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Hotel Miramar

Hotel Miramar
Información  sobre la plantilla
HotelMiramar.jpg
Frente del Hotel Miramar
Información geográfica
PaísBandera de Cuba Cuba
CiudadLa Habana
DirecciónPrado y Malecón
Información general
Construcción1903
Inauguración1908 a 1910
PlantasDos niveles
Habitaciones8
Propietario(a)Guillermo del Toro y Pilar Samohano

Hotel Miramar. Instalación de alojamiento muy famoso que existió a principio de la República en Cuba.

Historia

Aunque ya no existe, estaba situado en la esquina de Prado y Malecón y tanto el establecimiento hotelero como su restaurante fueron muy famosos durante los años iniciales de la República. Su propietaria lo era también del hotel Telégrafo, en Prado y San Miguel, aquella que, en su momento, regaló al general José Miguel Gómez la silla que usaría durante su mandato presidencial; por lo que durante mucho tiempo se dijo que los mandatarios Cubanos se sentaban en la silla de doña Pilar.

Visita del poeta Rubén Dario

Los más añejos recuerdan el caserón oscuro y vacío de este hotel que desafiaba al tiempo en una de las esquinas más codiciadas de la ciudad. Se descomercializó en una fecha que el cronista no puede precisar, como también se descomercializó “El Telégrafo”, para desdicha de su propietaria. Los datos que sobre el hotel Miramar posee el autor de esta página son bien escasos.

El poeta nicaragüense Rubén Darío, en 1910, durante su última estancia en La Habana, salió de su restaurante, luego de haber comido con amigos, entre ellos el poeta Mondelo, embajador italiano en Cuba, para perderse en la noche hasta recalar en el único sitio que, ya de madrugada, encontró iluminado, un «círculo de hombres de color», dijo el poeta, donde se le declaró «negro honorario».

Periodista Sergio Carbó

Conoce también este cronista que en uno de sus locales radicó la oficina de Sergio Carbó, director de la revista “La Semana” y uno de los periodistas más populares de la Cuba de entonces, siempre con más éxitos empresariales que profesionales. Carbó fue, tras el golpe de Estado del 4 de septiembre de 1933, uno de los cinco miembros de la Comisión Ejecutiva o Pentarquía que se hizo cargo del poder.

Para entonces andaba en el automóvil blindado que fuera del dictador Machado, mientras que el ya coronel Batista se movía en el del general Alberto Herrera, jefe del Estado Mayor del Ejército hasta el 12 de agosto del año mencionado. Otra información sobre el Miramar acumula el autor: fue escenario, al dejar de funcionar como hotel, de no pocos topes de boxeo.

La glorieta

Frente al hotel se ubicaba la célebre glorieta del Malecón. Desapareció la glorieta en 1926, cuando se inició la construcción de la Avenida del Puerto. Existe la idea de asentar un nuevo hotel en la esquina de Prado y Malecón. El proyecto de la obra se encomendó a la oficina de arquitectos del afamado José Antonio Choy, autor, entre otros trabajos, del hotel Santiago. Antes de finalizar su construcción, su propietario arrendó el edificio a los empresarios Guillermo del Toro y Pilar Samohano, dueños del hotel “Telégrafo”, del “Gran Hotel Habana” y del hotel “Manhattan”.

Según señaló el investigador Carlos Venegas “El Miramar fue solo un decoroso inicio, muy pronto empequeñecido por la inmensa presencia del hotel Sevilla, inaugurado en 1908, (…)”. Se afirmó que durante algún tiempo el hotel-café Miramar resultó ser el “más caro y elegante” de la ciudad. Con el transcurso de los años el hotel se convirtió en el Miramar Garden, habitual centro de reunión de la juventud bailadora de la época. Posteriormente albergó otros usos y a comienzo del presente siglo fue demolido debido a su mal estado constructivo.
Carlos Venegas

Arquitectura de la instalación hotelera

La obra, atribuida al arquitecto José Toraya Sicre, el mismo profesional que pocos años después se encargaría del diseño del hotel Sevilla, tuvo un costo ascendente a cien mil pesos. La capacidad de alojamiento era limitada pues apenas contaba con ocho habitaciones distribuidas en dos niveles.

La instalación gozaba de un alto nivel de confort para la época y una envidiable localización, ventajas aprovechadas para promocionarlo como “el mejor situado y el más fresco de Cuba”.

Planta baja

En la planta baja se ubicaba un amplio salón cerrado con vista a Malecón, destinado una parte a restaurante y la otra a café, servicios que aportaban una nueva concepción de hotel, hasta el momento circunscrita a la idea de la pernoctación y el descanso.

Planta alta

La planta alta estaba compuesta por ocho grandes apartamentos, con recibidor, galería, terraza, cuartos de baños y timbres eléctricos. La disposición de los espacios interiores aprovechaba al máximo la limitada área de la parcela esquinera al renunciar al empleo del patio, hasta entonces elemento vital en la arquitectura cubana. Como resultado de esto, las necesidades de ventilación e iluminación natural quedaban resueltas por medio de las fachadas.

La expresión arquitectónica de sus frentes, organizados en dos volúmenes horizontales, mostraba un eclecticismo sobrio, definido desde el punto de vista compositivo por las cornisas, el balcón corrido, el pretil superior y la alternancia pilastra-vano, interrumpida por el énfasis en la esquina. A estos rasgos característicos se adicionaban los ventanales con grandes paños de vidrio enmarcados en madera, para favorecer el disfrute de las atractivas visuales del entorno.

Fuentes

  • Artículo: Hotel Miramar. Disponible en: Scielo.sld.
  • Artículo: Datos arquitectónicos. Disponible en: San Cristobal.

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