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Guerra del Coltán

Guerra del Coltán
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Niños soldado del Congo.jpg
Niños soldados del Congo
Fecha:2 de agosto de 1998-2003
Lugar:África
Consecuencias:
cerca de 4 millones de víctimas civiles, más de dos millones de desplazados y medio millón de refugiados
País(es) involucrado(s)
Bandera de la República Democrática del Congo República Democrática del Congo, Bandera de Ruanda Ruanda, Bandera de Uganda Uganda, Bandera de Burundi Burundi
Organizaciones involucradas:
Agrupación Congoleña por la Democracia (ACD), Movimiento de Liberación del Congo (MLC), guerrilleros hutus, rebeldes ugandeses, milicianos congoleños leales a Kinshasa.

Guerra del Coltán. Sangrienta guerra civil en la República Democrática del Congo que comenzó el 2 de agosto de 1998 cuando el ejército ruandés, con el pretexto de proteger a la población tutsi del Congo, invadió el país. Esta guerra tiene como principal objetivo el control de los grandes yacimientos minerales que posee la zona y principalmente de Coltán, material que ha despertado la codicia de los países vecinos como Ruanda, Uganda y Burundi. Estos países han establecido alianzas comerciales de carácter estratégico y militar con las principales economías de occidente para traficar y procesar minerales del Congo.

Las organizaciones de derechos humanos insisten en que EEUU, Alemania, Bélgica y Kazajstán —principales destinatarios, pero no los únicos, del coltán— y las multinacionales que comercian con éste, están, en definitiva, financiando el conflicto.

Datos históricos

Odios étnicos históricos e importantes intereses económicos han convertido la zona de los Grandes Lagos en la República Democrática del Congo (RDC) en un campo de batalla sin tregua. En está nación africana conviven unas 200 etnias diferentes, las regiones de Ituri y Kivi han sido escenario de brutales enfrentamientos y matanzas tribales, unas veces perpetradas y otras fomentadas por los distintos grupos que se disputan el control de esta zona de abundantes yacimientos minerales como: oro, petróleo, uranio, diamantes y el coltán muy popular en los últimos años, por su gran utilización en el sector de las nuevas tecnologías y especialmente necesario para la fabricación de teléfonos móviles

Aunque las rivalidades étnicas en la antigua República del Zaire se remontan a tiempos ancestrales, las tensiones aumentaron a partir de 1994, tras la llegada de más de un millón y medio de refugiados hutus que escapaban de la guerra civil y el genocidio en Ruanda. Hoy son muchos los grupos enfrentados en la zona: los grupos rebeldes Agrupación Congoleña por la Democracia (ACD) y Movimiento de Liberación del Congo (MLC), apoyados por Ruanda y Uganda; guerrilleros hutus rivales de Ruanda y Burundi, rebeldes ugandeses, milicanos congoleños leales a Kinshasa.

Desde 1999, el conflicto en la región de Ituri ha provocado al menos 50.000 muertos y más de medio millón de refugiados, según datos de Amnistía Internacional

¿Por qué se combate y qué intereses juegan en Congo?

La explicación de la sangrienta guerra civil en la República Democrática del Congo que comenzó el 2 de agosto de 1998 tiene un sólo nombre: coltán. Este material ha despertado la codicia de los países vecinos y distintas facciones armadas han intentado tomar el control sobre su explotación. Ruanda en primer lugar, que tiene de hecho ocupada la región congoleña de Kivu, junto con Uganda, que controla a su vez buena parte del noroeste congoleño. El dinero que se obtiene de la venta del mineral financia las guerrillas. El ejército ruandés, con el pretexto de proteger a la población tutsi del Congo, invadió el país en 1998. En 1999, un acuerdo lo dividió en dos zonas, una controlada por el gobierno de Kinshasa y otra en manos de grupos ligados a Ruanda. Tanto Ruanda como Uganda han establecido alianzas comerciales de carácter estratégico y militar con las principales economías de occidente para traficar y procesar minerales del Congo.

