Bifaz olduvayense (Utensilio de la Edad de Piedra)

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Bifaz olduvayense
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Utensilio encontrado en la garganta de Olduvai, Tanzania, 1,2-1,4 millones de años de antigüedad.

Bifaz olduvayense. El bifaz era el equivalente a la navaja Suiza de la Edad de Piedra, una pieza esencial de tecnología con múltiples usos.

Historia

A lo largo de la historia humana se ha probado que nuestros antepasados solo necesitaban un objeto como equipaje a la hora de viajar: un bifaz de piedra.

El bifaz era el equivalente a la navaja suiza de la Edad de Piedra, una pieza esencial de tecnología con múltiples usos. El extremo puntiagudo podía emplearse como taladro, mientras que los largos filos de ambos lados cortarían árboles o carne o arrancarían corteza o pieles. Parece bastante sencillo, pero de hecho un bifaz es sumamente difícil de hacer, y durante más de un millón de años representó literalmente la vanguardia de la tecnología.

Acompañó a nuestros antepasados a lo largo de la mitad de su historia, permitiéndoles propagarse primero por toda África y luego por todo el mundo. Durante un millón de años, el sonido de la fabricación de bifaces representó la percusión de la vida cotidiana. Cualquiera que tuviera que escoger cien objetos para contar una historia del mundo debería incluir un bifaz.

Bifaz olduvayense

Fue hallado en África oriental, en la garganta de Olduvai, la profunda grieta que atraviesa la sabana de Tanzania, pero proviene de un estrato geológico superior al del canto bifacial, que se fabricó cientos de miles de años antes y de hecho hay un enorme salto entre aquellos primeros utensilios líticos y este bifaz. Es aquí donde encontramos los verdaderos orígenes de los humanos modernos, sin duda reconoceríamos a la persona que hizo este objeto como alguien semejante a nosotros.

Lo que hace tan interesante a esta especie de hacha de piedra es todo lo que nos cuenta no sólo sobre la mano, sino también sobre la mente que la fabricó. Aunque en ocasiones se utiliza el término hacha de mano como sinónimo de bifaz, lo cierto es que el bifaz de la garganta de Olduvai no se parece en nada a un hacha moderna, no tiene mango alguno, ni tampoco ninguna hoja metálica. Se trata, de un pedazo de roca volcánica, de un hermoso color gris verdoso, en forma de lágrima.

Es mucho más versátil que un hacha moderna. La piedra ha sido tallada para producir bordes afilados a lo largo de los dos lados más largos de la lágrima, y una punta también afilada en uno de sus extremos. Cuando se agarra con una mano humana, resulta sorprendente hasta qué punto coinciden las dos formas, aunque este en concreto es excepcionalmente voluminoso y resulta demasiado grande para que la mano del hombre lo sostenga con comodidad. Asimismo, está muy bien trabajado, y pueden verse las marcas del tallado que le dio su forma.

Este bifaz, es algo muy diferente. Basta ver una demostración actual del manejo del percutor para tener una idea de las habilidades que debía de poseer el artífice de nuestro bifaz. Los bifaces no son cosas que uno pueda improvisar deprisa y corriendo, sino el resultado de la experiencia, de una planificación y habilidad meticulosas, aprendidas y perfeccionadas durante un largo período de tiempo.

Además de la gran destreza manual necesaria para fabricar este utensilio de corte, no es menos importante para nuestra historia el salto conceptual que su elaboración requiere, el hecho de ser capaz de imaginar en el trozo de piedra en bruto la forma que uno quiere darle, a la manera que un escultor actual puede ver la estatua aguardando en el interior del bloque de piedra.

Toda la creatividad, meticulosamente concentrada y planificada, que se requiere para hacer este bifaz, entraña un enorme avance en el modo en que nuestros antepasados veían el mundo y en que funcionaba su cerebro. Posiblemente, el bifaz contenga también la evidencia de algo todavía más notable, puede que este utensilio lítico tallado encierre el secreto del habla, y que fuera fabricando cosas como esta como aprendimos a hablarnos unos a otros.

Aportes a la Historia de la Humadidad

Recientemente los científicos han observado qué ocurre a escala neurológica cuando se fabrica un utensilio de piedra. Utilizando modernos escáneres hospitalarios para ver qué partes del cerebro se activan cuando se trabaja la piedra con un percutor. Sorprendentemente, las áreas del cerebro moderno que se usan cuando se fabrica un bifaz coinciden en gran medida con las que se utilizan al hablar. Hoy parece muy probable, que si uno es capaz de modelar una piedra, también lo es de modelar una frase.

Se desconoce lo que pudo haber dicho el artífice de bifaz, pero es probable que tuviera más o menos las capacidades lingüísticas de un niño de siete años.

Fuera cual fuese su nivel, este temprano lenguaje hablado habría supuesto claramente el origen de una capacidad de comunicación absolutamente nueva, ello significaría que aquellas personas podían sentarse a intercambiar ideas, planear su trabajo juntos o hasta simplemente chismorrear. Si eran capaces de fabricar un bifaz como este y de transmitir las complejas aptitudes involucradas en el proceso, es posible que estuvieran en camino de formar algo que hoy todos reconoceríamos como una sociedad.

Así, hace 1,2 millones de años se pudo fabricar herramientas, como el bifaz, que nos ayudaron a controlar nuestro entorno y a transformarlo. El bifaz nos proporcionó mejores alimentos, así como la capacidad de desollar animales para vestirnos y cortar ramas de árboles para encender fuego o construir refugios.

El bifaz se convirtió en nuestro billete para ir al resto del mundo, en las colecciones de estudio del Museo Británico pueden encontrarse bifaces procedentes de toda África (Nigeria, Sudáfrica, Libia), pero también de Israel y la India, España, Corea, entre otros.

Véase También

Fuente

  • La Historia del mundo en 100 Objetos [1]. Consultado 06/09/2020.