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Vedado (Plaza de la Revolución)

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El Vedado
Información sobre la plantilla
Barrio de Cuba
EntidadBarrio
 • PaísBandera de Cuba Cuba
 • MunicipioPlaza de la Revolución
 • ProvinciaLa Habana
 • Fundación1858
Población 
 • Total20 000 hab.
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Mapa del Vedado

El Vedado. Reparto ubicado en la capital de Cuba, La Habana. Debe su importancia a ser una zona de gran desarrollo económico, social y cultural, donde se encuentra la Administración Central del Estado y del gobierno.

Orígenes

Lo que ahora es un conglomerado de modernos edificios, anchas avenidas y luces deslumbrantes no fue antes más que una franja costera sembrada de manigua impenetrable y diente de perro. Así era toda el área desde el Torreón de San Lázaro hasta la boca de La Chorrera.

En el mes de Julio de 1555 el corsario Jacques de Sores desembarcó con 200 secuaces por las inmediaciones de la Caleta de San Lázaro y atacó por tierra La Habana, dejando tras de sí una estela de horror, destrucción y muerte. Como los ataques de este y otros piratas se sucedieron con igual estrategia, una década después el Cabildo habanero dictó un bando que prohibía todo tipo de asentamiento, pastoreo y construcción de caminos o veredas que facilitaran el acceso de los saqueadores. Así fue como la franja costera y la elevación aledaña se convirtieron en sitio vedado y de ahí su nombre.

Según el historiador Emilio Roig de Leuchsenring, la creación del barrio residencial comenzó en 1858, al aprobarse la parcelación de la estancia El Carmelo, propiedad de Domingo Trigo y Juan Espino, con un total de 105 manzanas, pero adquirió mayor auge cuando Don José Frías, Conde de Pozos Dulces, y sus dos hermanas consiguieron permiso de parcelación de su finca, nombrada precisamente El Vedado, que se extendía desde la Calle Paseo hasta la Batería de La Reina, ubicada en el lugar en que hoy se asienta el Hotel Nacional. En 1870 apenas había 20 casas, mayormente ubicadas a lo largo de la Calle Línea llamada así porque por allí pasaba el ferrocarril que unía esta pequeña parcelación con el centro de La Habana.

Transversalmente a Línea se dispusieron dos anchas avenidas que actualmente son Paseo y la Calle G (hoy Avenida de los Presidentes), debidas al trazado del ingeniero Don Luis Yboleón Bosque. Fue en este barrio en que, por primera vez se trazaron manzanas de 100 metros y se usó inteligentemente la distribución de números y letras para distinguir las calles.

Con el fin del coloniaje español y la instauración de la República, El Vedado creció de manera inusitada por el asentamiento de jefes mambises que emplearon su paga para construirse una vivienda decorosa y poco a poco fueron llegando también los nuevos ricos que fomentaron sus fortunas a partir de los negocios con el gobierno y las relaciones con el nuevo y poderoso socio comercial que representaba Estados Unidos.

Ya en 1903, El Vedado contaba con 1 162 viviendas y unos diez mil habitantes, según un censo realizado en 1889 por los interventores yanquis.

Un tiempo más tarde las parcelaciones del Conde de Pozos Dulces, El Carmelo y el Reparto Medina, limítrofe con lo que es hoy el municipio Centro Habana, fueron unificándose bajo el nombre genérico de El Vedado. Y así siguió su desarrollo hasta convertirse en lo que conocemos hoy, una zona residencial, cultural y comercial en la que se ubican los dos edificios más elevados del país, el FOCSA y el Hotel Habana Libre.

Planificación urbanística

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Casa de la Marqueza Villa Vedado (1915)

El ingeniero Luís Iboleón Bosque fue el urbanista de El Carmelo y también de El Vedado. Las manzanas serían de cien metros por cada lado, a excepción de las limitadas por las calles C y D, que solo tendrían 80, y las localizadas entre D y E, de 120 metros. Se evitaba así cortar, con el trazado de las calles en proyecto, las instalaciones de una fábrica de ladrillos que existía en lo que sería la manzana enmarcada por las calles D, E, Tercera y Quinta.

Contaría la urbanización con dos avenidas transversales, verdaderos parques, G y Paseo. La trama vial fue orientada para facilitar la entrada de las brisas. El proyecto contemplaba la existencia de parques y parterres arbolados y el jardín debía formar parte de la vivienda.

Se introdujo el uso racional de números y letras para dar nombre a las calles. La primera calle trazada fue Línea, llamada así porque por ella circulaba el tranvía tirado por caballos hasta que ese medio de locomoción fue sustituido por la célebre «cucaracha», el primer vehículo de pasajeros de tracción no animal que tuvo la ciudad y que salía de la esquina de Prado y San Lázaro, donde abría sus puertas el café El Tiburón, y llegaba hasta El Carmelo. Esta maquinita de vapor, en 1900, sería sustituida a su vez por el tranvía eléctrico.

