Tortugas marinas

Tortugas marinas
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Tortuga marina .jpg
Clasificación Científica
Reino:Animalia
Filo:Chordata
Clase:Sauropsida
Orden:Testudines
Familia:Dermochelyidae

Tortugas marinas. Son reptiles con caparazón que existen hace más de 150 millones de años y pudieron sobrevivir a todos los cambios del planeta. Tuvieron su origen en la tierra, pero poco a poco fueron evolucionando y adaptándose al medio marino, diferenciándose del resto de reptiles.

Descripción

Las tortugas son reptiles, una clase de unas 6,000 especies de vertebrados que tienen piel con escamas, respiran aire y usan la luz solar para calentar sus cuerpos ectodérmicos. Como todos los reptiles, las tortugas se reproducen por medio de fertilización interna y, como la mayoría de los reptiles, ponen sus huevos de concha blanda en tierra.

Una característica única de la tortuga es su concha. Esta estructura esquelética es una cubierta armada protectora de los órganos vitales internos. La parte superior de la concha, el caparazón, está cubierta con grandes estructuras como escamas llamadas escudos. El caparazón está conectado con la parte ventral, llamada plastrón, por medio de placas duras de concha conocidas como puentes laterales.

La tortuga laúd es la de mayor tamaño

La cavidad corporal de gran tamaño de las tortugas, especialmente de las tortugas marinas, contiene una gran masa intestinal necesaria para digerir materiales vegetales y pequeñas criaturas marinas. La tortuga marina verde, que es básicamente vegetariana, tiene una característica única en su sistema digestivo. Una parte especializada de su tubo digestivo contiene simbiontes bacterianos que ayudan a digerir la celulosa. Sólo unos pocos otros reptiles son vegetarianos primarios.

La gran cavidad corporal también permite que la hembra produzca y mantenga un gran volúmen de huevos. Las hembras de las tortugas marinas también son capaces de almacenar esperma viviente durante varios años, aunque la fertilidad decrece con el tiempo. Esto permite que la hembra fertilize numerosas grupos de huevos sin tener que volver aparearse.

Además de usar sus pulmones para respirar, las tortugas también han desarrollados formas suplementarias de respiración. Algunas especies de tortuga acuáticas hacen pasar agua a través de sus vías nasales hasta la boca y garganta donde se extrae el oxígeno por la faringe. Esto se hace a través de la cubierta de la faringe que actúa a manera de una agalla. Algunas tortugas toman agua a través de su abertura anal donde se llenan y vacían dos sacos, lo que causa una lenta corriente que permite recoger oxígeno.

Tortuga regresando al mar

Las tortugas también son capaces de mantener mayores concentraciones de dióxido de carbono en la sangre que la mayoría de los animales que respiran aire y, por lo tanto, pueden usar su abastecimiento de oxígeno muy eficientemente durante un largo período de tiempo. Tanto la sangre como el tejido muscular pueden almacenar oxígeno en grandes cantidades, ayudando a que la tortuga permanezca bajo agua por largos períodos de tiempo.

Otro aspecto de la respiración de las tortugas es la necesidad de flexibilidad exterior. El plastrón abisagrado permite algo de contracción y expansión de la cavidad del pecho. En el caso de las tortugas marinas, el respirar se hace más difícil cuando las hembras vienen a la playa.

Las tortugas marinas tienen adaptaciones especializadas para su existencia marina. Sus conchas están grandemente reducidas en peso y presenta una forma aerodinámica para reducir la fricción del agua. Las aletas frontales y traseras reemplazan las cortas patas de las tortugas terrestres y contienen músculos bien desarrollados para viajar velozmente por largas distancias. Se ha sabido de tortugas marinas que se mueven en el agua a velocidades de hasta 55 kilómetros por hora. Estas adaptaciones han sido refinadas a lo largo de millones de años de evolución y de cambios ambientales.

Especies

Evolución

Esta clase de animales vertebrados ha sobrevivido por más de 200 millones de años, a través de períodos estables y de tiempos de cambios ambientales extremos. Los reptiles evolucionaron de los anfibios, una clase de vertebrados todavía más antigua y que habita tanto en tierra como en agua fresca. Con el tiempo, los reptiles llegaron a dominar la Tierra; en el suelo, en agua fresca y los mares, y en el aire. Pero fue temprano en la historia de los reptiles que las tortugas, miembros del orden de los quelonios (Chelonia), se separaron de la línea principal de evolución de los reptiles.

