Hospital Pediátrico José Luis Miranda
Hospital Pediátrico José Luis Miranda | |
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| MINSAP | |
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| Nombre completo | Hospital Pediátrico Universitario José Luis Miranda |
| Localización | Avenida 26 de Julio y 1ra. Reparto Escambray. CP. 50 200, Santa Clara, Villa Clara |
| Fundación | 31 de julio de 1960. |
| Financiamiento | Público |
| Camas | 273 (Dotación oficial febrero 2026) |
Hospital Pediátrico Universitario José Luis Miranda. Es una institución hospitalaria cubana de atención especializada a menores de 18 años con afecciones clínicas y quirúrgicas. Está ubicado en Santa Clara, provincia de Villa Clara.
Posee un carácter territorial, pues constituye centro de referencia en la región central de Cuba para un grupo importante de especialidades médicas, entre ellas la oncohematología, la neurocirugía, la cirugía pediátrica y neonatal, y la nefrología, entre otras.
Su fecha de inauguración ha sido controvertida, ya que, como ocurre en muchas instituciones de salud, comenzaron a prestar servicios antes de su inauguración oficial. Este hospital inició la puesta en marcha de algunos servicios asistenciales en junio de 1960. Por esta causa se consideró inicialmente que su inauguración había tenido lugar en ese mes, pero investigaciones posteriores hallaron evidencias de que el acto inaugural oficial se produjo el 31 de julio de 1960. Ese día, el comandante del Ejército Rebelde y entonces ministro de Salud Pública, doctor José Ramón Machado Ventura, lo dejó inaugurado oficialmente en un acto público realizado en las áreas exteriores de la institución.[1]
El centro, que había sido previsto con solo 80 camas de hospitalización, fue una de las obras inconclusas que dejó la dictadura batistiana y que la Revolución asumió y puso en marcha en sus primeros años. Contó en su apertura con 120 camas.
Sumario
- 1 Historia
- 1.1 Antecedentes y lucha social por un hospital infantil (décadas de 1940-1950)
- 1.2 Obra inconclusa de la dictadura y su uso político (1954-1958)
- 1.3 La Revolución triunfante y la inauguración oficial (1959-1960)
- 1.4 Primeras ampliaciones y nacimiento de la docencia médica (1960-1969)
- 1.5 Consolidación de la pediatría revolucionaria y el programa Madre Acompañante (1965-1970)
- 1.6 Formación de especialistas y organización por servicios (1970-1990)
- 1.7 Desafíos, modernización y desarrollo (1981-2026)
- 2 Actualidad
- 3 Referencias
- 4 Fuente
Historia
Antecedentes y lucha social por un hospital infantil (décadas de 1940-1950)
Los años finales de la década de 1930 y los primeros de 1940 fueron protagonistas del inicio de importantes demandas de la sociedad civil y de destacadas personalidades de Santa Clara, entre ellas los médicos pediatras Rafael L. Miyar, Agustín Anido Artiles, Joaquín Peralta Rodríguez y otros. Preocupados por la precaria atención médica a la población infantil de la provincia, iniciaron una campaña a favor de que el Estado construyera un hospital infantil en Santa Clara.
El 27 de julio de 1943, el Comité de Mujeres de Santa Clara y una llamada Liga de Protección al Niño convocaron una reunión en el Dispensario El Amparo para crear el Comité Gestor Pro Hospital Infantil. También el periódico La Publicidad dio a conocer el 31 de agosto de 1943 la existencia de un Patronato para la defensa del niño. Se iniciaba así una batalla de la sociedad civil santaclareña por el bienestar de los niños y en especial por la construcción del hospital infantil, la cual no logró respuesta satisfactoria hasta después del triunfo de la Revolución en 1959.[2]
En años posteriores, como parte de maniobras políticas de los gobiernos de turno, se amplió la sala pediátrica del Hospital San Juan de Dios a 50 camas, fue remodelada y nombrada «Sala Aballí», en homenaje a esa importante personalidad de la pediatría cubana. No obstante, esa sala se mantuvo en condiciones precarias e insuficientes para las necesidades de la población infantil de Santa Clara, lo que motivó múltiples denuncias en la prensa de la época, algunas con fotos que reflejaban cómo en una misma cama coexistían tres o cuatro niños ingresados. Ese fue el panorama de los servicios de hospitalización infantil en Villa Clara hasta el triunfo de la Revolución en 1959.[3]
En los períodos de aumento de las enfermedades diarreicas u otras epidemias resultaba imposible asimilar los casos que demandaban atención, y muchos niños fallecían sin poder recibir una atención adecuada. Esta situación fue denunciada reiteradamente por la prensa local por destacados pediatras como Rafael L. Miyar, Agustín Anido Artiles, José Navarrete Surí, José A. Muñiz Fernández y Luis Machado Esparza, entre otros.
