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James Carter

James Carter
Información sobre la plantilla
Jimmy-carter.jpg
Presidente de los Estados Unidos de América
39.º Presidente de los Estados Unidos
VicepresidenteWalter Mondale
PredecesorGerald Ford
SucesorRonald Reagan
Datos Personales
NombreJames Earl Carter
Nacimiento1 de octubre de 1924
Plains, Georgia, Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos
Alma materAcademia Naval de los Estados Unidos
Partido políticoDemócrata
CónyugeRosalynn Smith Carter
HijosJohn William
James Earl III
Donnel Jeffrey
Amy Lynn
PadreJames Earl Carter
MadreBessie Lillian Gordy
PremiosPremio NobelNobel de la Paz 2002
Jimmy Carter. James Earl "Jimmy" Carter, Jr. 39.º presidente de los Estados Unidos de América (Plains, Georgia, 1924). De su dedicación original al cultivo del cacahuete (símbolo de su posterior campaña electoral), pasó a la política profesional en las filas del Partido Demócrata, que le llevó a ser senador en 1962-66. Como gobernador de Georgia (1970-74) destacó por su política en favor de los derechos de los negros y de las mujeres.

En 1977 obtuvo la Presidencia tras derrotar por estrecho margen al anterior presidente y candidato republicano, Gerald Ford, gracias en parte al descrédito en que habían caído los republicanos por los tropiezos de Nixon y su precipitada retirada a causa del caso Watergate.

Síntesis Biográfica

Nació el 1 de octubre de 1924 en Plains, Georgia, y fue el mayor de cuatro hermanos. Sus padres, James Earl Carter y Bessie Lillian Gordy, eran granjeros y bautistas practicantes.

Desde muy temprana edad, demostró ser un alumno aventajado al que le gustaba la lectura. Fue admitido en la universidad Georgia Southwestern College, y se licenció en Ciencias en la Academia Naval de los Estados Unidos en 1946, año en que contrajo matrimonio con Rosalynn Smith.

Fue destinado a los submarinos del Atlántico y del Pacífico y pronto fue escogido por el almirante Hyman Rickover para participar en el programa de submarinos nucleares. A pesar de que su intención era hacer carrera en la marina, a la muerte de su padre en 1953 dimitió de sus responsabilidades militares para encargarse del negocio familiar de cacahuates, en su pueblo natal.

Desde muy joven mostró un profundo sentimiento cristiano, impartiendo clases en la escuela dominical durante su carrera política. Él mismo ha manifestado que Jesucristo ha marcado su vida; de hecho, durante su mandato presidencial oraba varias veces al día.

Carrera Política

Gobernador de Georgia

En 1970 realizó una campaña populista en las primarias demócratas en contra del exgobernador Carl Sanders, etiquetando a su oponente como "Gemelos Carl". Después de su victoria estrecha sobre Sanders en las primarias, fue elegido Gobernador sobre el republicano Hal Suit.

El 12 de enero de 1971 fue juramentado como el 76 Gobernador de Georgia, y ocupó este cargo hasta el 14 de enero de 1975. Su predecesor como gobernador, Lester Maddox, se convirtió en el vicegobernador.

Carter mejoró la eficiencia del gobierno mediante la fusión de alrededor de 300 agencias estatales en 30. También impulsó reformas en la Legislatura, proveyó las ayudas estatales a las escuelas en igualdad a las zonas ricas y pobres de Georgia, creó centros comunitarios para los niños con discapacidad mental, y amplió los programas educativos para los condenados.

Campaña presidencial de 1976

Cuando en 1976 entró en las primarias del Partido Demócrata, se consideraba que tenía pocas posibilidades contra los políticos más conocidos a nivel nacional. Había un reconocimiento de su nombre de sólo el dos por ciento. Sin embargo, el escándalo Watergate todavía estaba fresco en la mente de los votantes, y así su posición como un extraño, distante de Washington D.C., se convirtió en algo atractivo. La pieza central de su plataforma de campaña fue la reorganización del gobierno.

Se convirtió en el favorito desde el principio al ganar el caucus de Iowa y las primarias de Nuevo Hampshire. Utilizó una estrategia de dos frentes: En el Sur, la mayoría había acogido la candidatura de George Wallace, cuando Wallace demostró ser una fuerza gastada, Carter barrió la región. En el Norte, Carter hizo un llamamiento en gran parte a los votantes conservadores cristianos y rurales pero tenía pocas posibilidades de ganar una mayoría en la mayoría de los estados. Al final ganó varios estados del Norte, por la construcción del mayor bloque único. Viajó más de 50 mil kilómetros, visitó 37 estados, e hizo más de 200 discursos antes de otros candidatos, incluso antes de anunciar que estaba en la carrera presidencial. Demostró ser el único demócrata con una estrategia verdaderamente nacional, y finalmente logró la candidatura.