El origen de los quelonios es incierto, pero se conocen fósiles reconocibles de tortugas desde tan antiguo como el período Triásico, hace por lo menos 180 millones de años cuando los dinosaurios se estaban convirtiendo en los animales terrestres dominantes. Aunque las tortugas del Triásico no parecen ser muy diferentes de las modernas, un exámen detenido revela algunas características que están ausentes en las tortugas que existen hoy en día. Por ejemplo, algunas de las tortugas más antiguas tenían dientes en lugar de mandíbulas de bordes afilados; probablemente, estas tortugas vivían en los pantanos. Mucho más tarde, hacia el final del período Cretácico hace más de 65 millones de años, tortugas como la Archelon ischyros de hasta 3 metros de largo vivían en el mar superficial que cubría mucho de lo que es ahora el oeste de Estados Unidos.

Con el tiempo, sin embargo, algunas clases de tortugas empezaron a vivir sólo en tierra, mientras que otras pasaban la mayor parte de su vida en agua. Con excepción de las serpientes de mar, las tortugas marinas son los únicos reptiles que han tenido éxito al retornar al mar.

Las tortugas que lo hicieron tuvieron que desarrollar una serie de adaptaciones a la vida en el ambiente marino, pero conservaron sus características de reptiles. En primer lugar, las tortugas marinas todavía ponen sus huevos en la tierra. En segundo, como todos los reptiles, las tortugas marinas tienen pulmones y respiran aire. También, con la excepción de la laúd o baula, las tortugas marinas tienen el cuerpo cubierto por placas duras. La laúd es similar a algunas tortugas de agua dulce que tienen el cuerpo cubierto por una capa coriácea, en lugar de placas.

Como otros reptiles, las tortugas marinas evitan las temperaturas extremas, puesto que dependen de la temperatura del agua que las rodea, para poder regular la de su propio cuerpo animales poiquilotermos o de "sangre fría"). Por lo tanto, con excepción de la laúd, las tortugas marinas se encuentran únicamente en las regiones tropicales y semitropicales del mundo. En razón del voluminoso tamaño de su cuerpo, las tortugas laúd aparentemente pueden generar suficiente calor interno para sobrevivir en aguas más frías.

Finalmente, al igual que otros reptiles, las tortugas tienen larga vida y pueden soportar grandes períodos sin alimentarse. No se sabe con exactitud cuántos años viven las tortugas, aunque se cree que son más de 50.

Lo que más llama la atención en las tortugas y lo que los científicos creen que hayan sobrevivido a muchas otras especies, incluyendo los dinosaurios, es su caparazón. Las tortugas terrestres tienen, muy a menudo, caparazones en forma de cúpula, lo cual les permite meter la cabeza y las patas enteramente dentro de su concha. Por consiguiente, a menos que un depredador pueda quebrar la concha, la tortuga está a salvo. Las tortugas marinas no tienen esta capacidad porque tanto ellas como las que viven en agua dulce desarrollaron un caparazón más estilizado para facilitar sus movimientos en el agua. Las tortugas marinas presentan esta característica en forma aún más acentuada que las de agua dulce porque la mayor parte de su esqueleto está incorporado al caparazón. Sin embargo, a pesar de sus estilizados caparazones, el volumen del cuerpo de las tortugas es mucho mayor que el de otros reptiles.

Tortugas jovenes en el fondo marino

Con el tiempo, las toscas patas de las tortugas terrestres se convirtieron en las aplanadas aletas de las tortugas marinas. A diferencia de las tortugas terrestres y de algunas de agua dulce que pueden levantar su cuerpo sobre la tierra al caminar, las tortugas marinas adultas tienen que arrastrase sobre la playa para anidar. Al hacerlo, la mayoría de las especies efectúa los mismos movimientos que los animales terrestres de cuatro patas: la aleta delantera izquierda se mueve al mismo tiempo que la aleta trasera derecha y viceversa. La tortuga verde marina es diferente porque se arrastra moviendo las cuatro aletas en la misma dirección al mismo tiempo.