Son estos los años en que Santa Clara reclama con insistencia, a través de sus organizaciones de la sociedad civil y del pueblo en general, la construcción de un nuevo Hospital de Maternidad por el Seguro de la Maternidad Obrera, pues el viejo hospital municipal de maternidad era insuficiente y estaba muy mal dotado. También se reclama un Hospital de Emergencias y un Hospital Infantil, estos últimos como consecuencia de la caótica situación existente con el único hospital de la ciudad que brindaba servicios de urgencia y emergencia, y que para la atención infantil solo contaba con una pequeña sala en Santa Clara, Sagua la Grande y Remedios, que eran insuficientes. En realidad existía una total insuficiencia para prestar servicios en las instituciones estatales a la población más humilde, que no podía acceder a las clínicas privadas o mutualistas.
Obra inconclusa de la dictadura y su uso político (1954-1958)
Los reclamos del pueblo solo tuvieron oídos para manipulaciones políticas y lucrativas con tan sentidas necesidades reales de la población. El hospital infantil, por su alta sensibilidad, fue el reclamo más utilizado con esos fines. En esos años, el gobierno dictatorial de Batista había creado la Organización Nacional de Dispensarios Infantiles (ONDI), dirigida por la esposa del dictador, y con estos fines incentivó la polémica alrededor del hospital infantil de Santa Clara.
Se llegó a crear una situación entre esta ciudad y Cienfuegos sobre la posible ubicación de dicho hospital, que se asignó a la antigua provincia de Las Villas. Finalmente se decidió su construcción en Santa Clara, se asignaron 300 000 pesos de crédito para iniciar los trabajos en 1954 y posteriormente se asignaron otros fondos para concluir la obra, que consistía en un dispensario para consultas y 80 camas de hospitalización. Esta obra tampoco fue terminada, desconociéndose el destino de gran parte del financiamiento asignado.[4]
Sin embargo, en 1955 aún no se habían iniciado las obras del hospital. La prensa de la época anunció el 13 de octubre la visita a Santa Clara de Luis Martínez Reyes, funcionario de la ONDI nacional, quien en compañía del pediatra santaclareño Alberto Calderín Gómez visitó los terrenos en el Reparto Escambray que la señora Lucía Llanes, viuda de Páez, cedía en donación para que se construyese el hospital. Esta visita, así como el tema de la construcción del hospital, fueron utilizadas para propaganda política y gestiones personales.
El 13 de febrero de 1957 se publicó otra noticia en la prensa donde se reflejaba que el Consejo de Alcaldes felicitaba a la Primera Dama por la decisión de construir el hospital en Santa Clara y solicitaba que el doctor Calderín fuese el director del mismo, estando la obra en sus comienzos. De esta manera se evidenciaban los intereses personales de este médico, que al poco tiempo de triunfar la Revolución abandonó el país.[5]
Otro reflejo del uso político de tan importante obra social para el beneficio de los niños de la antigua provincia de Las Villas fue la noticia publicada el 6 de diciembre de 1957, donde se anunciaba que el hospital sería terminado en 1958 y se designaba como director al pediatra Orlando Cowley Ávila. Realmente el hospital nunca fue terminado por el régimen dictatorial, y la controversia entre estos dos pediatras, que pugnaban por el puesto de director, ponía de manifiesto cómo algunos médicos se vinculaban a la política buscando beneficios personales.
En 1958, cuando se desarrollaba la etapa final de la guerra de liberación nacional, la obra se encontraba en fase de construcción civil y sus muros fueron de mucha utilidad, pues sirvieron de refugio a los rebeldes que combatían a las fuerzas del Escuadrón 31 en el contexto de la Batalla de Santa Clara, dirigida por el comandante Ernesto Che Guevara entre el 28 de diciembre de 1958 y el 1 de enero de 1959. Fue en medio de esos combates que el niño de 10 años José Luis Miranda García, en la mañana del día 29, fue alcanzado por un proyectil cuando intentaba identificar a su padre rebelde entre los guerrilleros que combatían cerca de su casa.
La Revolución triunfante y la inauguración oficial (1959-1960)
A raíz del triunfo de la Revolución se acometen nuevas obras de salud en todo el país, y Santa Clara no estuvo ajena a ese proceso. En 1959 se inaugura un modesto local como Hospital de Emergencias, se concluye la Clínica de Maternidad Obrera el 23 de mayo de 1959 (hoy Hospital Materno Provincial Mariana Grajales) y el Hospital Pediátrico Provincial José Luis Miranda el 31 de julio de 1960. La inauguración de este hospital pediátrico en Santa Clara representó un hecho trascendental para el desarrollo de la pediatría en el territorio, pues se disponía de una institución dedicada por entero a la atención de la población infantil.
