Revolución y la cultura insurreccional (1868–1878)
LaGuerra de los Diez Años transformó la vida cultural del Camagüey: intelectuales, profesionales y artistas se incorporaron a la lucha, trasladando al campo insurrecto prácticas educativas, periodísticas y artísticas que contribuyeron a la formación de una cultura mambisa con fuerte sentido nacional.
Participación de la élite y cuadros intelectuales
Perfil de los insurgentes: abogados, médicos, catedráticos, hacendados y profesionales que abandonaron salones y sociedades para integrarse al Ejército Libertador (ej.: Salvador Cisneros Betancourt, Ignacio Agramonte, Eduardo Agramonte Piña, Antonio L. Luaces Iraola, Ignacio Mora de la Pera).[18] Motivación ideológica: la independencia se concibió como ruptura violenta con la metrópoli; la dirigencia local defendió la abolición de la esclavitud y la unidad táctica de todas las fuerzas por la nación.[19]
Cultura y moral en el campo insurrecto
Transformación de talentos: músicos, poetas y periodistas adaptaron su sensibilidad al entorno bélico; la literatura y la música se incorporaron a la vida del campamento como formas de expresión y cohesión.[20] “La Revolución de 1868 o Guerra de los Diez Años, arrastró hacia el sacrificio por la nación libre e independiente a miles de blancos, negros, pobres y ricos, ilustrados y menos instruidos, dispuestos todos al logro de la patria común en sí y para sí.” “La independencia no significaba el cambio gubernamental de españoles por cubanos, presuponía primero arrancársela a España por la fuerza de las armas, según la tesis lanzada el 26 de noviembre de 1868 por Ignacio Agramonte, recién comenzada la lucha.”[21]
Participación de la élite y cuadros intelectuales
Perfil de los insurgentes: abogados, médicos, catedráticos, hacendados y profesionales que abandonaron salones y sociedades para integrarse al Ejército Libertador (ej.: Salvador Cisneros Betancourt, Ignacio Agramonte, Eduardo Agramonte Piña, Antonio L. Luaces Iraola, Ignacio Mora de la Pera).[22]
Educación, prensa y propaganda en la manigua
La dirección revolucionaria priorizó la instrucción y la comunicación: se organizaron academias en los campamentos, se imprimieron periódicos mambises y se elaboraron materiales pedagógicos para la formación cívica y técnica de los combatientes.
Academias y enseñanza en campaña
- Escuelas en la manigua: se establecieron academias en campamentos (ej.: Jimaguayú) donde se impartieron gramática, aritmética, anatomía, milicia, Constitución e idiomas; Ignacio Agramonte promovió la enseñanza entre sus tropas.[23]
- Maestros y métodos: maestros como Esteban de Jesús Borrero Echeverría fundaron escuelas en la manigua; la instrucción se organizó con profesores ambulantes y materiales adaptados al entorno bélico.
Prensa mambisa y publicaciones de campaña
- Órganos impresos: surgieron periódicos manuscritos y de imprenta en los montes (El Cubano Libre, El Mambí, La Estrella Solitaria, El Boletín de la Guerra), que funcionaron como artillería ideológica de la Revolución.[24]
- Máquina impresora y circulación: la imprenta denominada La Libertad (máquina R. Hoe y Cía.) fue trasladada a refugios mambises para la edición y difusión de textos literarios y partes de guerra.[25]
Materiales pedagógicos y proyectos legislativos
- Cartilla Cubana de Lectura: Rafael Morales (Moralitos) elaboró la Cartilla Cubana de Lectura (10 de abril de 1872) y promovió la instrucción primaria gratuita en las prefecturas mambisas; la Cartilla aplicó método silábico y contenidos cívicos y prácticos.[26]
- Leyes y proyectos: la Asamblea de Representantes del Centro y la Cámara de Representantes mambisa sancionaron iniciativas sobre instrucción pública y escuelas anexas a talleres del estado.
Organización militar, administración y vida cotidiana del mambí
La guerra exigió la creación de estructuras administrativas, logísticas y disciplinarias que profesionalizaron al Ejército Libertador: prefecturas, talleres, hospitales de campaña y reglamentos militares convivieron con prácticas culturales y éticas que definieron la identidad mambisa.
Disciplina, logística y administración civil
- Estructura de retaguardia: se organizaron prefecturas, subprefecturas, casas de postas, talleres de curtimbres, fábricas de serones y sogas, herrerías, armerías y hospitales de campaña (ej.: San Diego del Chorrillo).[27]
- Disciplina militar: Ignacio Agramonte impulsó la organización, la disciplina y la formación de suboficiales; la práctica militar se combinó con normas morales y de conducta (concepto de “La Vergüenza”).[28]
Cultura material y recreación en campaña
Instrumentos y música: toques de corneta compuestos por Eduardo Agramonte Piña y el uso de guitarra y acordeón acompañaron la vida del soldado en la manigua. Prácticas culturales: recitales, décimas improvisadas, poesías y representaciones literarias se realizaron en campamentos (ej.: recitaciones en Jimaguayú, 8 de mayo de 1873), manteniendo la vida intelectual pese a las carencias.[29]
Ver
https://www.ecured.cu/Camag%C3%BCey
Fuentes
- Acosta León, Raúl: La Revolución en Camagüey. Camagüey. Imprenta El Camagüeyano. 1950.