El registro fósil y la evidencia química en algunas rocas muestra que la Tierra pasó por algunos cambios dramáticos hace unos 65 millones de años que resultaron en la extinción de muchos grupos de organismos terrestres y del mar, incluyendo los dinosaurios. Pero algunos grupos de tortugas sobrevivieron a estos cambios, y permanecen dos subordenes. Uno incluye las tortugas con el cuello lateral que recogen sus cuellos dentro de sus conchas con un movimiento lateral.

Las tortugas en el otro suborden, más diverso y que incluye las tortugas marinas, retraen sus cuellos en línea recta. Las tortugas marinas actuales pertenecen a dos familias, la Dermochelyidae, que apenas tiene una especie, la tortuga laúd (Dermochelys coriacea); y la Cheloniidae, que tiene dos subfamilias, cada una con dos géneros y tres especies. La subfamilia Chelonini incluye la tortuga verde o blanca (Chelonia mydas), tortuga plana de Australia o kikila (Chelonia depressa), y el carey (Eretmochelys imbricata). La subfamilia Carettini incluye la tortuga cabezona, caguama o boba (Caretta caretta), la tortuga lora (Lepidochelys olivacea) y la tortuga golfina (Lepidochelys kempii). Actualmente, la mayoría de los científicos reconocen la existencia de una octava especie, la tortuga negra del Pacífico Oriental (Chelonia agassizi).

Adaptaciones evolutivas

Cada una de las ocho especies marinas desarrolló otras características que les han proporcionado muy buenos resultados en el ambiente del mar y han reducido la competencia entre las diversas especies. Por ejemplo, los hábitos alimenticios de las distintas especies marinas son lo suficientemente diferentes como para que la competencia entre ellas para conseguir alimento sea mínima. Igualmente, la competencia por lugares para anidar es poca entre las distintas especie. La laúd, por ejemplo, prefiere las playas extensas, lodosas y libres de rocas, mientras que la carey anida a menudo en cuevas pequeñas. Además, cuando dos especies comparten una misma playa para anidar, una de ellas generalmente lo hace en una época más temprana que la otra, durante la temporada correspondiente.

Cada especie tiene otras adaptaciones, tales como la concha llena de colorido de la carey, que le sirve como un eficaz camuflaje en los arrecifes coralinos donde pasa la mayor parte del tiempo. La oscura concha de la tortuga verde hace que estos animales sean difíciles de ver en las praderas marinas donde se alimentan.

Caguamassss.jpg

Las tortugas cabezonas o caguamas han desarrollado poderosas mandíbulas para triturar cangrejos y almejas, mientras que el angosto pico de la carey puede introducirse en las grietas de los arrecifes en busca de alimento lo mismo que despedazar esponjas. La mandíbula dentada de la tortuga verde le ayuda a cortar las algas con la que alimenta.

Las tortugas se han adaptado con mucho éxito a su ambiente y son miembros importantes de los ecosistemas marinos en todo el mundo. Desafortunadamente, las adaptaciones evolutivas que han capacitado a las tortugas marinas para sobrevivir a los períodos glaciares y a otras catástrofes ambientales no las han preparado para poder soportar las presiones ejercidas sobre ellas por los humanos.

Reproducción

Todos los años, las tortugas marinas de cada especie se reúnen en ciertos lugares del océano para aparearse. Poco tiempo después, las tortugas marinas hembras salen del mar en las playas en las que cavan sus nidos y ponen sus huevos. La mayoría de las especies desova por la noche, aunque la golfina lo hace durante el día. Se cree que las hembras de algunas especies hacen sus nidos en las mismas playas donde nacieron.

Después de salir del agua, la tortuga marina hembra se arrastra hacia arriba por la playa hasta encontrar un sitio apropiado para desovar. (Si son perturbadas por luces o por ruidos en la playa, las hembras de la mayoría de las especies retornarán al agua sin haber puesto sus huevos.) Una vez que la hembra ha encontrado un lugar adecuado para hacer su nido, cava con sus aletas un hoyo del tamaño de su cuerpo. Luego, con las aletas traseras, hace un hoyo más profundo y en forma de vasija alargada; con mucho cuidado va sacando la arena con una de sus aletas y la echa a un lado; luego saca más arena con la otra aleta.

Cuando el hoyo que forma el nido está terminado, la hembra deja caer sus huevos en él, uno o dos a la vez y de apariencia coriácea. Mientras ella hace esto, le brotan lágrimas para mantener sus ojos húmedos y libres de arena. Los huevos tienen un diámetro de 4 a 7 cm.

