Operación Tributo

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Operación Tributo
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Fecha:7 de diciembre de 1989
Lugar:En cada municipio del país
Descripción:
Es la Operación Tributo un digno homenaje a quienes ofrendaron la vida en defensa de países hermanos, en el continente africano.
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba
Ejecutores o responsables del hecho:
Todo el pueblo cubano

Operación Tributo. Es el nombre dado en Cuba, en el año 1989, a la acción de trasladar de regreso a territorio nacional los restos mortales de los cubanos caídos en misiones internacionalistas en países de África. Fueron estos mártires cargados en hombros por el pueblo y sepultados en la tierra que honraron y en la que cada año, en marcha de peregrinación hacia los panteones erigidos en cada municipio, se le rinde merecido homenaje.

Antecedentes

El 15 de noviembre de 1975, con el arribo a Angola de las primeras unidades de combate cubanas, para la defensa de la soberanía e integridad territorial, se inició la Operación Carlota. Desde entonces, a lo largo de casi 16 años, más de 380 mil soldados y oficiales y cerca de 75 mil colaboradores civiles apoyaron la independencia, fortalecimiento y reconstrucción de la República Popular de Angola.

En el recuerdo se atesoran las heroicas batallas de Quifangondo, Cassinga, Cangamba, Sumbe y Cuito Cuanavale, por solo citar las de mayor connotación político-militar, así como las defensas a las largas caravanas, emboscadas por fuerzas de la UNITA y los combates aéreos ocurridos en diversas latitudes del cielo angolano. La crudeza de la guerra implicó la caída en el cumplimiento de la misión de 2 mil 289 internacionalistas cubanos.

Desde los primeros instantes, la vida de cada uno de los más de 400 mil cubanos que cumplieron misión fue prioridad para la máxima dirección política y gubernamental de Cuba. Así lo expresó el entonces jefe del Ejército Oriental, general de división Ramón Espinosa Martín,[1] a un corresponsal del semanario ¡Ahora!:

“Estoy convencido de que a Fidel es a quien más le duelen los caídos en otras tierras y por ello nos reiteraba la necesidad de alcanzar las victorias con pocas bajas, porque son las más queridas, las más importantes, las más duraderas y que más agradece nuestro pueblo. Y eso estuvo presente siempre en todos los jefes cubanos que estuvieron al frente de las unidades en misiones internacionalistas”.[2]

Durante los años de la ayuda solidaria el gobierno cubano informaba a los familiares la muerte de un combatiente (en combate o por accidentes y enfermedad). Resultaba imposible en medio de la guerra, en tierras lejanas, repatriar los cadáveres y sepultarlos en sus lugares de origen. Al humanitario y leal gesto se le llamó Operación Tributo. Aquellos restos no pertenecían solo a sus familiares allegados, sino a la historia de todos los cubanos. Se unieron así el sentimiento de la victoria, la reafirmación de la utilidad de un esfuerzo que contribuyó a cambiar el destino de África, y el profundo dolor por los desaparecidos.


Ese momento llegó luego de los acuerdos de paz de diciembre de 1988, que pusieron fin a las incursiones de los racistas sudafricanos dentro del territorio de Angola e hicieron posible la independencia de Namibia y la liquidación en años siguientes el oprobioso sistema del apartheid. La Operación Tributo fue, además, el símbolo de que una época se cerraba y otra se abría en la vida de la Revolución cubana. Coincidió con el ya evidente desplome de los países socialistas de Europa, y el derrumbe de la URSS. Cuba tenía que reagrupar las fuerzas para una nueva batalla en que la principal misión internacionalista, y el mejor servicio del movimiento revolucionario, sería defenderse a sí misma y preservar la independencia y el socialismo.

