Saltar a: navegación, buscar

Capitolio Nacional de Cuba

(Redirigido desde «Capitolio de La Habana»)
Capitolio Nacional de Cuba
Información sobre la plantilla
Obra Arquitectónica
Capitolio-4.jpg
Capitolio Nacional de Cuba
Descripción
Estilo:Neoclásico
Localización:La Habana, Bandera de Cuba Cuba
Uso inicial:Congreso de la República de Cuba
Uso actual:Ninguno (En restauración)
Datos de su construcción
Inauguración:1929
Otros datos
Arquitecto(s):Evelio Govantes y Félix Cabarrocas

Capitolio Nacional de Cuba. Símbolo notable de la ciudad de La Habana y una de las grandes edificaciones de Cuba. De gran riqueza arquitectónica, suntuosamente ornamentado, de líneas puras y bellas proporciones. En toda la confección del edificio se emplearon materiales de excelente calidad, tales como: mármoles italianos, los detalles en paredes, techos, puertas y lámparas, la mayoría se fundieron en Francia. El Capitolio es admirado tanto por nativos, como extranjeros. Fue declarado Monumento Nacional por la Resolución 04 del 15 de noviembre del 2010. En la actualidad esta majestuosa obra está siendo objeto de una importante restauración a cargo de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.

Historia

El Estado cubano adquirió los terrenos de la antigua estación de Villanueva y se propuso inicialmente edificar en él un palacio presidencial. El presidente José Miguel Gómez dictó un decreto creando la comisión que redactaría las bases del concurso internacional para seleccionar el diseño de la casa de gobierno.

Primer proyecto

El 7 de agosto de 1911 se informó que el proyecto ganador había sido presentado con el nombre de La República. La edificación tendría 100 metros de frente por 70 de fondo y el presupuesto alcanzaba la cifra de 1 200 000 pesos.

Las obras siguieron su curso hasta el gobierno de Mario García Menocal, quien aprobó una ley el 2 de julio de 1914, derogando las disposiciones anteriores y disponiendo la construcción del Palacio de los Congresos en los terrenos de la estación de Villanueva, para lo cual se concedía un crédito de 1 00 000 de pesos a razón de 200 000 pesos anuales y se indemnizaba a los contratistas con 70 000 pesos.

El negociado de construcciones civiles y militares de la Secretaria de Obras Públicas estudió las modificaciones de los planos y la adaptación de lo ya realizado, encargándose la edificación del Palacio de los Congresos a los arquitectos cubanos Félix Cabarrocas y Mario Romañach.

Segundo proyecto

Cabarrocas tomó como paradigma un edificio de estilo renacimiento francés, transformando completamente el proyecto original. Asimismo le adicionó dos hemiciclos, uno para la Cámara de Representantes de la República de Cuba y otro para el Senado, y cambió el estilo de la cúpula, que ya se había comenzado a construir, por uno de sección cuadrada. Mientras él se dedicaba a las fachadas y las plantas, Romañach se dedicó a las elevaciones interiores.

El 4 de noviembre de 1914 fue encomendada la continuación de las obras a la sociedad constructora La Nacional. En esos momentos el presupuesto ascendía a 2 008 390 pesos. El nuevo proyecto cubría una superficie de 140 metros de frente por 75 de fondo.

Los trabajos continuaron sin interrupción hasta abril de 1919, cuando Mario García Menocal los paralizó como consecuencia del aumento de su costo por parte de los contratistas. En realidad, las adaptaciones obligaron a eliminar casi la mitad de lo construido y esto encareció la obra.

En 1921, los trabajos estaban bastante adelantados, pero un decreto del presidente Alfredo Zayas del 21 de octubre paralizó los trabajos. La grave crisis económica del país impedía continuar con los trabajos.

El terreno fue arrendado a una compañía particular para que instalara allí el Havana Park, un parque de diversiones que tenía hasta una montaña rusa. Con el tiempo desaparecieron todos los instrumentos de los contratistas y lo edificado se fue deteriorando.

Tercer proyecto

El doctor Carlos Miguel de Céspedes, secretario de Obras Públicas encargó un nuevo proyecto a los arquitectos cubanos Evelio Govantes y Félix Cabarrocas. Una vez constituida la comisión que redactaría el estado de dimensiones y el pliego de condiciones para la subasta de las obras, mediante Decreto presidencial se dispuso la subasta de la construcción del Capitolio, la que fue ganada por la Compañía Purdy and Henderson, casa de gran prestigio y solvencia. En su haber tenía la construcción de la Lonja del Comercio, los palacios de los centros Gallego y Asturiano, la Metropolitana, la escalinata de la Universidad y el edificio del banco Gómez Mena, entre otros inmuebles capitalinos.