Al frente del hospital fue designado el doctor Carlos Martínez Reyes, destacado médico y luchador clandestino del Movimiento 26 de Julio, quien iniciaba en ese centro una destacada carrera como salubrista revolucionario.
Primeras ampliaciones y nacimiento de la docencia médica (1960-1969)
La institución comenzó a prestar servicios con una dotación de 120 camas y un total de 109 trabajadores. En el momento de su apertura, la modesta instalación contaba con las siguientes dependencias: dos salas para hospitalizados (Sala de Primera Infancia y Sala de Segunda Infancia), cada una con cinco cubículos para ingresos, más las áreas de servicios correspondientes y dos salones de operaciones. A estas unidades se agregaban pequeñas áreas de apoyo: laboratorio clínico, unidad de rayos X, unidad dental para el cuerpo de guardia, farmacia, dos consultas y un pequeño recibidor con el Departamento de Admisión.
A pesar de iniciar sus servicios con 40 camas por encima de su diseño original, su capacidad resultaba insuficiente para los crecientes servicios sociales que debía prestar. Esto determinó que en un corto plazo se acometieran diversas obras de ampliación, entre las que pueden mencionarse en una primera etapa: la adaptación de un cubículo para el Servicio de Prematuros; otros cubículos fueron convertidos en Sala de Respiratorio, Sala de Miscelánea y Sala de Infecciones; se realizaron pequeñas ampliaciones de los cubículos existentes para aumentar su capacidad y mejorar su funcionamiento; el resto de los cubículos de esta área se dedicaron a la atención de casos de gastroenteritis, enfermedad que hacía grandes estragos entre la población infantil; se construyeron nuevos locales para farmacia y para la atención de lactantes, un salón de espera, dos locales para consulta y uno para Sala de Rehidratación; se ampliaron los locales destinados a archivos, rayos X, dietética, almacén y cuerpo de guardia. Con estas ampliaciones y remodelaciones internas, el hospital aumentó su capacidad a 160 camas.
A partir de 1965 se comenzaron nuevas obras de ampliación con vistas a cubrir la gran demanda asistencial que implicaban los nuevos programas de salud de lucha contra la gastroenteritis y la reducción de la mortalidad infantil, entre otros, así como la preparación de la institución para asumir la docencia, pues ya estaba programada la apertura de la Escuela de Medicina de Santa Clara, que inició su labor docente en noviembre de 1966. Estos trabajos implicaron una remodelación total de la institución y la construcción de nuevas áreas.
Este proceso inversionista, que duró varios años y durante el cual el hospital no dejó de prestar servicios a la población, dio respuesta a las crecientes demandas asistenciales del momento y a la apertura de la docencia. Dicho proceso culminó en 1969 con la integración definitiva de la antigua Clínica del Maestro, con cinco salas e inversiones en diferentes áreas del hospital. Se abrió una nueva unidad quirúrgica con cinco salones de operaciones, y el hospital se amplió a 423 camas, con servicios asistenciales mejor organizados y más amplios (quemados, misceláneas, psiquiatría infantil, gastroinfeccioso, cuerpo de guardia y consulta externa); nuevos servicios de apoyo mejor equipados (radiología, laboratorio de bacteriología, laboratorio clínico y anatomía patológica); áreas administrativas (oficinas, archivo y admisión); de servicios generales (almacenes, lavandería, mantenimiento); y docentes (aulas, anfiteatro, biblioteca e iconopatografía).
Consolidación de la pediatría revolucionaria y el programa Madre Acompañante (1965-1970)
El inicio de la docencia médica en el hospital significó un paso de avance que implicó no solo una diversificación de las funciones del centro, sino también un gran esfuerzo de los profesionales, que por esta vía consolidaron su formación. A los pediatras existentes en la provincia se unieron en esos años un grupo de profesionales que jugaron un papel clave en el desarrollo de la enseñanza y la consolidación de la pediatría en este centro hospitalario. Algunos eran especialistas o se especializaron después, como Gustavo Rivalta Vizcaíno, Antonio Diez Betancourt, Fernando González Seivane, Berta Vergara Domínguez, Elina de la Caridad Iglesias Zúñiga, Otto Machado Fernández, Pío Heriberto Mederos Lezcano, Roberto Hernández Najarro, Víctor García Reyna, así como Guillermo Lagarde Ampudia (neonatólogo), Rafael Torrens de la Nuez (patólogo) y Rafael López Sánchez (cirujano). Junto a Nilda Corcho Villavicencio, Clara Almenares Alarcón, Luis Machado Esparza, Luis Fleites Romero y Joaquín Peralta Rodríguez conformaron un brillante colectivo laboral que asumió los retos asistenciales y docentes de esos años.
