Rigoberto Soler Pérez
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Rigoberto Soler Pérez (Alcoy, Valencia, 30 de agosto de 1896 – Dénia, Alicante, 23 de noviembre de 1968) fue un destacado pintor español, reconocido fundamentalmente por su maestría en el paisajismo, el impresionismo y la captación de la luz mediterránea, especialmente en las islas de Ibiza y Mallorca.[1] Por la calidad técnica de su trabajo y su fidelidad a la tradición luminista, es considerado como el último eslabón de los grandes maestros que tuvo la pintura valenciana en el siglo XX.
Sumario
Síntesis biográfica
Nacido en Alcoy en 1896, Rigoberto Soler Pérez inició su etapa de aprendizaje en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia, donde tuvo como maestro inicial a Eduardo Soler Llopis. Posteriormente continuó su formación superior en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, espacio en el que se educó bajo la tutela y el contacto de destacados maestros de la época como el catedrático e ilustre pintor Isidoro Garnelo y el docente Cebrián Mezquida, artistas con los que coincidió y de quienes recibió una notable influencia formativa.[2]
Sin embargo, el pintor alcoyano fue principalmente discípulo directo de José Mongrell, quien ejerció la mayor influencia sobre su concepto y estilo artístico. Asimismo, aunque la relación con Joaquín Sorolla respondió más bien a una influencia estilística generalizada dentro del posimpresionismo y el «sorollismo», su huella marcó profundamente el uso magistral de la luz y el color en la obra de Soler.
En la década de 1920 se established en las Islas Baleares, un entorno geográfico y lumínico que transformó de manera decisiva su visión pictórica. Su vinculación con Ibiza, donde fijó su residencia y taller durante largos periodos, lo convirtió en uno de los grandes divulgadores del paisaje y las costumbres ibicencas en el ámbito nacional e internacional.[3]
Trayectoria artística
Su carrera se consolidó mediante una intensa participación en la Exposición Nacional de Bellas Artes (España), así como en diversos certámenes internacionales en Europa y América. Obtenía con frecuencia el aplauso de la crítica por su vibrante paleta de colores y el dominio del plenairismo.[4]
Aparte de la pintura costumbrista, también ejerció la pintura paisajista, reflejando con maestría los paisajes mallorquines y consolidándose también como un importante representante de la pintura mallorquina.
Establecido en las Baleares, entabló amistad y contacto con otros artistas de la época que buscaban la luz mediterránea. Su obra se expuso en importantes galerías de Madrid, Barcelona y Valencia, logrando una gran acogida entre coleccionistas privados e instituciones.
Tras la Guerra Civil Española, continuó con su prolífica labor creadora, manteniendo la fidelidad a los temas luministas, el mar, los acantilados e higueras de Ibiza y los paisajes rurales alicantinos.
Últimos años y muerte
En sus últimos años, Rigoberto Soler mantuvo su dedicación a la pintura, retirándose progresivamente a la comarca de la Marina Alta. Falleció en Dénia el 23 de noviembre de 1968. Su legado permanece como un testimonio fundamental de la pintura paisajística mediterránea del siglo XX.[5]
Obra
La producción de Rigoberto Soler Pérez destaca por un impresionismo de pincelada suelta, un uso empastado del color y un estudio riguroso de la luz solar sobre la naturaleza y la arquitectura popular.[6]
- Influencias estéticas: Su obra acusó la impronta determinante de José Mongrell, el sorollismo y la escuela paisajística valenciana, desarrollando un estilo personal centrado en el luminismo mediterráneo.
- Técnica: Destacó en el uso del óleo sobre lienzo y sobre táblex, aplicando capas gruesas y expresivas mediante el uso ágil de la paleta y la espátula.
- Temática: Sus temas principales abarcan los paisajes insulares de Ibiza y Mallorca, escenas costumbristas, puertos, marinas, retratos y figuras populares.
Obras destacadas
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Bibliografía
- Segura Martí, J. M., Pintores de Alcoy en el siglo XX. Alcoy: Ayuntamiento de Alcoy, 1997.