Al tomar el proyecto del Capitolio introdujo algunos cambios, siendo el más significativo el de la cúpula, que la hizo más esbelta y monumental. La demolición de lo ya existente se ejecutó en 35 meses.

El Capitolio en 1939

La obra se reinició el primero de abril de 1926, en un terreno de más de 43 000 m². Participaron en la construcción ocho mil hombres, españoles en su gran mayoría, cubanos y de otras nacionalidades. En el país no existía fuerza de trabajo suficiente para acometer una obra de cantería de tal magnitud y especialidad, ni las herramientas idóneas, ni máquinas capaces de moldear las piedras de capellanía, de dureza y compatibilidad semejante al mármol. Fueron instaladas nueve sierras con hojas de dientes desmontables y sembrados de diamantes, que seccionaban los cantos cuadrándolos a las medidas más aproximadas para llevar al mínimo el desbaste a ejecutar por los canteros. Después de ser rebajadas al máximo por las máquinas las piedras de capellanía que conformarían el edificio, los constructores utilizaban herramientas accionadas por aire comprimido, para dar el acabado con lima y piedra pómez con el fin de alisar las superficies a exponer.

La manipulación de los cantos se perfeccionó mecánicamente de tal modo que los bloques, muchos de los cuales pesaban hasta nueve toneladas, eran montados en planchas de ferrocarril en las canteras y trasladados a la obra, donde se recibían, medían y aceptaban. Luego una grúa potente con capacidad para 15 toneladas era la encargada de descargar y alinear las piedras en caso de que no fueran a utilizarse inmediatamente. El toque humano le daba el acabado necesario.

Las lámparas de bronce, los capiteles y las columnas del Salón de los Pasos Perdidos fueron encargados a Sunnier Duval Frisquet, de Londres. Las lámparas del salón de la presidencia del Senado y las de cuarenta bombillas de la Cámara de Representantes, todas de bronce laminado con oro viejo y cristales dorados con oro al mercurio, se hicieron en la Societé Anonime Bague, de París. Los mármoles que adornan el Salón de los Pasos Perdidos, el Senado y las escaleras de honor son de sesenta calidades diferentes. Se cubrieron con ellos 8 000 m2 de pisos, 2 000 m2 de escaleras y 1 000 m2 de zócalos, así como 300 m3 de ónix. Todos los mármoles fueron traídos de Italia, incluido en antico verde.

La base de la estatua que simboliza la República está hecha de ónix egipcio antiguo. El bloque macizo, de formación estalactítica muy rara, pesa 300 quintales.

En el salón de conferencias del Senado hay un zócalo de mármol verde de los Alpes, con comisa de ónix dorado de Marruecos. Las pilastras son de mármol cipollino dorado oxidado. Los herrajes fueron encargados a la Yale de Standford, en Connecticut, Estados Unidos, que también confeccionó las cerraduras de estilo renacimiento italiano de la planta principal. Las oficinas de los secretarios de la Cámara de Representantes y el Senado las tienen estilo Jorge V, en tanto las de la Cámara son estilo imperio. Todas de bronce fundido con acabado de bronce antiguo.

De Cuba se utilizaron cinco millones de ladrillos, 150 mil bolsas de cemento, 3 500 000 pies de madera, 38 000 metros cúbicos de arena, 3 500 toneladas de acero natural, 2 000 toneladas de cabillas y 40 000 m3 de piedra picada.

Descripción

Pórtico central

Una ancha escalinata de granito, con 55 escalones, 36 metros de ancho y 16 de alto, conducen al pórtico del edificio... A ambos lados del fin de la escalera aparecen dos impresionantes grupos escultóricos de bronce con pedestal de granito, del italiano Angelo Zanelli, una masculina y la otra femenina, tienen una altura de 6,70 metros y representan la primera el progreso de la actividad humana y la segunda la virtud tutelar del pueblo.

Ese zaguán lo forman dos macizos en los extremos y doce columnas de orden jónico, seis en primera línea y las otras en la segunda línea de muros. Los pilares destacan por sus enormes dimensiones, de diámetro poseen 1,55 metros y de altura 14,10 metros. Sus capiteles jónicos y romanos de dos caras también asombran por sus tamaños. Motivos del recibidor, ubicados en todas las puertas y los paneux laterales, lo constituyen los recuadros de mármol Boticcino esculpidos por Angelo Zanelli.

Las logias están constituidas por las columnas con sus bases y capiteles decorados, formando entre ellas nueve intercolumnios, en cuyos ejes están las amplias ventanas que dan al Salón de los Pasos Perdidos y que miden 1,96 metros de ancho por 7,10 de altura. Sobre esas ventanas se destacan como hermosos motivos de decoración los recuadros esculpidos o metopas labradas en piedra en bajorrelieve, inspirados en temas simbólicos de la vida cubana.

