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Toro

Toro
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Toro 1.jpg
Animal de cuatro patas,cuernos, rabo y se alimenta de hierba.
Clasificación Científica
Nombre científicoBos taurus o Bos primigenius taurus
Reino:Animalia
Filo:Chordata
Clase:Mammalia
Orden:Artiodactyla
Familia:Bovidae

Toro (Bos taurus o Bos primigenius taurus). Especie de mamífero artiodáctilo de la familia de los bóvidos; conocido como vaca, en el caso de la hembra, o toro en el caso del macho.

Existen diferentes tipos de toros en el mundo, algunos son para corridas, otros para sacar crías y los demás son los llamados Buey.

Orígenes

Los textos bíblicos son la primera referencia escrita que existe sobre el toro. El hombre y el toro han convivido durante siglos e incluso, antes de las referencias sagradas, las tribus primitivas significaron la atracción que les producía dicho animal sobre las calizas rocas de sus cavernas. Misterio negro encabezado de astifinas cuernas que, en la Biblia, corresponde a los mismos símbolos representados por bueyes, novillos, becerros y vacas.

Antiguamente, el apelativo de buey conferenciaba toda la raza bovina. Ahora, el buey ha sido toro y el toro no ha sido buey. Este designa al animal de trabajo; aquél, al criado con mimo y regalo, cuyo destino es el sacrificio, bien para manutención del hombre. El bos (buey) representa fortaleza, fiereza y acometividad violenta, riqueza y opulencia, gratitud, fecundidad, soberbia, alegría y hermosura.

Escrituras bíblicas

El simbolismo del buey tenía su mayor expresión en los sacrificios efectuados en los días festivos marcados por la antigua ley. Pascua, en primavera; Pentecostés, en verano; y Tabernáculos, en otoño, eran los momentos elegidos para la muerte, entre aclamaciones, de toros sacrificados a la divina justicia. Sin olvidar que, junto con el león, el águila y el hombre, el toro es uno de los cuatro animales simbólicos del Apocalipsis, los más poderosos de la tierra, atributos de San Marcos, San Lucas, San Juan y San Mateo.

Antigua Grecia

Festejos similares a los celebrados por los griegos, quienes sentían predilección por el toro y, con él, celebraban fiestas en honor de los dioses que, a su vez, recibían sobrenombres taurinos. En Tesalia, tenían lugar las taurocatapsias (de tauro y de kataptein, que significa ligar) donde los jinetes corrían tras los toros hasta cansarlos.

Era romana

Luego, los cogían por las defensas y los derribaban, torciéndoles el cuello. Este fue el espectáculo - según testimonio del naturalista Plinio - que el emperador romano Julio César introdujo en el circo romano un siglo antes de la Era Cristiana. Incluso, Rodrigo Caro afirma en sus "Días geniales o lúbricos" que las diversiones de Tesalia pasaron a Iberia, por lo que "a los toreadores llamaban tesalos".

Edad Cuaternaria

Mas, la presencia del toro como significante no ocurre sólo en la Biblia. El hombre troglodita también encontró en su efigie un destacado motivo para expresar, en sus pinturas, su forma de vida. En las cavernas del norte español, de la Aquitania francesa y en el arte cuaternario de Cantabria se conservan los trazos de bien armados toros.

Precisamente, en la Edad Cuaternaria, los hielos de la última glaciación empujaron hacia el templado sur a muchas especies animales que alcanzaron la zona cántabra. Junto a los rebaños de renos, el elefante lanudo de grandes colmillos retorcidos, el rinoceronte de tabicada nariz, los caballos y las cabras silvestres, el gran oso, el león y la hiena de las cavernas llegaron los bisontes, los toros salvajes que constituyeron el origen del toro bravo español.

Características

El toro es un vertebrado mamífero, orden de los ungulados, suborden de los artiodáctilos, bóvido, cuya hembra es la vaca. Al de año se le llama añojo, hasta dos reales, hasta tres novillos y a partir de ahí ya recibe el nombre de toro, al menos el macho. El toro de lidia es parte de una raza de este animal, pero en realidad es más una función que una raza, ya que las características genéticas de los toros que se usan para la lidia están poco definidas y evolucionan con el tiempo.

Por otro lado las diversas selecciones de los ganaderos convierten al toro en un animal que responde fuertemente a una serie de estímulos. El ganadero pretende conseguir un animal muy poco inteligente, que ante una situación de peligro reaccione atacando y no piense en huir, consistiendo en eso la nobleza del toro. Al mismo tiempo el animal debe ser incapaz de distinguir al torero, conformándose con el engaño. La última moda de los ganaderos es conseguir toros muy grandes, con mucho peso, pero con poca fuerza, así tras la paliza que sufren en la lidia no resultan peligrosos para los toreros, aunque lo parezcan.

Toreo

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Toreo - por la derecha

El toro en libertad es un animal pacífico, herbívoro, vive en manadas y mientras está en ellas su defensa del peligro es, como otros muchos grandes herbívoros, la huida. Usualmente es pacífico aunque determinadas circunstancias pueden hacer de él un animal peligroso, especialmente cuando está aislado. Básicamente son los celos de las vacas, lo que hacen que los machos compitan y se muestren agresivos, situaciones de cría... el miedo... etc... Su forma de combatir es empujando con las testuces (no con los cuernos) hasta que uno de ellos cede, esta característica es la que se aprovecha en el toreo.