La trama vial fue inteligentemente orientada para facilitar la entrada de las brisas diurnas y nocturnas, detalle importantísimo para una ciudad abrasada por el sol. Las calles, rectas y amplias, fueron rodeadas de parterres que las sombreaban, con calles más anchas —un ejemplo de ello son Paseo y Avenida de los Presidentes o Calle G—, que facilitan la entrada de la brisa marina hacia el interior de la urbanización.

Avenida de los Presidentes, G, vista desde el Malecón

Otro elemento importante fue la presencia de manzanas libres que se arbolaban y dotaban con iluminación, aceras internas, asientos, y generalmente un podio central elevado para orquestas, quedando como espacios públicos: es el tradicional parque republicano. Las manzanas se subdividían en parcelas estrechas y profundas dispuestas en forma de esvástica, asegurando la mayor cantidad de frentes a la calle. Esto definía una textura urbana y un ritmo característicos, y permitía el relleno gradual con edificaciones pertenecientes a estilos arquitectónicos diferentes, es decir, le daban el carácter ecléctico que caracteriza a El Vedado.

Al comienzo, El Vedado siguió una línea que ya había comenzado con el modelo de la casa quinta en la barriada de El Cerro, de mediados del Siglo XIX. Algunas de ellas, construidas en la década de 1880, aún subsisten, como las casonas de calle 2 esquina a Línea y de Línea esquina a B; al igual que lo poco que ha quedado del una vez famoso Hotel Trotcha (1886).

Ruinas del Hotel Trotcha en Calzada entre Paseo y 2, El Vedado, La Habana

En 1871 fue inaugurado el Cementerio de Colón, una de las piezas más interesantes dentro de esta zona, que acumuló gran cantidad de obras escultóricas de alta calidad en sus mausoleos y panteones. La cercanía al camposanto impulsó la jerarquización de la esquina de 12 y 23, que más tarde cedería su importancia ante la de L y 23, cuando a fines de los años 40 despuntó el desarrollo de La Rampa.

Este eje vial, donde la importante Calle 23 se encontraba con El Malecón, se convertiría en un foco de mucha animación. Proliferaron hoteles, oficinas, edificios de apartamentos, restaurantes, salas de cine y de teatro y a pesar de que la inmensa mayoría de los edificios en La Rampa datan de antes del Triunfo de la Revolución, en enero de 1959, el apogeo de la zona como centro vital de actividades culturales y recreativas fue a principios de los años 60. Su carácter particular se acentúa por la fuerte pendiente y la superposición de tipos funcionales y arquitectónicos. Esto ha hecho que renombrados arquitectos y urbanistas la consideren como un modelo de diseño urbano.

La gran masa ecléctica que es El Vedado fue construida en un tiempo increíblemente corto, desde la segunda década del Siglo XX hasta comienzos de la cuarta. Aunque su imagen urbana se percibía como elegante y aristocrática, esa urbanización tuvo una mezcla social. Esa coexistencia se proyectaba hacia la calle y se expresaba en los espacios públicos. Ya en los años 40 aparecen con más frecuencia los edificios de apartamentos, un tema que se desarrollaría con rapidez en la década siguiente. En 1958 se terminó el último tramo del Malecón, desde Paseo hasta el castillo de La Chorrera, conectando por un Túnel con la Quinta Avenida, espinazo de Miramar.

A pesar del gran peso que tuvo la arquitectura del Movimiento Moderno, aparecido a inicios del Siglo XX, hijo del hormigón armado, del acero laminado y del vidrio plano, su influencia en El Vedado fue menor, debido a que ya se encontraba muy saturado, y a que la ciudad había comenzado a desplazarse hacia el oeste. En cambio, algo sí llegó, como el gigantesco edificio FOCSA, que rompe con el contexto urbano y hasta induce caprichosas turbulencias de aire. En La Rampa se hallan también algunos de los pocos buenos exponentes de arquitectura moderna en zonas centrales de la ciudad, como el Pabellón Cuba y la Heladería Coppelia.

Edificio FOCSA, el más alto de Cuba

En su historia de siglo y medio El Vedado ha acumulado un Patrimonio urbanístico y arquitectónico muy importante. El modelo ofrecido por esta urbanización ha demostrado ser muy flexible y eficaz; con una mezcla balanceada de unidad con variedad, que ha sido siempre la esencia de la armonía.

Primeros comercios

En Calzada entre Paseo y 2 estuvo la botica del doctor Bueno, quizá la más antigua de El Vedado, y en Línea y D estaba el quiosco de don Salvador con su expendio de zambumbia, agua de Loja, horchata, agua de cebada, etc.

En 1883 se inauguró, en Calzada esquina a 2, el salón Trotcha, complementado posteriormente por un cuerpo de madera que se destinó a hotel y que no solo fue muy apreciado como establecimiento hotelero, sino por sus bellísimos jardines, descritos por Julián del Casal en una de sus crónicas.

Surgimiento como zona cultural y turística

Entre los cinematógrafos de la barriada se encontraba la sala Vedado, en Calzada y Paseo, cine de categoría, de a 20 centavos la papeleta, con sillas de tijera que el público movía a su antojo en la platea y con palcos que eran alquilados por las familias.

