Luis Buñuel

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Luis Buñuel
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Director de cine y actor español.
NombreLuis Buñuel Portolés
Nacimiento22 de febrero de 1900
ciudad de Calanda,
Reino de España Bandera de España
Fallecimiento29 de julio de 1983
Ciudad de México,
México Bandera de los Estados Unidos Mexicanos
CónyugeJeanne Rucar
HijosJuan Luis Buñuel, Rafael Buñuel.

Luis Buñuel Portolés (Calanda, 22 de febrero de 1900 - México DF, 29 de julio de 1983). Director de cine español naturalizado mexicano. La gran mayoría de su obra fue realizada en México y Francia. vio durante su infancia muchas películas (su prima tenía acceso desde la cocina de su casa a la pantalla de uno de los primeros cines de Zaragoza). Cuando tenía trece años, a la vuelta de uno de los habituales viajes a París de sus padres, éstos le regalaron un teatro con personajes de cartón; con este teatro comenzó a ofrecer representaciones a los jóvenes de su pueblo. A partir de 1913, paralelamente a sus estudios, comenzó a estudiar violín y a tocar en el coro de la Virgen del Carmen de Zaragoza. Ese mismo año salió por primera vez de Aragón y viajó a Vega de Pas en Cantabria. Su afición por el cine se intensificó y veía habitualmente tres películas al día, una por la mañana, otra por la tarde en un cine de barrio y otra por la noche. También en estos años colaboró como actor en pequeños papeles, como el de contrabandista en la película Carmen, de los estudios Albatros, con Raquel Meller, y en La Sirène des Tropiques con Joséphine Baker. Todo este bagaje le familiarizó con el oficio cinematográfico y le permitió conocer a buenos profesionales y actores que después habrían de colaborar con él en Un perro andaluz y La edad de oro, sus dos primeras películas.

Síntesis biográfica

Nació en Calanda, España el 22 de febrero de 1900. Su padre, Leonardo Buñuel González, originario del mismo pueblo, donde tenía un negocio de ferretería, había conseguido una pequeña fortuna en Cuba y tras la guerra de independencia liquidó sus negocios y volvió a su pueblo natal, donde se casó con María Portolés Cerezuela, con la que tuvo siete hijos. A los cuatro meses del nacimiento de su primogénito, la familia se trasladó a vivir a Zaragoza y a partir de entonces pasó a repartir sus vacaciones.

Infancia y juventud

Pasó toda su infancia y adolescencia en Zaragoza, donde cursó la educación primaria y secundaria, primero en Corazonistas y luego durante siete años en el colegio jesuita de El Salvador, en la plaza de Aragón, a media pensión. En 1908 asistió por primera vez al cine Farrucini (una barraca con una lona como cubierta) para ver una película coloreada a mano de dibujos animados. En esa época el cine era considerado todavía una atracción de feria y aún tardó unos años en haber salas estables.

Luis vio durante su infancia muchas películas (su prima tenía acceso desde la cocina de su casa a la pantalla de uno de los primeros cines de Zaragoza). Cuando tenía trece años, a la vuelta de uno de los habituales viajes a París de sus padres, éstos le regalaron un teatro con personajes de cartón; con este teatro comenzó a ofrecer representaciones a los jóvenes de su pueblo. A partir de 1913, paralelamente a sus estudios, comenzó a estudiar violín y a tocar en el coro de la Virgen del Carmen de Zaragoza. Ese mismo año salió por primera vez de Aragón y viajó a Vega de Pas en Cantabria.

En 1915 fue expulsado por los jesuitas del colegio a causa de una borrachera y se matriculó en el Instituto de Enseñanza Media de Zaragoza, como alumno libre. En esa época leyó El origen de las especies, de Charles Darwin.

A los 17 años, terminado el bachillerato, partió a Madrid para cursar estudios universitarios. En la capital se alojó en la recién creada Residencia de Estudiantes, fundada por la Institución Libre de Enseñanza, donde permaneció siete años. Su propósito era estudiar, inducido por su padre, Ingeniería Agrónoma. En esta época se interesó por el naturismo y llevó una alimentación y vestimenta espartanas, gustando de lavarse con agua helada.

Tomó parte de las actividades del cine-club de la Residencia y trabó amistad con, entre otros, Salvador Dalí, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pepín Bello y Juan Ramón Jiménez. También participó en las tertulias ultraístas y, todos los sábados desde 1918 hasta 1924, en las del Café Pombo, dirigidas por Ramón Gómez de la Serna.

En 1920 inició, con el doctor Ignacio Bolívar, estudios de entomología, que abandonó para matricularse en Filosofía y Letras, rama de Historia, ya que se había informado de que varios países ofrecían trabajo como lector de español a licenciados en Filosofía y Letras, lo que suponía una oportunidad de cumplir su deseo de salir de España. Con sus compañeros de la Residencia hizo sus primeros ensayos de puesta en escena, con versiones delirantes del Don Juan Tenorio en las que actuaban Lorca, Dalí y otros compañeros.