- Aguirre Cuesta, Sergio. Nacionalidad y Nación en e1 Siglo XIX Cubano. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1990.
- Centro de Estudios Militares del MINFAR: Mayor General Máximo Gómez Báez, sus Campañas Militares (1895-1898). Editora Política. La Habana. 1986.
- Cepero Bonilla, Raúl. Obras Históricas. Instituto de Historia. La Habana. 1963.
- Comité Estatal de Estadística: Los Censos de Población y Viviendas en Cuba. Instituto de Investigaciones Estadísticas. La Habana. T. 1. Volumen 1.1988.
- Collazo, Enrique. Cuba Independiente. Editorial Oriente. Santiago de Cuba. 1981.
- Collazo, Enrique. Cuba Heroica. Editorial Oriente. Santiago de Cuba. 1980.
- Directorio Mercantil de la Isla de Cuba. La Habana. 1891.
- Estévez y Romero, Luís. Desde el Zanjón hasta Baire. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1974.
- Fernández Espert, Avelino: El Alzamiento en Camagüey en 1895. Las Clavellinas. Equipo de Investigaciones Históricas del Comité Provincial del PCC. Camagüey. 1990.
- Gómez Báez, Máximo. Diario de Campaña. Instituto del Libro. La Habana, 1968.
- Gonzáles Barrios, René: En el Mayor Silencio. Editora Política. La Habana. 1990.
- Guerra y Sánchez, Ramiro Le Riverend, Julio y otros. Historia de la Nación Cubana. La Habana. 1952.
- Ibarra, Jorge. Ideología Mambisa. Instituto Cubano del Libro. La Habana. 1972.
- Júarez Cano, Jorge: Apuntes de Camagüey. Camagüey. Imprenta El Popular. 1929.
- Labrada Rodríguez, Eduardo: La Prensa Camagüeyana del Siglo XIX. Editorial Oriente. Santiago de Cuba. 1987.
- Martí, José: Obras Completas. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1963.
- Pérez Guzmán, Francisco y Rodolfo Sarracino: La Guerra Chiquita, una experiencia necesaria. Editorial Letras Cubanas. La Habana. 1982.
- Pérez Guzmán, Francisco: Máximo Gómez. La Guerra de Liberación. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1986.
- Pichardo Viñals, Hortencia. Documentos para la Historia de Cuba. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1973.
- Piedra Martell, Manuel. Memorias de un Mambí. Instituto del Libro. La Habana. 1968.
- Pirala, Antonio: Anales de la Guerra de Cuba. Madrid. Imprenta de F. Gonzáles Rojas. 1895.
- Polavieja y Castillo, Camilo. Relación Documentada de mi Política en Cuba. Madrid. España. 1898.
- Portuondo, Fernando: Estudios de Historia de Cuba. La Habana. Editorial de Ciencias Sociales. 1973.
- Portuondo, Fernando: Historia de Cuba. 1492-1898. Editorial Pueblo y Educación. La Habana. 1975.
- Sánchez Agramonte, Eugenio: Revista Las Clavellinas. Diario de la Guerra. Equipo de Investigaciones Históricas del Comité Provincial del PCC. Camagüey.
- Sarabia, Nydia. Noticias Confidenciales de Cuba (1870-1895). Editora Política. La Habana. 1985.
- Souza, Benigno: Máximo Gómez, el Generalísimo. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1972.
- Souza, Benigno: Máximo Gómez, el Generalísimo. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1986.
- Torres Lasquetti, Juan. Colección de Datos Históricos, Geográficos y Estadísticos de Puerto Príncipe y su Jurisdicción. Imprenta El Retiro. La Habana. 1888.
- Ubieta, Enrique. Efemérides de la Revolución Cubana. La Moderna Poesía. La Habana. 1918.
- Varona, Guerrero, Miguel: La Guerra de Independencia de Cuba, 1895-1898. 2 Tomos. Editorial LEX. 1951.
Referencias
- ↑ Por medio de Velázquez conocemos el uso del topónimo Camagüey. También el rey en carta de 2 de agosto de 1515 en respuesta a otra del adelantado del año anterior aludió a este nombre.
- ↑ Pichardo, Hortensia. La Fundación de las Primeras Villas de la Isla de Cuba. pp. 63-69. La tradición oral acepta la fecha del 2 de febrero de 1514 por coincidir con los homenajes a la Patrona Titular de la Candelaria.
- ↑ Término geográfico de origen alemán introducido en 1888 por el geógrafo y economista George G. Chisholm. Designa una región dependiente o relacionada con una ciudad que funciona como su cabecera.
- ↑ Pezuela, Jacobo de la: Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico de la Isla de Cuba. T. IV. pp. 306.
- ↑ Sed, Gustavo y Elda Cento: Fundación y asentamiento de la villa de Santa María del Puerto del Príncipe. Estructura político administrativa: Camagüey y su Historia. Capítulo I. pp. 21-22.