Como promedio, una hembra puede poner 100 huevos en cada nido. En Surinam, sin embargo, las tortugas marinas verdes ponen un promedio de 142 huevos por nido, mientras que en las Islas Galápagos el promedio es de 80, más o menos. Parece que la tortuga kikila, en Australia, pone un promedio de únicamente 50 huevos por nido. En algunos lugares, los mapaches y otros animales se roban los huevos y se los comen conforme la hembra los va dejando caer en el nido.

Cuando la hembra ha terminado de depositar sus huevos, los cubre con arena y apisona bien el nido. Luego trata de camuflarlo lanzando arena a todo el rededor y balanceando su cuerpo sobre la playa. Este camuflaje no siempre su cometido. Después de que la hembra abandona el nido para volver al mar, existe la posibilidad de que los cangrejos y otros animales lo excaven y se coman los huevos.

cada nidada puede ser de hasta 100 huevos

Una hembra puede poner una nidada aproximadamente cada dos semanas durante el período de reproducción y en una sola temporada puede hacer de tres a ocho nidos, es decir, pone hasta 1000 huevos. Generalmente las tortugas marinas hembras anidan cada dos o cuatro años. Por lo tanto, puede haber grandes diferencias en el número de nidadas de un año a otro.

Una de las razones por las que las tortugas marinas ponen tantos huevos es que son muy pocas las tortuguitas que sobreviven después de la incubación y llegan a ser adultas. Si el nido está en un lugar demasiado bajo en la playa, los huevos pueden ser destruidos por mareas altas o lluvias fuertes. La temperatura del nido afecta a las tortuguitas que se están incubando. Si supera cierto nivel, todas o la mayoría de las crías serán hembras, pero si ha estado por debajo de ese nivel, la mayoría serán machos.

Si los huevos no son destruidos por el agua, o por los depredadores, se incubarán en aproximadamente dos meses. Por lo general, todos los huevos de un nido se incuban en el mismo tiempo. Conforme las tortuguitas salen de los huevos, empiezan a forcejear para abrirse camino hacia la superficie de la playa; arañan la arena de los lados y de la parte superior del nido, la cual va cayendo en el fondo de éste junto con las cáscaras vacías de los huevos. De esta manera, el fondo del nido se va levantando gradualmente hacia la superficie.

La incubacíon dura aproximadamante dos meses

Cuando las crías están justamente bajo la capa superficial de la arena, esperan hasta que afuera esté fresco antes de salir. Generalmente esto significa que las tortuguitas, que miden alrededor de 5 cm de largo, aguarden la noche para abandonar el nido e iniciar su carrera hacia el mar. Esta es una etapa muy peligrosa en la vida de las tortugas marinas. Instintivamente, las tortuguitas se dirigen hacia la parte más brillante del horizonte, la que, por lo general, se encuentra sobre el agua; pero pueden desorientarse si brillan luces tierra adentro; si esto sucede, las crías se arrastrarán en esa dirección y morirán; y aún cuando se dirijan hacia el mar, pueden ser atacadas por mapaches, cangrejos, pájaros y otros animales.

Otros depredadores, como las aves marinas, los tiburones y algunos peces, amenazan a las pequeñas tortugas una vez que han logrado llegar al agua. Durante las primeras semanas de vida, ellas no pueden permanecer mucho tiempo bajo la superficie del agua ni tampoco son capaces de nadar con la rapidez y fuerza suficiente para salvarse de estos depredadores.

Poco se conoce sobre la vida de las tortugas pre-adultas; este período en su historia de vida se conoce como los años perdidos. Se cree que las que finalmente logran sobrevivir pasan los primeros meses de su vida en bancos de sargazos que flotan a la deriva a corta distancia de la costa. Allí se encuentran protegidas de muchos enemigos y pueden alimentarse de otras criaturas más pequeñas que viven en esos bancos.

Hasta que no llegan a tener por lo menos un año, estas jóvenes tortugas están a merced de las corrientes marinas. La golfina de pocos meses, por ejemplo, puede ser arrastrada por la Corriente del Golfo tan al norte como a la altura de Massachusetts, en la costa nororiental de los Estados Unidos.