Otras etapas

En 1921, año del Desastre de Annual, conoció en la Residencia al hermano de Abd el Krim, dirigente de la resistencia contra la dominación colonial española y francesa en el norte de Marruecos. Visitó por primera vez Toledo, ciudad que causó una profunda impresión en Buñuel y sus amigos. También tuvo conocimiento en estos años de las tendencias internacionales más importantes del pensamiento y del arte y mostró interés por el Dadaísmo y la obra de Louis Aragon y André Bretón. Y por supuesto siguió asistiendo con regularidad al cine.

En 1923 murió su padre en Zaragoza, inició el servicio militar y publicó su primer artículo, al que siguieron cuentos y poemas en revistas de vanguardia e incluso preparó un libro que los recopilaba bajo el título Un perro andaluz. Muchas de las imágenes de sus escritos de estos años, previos al surrealismo francés, pasaron a su cine.

El día de San José de ese mismo año de 1923 fundó la paródica Orden de Toledo y se nombra a sí mismo condestable. Para ser caballero había que emborracharse y estar toda la noche sin dormir. En 1924, año en que Dalí le realiza su primer retrato, se licenció en Historia y renunció al doctorado, decidido a marcharse a París, la que por entonces era capital cultural de occidente.

Sus primeras películas

Su afición por el cine se intensificó y veía habitualmente tres películas al día, una por la mañana, otra por la tarde en un cine de barrio y otra por la noche. También en estos años colaboró como actor en pequeños papeles, como el de contrabandista en la película Carmen, de los estudios Albatros, con Raquel Meller, y en La Sirène des Tropiques con Joséphine Baker. Todo este bagaje le familiarizó con el oficio cinematográfico y le permitió conocer a buenos profesionales y actores que después habrían de colaborar con él en Un perro andaluz y La edad de oro, sus dos primeras películas.

El pianista Ricardo Viñes le propuso la dirección escénica de El retablo de Maese Pedro de Manuel de Falla, que, estrenada en Ámsterdam el 26 de abril de 1926 y representada también al día siguiente, supuso un importante éxito. Esta experiencia le llevó a escribir una pieza de teatro de cámara de vanguardia titulada Hamlet en 1927, que fue estrenada en el Café Sélect de París. Epstein acabó permitiéndole desempeñar el cargo de ayudante de dirección en el rodaje de sus películas mudas Mauprat y La caída de la casa Usher, de 1928.

En enero de 1929, Buñuel y Dalí, en estrecha colaboración, ultimaron el guión de un film cuyo proyecto se titularía sucesivamente El marista en la ballesta, Es peligroso asomarse al interior y, por fin, Un perro andaluz. La película se comenzó a rodar el 2 de abril.

En 1935, con ayuda de algún dinero familiar, fundó, junto a Ricardo Urgoiti, la productora Filmófono, que competía con la Cifesa (de los hermanos Casanova, principal productora española de los años treinta). Filmófono produjo películas como Don Quintín el amargao, donde debutó en el cine la gran bailadora Carmen Amaya, La hija de Juan Simón, ¿Quién me quiere a mí? o ¡Centinela alerta! y la única condición de Buñuel para producirlas era, curiosamente, no aparecer en la ficha técnica, pues a sus ojos no eran más que melodramas baratos. Todas estos largometrajes fueron rentables y supusieron la consolidación de la industria cinematográfica española de los años treinta.

Su estancia en México

Luis Buñuel tras la cámara.

Dacingers le ofreciera otro trabajo: dirigir Gran Casino, una película comercial con el conocido cantante mexicano Jorge Negrete y la primera figura argentina Libertad Lamarque. Buñuel aceptó y, una vez arreglados todos los papeles de residencia e instalado con su esposa y sus hijos, ingresó en la industria mexicana del cine. Esta primera película de su nueva etapa constituyó un rotundo fracaso y durante los tres siguientes años se vio obligado a mantenerse del dinero que le enviaba su madre.

En 1949, a punto de abandonar el cine, Dacingers le pidió que se hiciera cargo de la dirección de El gran calavera, ya que Fernando Soler no podía ser a la vez director y protagonista. El éxito de esta película y la concesión de la nacionalidad mexicana animaron a Buñuel a plantear a Dacingers un nuevo proyecto más acorde con sus deseos como cineasta, proponiéndole, bajo el título ¡Mi huerfanito, jefe!, un argumento sobre la aventuras de un joven vendedor de lotería. A esta oferta siguió una mejor respuesta por parte de Dacingers, la realización de una historia sobre los niños pobres mexicanos.

En 1950 Buñuel realizó Los olvidados, película con fuertes vínculos con Las Hurdes, tierra sin pan, y que en un primer momento no gustó a los mexicanos ultranacionalistas, ya que retrataba la realidad de pobreza y miseria suburbana que la cultura dominante no quería reconocer. No obstante, el premio al mejor director que le otorgó el Festival de Cannes de 1951 supuso el reconocimiento internacional de la película, y el redescubrimiento de Luis Buñuel, y la rehabilitación del cineasta por parte de la sociedad mexicana. Actualmente, Los olvidados es una de las dos únicas películas reconocidas por la Unesco como Humanidad meses.

En 1951 filmó Susana y Él, película que constituyó un fracaso comercial pero que sería revalorada en los años venideros. En 1952 salió de Ciudad de México para filmar Subida al cielo, cinta simple donde un sueño del protagonista da el toque surrealista de Buñuel y que le valió ir nuevamente a Cannes. Ese mismo año filmó Robinson Crusoe, primera película que se rodó en Eastmancolor y, junto con La joven, que dirigió en 1960, una de las dos únicas películas que rodó en inglés y con coproducción estadounidense.