- ↑ Pichardo, Hortencia: Documentos para la Historia de Cuba. T. 1. p 94.
- ↑ Leiseca, Juan Martín: Apuntes para la Historia Eclesiástica de Cuba. p 34.
- ↑ Ibarra, Jorge. Aproximaciones a Clio. pp. 5-16. Ver: Irene A. Wright: The Early History of Cuba.
- ↑ Pichardo, Felipe: Los Indios de Cuba y sus Tiempos Heroicos. pp. 6-48. Según el historiador Juan Torres Lasquetti la ermita de Santa Ana fue dedicada a los aborígenes mediante escritura de donación de doña Catalina Carmona en 1616. En el lugar se levantó el Convento de San Francisco de Asís en 1599.
- ↑ Es probable que del siglo XVII haya pasado al XVIII la voz Canabacoa, barrio próximo al río Tínima. El topónimo procedió de Haití, en la provincia de Magua.
- ↑ Llaverías, Joaquín: Academia de la Historia de Cuba. Colección de documentos. Papeles existentes en el Archivo General de Indias relativo a Cuba y muy particularmente a La Habana. T I y II. 1512-1578. p. 217. Un hato: 12.57 leguas cuadradas, 1, 687 caballerías, 22, 606 hectáreas. Se sabe que un barco cargado de cueros llegó a valer mucho más que conteniendo materias primas. Tanto de este siglo como del siguiente resulta imposible poder calcular con exactitud el monto del capital obtenido por el contrabando.
- ↑ García, César y, Alicia Melis. Documentos para la Historia Colonial de Cuba. pp. 148-150. Los franceses entraron el 18 de febrero y permanecieron hasta el día 25 y fueron enfrentados por milicianos criollos que luchaban en defensa de su patria chica, sin contar con militares españoles. Por su lado, Morgan había atacado el poblado el 29 de marzo de 1668, teniendo de su lado la debilidad militar y la lejanía de la capital. Las características del asalto hacen suponer que estuvo bien calculado y movido por interés económico.
- ↑ Pío, Tomás: Historia de Puerto Príncipe. En: Los Tres Primeros Historiadores de la Isla de Cuba. Antonio J. Valdés. T. III. p. 552.
- ↑ Bachiller, Antonio. Recuerdos de mi Viaje a Puerto Príncipe. Prosas Cubanas. p.191.
- ↑ Godínez, Emilio. Ob cit, p. 37.
- ↑ Idem. p. 81. (Ver: Cento Gómez, Elda: El camino de la independencia, Joaquín de Agüero y el alzamiento de San Francisco de Jucaral. Editorial Ácana, Camagüey. 2003)
- ↑ Iznaga Beira Diana. La Burguesía esclavista cubana. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1987 pp. 46. (tomado de Rafael Rodríguez Altunaga. Las Villas, biografía de una provincia. Academia de la Historia de Cuba. La Habana. 1955. pp. 70-71. Vasco Porcallo de Figueroa fue vecino de Puerto Príncipe, uno de los más importantes feudales en Cuba, terrateniente usufructuario de la mayor parte de los territorios de Remedios, Sancti Spíritus, Trinidad, El Cayo y Puerto Príncipe.
- ↑ Portuondo del Prado, Fernando. Estudios de Historia de Cuba. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1986. p.91.
- ↑ Ibarra Cuesta, Jorge. Ideología Mambisa. Instituto Cubano del Libro. La Habana. 1972. p. 21.
- ↑ Roa Garí, Ramón. Pluma y Machete. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1967. p. 57. Jocosamente señaló el autor: “(...) en más de una ocasión tuve que esforzarme por hacer décimas patrióticas y hasta eróticas al gusto del que me las pedía sin tener espontaneidades de poeta (...)” Ver: ob. cit. p.59.
- ↑ La Sociedad Popular Santa Cecilia y La Filarmónica cerraron los salones debido a que la mayoría de los miembros pasaron a integrar las filas del Ejército Libertador. Ver: Registro de los Señores Socios de la Sociedad Filarmónica de esta Ciudad. Según el historiador Gustavo Sed, 57 miembros de la Sociedad perdieron la vida por causas de la guerra.
- ↑ Portuondo del Prado, Fernando. Estudios de Historia de Cuba. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1986. p.91.
- ↑ Roa Garí, Ramón. Pluma y Machete. Ob. cit. pp. 337-340.
- ↑ Labrada Rodríguez, Eduardo. La Prensa Camagüeyana del Siglo XIX. Ob. cit. pp. 54-61.
- ↑ Morales y Morales, Vidal. Hombres del 68: Rafael Morales y Gonzáles. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana. 1972. pp. 19-23.
- ↑ Morales y Morales, Vidal. Hombres del 68. Ob. cit. pp. 369-375.
- ↑ Roa Garí, Ramón. Pluma y Machete. Ob. cit. p. 141.
- ↑ Jiménez Pastrana, Juan. Ignacio Agramonte. Su pensamiento Político y Social. Editorial Ciencias Sociales. La Habana. 1987. p.78.
- ↑ Roa Garí, Ramón. Pluma y Machete. Ob. cit. p. 59.