Operación Tributo

El General de Ejército Raúl Castro Ruz, Ministro de las FAR, el 12 de diciembre de 1976, en visita a Angola, planteó:

“De Angola, nos llevaremos la entrañable amistad que nos une a esta heroica nación y el agradecimiento de su pueblo y los restos mortales de nuestros queridos hermanos caídos en el cumplimiento del deber”.[3]

Dejaba establecido el principio de que cuando la colaboración militar y civil terminara, serían trasladados a Cuba los cuerpos sin vida de aquellos que regaron con su sangre el suelo de la Patria defendida, poniendo en lo más alto del mundo el ideario internacionalista de la Revolución cubana. Y así ocurrió.

Preparación de la Operación Tributo

En la primera etapa de la guerra (1975-1976), a los caídos le dieron sepultura en la cercanía de los lugares donde ofrendaron sus vidas. La gran extensión y complejidad de Angola y su situación militar y el no contar con los recursos suficientes, impidieron poder concentrar todos los restos en un mismo lugar. Posteriormente, en la segunda etapa (1976-1981), comenzaron a enterrarlos en cementerios locales, próximos a la ubicación permanente de las tropas cubanas. En el caso específico de la acción combativa de Cassinga, el 4 de mayo de 1978, fue construido un pequeño cementerio en Tchamutete para los 16 combatientes caídos.

Siempre que daban sepultura a algún compañero, lo hacían con su chapilla de identificación, dibujaban un croquis con el sitio exacto y levantaban un acta en la cual se relacionaban los participantes en la inhumación. Ambos documentos eran archivados en la Jefatura de la Misión Militar Cubana en Angola (MMCA). Ello permitió, en 1981, reagrupar los restos de los caídos y depositarlos en un mismo lugar.

No se podía continuar dando sepultura de forma dispersa, era preciso enterrar en Luanda a todos los cubanos, por lo cual se dio la orden de construir el cementerio de la MMCA en la propia ciudad capital. La obra fue terminada en julio de 1983. Dos réplicas de fusiles AKM a gran tamaño, una palma real y el Escudo de Cuba ambientaron el lugar.

Los acontecimientos ocurridos a lo largo del año 1988 provocaron el viraje de la guerra. La correlación de fuerzas en el teatro bélico meridional experimentó cambios favorables para las tropas cubanas. Los triunfos alcanzados por las agrupaciones cubano-FAPLA en Cuito Cuanavale, Calueque y el aniquilamiento casi total del 61 batallón sudafricano, condujeron a la firma, el 22 de diciembre del propio año, de los Acuerdos Tripartitos en la sede de la Organización de Naciones Unidas en Nueva York, garantizando así la independencia de Namibia, la seguridad de Angola y la paz entre los países del suroeste africano. En consecuencia, el regreso victorioso a la patria de las tropas internacionalistas.

El 8 de agosto de 1989, el segundo secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y ministro de las FAR, general de ejército Raúl Castro Ruz, firmó las Indicaciones número ocho, sobre las medidas para la organización y ejecución del traslado de los restos de los combatientes caídos en cumplimiento de misiones internacionalistas y las ceremonias militares en sus funerales. A partir de ese momento fueron creadas la Comisión Política, la Comisión de Trabajo Nacional con su grupo de apoyo, así como las comisiones de trabajo provinciales y municipales, que tuvieron a su cargo la preparación y realización de la Operación Tributo en todo el país.

Traslado de los restos de los internacionalistas

Entre los días 27 de noviembre y el 4 de diciembre de 1989, fue el traslado de los restos. Tres aviones IL-76 pertenecientes a la Compañía Cubana de Aviación efectuaron los viajes entre Luanda y la Base Aérea de San Antonio de los Baños, donde tuvo lugar la recepción total de los féretros, clasificación, desinfección y control sanitario. De los 2 mil 289 caídos, 2 mil 85 fueron en misión militar y 204 en colaboración civil. De ellos, 863 perecieron en acciones combativas, 829 por accidentes y 597 a causa de diversas enfermedades. Un total de 95 compañeros cayeron en circunstancias en que fue imposible recuperar los cuerpos y tres fueron notificados como desaparecidos.