En 1953 dirigió La ilusión viaja en tranvía, una de las películas consideradas menores pero que por su frescura y sencillez, y respaldada por escritores como José Revueltas y Juan de la Cabada, sobrevive al paso de los años.

En 1954 dirigió El río y la muerte y es elegido miembro del jurado del Festival Internacional de Cine de Cannes. En 1955, año en que filmó Así es la aurora en Francia, fiel a sus ideas, firmó un manifiesto en contra de la bomba atómica estadounidense, lo que, unido a su apoyo a la revista antifascista España Libre, supuso su inclusión en la lista negra estadounidense hasta 1975. A partir de ese momento, cada vez que pasaban por Estados Unidos, tanto él como su familia eran interrogados. No obstante, Buñuel dijo que Estados Unidos era la tierra más hermosa que había conocido.

Estancia en Francia

En 1966, año en que Dalí le telegrafió desde Figueras ofreciéndole preparar la segunda parte de Un perro andaluz. Ese mismo año se estrenó Belle de jour, que obtuvo en 1967 el León de Oro en la Mostra de Venecia. Esta película obtuvo en Francia un extraordinario éxito de público y a partir de entonces los estrenos de Buñuel se convirtieron en acontecimientos culturales, lo que motivó que Silberman le concediera completa libertad creativa y los recursos suficientes para la producción de sus filmes, lo que caracterizó la etapa final de su obra. En 1969 la Mostra le otorgó el gran premio de homenaje por el conjunto de su obra.

En 1970 volvió a España para rodar, esta vez en régimen de coproducción, Tristana, protagonizada por Catherine Deneuve, que ya había desempeñado el papel principal en Belle de jour.

En 1972 se convirtió en el primer director español en conseguir el Óscar a la mejor película de habla no inglesa, por El discreto encanto de la burguesía (Le Charme Discret de la Bourgeoisie), película que se iba a rodar en España, lo cual resultó imposible debido a la censura. Esta película, junto con Vie Lactée, 1968) y El fantasma de la libertad. Ese mismo año visitó Los Ángeles, donde vivía su hijo Rafael, y George Cukor ofreció en su casa una cena en honor de Buñuel a la que asistieron, además de su hijo Rafael y Carrière, importantes cineastas como Alfred Hitchcock.

En 1977 Buñuel puso el colofón a su obra con Ese oscuro objeto del deseo (Cet Obscur Objet du Désir), que recibió el premio especial del Festival de Cine de San Sebastián. En la película, que revisa temas tratados anteriormente en Viridiana o Tristana, Carole Bouquet y Ángela Molina interpretan al alimón el personaje femenino que da réplica a Fernando Rey.

En 1980 realizó su último viaje a España y fue operado de próstata. En 1981, 50 años después de haber sido prohibida, se reestrenó en París La edad de oro, fue hospitalizado por problemas de la vesícula.

Agustín Sánchez Vidal publicó su obra literaria, el Centro Georges Pompidou de París organizó un homenaje en su honor y Un perro andaluz se proyectó en una pantalla colocada en el techo de este centro cultural. En 1982 publicó sus memorias, escritas al en colaboración con Carrière y tituladas Mi último suspiro.

Muerte

Luis Buñuel falleció en Ciudad de México el día 29 de julio de 1983 por la madrugada, a causa de una insuficiencia cardíaca, hepática y renal provocada por un cáncer. Sus últimas palabras fueron para su mujer Jeanne. Se mantuvo fiel a su ideología hasta el final, no hubo ninguna ceremonia de despedida y actualmente se desconoce dónde se encuentran sus cenizas. Ese mismo año fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Zaragoza.

Repercusión de su obra

Con la muerte de Buñuel los periódicos dedicaron grandes espacios a su figura y a sus más destacadas películas. Heraldo de Aragón publicó dos páginas, con textos de Joaquín Aranda y Luis Alcoriza; en días sucesivos glosaría algunos momentos de la vida y la obra del gran realizador aragonés, pudiendo destacarse el firmado por José F. Pérez Gállego, en el que evocaba una tarde pasada con Buñuel en Calanda (Teruel). El periódico zaragozano El Día de Aragón publicaría el domingo 31 de julio de 1983 un cuadernillo de ocho páginas con trabajos de Ramón Luis Acuña, Manuel Rotellar, Antonio Bergua y Agustín Sánchez Vidal, destacando rasgos de su estilo, de su vida y peculiaridades de su carácter aragonés. En días sucesivos, la información se completaría con entrevistas a su hermana Conchita Buñuel y otros artículos sobre su obra. En el citado número de El Día de Aragón, Pablo Larrañeta, director del periódico, publicaba un emotivo editorial sobre el gran cineasta, del que transcribimos algunos párrafos: «La vida y la obra de Luis Buñuel, sus grandes películas y sus significativos gestos, tantas veces recordados, se confunden y forman un complejo y enardecido canto a la libertad y un serio alegato contra los amigos de poner esparadrapos en la boca a quienes piensan por su cuenta. Por este mensaje, todavía más que por lo ingente de su obra cinematográfica y literaria, la muerte de Luis Buñuel infunde también en los aragoneses un sentimiento de dolor muy profundo y la satisfacción orgullosa de quienes nos sentirnos unidos a sus trabajos por las mismas raíces». El editorial concluía así: «Desde ayer, Luis Buñuel descansa en completa paz, sin miedo ya a los listillos, a los poderosos, a los terroristas, a los traficantes de pueblos enteros. Fue contemporáneo de espantosos horrores, de honestos intentos, de un tiempo que estableció la crisis como su característica más genuina. Nació a una con el siglo y ha muerto cuando todavía resulta incierto cómo terminará. Pero aportó una obra gigantesca para un solo hombre y estará siempre claro que si las cosas no han ido mejor no habrá sido por su culpa. Luis Buñuel rompió barreras en favor de la libertad y puede descansar en paz».