Dentro de ese grupo descollaron de forma importante los profesores Fernando González Seivane y Berta Vergara Domínguez, que conformaban un matrimonio de especialistas, pilares clave en el desarrollo de la docencia y de la especialidad de pediatría en la provincia; Joaquín Peralta Rodríguez, que dirigió la pediatría provincialmente durante más de 30 años; y Otto Machado Fernández, que estuvo al frente de la dirección del hospital pediátrico en la etapa de organización e inicio de la docencia.
Además, jugaron un importante papel en estos años Antonio Diez Betancourt y Pío Heriberto Mederos Lezcano, quienes, además de su labor asistencial y docente, fueron excelentes directivos que condujeron el hospital durante varios años y consolidaron un importante desarrollo institucional, implementando procesos clave como el nuevo reglamento hospitalario, la organización del hospital por servicios, el análisis y la implementación de las primeras normas de pediatría, que devendrían después en protocolos de actuación. También garantizaron la organización de la docencia y los nuevos programas de salud, entre ellos el Programa de Lucha contra la Gastroenteritis, con el cual se obtuvieron a corto plazo exitosos resultados que redujeron en pocos años la mortalidad por esa causa en la antigua provincia de Las Villas.
Mención especial merecen también los profesores Guillermo Lagarde Ampudia, pilar en la consolidación de la Neonatología en la provincia, que elevó notablemente su nivel científico y profesional; Rafael López Sánchez, con similar trabajo en la cirugía pediátrica; Isidoro Sánchez Díaz, en Psiquiatría Infanto-Juvenil; y Rafael Torrens de la Nuez, pilar de la anatomía patológica. Estos especialistas, aunque no eran pediatras, dieron realce a la especialidad y llevaron a un alto nivel cada una de sus disciplinas durante los más de 30 años que laboraron en la institución.
Debe destacarse además, en este campo del desarrollo científico del hospital, a la doctora Berta Vergara Domínguez, primera pediatra en obtener el grado científico de Doctora en Ciencias Médicas en la institución. Este grupo de destacados profesores de Santa Clara recibió el apoyo de otros enviados de la capital, en estancias de varios meses, como los pediatras Eliseo Prado González, Julio López Benítez, Olimpo Moreno Vázquez, Liane Borbolla Vacher, Joaquín Pascual Gispert y Roberto Casanova Arzola, entre otros. Este conjunto de especialistas y profesores, locales y foráneos, organizaron la enseñanza de la pediatría y se inició la docencia a estudiantes de medicina de forma exitosa.
Sobre estos hechos, el profesor Julio López Benítez dejó una crónica en su libro Memorias de un Médico Cubano, donde narra su estancia de seis meses en Santa Clara y describe esos primeros años de la docencia de la pediatría en el territorio, destacando en especial el papel jugado por Otto Machado Fernández, Berta Vergara Domínguez, Fernando González Seivane y Joaquín Peralta Rodríguez. [6]
Las actividades desarrolladas a lo largo de toda la antigua provincia de Las Villas tuvieron un gran impacto entre los médicos dedicados a la especialidad, pues se desarrollaron jornadas de trabajo donde se discutieron los principales temas, que sirvieron para actualizar a todos los profesionales con los principales elementos que aseguraran una atención de calidad a la población infantil con un enfoque preventivo-curativo. Las propuestas elaboradas por la provincia al nivel central tuvieron gran acogida por su alta calidad, lo que ponía ya de relieve el nivel que alcanzaba la especialidad y que la llevaría en años posteriores a obtener destacados resultados.
Otro aspecto importante del desarrollo de la pediatría como especialidad médica en Villa Clara, y del prestigio y consideración que alcanzaron los pediatras villaclareños por los resultados obtenidos, fue la iniciativa del inicio de la organización de la «Madre Acompañante» en los hospitales pediátricos.
