San Francisco de Borja

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San Francisco De Borja
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Santo
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Religión o MitologíaCatólica
Día celebración3 de octubre
Fecha de canonización1671 por Clemente X
País o región de origenGandía (Valencia)
Venerado enEn la iglesia católica

San Francisco de Borja. Ejemplo de desprecio de las grandezas del mundo, de la humildad más profunda y del espíritu de oración y penitencia.

Síntesis biográfica

Nacimiento

Nació en Gandía, el 28 de octubre de 1510, en Gandía, ciudad de España. Biznieto del Papa Alejandro VI, por parte de su padre y, biznieto de Fernando el Católico por parte de su madre.

Trayectoria religiosa

Heredó, por primogénito, el Ducado de Gandía. Tuvo siete hermanos y del segundo matrimonio de su padre, tuvo otros 12 hermanastros. Muy unido al Emperador Carlos V, quien le encarga vivir en Tordesillas, al morir en Toledo, presidió, junto con el cardenal de Burgos, el trasladado a Granada de los restos del emperador, donde estaban enterrados los Reyes Católicos.

Antes del entierro se procede al reconocimiento del cadáver. Esta verdaderamente irreconocible. Según el retrato que se puede ver en la catedral de Santa María la Real de Logroño, los mismos de abren el féretro vuelven la cara y se tapan las narices, incapaces de resistir el hedor.

Francisco de Borja experimenta un sobresalto:

"Nunca más, nunca más, servir a señor que se me pueda morir"

.

En Barcelona, conoce a los jesuitas. El Padre Antonio de Araoz y el Beato Pedro Fabro, de paso para Alemania, con otros dos compañeros que reciben de Borja muestras de especial simpatía.

El sobrino de dos monjas de Santa Clara que influyeron en su vocación, se verá eclipsado por la amistad tan próxima de los jesuitas, pero siempre asomará debajo de la sotana suya, el hábito franciscano, en su espiritualidad.

Al morir su padre, se traslada a vivir en sus tierras del Ducado de Gandía. Hizo florecer las industrias de la seda y el azúcar. Sus entretenimientos eran la caza y al canto y a música profana y religiosa. Muere doña Leonor de Castro, su esposa y Francisco hace los Ejercicios espirituales dirigido por el Padre Andrés de Oviedo, rector del Colegio de Gandía. Decide entrar en Pedro Fabro se entrevista con Borja en Gandía y él, en Roma, solicita a San Ignacio lo acepta, pero le pide secreto. El duque debe, primero, dejar establecidos a sus hijos y, después, doctorarse en de Gandía. "El mundo no tiene oídos para oír tal estampido" dijo San Ignacio. Conseguirá del papa Paulo III el breve "Pastoralis officii cura" del 31 de julio de 1548 que aprueba el texto de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio.

A sus diecinueve años, se casó con de Castro, camarera de la emperatriz, Isabel de Portugal, dechado de elegancia y de virtud.

La bella emperatriz falleció inesperadamente en 1539, en la flor de la edad y en la cresta de la hola de la grandeza terrena. Comisionado por el emperador para presidir el entierro de la emperatriz, la última mirada al rostro de le hizo exclamar:

""No quiero ya servir a Señor que se me pueda morir""

. Siete años más tarde su esposa, Leonor de Castro fallecía, con enorme sorpresa de todos, en 1546, dejando a Francisco ocho hijos.

Si la primera muerte marca psíquicamente el momento en que Francisco determina vivir de cara a Dios, con el corazón despegado de las cosas mundanas, la de su esposa le lleva del desasimiento afectivo al efectivo. Renuncia al mundo. Provee el bien de sus hijos, cede títulos y posesiones y acepta todos los sacrificios.

El 31 de agosto de 1550 Francisco se despedía de todos y se dirigía a Roma, acompañado de su hijo mayor y de un séquito de nobles. No se había hecho pública aún su decisión de vestir la sotana de jesuita.