El toro es aislado de la manada y asustado, lo que le predispone para el ataque, por esa razón el toro ataca por miedo y no por bravura. Pese a lo que se dice, el toro berrea y llora y en ningún momento de la lidia, ésta es aceptada por el animal, como su destino.

Sale a la plaza aterrado y el conjunto torero-capa se le aparece como un enemigo desafiante y es por estas circunstancias que el toro ataca... pero, al llegar a la capa, su contrincante huye y no ofrece resistencia, esto sucede una y otra vez, lo cual deja al animal desconcertado. El toro responde muy bien a los estímulos de movimiento lo cual es aprovechado por los toreros para hacer que el animal se fije sólo en la capa (que es móvil) y no en el torero, quien permanece inmóvil y es ese contraste lo que le da cierta seguridad al torero.

Los criadores fomentan la bravura del toro, pero esta aparente bravura no es más que inocencia o falta de inteligencia, ya que el toro inteligente o con sentido... o bien no evita el engaño, o bien ataca al torero, por lo que, bajo esas circunstancias, ese toro no es apto para torear.

En el tercio de varas, el toro encuentra un contrincante que es el peto del caballo, así qué, los instintos, le vuelven a funcionar, el toro bravo no se despega del peto y toma bien las varas, pero, el toro inteligente, rehuye la pelea y ese es al que llaman un toro manso.

Los banderilleros juegan con su inmovilidad aparente, que les hace invisibles y le entran por los ángulos muertos de la visión al toro. La visión frontal del toro es muy poco potente a cortas distancias y algo más efectiva en la lateral, pero tiene una visión estereoscópica muy pobre, en resumen, el toro ve poco tanto de cerca como por los lados, sólo ve bien a larga distancia y de frente.

El toro no es capaz de distinguir con claridad a los toreros. El banderillero cita desde lejos al toro haciendo un símil de cuernos con las banderillas y cuando el toro arranca a correr, el banderillero intenta entrarle al toro por los ángulos muertos de su visión. El toro tiene poca movilidad lateral, por lo cual se le pueden hacer, fácilmente, requiebros. Las mismas características usan los toreros para la lidia, torean muy cerca del toro (zona más segura) y juegan con su inmovilidad y con la movilidad de la capa. Al entrar a matar, con el toro ya desecho, el torero se coloca en los límites de visión del animal, el peligro está en un error de cálculo de esas distancias, aunque la mayor parte de los toros sufren el llamado síndrome de claudicación lo cual significa que el animal se rinde y se deja matar a fin de terminar con su sufrimiento.

El toro actual de lidia, es un animal prefabricado, en el que se han seleccionado características, si bien innoble para un animal libre, muy prácticas para reducir los riesgos de los toreros y para que no pierdan presencia en la plaza.La tendencia es conseguir toros de más peso, más lentos de reflejos y más esclavos de la inercia.

Toro bravo

Se siente dominador de todos los terrenos que pisa y no duda en acometer contra el que intente invadirlo. Ningún otro animal muestra similar pauta de comportamiento. Es un animal salvaje aunque conviva estrechamente con el hombre. Necesita grandes extensiones de terreno. Su aptitud es la bravura y se selecciona únicamente para acometer.

Toro español

Como raza propia, el llamado toro español es, básicamente, un auroch o uno más pequeño, resultado final de su mezcla con determinadas especies llegadas desde África. De hecho, el toro asiático, venido del norte, mostró bravura sólo en Navarra, consecuencia de una vida salvaje y apropiada alimentación. Por su parte, el africano ligó bien en sus cruces con el bravo ganado que ya pastaba en las marismas andaluzas. El resultado de la mezcla de estas reses con las primeras y con las indígenas del centro de España se impuso sobre el ganado palurdo característico de las serranías jiennenses y sobre el morucho de campos castellanos.

La traslación de éstos últimos hacia ramificaciones navarras ofreció el antiguo toro castellano, de ya olvidada existencia. Al igual que, en la actualidad, el ganado céltico, característico por sus cuernos verticales y por sus pintas rojas, amarillentas y aleonadas, constituye, para algunos tratadistas, la raza denominada bos taurus celticus, esparcida por el norte de España y Portugal.

Ante semejante mezcolanza entre unas y otras razas, no se debe obviar que las pinturas rupestres indican que el toro existía ya en España antes de la llegada de los celtas, por lo que esta especie ya sería propia. Igualmente, entre el fiero auroch y los mansos bóvidos de otras regiones, destaca que el sur peninsular ofreció siempre reses de bravío temperamento. Y sólo la evolución del toreo, de la caza al deporte de caballeros, ha fomentado el posterior desarrollo del toro, desde que, en los inicios del siglo XVII, se constituyeron, como tales, las primeras ganaderías, encargadas de afinar la crianza selectiva. Así, cuando comenzó el toreo a pie era fácil deslindar la geografía del toro y notorias las diferencias entre el navarro, el castellano y el andaluz, aunque, en todos ellos, se buscara potenciar la fiereza.

Para ello, el despoblado campo proporcionaba enormes extensiones de terreno adehesado para los toros, cuya crianza no entrañaba ninguna dificultad. Las ganaderías de reses bravas crecieron desde el siglo XVII e, incluso, algunos datos aislados apuntan a fechas anteriores. No obstante, el desglose de las reses más bravas, con destino a las corridas, no se produjo hasta principios del siglo XVIII, época en la que aparecen abundantes nombres de ganaderos y de lugares de pastoreo.


Fuentes