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Caniquí

Caniquí
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Caniquí.jpg
Novela que reconstruye la antigua villa colonial.
Autor(a)(es)(as)José Antonio Ramos y Aguirre
Editorial:Ediciones Huracán, La Habana, 1975
GéneroNovela.
Primera edición1935
PaísBandera de Cuba Cuba

Caniquí. Novela cuya trama se enmarca en la Trinidad de 1830. Es una reconstrucción viva y apasionante de la antigua villa colonial. En el texto se evidencia el intenso amor a la naturaleza y a la libertad conque murió el réprobo infeliz Caniquí.

Resumen

En esta novela, Ramos ve a esos seres (sus personajes) que conocen la felicidad un día, pero que tienen reservada la caída y la desdicha y, como el propio Caniquí, la muerte violenta. En el primer capítulo de esta obra llega a suponer que todo momento de plenitud es en sí mismo el comienzo del descenso.

Se muestra una extensa información histórica y geográfica de Trinidad, donde enclava la narración basada en la autoctonía, en el pretérito y acaso intenta establecer los lazos de unión entre el pasado y el presente, en un intento de fijar la continuidad histórica de la problemática insular. En “Caniquí”, además, «lo real y lo novelesco se entremezclan profusa y continuamente»

Cuando en 1908 José Antonio Ramos publica su novela Humberto Fabra, tiene 23 años y apenas ha salido de su primera juventud, lo mismo que la república «independiente» recién instaurada. En ese primer ventenio pasarán muchas cosas: dos intervenciones, el año 1917 con sus «vacas gordas» y los síntomas, ya pronunciados, de la defraudación nacional a causa del vasallaje impuesto por los «amos» foráneos y la desidia de los gobernantes del patio.

En Cuba ocurre un hecho insólito en las letras hispanoamericanas: un grupo muy contado de novelistas dan una imagen de la «decadencia» semicolonial de un siglo que nacía. Este grupo de intelectuales retratará, con los instrumentos que tienen a su alcance, cuya sustancia elemental es cenagosa y depredatoria y se reflejará en títulos sugestivos como Ciénaga de Luis Felipe Rodríguez, Las impurezas de la realidad y Tembladera de Ramos, Generales y doctores de Loveira

Ramos pertenece por inserción cronológica al primer grupo generacional de aquella «república» en agraz, aunque se ha insistido que deviene figura de transición y precisamente en una época general de pase histórico: de la colonia a la república. En ese período entra Ramos categóricamente en el mundo de la literatura cubana, con armas literarias propias y perfilando influencias, desechando excrecencias estilísticas y formativas, pero de una manera versátil: había escrito una porción de ensayos de intención politicosocial (Manual del perfecto fulanista, en 1916), teatro, de ideas, de tesis (Tembladera, 1917), y cultivando géneros como la crítica literaria, la crónica y el periodismo, alternando todo esto con sus labores como técnico bibliotecario (Manual de biblioeconomía, clasificación decimal, catalogación metódico analítica y organización funcional de bibliotecas, 1943) y sus misiones diplomáticas (Canciller de primera clase en el consulado de Madrid, 1911)… Ramos fue, efectivamente, un intelectual desarraigado, fuera de grupo, por lo común inclasificable.

Fue un heredero consecuente del «mundo de letras», con una obra matizada de nostalgia y hondas preocupaciones que, a no dudarlo, se precipitan sobre el nivel de su época, sus personajes nos han llegado transidos de inquietudes y desazones, inmersos en su propia visión universal de crítica social y búsqueda de lo histórico. Aunque sus influencias son muchas, desde Tolstoi a Nietzsche, de Ibsen al pragmatismo norteamericano, su obra no es un eco frío de doctrinas y escuelas: en él se especifica el replanteo de la vida desde muy diversos puntos. Acaso su intención, satírica a ratos, llega al estado de caricatura que, por ejemplo, fue puntal básico en Ramón Meza al dar las lacras de la colonia o sus causales. En sus fragmentos de Memorias, publicados póstumamente en la Revista Cuban.

En 1959, confiesa que:
«Ahora quiero tratar de definirme, de encontrarme a mi mismo. Siento que no puedo callar, que no debo resignarme a ser pura y simplemente el autor de Tembladera o del Manual del perfecto finalista, es decir, es decir, el autor de obras que me avergüenzan ante mi mismo, siento que tengo algo más que decir y que nada he dicho todavía de lo verdaderamente mío… Nada de lo que llevo escrito y publicado me satisface plenamente.»
Y esto lo dice en 1918. Diecisiete años más tarde, expresa:
“Caniquí” no será leído con respeto ni entendido en mi patria, quién sabe en cuantos años de esta fecha».
Pero esta predicción del prólogo a su mejor novela se cumplió veintiocho años más tarde, cuando el gobierno revolucionario editó la obra y ya quedaba lejos aquella república improvisada». Caniquí es Cuba, en ella se plantea la tesis: Cuba «es también venero de riquezas… Pero por derecho de propiedad, por la tradición y por la ley, todo lo suyo es de su amo, de su posesor… Como Cuba se humilla al peso de sus cadenas, y todo lo espera del extranjero, del amo… Clavando sus dientes en la garganta del dueño insufrible –como dicen que suele hacer con sus iguales en la lucha- o tragándose su propia lengua».

Al morir, en 1946, Ramos había dejado su ideario, con una previsión que sorprende y que se ajusta al tiempo heroico y luminoso en que ahora viven los cubanos, aquella «inevitable transformación universal que se avecina». Ramos merece ser recordado por las generaciones venideras por su fe en el futuro y por su decisión de mostrar en su obra parte irrealizada de sus aspiraciones. Por eso se puede decir: «De estos que me hacen hoy sentirme tan solo pueden nacer hijos inteligentes y aptos para llevar a cabo la mejora con que yo vivo soñando y disfrutando todos mis dolores, en el futuro pueblo de Cuba. Y otro tanto es el resto del mundo.»

Índice

  • Prólogo \ pág. 7
  • Unas palabras del autor \ pág. 19
  • I. Don Lorenzo \ pág. 23
  • II. La Vizcayita \ pág. 42
  • III. Anochecer \ pág. 58
  • IV. Despotismo ilustrado \ pág. 79
  • V. Soledades \ pág. 96
  • VI. Miserere nobis \ pág. 120
  • VII Camino de perfección \ pág. 143
  • VIII. La inquietud rastrera y poderosa \ pág. 156
  • IX. El enemigo invisible \ pág. 167
  • X. ¡Sálvese el que pueda! \ pág. 184
  • XI. Bajo el signo de Olokún \ pág. 200
  • XII. Regalo de reyes \ pág. 217
  • XIII. El cólera \ pág. 234
  • XIV Lluvia de estrellas \ pág. 257
  • XV. El milagro \ pág. 270
  • XVI. Un viaje de intereses \ pág. 287
  • XVII. La penitencia expiatoria \ pág. 300
  • XVIII. En lo eterno de la noche \ pág. 312

Datos del autor

José Antonio Ramos, (1855-1946), nació y murió en La Habana. Se dedicó al periodismo y a la carrera consular. Luego fue director de la Biblioteca Nacional. Como los fundadores de la mejor tradición literaria, que fueron también los padres de la nacionalidad cubana, pone en todos los instantes su vida y su talento al servicio de los intereses y de las esperanzas de su tierra.

Fuente

  • Ramos y Aguirre, José Antonio. Caniquí. La Habana: Ediciones Huracán, 1975.