Eligió al senador Walter Mondale como compañero de fórmula. Atacó a Washington en sus discursos, y ofreció un bálsamo para las heridas religiosas de la nación.

Comenzó la carrera con una ventaja considerable sobre Ford, que fue capaz de reducir la brecha en el transcurso de la campaña, pero no pudo evitar que Carter, lo derrotase el 2 de noviembre de 1976. Carter ganó el voto popular por un 50,1% contra 48,0% de Ford y recibió 297 votos electorales contra 240 de Ford. Se convirtió en el primer presidente del Sur Profundo elegido desde las elecciones de 1848.

Presidencia

En 1977 obtuvo la Presidencia tras derrotar por estrecho margen al anterior presidente y candidato republicano, Gerald Ford, gracias en parte al descrédito en que habían caído los republicanos por los tropiezos de Nixon y su precipitada retirada a causa del caso Watergate. Durante su mandato, Carter dio un giro radical a la política exterior de Estados Unidos: la defensa de la democracia y de los derechos humanos a escala internacional contribuyó, por ejemplo, a la caída del dictador Somoza en Nicaragua; reivindicó por primera vez los derechos del pueblo palestino ante las autoridades israelíes; y consiguió que Egipto e Israel firmaran una paz duradera (Camp David, 1979). Pero la opinión pública americana desautorizó dicha política por considerarla un exceso de debilidad, especialmente visible ante la revolución islámica de Jomeini y el secuestro de los funcionarios de la embajada americana en Irán, que enturbió los últimos meses de su mandato. Las elecciones de 1980 dieron un triunfo clamoroso al candidato republicano, Ronald Reagan.

Política hacia Cuba

James Carter arribó a la presidencia de Estados Unidos sin una política definida hacia Cuba. Esto se debía en gran medida a lo heterogéneo de su gabinete, en el que había desde hombres de extrema derecha hasta liberales. La principal dificultad para el acercamiento entres las dos naciones seguía siendo la misma que había causado la suspensión de las negociaciones secretas durante la administración de Ford: la presencia de las tropas internacionalistas cubanas en Angola [1].

Estados Unidos, como en la administración Ford condicionaba cualquier mejoramiento de las relaciones a tres condiciones concretas:

  • Liberación de los presos estadounidenses existentes en Cuba.
  • Retirada de las tropas cubanas de Angola.
  • No intervención cubana en las relaciones de Estados Unidos con su enclave colonial de Puerto Rico.
La distensión

Terminada la campaña electoral y durante los días en que trabajaba en la conformación de su gabinete en diciembre de 1976, Carter comenzó a interesarse por la cuestión cubana. Como expresión de lo anterior en enero de 1977, en la misma audiencia de confirmación de secretario de Estado, Cyrus Vance declaró que el embargo contra Cuba era inoperante y era necesario buscar vías que permitieran normalizar las relaciones entre Cuba y Estados Unidos.

Declaraciones similares hacía el subsecretario de Estado para asuntos internacionales Terence Todman quien afirmaba que era obvio que Estados Unidos no podía vivir en hostilidad permanente con Cuba. El embajador en las Naciones Unidas, Andrew Young, profundizaba la distensión al decir que la presencia cubana en Angola creaba cierta estabilidad y orden en la región[2]. Vance por su parte terminaba de cimentar el acercamiento al declarar que Estados Unidos no subordinaría cualquier discusión con Cuba a la retirada de las tropas cubanas de Angola.

Cuba fue receptiva y en febrero de 1977, Carlos Rafael Rodríguez, en entrevista para la BBC expresó la disposición cubana de discutir sus problemas bilaterales con Estados Unidos. Fidel Castro, por su parte, en entrevista concedida a Bill Moyers en febrero, consideraba que existían posibilidades de normalizar las relaciones con Estados Unidos.

En un viraje, que contradecía las declaraciones precedentes de los miembros de su gabinete, Carter hacía declaraciones en las que condicionaba cualquier mejoramiento de la relaciones con Cuba a la retirada de las tropas de la Isla de Angola. Además señalaba la necesidad de eliminar la influencia de Cuba en América Latina y mejorar la situación de los derechos humanos en la Isla.

Aunque manteniendo estas posiciones, poco después Carter planteó que consideraba necesario iniciar las discusiones con Cuba, si esta estaba de acuerdo.

La Primera Guerra de Shaba en marzo de 1977 tensó las relaciones entre ambos países. Los enemigos de Cuba realizaron una gran campaña propagandística acusando a la isla de estar detrás de los katanguenses. Sin embargo el gobierno de Carter fue cauteloso con el asunto y afirmó finalmente que no existían evidencias de que Cuba o Angola hubiesen apoyado la invasión a Zaire.