Un ciclo inteligente del cine de Buñuel —escribió M. Rotellar en un artículo que intentaba resumir el ideario de Buñuel— sería el que reuniera en un solo programa La Edad de Oro, El ángel exterminador y El discreto encanto de la burguesía. Si en la obra toda de Luis Buñuel existe una extraña relación entre motivos y situaciones, amén de signos fetichistas y de locuras surrealistas, en estas tres mencionadas películas hay una presencia de personajes, circunstancias y escenarios ambientales. La Edad de Oro cubre rotunda el ideario buñueliano y es una fuente que nutre su obra venidera, pues se dan aquí cita las sublimaciones eróticas, en todas sus constantes, que cimentaban el surrealismo: onirismo, amour fou, religión y, claro está, automatismo. (...) Hay en el cine de Buñuel una constante temática que le da unidad, carisma. Se ha tejido, en torno a su obra, un misterio que ha devenido en leyenda. El cine es demasiado afín a lo misterioso; sus imágenes parecen brotar de la oscuridad y siempre las tinieblas constituyeron una fuente para el encanto del misterio. En la obra de Buñuel existen muchos misterios. En Un chien andalou, un joven ciclista pedalea montado en una bicicleta por las calles de París; colgado del cuello, como si llevase un amuleto sagrado, advertimos una caja rectangular pintada con rayas sesgadas, blancas y negras. Un hábil fundido nos hace ver que tiene el mismo dibujo que su corbata. Un espectador observador, amigo de los símbolos, acaso viese en ese desdoblamiento de la imagen que la corbata es un fastidioso lastre burgués. Pero Buñuel no ha permitido que se subjetivice sobre los signos que va mostrando en sus filmes. (...) Esas cajas de extraño significado aparecen por doquier, como un alerta y como guía de amuletos o fetiches imposibles o imprecisos. Un alerta de que el humor buñueliano sigue latente, despierto.

La clasificación en diversos apartados de la obra de Buñuel no tiene más que un valor puramente didáctico, pues en su conjunto presenta la más rigurosa unidad, desarrollándose orgánicamente a partir de la época surrealista. Luis Buñuel, en efecto, permanece fiel a lo largo de toda su vida a los presupuestos esenciales del surrealismo, cuya finalidad no es la obra de arte, sino la instauración de una nueva actitud para cambiar al hombre y al mundo, destruyendo la civilización burguesa cuyos pilares, la religión, la familia, el poder establecido en todas sus manifestaciones, las convenciones sociales y las fuerzas represivas, son objeto de una guerra sin cuartel en nombre y en defensa de una auténtica moral de la libertad y del hombre mismo, en tanto que individuo y como ser social.

Muchos años después de su adhesión al surrealismo y de haberse separado del Grupo Surrealista de París, el realizador declararía a Carlos Fuentes que el pensamiento que le seguía guiando a los setenta y cinco años era el mismo que le guiara a los veintisiete: es una idea de Engels según la cual el artista describe las relaciones sociales auténticas con el objeto de destruir las ideas convencionales de esas relaciones, poner en crisis el optimismo del mundo burgués y obligar al público a dudar de la perennidad del orden establecido. Según el propio Buñuel, el sentido último de sus películas es decir una y otra vez, por si alguien lo olvida o cree lo contrario, que no vivimos en el mejor de los mundos.

Ese pensamiento se expresa a través de una personalísima escritura cinematográfica que Carlos Fuentes resume diciendo que la mirada cinematográfica de Buñuel parte de la presencia específica de los objetos más banales: Buñuel utiliza comúnmente planos medios y generales estáticos que recogen sin comentarios una proliferación desordenada, amontonada, de objetos. Tan ayuna de relieve como la prosa de Sade, la cámara de Buñuel retrata una vida que fluye con vulgaridad, sin distinción, aunque con autonomía. Entonces interviene una técnica propia y precisa que podría describirse como el florecimiento del telón de fondo: con una velocidad que no posee otro cineasta (y con una tensión súbita también similar a la de Sade) el movimiento inesperado de la cámara primero iguala, en seguida conquista y finalmente supera el ritmo paralelo de la realidad. El acercamiento, el travelling o el corte son convulsivos, precisamente, en función de la neutralidad ambiente. Y el objeto, el rostro, el pie o el gesto, seleccionados entre el abundante y casi inmóvil desorden, adquieren un relieve insoportable, y se revelan en una conexión anteriormente impensable con la totalidad en la que, sin detenerse a celebrar el momento lírico, Buñuel vuelve a sumergirnos de inmediato.