El origen de la propuesta de organizar el acompañamiento materno de los niños ingresados en los hospitales cubanos no ha sido bien precisado en la literatura científica, aunque existe consenso entre varios autores, que de forma indirecta se han referido al tema, en que no fue en la capital del país donde se tuvo esta iniciativa. No obstante, se ha podido comprobar que esta experiencia se inició de forma organizada y con el objetivo de su aplicación en los hospitales pediátricos en 1965 en la Clínica Mutualista de Santa Clara, que atendía los niños y cuya labor la asumió el Hospital José Luis Miranda como un servicio más de la institución. Los resultados alcanzados en esa experiencia se plasmaron en un trabajo científico titulado La madre como acompañante del niño hospitalizado en nuestras unidades. Normas para su reglamentación y experiencias obtenidas. Este trabajo fue anunciado por la prensa provincial de Santa Clara, pues fue una de las ponencias que llevó la provincia de Las Villas al Congreso Nacional de Clínicas Mutualistas.[7]
La propuesta era novedosa pero muy polémica, y las opiniones sobre su aplicación generalizada en los hospitales pediátricos estuvieron muy divididas. No obstante, a inicios de 1968 el Hospital Provincial Pediátrico de Santa Clara generalizó esta experiencia, impulsada por la iniciativa de los doctores Otto Machado Fernández, Joaquín Peralta Rodríguez y Berta Vergara Domínguez. Esta última fue la encargada de su implementación en la sala de pediatría general, y se promovió también parcialmente en el Hospital «Mártires del 9 de Abril» de Sagua la Grande, que prestaba ya algunos servicios y se preparaba para su inauguración oficial el 9 de abril de 1968 por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Cuando se produjo el recorrido del líder de la Revolución por las salas de este hospital y llegó a las salas de pediatría, la iniciativa de las madres acompañantes le llamó poderosamente la atención, lo cual fue un factor decisivo para la generalización de esa idea en todo el país.[8]
Formación de especialistas y organización por servicios (1970-1990)
En estos años, entre 1959 y 1970, se conformó en Villa Clara lo que pudiera llamarse primera generación de pediatras revolucionarios, que permitió crear las bases para el desarrollo de la especialidad en la provincia y del sistema de salud en general. Unido a esto se produjo un intenso desarrollo de la atención pediátrica clínico-preventiva, pues existía una alta demanda de atención médica y se generalizaba la implementación de la puericultura, lo cual se desarrolló fundamentalmente con los pocos especialistas con que se contaba, los internos verticales de la especialidad ya graduados y otros médicos recién graduados que eran adiestrados a través de cursos de educación continuada (cursos de posgrado llamados así en aquellos años), que los preparaban en los principales problemas que aquejaban a la población infantil. En toda esta labor resultó clave el papel del Hospital José Luis Miranda, centro de referencia para el desarrollo de las estrategias de la pediatría en la antigua provincia de Las Villas y después en Villa Clara.
Desde el año 1966 se habían comenzado a recibir en la provincia los primeros internos verticales que, al graduarse, fortalecían la asistencia pediátrica en la Atención Primaria de Salud (APS) o se incorporaban al hospital para iniciar la especialización en la residencia por vía directa.
También se incorporaron al hospital pediátrico provincial algunos residentes de pediatría que venían a terminar la especialidad, que realizaban en hospitales de la capital. Algunos de ellos fueron profesionales que jugaron posteriormente un papel importante en el desarrollo y consolidación de la docencia y también aportaron al sistema de salud. Este proceso permitió que un grupo de profesionales del hospital alcanzaran la categoría de especialistas entre los años 1970 y 1978 e integraran la segunda generación de pediatras villaclareños.
En 1970 se incorporaron los primeros residentes: por la vía normal, Francisco José Sánchez Pérez; y por la vía directa, José M. Cartaya Irastorza, Eva Josefina Quintero Fleites y Arelys Rivero Díaz. Estos tres últimos habían concluido su internado vertical de pediatría en Santa Clara. [9]
Este proceso de formación de especialistas en pediatría en el Hospital Pediátrico Provincial José Luis Miranda contó con la atención personal del doctor Fernando González Seivane, quien fue subdirector docente de esa institución entre 1970 y 1974. Este primer grupo de residentes se graduó en febrero de 1972 y los tres primeros desarrollaron un destacado trabajo en la provincia y, aunque están jubilados, permanecen aún aportando a la pediatría.
A este primer grupo de residentes se unió otro conformado por internos verticales que culminaban su postgrado en esos años o se incorporaban directamente a la residencia por vía directa al culminar la carrera. Este grupo completó la segunda generación de pediatras villaclareños formados completamente en la provincia. Lo integraron: Olga Rodríguez Fernández, Tomás Fermín Pérez Rodríguez, Amelia León Rodríguez, Teresa Pérez Fernández Bada, Ángel Guerra Pardo, Pedro Ugalde Castillo, Hiram Esparza y Roberto Martínez Ravelo, quienes jugaron un papel destacado en el desarrollo de la especialidad y del hospital.
El salto cualitativo entre 1970 y 1990 fue notable, pues el hospital incrementó el número de especialistas jóvenes en su plantilla y fortaleció su claustro docente-asistencial con una nueva generación de especialistas, lo que a la vez le permitió asumir los incrementos necesarios para la formación. Todo este proceso hizo posible que a partir de 1990 comenzara a perfilarse una tercera generación de pediatras, que jugaría un importante papel en la continuidad histórica de la especialidad en la provincia.