No se sabe cuánto tiempo tardan las tortugas marinas en llegar a la madurez, pero se calcula que es entre 8 y 50 años. Este largo período para alcanzar la edad madura presenta particulares problemas relativos a la conservación de las tortugas marinas. La depredación causada por los tiburones, la caza por humanos y la captura casual en las redes, en las que mueren asfixiadas, son todos factores que se combinan para reducir las oportunidades de sobrevivir y reproducirse que tiene una tortuga marina.

Amenazas

La etapa de la reproducción es una de las más peligrosas en la vida de las tortugas marinas. Ellas ponen muchísimos huevos durante esa temporada. De esta manera, aún cuando no todos incuben o si, como es usual, muchas de las crías resultan devoradas por los depredadores, por lo menos unas pocas sobrevivirán hasta llegar a la edad adulta en la que, a su vez se reproducirán. Si se perturba este gran esfuerzo que hace una población de tortugas marinas por reproducirse, se pondrá en peligro la capacidad que tienen para mantener el tamaño de su grupo.

En muchos lugares, diversos tipos de actividades humanas están interrumpiendo la reproducción de las tortugas marinas. Con el crecimiento de la población humana y de la demanda de artículos de lujo provenientes de las tortugas marinas, se están matando cantidades cada vez mayores y mayores de estos animales en todas las playas del mundo.

En las redes de pesca mueren muchas de las tortugas marinas

La matanza de tortugas adultas, especialmente hembras, es doblemente dañina. Esta acción no solamente le resta un animal al grupo, sino que - lo que es aún más importante - disminuye un miembro reproductivo de esa población. Todos los huevos que la tortuga hembra podría haber producido en el futuro se han perdido.

De igual modo, la matanza de tortugas jóvenes resta a su grupo animales que han logrado sobrevivir el período de su existencia en que son más vulnerables a la acción de los depredadores naturales. Aunque puede ser que durante muchos años no resulten apreciables los efectos de esa matanza, no hay duda de que se reducirá la fuerza de reproducción futura de un grupo de tortugas marinas. Si se matan muchos animales jóvenes, la producción de huevos y crías en años posteriores será demasiado baja para que algunos puedan sobrevivir a las amenazas de los depredadores naturales y humanos. Las tortugas amenazadas más gravemente por esta situación son, tal vez, los careyes jóvenes de las cuales se cazan grandes cantidades, luego son disecadas y barnizadas y vendidas como elementos decorativos. Puesto que, según parece, las poblaciones de tortugas careyes viven en áreas geográficas limitadas, sería perfectamente factible destruirlas a todas por completo por medio de la cacería.

En muchos lugares se recogen los huevos de tortuga para consumo humano. En algunas partes se recogen casi todos los huevos. Esto hace que queden muy pocos para los depredadores naturales y reduce aún más las oportunidades de que algunos puedan por fin incubarse con éxito y sobrevivir hasta llegar a transformarse en tortugas adultas. La gran disminución de tortugas golfinas se debe, sin duda, a la mencionada recolección de huevos. Esta es también la razón principal de la gran reducción en el tamaño de la población de las tortugas marinas baulas (o laúd).

El desarrollo costero, turístico, industrial y/o urbanístico, puede también reducir la capacidad de las tortugas para reproducirse con posibilidades de éxito. En muchas zonas costeras se han construido casas, hoteles e instalaciones marítimas sin tener en cuenta las alteraciones naturales que sufren las playas a causa de las corrientes oceánicas y de las tormentas. Muchas playas de desove han quedado muy reducidas o han desaparecido por completo. Aunque es posible que las tortugas se vayan de esas playas, el uso creciente de zonas costeras para viviendas, y para desarrollo industrial, está reduciendo rápidamente el número y el tamaño de las playas apropiadas para el desove de las tortugas.

La asfixia de las tortugas marinas capturadas casualmente en las redes de barcos pesqueros representa otro serio problema. En ciertos años, el número de tortugas asfixiadas es muy alto. Y aún en las ocasiones en que es bajo, su impacto también puede ser devastador o, al menos, podrá hacer más improbable la recuperación de una población ya amenazada. Por ejemplo, si las redes camaroneras continúan provocando la muerte por asfixia de las tortugas golfinas, esta especie bien puede llegar a extinguirse.

La degradación y la destrucción de los hábitat marinos significan largos períodos de peligro para las tortugas marinas. La destrucción de los arrecifes de coral causada por la contaminación, por dragado o por manejo descuidado de las anclas resta protección y fuentes de alimento a las tortugas marinas, especialmente a las careyes y a las caguamas.