Si antes de su muerte se habían celebrado numerosos homenajes en torno a su persona: desde el multitudinario que le rindieron en el Centro Pompidou y el Centro Cultural de México en París, en noviembre de 1982, hasta el pase íntegro de sus cintas organizado por la Cinemateca Portuguesa, por citar un par de ellos, esta tónica de reconocimientos públicos continuó después de su muerte, y un buen ejemplo lo tuvimos muy a mano en Aragón, donde la Diputación General le organizó un homenaje que si bien revistió aspectos positivos (como llevar sus películas a localidades que difícilmente hubieran accedido a ellas de no ser por esa circunstancia), contó con un presupuesto tan bajo y participaciones tan dispersas y dispares que se agotó en sí mismo y nunca pretendió proyección alguna de futuro.

No veremos ya, pues, en la pantalla Ilegible, hijo de flauta, el prodigioso guión que escribiera con Juan Larrea; ni La casa de Bernarda Alba, para la que Buñuel planeaba un giro genial, eliminando tantos claveles de sangre y tantas espuelas de luz de luna, para, sin tocar una línea del texto de Lorca, convertir a Bernarda en capitana de un barco ballenero, a sus hijas en marineros y arponeros y, en vez del toro negro que significa la muerte, poner por allí al fondo una ballena negra; o el Quijote protagonizado por niños; o Là-bas, de Huysmans, una de sus novelas predilectas por su exaltación de la Edad Media; tampoco será su cámara la que ponga en pie Vivarium, un libreto escrito en colaboración con Alcoriza sobre los humanos comportándose como insectos, en un tardío homenaje a Fabre; ni su último guión escrito junto con Carrière, que se iba a titular Agón o quizás El canto del cisne, recogiendo en su sentido ambivalente el final de la civilización occidental y el último filme de Luis Buñuel, ya que versaría sobre el terrorismo atómico.

En una entrevista con José de la Colina a la altura de 1979, el realizador de Calanda resumía así sus propósitos: «El tema de Agón o El canto del cisne será el terrorismo, en fin, no sé si será el tema latente o el tema manifiesto, como diría André Breton. Pero el terrorismo atravesará toda la película, por arriba o por abajo. Me apasiona el terrorismo, que es ya una cosa universal y que se practica como un deporte. Se diría que ahora es una tentación que está allí a la mano de cualquiera que sea joven y tenga un poco de ganas de acción: es un dandismo de nuestro tiempo. Yo creo que ya no tiene el sentido moral, el tono desgarrado del terrorismo tradicional, el nihilista o el anarquista. Es una tentación muy estimulada por los medios de información, un modo de hacerse famoso. Cualquiera que sea joven y tenga una pistola o una metralleta se roba un avión en vuelo y pone a temblar a un par de naciones y se conquista la atención del mundo, se convierte en un divo».

En otra entrevista para la publicación especializada americana Cineaste, Jean-Claude Carrière titulaba este último proyecto Una ceremonia suntuosa, explicando las razones de su abandono: «Después de Ese oscuro objeto del deseo trabajamos en otro guión, Une Cérémonie Somptueuse, título tomado de una frase de André Breton sobre el erotismo. No lo terminamos porque Luis se sintió enfermo y dejó de hacer cine».

Con la conciencia de que una obra cerrada necesitaba otro tratamiento (de investigación y de profundización parcelada, en vez de una exaltación genérica), se puede percibir ya otro tipo de acercamiento a Buñuel de corte más selectivo, y ése ha sido el caso de algunos simposios y convocatorias.

Uno de los primeros en apuntar en esta dirección fue el celebrado en el Trinity and All Saint’s College de la localidad inglesa de Leeds, en noviembre de 1983, que reunió a los principales estudiosos de Gran Bretaña, donde Buñuel goza de un prestigio inmenso. Mucho más ambicioso fue el convocado por la Universidad de Yale en abril de este año, al reunir a españoles, mexicanos y estadounidenses en una amplia gama de enfoques metodológicos y testimoniales.

Una síntesis de ambas tendencias (la «divulgadora-exaltatoria-espectacular» y la «académica») pudo ya sorprenderse en la entrega especial de la Quarterly Review of Film Studies de la Universidad del Sur de California, dedicada a la memoria de Buñuel y que versa magníficamente sobre el Nuevo Cine Español. De las ciento tres páginas de que consta la revista, sesenta y cuatro están dedicadas a directores aragoneses (Buñuel, Saura, Borau), con innegable impacto en los aledaños de Hollywood.

La Mostra de Venecia dedicó la retrospectiva de su edición de 1984 a Luis Buñuel, editando un nutrido catálogo en el que colaboraban especialistas de varias nacionalidades. Al igual que se hiciera en el Centro Pompidou de París, el British Film Institute de Londres, la Cinemateca Portuguesa de Lisboa o la Filmoteca Suiza de Lausanne, se pasaron en Venecia todas las películas de Buñuel, lo que tardó bastante en hacer la Filmoteca Nacional de España en Madrid. Hablando de televisiones, la Española programó todas sus películas mexicanas en excelentes copias, proporcionando así a mucha gente que no las había visto la oportunidad de acercarse a un Buñuel poco divulgado. Hasta ahí lo positivo. Lo negativo salta a la vista: quienes se acercaron hasta el ciclo mexicano del cineasta atraídos por su legendario prestigio, pero con pocas horas de vuelo en el trato con sus cintas, tuvieron que salir necesariamente escaldados ante unos productos que no le hacían justicia más que situados en su contexto. Aunque luego T.V.E. proyectase casi bajo mano Un perro andaluz, Los ambiciosos, Así es la aurora, La muerte en este jardín, Las Hurdes y Belle de jour, y ya hubiera ofrecido Tristana y Viridiana, es inaceptable que no se programaran los títulos restantes, más maduros y asequibles y que sí se emitieron en Francia, en Inglaterra, en México, en Alemania e Italia, por ejemplo.