La continua y amplia formación de médicos, técnicos, enfermeras y otros profesionales de la salud permitió que los recursos humanos, en especial los médicos, se incrementaran en la provincia, a pesar de la política del enemigo de querer arrebatar este importante profesional mediante la estimulación del éxodo médico. En el año 1988, tomado como referencia para compararlo con años anteriores en períodos de 20 años, puede apreciarse que el total de médicos de la provincia se había incrementado a 2233, y de ellos estaban dedicados a la pediatría un total de 206. Había cambiado la composición, pues la mayoría eran ya especialistas, residentes en formación o postgraduados que habían hecho su internado vertical en pediatría. [10]
Otro aspecto relacionado con la organización hospitalaria que se llevó a cabo en esos años, y en el cual la pediatría villaclareña fue pionera en el país, fue el proceso de organización del Hospital Pediátrico Provincial por especialidades médicas. En todos los hospitales pediátricos del país era tradicional la organización de la atención pediátrica por servicios de Respiratorio, Gastro, Miscelánea Mayores y Miscelánea Menores, además de la existencia de otros como Neonatología, Cirugía Pediátrica y Psiquiatría Infantil.
Sin embargo, a partir de 1976 se comenzó en el Hospital José Luis Miranda un proceso liderado por los destacados pediatras y directivos Heriberto Mederos Lezcano (director del hospital) y José Manuel Cartaya Irastorza (subdirector facultativo), en el cual la tradicional organización existente de los servicios de Misceláneas fue modificada y se fueron organizando los servicios pediátricos por especialidades. Esta organización tenía como antecedente la temprana visión de preparar especialistas de pediatría en diferentes especialidades clínicas pediátricas para fortalecer la calidad de la atención médica.
Esta estrategia tuvo como iniciadora a la profesora Berta Vergara Domínguez, quien tempranamente se entrenó en el Instituto Nacional de Hematología para atender a los niños con afecciones hematológicas y desarrolló inicialmente su labor dentro de las salas de Misceláneas, hasta constituirse finalmente en un servicio de Oncohematología, que hoy es un orgullo de este hospital y es centro de referencia territorial para estas patologías.
Desafíos, modernización y desarrollo (1981-2026)
Especial significación en la consolidación de la atención médica en el hospital tuvo la experiencia durante la epidemia de dengue que azotó al país en 1981, donde se destacaron por su labor de atención al niño grave un grupo importante de pediatras como Ana Estrella Nodal (precozmente fallecida), Ángel Guerra Pardo y otros.
Fue una etapa difícil. La alta morbilidad por esta patología y las formas graves de la enfermedad motivaron un esfuerzo extraordinario de los pediatras y de todo el sistema de salud. Se habilitaron salas para la atención diferenciada de estos pacientes y se organizó un servicio emergente de Terapia Intensiva, que fue decisivo para reducir la mortalidad por esta causa. La experiencia adquirida por el sistema de salud y la atención directa del líder de la Revolución, Fidel Castro Ruz, a la epidemia, determinaron el desarrollo de importantes inversiones en el país en los hospitales pediátricos, con vistas a dotarlos de servicios de Terapia Intensiva de alto nivel y moderna tecnología.
En el marco de esa política nacional, el Hospital Pediátrico José Luis Miranda fue sometido a un nuevo proceso inversionista que lo dotó de un nuevo bloque de hospitalización y consulta externa de tres plantas, con una Sala de Terapia Intensiva de excelentes condiciones, comparable con cualquier servicio del primer mundo, así como otros servicios de hospitalización, todos dotados de moderna tecnología. Se completó una poderosa infraestructura que, unida al capital humano de alto nivel que se había formado, colocó a este hospital en un alto nivel de categorización, reconocimiento que se mantiene actualmente al ser centro de referencia nacional y territorial en varios servicios asistenciales.
La formación de pediatras estuvo entre las especialidades priorizadas por la alta demanda existente para el desarrollo de la medicina familiar y el fortalecimiento de la atención secundaria con especialistas, para poder asumir, una vez superada la crisis de los años 1990, las nuevas tecnologías que se implementaban. Además, producto de la batalla ideológica y como se ha mencionado, también abandonaron el país en esos duros años algunos pediatras, y fue necesario sustituirlos, retrasando el tradicional relevo generacional.
Ese incremento de pediatras, que llegó a alcanzar la cifra de 212 en toda la provincia en el año 2000, estuvo acompañado además de un incremento de las diferentes especialidades médicas que se verticalizaban hacia la atención infantil, lo que profesional y científicamente fortaleció de forma notable al hospital y le permitió asumir la nueva tecnología que se instalaba y los nuevos programas especiales que se implementaban. Este proceso fortaleció el papel del hospital como centro de referencia territorial en varias especialidades y programas que ya venían desarrollándose desde la etapa anterior, como la oncohematología, gastroenterología, fibrosis quística, cirugía pediátrica y neonatal, neurocirugía, psiquiatría infanto-juvenil, atención al niño grave, nefrología y trasplante renal, neuropediatría y neurocirugía, y otras que se incorporaron en esos años con un alto nivel, como la prevención de malformaciones congénitas, genética, medicina física y rehabilitación, imagenología, cardiopediatría y cirugía cardiovascular.