El ejército ruandés, por ejemplo, transporta el coltan hasta su país, donde se trata y purifica en la Somirwa ([Sociedad Minera de Ruanda), antes de ser exportado. Y desde ahí, lo envía para Europa. Su destino serán las potencias de occidente, principalmente Estados Unidos, Alemania, Holanda, Bélgica y Kazajstán, que también entra en el juego. En algunas zonas se han cancelado licencias para la explotación del coltan anteriormente concedidas a compañías norteamericanas, y se ha instituido el monopolio de la Sociedad Minera de los Grandes Lagos (Somigl), que es una sociedad integrada por Africom (belga), Prometo (ruandesa) y Congecom (Surafricana).

La ambición por el dominio del mercado del coltan también ha dividido a la propia sociedad congoleña: gobierno y guerrilla obtienen financiación de la comercialización legal o ilegal de este material. Ninguna de las partes está dispuesta a ceder ni un solo centímetro de terreno. Por ejemplo, Somigl entrega al movimiento rebelde RCD (Reagrupación Congoleña para la Democracia) 10 dólares por cada kilo de coltan, y lo revende a 300 dólares o más en Londres. Uno de sus mejores clientes es la compañía alemana Starck (subsidiaria del monopólio químico-farmacéutico Bayer), que produce el 50% del tántalo en polvo del mundo. Pero además es éste un espacio plagado de contrabandistas, porque la mayor cantidad del coltan sale de África de contrabando, aunque sus ganancias no vuelven como beneficio para el pueblo africano, sino en armas para los grupos rebeldes, que mantienen enmascarada la situación de inestabilidad en la región.

A través de los aeropuertos de Entebbe (Uganda) y Kigali (Ruanda), compañías aéreas como la belga Sabena se llevan el mineral y los aviones regresan con cargamentos de armas a cambio. Las principales potencias imperialistas tampoco quieren conceder tregua alguna. Ni siquiera las más pequeñas, simples intermediarias en el tráfico y en el procesamiento de los metales, como Bélgica y Holanda. Menos aún Alemania o Estados Unidos, los principales compradores de los metales tratados. Por eso el coltan vale más que el oro.

Las empresas que se disputan ‘el tesoro’

En torno a los yacimientos existe un complejo entramado empresarial convenientemente diseñado para el reparto del botín. Las organizaciones de derechos humanos insisten en que EEUU, Alemania, Bélgica y Kazajstán —principales destinatarios, pero no los únicos, del coltán — y las multinacionales que comercian con éste, están, en definitiva, financiando el conflicto, sustentado igualmente por el comercio ilegal de diamante|diamantes en las zonas del país controladas por el Gobierno.

No son pocas tampoco las empresas trasnacionales que se nutren de las variadas derivaciones del coltan: Alcatel, Compaq, Dell, Ericsson, HP, IBM, Lucent, Motorola, Nokia, Siemens utilizan condensadores y otros componentes con [[Tantalio|tántalo], metal derivado del tratamiento de la tantalita. Pero hay muchas más compañías que fabrican componentes y desde 10 años de disputan ‘el tesoro’: AMD, AVX, Epcos, Hitachi, Intel, Kemet, Nec… según datos del Comité de Solidaridad con África Negra, con sede en Madrid. A las que habría que sumar Sony, Bayer, Motorola o IBM, a través de aliados autóctonos.

Según la Wikipedia, el austriaco Klaus Werner es uno de los pocos periodistas que ha documentado los vínculos entre compañías multinacionales y el tráfico ilegal de coltan.

Sin embargo, la guerra que ha empobrecido hasta la miseria a un país que tal vez sea de los más ricos del mundo en recursos naturales —porque Congo (ex-Zaire) no sólo guarda las mayores reservas de coltan del planeta, sino que es rico en oro, uranio, petróleo, diamantes y piedras preciosas— ha tenido también lúcidos críticos. Como el obispo congoleño Jean Anatole Kalala Kaseba, quien realizó estas declaraciones para la revista Mundo Negro:
“Los que han creado esta situación pueden ponerle fin, especialmente los americanos. La ONU está allí, incluso en mi diócesis. Son observadores, pero ¿qué es ser observador? Tienen un programa que no quieren decirnos. Aseguraron que venían para ponerse entre los beligerantes, pero vienen a confirmar la partición del país”
, que facilitaría el dominio imperialista del territorio.
“Tenemos razones para creer que (los soldados de la ONU) han sido enviados por las multinacionales”
, ha advertido el prelado católico, quien también añade.
“La ONU quiere que fracase el diálogo intercongoleño para dirigir el país como un protectorado. Creo que la ONU está hoy al servicio de una gran potencia y hace lo que ella quiere”.