Como suele suceder en estos casos, la B.B.C. se llevó la palma, programando las diez mejores películas de Buñuel, para luego ir ampliando el repertorio en los canales privados. De los varios reportajes televisivos sobre Buñuel, ninguno puede compararse ni de lejos con The life and times of don Luis Buñuel, que le dedicó Arena, el 11 de febrero de 1984.

Televisión Española proyectó el reportaje mexicano El vuelo de la imaginación, filmado cuando todavía vivía Buñuel, con motivo de su ochenta aniversario. Posteriormente, Rafael Cortés dirigió un filme que fue presentado en la Mostra de Venecia entre el desinterés general y pasado tiempo después por T.V.E. En 1986, Domènec Font incluyó una entrega sobre Buñuel en su serial La memoria fértil, también plagado de tópicos.

Constituyó una valiosa aportación, por el contrario, la publicación de un extracto del original inacabado que preparaba Max Aub sobre el cineasta calandino, bajo el título de Conversaciones con Buñuel (Aguilar, Madrid, 1984). Aunque por el camino se han perdido muchos de los matices y recovecos del original, se trata de transcripciones de cintas magnetofónicas, con lo cual aparece don Luis en su salsa (maneras y expresiones idiomáticas que le eran peculiares, complicidades varias que sólo la experiencia y la lengua compartidas proporcionan).

Además de tres extensas conversaciones con el realizador aragonés, se recogen entrevistas con los Buñuel (María, Alicia, Leonardo, Conchita y Juan Luis), Masoliver, Miguel Zapater, Repollés, Pablo Cistué de Castro, los Mantecón, Concha Méndez, la señora de Jiménez Fraud, José Gaos, Rafael Martínez Nadal, Francisco García Lorca, Sainz de la Calzada, Rafael Alberti, María Teresa León, Santiago Ontañón, Jeanne Rucar, el vizconde de Noailles, Manuel Angelés Ortiz, Joaquín Peinado, Louis Aragon, Gustavo Pittaluga, Óscar Dancigers, Eduardo Ducay, Juan Larrea, Emmanuel Robles, Julio Alejandro, Arturo Ripstein, Federico Amérigo, Rodolfo Usigli, Carlos Velo, Ricardo Muñoz Suay, Gustavo Alatriste, Fernando Rey, el padre Arteta, mosén Vicente Allánegui, José Berzosa, Pierre Prévert, Pierre Abraham, Ado Kyrou y los Dalí. Un ambicioso fresco de época que nos consuela un tanto de la pérdida que supuso la interrupción de su pulimentación y acabado por la muerte de Max Aub, quien planeaba construir con estos materiales una novela sobre el ambiente surrealista y la generación del 27 (algo así como la recreación de la atmósfera que rodeaba en su narración Josep Torres Campanals tomando como punto de referencia, en aquella ocasión, a Picasso en vez de Buñuel).

La Obra Literaria de Buñuel, al cuidado de Agustín Sánchez Vidal (publicada en 1982 en las Ediciones de Heraldo de Aragón y presentada en París en el homenaje organizado por el Centro Pompidou) fue traducida al italiano por Marsilio Editori de Venecia, y presentada en el transcurso de la Mostra de 1984. El propio Agustín Sánchez Vidal volvió a la carga en ese año con la publicación de Luis Buñuel. Obra cinematográfica (Madrid, ediciones JC) y Vida y opiniones de Luis Buñuel (Instituto de Estudios Turolenses, 1986), presentada en Calanda en el pórtico de su Semana Santa dentro de la colección Cartillas Turolenses.

Pedro Christian García Buñuel publicó Recordando a Luis Buñuel (Diputación Provincial y Ayuntamiento de Zaragoza, 1985), libro con el que pretende aproximar a Luis Buñuel a los que no lo conocen.

En Francia aparecieron sendos libros de Raymond Lefrève (Luis Buñuel, Edilio, París, 1984) y de Marcel Oms (Don Luis Buñuel, Les Éditions du Cerf, París, 1985), con propósitos bien diversos. Si Lefrève no indica ninguno explícito y se limita a pasar revista a la filmografía buñuelesca por orden cronológico, el de Oms, ya desde el título y el prefacio de Jean-Claude Carrière, toma partido por la españolidad de don Luis: «Desearía proponer aquí —dice Oms en su prólogo— una aproximación que privilegie, pensando en el lector francés, la profunda hispanidad de Buñuel y su progresiva hegemonía en la dicotomía cultural de un hombre cuyo desarraigo y exilio han constituido el remate y confirmación de las opciones de su juventud». Y afirma: «Se verá que las cosas son a la vez más simples que lo que se ha pretendido y más complejas en su realización en un plano personal. Al publicar (con la complicidad de Jean-Claude Carrière) un año antes de su muerte sus recuerdos —y no su autobiografía— y al autorizar la publicación de su Obra literaria, Luis Buñuel ha aceptado que se acabe con su mito y ha contribuido así a precisar, no sin humor, su propio itinerario».