Los servicios pediátricos, tanto del hospital provincial como de los diferentes servicios pediátricos municipales y los pediatras de la APS, asumieron también con rigor y calidad los procesos de formación de recursos humanos que se desarrollaron en esos años. Si inicialmente en los primeros años de 1990, a causa de la crisis, se hicieron algunas reducciones de matrícula, posteriormente estas se incrementaron. Se fundó la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), la formación de especialistas de pediatría se descentralizó a los municipios, hubo que asumir además la formación de los especialistas de Medicina General Integral en la APS y el desarrollo de las maestrías, algunas de las cuales tuvieron como sede el Hospital Pediátrico José Luis Miranda, como fueron las de Atención Integral al Niño y Enfermedades Infecciosas. Todas esas tareas se desarrollaron de forma exitosa, y en especial la pediatría tuvo siempre un reconocimiento especial por el rigor y la calidad con que se desarrollaban los procesos docentes.
El salto cualitativo en los años de 1990 fue notable. A pesar de la crisis, no se detuvo la formación de recursos humanos. El hospital incrementó el número de especialistas jóvenes que se unieron a otros que ya acumulaban experiencia, y comenzó a formarse lo que se ha dado en llamar la tercera generación de pediatras villaclareños, que es la que, junto a los más experimentados profesores de la segunda generación, lleva hoy, en el nuevo milenio, el peso fundamental del trabajo de la institución y está formando ya la cuarta generación de pediatras.
El proceso de especialización que se había institucionalizado en la universidad médica en el curso académico 1987-1988 se consolidó como actividad académica de alto rigor y prestigio en los años de 1990. El destacado pediatra Fernando González Seivane asumió la Vicerrectoría de Investigaciones y Posgrado. Es la etapa en que, además del desarrollo de la especialización, muchos profesores, tanto de la asistencia como de la docencia, adquieren el segundo grado de la especialidad, se forman como máster en ciencias u obtienen grados científicos en Cuba o en el exterior, y se unen a los doctores en Ciencias que habían sido reconocidos al organizarse en Cuba el sistema de grados científicos y crearse la Comisión Nacional de Grados Científicos. En el año 2004 la Universidad Médica fue reconocida como institución autorizada para la formación doctoral, y se inició una nueva fase del desarrollo profesional en el hospital que lo ha llevado en la actualidad a contar con 5 doctores en Ciencias y 9 profesionales en formación doctoral.[11]
Mención especial requiere en esta etapa la respuesta que el estado cubano dio al sector de la salud una vez iniciado el período de recuperación económica a través de los «Programas de la Revolución». El hospital fue modernizado y se le introdujo nueva tecnología, alcanzando un nivel superior al contar con moderno equipamiento para la atención del niño grave, riñones artificiales, endoscopía, tecnología SUMA, modernos equipos de laboratorio clínico, tomografía axial computarizada y ultrasonografía Doppler, por citar lo más significativo.
Este desarrollo tecnológico, unido a la alta calificación de los recursos humanos y su espíritu constante de superación, fortaleció la posición del Hospital Pediátrico José Luis Miranda entre los más destacados del país y lo han llevado a ser centro de referencia nacional y territorial de varias especialidades pediátricas.
El alto nivel científico-técnico alcanzado ha estado respaldado además por sus relevantes resultados en la emulación que organiza el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Salud, que lo han hecho acreedor de todos los reconocimientos que se otorgan, entre ellos los de Unidad Modelo, Unidad del Pueblo y para el Pueblo, y Colectivo Moral, entre otras importantes distinciones.
Se ha recorrido de forma sintética, a través de la historia de este hospital, el surgimiento, desarrollo y consolidación de la pediatría revolucionaria villaclareña, en el marco de una revolución social que estremeció los cimientos de la sociedad cubana y ha desarrollado un sólido sistema de salud universal y gratuito, como justa demostración del cumplimiento de uno de los derechos fundamentales del ser humano: el derecho a la salud y, dentro de ellos, en especial los derechos del niño.
Los años transcurridos del nuevo milenio son todavía historia reciente y muchos procesos están en pleno desarrollo. Sus protagonistas trabajan y se esfuerzan por dar continuidad a los que los antecedieron, en una mezcla de tres generaciones de profesionales que confluyen, y que habrá que estudiar en años venideros para poder juzgar con mayor profundidad las transformaciones que se acometen. No obstante, los destacados resultados que se obtienen en la salud maternoinfantil, con resultados de excelencia comparables a nivel mundial, así como la participación destacada de los pediatras en procesos tan complejos como la acreditación de la carrera de Medicina y la reciente acreditación en el año 2019 con categoría de «Excelencia» de la especialidad de Pediatría, son solo tres ejemplos que permiten afirmar que el relevo y la continuidad histórica están garantizados para seguir llevando adelante la pediatría villaclareña, que tanto ha aportado a la salud pública cubana.