Miles de muertos en las minas a cielo abierto

Las principales minas de coltán se localizan en la República Democrática del Congo, en el límite con Uganda y Ruanda. La ausencia total de condiciones de seguridad reina en estas explotaciones irregulares, a menudo situadas en la selva, en regiones de difícil acceso por las que sólo se mueven militares y grupos armados. La desertificación, unida a la guerra y a la pobreza, es lo que lleva desde hace años a los campesinos de la región a abandonar sus tierras para trabajar en las minas. Miles de mineros se reclutan así: entre campesinos, presos a los que se les ofrece la reducción de sus penas y la mano de obra más codiciada y barata, la de miles de niños que abandonan las escuelas para trabajar en las minas.

Los mineros, si se les puede llamar así, se alejan de sus comunidades por mucho tiempo, deslumbrados por los 10 dólares que pagan por kilo de mineral extraído, que luego cotiza a más de 300 en el mercado. El problema es que no todos vuelven, y que, en la mayoría de las ocasiones, según denuncian distintas organizaciones internacionales,
“si acudieron voluntariamente a las minas terminan como esclavos”.

Aunque resulta imposible de calcular, lo cierto es que en los últimos años han muerto miles de personas en las minas de coltan de la República Democrática del Congo.

La paz, ¿una quimera?

El alto el fuego firmado en el verano de 2002 con Uganda y Ruanda y el pacto interno del 17 de diciembre para la creación de un Gobierno de transición cerraron la ya conocida como «primera guerra mundial de África», que se cobró cerca de tres millones de víctimas, la mayoría, civiles, e implicó a otros seis países vecinos: Angola, Zimbabwe y Namibia, que apoyaron al entonces presidente Laurent Desire Kabila; y Uganda y Ruanda, valedores de los rebeldes.

En abril de 2003, las facciones enfrentadas acordaron la formación de un Gobierno de unidad nacional, que quedó legalmente establecido el 30 de junio, con el objetivo de estabilizar el país de cara a la celebración de elecciones —inicialmente previstas para junio de 2005 y que finalmente se celebraron el 30 de julio de 2006—. Desde entonces, las organizaciones internacionales que trabajan sobre el terreno vienen alertando de los continuos enfrentamientos y violaciones de los derechos humanos que siguen produciéndose en todo el país, incluso después del despliegue, en noviembre de 2003, de 4.500 militares de la MONUC (misión de mantenimiento de la paz) para asegurar la protección de la población civil en la zona de Bunia y alrededores. Tras la matanza en junio de 2004, de un centenar de civiles en el noreste de Ituri, la inestabilidad se hizo patente de nuevo en el mes de junio, con la toma de la ciudad de Bukavu por parte de un grupo de soldados insubordinados del Ejército, presuntamente apoyados por Ruanda —la ciudad fue recuperada en una semana, pero dejó miles de desplazados y dos soldados de la MONUC muertos— y un intento frustrado de golpe de Estado encabezado por el general Lengue.

El drama de los refugiados y desplazados, la presencia de grupos armados, la explotación de los recursos militares y el tráfico de armas en el este del país —a pesar del embargo establecido por la ONU a través de las resoluciones 1493 (julio 2003) y 1533 (marzo 2004)— y el reclutamiento de niños soldado ponen en entredicho la viabilidad de una paz cercana.

En marzo de 2005, la Escuela de Cultura de Paz de la Universidad Autónoma de Barcelona denunciaba la muerte de casi 1.000 congoleños al día, y ocho meses después, un informe de Médicos Sin Fronteras (MSF) afirmaba que el Congo sufría la mayor crisis humanitaria del momento. Tras las elecciones de octubre de 2006, y con un respaldo del 58,05%, Joseph Kabila se mantiene en el poder, esta vez con la legitimidad de las urnas. El ejército privado de su rival, el rico empresario Jean-Pierre Bemba —buscado por «alta traición»—, se enfrenta con las fuerzas gubernamentales en la capital, lo que ha obligado a la ONU a evacuar a cientos de personas de Kinshasa.

Enlaces externos

Fuentes