En el capítulo de las entrevistas con Luis Buñuel, hay que mencionar la llevada a cabo por José de la Colina y Tomás Pérez Turrent, Luis Buñuel: prohibido asomarse al interior (editada en México en 1986 y en España en 1993 con el título Buñuel por Buñuel). Otros testimonios personales han venido a aportar luz sobre la compleja personalidad buñueliana; el de su viuda, Jeanne Rucar, Memorias de una mujer sin piano (transcritas por Marisol Marín del Campo, 1991), y el del antiguo amigo personal José Rubia Barcia, Con Luis Buñuel en Hollywood y después (1992). Igual sucede con la edición francesa de la correspondencia entre el realizador y el vizconde de Noailles (productor de La edad de oro, 1930) por parte del Centre Georges Pompidou, que en 1993 daba a conocer además la versión restaurada del film. No han faltado las aproximaciones divulgativas, como las de Carlos Barbáchano (Luis Buñuel, 1986) y Michael Schwarze (Luis Buñuel, 1988), ni las biográficas (siempre insuficientes y reductoras, como la de John Baxter, Luis Buñuel. Una biografía, 1996), ni las monografías analíticas, entre las que sobresalen, en España, El ojo tachado. Lectura de Un chien andalou de Luis Buñuel (1986) de Jenaro Talens y Luis Buñuel, de la literatura al arte. Una poética del objeto (1993) de Antonio Monegal, y en el anglosajón The Discret Art of Luis Buñuel: A reading of His Films (1992) de Gwyne Edwards y The Films of Luis Buñuel (1995) de Peter Evans. Por su parte, Agustín Sánchez Vidal ha ampliado su bibliografía sobre el director aragonés con los textos Buñuel, Lorca, Dalí el enigma sin fin (1988), Buñuel (1991) y El mundo de Buñuel (1993).

Por lo que respecta a la difusión de textos inéditos (al menos en castellano), el Instituto de Estudios Turolenses inició en 1990, con la publicación de Lá-bas, la colección «Luis Buñuel», que editaría a continuación los guiones Goya y La duquesa de Alba (1992), Johnny cogió su fusil (1993) y Agón (1995), además de los ensayos de Víctor Fuentes, Buñuel en México (1993) y de Manuel López Villegas, Sade y Buñuel. Un guión inédito del director turolense, La novia de medianoche, escrito en 1945 junto a José Rubia Barcia fue rodado por Antonio Simón en 1997 contando como protagonista a un actor fetiche de Buñuel, Paco Rabal. Finalmente, Buñuel también ha sido el protagonista de algunas exposiciones, como la del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofia (¿Buñuel? La mirada del siglo) en 1996, la del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (El mundo secreto de Buñuel) en 1997 y las cinco ediciones (1989-1993) dedicadas a Buñuel y el Surrealismo por parte del Museo Provincial de Teruel (Jornadas en torno a Luis Buñuel).

El año Buñuel: La conmemoración del centenario de su nacimiento, el 22 de febrero de 2000, ha multiplicado los homenajes, las publicaciones y todo tipo de acontecimientos culturales en torno a su figura, al tiempo que ha hecho posible la proyección de su filmografía.

La revista Turia se adelantó a las celebraciones dedicando su número 50 (octubre, 1999) al cineasta aragonés; en él se ofrecen trabajos de Borau, Román Gubern, Carlos Saura, Agustín Sánchez Vidal, Gonzalo Suárez; se recuperan declaraciones de Fernando Rey y Catherine Deneuve, y se reproduce el texto que, a modo de necrológica, le escribiera Cabrera Infante. Libros Clan publicó sus Cuentos de Cine, en edición de Rafael Utrera, 1998, y José Luis Cano, la biografía Buñuel y don Luis (Xordica, 1999). Al cuidado de Manuel López Villegas, la editorial Páginas de espuma, con la colaboración del Instituto de Estudios Turolenses y de la Comisión del Centenario de Luis Buñuel, ha publicado Escritos de Luis Buñuel; una recopilación de sus textos que amplía notablemente las clásicas de Kyrou, Aranda o Sánchez Vidal. En ese mismo año, el I.V.A.M. organizó la exposición Tierra sin pan, mientras que en Calanda se presentó Buñuel en tres dimensiones, y en Huesca, Buñuel, el ojo de la libertad.

Los actos conmemorativos se prolongarán durante todo el año 2000, y tienen por escenario aquellos países ligados más estrechamente al cineasta: España, Francia, México y EE.UU.