Las masas de barro erosionado y los pesticidas arrastrados desde los campos agrícolas y las áreas urbanas también pueden causar destrucción de los arrecifes de coral y otras áreas marinas, entre otras razones porque reducen la cantidad de luz que necesitan los animales y las plantas de que se alimentan las tortugas marinas. Muy a menudo, los contaminantes del agua son asimilados por los organismos marinos inferiores y llegan a concentraciones altas en los niveles superiores de la cadena alimentaría. Así, una tortuga marina que se alimente de cangrejos, los cuales a su vez hayan comido otros animales o plantas contaminadas, adquirirá una dosis altamente significativa de contaminantes.

Finalmente, por cuanto las tortugas marinas son animales migratorios, constituyen en verdad un recurso común a muchos países. Las poblaciones de tortugas marinas que desovan en un país, en la mayoría de los casos se alimentan en las aguas territoriales de otro. Por esto no es suficiente que un país proteja las tortugas marinas mientras están en sus aguas territoriales si otro no lo hace cuando estas mismas tortugas están en las suyas. Esto es lo que ha ocurrido repetidamente en el pasado. Es evidente la necesidad de una cooperación entre los diversos países, si se pretende que las poblaciones de tortugas marinas se restablezcan.

Las tortugas marinas y el cambio climático en Cuba

El cambio climático puede provocar la extinción de numerosas especies, especialmente las migratorias como las tortugas marinas, las cuales enfrentan problemas críticos ambientales en la actualidad debido al calentamiento global. Fenómenos naturales como tormentas tropicales y huracanes pueden contribuir a la mortalidad de las tortugas en el mar, particularmente en aguas someras. Las tormentas pueden alterar los patrones de migración de las tortugas y la abundante lluvia inunda y elimina los nidos en las playas. El fenómeno “El Niño”, puede causar reducción de la producción de alimento y provocar reducción del crecimiento y la fecundidad en las tortugas marinas (National Marine Fisheries Service and U.S. Fish and Wildlife Service 1998). Por otro lado el cambio climático pone en peligro a los machos de las tortugas marinas ya que el género de estas especies, es determinado por la temperatura de incubación. Además, sus lugares de anidación en las playas pueden desaparecer por el aumento del nivel del mar.

Estudios realizados evidenciaron severas alteraciones en importantes playas de anidación causadas por huracanes que afectaron tanto la anidación como el comportamiento reproductivo de las tres especies principales que anidan en los dos archipiélagos: la tortuga verde, la caguama y el carey. Las principales afectaciones fueron observadas en Cayo Campo, Playa Mal Tiempo (Cayo Largo) y Playa El Guanal (sur Isla de la Juventud), playas del Archipiélago de Los Canarreos que son sitios importantes de anidación de la tortuga verde y la caguama en Cuba (Moncada et al., 1998; Nodarse et al. 2004), en las cuales ocurrieron cambios en la configuración de las mismas después del paso de los huracanes Michelle 2001, Charley 2004, Gustav e Ike 2008.

Además se observaron pérdidas de playa como en Cayo Anclitas al parecer debido a la erosión y afectación a la vegetación por paso de huracanes como en Cayo Alcatraz, ambos sitios en los cayos y laberinto de las Doce Leguas (Archipiélago Jardines de la Reina), principal área de anidación del carey en Cuba (Moncada et al., 1998, 1999). Es conocido que las lluvias y los vientos causados por huracanes y tormentas tropicales afectan las zonas costeras, provocando inundaciones y desplazamientos de grandes cantidades de arena (Peterson y Bishop 2005) por lo que influyen negativamente en el éxito reproductivo de las tortugas marinas. Al aumentar el nivel del mar por la fuerza de los vientos, se producen marejadas e inundaciones que llegan hasta la vegetación, por tanto se afectan las anidaciones de las tres especies, que lo hacen en diferentes niveles (perfiles) de la playa: el carey próximo o dentro de la vegetación, la caguama próxima a la línea de marea y la tortuga verde intermedia aunque más cercana a la vegetación.

Como resultado de esta afectación se ha observado pérdida de arena y por tanto disminución de la altura de la playa, teniendo como consecuencia (sobre todo en la tortuga verde por ser la que más profunda hace la cama y el nido), que las hembras anidadoras realicen más de una cama e incluso que no terminen de completar la construcción del nido, al encontrar piedras, arrecife, humedad y a veces hasta agua.