En el propio mes de marzo, Estados Unidos dio un paso significativo en el proceso de normalización de las relaciones. Culver Gleysteen, jefe del Buro Cuba del Departamento de Estado llamó a la misión cubana ante la ONU para pedir una entrevista y proponer se efectuara una reunión entre delegaciones de ambos países, para considerar la conveniencia de firmar un acuerdo pesquero y otro sobre la delimitación de los límites marítimos. Cuba aceptó y el 24 de marzo se iniciaron las conversaciones, que culminaron con la firma de los correspondientes documentos legales en La Habana, el 27 de abril de 1977 [1].

El clima favorable en que se desarrollaron las conversaciones y la necesidad de mantener contactos regulares para la revisión y ampliación de aspectos de los tratados firmados hizo que – también a sugerencia de los norteamericanos – se abrieran oficinas de intereses en las capitales de ambos países. Esta variante la plantearon los estadounidenses, ya que en ese momento no podían bajo ningún concepto restablecer las relaciones diplomáticas, pues este hecho hubiese afectado los intereses reelectorales de Carter en la Florida.

El proceso de discusión del acuerdo fue expedito – duro menos de tres horas – y el 3 de junio de 1977 ambos países anunciaban la apertura de sendas oficinas de intereses en La Habana y Washington. La cubana funcionaría como parte de la embajada de Checoslovaquia, radicando en los edificios donde había funcionado la delegación y el consulado cubano en la capital de Estados Unidos; y la de oficina norteamericana sería parte de la misión suiza en La Habana, radicando también en el edificio donde había estado la embajada de Estados Unidos hasta 1961. El 1 de septiembre se inauguraban oficialmente ambas oficinas.

En el Congreso de Estados Unidos también se discutía fuertemente sobre Cuba. El 10 de mayo el Comité de Relaciones Exteriores del Senado aprobó el levantamiento parcial del embargo comercial contra Cuba, lo que permitiría que Estados Unidos pudiera vender a Cuba, alimentos, medicinas y productos agrícolas. La iniciativa no progresó, pues fue batida por la oposición tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes[1].

A partir de noviembre algunas agencias del gobierno de Estados Unidos reactivaron la campaña anticubana con motivo de su presencia en Angola, a lo que se sumaba en ese momento la misión militar en Etiopía, que ayudaba al gobierno de ese país a rechazar la agresión somalí. Esto fue hábilmente utilizado por los enemigos de la normalización, que acusaron a Cuba de practicar un “nuevo colonialismo”.

Algunos congresistas norteamericanos viajaron entonces a Cuba durante noviembre y diciembre con mensajes del presidente Carter relacionados con la salida de las tropas cubanas de África y la liberación de los presos norteamericanos en Cuba. Con respecto a este último aspecto el gobierno de Cuba fue colaborativo y se produjeron varias. Como gesto de respuesta, Estados Unidos autorizó el inicio de los vuelos chárter entre los dos países y la venta de suministros médicos a la Isla. Esto último fue rechazado por Cuba por su carácter unilateral, ya que no se permitía el acceso de los productos cubanos al mercado de Estados Unidos.

En enero de 1978, guardacostas de Estados Unidos y guardafronteras cubanos efectuaron conversaciones en las cuales se acordaron algunas medidas tendientes a mejorar la comunicación entre ambos servicios; cooperar en operaciones de rescate en aguas internacionales y realizar acciones conjuntas contra el tráfico de drogas y el terrorismo.

La confrontación

Sin embargo, la línea contra la presencia cubana en África se mantuvo. En el informe del consejero para Asuntos de Seguridad Nacional, Zbigniew, Brzezinski sobre la presencia militar cubana en ese continente planteaba que las tropas cubanas alcanzaban la cifra de 40 000 hombres, 20 000 en Angola, 17 000 en Etiopía y 3 000 en otros naciones del continente. La Segunda Guerra de Shaba en 1978 enturbió definitivamente el proceso de conversaciones entre Cuba y Estados Unidos[3]. A pesar de las declaraciones cubanas distanciándose de los katanguenses, el presidente Carter en declaraciones del 25 de mayo, acusó a Cuba de haber entrenado a los enemigos de Mobuto y de conocer los planes de invasión previamente y no haber hecho nada para detenerlos[4].

Para enrarecer aún más el clima entre ambos países el gobierno de Estados Unidos comenzó la campaña contra la presencia de los MiG – 23 en Cuba, pretextando que los mismos podían portar armas nucleares y utilizarse para bombardear Estados Unidos. Según Estados Unidos la presencia de esos aviones en Cuba violaba los acuerdos tomados entre su país y la [Unión Soviética]] durante la Crisis de Octubre en 1962. Todo esto provocó que James Carter autorizara la reanudación de los vuelos espías sobre Cuba, utilizando aviones SR – 71 Blackbird [1].