Los decorados correspondientes al lado derecho del pórtico capitolino simbolizan el comercio terrestre, la molienda, el trabajo, la minería, la instrucción, la cerámica, la justicia, la mecánica, la familia, la industria ligera y el comercio marítimo. Los del ala izquierda representan a los descubridores, la siembra, los leñadores, la carpintería, el tabaco, la metalurgia, la agricultura, la caña, la forja de metales, la destilería y las hilanderas.

Existen otras cuatro metopas en cada uno de los pabellones extremos, tres de las cuales se hallan en sus frentes correspondiendo a sus tres intercolumnios. En el pabellón de la derecha están representadas la danza, la música, la poesía y la arquitectura. En el de la izquierda: las matemáticas, la química, la astronomía, y la física.

La Cúpula

Su elegancia hace reconocer al edificio desde diversos puntos de La Habana, cuya altura alcanza los 91,73 metros. Atravesando el pórtico central llegará a la rotonda bajo la cúpula. Una vez ahí si observa hacia ambos extremos verá que siguen las dos alas del Salón de los Pasos Perdidos, de estilo ecléctico y dispuesto para grandes recepciones.

Brillante de 25 kilates

En su centro se halla el brillante de 25 kilates, directamente bajo la aguja central de la cúpula, fijando el punto de partida de todo el sistema de carreteras del país, y también como sitio divisorio entre la Cámara y el Senado”.

En el estudio en Roma

En su nicho se aprecia la Estatua de la República, con un peso de 30 toneladas y una altura total de 14,60 metros, descansa sobre un pedestal de mármol de 2,50 metros. Es la figura de una mujer joven de pie, vestida con una túnica, con casco, escudo y lanza, para su modelaje se escogió a la cubana Lily Lalty. Fue esculpida por Angelo Zanelli, autor del Altar de la Patria, que forma parte del monumento al rey Víctor Manuel, en Roma. Es la tercera estatua bajo techo en el mundo en tamaño, superada solo por el Buda de Oro de Nava, Japón y la de Abraham Lincoln en el mausoleo erigido en su honor en Washington.

Se destacan en la cúpula los escudos de las antiguas seis provincias cubanas, mientras al final de cada una de las salas están las puertas de acceso a los salones y galerías, coronadas con el escudo nacional en bronce.

Salones

  • Por el ala norte y a la derecha está el Salón Baire, que fuera sala de conferencias y protocolo de la Cámara de Representantes. En los vestíbulos de los ascensores y escaleras, de decoración sencilla, sobresalen las puertas de bronce y el zócalo de mármoles rosados y ocres, respectivamente.
  • Salón Bolívar, conservado con su mobiliario original y con sus espejos venecianos, que intenta reproducir el ambiente refinado de Francia en la época de Napoleón Bonaparte.
Salón de los Pasos Perdidos
  • Salón Baraguá, de estilo neoclásico, destinado originalmente como lugar de trabajo de las secretarías de la Cámara de Representantes. Y al final, la galería de circulación, con puertas y balcones que la aportan frescura y claridad al hemiciclo Camilo Cienfuegos, otrora Cámara de Representantes. Este emblemático espacio conserva su mobiliario y distribución originales.
  • Salón Martí, al centro, con un bello cromatismo y de estilo renacimiento italiano. Su decorado interior alude a las musas del saber y del pensar, que dan un real sentido a su uso, servir de antesala a la biblioteca dedicada al más grande de los cubanos.

Esa biblioteca, antes reservada a los congresistas, conservó gran parte del mobiliario original. Fue una sala de consultas y referencias de la Biblioteca Nacional de Ciencia y Tecnología.

  • En todos los salones y galerías se reiteran rosetones con las iniciales, entrelazadas, de la República de Cuba. Creadas por artistas cubanos, pero fundidas principalmente en Francia, las lámparas poseen diseños diferentes de un salón a otro.

Se aprecia el trabajo de los techos y puertas de los salones Yara y Jimaguayú, destinados a las reuniones de los comités de la Minoría y de la Mayoría parlamentarias.

Parte posterior del edificio

Se halla el vestíbulo que conduce a las Escaleras de Honor, la cual debe su nombre a que sólo podía ser utilizada por los parlamentarios.

Lápida a los que dieron su vida

Durante la construcción del Capitolio cinco obreros perdieron la vida. Hoy sus nombres permanecen grabados en una lápida. Y reza:
" Una plegaria para los que dieron su vida. Un recuerdo para todos los que pusieron en estas piedras brazos, ciencia y espíritu.”

Galería de fotos

Fuentes