El cine Gris, en E entre 17 y 19, de menor rango, disponía de una tertulia ruidosa y alegre. Sus palcos tenían una particularidad: resultaba casi imposible ver la película desde ellos.

El Cine-teatro Trianon fue, en los años 20, uno de los principales de la capital, y el Teatro Auditórium, hoy Amadeo Roldán, en Calzada y D, se inauguró el 28 de diciembre de 1928. Era propiedad de la Sociedad Pro Arte Musical y dispuso de 2 600 asientos y 24 palcos.

Primeros hoteles

Había en la zona varios hoteles de apartamentos; el muy lujoso de 19 y 8, el de Paseo y 25 y el de 25 esquina a G. En 1930 quedó abierto el Hotel Nacional, pero antes
Hotel Trotcha
existían en la barriada, para recordar solo los que subsisten todavía, el Victoria, que fue originalmente una casa de huéspedes, y el Hotel Presidente, que el dictador Gerardo Machado dejó inaugurado al abrir su puerta principal con una llave de oro. Ya para entonces los Gómez Mena habitaban en su palacio de 17 y E, actual Museo Nacional de Artes Decorativas, donde a partir de 1938 la Condesa de Revilla de Camargo auspició las fiestas individuales más grandes de Cuba.

Los baños del Vedado

Hasta 1895 hubo un desarrollo notable en el caserío de El Vedado. La cercanía del mar hizo que el barrio cobrara relevancia. En la línea de la costa, desde G hasta 6, se establecieron, a partir de 1864, varios balnearios. La calle E fue conocida popularmente con el nombre de Baños, porque llevaba a las pocetas del balneario El Progreso. Otro de esos establecimientos, Las Playas, se situaba al final de la calle D. Y los Baños de Carneado, el llamado Hombre-Grito por la promoción que hacía de su peletería en la Manzana de Gómez, se hallaban en lo que hoy sería Malecón y Paseo. Carneado presumía de su riqueza, de su fortaleza física y de su varonía. Probaba lo primero con los tres brillantes gigantescos que formaban parte invariable de su atuendo. Para exhibir su fuerza, se hizo esculpir completamente desnudo y con los músculos en tensión y colocó la estatua en las afueras de su residencia, situada también en las cercanías del litoral, en tanto que con sus más de 20 hijos, de todos los colores, que mostraba con orgullo, daba fe de su calidad de Don Juan.

Baños del Vedado
La gente se bañaba entonces en lo que se llamaban pocetas de ahogado, que se aprovechaban de la disposición de las rocas o se cavaban artificialmente en estas. Las había pequeñas, con locales reservados para la familia, y otras muy amplias, en las que se bañaban, por separado, hombres y mujeres. El dueño de El Progreso hizo un negocio redondo. Sobre la gran nave que cubría sus pocetas construyó 14 apartamentos dotados de sala-comedor, dos habitaciones y servicios, que alquilaba por cien pesos mensuales, y en Tercera entre B y C edificó varias casas de madera, pequeñas, destinadas también al alquiler durante la temporada veraniega. Sin contar que el derecho al baño de mar costaba 50 centavos. Esos baños (había muchos más: El Encanto, El Océano…) desaparecieron con la ampliación del Malecón a partir de 1950.

Tras el fin de la Guerra de Independencia, en 1898, y la instauración de la República, en 1902, El Vedado adquirió un auge inusitado.

Los ricos de abolengo abandonan la atestada y ruidosa Habana Vieja y compran terrenos y construyen en la barriada. Lo hacen también los nuevos ricos y no pocos altos oficiales del Ejército Libertador que cobran sus haberes. Llegan además los que hacen fortuna a costa de la política y se asientan, por lo general, en los alrededores de la Universidad; una zona que la voz popular bautizó como «el barrio de los apaches».

Residencias de todos los tamaños, lujos y estilos surgieron por doquier. Se pobló no solo la parte baja, aledaña al mar, sino también la zona de la Loma, desde la calle 9 hacia el sur. El gobierno pavimentaba la calle 17, y la Havana Electric acometía el tendido aéreo para extender el tranvía hasta La Chorrera. El Paseo del Prado y la barriada del Cerro quedaban definitivamente desplazados en la preferencia de la gente con suficientes recursos para hacerse de vivienda propia. No tardarían en surgirle rivales poderosos a la nueva barriada, con los repartos del oeste de La Habana, del otro lado del Río Almendares, donde terminarían avecindándose los más ricos. Quedaron entonces en El Vedado los tradicionalistas, mientras que muchas de las regias mansiones de antaño se convertían en colegios, oficinas y casa de vecindad, tal como había ocurrido en el Cerro y en el Prado. Aun así, El Vedado, uno de los grandes logros del urbanismo en Cuba, sigue siendo, para vivir y trabajar, la mejor zona de La Habana.

Vista de El Vedado desde La Punta, se destacan el Hotal Habana Libre y el FOCSA

Fuentes