En febrero de 1979 el Pentágono se sumaba a la campaña anticubana, que hasta ese momento había estado en manos, fundamentalmente, de las agencias de inteligencia y determinados políticos en el Gabinete y el Congreso. Los militares declaraban que los soviéticos estaban construyendo facilidades para sus submarinos en el puerto de Cienfuegos. El triunfo de la revolución en Granada el 13 de marzo bajo la dirección de Maurice Bishop y el Movimiento de la Nueva Joya fue visto por la administración de Estados Unidos como un caso directo de influencia e injerencia de la Revolución Cubana, tanto por la ayuda, como por el asesoramiento que había brindado a los seguidores de Bishop y la rápida ayuda que comenzó a brindar la Isla a los nuevos gobernantes de Granada. Al caso de Granada se unió el triunfo de la revolución en Nicaragua que derrocó a la dictadura de Somoza. En este proceso había evidencias mucho más profundas de participación cubana que en el de Granada. En el caso de Nicaragua los servicios norteamericanos no sólo conocían de los vínculos del Frente Sandinista de Liberación Nacional con Cuba, sino que además sabía del apoyo logístico y militar de la Isla al movimiento.

La volátil situación de El Salvador hizo que en el Congreso de Estados Unidos se volviera a hablar de la Teoría del Dominó, que había sido muy discutida en la época de Henry Kissinger, lo que implicó un recrudecimiento de las campañas contra Cuba, la que evidentemente, para los estadounidenses, estaba empujando el dominó. Durante septiembre fue particularmente cruda la hostilidad de Estados Unidos contra Cuba, que se centro en el tema de los derechos humanos en la Isla y la presencia de las tropas soviéticas en la misma. Dentro de esa dinámica él 25 de septiembre, el presidente James Carter realizó la declaración más fuerte contra el gobierno de Cuba en todo su mandato. El presidente de Estados Unidos acusó a Cuba de ser un títere que representaba los intereses de la Unión Soviética a través del mundo y que actuaba directamente bajo las órdenes de Moscú; prometiendo tomar providencias para revertir ese status quo.

La necesidad de fortalecer su imagen de presidente ante las elecciones impulsaron a Carter a redefinir por completo su política exterior que pasó de ser consecuente y de contención hasta octubre de 1979 a ser muy agresiva e imperialista a partir de ese momento. En ese momento tomó un grupo de medidas de suma importancia contra Cuba que crearon peligro de confrontación militar entre los dos países: reanudación de los vuelos espías; reanudación de las maniobras militares, incluyendo la Base Naval de Guantánamo y la concentración en aguas del Caribe de un gran número de buques de guerra y las llamadas unidades de acción rápida. Todo un escenario de fuerza para contener la influencia cubana en la región.

La Crisis del Mariel

Durante 1980 Estados Unidos continuó la política agresiva contra Cuba, dentro de la cual se encontraba el estímulo a las salidas ilegales del país. En ese momento se produjeron los sucesos de la embajada de Perú en Cuba que desembocaron en la segunda gran ola migratoria de cubanos hacia los Estados Unidos, esta vez por el puerto de Mariel.

La llegada de embarcaciones a las costas de la Florida repletas de emigrantes cubanos obligó al gobierno de Estados Unidos a tratar de contener la situación, amenazando con multar a los dueños de los barcos, pero el ir y venir de la flotilla continuó. Los contactos con la comunidad cubana para detener la llegada masiva de inmigrantes fueron infructuosos, por ese motivo el presidente Carter el 6 de mayo de 1980, cuando ya los inmigrantes pasaban de 10 mil declaró el estado de emergencia en varias zonas de la Florida y aprobó 10 millones de dólares para atender sus necesidades. Con esta acción, Carter trataba de ser consecuente con sus declaraciones en las que había anunciado que Estados Unidos recibiría a todo aquel que huyera de Cuba[1].

El 14 de mayo la cifra de emigrados alcanzaba los 40 mil y en junio alcanzaba los 100 mil, distribuidos por varios estados o en los centros de internamiento donde provocaban serios disturbios. Carter otorgó otros 10 millones de dólares para los emigrantes cubanos para hacer frente a la situación. Al final el cómputo final de los cubanos que salieron por el puerto de Mariel en 1980 fue de 125 mil[1].

Carter recibió fuertes críticas por la forma en que manejó la situación y por las consecuencias que para los Estados Unidos trajo después esa ola migratoria violenta y desenfrenada en los lugares en los que fue ubicada. Carter al analizar meses después las causas de su derrota electoral señalaría la Crisis del Mariel como uno de las situaciones que más lo perjudicó.

Referencias

Fuentes