Pero lo más crítico es que al coincidir la temporada reproductiva de las tortugas marinas con la temporada ciclónica, en la cual se ha incrementado el número de ciclones más intensos, debido a los cambios globales (Pike y Stiner, 2007), ocurren las acciones más devastadoras como son la destrucción de huevos, nidos y neonatos (Milton et al., 1994; Martin et al., 1996), observado también en los Archipiélagos de los Canarreos y Jardines de la Reina durante el paso del huracán Paloma en el 2008. Por otra parte la incidencia negativa de los huracanes se hace también evidente en la baja anidación de la tortuga carey ocurrida en el 2002, cuando azotaron dos huracanes (Isidore y Lily) al comienzo de la temporada reproductiva, que aunque no azotaron directamente a las playas, al parecer afectaron el comportamiento de las hembras anidadoras.

Conservación

Los conservacionistas y los gobiernos están trabajando para reducir las amenazas actuales a las tortugas marinas. La más grave de ellas es el comercio internacional de artículos de lujo derivados de la tortuga marina. Para controlar este comercio, que causa el sacrificio de cientos de miles de tortugas cada año, muchos países se han asociado a la Convención sobre Comercio Internacional de Especies en Peligro (Convention on International Trade in Endangered SpeciesCITES. Según CITES, está prohibido el comercio internacional de productos de tortuga, excepto en circunstancias muy especiales. Pese a ello, el comercio en gran escala continúa.

Algunos países han prohibido o restringido la caza de tortugas marinas o la venta de productos de esas tortugas. En Surinam, por ejemplo, la recolección de huevos se usa para proteger los nidos de la acción de los recolectores furtivos, para trasladar los nidos amenazados por las mareas muy altas y para incrementar la investigación.

En otras naciones protegen las áreas de desove y de alimentación de las tortugas. Tal es el caso de una de las mayores playas de desove de las tortugas marinas verdes en la Cuenca del Caribe – Tortuguero, en Costa Rica - que ha sido declarada parque nacional.

Con el propósito de aumentar el número de huevos que llegan a incubarse y el número de tortuguitas que logran encontrar su camino hacia el mar, los gobiernos y las organizaciones conservacionistas han protegido los nidos o incubado los huevos en áreas vedadas al público.

En Rancho Nuevo, México, -una de las principales playa de desove de la tortuga golfina de todo el mundo- el gobierno ha protegido los nidos y trasladado los huevos a zonas seguras. Los huevos son incubados y la mayoría de las crías se sueltan en el mar. Otras tortuguitas procedentes de esa playa han sido criadas hasta la edad de un año en unas instalaciones del Gobierno de los Estados Unidos y luego se han liberado, cuando ya no son tan vulnerables a los depredadores naturales. Para reducir el número de tortugas que mueren asfixiadas en redes camaroneras, el Gobierno de los Estados Unidos ha inventado un artefacto que no permite que aquellas queden atrapadas, al mismo tiempo que aumenta la cantidad de camarones pescados. En otras áreas, se ha restringido otros tipos de pesca a épocas en las que las tortugas no están presentes en dichas zonas.

Finalmente, la gente ha llegado a darse cuenta de que el desarrollo costero irracional y la contaminación marina no amenazan solamente a las tortugas sino también a muchas otras especies de las que nosotros mismos dependemos para nuestra alimentación y para la producción de la industria química, y la farmacética, lo mismo que para fines turísticos. Sólo el desarrollo que reconozca la importancia de los océanos en buenas condiciones naturales puede asegurar la continua producción de estos.

Serán necesarios años de tales esfuerzos para invertir el proceso de declinación drástica de las poblaciones de tortugas marinas en todo el mundo. A menos que cada uno de nosotros se empeñe en trabajar para asegurar la supervivencia de las tortugas y otros animales así como de las plantas marinas y terrestres, nuestras propias vidas y las de las generaciones futuras resultarán perjudicadas.

Véase también

MINAL

Centro de Investigaciones Pesqueras

Acuario Nacional de Cuba

Fuente

Investigaciones Pesqueras.

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y su impacto en la conservación de las tortugas marinas. VIII Congreso Latinoamericano de Herpetología. Programa y resumenes. 24-29 de Noviembre de 2008.

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