Aragón inició las celebraciones del Año Buñuel en Calanda, con un acto oficial presidido por el Príncipe Felipe, que inauguró también las instalaciones del Centro Buñuel de Calanda (C.B.C.) y visitó las exposiciones albergadas en él (entre ellas, la muestra de 40 artistas plásticos aragoneses, y la de fotografías de Antonio Gálvez); además descubrió un busto de Buñuel realizado por Iñaki. La visita concluyó con los sonidos de los tambores y con la interpretación, a cargo de Ángel Petisme, de la canción Los sueños se revelan. Por la tarde, en el cine Palafox de Zaragoza, se abrió la exposición Una jirafa (sobre la célebre escultura creada por Buñuel y Giacometti) y se estrenó el largometraje A propósito de Buñuel, documental dirigido por Javier Rioyo y José-Luis López Linares, con guión de Agustín Sánchez Vidal; rodado en los escenarios más importantes en la vida de Buñuel y para el que se realizaron más de setenta entrevistas a personas relacionadas con el cineasta. La apertura del Año Buñuel se vio ensombrecida por el atentado terrorista que costó la vida al político vasco Fernando Buesa, lo que motivó la ausencia de las autoridades en determinados actos, así como la suspensión de otros, en señal de duelo. Unos días antes, tuvo lugar en Zaragoza la presentación del disco-libro Buñuel del desierto, de Ángel Petisme, que incluye textos del propio Buñuel, así como las voces de Paco Rabal, Fernando Rey y Ángela Molina.

La Comisión Aragonesa presentó también uno de sus proyectos más ambiciosos, el B.I.R.D.I. (Buñuel Integrated Resources and Digital Information; es decir, Información Digital y Recursos Integrados de Buñuel), un gran ente de información multimedia que permitirá difundir, globalizar y acceder de forma interactiva a toda la información existente sobre el cineasta.

La Semana Buñuel continuó el día 23 en el Teatro del Mercado, en una sesión especial dedicada a los alumnos del I.E.S. «Luis Buñuel» de la capital aragonesa, con la proyección de El discreto encanto de la burguesía, Un perro andaluz y La edad de oro. Por la noche, en el Teatro Principal se estrenó el montaje de Alfonso Plou, para el Teatro del Temple Buñuel, Lorca y Dalí: prohibido asomarse al interior. El 24 tuvo lugar la presentación de la reedición del libro Así sueña el profeta en sus palabras, de Luis García-Abrines, editado en 1960 por la colección «Orejudín», que dirigía Labordeta. Por la tarde la Turia Camerata ofreció un concierto en el Auditorio.

La Filmoteca de Zaragoza comenzó el 2 de febrero el ciclo de directores que tuvieron alguna relación o influencia en Buñuel, y el 22, el gran ciclo «Don Luis Buñuel», con la proyección de sus películas más importantes.

Durante esa semana, todos los canales españoles de televisión se unieron a las celebraciones con la proyección de películas de Buñuel o documentales en torno a su figura. La Filmoteca Nacional, por su parte, ha organizado la proyección, en el cine Doré de Madrid, de la filmografía completa del realizador aragonés, exhibiendo dos películas semanales, desde febrero hasta diciembre. Mientras, en el Anthology Film Theatre de Nueva York, se proyectaba el día 22 la película Los olvidados.

Madrid acogió la exposición más ambiciosa del Centenario, L.B., el ojo de la libertad, que incluye obra de Miró, Dalí, Arroyo o Gaya, además de cartas de Alberti, Cocteau, Fellini, Paz o Cortázar, y se mostrará más tarde en el Palacio de Sástago de Zaragoza.

Otra gran exposición, la del Instituto Cervantes, titulada Buñuel: 100 años. Es peligroso asomarse al interior, se inauguró en Toulouse para viajar luego a París, Roma, Nueva York, Bremen y Burdeos.

La Residencia de Estudiantes, además de firmar un acuerdo con el M.E.C. y el Instituto de Cinematografía, en virtud del cual parte del Archivo Buñuel será depositado en la Residencia, inició el 23 de febrero un ciclo de conferencias que cuenta con la presencia de Ripstein, Sánchez Vidal o Jean-Claude Carrière. Igualmente, proyecta la celebración de una mesa redonda, con Pepín Bello, Juan-Luis Buñuel, Pedro-Christian García Buñuel y José-Luis Barrios.

Filmografía

Algunas películas como director

  • Un perro andaluz (Un chien andalou, 1929).
  • La edad de oro (L'âge d'or, 1930).
  • Las Hurdes, tierra sin pan (Las Hurdes, 1933).
  • Gran Casino (En el viejo Tampico, 1947).
  • El gran Calavera (1949).
  • Los olvidados (1950).
  • Susana (Demonio y carne, 1951).
  • La hija del engaño (1951).
  • Una mujer sin amor (Cuando los hijos nos juzgan, 1952).
  • Subida al cielo (1952).
  • El bruto (1953).
  • Él (1953).
  • La ilusión viaja en tranvía (1954).
  • Abismos de pasión (1954).

Como actor

  • Mauprat (Jean Epstein, 1926).
  • Carmen (Jacques Feyder, 1926).
  • Albatros (1927).
  • Un perro andaluz (1929).
  • Fruta amarga (Arthur Gregor, 1931).
  • La hija de Juan Simón (José Luis Sáenz de Heredia, 1935).
  • Llanto por un bandido (Carlos Saura, 1964).
  • En este pueblo no hay ladrones (Alberto Isaac, 1964).
  • Belle de jour (1967).
  • La chute d'un corps (Michel Polac, 1973).
  • El fantasma de la libertad (1974).

Fuentes