Poco tardó en estallar la noticia que, como había previsto San Ignacio, causó enorme estupor. En fue destinado, por su propio deseo, a la pequeña residencia de Santa María de la Estrada, donde durante cuatro meses tuvo largas conversaciones con el santo Fundador, y se ejercitó con los más modestos y pobres servicios de a España al año siguiente, para prepararse a recibir las sagradas Órdenes, estuvo algún tiempo en Oñate, cerca de Loyola, y en mayo recibía el sacerdocio.

Celebró su primera misa en Loyola y cantó otra en Vergara, con gran solemnidad. a la que el Papa, había concedió indulgencia plenaria. Fue tal la aglomeración -unas veinte mil personas-, que tuvo que celebrarse el acto al aire libre.

Tanta resonancia y admiración había alcanzado la transformación del Duque en sencillo jesuita, que todos querían ver con sus propios ojos. Pero más admiración había de causar el ejercicio de su apostolado en su propia tierra, "Apóstol de Guipúzcoa" se le llamó, predicando al pueblo, por orden de San Ignacio, catequizando a los más humildes, mendigando con imponente humillación, su sustento, pidiendo limosnas a los sencillos labradores, que escuchan y miran con embeleso al "Santo Duque".

El establecimiento definitivo de la Compañía de Jesús en España y Portugal induce a Ignacio de Loyola a sacar del anonimato a Francisco de Borja y le encarga una misión diplomática de importancia.

Otra vez los honores, los cumplidos de ahora ya es diferente. Francisco ha pasado por el tamiz de la más cruda obediencia y disciplina y ejerce su cargo con entera entrega a Dios, aún en los momentos de nuevos aplausos. No es condición indispensable para la santidad el anonimato, o la obra sencilla. Sí lo es la sencillez de espíritu aun en las obras más grandes.

Francisco vuelve a Roma al morir el Padre Laínez, y es elegido tercer Prepósito general de la Compañía de Jesús.

Dedica su tiempo a las instituciones culturales de la misma y a la consolidación de la aún nueva Orden. Dándose cuenta de la importancia que la vida espiritual tiene para sus sacerdotes, especialmente cuando la Iglesia aún no se ha consolidado en las directrices de Trento, manda a todos los jesuitas la hora de meditación diaria y otras prácticas ascéticas.

Rehúsa varias veces la púrpura de cardenal, y acepta con sumisión los deseos de los papas, en cumplimiento de su cuarto voto.

En el año 1571, avejentado por los trabajos y las penitencias, ha visto, conservadas a lo largo de los siglos, en su capillita del palacio Ducal de Gandía, las gotas de sangre de sus penitencias, hoy tan incomprendidas, y denigradas en nuestra sociedad hedonista y fácil, en los azulejos de las paredes.

El Papa Pio V, a su vez, le encarga acompañar al cardenal Bonelli en su viaje a España, Portugal y Francia, para tratar de diversas cuestiones relacionadas con la lucha contra los turcos. Al regresar a Roma, le quedan pocos días para prepararse al "paso del mundo al Padre".

"¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma?"

Le repetía San Ignacio. Francisco puso todo el corazón en su decisión heroica. Retirado el emperador Carlos V, en Yuste, después de renunciar el reino en su hijo Felipe II, decía:

"¿Qué es nuestra retirada del mundo, comparada con de Borja?"

. Su humildad, camino necesario para la santidad, su desprecio de las cosas mundanas y la fidelidad absoluta al espíritu de aquella retirada fue el secreto más profundo de su santidad, de su vida despreocupada de todo lo que no fuese el cumplimiento de la voluntad de Dios; fue también el secreto de la serenidad de su muerte, la muerte de un hombre que no ha vivido esclavo de las miras humanas ni de los hombres mismos, sino entregado única y totalmente a Dios.

Muerte

Murió en Roma el 30 de septiembre de 1572. Fue elevado a los altares por el Papa Clemente X en 1671.

Fuentes