Traslado de los restos de los internacionalistas

Luego de un extraordinario trabajo en el que participaron especialistas del Instituto de Medicina Legal para la identificación y preparación de los cadáveres en el Cementerio de la Misión Militar Cubana en Angola y Etiopía, entre otros países donde reposaban los restos de nuestros compañeros caídos, se iniciaba la Operación Tributo. El 6 de diciembre de 1989 fueron trasladados los féretros a las respectivas provincias, para darles sepultura en los Panteones de los Caídos acondicionados en cada uno de los municipios del país.

Ceremonia nacional

En cada territorio, se construyó un Panteón de los Caídos por la Defensa. Las autoridades sostuvieron intercambio con los familiares de los mártires. Fueron constituidas y entrenadas las compañías de ceremonias y las bandas de música. De igual modo fueron preparados los locales donde tendrían lugar las honras fúnebres. Además la logística fue organizada para recibir a los familiares que tuvieran domicilio en otro territorio. Resultó imprescindible el acopio de grandes volúmenes de flores para las coronas y la adaptación de los medios de transporte a utilizar en los sepelios, unido a la organización de la atención médica especializada, las comunicaciones y la seguridad de los inmuebles y carreteras.

A las 9 de la mañana, del 7 de diciembre de 1989, día de Duelo Nacional, pues la Patria conmemoraba el 93 aniversario de la caída en combate de Antonio Maceo Grajales y de su ayudante Panchito Gómez Toro, el pueblo rindió tributo a los mártires. Muestras de dolor, respeto y admiración se suscitaron a lo largo y ancho del país. En los 169 municipios se pusieron en marcha los cortejos fúnebres para llevar hasta su último destino (los Panteones de los Caídos por la Defensa) los restos de los combatientes internacionalistas.

Homenaje del pueblo cubano a los mártires internacionalistas

La Operación Tributo terminó con el levantamiento del Duelo Nacional a las 18:00 h de ese mismo día. En suelo patrio, que guarda los restos de los héroes de las gestas independentistas, la lucha de liberación nacional y del enfrentamiento a las acciones enemigas, descansan para siempre los seguidores del Che, los que ofrendaron sus vidas en otras tierras del mundo que reclamaron sus modestos esfuerzos. Aquellos que perdieron la vida durante los más de 13 años de presencia solidaria cubana en Angola y en otros escenarios de ayuda a pueblos hermanos, como Etiopía y Nicaragua descansarían en las tierras que los vieron nacer.

Durante todo el velatorio los mártires recibieron guardias de honor a cargo de cuadros destacados del Partido y del Estado, la UJC y las organizaciones de masas (FMC y CDR). El pueblo en columnas interminables desfilaba de manera continua ante féretros y osarios de quienes lo dieron todo por la libertad de otras patrias.

Ese día se celebró una ceremonia nacional en el Mausoleo del General Antonio Maceo, en el Cacahual, donde fueron expuestos los restos de 16 combatientes internacionalistas en representación de todas las provincias y el municipio especial Isla de la Juventud. El pueblo acogía así en su seno a sus hijos, a sus internacionalistas, a sus combatientes, muy jóvenes, cada uno con su fotografía, para mantenerlos en el recuerdo y en el corazón, para mostrar a cada ciudadano cubano que “ideas y principios se defienden hasta con la propia vida”. En el discurso de despedida de duelo pronunciado aquella mañana por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, con voz emocionada planteó:

“(…)A esta hora, simultáneamente, en todos los rincones de donde procedían, se da sepultura a los restos de todos los internacionalistas que cayeron en el cumplimiento de su noble y gloriosa misión(…)”[4]

En aquellas tierras del África, los internacionalistas cubanos fueron ejemplo de respeto a la dignidad y la soberanía del país. La confianza ganada por Cuba en el corazón de esos pueblos no fue casual, fue fruto de la intachable conducta, de aquellos cubanos a quienes cada 7 de diciembre se les realiza una merecida ceremonia.

Véase además

Enlaces externos

Referencias bibliográficas

Fuentes