Sirva también esta monografía como un merecido homenaje al Hospital Pediátrico Provincial José Luis Miranda, bastión de la pediatría villaclareña, que en el marco de la acreditación de excelencia de la especialidad anteriormente mencionada en el año 2019, dada a conocer en el año 2020, cumplió los 60 años de fundado, un 31 de julio de 1960, por el miembro de la Generación Histórica de la Revolución, Comandante José Ramón Machado Ventura.
Actualidad
En la actualidad, esta institución, en el marco del proceso de reordenamiento de los procesos asistenciales, ha reajustado su dotación de camas y servicios, adaptándola a las necesidades actuales y al volumen asistencial que debe asumir, dadas las condiciones del comportamiento demográfico del país y el nivel logrado en el estado de salud de la población. Para ello cuenta con la siguiente distribución de camas y servicios asistenciales, muchos de ellos de referencia territorial.[12]
- Dotación normal de camas: 273
- Servicios Clínicos Pediátricos: Enfermedades Respiratorias, Cardiología, Nefrología y Hemodiálisis, Neumología, Pediatría general y Gastroenterología.
- Servicios Quirúrgicos: Cirugía Pediátrica, Urología, Ortopedia, Oftalmología, Cirugía Máxilofacial, Cirugía Reconstructiva y Quemados.
- Servicios de Atención al grave: Unidad de Terapia Intensiva, Unidad de Cuidados Intermedios, Servicio de Neonatología y Oncohematología.
- Otros Servicios: Salud Mental, Clínica del Adolescente, Neurodesarrollo y Neurofisiología.
Referencias
- ↑ Inaugurado ayer el Hospital Infantil José Luis Miranda. Periódico el Villareño. Santa Clara lunes 1º de agosto de 1960. Año XI. No. 168. Primera Plana.
- ↑ La liga de protección al niño debe ser una cuestión vital para el pueblo de Santa clara. Periódico La Publicidad 1943
- ↑ Para poder hospitalizar niños hay que reunir vaios en una misma cama. Periódico El Villareño 1956
- ↑ Ruiz Hernández JR., Ores Viego JA., Sánchez Pérez J (2024). Villa Clara en la Pediatría Cubana. ECIMED. La Habana. (Esta noticia fue tomada del periódico El Villareño 1957).
- ↑ Ruiz Hernández JR., Ores Viego JA., Sánchez Pérez J (2024). Villa Clara en la Pediatría Cubana. ECIMED. La Habana. (Esta noticia fue tomada del periódico El Villareño de los años 1955 y 1956)
- ↑ López Benítez J. Memorias de un médico cubano. ECIMED. La Habana.
- ↑ Trabajos que llevará la provincia de Las Villas al I Congreso Médico-Estomatológico de las clínicas mutualistas. (1965). Periódico Vanguardia 18 de Agosto de 1965.
- ↑ Interesase Fidel por el sistema de la madre acompañante. (1968). Periódico Vanguardia. 10 abril 1968.
- ↑ Entrevistas personales realizadas a los pediatras: José Francisco Sánchez Pérez, José M. Cartaya Irastorza y Eva Josefina Quintero Fleites.
- ↑ Datos aportados por el Departamento de Estadística provincial de la Dirección general de Salud en Villa Clara.
- ↑ Datos aportados por el Departamento de Postgrado de la Universidad de Ciencias Médicas de Villa clara.
- ↑ Datos aportados por el Departamento de Etadísticas del Hospital Universitario José Luis Miranda de Santa Clara.
Fuente
- Machado García-Siñeriz R., (2000). La Especialización en el territorio central. Ponencia presentada en la Jornada Científico.Histórica por el Centenario del Hospital Universitario “Celestino Hernández Robau”. Santa Clara, 24 de noviembre de 2000.
- Ruiz Hernández JR (2022). El Ejercicio profesional de la medicina en Cuba 1510-1985. Legado Villaclareño. Editorial de Ciencias Médicas ECIMED. La Habana.
- Ruiz Hernández JR., Ores Viego JA., Sánchez Pérez J (2024). Villaclara en la Pediatría cubana. Editorial de Ciencias Médicas. La Habana.
- Ruiz Hernández J.R. (2018) La Salud Pública Revolucionaria Cubana (1959-2008). Cuadernos de Historia de la Salud Pública No.123. La Habana: ECIMED. .
- Ruiz Hernández J.R (2008). Cuba Revolución Social y Salud Pública (1959-1984). La Habana: ECIMED. 2008.
- Sección de Fondos Raros y Valiosos de la Biblioteca Provincial José Martí. Santa Clara. Prensa de la época (1940-1970)
